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Full text of "Revista Católica"

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Lsta Cattiollca. 1*77 




3^É>2.G5 



H 



Regis College, Denver 
DATE DUE 



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Iittp://archive.org/details/revistacatlica03igna 



REVISTA CATÓLICA 



PERIÓDICO SEMANAL. 



Se publica todos los Sábados, en Las Vegas, N. M. 



Año III. 



6 de Enero de 1877. 



Núm, I 



I»íOTICIAS TEKKÍTOKIALES. 



I^'asevo ¡^léjjcui. — Los habitantes de la Parro- 
quia (le Moi-a S3 pfep;irardü á las últimas fiestas de 
Na,vi l,id c )íi extrioi-diaarias demostraciones de de- 
voción, liabo durante la Novena tres novenarios de 
Misas de la Virgen. El Rev. J. Gusriu cantó el pri- 
mero en el Oi-'atorii de las Hermanas. Los devotos 
acudieron asiduamente todos los dias en gran niíme- 
ro. Muchos recibieron los SS. Sacramentos durante 
Ja semana y la mij^or parta quisieron recibir el pan 
de los Aligóles en la Misa de la Media noche; la cual 
fué nauj concurrida, no obstante que en dos otras 
plazas de la Parroquia se celebraba la misma función 
á la misma hora. El Sv. J. Boucard cantó el segmi- 
d) Novenario en la hermosa Capilla de D. Vicente 
limero en la Cueva. Todos los dias predicó al 
crecido número de gente que venia de todos los pun- 
tos vecinos. El celo de este Padre fué coronado con 
una numerosa comunión en la Misa del Nacimiento, 
á 1 1 cual tomaron parte casi todas las personas prin- 
cipales de aquel lugar. El tercer Novenario fue can- 
tado por el Kev. S. Personé S. J. en S. Antonio. La 
gente de tojos los lugares vecinos acudió devotamen- 
te y todos ios dias se llenaba la Capilla. Durante la 
Misa se daba una instrucción. A las 3^- de la tarde 
después de la r<-citacion del Sto Sosario se daba otra 
instrucción. No faltó ni un solo dia un cierto núme- 
ro de personas que se acercaran á la Mesa encarísti- 
ca, y la comunión de Noche buena fué numei-osísima. 

En este tiempo dio el P. Gasparri unos dias de mi- 
sión en Galisteo y en Pecos. En Galisteo desde la 
tarile del dia 1(3 hasta la. mañana del dia 'JO, y en Pe- 
cos desde el dia 21 hasta la fiesta de Navidad. Hubo 
sermones mañana y tarde. En Galisteo subieron 
las Confesiones á 313 no quedando sino unos pocos 
sin confesarse y se acabó con la fiesta Patronal, á la 
cual asistió el muy Rev. Eguillou, Vic. Gen., invitado 
por el Rev. Lestra cura párroco, para presidir una 
junta, en la que se determinó levantar "una Iglesia 
muy espaciosa. La gente se mostró tan bien dis- 
puesta, que se espera ver construido el templo en 
muy breve plazo. En Pecos, no obstante el mal 
tiempo, que impidió á muchos de los alrededores asis- 
tir á la Misión, hubo otras 330 Confesiones, y se aca- 
bócon las funciones de la Noche Buena y del dia si- 
guiente; fué extraordinario el concurso del pueblo. 
La asistencia y disposición de la gente son pruebas 
del buen espíritu que reina en una y otra localidad, 
y de la celosa administración de su Rev. Cura-pár- 
raco, Francisco Lestra, que acaba de procurarles es- 
te otro bien. 

Últimamente se han celebrado las fiestas patrona- 
les de La Cuesta y de S. José, á las cuales asistieron 
los dos mencionados PP. Lestra y Gasparrri, invita- 
dos por el Cura de S. Miguel, Rev. J. B. Fíiyet. En 
uno y otro lugar fueron recibidos los PP. por la gen- 



te que salió á su encuentro, unos á caballo y otros á 
pié. El P. Gasparri predicó en ambas funciones, y 
hubo hermosas y concurridas procesiones; en ellas se 
cantaban los cánticos introducidos, hace casi tres 
años, en las Misiones que allí se dieron. 

Hé aquí los nombres de los representantes y sena- 
dores elegidos el 1. Noviembre. Representantes — Ber- 
valillo — José Manuel Montoya, Jesús Armijo, Manuel 
González. Colfax — Wilsnn L. South. Dova Ana y 
Lin-'ohi y Grant — Paul Dowlin, John K. Houston. 
Mora — Rafael Romero, Alejandro Branch. Bio Ar- 
rihc! — José Merced Sánchez, Perfecto Esquibel. San- 
ta Fe — Juan José Padilla, Cristino Montoya, Anas- 
tasio Sandob;vl y Alarid. San Miguel — Román Ló- 
pez, Atan asió García, Benito Romero, Antonio J. 
Gallegos, R;unon ülibairí. Socorro — José de Jesús 
García, José Baca y Cedido. Taos — Santiago Abren, 
José de la Luz Martínez, Matías Ortega. Valencia — 
J. P. C )nnelly, Manuel Sánchez y Zamora, Policarpo 
García. 

Senado. — Bernalillo — Santiago Baca, Felipe García. 
D:m% Aia, Lincoln y Grant — John S. Crouch. Mora 
— Fernauílo Nolan. Bio Arriba — Diego Archuleta. 
Sautii F¿ — Ni(!olas Pino. San Miguel — Lorenzo Ló- 
pez, Gabriel Rivera. Socorro — Tomás González. Taos 
— Juan G. Martin, Juan A. Sánchez. Valencia —Gre- 
gorio N. Otero, Antonio Robles. 

Copiamos del Nuevo-Mejicano cuanto sigue. "Se- 
g m los número ; obtenidos en el departamento del 
Ejecurivo, el siguiente fué el producto de las minas 
de Nuevo Méjico p;ira el año c\\\efinó (es decir acabó) 
Junio de 1875. (Jirnilado de Gran!; oro, g;50,391,30 — 
plata, $J:32,829,45-total, $473,190,81 (es decir 483, 
220,81) Condado de Colfax; oro .Í?212,500. El resto del 
Territorio; oro $20,000— plata $2,500— total $22,500. 
Total de oro $282,891,36 (es decir 282,891,36). To- 
tal de plata $425,320,45 (es decir 435,329,45). Suma 
total $;)a3,190,81 ( léase 718,220,81 ) . Este es un re- 
sám iü qu í demuestra un aumento do $200,000 sobre 
el año de 1S74. Debn añadirse al producto arriba 
mencionado cerca de 208,000 libras de cobre, sacadas 
priacipdmente de las minas de Siiiita Rita, el único 
cobro producido en las Montañas Rocallosas. "Aquí 
nos dispense el Nuevo-Mejicano sí le decimos que se 
engaña. Se saca el cobre de otras minas de las Mqu- 
tañas Rocallosas — p. e. de las de la Sierra Mojada, 
minas ricas da galena (plomo suliarato) y que tienen 
una. buena cantidad de plata y de cobre. 

f-!a3a.hi aPé. — Da carta particular recibimos la no- 
ticia de la muerte de la Señora Doña Manuela Armi- 
jo acontecida el 24. Díc. 

Al'):5 i taeí'.rjiüi'. — Recibimos de Albnquerquc una 
carta en quí después de habernos iuf;rrmado de la 
fancio.i de nociie buena, la que salió muy lucida, se 
nos da la noticia que el Domingo (31 Díc.) debía ha- 
ber llegado allí el Seaor Arzobispo, para salir á la 
visita de las parroquias de Río Abnjo. 



f£B 19 mi- 5^ GE. G 



\ all<> ilv N. A;;(i.sliii. —Se li;i levantado en la 
placita (lo los Jacales drl Valle de S. Af^uslin una 
capilla dedicada á la Ininaciilada (yOnce[)cion El 
Señor Carlos Martínez es <d cjue generosamente dio el 
solar y pag") todes los costos necesaiios para la fábri- 
ca y adornos del santiiivio. El día 15 de Diciembre 
fue el día establecido por Su Señoría para la bendi- 
ción de la Capilla, y de la Camjjana dono del mismo 
Sr. Martínez; y ]\ira esto fué delegado ]:)or el Sr. Ar- 
zobispo el liev. Iviidon de Antoncliico. ])esdc la tarde 
antes elllev. Gallón cura ¡¡árroco del Clia)>erito esta- 
ba presente en compañía del liev. S. Personé S. J. 
])ara celebrar las Yísi)eras solemnes. Por la mañana 
(il ll(>v. Kedon bendijo la Capilla y la Campana según 
los ritos de la Iglesia Caté)lica. Después el líev. Gal- 
lón cant ) la Mis i y el Rsv. Personé pronuncio "un 
discurso pro])io j^ara la cii'cunstaneia. La ceremonia 
se concluyó con una magníñca procesión. Todo el 
pueblo quedi) satisíeciio, y dit) las gracias al Sr. Car- 
los Martínez, que le liabii procurado uu tal benefi- 
cio. Esperamos que Maria Inmicnlada tomará bajo 
su protección especial á esta Plaza y á la familia, que 
quiso atiaer sobre sí sus bendiciones. 

NOTICIAS NACIONALES. 



B'ísJiSilos l^íiJiBís^i. — Según el Prop.i'/níe'ir CuiJic- 
lique parece que hay otros electores que no son elegi- 
bles. En Florida uno de los electores republicanos 
ora uu antiguo alumno de la penitenciaria, y como 
tal aunque hubiese sido agraciado det pues, según las 
leyes de Florida no podia ser elegido habiendo per- 
dido todos los derechos políticos. En efecto, años 
atrás, habiendo sido nond)railo laiembro de una con- 
vención de Estado, no pudo tomar su asiento en ella, 
por esta misma razón. Otro elector no eltgil.le hay 
en Michigan, y es también republicano. Ijste electdr 
al tiempo de las elecciones era couiisario de los Esta- 
dos Unidos. 

A sugestión del Señor Tilden, ó por lo menos con 
su aprobación, el paitido demócrata debe convoííar 
convenciones demócratas en todos los Estados el 10 
de esto mes. El partido va á someter á estas con- 
venciones pi-oclamas y protestaciones, que se ;idop- 
tai'án para hicer triunfar la elección de Tilden. Cuan- 
t.) á nosotro.s repetimos lo (lue hemos diclio, y tpie es 
cuanto á la sustancia lo do la (th Tfii, de Tjas Vegas. 
Tilden ha sido elegido; pwro Haj'es será ])residente, y 
(;.ste resultado no provocar.í otra guerra (pie de pala- 
bras en los ])eriódico^-. 

E"^ el Dr. Talmage un mini.■^tro prolcstanle de New 
York bastante conocido, y tal que ninguno podria es- 
per ir de él las siguientes reílexiones que 1 en;os tu 
el Cal'i'>!i-' lievieic. "Una Iglesia á la inoda (srn 
lug u' d v\ lí uu>s cu i'it )s in livi 1 ios, desoue-; de ha- 
berse alisado con todo el (ismero po ibie \i n 'U, re 
sientan, y todo aquel tenq)o, en que no }>iens>in ni en 
sus tiendas ni en el sombrerito nuevo de la Scfora 
(piales está cerca, es '.uchau al ministro, ol que no de - 
be toe ir á los jiecados del jiueblo, y al cor.), (>1 (p.ie 
está cantando siempre nuevas ]>iozas de nuísic.i: y ha- 
biendo as: j)asado una h'ua medio dormidos se; \utl- 
ven á (Visa muy lefresívulos." Esta (pie el llev. Tal- 
mig'í dice ser la comlicion de l<is Iglesias á la I\rod-i, 
(fíj'i'iiít i'i!)!i' (■!i:iri-Ji('s : os poco mas, ó nnnos la [de 
casi todas ¡as Iglesias protestantes. 

i]^i»il!si:iii:'t. — Trasciibimos lo siguiente, mas por 
la verdad d(> la dsa, que ])or(]ne temamos peligro 
ninguno d(í imitación. El Snñor Long plantador en 
el condaih» de Soto, y candidato repidtiicaiio en la 
legislatura de Luisisina ])or el mismo condado, ]i)il)i¡i 
sido declarado elegido por (1 11 turuiírj ¡'(ard. Pero 



él satisfecho de haber perdido la elección, y teniendo 
vergiienza de tomar en la Legislatura un asiento al 
que no tenia derecho ninguno, dio públicamente su 
dimisión. El It-'.ni-niu'i Buinl bien mevecia tamaña 
afrenta, por tanta corrupción é injusticia cuanta mos- 
traron sus honorables miembros. 

NOTICIAS EXTRANJERAS. 



IRuiíi^í.— El cardenal Monaco de la Valletta ha 
sido nombrado por el Papa decano del Sagrado Co- 
legio en lugar del Cardenal Patrizzi difunto. 

fl''ríim*JH. — El 12 de Setiembre se celebraba en 
Chartres un i hermosísima fiesta por el milésimo ani- 
versario de la recepción en aquella Iglesia del velo 
de Maria SS. El Padre santo escribió á este propó- 
sito una carta á Mñr lleguault obispo de aíjuella ciu- 
dad, de la que sac.imos lo siguiente. "El libcrlinaje 
y la iinpie lad que de dia en día cunde pordocpiiera 
nos aÜig.% pero lU) nos sorprende: ])ues mientras que 
se di riend i suelta á todo lo que puede favorecerlo, 
se Cátí oprimiendo al poder eclesiástico, que solo po- 
dria ser u 1 obstácuíb á su carrera. No obstante to- 
do esto, reci!)iinos gi-an consuelo cuando vemos, gra- 
cias á la misericorilia de Dios, que uu gi"an nvímero 
de cristianos estíu tan firmes en su fé, v tan ])enetra- 
dos de caridad, quj no solamente la iniquilaii triun- 
fante n ) les abite, sino (pae se oponen cou to las sus 
fajrzas á la corrupción de sus prójimos, y los salvan 
de las insidias (pie les habían teirilidoen ^u camino. " 
Y de ver.tS es objeto de gran onsolacii)!! el \ov elfcr- 
v(U' de los católicos en Francia, Alemania, España é 
Italia en donde tinto se ha hecho para arrancar la fé 
de sus corazones. 

Ali'^JSJ íEsla. — La (raceta de Colonia, un j^eriódico 
qui estí al servicio del Sr. Bism.irk, iio< Informa que 
las tres niñas, las (pie han dicho dj haber v¡.«.to una 
ap.iricion de Mina Saia. en Mar^iing >n. han sido 
puestas en una casa de corrección. El misiuí.) ptrió- 
dico nos dice (pie las niñis tenían solameiitH ocho 
años. II izañ i es est i dig i a d; liis.u.uk ¡poner en 
prisión unas niñas de ocho año^! 

El partido católico en el ducado de ¿'/cswc ha publi- 
cado uuii proclamación electoral firmada por el Prín- 
cipe li-ie-ubarj, el Condd Ei-h.ic'i, el 13 iron ¡í'irtila'f, 
el C m )aig > M>ifan;\ !)or lo-; alcaldes de liiiii¡t-n y de 
Se'ijCLi'alf, y p.n- IL-riVi F^dk, F.aiJ,- y 7?(V.\.' dipu- 
tados al pnrl imento. E^te pr.>g¡au).i puede conqicn- 
diarse en los siguientes punt )s: I. Combatir la fusión 
di li Aleiu mi.i (ton la Prusia II. Libertad de con- 
ciencia, auto lomía de la Ig'osia, supres.on del Kul- 
turlitmpf. líl. Libertad de eiseñiuzi, escuelas bajo 
la autoridad de ca la deaoniinaciim. IV. Diminución 
de c.irg )s militares. V. Establ -cer de nuevo la orgi- 
niz ici on antig la del trab ijo. VI. Autonomía de las 
m.i'iici[>alida.de-. Vil. Remedios preventivos con- 
tra los usurarios, los especuladores los agiotistas y 
1 )S cli irlat mes. — Nada hay de contrario á la verda- 
djra libertid y al patriotismo cm esta declaración. 

L i persecución contra los católicos continua sin 
descanso. En la porción renana de la diócesis de 
Mnnster '27 parro.piias (jiudan sin cura ]>árrooos No 
meno-i de ocho editores de periódicos cati'dicos hnu 
si lv> condenados en una Sv)!a semana p )r imaginarias 
ofen as. 

Tjuv'a'.lS:».-— Un complot acaba de descubrirse en 
Constantino|>la, lo (jutí t(Miia por objeto de derribar 
de su trono el nuevo Sultán Hamid, reemplazarlo ]>or 
Murad quien habia siilo depuesto á causa de su locu- 
ra. La con.spiracion fué enteramente frustrada. 

Hay esperanza que la cuestión de Oriente se ar- 



3- 



regle pacíficamente. La ccufereiicia inteiuaciona^ 
se ha juntado bajo la presidencia del General 
Ignatieff. La Turquía, ofreco suficientes garantías 
de reformas. Se traía de rectificar los linderos de 
Montenegro. Diez distritos serian, según se dice, 
añadidos al principado, y el príncipe iria á Constan- 
tinopla para hacer homenaje al Snltano por el nuevo 
Territorio que le será concedido. Cuanto á la Servia, 
los Turcos la evacuarían, y el armisticio seria prolon- 
gado. Los trabajos de la conferencia se adelantan 
rápidamente, y se espera una pronta solución. 

Méjiee. — El número pasado tradujimos un suel- 
to del N^io Yorli Tahlet que daba muy halagüeñas 
esperanzas acerca del estado de la repiíblica. Dema- 
siado halagüeñas nos parecieron, y asimismo parecen 
al üafJioUc Eevieic, de la que copiamos lo siguiente. 
"Como Americanos podemos tomar algún ínteres en 
la reciente revolución de Méjico, como católicc'S no nos 
causa ni dolor ni satisfacción. El gobierno de Ler- 
do de Tejada era un gobierno de francmasones, hos- 
til por consiguiente á la Iglesia, y culpable de mu- 
chos actos de cruel y atrevida persecución sin provo- 
cación ninguna. Pero la administración de Díaz ó 
de Iglesias según todas las probabilidades estará suje- 
ta á la misma perniciosa inf!A!encia. Luego, no hay 
razón de esperar que la Iglesia ganará mucho en esta 
revolución. Verdad es, que según informaciones que 
tenemos, Díaz diferente en esto de Lerdo y de Igle- 
sias, no ha apostatado de la fé; aunque tan solo de 
nombre, es todavía católico. Pero el proclama su ad- 
hesión á la Constitución de 1875 con todas sus en- 
miendas y esto es bastante. La Iglesia como corpo- 
ración no ha tenido por nada parte ni en la caída 
de Lerdo, ni en el suceso de Díaz, y esperamos que 
ni será culpada por el primer acontecimiento, ni ala- 
bada por el segundo." 

ISríT.ssl. — Mñr Gonzalos de Oliveira Obispo de 
Olinda, el que tanto padeció de parte de los francma- 
sones de Brasil, y que fué desterrado de su diócesis, 
ha regresado a su quarida grey, y su vuelta fué un ver- 
dadero triunfo. Después de haber padecido la cár- 
cel, y un año de destierro en Europa, el Obispo pu- 
do en fin entrar en su ciudad episcopal el 6. Octubre. 
El periódico Uiiiao de Pernambuco celebra la vuelta 
del ilustre Obispo con un artículo cuyo título es Cap- 
tíüus ahiit, vldorqae rediit — scfué prisionero, vuelve victo- 
rioso. El pueblo en masa solió para recibir á su Obispo, 
y cuando al llegar dio su bendición pastoral, el entu- 
siasmo del pueblo desbordó; y se formó una proce- 
sión hasta la Iglesia de S. Pedro, que estaba ornada 
con gusto é iluminada con profusión. El Obispo ha- 
biendo subido al pulpito, expresó en un largo discurso 
sus sentimientos de fe, de amor, de piedad, de fideli- 
dad á sus subditos, así que de gratitud á todos. Se 
cantó después el 7V Deinn con que se concluyó la 
fiesta. Los francmasones del Brasil hicieron lo po- 
sible para hacer mudar Mñr Gonzales de la silla de 
Olinda á otra, y hacer creer de esta manera que la 
Santa Sede había censurado la conducta del Obispo. 
Pero no les valió; y el Padre Santo ha restituido el 
generoso pastor á su querido rebaño. 

Otra noticia del Brasil, que nos llena de gozo, es 
la del establecimiento de una Sociedad católica en 
aquel país. La Tribuna Católica publica los estatu- 
tos de la Sociedad. Su objeto es defender la fé 
tan combatida en el imperio, y organizarse para pro- 
tegerse mutuamente. Todos están obligados á esta 
mutua protección, y uo puede uno ser insultado, sin 
que los demás miembros no lo sientan, y tomen su de- 
fensa: La Sociedad se compone de diferentes circu- 
las, presidido cada tino por un delegado etc. etc. La 
refriega contra los francmasones será muy dura, pero 



i los católicos brasileños se organizan, no dudamos 
de que saldrán victoriosos; ya la última condenación 
explícita de la francmasonería por el Padre Santo, 
está produciendo sus frutos. El Visconde de Eio 
Blanco ha públicamente abjurado esta secta, y la 
noticia de esta abjuración ha producido un efecto ex- 
celente por todo el imperio. 

l'islííii. — De una carta del Rev. P. Gourdin misio- 
nario tn ese país, sacamos lo siguiente que nos da á 
entender el grande aprecio c[ue tienen los Chinos de 
todo lo que atañe á sus honras fúnebres. Hablando 
el P. de la muerte de un excelente cristiano Chino 
dice: "En fin los últimos momentos se acercaban, y 
yo quise dárselo á entender: pero me contestó que lo 
había ya reparado de por sí. Me rogó después que 
no se gastase dinero por su ataúd, asegurándome que 
su voluntand era de ser encerrado en el de un mendi- 
go. Esto, queridos amigos, os parecerá muy natu- 
ral, siendo nuestro moribundo un pobre huérfano; 
pero se me hizo á mí el acto mas heroico de su vida. 
El ataúd es el fin supremo de la ambición de un Chi- 
no. Cualquiera que tenga un poco de dinero se lo 
compra con tiempo, lo pinta, y muchas veces toma 
mas cuidado de su ataúd que de su mujer ó de sus 
hijos. Los ricos gastan millares do pesos para 
comprai'se un ataúd (ya se entiende mientras que go- 
zan buena saludj ; yo mismo he visto uno para una 
persona privada que costaba $1,920. Un hombre que 
tiene una fortuna decente no puede morir sin que haya 
de antemano arreglado este punto importante. Ha- 
ce tres años, atacado por una fiebre maligna, y reci- 
bidos los últimos sacramentos, yo esperaba la muerte 
de momento á momento, cuando un cristiano bas- 
tante rico se acercó á mi cama, y díjome; Padre no 
tenga miedo. — No, hijo, ningún miedo tengo, estoy 
pronto para morir. — ¡Oh no! no quiero decir esto, pa- 
dre; sino, que como Y. no ha preparado su ataúd, le 
digo de no inquietarse de eso; pues yo tengo uno, que 
había preparado para mí, es muy bonito, y se lo daré 
á Vd. por $'óO solamente. 

La obra de la sania infancia no es conocida aquí, 
como tampoco lo es la obra de la projxigacion de lafé. 
Se propone esta asociación de asistir á loa misioneros 
en China, en donde hay la bárbara costumbre entre 
los gentiles de aquel país, de abandonar nuichos ni- 
ños recien nacidos para librarse de la obligación de 
mantener una muy crecida familia. Pues bien; de 
una carta de un misionero en China sacamos los si- 
guientes detalles que pueden dar una idea á nuestros 
católicos de la propagación de nuestra santa Religión 
por todo el mundo. Durante los años 1874^75 en la 
sola misión del Suroeste Techely, las limosnas de la 
Santa. Infancia, han mantenido á 139 muchachos en 
los asilos, 339 niños con amas de cria, y han procu- 
rado el bautismo á 9,000 infantes en peligro de muer- 
te. Sigue el P. misionero diciendo cómo en la ciudad 
de Tching- ting-fou, en donde hace pacos años la 
vida de los Padres estaba en peligro, el celo y la ca- 
ridad de los católicos en recoger los niños desampa- 
rados, educarlos, darles un estado, es el objete de la 
admiración de todos los gentiles. Dejan estos mu- 
chas veces sus niños á la puerta del asilo católico en 
lugar de echarlos en los campos, y muchas veces los 
ofrecen al Padre. Con los expósitos hay en la escue- 
la muchos paganos, los que con consentimiento de 
sus padres, aprenden a rezar, y la doctrina cristiana 
junto con los niños acogidos en el asilo, y bautizados. 
El prefecto, ó primer mandarino de la ciudad, no so- 
lamente concedió un pedazo de tierra cerca del asilo 
de que tenían necesidad los P.adres, sino que los ác ■ 
fendió contra unos paganos á los que esta concesión 
pesaba no poco. 



8ECCÍ0N IlELíGíOSA. 



-=*-^^< 



CA¡,fr>'l)AlMO RELIGIOSO. 

i:>'ERO 7.1 :}. 

7. Domingo a-fmoftni:a dn la Epí/(mÍG-~ñ. Luciano jiresbitcro y 

iiuiítiv. S." Teodoro, monje, 
í^. Lunes— K. Apolinnr Obispo. P5. ñpTeriiio. abad. 
'J. Martes— 5. Julián y Stn. Basilisa fu nnijcr, mávtirrs. 
](). 7<íi¿rc:Ie!! -ñ. Gnillcrino aizobií.po y confesor. S. Gonzalo <lo 

Amarante cloniinioo, coníoKor. 
11. ,/(/ei-f .s— R. Hifíinio papa y :niirtir. Sta. Honorata, Virgen. 
1'2. l'Sernrs — 5ta. l'aciana. iiiávtii-. S. Arc^adio, mártir. 
13. íi'Ji;«f7o -Octava de la Epifanía. S. Leoncio, obispo y confesor. 
La beata Verónica, Virgen. 

LA OCTAVA DE LA EPIFANÍA. 

Evi lugar (le los Evn.ngelio9 correspondientes á Ins 
Dominicas del año, d.-a-eJiios en el decnvBO del 1877 
la vida de uno de los Santos que caen en la semana. 
Eu esta, la liturgia eclesiástica no se ocupa sino de 
L'o Epiíaníg, del Señor, cuya Octava está recorriendo. 
Por lo tanto propondrcnios en este primer número 
alguna reflexión piadooS- sobre esta Fiesta, salgar- 
monte llamada de los san'jos Reyea. Es una de las 
solemnidades mas jiaudos del Catolicismo, é induda- 
blemente una de las que se remontan á major anti- 
güedad. Jesús al nacer fué revelado por los Angeles 
á los pastores do Beicn, pero Labia ifcgado la época 
eu que fuese conocido ya su nombre, no solo en aqxicl 
pequeño radio de la Judea, sino que se oyese por vez; 
pi'inicra entre las naciones gentiles, T así como del 
pueblo hebreo habia eseogido para adorarle en su po- 
bre pesebre pafstorcíi rudos y pobrecillos, del pueblo 
gentil llamó sabios y po.dero«03, á fin de que todas 
las clases sociales tuviesen, por decirlo así, su repre- 
sentación en aquel humilde portal ejo al rededor del 
cual debia reunirse en el decurso de los siglos todo 
el género liumano. Los Magos ofrecieroa al Salvador 
ricos presentes, que el buen Jesús aceptó, manifes- 
tando con esto, que si bieu el corazón es el don prin- 
cipal ó indispensable que exige de nosotros, lo debc- 
bemos también el tributo de nuestros mismos intere- 
ses temporales, tributo que le pagamos cuando con 
nuestro dinero socorremos á los pobres, ó auxiliamos 
al Papa, ó cooperamos al culto, ó atendemos á las ne- 
cesidades de la propagación de la fe, ó do un modo ú 
otro servimos á la|mayor^ gloria de Dios y bien do 
nuestros liermanof-:. 



SJ? 



A la modia uoelio dei dia :>1 Diciembro ISTó, 
todo .era Jestojos y regocijos on los Estados I'ni- 
(bM. Entraba cii la serie de los siglos el año 
(.\:nteiiario de l;i iiidcpfiuleiicia y libertad ame- 
ricana, y se le snlinlaba con el eutusiasino doim 
])Ucl)lo embriagado de su grandeza, prolongán- 
(lo.se hasta la aurora el retumbo .solemne de las 
oamnanas, vcl estallido de los l'ragorosos fusiles v 
oañone.^, y mil voces de jubilo y alborozo. Doce 
meses mas tarde, á la misma hora de media no- 
che, espiraba el aún lausto y grandioso. Le su- 
cedia oti'o al (pie el jxieblo acogí^ ('(ín un scm- 
lilinle de ])esadn!nbro y de congoja, pr(\üuii- 
táuduso á sí mismo qué le trae bajo sus alas 
uíj.'oslacloras e.^e (dro afio cii cuva íieule nubla- 



da no puede leer ni paz ni guerra. Dos candi- 
datos para la Presidencia pretenden haber reci- 
bido ambo.s ;í dos la confianza de la nación. Se- 
gún las apariencias está ol uno sostenido por la 
fuerza, el otro i)or el derecho; tiene uno á su 
derredor un ejórcito do hombres armados, y 
otrc inrinitamente mas jioderoso de gente ham- 
brienta; cuenta el otro con la simpatía de la ma- 
yor parte del país, y con el deseo irresisti- 
ble y universal de una reforma; denigre; uno su 
nombre con darle á sociedades anti-constitncio- 
nales y enemigos de la concordia de los ciuda- 
danos: el otro e.sclareci(j el suyo ya con venta- 
josas reformas, y con diiu.-ulto.sas pero felices 
empresas. ¿Quién de los dos triunfará? ¿Y con 
(jué medios? ;,Conservará el [¡ais su tranquilidad 
actual, 6 derrumbaráse otra vez en los horrores 
de una guerra intestina? Los demcjcratas con- 
vocan una convención de todos los Estados [)ara 
el dia 10 de Enero; los Republicanos confian en 
las bayonetas de Grant. Los Representantes 
sostienen á Tilden, el Senado á Hayes. ¿Co'mo 
acabará un año (pie nace con tan negros presa- 
gios, si tan infaustamente muere el que nacicí 
engalanado las sienes con azucenas v rosas? 

Oyese no pocas veces que por motivo de mo- 
ralidad seria mejor que la Iglesia Catcjlica per- 
mitiese el matrimonio á sus ministros. No po- 
díamos menos de pensar en este disparate, cuan- 
do leíamos en el JVorih Westeni Chronide lo si- 
guiente digno de toda la atención de nuestros 
lectores. "Habiendo el Rev. N. L. Philips de 
jíonticello, La., recibido la visita de la mujer de 
otro hombre dojd la suya. Era aquella la mujer 
de otro ministro metodista un cierto Barnes; y 
el Reverendo Philips dejando su casa se fué de- 
recho á la de su colega en el santo ministerio. 
Voi supuesto el pobrecito de Barnes que nada 
sospechaba, recibi<i el Reverendo con todas las 
demonstraciones de caridad que conviene á dos 
hermanos de la secta metodista. Entretanto, 
mientras los Reverendos amantes lo preparaban 
todo })ara escabullirse, el Rev. Ph.ilips acordán- 
do.se de que era ministro escribicj una carta 6 
mejor un sermón á la desdichada Paulina, su 
esposa abandonada. El sermón, por supuesto, 
es conmovedor en extremo; sacamos lo siguien- 
te; — Quiero que cada viarurna y cada tarde leas 
con los niños el Nuevo Testamento. ITaz el favor 
de leer 2'>ñ'>nero nn verso, y cada luio de los mños 
lo ha, y despucs se arrodillen fodoft y diyan el Pa- 
dre nuestro (_bastante -experiencia en el ministe- 
rio d(d)ia tener ese Reverendo). Acuérdate de 
j/,í — ff¡^ de nú también — en fus oraciones. Oh Pau- 
lina, (saca las lágrimas) manten ai pié el altar do- 
hié.^tico. Sí, viras rada. di<L^nas y rn/is anida con 
Dios, y pídele su. (/rada f/vc hasf^r pfu-a todo. (Pa- 
loci" oiro S. Francisco de Sales), 'fu ruidado d'} 



Kji^dUnjmma-w g M r Ai'jfcwma ra 



tí y de los niños. Envíalos á la escuela (para que 
aprendan allí lo que su Tata aprendió túa bien.) 
Ño faltes de ir á la Iglesia cada domingo {every 
Sahbath): esos tontos tlebon llamar sábado al do- 
mingo para que sepamos que son muy leídos en 
las Escrituras), y de eiiviar los niños á la escuela, 
dominical metodista. La carta se acaba con es- 
tas j)alabras: Picase, Paidina, send, me a divoi'ce. 
(Por Dios, Paulina, envíame un papel de divor- 
cio). Todos podemos pecar pero la hipocresía 
de esta carta es tal, que solo un ministro meto- 
dista podía haberla escrita. Y ¿qué deben de- 
cir los americanos, pueblo tan inteligente y tan 
positivo, cuando vean un ministro obrar de 
aquella manera y escribir de otra? 



En el artículo "Hechos en que convienen to- 
dos'' hallarán nuestros lectores como una minia- 
tura de la historia de las elecciones en South 
Carolina, Louisiana y Florida, Al leerla se nos 
ocurre naturalmente preguntar ¿porqué esos (res 
Estados lio declararon clesde luego el resoltado 
de sus elecciones, lo mismo que todos los de- 
más? ¿Porqué se dan poderes tan amplios á esos 
Returning Boards, y porqué, excepto en Florida, 
están compuestos de miembros todos Republica- 
nos? ¿Porqué se hace en secreto el escrutinio de 
los votos, y sin admitir á ninguno del partido 
contrario? ¿Porqué no aguardan, en Louisiana, 
la decisión de la Corte Suprema, ante cuyo tri- 
bunal está pendiente la causa? Y por otra par- 
te ¿porqué los deniíjcratas muestran tanta con- 
fianza en su causa, que no temen apelar al jui- 
cio de aquella Corte? ¿Y qué le queda mas á un 
partido para alcanzar justicia, si el fallo de una 
Corte Suprema es no solam^entc desobedecido y 
menospreciado' del reo. sino anulado de hecho 
por un Juez de una Corte de Circuito? Tales 
procedimientos no pueden ser -aprobados por 
ningún ciudadano honrado. Quisiéramos que 
fueran falsos, y cpie tales los demostraran los in- 
teresados en el partido. Mientras no lo hagan, 
permanecerá indeleble en ellos y en los Repu- 
blicanos del Sur, la tacha oprobiosa de fraudu- 
lentos. 



El AdveHiser arde de indignación patrio'tica 
al ver que carece Las Vegas por este año de es- 
cuelas públicas; y cree agravar en la opinión 
del público el desdoro de esta mengua añadien- 
do que es Las Vegas una comunidad Republica- 
na. Mirad, dice, el Sr. D. José Baca es Demu- 
crata, y sin embargo mantiene á sus expensas 
una escuela pública en la Plaza de arriba, y nos- 
otros los Republicanos.... Conque le .parece 
al editor del Advertiser cosa de poner sobre los 
estrellas, que un celoso caballero católico pro- 
poi'ciono á los hijos de sus vecindarios hw me- 



dios de una educación gratuita. ¿Y cuál es la 
razón de tal maravilla? El ser Demócrata aquel 
caballero. Pero ¿desde cuándo fué la enseñan- 
za v)¡-ivileg¡o exclusivo de los Republicanos? 
Para callarnos de los colegios é institutos sin 
número fundados y sostenidos en todo tiempo y 
lugar no solo por Demócratas ó Republicanos, 
coiuo se entienden estas palabras hoy día en 
América, sino por Monárquicos y Absolutistas 
rancios, ¿acaso no existen ahora escuelas })ábli- 
cas en los Estados Americanos de color político 
democrático? p]xisten, y tantas como en cual- 
quier estado Republicano. Quizás el Sr. Aoy 
pensarla encontraren la política un muelle para 
ujover mas fácilmente á los habitantes de Las 
Vegas. Ni se contenta con palabras; les pone 
el ejemplo, y abre escuelas serótinas. Empero 
¿qué esperaremos de la escuela de un apóstata 
desdichado y blasfemo público? Habitantes de 
Las Vegas, ¡alerta! No sea que enviéis á vues- 
tros hijos por pan, y les den ponzoña. 



■ 'U^ ®-<5Jjae»j-"- 



Como á muchos de nuestros lectores, ha gus- 
tado mucho según hemos sabido, la lectura de 
nuestras novelas, procuraremos en este año con 
el divino favor publicar algunas, que les i)ue- 
dan agradar é interesar lo mas que fuera posi- 
ble, y .principiaremos con una verdaderamente 
admirable, cual es la que lleva por título Dd 
Infierno cd Paraíso, publicada hace poco tiempo 
en lengua italiana por el Rev. Juan José Franco 
de la Com-pañía de Jesús. Esta tiene el mérito 
intríusico de no ser una mera invención del au- 
tor, sino que tiene un fondo histórico de hechos 
acontecidos en el siglo pasado. A todos los 
atractivos de una novela, redne. como se verá 
los mas sólidos principios de moral cristiana, 
por lo tanto recomandamos á todos que la lean, . 
y se aprovechen de ella; ponjue todos, cualquie- 
ra que sea su condición, hallarán en ella útiles 
lecciones y hermosos ejemplos de virtud. 



— tf^¿> — 4— «^^ — 



Ija corrupción en Prusia ha tomado las mas 
espantosas proporciones; los matrimonios legíti- 
mos y religiosos disminuyen cada dia y los pu- 
ramente civiles (ó, los amancebamientos) en Ber- 
lín llegan á ser 60 por 100 sobre la totalidad, y 
80 por ciento en los arrabales. En las otras 
ciudades las cosas no deben estar mejor. La 
facilidad de unirse y separarse produce funes- 
tísimas consecuencias: la familia no =cstá consti- 
Luida por un vínculo legítimo conjuigal.y se re- 
duce á un mutuo prestarse y convivir por algún 
tiempo. Los hijos en lugar de ser los puros go- 
.zos de la familia, vienen á ser un peso, un cs: 
íorbc, una diñcultad que, contra todas las leves 
de la naturaleza, ordinariamente se procuran 
impedir ó quitar del medio. Por lo (auto el 



ta« 



-6- 



ahorto es muy «oninri: y el Courier de Bru- 
xelks refiere gravísimas é importantes iiives- 
tij^aciones ú propósito de unas mujeres que 
han sido arrestadas en líerlin, y qnc ejercían 
esta abominable profesión. Pero además de esas 
hay otras á quienes se entregan los niños recien 
nacidos, y las cuales se encargan no de criarlos, 
sino de (piitarles poco ú poco la vida, por inedia 
ú otros infames medios. A esas furias inferna- 
les se las llama por mayor injuria de la humani- 
dad ofendifla fabricantes de ángeles {Engehnaclie- 
rivnen)] mejor les estarla el nombre de demonios 
destructores. H6 aquí hasta donde ha llegado la 
(,'ivil¡zacion en Prusia, el último desarrollo de la 
revolución protestante, esto es, la mas grosera 
incredulidad, y la mas abominable corrupción; 
y hé aquí la suerte que está reservada á otras 
naciones que igualmente desprecian la luz de la 
fu y le cierran culpablemente sus ojos; poco á 
poco llegarán á un estado mucho inferior al de 
los mismos brutos irracionales. 



— a^»-»-»-^ 



El tercer año de la JReyista. 



Con el número presente, que es el primero de 
este nuevo año de gracia 1877, entra nuestra 
Revista en el tercero de su existencia, á qx\jo 
termino esperamos que llegue con el fa- 
vor de Dios, tan felizmente, como parece que 
lo va á principiar. Si por los dos años pasados, 
tuvimos que agradecer muchísimo á nuestros 
suscritores por la buena acogida que han dis- 
pensado á la Revista, nos prometemos según las 
apariencias que seguirán muchos mas en favore- 
cerla este nuevo año; de lo que desde ahora á 
todos los que tomaren interés ó parte anticipa- 
mos nuestras sinceras y debidas gracias. 

No nos debemos olvidar que la Revista se ha- 
lla todavía como en su estado de infancia. La 
edad mas tierna es hi mas peligrosa, }' las cria- 
turas recien nacidas están mas sujetas que los a- 
dultos á muerte inmatura, l^or mas fpic haya 
durado dos años, y muestre algún vigor, no se 
puede aun decir que está salidamente estableci- 
da ó asegurada. Ks como una planta muy tier- 
na todavía, (¡uc necesita de especiales cuidados, 
[)ara que crezca, se desarrolle y engruese, }' así 
pueda producir todo aquella abundancia y rique- 
za de frutos (pu' nos prometemos. 

Ahora este porvenir de la Revista, hablando 
con toda franqueza, depende en modo especial 
del favor que le dispensaren sus suscritores. 
Para decir las cosas como son, y no ¡)ara hacer 
agravio á nadie, no podemos negar que las ac- 
tuales condiciones del Territorio y de la gente 
de aípií no son las mas favorables a la Revista. 
Sirviéndonos de la misma inetáfora de antes, una 
plaiila síM'á tanto mas precoz, fuerte y vigoi-osa 
cniiito mas el tci'rcno le convenga, el clima 



le corresponda, y reciba á suficiencia el riego de 
las aguas y el calor del sol. Estas causas ann- 
(juc extrínsecas, son las que influyen grandemen- 
te sobre la existencia, el desarrollo y el vigor 
de un árbol. Volvemos á decir (]ue en enume- 
rarlas no entendemos hacer agravio á nadie: an- 
tes bien de lo que decimos, tendremos que sacar 
motivos de sentir y mostrar mas nuestro agra- 
decimiento. En efecto, fuera de metáforas, con- 
siderando cuál es el Territorio y su limitada po- 
blación, la grauuc escasez de recursos en unos, 
la no pocafaltade instrucción primaria en otros, 
naturalmente nos persuadimos que aquí un pe- 
riódico como la Revista, no político, sino re- 
ligioso, que no sirva á los partidos, sino que los 
ataque si es necesario, apenas pudiera mantener- 
se y propagarse: y sin embargo se ha propagado 
tanto y mantenido hasta ahora: lo que no prueba 
sino que mas que todas las dificultades la buena 
voluntad y disposición de la gente es tan gran- 
de, que cooperó á sostenerla aun con muchos sa- 
crificios. Y en esto confiamos que seguirá man- 
teniéndose y propagándose siempre mas. 

Nosotros aquí, pues, no obstante las grandes 
dificultades materiales y morales de la gente, 
contamos con su buena voluntad, con sus buenas 
disposiciones. Las gentes se están convencien- 
do, y se irán persuadiendo siempre mas de cuan- 
ta utilidad Y hasta necesidad era haber princi- 
piado una publicación religio.sa y católica, en 
este Territorio, .y escrita en lengua castellana, 
(pie es la de la universalidad de sus habitantes. 
De otros p?riódicos habia muchos, cuando prin- 
cipiamos, y hay muchos todavía: pero unos ex- 
traños ó indiferentes á nuestros interés s, otros 
á veces ó por ignorancia ó por malicia, contra- 
rios y hostiles. Era pues conveniente que hu- 
biera una cosa del género de la Revista, (]ue en 
circunstancias ofrecidas se levantase en defensa 
de nuestras creencias y nuestros derechos, y que 
pudiese oportunamente influir y responder 
cuando se nos ataca. Estamos rodeados por don- 
dequiera de Protestantes y sectas, que censuran, 
dcsj)recian é impugnan nuestros doguias y ritos: 
hemos visto los furioso.^ ataques que la política 
moderna inspirada con los famosos principios me-- 
dernos. ha movido en estos últimos tiempos con- 
tra la libertad y derechos de la Iglesia, y (pie 
acaso se propone renovar con mayor fuerza y 
violencia en mas oportunas ocasiones. Por estas 
razones y otras semc^jantcs, se siente la necesi- 
dad de que haya un periódico religioso, el cual 
se contraponga á todo esto cuanto fuere posible, 
y (pie al mismo tiempo i^roporcionc á los habi- 
tantes de Nuevo Méjico en su propia y natural 
lengua, una lectura de cosas interesantes, ins- 
tructivas y morales. 

Nosotros no esperamos llenar este vacío y do 
cuu)|)lir con esta exigenci;i: s^ino (pie á falta do 
otroá lo liemos principiado á hacer y con el fa^ 



-i 



vor de Dios lo seguiremos iiaeieuclo, mientra^ 
podamos, lo mejor que esté á nuestro alcance. 
Si de nuestra parte iiosotros nos hacemos cargo 
de las circunstancias tíin difíciles en las cunlcs 
se hallan nuestros suscri lores, generalmente, es 
justo que ellos de la suj^a se lo hagan de las 
nuestras, y recompensen lo que nos í'altá de ca- 
pacidad, con la buena voluntad que tenemos de 
servirles. A esto añádase que, como decimos, 
estamos todavía en los principios; y en los prin- 
cipios las cosas no son tan perfectns, como po- 
drán ser después, y que nosotros jamás nos ha- 
bíamos propuesto este género de ocupaciones, 
en el cual todavía no nos podemos decir haber- 
nos acostum.brado, mucho menos haber adquiíi- 
do la facilidad atendidas nuestras circuntancias 
particulares. Entretanto esperamos que nadie 
quiera llevar á mal, si nos hemos propuesto y 
tentado esta em[)rcsa, 3^ no nos hagan un crimen 
si no hacemos mejor. En verdad que no faltan 
otros que mucho mejor lo hubieran hecho, aun- 
que por cualesquiera motivos no lo hagan; ni de- 
be ser motivo de dejarlo de hacer nosotros, aun- 
que fuera menos perfectamente. 

Acabaremos con citar á este proposito una 
sentencia del Santo Evangelio, en el cual J. C. 
según su costumbre, para darnos á entender las 
mas importantes verdades nos las encubre bajo 
el velo de las parábolas. Aludimos á la del Pa- 
dre de familia, el cual distribuyó sus talentos 
entre sus dependientes dando á quien diez, á 
quien cinco, á quien uno solamente. Pero él en- 
cargó igualmente á todos, que cada uno negociara 
lo que habia recibido fuera mucho ó poco, para 
sacar algún provecho de ello. Nosotros no so- 
mos tan llenos de amor propio que creamos ha- 
ber recibido ni diez, ni cinco talentos: pero al 
mismo tiempo no somos tan ingratos para con 
Dios, ni de sentimientos tan ruines para no confe- 
sar de haber recibido alguno: y este talento, se- 
gún Dios mismo nos manda, lo queremos nego- 
ciar. No es vergüenza para nosotros no haber 
recibido mas, pero seria culpa si lo descuidáse- 
mos. Antes bien porque es uno solo, lo quere- 
mos hacer valer lo mas que sea posible. 

En medio de estas poblaciones en las cuales 
el Señor nos ha puesto en su secreta providencia, 
tanto mas admirable, cuanto mas diferente de 
nuestros pensamientos y deseos, haremos (en lo 
que alcancemos), sea de una manera sea de olrr, 
algún bien. Y esto es lo que nos proponemos. 
Y no porque no hemos escogido nosotros mis- 
amos este lugar, lo haremos con menos gusto: ó 
porque las circunstancias son mas difíciles, ó los 
resultados no tan abundantes, desmayaremos y 
perderemos el ánimj. No es esta la correspon- 
dencia que debeuios á Dios, el cual aquí y de 
cualquiera manca que sea, nos manda negociar 
nuestro talento. Pues lo harem.os: y acaso con 
algún buen resultado, en cuardo en este negocio 



í'o tenemos concurrencia de otros, siempre dis- 
puestos á dejarlo; ya sea que i)odamos ocuparnos 
do otra mejor manera, ó que otros se induzcan á 
tomar nuestro lugar con mejor fruto. 



* 'liedlos en que todos coiivieiieii." 



Con este encabezamiento publica el Sun de 
Nueva York una exposición tan clara como 
exacta de la manera con que se han llevado á 
cabo las elecciones de los tres Estados del Sur. 
Un [¡eriódico tal como el Sun no se atreverla á 
afirmar esos hechos, con ese título, á la faz de 
toda la prensa Republicana é independiente del 
país, si uno solo pudiera levantarse y decirle 
con razón: "Mentís." Los publicamos pues tam- 
bién nosotros, traduciendo íielmente sus pala- 
bras, á fin de que conste con cuánta razón afir- 
man ciertos periódicos del Territorio que Hay es 
fué legalmente elegido. 

"1. En aquellos Estados de la Union, relati- 
vamente á los cuales no se ha levantado disj)uta 
ninguna, el Sr. Tilden tiene 184 votos electora- 
les y el Sr. Hay es 166. 

'"2. Hay tres Estados mas, donde la declara- 
ción del resultado fué finalmente hecha el Mar- 
tes por la noche, ó el Miércoles por la mañana 
(6 ó 7 Diciembre), solo un dia, ó menos que un 
dia antes, que los Colegios Electorales deben 
reunirse y dar sus votos. Esos Estados son 
South Carolina con siete votos electorales, Loui- 
siana con ocho, y P'lorida con cuatro. 

"3. Esos tres Estados tienen todos lo que lla- 
man Rdurning Boards, (Juntas) autorizadas de 
solicitar, alterar, y declarar el resultado final 
de los iidbrmes {relurn^) enviados por los solici- 
tadores de condado ó parroquia. Esos Reimn- 
big Boards no se conocían hasta después de la 
reconstrucción de los Estados del Sur y del es- 
tablecimiento del gobierno de los descamisados 
[carpet-hog rule) en ellos. Ei jn-imero consta ha- 
ber sido introducido en Louisiana bajo el Gob. 
Warmoth con el objeto manifiesto de poderse 
hacer declarar reelegido, y de quedarse en el 
poder cuando su antagonista fuera mas fiíertc 
que él, y obtuviera realmente la niayoría de 
una elección. De Louisiana pasó esta institu- 
ción á otras partes, siendo sus poderes y su ^\n 
sustancialmentc los mismos. El Rdurning 
Board puede mudar siempre el resultado apa- 
rente de una elección, y así donde los informes 
de condado ó parroquia muestran una inayoi-ía 
democrática, puede alterarla y declararla maj'cí- 
ría republicana, ó vice versa. 

"4. En ninguno de estos tres Estados existen 
constitucionalmcnte los tales Boarda. 

"5. Le estos tres Rehirniug Boards el prime- 
ro que obró fué el de South Carolina. Consiste 
en cinco miembros, todos empleados de Estado, 



-8- 



y (Huitro de ellos Candidatj)s para cuiplcos en 
esta eleceioii. Los ¡uroriiies de eoiidado iiidica- 
l)an ú la siiii[)le vista una ma3'oría deinocráliea, 
}'■ para asegurar un ciíleulo siiieero, é impedir 
(jae esos hombres decidieran de su causa en su 
favor, se tuvo recurso ú la Corte Suprema del 
Estado, la autoridad invocada regularmente en 
todos los Estados cuando hay elecciones dudo- 
s.is, ó sospechas de fraudes en los escrutinios. 
La corte recibió el recurso y promulgó un man- 
dato ordenando al Board de suspender su ac- 
ción hasta (jue la Corte oyera judicialmente el 
asunto y diera su decisión; pero mientras esta- 
ba pendiente la causa delante de la Corte, el 
Board se reunió privadamente, y, sin ningún 
examen formal de los informes, declaró la elec- 
ción en su propio lavor, en favor de los candi- 
datos electorales de Hayes, y en favor de Cham- 
berlain, Candidato Re})ublicauo para Goberna- 
dor, levantando después la sesión sine die. La 
corte aprisionó entonces á los miembros del 
Board por desobedecimiento de su mandato, 
l)ero el Sr. I>ond, .íuez de la Corte de Circuito 
tle los Estados Unidos, (¡uien hallábase en South 
Carolina antes de su plazo, los soltó con un auto 
{\q. Ivdxias Corpus, ijoniéndolcs biijo la custodia 
nominal del Alguacil mayor de los Estados Uni- 
dos, quien t'.esde luego les dio libertad. Ha- 
biendo oido judicialmente un alegato sobre su 
autoridad de soltar a esos hombres, el juez 
Bond tomó acto del alegato y no ha dado toda- 
vía decisión ninguna. 

'"G. Va\ Louisiana el Rdurnimj Board debe 
tener i)or ley cinco miembros. ILibia un pues- 
to vacante, [)ero no se proveyó, encarga'ndose 
(le todos los procedimientos cuatro miembros 
solamente, todos Republicanos. El Presidente 
de este Board, J. Madison Wells, varios años 
atrás, antes de la reconstrucción, fué echado de 
su em[)leo de (lobernador de Louisiaua por el 
(íeneral Shcridan, ((uien le denunció {)or des- 
lionrado. JjOS tres otros miembros no son tan 
conocidos como AVells, pero uno de ellos tiene 
un salón de licores y bebidas. Esos procrasti- 
naron hasta el último momento el examen de 
los informes y concluyeron el escrutinio íinal 
de los votos en secreto, no admitiendo cu la se- 
sión sino á emj)leados Republicanos. El con- 
junto de los informes enviados de los diferentes 
condados del Estado indicaba urui mayoría de 
uuis de !),()()() para el elector de Tilden, que ha- 
bia reunido mayor número de votos. Eso lo 
mud(> el BefnriLiiK/ Board, rebujando de l;},2í)l 
los rotos de acpiel elector, haciéndolo compare- 
cer así como (jue hubiese tenido unos 4, 000 vo- 
tos menos (|ue el ínlimo elector de Hayes. Tam- 
l)ien deberia .saber el público (pie, mientras 
acontecian estos hechos en New Orloans, ciertas 
personas de Louisiana, que decían representar 
ú loe miembrorí del li(tiirn¡v(i h'oard, buscaron 



en aquella ciudad una entrevista con eí Sr. 
Hewitt, Presidente del Comité Nacional de los 
Demócratas, y ofreciéronse, por dinero, á ilecla- 
rar por elegidos á los electores de Tilden. No 
está á nuestro alcance el saber si hacian tales 
proposiciones con la autorización de AVells y 
sus consortes; pero todo se acordaba muy bien 
con la reputación de esos hombres, con el se- 
creto de sus ])rocedimientos, y con el incidente 
de no haber hecho provisión por el puesto va- 
cante de su Board — cosa que se cxi)lica j)erfec- 
ta mente, si se admite que esos señores (pierian 
hacer dinero con la declaración de la elección, 
y deseaban repartirlo entre cuantos menos fue- 
ra posible. Alas en dirigiéndose al Sr. llewitt 
se llevaron chasco. Aquel caballero rehusóse 
desdeñosamente á comi)rar una elección presi- 
dencial. 

"7. En Florida el Retm-ning Board consiste 
de tres personas, dos Republicanos y un Demó- 
crata. Parece que un principio no se tenia en- 
tera confianza en uno de estos republicanos, 
|)or(¡uc Marcelo L. Stearns, Gobernador del Ins- 
tado anunció él mismo su intención de hacer 
personalmente el escrutinio y declaración de la 
votación. Contra esa proposición tan inesperada 
los demócratas invocaron la interposición de las 
cortas, y la cuestión fué ventilada solemnemen- 
te ante el competente tribunal del Estado, com- 
pareciendo como abogado, para defender el de- 
recho del Gobernador de hacer tal escrutinio y 
declara''ion, el General Barlow de esta ciudad. 
Sin embargo previamente á la decisión de la 
corte sobre el asunto, parece se obtuvieron sa- 
tisfactorias garantías de parte de aíjuel miembro 
dudoso del Board, y entonces el Gol)crnador 
abandonó la intención que tenia expresada de- 
jando el escrutinio á aquella Junta. La decisión 
de esta fué declarada ünalmente ayer (G Nov.) 
por la mañana con el voto de los dos miembros 
Republicanos contra el Demócrata, y después 
de una prolongada lucha, en la que alegáronse 
fraudes de parte y otra. Los Demócratas, en 
su alegato final delante del Board, recitado jRir 
el Sr. Biddle de Filadelfia. pretendieron (-ue los 
electores de Tilden tenian en el Estado una ma- 
yoría de, á lo menos. 1,2G7; y (pie si \os infor- 
ines de uno de los conchudos, evidentement(.> de- 
fectuosos, fuesen corre.Li^ios, seria la mayoría de 
aípiellos electores 2,2.0. La declaración del 
Jioard fué no obstauto. (pie la nmyoría de los 
electores de llaves era 9^0. 

••8. Antes de'la eleccioi.', el Presidente Grant 
envió tropas á estos Estado:., con el objeto, como 
dijo él, de conservar el órdet', (^ impedir se ate- 
morizara á los votant(v^. En todas las parro- 
(¡uias ó condados donde, á coute^'^^^^''^^ ^^^' ^'-^' 
se colocaron tropas, an.montt) la uiayona demo- 
crática, y fué preciso poncí". á un ln,v^** todos (."«^s 
aumentos para declarar el resulti^v^*^ ^'' lavor 
de Ha ves. 



-9- 



'•9. A fin de (leclarar Pi-esideiite electo al Sr. 
Rayes, so necesita cada uno de los votos elec- 
torales de todos eso? tres Estados. 

"Esos son los hechos simples j notorios de 
esta cuestión, no habiendo sino una sola cir- 
cunstancia imera dada por nosotros (el Sun), j 
es la proposición hecha al Comité Nacional de 
los Demócratas de dar al Sr. Tilden el voto elec- 
toral de Louisiana por dinero." 



ÜMii palabra h "Las Vegas Gazette. 



5? 



El periódico citado sacó, en el número 30 de 
Diciembre, un artículo de no poca sensatez y 
cordura. Versa sobre el tema (jue ocupa lioy 
todos los. Americanos, la elección del futuro Pre- 
sidente de la República. La Gazette distingue 
con mucha discreción dos cuestiones: I^a primera 
¿Quién será el Presidenle? Y i esta responde 
con sobrada razón : Hay es; ¿qué duda cabe? Nos 
acordam.os haberlo dicho también nosotros en 
palabras muy terminantes, aun mucho antes que 
se conociera lo que llaman el resultado de las elec- 
ciones del Sur; palabras que traducidas al idioma 
vulgar suenan así: La. declaración mas descarada 
de los mas inicuos frcnides j^olUicos. Sí, seíior, 
nuestro Presidente será Hayes, y buen prove- 
cho le haga á él, á su partido, y al Rey Ulises 
Grant, quien proclama ya sin muchos melindres 
que allí están sus bayonetas y cai'luchos j^ron- 
tos para tener á raya á cuantos truhanes osaren 
mover pestaña contra su todopoderosa y jnst'si- 
m.a voluntad. La segunda cuestión, del todo di- 
ferente, dice la Gazette es: ¿Quién ha sido ele- 
gido Presidente? y contesta, como todos los que 
hablando sin rodeos y^ sin embozo, llaman el 
pan pan, y el vino vino: "Tilden." Hasta a(¡uí 
andan el misnio caniino la Gazette, la Revista, 
y miles de otros periódicos libres é indepen- 
dientes; ni tan solamente en la Repi'iblica- sino 
también en Euro[)a, donde resuena claro el eco 
de nuestras glorias políticas, y donde no bullen 
las pasiones de partido, que a nosotros nos ha- 
cen hervir los sesos, y nos impiden «piizás la 
vista hasta de los objetos mas fúlgidos. 

Entra en seguida la Gazette en una cuestión 
mas práctica; y es ¿Cuál debe ser la conducta 
de los Demócratas en vista de tales aconteci- 
mientos? Y la resuelve con una palabra: "Su- 
misión." Es cierto, y alabamos también en eso 
su sensatez. Huelgúense en hora buena con su 
dicha los Republicanos. Han logrado un triun- 
fo que parecía imposible; un triunfo que no sa- 
bían prometerse ni sus mas ardientes fautores, 
á no ser aquellos que. por estar mas adentro en 
la pandilla, sabiau-y decian sin miramientos que 
á tuerto ó á dereclio habiiui 'le veiicer; pero es- 
te triunfo será su in 'amia. Ijeíranse sin duda 
de la ¡nuiüjia, como ge rien dn la u'loria esos 



hombres cuya ambición, cuya vida, cuyos sue- 
ños dorados son el bolsillo lleno, y la francache- 
la. Mas si se levanta jamás en este suelo una 
generación que no cifre la filosofía de su políti- 
ca en el egoístico refrán de "Ande yo caliente 
3^ ríase la gente," la historia buscará en vano 
palabras suficientemente duras para execrar 
condignamente la elección del Presidiente de 
187G; y quiera Dios que no deba datar desde 
esta fecha el derrumbamiento final de la gran 
República Americana. Con todo, los Grantis- 
tas andan henchidos de go7.o'por su pretendido 
triunfo, y á los Demócratas no les queda, como 
dice la Gazette sino "someterse;" es decir, doble- 
gar la frente ante la fuerza, la prepotencia, el 
despotismo. 

Esta conducta mortificai-á acaso el amor pro- 
pio del partido, que ve ati'ojjcllados tan tiráni- 
camente sus mas (|ueridos derechos; y podrán 
preguntarnos los Demócratas ¿porijué, en lugar 
de ceder cual viles esclavos, lu) emiiuñarian mas 
bien las armas, y tentaran guardar con la fuer- 
za lo que con la fuerza se les (|U¡ere robar? La 
Gazette coüicsia a(juí con un [¡rincipio que nos 
obliga á apartarnos de ella. Es el principio: 
"Sea justo ó injusto el go))ierno (obre bien ó 
mal) el deber del ciudadano es sostenerle. 
Whetlier tlie gorerriment he rñjht or wroncj, it is ilie 
dutij of the citizen to svpport it.'' Tal pi'incipio, 
perdónenos la Gazette, no ¡)uede ser admitido. 
¿Cómo? si el gobierno es injusto, si obra mal, si 
abusa de su poder, si sustituye la fiíerza al de- 
recho, ])ucs todo eso significa i'á: if ithe torrmg) 
¿será nada menos que midebei', darle mi apoyo, 
mi favoi", mis votos, to sxipport it, en aíjuello 
mismo en que es injusto? Eso no es mas que der- 
rocar desde los fundanu'ntos el orden moral, y 
destrozar los [¡rimeros dictámenes de lo con- 
ciencia. Sostener al injusto es participar en la 
injusticia, lo (¡ue nunca jamás podrá ser un de- 
ber. Es un crimen; el ci'ímen de complicidad 
vedado y sometido á castigo en todos los códi- 
gos. Bien puede un ciudadano estar obligado á 
veces á sostener un gobierno injusto; .pero nun- 
ca en aquellos actos en (pie lo es formalmente. 
Tal es nuestro caso. Si es cierto que Tilden ha 
sid(^ elegido, el g(^bierno de Grant es injusto si 
impone otro Presidente á la nación, y sostener- 
lo en esto nadie lo debe, ni lo })uede, sin liaccr- 
sc cóm¡)lice de su injusticia. 

vidcinás, el j)rincip¡o que discutimos acomete 
la vida misma y la existencia de la República 
Amei"i(;ana. ¿Ea qué estriba el derecho de los 
Americanos de formar una nación independien- 
te en el mundo? ¿Qué es lo que mudó las 13 
colonias Británicas en los 13 Estados unidos? 
Es cabalmente el derecho de no sostener un go- 
füci-no injusto. Si cien años atrás se hubiese 
invocailo con razón el i)rincipio de que "sea jus- 
to ó injusto el gobierno, el deber del ciudadano 



10- 



es sostenerle," ¿'|U¡6ii [)Oilia sanciuuar la iii.sui- 
reccioii Aineiijana contra el injusto gobierno 
inglés? "Washington y los demás héi-ocs 'le 1770 
no serian mas (|ue rebeldes l)cllaeos. Aquellas 
espadas con (¡ne rompieron los lazos de sus hi- 
jos y hermanos, hubiei'au debido bañai'las con 
su sangre. Su deber hubiera sido sostener la 
madre {¡atria, auníjuc tirana. ¿Qué americano 
admitii'ií esas consecuencias? 

VA i)i-¡nci[)io pues no puede sostenerse. La 
razón, {ponjué ;í lo^s Demócratas no les queda 
otro recurso (jue la sumisión, es decir una i'csis- 
íeiicia pasiva, es porque la resistencia armada 
seria muy probabieniente inútil, y acarrcaria al 
{)aís niales aun mas foi-midables. 

La resistencia armada, 6 el levantamiento del 
iHieblo contra el poder no es lícito sino cuando 
el poder es una tiranía cierta y averiguada, y 
cuauflo es probable el resultado í'eliz del levan- 
tamiento; lo (jUC importa que sus consecuencias 
no sean todavía mas fatales que la misma tira- 
nía. Si falta uiui de esas circunstancias, no le 
(jueda al pueblo oprimido sino someterse. Pero 
(le eso á sostener el gobierno, obre este mal 6 
bien, ha}^ cien leguas de camino. 

La Gazette concluye el artículo implorando de 
los Republicanos que siíjuiera sean sinceros y 
digan mas 6 menos: "l^icn es verdad que fuimos 
derrotados; pero no podemos retirarnos del go- 
biíM'no, y dejarle caer ;í manos de los demócra- 
tas. Estos serian la ruina del i)aís, y mas vale 
sacrilicar el principio del gobierno popular, (¡ue 
el país mismo.'' Según la Gdzeüe, esa confesión 
franca y sencilla atraería respeto. No, señor; lo 
que atraería es las maUlicioues del ))ueblo. Har- 
to lo saben los republicanos, y ])or eso so gnar- 
(!.Hi de hacer semejante coníe:ion. Lo })r¡¡nero 
poríjuí; no deben jn/gar ellos si un j)artído tiene 
aptitud para el gobierno (' no. VA juez en esto 
asunto es el pueblo mismo. I^^ste ha dado su 
fallo; luego el i*aeí()cinío de los liepdjlicanos S(í 
viene al suelo. Lo segundo, porqt.c aun supo- 
niendo ií los Denu'cratas tan ineptos ])ara gulxM- 
nar, y t.m dañados (¡ne su ascíMicion al i)oder 
lucra, la. ruina de la nación (suj)os¡cion gratuita 
y idlrajosa ;í un país cuya mayoría s(í ¡¡ronuncia 
l)cmtíci'at:i); el raciocinio do los líei)ublicaiios 
eipii valdrá ¡í este: "Los J)(Mn(>cratas asesinarán 
al país; luego mas vale (¡ue le asesinemos noso- 
tros." V\\ I>cpúl)lic:i, destruir el princijiio del 
\(>to popular no es mas (|U(^ asesinar al país. 
Bien dice la (hKicllv (|U'> mas valdi'ia a(|uella con- 
lesion ((ue los fementidos (\sí'iierzos tic burlarse 
del pueblo. Ilabria un crimen menos, la. hipo- 
cresía; pero en p()lític;i ser píc;ii'o y no ser hi¡)ó- 
ci'ita son dos cosas imposibles. 



YAIilEDADES. 

Kl KST.\S M0VIHI.K.S. 

Las fiestas de este año caen así: — Septuagési- 
ma 28 de E-Hcro. Miércoles de Ceniza 11 de Fe- 
brero. — Domingo de llamos 25 de Marzo. — Pas- 
cua de Pesurreccion 1 de Abril.— Ascensión 10 
de Ma3'o. — Pentecostés 20 de Mayo. — Corpus- 
(Miristi 31de]\íayo. — Primer Domingo de Ad- 
viento 2 de Dicienil>rc. 

CICLOS CRONOLdíJICO?. 

En este año 1877 los ciclos cronológicos son 
los siguientes. Letra Dominical CL — Ciclo So- 
lar 10. — Ciclo Lunar ó número de oro 10 — E- 
pacta 15. — El año es común de 305 dias. 1877 
del nacimiento de J.C. y 101 de la Indej)enden- 
cia de los Estados Unidos. 

FASi:.^ DK LA LrXA. 

Les fases de la luna calculadas según la po- 
sición astronómica de Santa Fé, por este mes de 
Enero son las siguientes: 

Ultimo cuarto dia O 7 li. 10 m. a. m. 

Luna nueva " 11 O h. 21 m. a. ul 

Primer cuarto " 22 10 h. ! m. a. m. 

Luna nueva " 21) 1 h. 25 \\\. a. ni. 

De.sde [)riucipios de este sigio hasta clafiodc 
1831, existían en Madrid 32 fuentes [>úblíeas. 
Desdo este año al de ]8o5. habia 80; desde 1805 
á 1870, hubo 123. y en la actualidad se han co- 
locado hasta 100; se espera (pie para atender 
cumplidamente á este servicio i)úblíco, habrá 
que colocar algunas mas. tanto en el interior co- 
mo en el exterior de la población. 

Una de las principales curiosidades de la Lx- 
])Osicion universal de París en 1878, será un in- 
menso acuario marítimo y lluvial, construido por 
una compañía francesa, y cuyo costo se calcula 
en un millón do francos: contendrá 400,000 ga- 
lones de agua salada y otros tantos de agua dul- 
ce, en 1;)S cuales se [)odráu mover mas de tres 
millones de peces. 

Según la Cróniai delo^ /l;/r/(,7c.s" (California), .M. 
Keelc}' h;i descubierto una má(piina (pie trabaja 
sin cr'lor ni vapor. Hasta hoysolo han logrado ex- 
aminar esta máquina los capitalistas asociados al 
inventor. 

Estos han separado cu piezas dicha má(iuina; 
han vigilado á Iveeley, y cuando le echa agua y 
le introduce aire, han examinado el vapor que ex- 
pide al inniiiobrar, y han encontrado (pie la fuer- 
za llega á una presí(m de 15.000 libras por pul- 
g-a la cuadrada. 

No hay fuego, no hay calor: les ( uriosos no 
descubren ingrediente nnímico iriiguno. Supo 
nen (pie el inventor obtiene la fne.va, descompo- 
niendo el agua por medio de alguu jirocodimien- 
to que no se conoce auií. Se ',ree (pie pronto 
anthirán los trenes por medio í\q{ iiii''V(> ¿.gente, 
V que el vnpor r;icr,í cu desuso. 



11 



DEL INFIERNO AL PAEAISO. 



^^-^^'fCl^^l^ — 



LA FAMILIA DEL SILLERO. 



Maturino Cantagrel contaba ti'eiuta y siete años, 
era el mas hábil sillero que existia en la ciudad de 
Dula, en Francia; donde habitaba, buen cristiano y 
mejor padre de familia: la bondad era su único defec- 
to, pues casi llegaba á ser lenidad. Muerta su con- 
sorte á los ODce años de matrimonio encontróse con 
dos hijos pequeños: uno varoncito de seis años y una 
hembra de diez. Pensando atenderlos mejor contrajo 
segundas nupcias; pero topó con una mujer que era 
el reverso do la medalla, pues no bien dio á luz el pri- 
mer hijo comenzó á mirar con malos ojos á los hijas- 
tros. Matilde, que así se llamábala niña, era la cria- 
tara mas cariñosa y siinpitica que inuiginarse puede; 
mas ni aun esas cu-ilidades bastaban para interesará 
Sil malvada madrastra, quien con razón ó sin ella no 
cesaba de reñirla y castigarla desdi! que amanecía 
hasta que se acostíiba, y sobre tenerla mal vestida y 
peor cuidada administrábala frecuentes y desapiada- 
das zarras, ó la cercenaba el alimento. 

Acobardada la pobrecilla, el único alivio y refugio 
que encontraba para huir de tales martirios era la es- 
caala de las Hermanas, próxima á la tienda de su pa- 
dre, doade nidie la maltrataba; estudiaba la doctrina 
cristiana y aprendía á ser siempre sumisa aun con la 
que con tanta aspereza la trataba. Cierto dia al lle- 
gar á casa á la hura de comer observó que ya la sopa 
estaba en la mesa y junto á 'ella humeaba un gran 
troza de buey: recordó en aquel momento que era 
)iii n-coles de Témpora y olvidando que los hijos de 
f iinilia pueden comer lo que sus padres les ordenan 
consaliÓ con sa ccncienciay resolvió abstenerse de lá 
viaada vedada. Notólo la madrastra y tígurósela que 
i i niña pvetendÍTi darla una lección, que para ella era 
t.i!ic.) menos tolerable cuanto mas merecida: así que 
1 1 dijo con acritud: 

— ¿Qaá es eso Matilde? ¿porqué no comes? 

— -iiistame este pedazo de pan. 

— ¿Qa^ novedad es esa? Toma sopa. 

Y liisponíase á verter en su plato una cucharada 
di suculenta sopa, á lo cual Matilde dijo: 

— No, mamí, no me atreveró á comerla porque co- 
meterla un grave pecado. 

"~¿Q^^^ Gá eso de pecado? ¿Intentas enseñarme la 
oblig icion? "Deberlas avergonzarte de tales antojos. 
Eío te enseñan esas cabezas de trapo de hermanas; 
paro yo te quitare las malas mañas. Por ahora vete de 
"■l-^^b y pti"á que no quieres .-.opa no comerás otra co- 
sí; y si esta noche no cenas lo que yo, te acostarás 
coa la barriga vacía. 

Levantóse Matilde de la mesa y triste, y hambrien- 
ta retiróse á la estancia inmediata llorando, pero con- 
teniendo sus sollozos. Poco después la llevó su her- 
manito á escondidas un pedazo de pan y unas cuan- 
tas nueces que fué toda su comida. Aun no estaban 
en la mitad de ella cuando llegó el padre, y pregan- 
t indo por la niña arregló sus escusas tan bien la ma- 
drastra, que Maturino se persuadió de que estaba 
castigada por alguna travesura. Mas llamándola por 
la tarde y deseando que Matilde le refiriera lo ocurri- 
do en la^ mesa; cuando averiguó la verdad del suceso, 
contristóse sobremanera, reconvino con severidad á 
su mujer y prohibió rigurosamente que se volviera á 
preparar co.nida de carne en dias vedados, acarician- 



do á la pobre niña como para indemnizarla de la as- 
pereza y maltrato de la madrastra. Avergonzada es- 
ta dio de mano por algunos dias á su aversión hacia 
la niña;, mas así como la raposa muda de pelo y no 
de vicios, así poco después volvieron los clamores, las 
voces, castigos, golpes y cuantos martirios podia ima- 
ginar aquella venenosa mujer. 

Deseando Maturino al fin poner término á seme- 
jante indignidad formó el proyecto de alejar de casa 
á Matilde; pero el remedio fué peor que la enferme- 
dad. 



V^DA TEATRAL. 

Acertó á pasar por allí en el carnaval inmediato 
una compañía de cómicos, y á consecuencia de cierto 
antiguo conocimiento del sillero con el autor de la 
compañía ofrecióle aquel su hija, y aceptada por el 
cómico vino el notario, extendió laescritura y quedó 
estipulado en debida forma que Matilde Cantagrel 
era vendida (así se decia há un siglo y nuestra narra- 
ción pertenece á esa época) á Samuel Pihump, autor 
de una compañía de comediantes, por veinte años 
con tales y tales condiciones. 

Antes de partir fué Matilde á despedirse de sus 
queridas Hermanas y la maestra lloró al oir la venta 
eíestuada,. tanto por la pena que le causaba perder 
tan amable niña, como por el temor y justo enojo 
contra la locura de su padre de exponerla á incalcu- 
lables peligros. Llevóla al locutorio y después de re- 
comendarla la piedad y aconsejarla á solas, regalóla 
multitud de objetos de devoción y haciéndola arrodi- 
llar delante de un cuadro que representaba la Virgen, 
la dijo: 

— ¿Prometéis recurrir á ella é invocarla todos los 
dias? 

—Sí. 

— Pues yo te prometo su, protección. Álzate. En 
cualipxier conflicto que te halles no olvides esta pro- 
mesa: conserva á María el afecto de hija y ella velará 
por tí coaio madre. 

Ac )mo lose con facilidad y pronto al nuevo género 
dü vida. Dedicáronla al principio á comparsa, mas 
oitservan^lo en ella aptitud empezaron á repartirla al- 
g liios papelitos insignificantes: adelantó, estudió mú- 
sica y o'osuvo un éxito admirable; en una palabra, en 
posos aüos llegó á ser una excelente actriz. Felicísi- 
iii a en la-; piezas donde desempeñaba la parte de f/ro- 
e:¡>;i(, C!)mo dicen los cómicos: sublime en las come- 
dí is. don le expresaba levantados afectos: majestuosa 
y digna en las obras en que representaba altos ptrso- 
n ijes, hasta el extremo de parecer, según su majes- 
tx I y grave continente, que habitara siempre entre 
cortes y en grandes palacios, cualquiera que fuese su 
papel encontrábase en él como en su centro, no se co- 
nocía que fuese fingido: y á tan eminentes cualidades 
morales uníanse las dotes físicas mas cumplidas como 
aventajada estatura, agraciado continente, delicados 
modales y hermosura no común á la que prestaba 
mayor encanto un tinte de modestia desconocido en 
el teatro. Cuando aparecía en la escena en el esplen- 
dor de los trajes y el brillo de las luces excitaba un 
rumor de admiración al que seguían nutridos y rui- 
doi^os aplausos, y era de notar que tan inusitados elo- 
gios no la enorgullecían, antes por el contrario teñía- 
se su rostro de cierto vergonzoso y modesto rubor que 
encantaba. 

Molestábanla al principio sus compañeros en oca- 
siones con ciertas bromas, palabras y equívocos pro- 



-12- 



pios de tal gónoro do viila; mas olla para librarse íle 
sus importunidades respondíalos con ■ tal {iravodad y 
tan sc(;as palabras cpi(! hasta los mas atrevidos veían- 
se obiij^.idos ií rospotaiia; y cra!a tanto mas i'.ícil, 
cuanto (juo ol autor tti^i.i seYoramei.tv! prohilñdo que 
nadie la ofendí jra, llo:an'.Io ru conde;cc;ideiicÍ!i y 
afecto hasta el punto de permitirla, contra lo que ov- 
tonces se usaba, morar separada de la compañía y 
subvenir á todo; sus gastos sin reparo, cuyo privi- 
legio I(! agradecía la actriz sobremanera. 

Apenas acababa la represen lacion entraba en su 
cuarto y despojíndose de las ropas de i'eiumbion ves- 
tíase su molesto traje y se retiraba á su morada fin 
ver ni Laljlav á ningún compañero, hasta á veces nc- 
gin lo coa severidad y casi con impolítica la entrada 
íí visitadores importunos, y una vez en su casa cerrá- 
base por d^uti'o y dejaba orden de que iba á descan- 
sar y no la molesíaran. 

Con todo distaba muclio la pobre T.Iatilde do ha- 
llarse cu buen camino. Adíirnís de que su g'iiero do 
vida, y con especialidad en aquel tienqio, no so con- 
certaba poco ni mucho con las prácticas cristiaTias, de- 
generaba sin advertirlo poco á poco de los piadosos 
principios do su primor;;, edad. La necesidad ib; cor- 
rer mundo sin casa ni hogar pava el ejercicio de la re- 
ligión borraba lentamente de su iaiagina'ñon las in-^xi- 
mas piadosas que Jiutrieron su inlantíia: los deben s 
religiosos mas noo-^sarios ivan i'ominisccncías que 
confundia con cierto < actos de devoción supororoga- 
toría: y hasta los preceptos divinos, que con tanta 
claridail entendía en su inrancia, aparec'anla ahoia 
vagos y confusos. Aunqire por efecto de su modesta 
y recatada índole no se dejaba arrastrar \)ov las ])a- 
sionos ni lieencíosas costumbres, no abrigaba ti hor- 
ri)r qu3 debiera hacia ciertos vicios y deshonestida- 
des. El continuo roce con cómicos, cantantes, baila- 
rines y demás virtuoni empañaba su vista virginal; y 
mientras que antes un impío, un libertino ó un inve- 
recundo la hubieran movido á indignación y horror, 
ahora iba poco á poca acostumbrándose á toda clase- 
de torpezas hasta el extremo do parecería ciertos r^i:-,- 
cursos y míxinias culpables é indecor o.-ar,, mas bien 
extraños y raros que malvados. 

Sobre todo tenia perdida la conciencia de lo sobre- 
natural, ese soplo misterioso infundido por el bautis- 
mo, vigorizado por la educación cristiana, que elcv;^ ol 
corazón á las cosas superiores y revela al espíritu ña- 
co la existencia do un mundo infinito domhí ol mortal 
abandona los bienes perecederos para unirse á Dios 
])or toda la eternidad. Sus limitados y terrenal ts 
pensamientos concentrábanse siemjjre en la escena: 
ajdausos, caronas, triunfos, elogios de gacíitilla, re- 
quiebros y gdanterías oran ol laberinto dímile cami- 
naba y se perdíala bella aliñado Matilde. Como 
diariamente representaba, afectos exaltados y ]iasio- 
nos furiosas y desordenadas, acostumbrésií á conside- 
rarlas como á cosas propias de la vida física y tan 
inocentes como siimar y nístar, así (jue entrega b¡i se ;.í, 
su arte con ol ardor que un ])iiitor al estudio do foi- 
mas, sin ad.'ertir que su moralidad, concieiicia y reli- 
gión se g istab.iu y extinguían insensiblemonto roídas 
])or'un naturalismo i.\\w distaba poquísimo del i)aga- 
nismo. 

Alguna voz, sin embargo, en nunlio do tan completa 
destnic(áon de las grandezas espirituales sonaba tu 
sus oídos el eco lánguido y confuso de ciertas tern(>- 
zas dichas á la Virgen, que en mejor edad regocijaban 
su corazón; mas tal ora ol desvanecimiento de su os- 
]iíritu, olvidado de las- prátitíc.as cristianas, que on voz 
do venerar á la ?dadre de Cristo como á intercosora 
tan poderosa cuanto pri'vida y sabia, vopresentábaso- 



la corno un ser tierno y benéfico á ciegas, que presen- 
ta y apoya ante la divina majestad cualquiera súplica 
y obtiene cu int ) por su me:liacion se solicita. Asi que 
no pencaba oi'enderla rogíndola antes de salir á la os- 
c ):ia que !a concediera acierto y habilidad para de- 
sem])eñai' cumplidamente su parte, aunque en edla de- 
biera expresar las más delirantes y atroces pasiones. 
Añadamos á eso que, sin sabor por qué, llegóse la 
pobre Matild'} á considerai-se tan buena, <;(nno mujer, 
c )¡uo la ni'ijoi- á quien alumbrara el sol, sucediendo á 
veces que, cuando exj^orinientaba alguna contra] iedad 
ó decep ñon, quejábase con la nniyor amargura de no 
ser tan füii;í¡ como por su boud;id lo merecía, hasta 
<pae plugo á Dios desengañarla. 

III. 

LA líir.V DE L.V VIUDA. 

Existj en la actuililil en el departamen'o de Puy- 
di-Dóuie una pe<pieña ciud id llamada líion), que en 
1 1 época á (pie nos referimos ora de las más ])()})nlosas 
y ]):'incipales de la Auvernia, donde moraba una bue- 
na mujer cono;íi 1 1 ])or Snsana Picot, cuyo marido 
murió sin dejarla otros bienes qr.e la casa bit n amue- 
biada, y aanque con gi'andes trabajos, ])rocural)a la 
poore viu'l i sacar de o!lo ol mejor pirtivlo posible pa- 
va atender á su subsistencia. 

Sucedió, pues, que por di.sposicion divina bogó á 
Iliom la compañía de Sauiuel Piumph ])ara ti-abajar 
una temporada, y buscando alojamiento la célebre ac- 
triz .\1 atilde Cantagrel divisó una papeleta de alqui- 
ler precisa nente en la casa do Susana. Es^aminó esia 
de arriba abajo con escrutadores ojos á M i'llde y no 
l;i fué diiícll com'irendei;que.se las había con una có- 
núca; asi que recelando cpie si la admitía })onetra]i;tn 
con ella en la casa el alboroto y las entradas y f^^aü- 
das de los pisaverdes, pensó, como timora'.a que ora, 
daspach irla con cualquiera escusa plausible; poro ya 
fujse que modin';ara :sn plan, ya disp;)si;'i()n de A(pi. 1 
que g )í)! erna la"; acciones humanas, dej "ise vencei- do, 
las venLajosiVS o'ertas y aceptó. Fué oMa en persona 
á la posada ani'ja a! teatro y recogiend) (?1 oqui;: ji) 
de su iniquiiina, lo col )có en las habiíacioues .-'no- 
glándolo todo con tal orden que Matilde jamás se t n- 
contró tan bien ostablecíd:;. 

Empero may()r f ló el contento do la viuda cnanv^o 
se convenció de cp.'.e on lag ir de una aventurera, co- 
mo recelaba, ora su inqui'iua una mujer InMirada y 
buena, lo cual acrecentaba cada día la confianza y 
franqu(íza eut.e las dos, satisfechas do aquel gémio 
de vida expansivo, amistoso, sin recelos ni secretos y 
y c<mio 0)1 familia. 

Cierto día que Susana sentada on un cajón (U la 
cocina y con un mandil ceñido desplumaba un )>ato, 
Matilde que C(Ui motivo do estrenar iKjUella noche 
una comedia se paseaba como distraída ])or su habi- 
tación, repasando, leyendo, abriendo y cerrando <1 li- 
bro, inclinó la cabeza hacia la puerta de la co- 
cina como para solicitar permiso, y sin decir palabra 
adelantóse contenq)!ando la operación de Susana y 
jdantóse on frente ih; olla apoyanilo la espalda mi ol 
vasar y la barba en v\ libro. 

fji'vantaba de cuando (Mi cuando los ojos la viuda, 
mirábala fijamente! y volviéndolos á bajar exhalando 
un profundo suspiro continuaba su faena. Saco aque- 
lla cotitinuacion de suspiros á Matilde de su distrac- 
ción y ])reguntóla: 

-Mi buena Madre- Snsana (así la llamaba para 
acariciarla), ¿(jué sii^nifica este tristísimo suspiro (pie 
al parecer me envíai-;':' i^Se cojüinuará. i 



Se publica todos los Sábados, en Las Vegas, N. M. 

Año III. T3irEii"¡^~dri8777 Mm. 2. 



NOTICIAS TERRITOKÍALES» 



Siíííía Fé, — ^Recibiinos la noticia do la muerte 
del Sr. John Dvinne padre del muy conocido E. F. 
Danue de Santa Fé, acaecida el 5 de Enero en Cali- 
fornia. Damos los mas sentidos pésames al Sr. E. F. 
Dunne por pérdida tan dolorosa, y esperamos que 
sus sentimientos religiosos le harán probar en medio 
del dolor los consuelos de que carecen aquellos que 
llorando la pérdida de los suyos sjwm non hahcnf. 

Recibimos de Santa Fé la siguiente carta, que el 
Sf. Forrester, ministro episcopaliano en esa plaza 
nos hace el honor de dirigirnos. 
Señor Redactor: « 

En la Revista fecha 9 de Dibre. de 187G,|se halla 
lo que sigue: "No menos que del Mayor Stowe, su 
agente, se quejan los mismos Indios del Obispo Pro- 
testante Whipple. Dicen que la sola razón por la 
cual les obligan á recibir su pago á Wild Rice River 
es para mostrarles la grande Iglesia que este Obispo 
construyó allí el año pasado, y en cuya fábrica él gas- 
tó $15,000 que el "Gran Padre" habia enviado para 
distribuirse entre los Indios, para hacer casas y cid- 
tivar ranchos. De este dinero los pobres Indios no 
tocaron un centavo," etc., etc. 

A.cabo de recibir una carta del Señor Obispo 
Whipple, en la que habla así: "Nunca he usa- 
do en nuestras obras misioneras un solo pe- 
so del dinero de los Indios en White Earth. Por lo 
contrario he pagado á los Indios el costo de la made- 
ra cortada en su reservación. Para que vea V. la 
malicia de esta mentira, solo es necesario que le diga 
que la "Iglesia" en Wild Rice River es una pequeña 
capilla de madera que ha costado hasta ahora ocho- 
cientos pesos. Hace poco les envié trescientos pesos 
que espero la completará, sin que quede deuda nin- 
guna. Cuando comencíé mi misión entre los Indios 
Chippeways no habia quien hiciera cosa alguna para 
ellos, y eran una gente la mas miserable que jamás 
habia yo visto. Por trabajos constantes tenemos 
ahora un gran número de comunicantes, y tres Cléri- 
gos ludios, y á mas de esto hay un gran número que 
han abandonado la vida salvaje, y que viven ahora 
como gente civilizada." 

Puesto que V. ha dado circulación á la acusación 
contra el Señor Obispo, espero que le hará la justicia 
de publicar su negativa. 

La noticia que habíamos dado en la Revista del dia 
9 de Dic, la habíamos copiado del Catholic Reviciu 
de Brooklyn del 25 de Nov. 76. Seria de mucho gus- 
to nuestro si la carta del Señor Forrester fuese oca- 
sión de una explicación de la parte del Catholic fíe- 
vleío. Tanto mas que en la carta del Obispo Whip- 
ple no se contesta á lo qut hay de mas serio en la 
queja de aquellos Indios. Que los $15,!)00 no se ha- 
yan gastado en construir la Iglesia en Wild Rice lii'o- 



ca ni en otras obras misioneras; él lo dice y nosotros 
lo creemos de muy buena ganíx. Pero ¿es verdad, sí 
ó no, que el Presidente habia enviado al Obispo Whip- 
ple $ 15,000 para gastarlos en hacer casas^y cultivar 
ranchos en pro de los mismos Indios? ¿Es verdad, sí 
ó no, que los Indios de estos $ 15,000 no tocaron'na- 
da? Ésto es rio que mas importaba saber. Los In- 
dios pensaron acaso que aquella suma se habia gas- 
tado en levantar una Iglesia magnífica á su modo de 
ver. Mas, ahora que el Obispo lo niega crece la du- 
da, en qué se haya empleado este dinero: ni la duda 
se aclara con decirnos que la mcujníjjca Iglesia no es 
sino una capilla de madera del costo de $1,100. Cuan- 
to á las obras de celo, y á los sucesos apostólicos e- 
numerados por el Señor Obispo, lo creemos todo sin 
la menor dificultad, y sentimos que haya habido In- 
dios tan ingratos para quejarse de aquella manera, y 
calumniar a su mismo bienhechor y Apóstol. 

NOTICIAS NACIONALES. 



Eíiiaslos l'iaidíís. — Se está discurriendo y es- 
cribiendo mucho en los Estados para fundar una uni- 
versidad católica: el que se miicstra mas celoso en ps- 
te asunto es el sabio Obispo de Wilmington. El Lnr.- 
(loii Tahlet á propósito de los artículos escritos por el 
Obispo sobre esta materia dice: El inmenso progreso 
del Catolicismo en los Estados parece alentar el pro- 
yecto de una Universidad católica; y la simpatía de 
diversas naciones de Europa no faltará. 

^^"^^^ Y<>rÍ4. — Leemos en el Herald las estadísti- 
cas de las muertes acaecidas en la ciudad de Nueva 
Yoak durante el año del87G. Sacamos solamente lo 
siguiente que puede ser instructivo — Suicidios, 152 — 
HmoGÍdios, 59 — Niños hallados muertos en las calles 
por negligencia ó malicia de los padres, ó nacidos muer- 
tos, 101 -Abortos 3~Colgado por mano de la justicia, ]. 

Entre las misiones que se han dado últimamente 
en los Estados, una de las mas célebres es la que 
dieron seis padres Dominicos en la Iglesia de S. Es- 
teban en New York. Durante la mitaou 21,000 per- 
sonas participaron á los sacramentos, y hubo unos 
30 protestantes convertidos al catolicismo. 

Ms8fí>iiicliH.'9eíís>i. — El testamento del Sr. John 
Driscoll, muerto en Boston, contiene un legado de 
.$1,000 á la Iglesia católica de S. Agustín, en South 
Boston. 

El 17 de Diciembre una Iglesia francesa, la de S. 
José, fué dedicada por el Arzobispo de Boston, y 75 
personas recibieron en ella la confirmación. 

Leemos en el New York Herald que los misioneros 
metodistas Moody y Sankey después de haber evan- 
gelizado, convertido, y santificado Chicago van á em- 
prender la evangelizacion, convorsio;! y santificación 
de Boston, desde el primero de Enero hasta el fin de 
Marzo. Esta sí que será misión; la mayor parte de 
los ministros protestantes de diferentes sectas se 



u- 



unen pura a\ iidiii' los nuevos apóstoles, y vemos lius 
ta uno;; dij^nitosos rectoies episcopalianos euipefiarsc 
cu esta misión, aunque, para dar lugar ¡í la verdad, 
tenemos que decir que algunos de entre ellos se lian 
opuesto á tan ridicula comedia. Pero ¿saben cuánto 
va á costar esta misión? Ni mas iii menos que $50, 
000. La construcción del solo hihcni'icnln (para co- 
sas nuevas nuniljres nuevos es decir una Iglesia tem- 
poránea en donde predicanín Moody y Sankey) cues- 
ta $ 30,000. Mueve la risa el leer en el Jlcrald las 
razones en pro y en contra de este gasto de dinero. 
Se entiende que el Herald es muy formal, pero en es- 
ta misma formalidad se echa de ver lo ridículo. En- 
tre tanto no olviden esto nuestros mejicanos, cuando 
oigan decir por los ministros protestantes de aquí, 
ijue los curas les están sonsacando todo su dinero que 
la i'eligion católica es religión de duiero, etc., etc. 

M'<'-*1 ^'ia'^iiiia. — El 10 del mes de Diciembre 
una entera familia protestante el padre, la madre y 
dos hijas, fué recibida en la Iglesia católica, en Par- 
kersburg. W. Va. 

.^Biiíia<v'>><t>jii. — La conferencia de S. Vicente de 
Paul, de la parroquia de S. Miguel Hihvater Minn., 
se está ocupando ile una obra tanto mas digna de 
alabiinza, cuanto menor parece su importancia, esto 
es, de prover de buenos libros y periódicos los prisio- 
neros. 

FBorida. — Una orden pirentoria de la Suprema 
Corte del Estado, manda á los jueces de elección que 
se cuenten de nuevo los votos como están en las lis- 
tas enviadas por los diferentes Condados. Se supo- 
ne que el boleto demcScrata del Estado pasará, pero 
que ganaron los electores presidenciales republica- 
nos. 

íiiiisiaiía. — El Eeíurn'nuj lioanJ del Estado y el 
N. Y. Telegraph Company están bajo juicio delante 
el Congreso de los Estados tenidos. El primero re- 
husa entreg.ir los documentos, infcn'uies, etc., etc., que 
tienen relación á la elección en Luisiaua; la Compa- 
ñía del Telégraf rehusa entregar los telegramas polí- 
ticos. 

Illiii4»is. — Desde algún tiempo se había hablado 
de dividir la Diócesis do Chicago, y establecer nu O- 
bispo en Peoría. Pero no so liabló mas ni del nue- 
vo Obispado, ni de quién seria el nuevo ()bis[)o. A- 
hora los ]KU-iódicos católicos de los Estados nos anun- 
cian la nominación del Ilcv. John Lancastcr Spalding 
por Obispo: pero al mismo tiempo parece que en lu- 
gar de Peoría so piensa hacer ]31oomington la cabece- 
ra de la nueva Diócesis. Peoria es la ciudad mas po- 
pulosa de la Diócesis contando en 1800 23-000 hahi- 
tantes. IMoomington es un centro imi)ortante de 
ferrocarriles que contal)a en el mismo año de 1800, 
14,3!)0 habitantes. 

.\«'\v llaiiipsliii'o. — Es sabido que un artículo 
do la constitución de este Estado privaba á todo ca- 
tólico, solamente porque era católico, de cnahjuíera 
empleo. Ahora se ha abolido ese artículo. 

.>lis.»<o»ii*J.— El convíMito de las Si)iu)ras del Sa- 
grado Corazón, en Marysville, cerca de S. Luis es un 
edificio real, al (ju(; ninguna institución de esto géne- 
ro en Europa pui>de com})arai'sc. AlLí so han refu- 
giado varias religiosas echadas de Alemania en la 
presento persecución. 

En el mismo S. Luis los hermanos de la Doctrina 
Cristiana empezarán pronto á fabricar un nuevo co- 
legio. Va han sido adoptados los ])laues del Sr. 
JanuiS McOrath. Este (uliticio estaní situa.do v\\ (ole 
BrUlniilr (!n <S7. (Unirles Itork RihkI, en un solar de 
cincuenta acres, que ya pertenecen á los hermanos. 
El edificio sorií do ostiio romano y costará .^000,000. 



El presente ediñcio en Eiíj/ifh ond (índtof Sírirt será 
vendido. 

falifo^'iiÉí?.. — El Á'orl/i ¡Icsfi'i-ii Chrniñch' cita un 
testimonio de un ])rotestante, del Sr. Dv.inelle Tenien- 
te-Cxobernador de California, niu}' halagüeño para 
nuestra santa reiigiou. "Hace un siglo ¡cuan débil 
era la Iglesia Católica en los Estados Unidos! ¡Cuan 
fuerte ahora! la mas fuerte entre todas. Hace un si- 
glo era proscrita —ahora se muestra sabedora y ufana 
de su poder. En mi calidad de juotestante no dudo 
en decir que yo me alegro de la fuerza y prosperidad 
de la Santa, Apostólica, Católica Iglesia Komana,que 
es la madre de toda civilización moderna, y la conser- 
vadora de todas las instituciones políticas." 

.NOTICIAS EXTRANJERAS. 



lioiiia. — Eii la Iglesia de S. Pedro hay las esta- 
tuas de todos los fundadores de órdenes religiosas. 
Últimamente se ha levantado en un brazo del cruce- 
ro la estatua de S. Pablo de la Cruz Fundador de 
los Pasionistas, la que es alta de doce pies, de már- 
mol blanco, y do perfecta ejecución. 

El 21 del próximo Mayo el Padre Santo cumplirá 
cincuenta años de episcopado. Se están haciendo 
preparativos para celebrar esta fiesta con la mayor 
pompa posible. 

El Papa recibió unos estudiantes del Colegio belga 
de Roma. Su Santidad, contestando al discurso de 
estos jóvenes, habló mucho de la devoción de los bel- 
gas hacia la Santa Sede y concluyó así: "La Bélgica 
es católica, y yo bendigo todo aquel reino. Hay allí 
también muchos obstinados enemigos de nuestra fé. 
pero hasta ahora los buenos han predominado. Con- 
cordia y unión darán fuerza á los católicos de Bélgi- 
ca en el combate que deben sostener." 

Italia. — Hay en este país 1120 periódicos, y de 
estás 138 en la provincia de Milán. Se calcula que 
hay un periódico por cada 32,000 habitantes, y una 
copia por cada 1"3 personas. Esto para probar que 
un país esencialmente católico, no es esencialmente 
ignorante, como dan :í ver que piensan nuestros pro- 
testantes. 

FraiK'ia. - El Mariscal Mac Mahou presidente 
de la república fnmcesa habiendo hecho un viaje mi- 
litar por toda la Francia, el ministerio de la hacienda 
le asignó 300,000 francos! ¡700,000) para cubrir los cos- 
tos del viaje. El Mariscal, que al contrario de otros 
goveruantes, nnis quiere á su país que á su bolsdlo, 
rehusó recibir un solo centavo de esa suma; y esta 
es la razón que alegó: No puedo, dijo, recibir ningu- •" 
na indemnización en un año en que muchos oficiaU^s 
públicos han tenido que consentir en una diminución 
de su sueldo. So pasará mucho tiempo, dice á este 
proposito el Lircrjionl Uuihd Irisltnniii, antes que el 
Parlan)ento do Inglaterra pueda anunciar que alguno 
de la familia real haya sacrificado una porción de la 
renta enorme qao le paga el pueblo inglés, á la pros- 
peridad del país. Añadimos nosotros que en ciertas 
repúblicas de este mundo, pasarán todos los años que . 
nos separan del dia del juicio, antes que el presidente 
renuncie un solo ciMitavo de sus rentas en favor del 
pueblo. 

Los periódicos católicos de los Estados nos traen 
la noticia muv consoladora de que en París, en el 
barrio Bi'llevillo Menilmoutant se ha establecido una 
casa de padres lledontoristas i)ara tonnir cuidado de 
aquellos habitantes. Además del gusto que recibi- 
mos en saber que esos admirables religiosos se esta- 
blecen por primera V(>z en -París, tenemos el de saber 
que los habitantes medio paganos de aquel barrio es- 



u 



iáh bajo la clirecciou de los celosos hijos de San 
Alfonso. Era aquel el lugar mas oprobioso de París, 
y de la Francia entera. Las escenas mas crueles de 
la común se pasai'on allí. Alli fu('' que tantos inocen- 
tes sacerdotes fueion asesinados, viéndolo y aplau- 
diendo aquellos caníbales. Pues, lejos estábamos de 
suponer que los pp. lledentoristas fundarían allí mis- 
mo 8u primera casa en París, y con frutos tan admi- 
rables. Se dice que estos escelentes religiosos en un 
año solamente han casado doscientas personas que 
vivían amancebadas, y han inscrito en los registros 
de la archicouf radía de Nf>. Señora del Socorro los 
nombres de diez mil miembros. El Padre Santo ha 
puesto bajo la protección de nuestra Señora del So- 
corro á la nueva misión y á los padres. Ya la línica 
capilla que existia en el barrio es demasiado pequeña 
para el numero de los feligreses que allí acuden y los 
padres están ahora recogiendo limosnas para fabri- 
car una iglesia mas grande. 

El Abad délos monjes trapistas de Sepi-Fonds es 
un marqués por derecho ereditario, y tiene solamen- 
te 35 años, habiendo sido monje desde la edad de 19. 
Bajo su dirección el convento Ii i crecido tanto en el 
numero de los monjes, como en riquezas. Los mon- 
jes con su trabajo no solamente mantienen á sí mis- 
mos, sino que mantienen otras instituciones. En el 
número de los monjes de Scpf-Fonds Inj' un Inglés, 
dos Bávaros, un Griego y cuatro Irlandeses, de los 
cuales uno es hijo del antiguo Alcalde de Dublin. 

tspaña. —Acaba de terminarse en las cortes es- 
pañolas la cuestión tan agitada de la libertad de cul- 
tos. El Sr. Alvareda atacó la presente ]iolítica del 
gobierno, su discurso fué confutado por el Sr. Cáno- 
vas: y aunque Alonso Martínez procuró disipar la 
buena impresión producida por sus palabras, no ganó 
nada; pues 1.83 miembros del Congreso votaron en 
favor del gobierno, GO contra, y 120 se abstuvieron. 

IiiSls»ít'í°a*«.-Un periódico judío el Jnri^th ]Vorhl, 
después de haber hecho las debidas pesquisas, halla 
en tín que en luglaterra los Protestantes están ha- 
ciéndose infieles, ni mas ni menos que los Judíos mis- 
mos. En verdad no nos sorprende este hallazgo, aun- 
que nos parezca que en infidelidad los Judíos están 
-ahora mucho mas adelante que los Protestantes. Hé 
aquí lo que dice el JnrisJi jl'orhl: "Hay al presente 
en Londres solamente trescientos curatos protestan- 
tes vacantes; no pudiondo los Obispos inducir bas- 
tantes jóvenes de capacidad y moralidad á recibir las 
Sagradas Ordenes, ün Profesor de Oxford dijo, no 
hace mucho, que, gracias al espíritu de esceptismo 
que está infiltrándose en la Universidad, no habia ha- 
llado en diez año.s un jóveu d^ talento que quisiese 
ser ministro. Nosotros (el Jewish ^\Vorld) hemos to- 
mado y hecho tomar informaciones exactas por do- 
quiera acerca de este asunto, y podemos afirmar que 
un gran número de ministros de los mas instruidos 
no creen los puntos mas importantes de su religión. 
En los sermones procuran no hacer alusión á los puntos 
doctrinales de mas importancia que deberianpredi- 
cav, y muchos de consiguiente toman la primera oca- 
sión que se presenta para abandonar el pulpito y em- 
plearse como seglares en otras tareas, que puedan 
proporcionarles un modo de mantener á sí y á sus fa- 
.milias sin violentar sus conciencias con predicar lo que 
no creen." Concluye el artículo con estas palabras: 
"De consiguiente nosotros (los Judíos) no somos ni 
en mejor ni en peor coiidicion, en cuanto á indiferen- 
cia religiosa, que las otras denominaciones." Hé aquí 
después de tres siglos de existencia, lo que produjo 
el Protestantismo. Todos saben que la condición de 
ministro Protestante no se distingue de la de cual- 



quiera otra posición social por sacrificios, obediencia, 
padecimientos, etc., etc. Y sin embargo no se hallan 
hombres que quieran ocuparse en tan fácil tarea. 
Compárense á estos caballeros, el inmenso número de 
Sacerdotes católicos, de los religiosos, de los monjes, 
sin hablar de nuestras admirables Hermanas; compá- 
rese la vida de los luios y de los otros: refléjese que 
lejos de sor protegidos estos sacerdotes, religiosos, y 
Hermanas, ni se les deja vivir en paz, son persegui- 
dos, desterrados ó encarcelados en Italia, Alemania, 
Polonia, Méjico, Brasil, etc.: considérese que muchos 
de ellos pretitu-en alejarse de su patria, antes que de- 
jar la santa profesión de vida á que Dios les ha lla- 
mado; y no causará asombro lo que un Protestante 
instruido nos decía al contemplar la diferencia entre 
los Sacerdote católicos y los ministros Protestantes: 
Padre, j'o no tengo religión ninguna — pero si tuviese 
que elegir, sin duda ninguna sería católico. 

AleíSBííBíiíi. — En Marpingen continúan las perse- 
cuciones por parte del gobierno Alemán. Además de 
encerrar en la cárcel á tres niñas de ocho años, que 
decían habérseles aparecido la Virgen, Ift, sido preso 
el Cura Párroco de aquel lugar Rev. Neureiter, otro 
Párroco de una aldea vecina, y seis habitantes do 
Marpingen. La plaza está ocupada por las tropas 
del gobierno, una tasa enorme se ha impuesto á los 
habitantes para mantenerlas, el comercio de la plaza 
ha sido destruido. ¿Pero qué ha sacado el Gobierno 
de Berlín de tantas tropelías? La Germania, valero- 
so periódico, nos lo da á entender. "Las consecuen- 
cias de todas estas persecuciones son un acrecenta- 
miento extraordinario de devoción y de confianza en 
Dios por la intei'cesion de su Madre bendita." Ca- 
balmente lo que sucedió en Francia cuando los pro- 
digiosos acontecimientos de Lourdes. 

C'aiíé»ílí5 = — Los comisionados de escuelas en Ha- 
lifax (Nova Scotia) han adoptado el siguiente com- 
promiso, por lo que se refiere á la cuestión de escue- 
las públicas. En las escuelas en que la totalidad de 
los niños son católicos, el maestro deberá ser católi- 
co: pei'o los maestros de las otras escuelas públicas 
serán protestantes. Cuanto á la nominación de di- 
chos maestros, los católicos serán nombrados por los 
comisionados católicos y los demás por los protes- 
tantes. 

Las religiosas de Monklands, Ville Marie, (la famo- 
sa casa de educación de Montreai tan protegida por 
muchos ricos Americanos) están ahora, fabricando 
un nuevo edificio, sobre el Rio S. Lorenzo que será 
un objeto de admiración para el viajero. 

El convento de Sta. Isabel en Joliette cerca de 
Quebec ha sido destruido por un incendio la noche 
del 25 al 2(5 de Diciembre. Este convento tenia -48 
internas, de las que 13 quedaron víctimas del fuego. 
Las religiosas y las aluranas estaban ya acostadas, y 
tuvieron apenas tiempo do saltar de sus camas, y 
huir del convento así como se hallaban. 

Méjicj». — Se habia anunciado y nosotros lo ha- 
bíamos coiñado del PropiKjute'ir, que el presidente 
Lerdo habia sido pre.ío y fusilado. Nada de esto. En 
S. Francisco los mejicanos le habían preparado una 
grande recepción pensando que el Señor Lerdo hu- 
biera llegado allí. Pero parece que el antiguo presi- 
dente, que está á la cabeza de la mitad de las tropas 
regulares de Méjico, se prepara á atacar Díaz y entrar 
de nuevo en la capital. Estas tropas se hallan ahora 
en el Estado de Jalisco bajo el mando de los genera- 
les Ceballos, Villegran y Arcos. Si viniese á ser ba- 
tido en Jalisco, Lerdo entonces saldría para Califor- 
nia por San Blas, ó Colima. 



il 



SECCIÓN RELIGIOSA. 



CALENDARIO RELIGIOSO. 
ENERO 14-20 

It. Doiiiiiifjo II después de Api/'c»nVí— Fiesta del Sftciosi\nto nombre 

de Jesús. 
1"). LiineaS. PaMo priiiipr Enuitnño. Santa Secnndinn, Virgen. 
IG. 3/fiWM-'S. Marcelo, l'iíj^a y Mártir. fSunta Friscila. San Ful- 

(^encio, übisiio. 

17. M'iércults — H. Antonio, Abad. S. Snlpicio, Obispo. 

18. Jnci-cs —Jjfí. Cátedra de S. Podro en Poma. Santa Prisca Vír- 
f^on. 

19. Vier >i es— ii:\a Canuto Rey y Mártir. San Ponciano, Mártir. 

20. Súbtido—H-Mi Sebastian v San Fabián. Mártires. San Eutimio, 
Abad. 

SAN SEBASTIAN, 5IARTIR. 

Sebastian, varoi) principal en la corte de Dioclecia- 
no, no solo por la nobleza de su nacimiento y por su 
valor en los comljatcs, sino también por su privanza 
que obtuvo (^\ mismo Emperador y por haber ejerci- 
do los mas elevados cargos de la milicia, no se hizo 
menos célebre en la Iglesia de Dios por su martirio, 
de lo que fuera en el mundo por su fortuna. 

Era ori-stiano oculto, y favorecido de su elevada 
posición ayudaba en cuanto podia á los cristianos 
perseguidos por su fé, no solo proporcionando recur- 
sos á los menesterosos, sí que también animando con 
sus palabras á los que veia próximos á renegar de 
Cristo á causa de la violencia de los tormentos. No 
pudieron ocultarse mucho tiempo ;í Diocleciano estos 
caritativos oficios do su favorito, el cual, llamado á la 
presencia del Emperador, se vio luego en la dura al- 
ternativa de hacer traición á su fé ó de perecer en los 
mas crueles suplicios. 

No desmintió Sebastian en este trance la entereza 
de sus convicciones, sino que dio de Cristo y de su 
propia conducta el mas elocuente testimonio, procla- 
mándose cristiano á la faz de todos los cortesanos a- 
sombrados. 

Condenósele á ser asaeteado por sus propios solda- 
dos, y atado á un palo sufrió este suplicio hasta caer 
muerto en opinión de sus verdugos. Una piadosa 
mujer recogió por la noche su cuerpo para darle cris- 
tiana sepultura; quiso empero la Providencia que, en- 
contrado aun con vida, fuesen paulatinamente curán- 
dose sus heridas, y en esta situación se presentó nue- 
vamente n Diocleciano, echándole en cara su impie- 
dad. El asombro y estupor causados por la apari- 
ción del que se creia ya sepultado no fueron parto 
para impedir se le sentenciase nuevamente á ser azo- 
tado con varas hasta expirar. Así se verificó, rin- 
iliendo su alma á Dios y mereciendo ser coronado con 
la brillante aureola de los mártires. Su cuerpo fué 
sepultado por los cristianos en la parte de las catacum- 
bas quü conservan aun su nombre. 

Cuanto es mas distinguida [la posición que ocupa 
el católico en el mundo, tanto debe ser mas clara y 
mas pública la profesión y práctica de su fé, aunque 
por esto se vea condenado á las saetas del ridículo, ó 
á perder la gracia de la veleidosa opinión popular, de 
la cual tantos son esclavos. 



IIEVISTA CONTEMPOiUNEA. 

Un ensayo mas de la blanda política de niics- 
IK) líobicnio para con lo- Indios. ►^c<;iin el 
Wor/d y o{\o<i periódicos, nna Iiümi de Apaches 



de unas 500 almas liabia pedido al comandante 
del Fuerte Sil!, I. T.. el permi.so de trasladarse 
del paraje inculto, que ocupaba cu un rincón de 
este Territorio, lí la agencia del Mercalero. La 
tribu estaba necesitada; no habia cometido de- 
predación ninuuna: solo d seaba la protección y 
el auxilio del gobierno. Kl comandante pidió 
iiislruccioncs de lo ({ue habia de hacer el Gen. 
^ílieridan en Washington. El Ci enera! contestó 
j)or telégrafo "Xo dé raciones; acometa la tribu 
(issue no ration; attack the tribe)."' ¡Qué flema! 
¡Qué pachorra la de nuestro General! Es verda- 
deramente incompatible con el ímpetu belicoso 
de un adalid guerrero. Bueno que el coman- 
dante del Fuerte í^ill tiene algo de meollo en la 
mollera. ?]nvió el telegrama al Presidente, y 
este lo desaprobó, }' dispuso que fuera sometido 
al consejo de ministros en la primera reunión. 
Es de presumir (pie se decidiera tratar á la tri- 
bu ))acífu'ameiitc. Mientras condenamos la de- 
masiado fogosa política del (rcn. Sheridan, ha- 
gamos un poco de justicia al Presidente Grant. 



Noticiamos gustosos otro Colegio católico. A- 
briéroiilo en Sec/nin, (rnadalupe Cu., Texas, los 
Padres de la Compañía de Jesús. Situado so- 
bre una altura en la parle mas deleitosa de la 
ciudad, oréale constantemente una brisa suave y 
fresca, que hace aquel sitio ameno á la par y sa- 
ludable, igualando su clima al de San Antonio, 
proverbial por su blandura. El j)lan de estu- 
dios está dividido en tres cur£os: preparatorio, 
cla'sico y comercial, además de los ramos de a- 
doriio: lenguas modernas, dibujo y música; pro- 
))orcionando así á la juventud una educación só- 
lida y cumplida. El presidente del Colegio es 
el Rev. A. G. Rivas S. .1., á quien podrán diri- 
girse los que (luisicrcn mas informes. El multi- 
l)l¡carse de los Colegios católicos ei América 
como en Europa debe ser y es un motivo de con- 
suelo jiara cuantos tienen interés en la regene- 
ración del pueblo cristiano. A todos incumbe 
el deber de protegerlos y favorecerlos por do- 
quiera, á medida de sus propias facultades é in- 
tlujo social. ¡Fuera los apáticos y perezosos! 
Res(Tlucion. energía, y esfuerzo se necesita en 
este siglo de actividad endiablada contra Dios y 
su iglesia. Y es menester (¡ue nos sujetemos 
aun á los mas costosos sacrificio.? para mantener 
y favorecer los institutos católicos de niños y ni- 
ñas, ó nos resignemos á verles perecer misera- 
blemente en la aluKÍsfera emponzoñada de ateís- 
mo (pie les circunda. ¡Medre y florezca el Co- 
leii'io de Seguin, y bendíga'o Dios y la Virgen 
de Guadalii|)e! 



Las mas expresivas gracias al Explorador de 
Tiinidad, p'r los amistosos deseos de largí vida 



-17- 



que hace á la Revista Católica. ¿Será necesario 
que le expresemos á él iguales deseos? Nos unen 
intereses idénticos, peleamos por la misma cau- 
sa: la Religión, única y verdadera; el progreso 
intelectual y moral, y el bienestar material de 
los ilustres hijos de Castilla. Dichosos de ha- 
llarnos al abrigo de un gobierno, cuya Constitu- 
ción fundamental es una prenda de drden y pros- 
peridad, no anhelamos sino á disfrutar de las 
Ventajas que se nos derivan de su amparo, sin 
perder aquellas de que gozábamos antes de la 
unión. La Religión y su libre ejercicio, heren- 
cia que apreciamos mas que nuestro ser; la len- 
gua del país, la majestuosa, abundante y sono- 
ra lengua castellana; las costumbres y virtudes 
patrias, como la hospitalidad, la sencillez, el deco- 
ro y el recato, la frugalidad, el amor de la fa- 
milia, el respeto mutuo entre las clases de la je- 
rarquía social; cualidades todas de los hijos de 
Recaredo y Pelayo, y cuyas huellas permane- 
cen todavía profundas en el carácter del mejica- 
no, son los bienes por cuj'a conservación es for- 
zoso lidiar con todo el denuedo de nuestros es- 
píritus. Ardua tarea, no nos lo ocultamos. Mas 
ardua todavía para el mivé^xáo Explorador, que 
pelea en una parte del campo de batalla mas e- 
rizada de obstáculos, que no la Revista. ¿Lu- 
chará por eso con menor gloria? Antes bien, su 
ejemplo es para la Revista un estímulo vigo- 
roso y constante para no desalentarse, y repetir 
con el poeta alemán: 

Contra Ihivias y rayos, 
Contra el furor del proceloso Tiento, 
Entre la niebla umbría, 
Sin tregua ni descanso un solo día, 
Sin tregua ni descanso un solo instante, 
¡Adelante! ¡Adelante! {Goethe Trad.). 



¿Quién diria que el principio vital de la Re- 
pública Americana, la Union, fuera acometido y 
amenazado de muerte en el seno mismo de Amé- 
rica? Hay hombres que no parecen estas satis- 
fechos con dos partidos. Estos tienen ya des- 
garrada la nación, y desparramadas sus fuerzas. 
Dos naciones alevosas y enemigas se tendrian 
menos odio y horror, que no los Republicanos y 
los Demócratas, ciudadanos de un mismo país, 
hijos de una sola madre. Sin embargo, no les 
basta con eso á ciertos señores. Hemos visto 
formarse "Alianzas," y surgir "Centinelas." He- 
mos visto, fuera de las mansiones del crimen y 
del secreto, el partido de los greenbacks, y el de 
los prohibitionists. Oimos ahora de otro nacido 
en tierra Republicana. Hé aquí su programa: 
1. Ley de Registracion Nacional. 2. Enseñan- 
za forzosa. 3. Tasación de toda propiedad. 4. 
No interponerse en las escuelas públicas. 5. No 
aplicar el dinero público á fines sectarios. 6. 
Franquicia bien dirigida. Este partido quiere 
seguir dos liebres, y sin ninguna se quedará, 



Presume coser la boca á la Democracia, echán- 
dole el bocado de las escuelas públicas, y pierde 
el bocado sin ganar á la Democracia. Pero nin- 
gún partido es de igualar en atrevimiento al de 
hos septonviros, que así podemos llamarle. El 
JVew York Herald del 31 de Dio. nos anuncia 
una reunión popular tenida en Washington el 21 
de aquel mes, y en la que se propuso una en- 
mienda de la Constitución, por supuesto. ¿Y qué 
enmienda? Nada mas que la friolera de abolir 
la Presidencia. Sustituirle luego un Consejo de 
siete, que serian los siete Secretarios que forman 
ahora el Gabinete. Tres los eligiría el Senado, y 
cuatro la Cámara; todos por dos años. Presidia 
en esta reunión un tal Rev. Taylor, ministro 
Protestante, en cuya opinión la creación del 
Presidente fué un disparate descomunal, que 
cometieron los fundadores de la República, en 
gracia y en obsequio del general Washington. 
¡Señor, (jué caletre! Acaso habremos atajado 
todos los males que nos azotan, cuando tenga- 
mos siete Presidentes en vez de uno. Nos rei- 
mos á menudo de ciertos gobiernos Europeos con 
sus izquierdos y derechos, moderados y progre- 
sistas, radicales y conservativos, etc., etc., etc. Si 
no vamos con cuidado, pronto seremos la risa 
de ellos, viéndonos mas desunidos que todos 
los legitimistas, y napoleo'nicos, y orleanistas, y 
republicanos, y comunistas que despedazan y 
malquistan la pobre Francia. ¿Queréis reformar 
el gobierno? Reformad á los gobernantes; re- 
formaos á vosotros mismos. La Constitución 
dejadla intacta. Cien años de prosperidad y 
grandeza progresiva os dicen que os basta con 
ella, para llegar á ser un objeto de envidia para 
todos los pueblos. 



El suicidio consideríido en 8Í y sus causas. 



El Rev. P. Carlos Maria Curci S. J. tan famo- 
so en Italia por sus escritos y predicaciones, a- 
caba de publicar una nueva obrita, sobre el sui- 
cidio estudiado en sí 'mismo y en sus causas, de la 
cual queremos dar alguna noticia, como de cosa 
muy útil también á la gente de Nuevo Méjico. 

Aun en este Territorio de vez en cuando ve- 
mos suceder estas tan locas como deplorables 
desgracias de suicidios. No menos que en la se- 
mana pasada sucedió aquí cerca en los Alamos, 
un caso de los mas deplorables, de haberse una 
joven mujer deliberadamente quitado la vida, 
"en todo su sentido y juicio, buena, ^sana y robus- 
ta, y en la sola edad de veinte años. Estos crí- 
menes primero eran aquí desconocidos; ahora 
gracias al progreso, son, sino frecuentes, á lo 
menos no raros atendida la poca población de 
Nuevo Méjico. Y como á imitación do los ex- 
tranjeros, hablan principiado aun los Mejicanos, 
así ahora á los hondjres se siguen también las mu- 



IS- 



JL-res. Kspeniinos qvie esc (-'rínu'ii liiii abuuüuuble 
cuanto oslúpido, no vuelva ¡í comoterse entre nos- 
otros, y por lo tanto sacamos del mencionado 
lilu'o altíunas rellexiones, que como justas y sa- 
ludables podi'áu servir á espantar ú todos de la 
sola idea de perpetrarlos, antes ({uc las pasiones 
eic;^uen ;( uno, hasta el jMinto de querer poner 
término con sus propias manos á su existencia. 

Es costumbre y casi moda común hoy dia de 
atribuir los suicidios á locura. No se ¡¡ucde ne- 
gar que algunas veces, en efecto, la locura ¡lue- 
Uc ser causa ú ocasión de suicidio: en tal caso 
mas (jue Tolvnlario. se dirá mejor nisnal. Un 
loco lo mismo <jue un bruto. ])rivado de la facul- 
tad () del uso de sn razón, pueden si no directa- 
mente, ;í lo menos indirectamente, sin saber y 
(lucrer, procurarse la muerte, 6 ponerse cu cir- 
cunstancias que le ocasionen la muerte. Miran- 
do ,por ej., el fuego, se le pudiera representar ;í 
ú un loco, que es mas bien una cosa para refres- 
carse, y sin mas echarse en las llamas, que en 
vez de refrigerio le causarian la muerte. Esto 
seria un suicidio i)or un acaso, ocasionado por la 
locura, mas desgraciado que criminal. 

Empero no poi-ípie algunos (pie se uiatan son 
verdaderos locos, se sigue (pie lo sean tocios, 
y es falsa moda de llamarlos lóeos, casi para qui- 
tar :í uua acción tan abominable, toda idea de cu!- 
l)alnlidad. X la verdad en muchísimos casos, 
no se puedo dndaí-, (juc algunos se suicidan de 
propijsito deliberado y con i>leno y entei'o uso 
de la razón. Desde la mas i-(Mnota antigüedad, 
así pensaron aípiellos pobres gentiles, los cuales 
encomiando el suicidio de algunos desús héroes, 
no eutemlieron hacer el panegírico de unos lo- 
cos: y la Iglesia pcnsu siempre asimismo cuando 
vedando de dar sepultura eclesiástica á l<^s (pie 
se matan de j»or sí, no (piiso castigar á locos si- 
no ií cul|)ables. En lin esto se echa de ver de 
todas aípiellas circunstancias de tiempo, lugar, 
modo y cosas semejantes, (pie acompañan mu- 
chas de estas muertes, y (¡uc estos infelices dis- 
ponen |)rimero y con tanta exactitud antes de 
(|uitarse la vida. 

Ni esto debe causar maravilhi. ijuc el lion]l)re 
pueda con entera y plena libertad quererse ma- 
lar: porque como se enscfr,! en (ilosof'a, lá vo- 
luntad del hombre e.^ solamente necesaria res- 
pecto del bien ¡nliiiito, ú del l)¡cn en general, 
pero ella es lii)i'c y perfectamente libre respec- 
to de bienes íluitos y detei'aiinados. Ahoi-a er.- 
tre estos últimos bienes se iialla la coiiservaciDU 
de la propia vida. Poi- lo tanto uno|)uede [ ca- 
sar (lUc continuar á vivir ■^vvÁ causa de inf"liii- 
dail y desdicha, y |)()drá en consecuencia pensar 
y (pierer matarse á sí mismo. }' auuipu' la exis- 
tencia sea un l)ieu. [¡rivarse de ella, cu la suj)o- 
sicion (pie esta pri\ac¡()n sea el únicf) medio pa- 
ra evitar un mal. 

El hombre en otras ocasiones da librt^mcnte 



la vida: \\ov ej., cuando se suj(.'la á la muerte por 
una obra de caridad', 6 en testimonio de sn íd. 
Piíes'con muííha mas razón, tendremos (jUC de- 
cir que algunos plicdan matarse con plena liber- 
tad de elección, 'dvbiendo ser menos dolorosa 
una muerte elegida en las circuiiStanc-as que uno 
escoje lil)renTenté, do 'otra padecida en circuns- 
tancias 'CTnielísiiná? determinadas á beneplácito 
de otros. Y tomo en el primer ea.'^o no se dirá 
l0':o'cl níártif; aí^íno se dirá en el segundo loco 
el siiicidar aunque este sea tan digno tle repi'ol'a- 
cion,' cuanto aquel es digno de encomio. l*ucs 
por mas que se cíigaV'no son locos todos aquellos 
que so matan 'á.síinismos, esto es privados del 
uso de la razan:" y ^olo por ventura se podrán 
llamar locos moralmepte, en cuanto no entienden 
el-gran md cpie se hacen, 3'prcñcren un mal real, 
y mayor, á oíros fliiu-has veces aparentes, y siem- 
j)re mucho líi'enóres. ' 

Consid erando eb 'Suicidio en sí. es un acto de 
suprema injusticia, é\\ cuanto el hombre se pri- 
va por ]¡ropio (''¿ipricho de la vida, contra el or- 
den de liv natuí'álpza;' y dispone de ella cual si 
lá' tuviera bajo su absoluto dominio: no siendo 
61'el duéfio. de la vida, sino solo. Dios, que solada 
para su uso y este detorminadn. Bajo. este res- 
[)eeto nos recordamos, halier considerado el sui- 
cidio' en otro' lugal-: y así no nos detendremos 
mas. ' '"'■ ' ■ ' ■ 

Tero lo q'ifc"lirt dejaremos de notar es, (¡ue no 
raras veces el mundo considera (d suicidio como 
un acto de fortaleza, y casi de heroísmo, y á los 
suicidas, coiiVo espíritus fuertes, y poco menos 
(pae her<)¡cos. 'J^sto no es sino considerar las 
cosas por la.s siin[)les apariencias, siendo (jue en 
realidad, no hay persona mas débil (¡ue el (|ue 
se mata á sí mismo, ni acto de mayor flaqueza, 
que el de (piitarsc la vida. En efecto ¿porqué uno 
sé inata? ponpiü considera la muert? v\\ mal mas 
tolerable (jue una vida infeliz: i)or(]né para evi- 
tar y huir üii mal (pie se considera mayor, uno 
se-deteri'nina'á" privarse de la vida, d (pie en su 
estimación "tendhí como mal menor. ¿Y esto se- 
rá fcnialeza de ániino? 

Poco haoft (Eratico, Respuestas t. 2, S)iiri(Iio) 
buscando un esctitor una razón j)lausible de ih'- 
nib es" mas.rrí^'cuehte el suicidio en Inglaterra 
'(pie eii oti'as na(-iones, y por sii[)uesto ol autor 
se 'imrtába soló á las naciones de iMirojia. pen- 
se) hallarla eii 1a generosidail d(^ la nación I>ri- 
tánica." .Mu 'lio" tiempo hacia. (p:e bo''a humana 
' no habia pí-<')nuíR:¡ado tan .•íolemue majadcrí-j. Xo- 
,so'JÍ4'os (.■oiic(}deréUfós la generosidad inglesa, ob- 
servando einporo que allí mas presto qn(? en 0- 
tras nacioiKis oí protestantismo degeneró en na- 
turalisíiib,' . y. j)or consiguiente, sea lo qne fuere 
de su generosidad, Cji ningún j)ueblo los hom- 
bres ll('ga'i(4i l^án pronto á la vileza del dcscrei- 
' nVi'cnlo. P(Vr ^.sto mas fácilmente allí que en 
OIra parlé líiiii'i'HVdido descender á la abyección 



lí) 



del suicidio: aunque lioy dia esta jxloria se la 
disputan Aleuuiuia en Europa, y los Estados U- 
nidos en América. 

El suicidio, sigue el mencionado autor, no 
solo es una vileza incompni'ablo, sino el compen- 
dio de toda dcgi-aiJa'-iou. Ya (pie quien lo co- 
mete demuestra no c<aio;cp ;í Dios con sus de- 
rechos soberanos, no la reliy,-¡on con sus prece¡)- 
tos, no la naturaleza con sus exigencias, no la 
sociedad con los deberes que nos impone: es la 
vileza de la iguorancia brutal. Sí, el suicida es 
vil por(pic su ánimo carece de toda constancia y 
fortaleza, con que hu'har contra las contradic- 
ciones de la vida: es la AÍlcza de la cobardía. Es 
vi!, i)0i'(pie i)ara. csipiivar la lucha acude ;í un 
medio que cree le librariíde todos sus enemigos, 
como hacen los soldados desertores del campa- 
mento: es la vileza del miedo. En una palabra, 
es una acción vil, cobarde, efecto y prueba de 
alma débil: y por lo tanto se vé. (}ue no sola- 
mente entre los hombres, sino aun y muy co- 
munmente entre las mujeres mismas el suicidio 
se va propagando, y en [¡referencia entre las mas 
débiles, las jóvenes de edad. J^lutarco reliere 
de una re¡)ública griega haber promulgado una 
ley por la cual debían ser deshonrados los ca- 
dáveres de los suicidas, sea porque lo merecían, 
sea para {>oner un freno á tan bái'bara como vil 
costumbre de darse la muerte. Y á esos tales 
el mundo de hoy día llama espíi-ittis nobks yfuei'- 
tes. 

Despue.=5 de esta digresión tan natural como 
útil, nos (picda ver cuáles i^on las causas: y estas 
las examinaremos en otro núuicro. 



Napoleón lí! y d Carel. Aistoiicni. 



El dia. (') de Nov. moría, en liorna, el Cardenal 
(xiacomo Ant<.)n(dl¡, (pu/ fué \m)v el espacio de 
veinte y siete años ministro Secretario de Esta- 
do del reinante Pío IX, á cuyo nombre qucd..rá 
eternamente aso.'itido el del Cardenal en la his- 
toria de l\nitiü';ado tan lai'go y tan famoso, no 
menos [¡or las grandes empresas, que por terri- 
bles persecuciones. í lábil é infatigable en el 
manejo de los negocios, el Card. Antíaielli con- 
sagró su eniip.ente capacidad y asidnos cuidados 
l)ara coadyuvar a.l inmortal l'io IX en todas sus 
magnánimas enqireeas: sobre todo en la defensa 
del donunio temporal de la Santa Sede, (pie en 
estos últimos años i)adeci(^) tan re[)etidos \ ter- 
ribles ataques. No obstante todo, este taiyd en 
manos de sus enemigos: acaso Dios lo permitiría 
¡)ara darnos una nueva prueba de la esjiecial 
providencia que tiene de é!, cuando le-? resta- 
blezca, en el tienq;o detemñaado eii sn divina 
providencia. Igualmente días atrás recorría 
el cuarto aniversario de la muerte de Napoleón 
líl, el (|ue tuyo la ináncipal parto en la guerra 



declarada á la Santa Sede, y también fué el pri- 
mero á llevar el castigo de su perfidia, caído del 
trono por nUiíuo natural resultado de su falsa 
política, y muerto en el destierro, en Chislc- 
churst, Inglaterra, el día O de Enero de 1873. 

Napoleón III y el Card. Antonelli pues, fue- 
ron como his dos figuras ]>ríncipal(?s, los mas no- 
tables personajes, los jefes sujircmos y antago- 
nistas de esta gran luelia, que agitcj y tiene agi- 
tada todavía toda la Europa y la Iglesia entera. 
En esos dos se j)ersonincaron los dos gi-andes 
{¡artidos, cu el uno de la revoluci(ni armada, de 
la fuerza que se desenfi-ena contra el dcminíodel 
Papa, en el otro del dominio temporal del Papa, 
sostenido por los mas legítimos derechos, pei'o 
desami^arado de todos los [loderes del mundo. El 
derecho quedd o])i-imido y la fuerza triunío; los 
estados del Papa cayeron en mano de la revo- 
lución. Napoleón aunque caído del trono y re- 
tirado á vida privada, vivió' bastante para ver 
la última ruina del dominio temporal del Pajja: 
pero en lugar de mirarla con satisfacción, la ¡ni- 
raria con [)ena, habiendo la caida del trono Pa- 
pal arrastrado anticipadamente su ])ropia caida. 
El Card. Antonelli, vivió' bastante [¡ara ver la caí- 
da do Napoleón, y su dinastía borrada de la lis- 
ta de las casas reínant'S, y vería en esto el prin- 
cíj)¡o de la venganza que Dios se resei'va á ha- 
cer de los enemigos de su Iglesia. 

En los pi'ímeros años ¿losn reinado. Napoleón 
in comenz(j gloriosamente, declarándose en fa- 
vor de la Iglesia como hal)ia hecho Na|)oleoii I, 
en los [)rincipios del primer im[)erío. Si escar-' 
mentado con lo (pie su.xxlití después á su tío, 
hubiera seguido en el mismo buen camino, Na- 
j¡ole<jn III hubiera sido un nuevo Costantíno, ó 
un Carloinagno. Pai'a ello no le faltaba la ca- 
¡racídad, y se hallal)a en las mas favorables cii-- 
cunstancías. Mas al revés dejándose ari'asti-ar 
á hacer la gner¡-a contra la Iglesia, acab(í mise- 
rablemente cerno el tío en el destierro sobre una 
tierra extranjci-a. Fuese por ideas hereditarias 
,de su dinastía, (> ¡¡or compromisos con las sectas 
en las cuales se había alistado desde jtjven, Na- 
[)olcon líí, cambiando [)olítica de una vez, bajo 
[)rctexto u [)or la idea de hacer la Italia vnc, 
[)riiici[)i(j una gue¡a-a tanto mas fatal, cuanto mas 
encubierta al gobierno temporal del Papa, que 
naturalmente debía ser el mayor obstáculo para 
la pretendida nnilicacion de Italia, bajo el cetro 
de la Casa de Saboya. Los'demás Príncipes mas 
fácilmente fueron destronados, sus tronos abati- 
dos, sus estados anexados: la revolución so ajío- 
dcraba t:-iuníando do la Italia; movida y ca|)íta- 
neada poi-el Gobierno de A''íctor Manuel, guiada 
y protegida [!or el do Napoleón. Pero conti-a 
íloma, fué á estrellarse toda la política, y el j)o- 
der de Napoleón; y si Roma cayo' al íin, fué o- 
bra solo de abierta violencia, y do sacrilega in- 
vasión, Poro este, embriagado do la gloria úv 



-20- 



su iiouibre cuu el cual licuaba Europa, sobre lo- 
do después de las brillantes campañas de Crimea 
y de Louibai'díii, uo cousiderú (pie mientras nia- 
ipiinoba la ruina del Papa, iba labrando su pro- 
pía ruina: y no fué tan perspicaz para proveer 
(pie si el Papa caería, él lo hubiera precedido 
con una mas terrible como irre|)a rabie, caída. 

Sin entrar en todos los detalles, citaremos su- 
nuií'iauíeiite solo los liedlos ])rincipales 6 las 
principales épocas de este i)crjüdo de historia, 
toda tejida de perfidias, equivocaciones, prepo- 
tencias, contradicciones y fraudes, puestos en Juc- 
<iO para acabar con el dominio del Papa, en be- 
neficio de Víctor Manuel. Mientras tanto Dios 
h.abia [niesto al lado de Pío ÍX, al Card. Anto- 
nelli, [lara oponer una defensa en el uno de in- 
vencible constancia, y en el otro de extraordina- 
ria prudencia, y persi)icaeia en los negocios. 

El primer plan de guerra fué sin duda deter- 
minado entre Napoleón y Cavour en el Congre- 
so de París, después de la guerra de Crimea, y 
se pensó i)oderse realizar en otro C^ongreso pro- 
puesto igualmente en l^arís, después de la guer- 
,ra de Lombardía. l<]n efecto, el tratado de Zu- 
rigo fué lirmado el dia 10 de Nov. 1859, y el 
Moniteur del dia siguiente hablando del ideado 
Congreso, decia que era "i)ara arreglar las cosas 
de Italia sobre mas firmes y estables bases." 
Se preveía cuáles eran las bases según las ideas 
de Napoleón y las pretensiones del Piainonte: 
con todo, el Card. Antonelli fué designado, para 
representar al Papa en el (.^ongreso, y en él de- 
fender los derechos de la Santa Sede. Este noni- 
brauíiento, desbarató los planes de Napoleón, 
el (pie conoció lo (pie Antonelli valia. "Na- 
poleón, escribía Poujoulat {Union 9 de Nov. 
187G, n. :U4) evitó el Congreso, para evitar An- 
tonelli, él temia por su política que se compo- 
nía dtí equívocos, contradicciones y tinieblas." 

VA folleto Le l^apc, elle Co^íY/re.? mandado escri- 
bir por Napoleón al A^izcoiide De La Üuerronie- 
rc, reveló con el mayor descaro todas las ideas 
napoleónicas, de reducir al Papa al Vaticano y 
sus jardines, é hizo abortar el Congreso. ])c 
allí, declarada la guerra, se siguió toda suerte 
de invasiones, [)repoteiicias'y vejaciones de la par- 
to del gobierno de Víctor ]\Ianuel y de fraudes, 
compromiso.'í y perfidias de la parte de Napo- 
león, para realizar sus planes, pero cuidando en 
lo posible salvar de algún modo las ajiariencias. 
A esos dos nombres van asociados para su eterna 
infamia entre otros los de Cavour, (^ialdiiii, Fan- 
li y lianza en Italia, y do Thonvenel, LaCuor- 
roiiiere, Irrammont, Persigny en Francia: satéli- 
tes de uno y otro (lol)ierno. en esta obra sacri- 
lega y parricida: mientras de la |)arte del Papa, 
abandonado de todos |)or indirereiicia, ó malicia, 
por fals:i política, ó mundanos respetos no 
queilal)a sino el C;irdenal .Vntonclli, (pn^ fiieric 
de su díírecli), v armado de su e.Ntraonliiiaria 



apacidad, contuvo hasta ijue putlo la caída do 
lloina, y desbarató tantos planes de sils enemi- 
gos. "Después del Card. Consalvi, escribía Le 
Afonde cu el ])asado Noviembre, ninguno tuvo 
en la diplomacia Europea el lugar del Card. An- 
tonelli. A lo menos Consalvi hallaba a|)oyo 
en h]uropa, siendo sostenido, amado y aduiírailc 
de los diplomáticos europeos. El Card. Anto- 
nelli (juedó sobre la brecha, sohj vio ios tratados 
violados, el dorecho público europeo hollado .y 
pisoteado, sin nítlgiiüd protesta do las potencias," 
y [xjdemos añadir por sugestión de algunas, y 
connivencia do otras: y acababa, "el Sumo Pon- 
tífice quedó linnc, y en esta obra el Card. Anto- 
nelli fué su jirincipal sosten." 

Pero la estrella de Bonaparte se iba á eclip- 
sar, desde que declaró la guerra á la Santa Sede, 
data su decadencia moral y |)olítica en Europa. 
La Italia se había unificado, bajo su protección, 
no faltándole sino solamente la ciudad de Roma, 
mas la unidad de Italia produjo lado Alemania, 
enemiga formidable de la Francia, y de la cual 
Dios se (jueria servir para castigar á Napoleón, 
por su abominable conducta para con la Santa 
Sedo. Así Napoleón mismo originó, ocasionó }* 
fabricó su ruina: y su ruina precedió la del 
Papa. 

La guerra entre Francia y Piusia, lo derribó 
del trono, y echó en el destierro. Allí Napoleón 
desilusionado sobro su falsa política, reconoció 
aumpic tarde sus yerros, é hizo una retractación 
publicada en una carta de George Seigneur, refe- 
rida en el Univers del dia 12, y en la Unitá CatfO' 
Uca del día 14 de Enero de 1873. Poro esta que 
no dejó de hacer honor á Napoleón líl, y lo jjre- 
paró y disj)Uso á morir cristianamente, reconci- 
liado con Dios y con la Tgle.'=íia. eran palabras 
que no llegaban á dcsti-uii- sus hechos. Por re- 
sultado de todo lo (pie él liabia obrado. Poma 
cayó á mano del gobierno de Víctor Manuel y 
Napoleón en vezde satisfacción, no pudo noscn- 
tir ))ena, de lo que era su culpa y su castigo. 

Yj\ dominio del Papa, y la ciudad de Poma 
quedan todavía en las manos sacrilegas del go- 
bierno do Víctor Manuel. El Card. Antonelli 
ha muerto con la pena de no haber podido sal- 
vai'la, lio obstante sus heriíicos esfuerzos, jioro 
con la esperanza de (pie Dios ya parece haber 
tomado en su mano la causado su Vicario. El niu- 
ri(), pero después de haber visto desaparecer uno 
á uno los principales y mas encarnizados ene- 
migos de la Santa Iglesia: entre los cuales cita- 
remos algunos: el (.\)ndo de Cavour muerto el 
dia () do Junio de ISiil, el (íoneral Fanti el dia 
5 do Abril de 1 SO"), Thouvenel 18()(>, Cassiius 
el 18 de Dic. de ISliO, Luis Fariní P.' do Agosto 
de 18GG, Gilberto Persigny 1872. Rattaz:'.i 5 de 
•lunio de J87:). Ledru líollin 1871, La Gncrro- 
niere muerto en 1 S7">. y oíros muchos, eníi'c los 
.cuales (le solos niini'^!i(>s dtd reino de Palif^, se 






cuentan 19 muertos desde la batalla de Castelli- 
dardo, y un número sin número de Senadores, 
Diputados, Representantes, Generales y otros 
hombres políticos, {Uniiá CattoUca, 1? Nov. 1875) 
de quienes 6 no (jueda memoria, 6 solo la mas 
aborrecida. 

La Opiniorie del día 7 de Nov. de 1872 decia 
"que en la historia no quedarla traza nli^'una de 
los j)ensamientos y obras del Card. Antonelli." 
Por ahora es cierto que en vez de esos otros e- 
nemigos de la Iglesia no queda nada. La fami- 
lia de Cavour que fué tan principal se ha extin- 
guido: la de Napoleón se halla muy humillada: 
él ha muerto, su viuda no es mas que la Condesa 
de Pierrefonds, y del Príncipe imperial no se 
habla tampoco. Del Card. Antonelli queda en vez 
el mérito y la memoria en bendición, delante de 
Dios y de los hombres, y si sus esfuerzos no fue- 
ron coronados, murió con la satisfacción de ha- 
ber defendido la causa mas santa, de la manera la 
mas admirable: Dios por ventura no quiso que el 
dominio temporal del Papa, fuese salvado por los 
esfuerzos de este su fiel ministro, porque él se 
reservó la gloria de repararlo con rasgos de es- 
pecial providencia. 



Un luatriiiioiiio á dcspeclio de las leyes. 



Dias atrás, pasaron por Las A'^egas en el co- 
che del correo, los Señores Justo, hijo de Don 
Juan Cristóbal Armijo y Beatrix hija de Don 
José Leandro Perea, en compañía de otras per- 
sonas de sus familias, para ir á celebrar su ma- 
trimonio en San Luis, Mo., donde no los al- 
cancen las leyes de Nuevo Méjico. Estas famo- 
sas leyes votadas en la última legislatura, ya no 
dejan casarse como uno quiere: esto es, en cier- 
tos grados de parentesco, que la Iglesia por 
regla general prohibe, y (pie en casos particula- 
res puede dispensar. De manera quf ahora aquí 
aunque la Iglesia dispense por buenos motivos 
en semejantes casos, estos tales ó deben renun- 
( iar para siempre á su matrimonio, ó para evi- 
tar la acción de las leyes, tendrán que irse á 
cisar fuera del Territorio. Y este es el caso de 
los mencionados señores, cuyas familias los han 
tenido que enviar hasta San Luis, Mo., en donde 
como un país no tan ilustrado como el nuestro, 
no existen tales leyes. 

¡Que viva Nuevo Méjico! Aquí sí, que se en- 
tiende lo que es progreso, en el cual gracias ú 
nuestros legisladores del año pasado, hemos 
adelantado tanto sobre el Missouri, j probable- 
mente sobre otros muchos Estados de la Union. 
Esos otros estados son retrógrados, oscurantistas, 
que no han llegado, y probablemente no llega- 
rán jamás al grado de progreso del cual noso- 
tros ya disfrutaFLOs. ¡Lástima que nuestros hom- 
bres pOiitícos 1)0 puedan figurar todavía mas y 



tener jíarte activa en el congreso de la nación! 
Dios solamente sabe cuan alto se levantarla el 
águila americana sobre las alas del genio de al- 
gunos de estos tales. 

Hace cabalmente un año que esas leyes de 
mati-imonios fueron votadas: y hasta ahora [)or 
lo que vemos no hal:)ia sucedido otro caso, mu- 
cho menos se habia tomado medida de ir á casar- 
sea fuera. Este matrimonio pues que es el prime- 
ro, y esperanios que sea el último, merece espe- 
cial mención, |io solo por la cualidad de las fa- 
milias, de quienes se trata, tan respetables en 
todo el Territorio, sino aun por las particulares 
circunstancias, á las cuales gracias á nuestras 
leyes va sujeto. Y mirad, ¡curiosa coincidencia! 
hace un año que estas leyes fueron promulgadas 
en este mismo mes de Enero, y el matrimonio 
nos ofrece ocasión y materia de celebrar digna- 
mente el aniversario de ellas. 

Para casarse pues hoy día en semejantes ca- 
sos, habría que irse fuera del Ten-itorio. si las 
circunstancias lo })ermitieren, como acaban de 
hacer los mcncionadcjs Señores. Hasta ahora el 
joven (jue debia casarse, acompañado de los |;)a- 
rientcs, se presentaba á la casa de su desposada: 
de al'í se la sacaba con mucha solemnidad ¡)ara 
llevarla á la Iglesia, v de la Iglesia se los devol- 
via casados ya á la misma casa, para celebrar 
con algún regocijo cutre parientes y amigos 
una tan justa como inocente fiesta de familia. 
Ahora no, en estos casos uno no puede menos 
(jue embarcarse con la novia en un coclu! ó car- 
retela é irse á casar fuera del Territorio. Se ca- 
sarán sí á despeclio de todas esas ^cycs pero les 
costará. l*eor fuera, si no obstante las leyes, 
uno se (pusiese casar aquí en estos grados {pro- 
hibidos, se expondría á mayores costos entre 
multas y abogados, á vejaciones y molestias, 
quizás hasta verse embargar provisoriamente 
por un alguacil su propia es[)Osa. Tanto cuesta 
lioy día y en el {¡ais mas libre del mundo, el de- 
recho ó el uso de su libertad individual en ma- 
teria tan delicada como es el matrimonio. 

Mu}' probablemente por las familias en cues- 
tión, estos nuevos é im|)revistos costos, se consi- 
deran muy poca cosa, por el gusto de ver casa- 
dos á sus hijos como ellos querían. Pero no 
tendrán la inocente satisfacción de asistir á su 
enlace, y unirse con el sacerdote ministro de 
Dios á llamar Lis divinas bendiciones sobre sus 
propíos hijos, sobre criaturas cuya felicidad es 
el término y deseo de todos los afanes de las fa- 
milias. Imposibilitado á acompañarles tan lejos 
y en tan contraria estación, adeiuás i)or razón 
de molesta y obstinada enfermedad, pensamos 
(jue el Hon. Don José L. Perea, en cnya casase 
clebia haber celebrado el matrimonio, debe ha- 
berlo sentido mas que todos; quizás el gusto de 
asistir al matrimonio de su hija le hul)iera de- 
vuelto las fuerzas y el vigor, pero ha tenido que 



22 



l'^iuiiifíiar tí ello, en gracia y favor de nuestras 
leyes. Los mismos qnc se lian ido a casar cuan- 
do estí'ii en a(|uel acto de jurilnr sus manos y Ju- 
rarse dcliuite del minislro de l)¡o.s aliiol- y l'ide- 
lidad Iias(a l;i iiiU(>l'té, senlirau (|ue algí^ lalta 
jiara ^U ('oini)lela, aleiíia'a: l)us(.'ar¡íu en valde á 
NU derredor los seiiddantes de sus padres, ma- 
dres, hermanos y demás conocidos sin llallai'los. 
l'iSfos estarán lejos, Uiliy lejos, acíimpaúándolos 
solo en espíritu, y levantando al cielo ruegos y 
Votos |)or ellos. Pero esperamos ¿pie en eanibio 
los vean ¡í lo menos volver con buena f=aludi y 
(pie este matrimonio sea no solo la leii('idad de 
aipidlos j()Vcnes, sino tandíien la de sus familias 
>' (jUe Dios bendiga en los hijos la religión y 
piedad de los padres, 

Y después de todo ¿(pié cosa diremos de este 
nialrimoino? Nosotros (pie creemos en tales leyes 
cuanto en el Coran de Malioma, diremos í'ran- 
(.■í\nicnte (pie sn|)ucsta la dispensa de la Iglesia, 
Vi matrimonio está bien hecho, válido y legítimo, 
cuanto cuahjuiei-a otro, lo unsmo (pie se hubiera 
celebrado arpií (pie en í^an Luis. Que si por 
justos motivos de evitar molestias se (pliso ir 
á celebrarlo en fian Luis, fué bien imaginado }' 
mejor hecho: es una manera como otra de pi'o- 
t^'star en contra de esas leyes; por lo que lelici- 
lamos ií los fieíiorcs Perea y Armijo, (pie nos 
lian dado una pública y evidente i)rueba del 
c:iso (pie hacen de ellas, Y espei'amos (pie por 
su autoridad de ellos, como de otros i)r¡ncipales 
del Territorio, serán abr(jgadas por la libertad 
di' la Iglesia y bien de todos, y se deje, á (pne- 
nos concierne exclusivamente, (d nianfjo de es- 
tos negocios. 

l^ero nu(\sti'os honibr(?s de j)ülítica ¿(pié dirán 
ó (pié harán? Estos por ser coherentes consigo 
mismos tendrian que censurar esta medida, y no 
obstíintc (pie v] matrimonio se haya celebrado 
juera del Territorio, tcmli-ian (pu^ mirarlo como 
hecho en IVaude de la ley y nulo, á 1) menos d(>- 
lante de ella. Con todo apostamos (pie no dirán 
nada, y no harán nada, á lo menos de un modo 
público y legal. Xo es todo: apostamos (pie 
ellos mismos, y acaso mas (pie otros, no dejarán 
de alabarlo y aprobarlo. Por supuesto á la 
Auelta de los recién casados, habrá alguna tiesta 
en l>eriial¡llo poi- la (pie debia haber habido el 
(lia del mali-imonio, y (jiie servirá i)ara su i-eccj)- 
cion. Li n>)l)l(/a y grande.'-'.a de ánimo de los 
Señores Perca y Ai-mijo lavali/aráii en liacerl; 
lo mas posil)Ic (pie lucre lucida, suidiiosa v con- 
currida, ("llantos hay amigos en (d Tei-ritorio 
serán coinidados á tomar |)ar(e en ella; y si á 
niie~l ros políticos se h.'sconvidai'c, como gente tan 
lini y laii eiimidida, por ventui-a. serán los (pie 
laltaráü mi'iios y los (pie aeiulii-áii d(> mas lejos. 
Al cabo no les podemos negar (pie como ])er- 
sonas polílicas entienden la política mas (pie na- 
die. Y mienlia- ¡a ley se (pieda allí tpiiida y 



olvidada en el C(jd¡go, ellos e.staráti en la fiesta 
contentos y alegres, haciendo votos por los no- 
vios: fel¡(.'itando á las familias, y divirtiéndose á 
sus expensas y honor. Que si después de la dt! 
líornalillo, hubiere alguna otra liesta y recep- 
ción en casa de lo.? Armijos, ellos no serán tan 
difíciles pn no aceptar sus in\itaciones, 3' a(ioiil- 
})aíiar los novios á su otra residencia. Esto es 
lo (pie va á suceder, y suplicamos á los (pie es- 
tuvieren presentes de noticiarnos si nos hemos 
e:ig '.fiado. 

Asi se [lasarán las cosas: p,ero esjieramos eii 
Dios (]uc de este matrimonio el Tei'ritorio va á 
sacar un mejor resultado, esto es, la abrogación 
de estas leyes, y con estas de todas las otras 
(pie contra derecho y justicia S(} hiciei'oíi C\\ la 
última legislatura. Nosotros (pie h?mos vivido 
largos años en a(picllos lugares, y (]uc tan de 
cerca hemos tratado á unos y olroa f^eúoreSi nos 
jierinitireuius por la coniuUlza y amistad de (pn? 
nos honran, de suplicarles a(pií de (pie tomen 
interés en este negocio, y usen de toda su au- 
torida'l para hacerlas abrogar. Si ellos (piicren, 
lo conseguirán, y si lo consiguen harán un bien 
grande á nuestro Territorio. Ellos saben j)or e.v- 
periencia. cuántas diliinltades les ha ocasionado 
este matrimonio, de la cuales han podidíj s-jir. 
Iior 1(3S recursos (pie, gracias á Dios, tienen tan 
abundantes; jiero 110 todos se hallan en las mis- 
mas condiciones; y para otros pudiera haljcr 
casos de necesidad y utilidad de que se h.igaii 
matrimonios 6 en estos grados de parentesco, ó 
en edad (pie ahora la ley prohibe. Este nintri- 
monio nos p;irece providencial: habiéndelo Dios 
disiiue.sto en ellos para (pie escarmentados por 
su experiencia, y pudiéndolo por su autoridad, 
llagan borrar estas disposiciones, y se devuelva 
á la Iglesia y á las familias la liliertad (pie re- 
claman en cosas tan delicadas. L:i Iglesia en 
esas familias ha halladi) siempre su apoyo, la 
«íente en u;eneral halla su amparo: pues la lu'le- 
sia y la gente les piden la abrogación de estas 
leyes y estamos seguros (pie lo alcan/arán. El 
matrimonio entre diisto .Vrmijo y Heatrix Perea 
quedará memorable por haberse debido cele- 
brar en San Luis en i'uerza de las leyes, y mas 
memorable poríjue fué motivo y ocasión de 
echarlas abajo. 



El hombre de ahora no es tal como Dios le 
i'ñó, sino (pie es un ho;nbre de^-enerado, 

P.\i .Mi:.-. 

Dia vendrá en ¡lue rompa Dios el silencio de 
tantos dias y de tantas injurias, y resiíonda por 
su honra, (Ik.vn.vda. 

Algunos son peores que los ciegos, p.on^ue 
|)roceden á tientas y á tontas. P. Estki.i.a. 

Entre muchos, siemjire hablir poco. 

S\Nr\ Ti;i;ks.\. 



-23- 



DEL INFIERNO AL PARAÍSO. 



( Cordhniacion—rág 11-12.; 

— ¡Ali! no me llaméis madre, porque me traspasáis 
cruelmente el corazón. 

— ¿Porqué? si no os molesta la pregunta. 

— Porque .... porque al veros delante de mí, bella 
Matilde, mi corazón se oprimo y dice: "Tan buena y 
hermosa como ella seria tu Angelina." Perdíla el año 
pasado por este tiempo y su muerte fué el aniversario 
de la de mi marido. ¡Ali, soy muy desgraciada! 

— ¿Qué edad tenia vuestra Angelina? 

— Doce anos cumplidos. ¡Ab, si la hubierais visto! 
Era así de alta y ya cosia con tal primor y perfección 
que la maestra estaba encantada. ¡Tau lijera, con una 
mano tan delicada! Todos los dobladillos de las ser- 
villetas están hechos por ella, y al verlos se renueva 
mi angustia. 

— Y ¿qué enfermedad os la arrebaté)? 

— Lo ignoro; obsérvela enflaquecer, perder el color 
y nada mas. Tres meses antes hizo su primera co- 
munión fresca y lozana como una flor, y recuerdo que 
al regresar de la iglesia vestida de blanco, coronada 
de rosas y con un librito en la mano, regalo del señor 
cura, parecía un ángel del cielo. ¡Con qué cariño y 
ternura me dijo; "Querida mamá, desde hoy soy tam- 
bién hija de la Yírgen, y no volveré á desobedeceros," 
y arrojándoseme al cuello cubrióme de lágrimas y be- 
sos! 

— ¡Cuan buena era! exclamó Matilde suspirando. 

— La última noche, cuando ya estaba sacramenta- 
da dispuesta para volar al cielo, aun" me parece verla 
en su lecho que ocupaba precisamente el sitio que 
ocupa el vuestro, y no pienso que aquel ángel venga 
á inquietar vuestro sueño, su rostro estaba blanco co- 
mo la nieve y 3^0 velaba á la cabecera, cuando se in- 
corporaba exhalaba un lánguido gemido mas tierno 
que el arrullo de una tórtola y yo le acercaba á los la- 
bios el crucifljo diciéudola: "Mira á Jesús, Angelina 
mia, bésalo y duerme." Abría ella sus ojos. Ajaba en 
mí y en Cristo una amorosísima mirada, sonreía, le 
besaba y volvía á cerrarlos y reclinarse. Apresúresela 
al fin la respiración, y yo para facilitársela levántela 
un tanto la cabeza, poco á poco se fué aquietando y 
cuando fui á depositar un beso en sus labios . . . los 
encontré helados: ¡estaba muerta! El paraíso me en- 
vidió á mí Angelina y me la arrebató. ¡Hija de mí al- 
ma! Ruega por tu pobre madre. 

— Y por mí, añadió Matilde enjugándose dos grue- 
sas lágrimas y retirándose á su estancia en extremo 
conmovida. 

Además de poseer Matilde un corazón sensible á 
los mas tiernos y pm-os afectos, poseía una imagina- 
ción vivísima é ímprensíonable naturalmente, á lo 
que contribuía no poco la lectura de libros de imagi- 
nación y la profesión de la escena que la exaltaban de 
continuo. Aquellos recuerdos de la ])rímera comunión, 
las sonrisas y besos dados al Cristo con moribundo 
labio' la afectaron y penetraron profundamente en su 
corazón. Dejóse caer en el sofá que estaba en frente de 
su lecho é imaginábase ver en él á Angelina moribun- 
da cuya presencia le recordó la de su madre apenas 
conocida y perdida con tanta brevedad, obligándola á 
abandonarse á estos pensamientos: 

— Yo perdí á mí madre y Susana á su hija ... ¡Sí 
pudier.i yo ocupar s i pue,=to! . . . Mas ¿qué digo? ¿Yo, 
que siete años há vivo akíj.ula del Dios de mi infan- 
cia? . . . ¡Ah, si fuese ahora h) que entonces era! ... Es 



cierto que mí vida era penosísima en mí suelo natal 
al lado de mí madrastra, pero ¡cuan inocente y cuán- 
tos momento gustíí de purísima alegría! En la actua- 
lidad sustituí aquella inocencia y candor con esta vi- 
da tumultuosa, errante, culpable, sin sacramentos, sa- 
crificio, ni religión . . . 

Acercábase entre tanto la hora de cenar y sentóse 
en la mesa distraída, comió poco y maquínalmente, 
apenas habló medía docena de palabras y volvió á en- 
cerrarse en su estancia donde la oyó Susana hasta 
hora muy avanzada pasear, sentarse y mover las si- 
llas. En efecto, largo tiempo permaneci(') alistraida, 
ensimismada, luchando con mil afanosos pensamien- 
tos, hasta que con el corazón rebosando amai'gara y 
la imaginación exaltada cayó de rodillas delante del 
lecho, y juntando las manos en actitud suplicante y 
derramando un raudal de lágrimas exclamó como si 
hablara con Angelina allí ]n'esente: 

— Piadosa Angelina, sí desde algún sitio del cíelo 
puedes dirigir una serena mirada áesta infeliz, no des- 
deñes mi ruego, ni te enoíes si reposo cm el mismo 
lugar en que desplegaste tu vuelo hacía el paraíso . . . 
Perd(')name .... socórreme .... te lo ruego por tu ma- 
dre. . por los besos que moribunda estampaste en el 
crucifijo. 

Y tras esas palabras reclinóse vestida como estaba 
en el lecho y quedóse dormida. 

Reprodujéronse en su su(!ño los fatigosos pensa- 
mientos do la velada. Apenas cerró los ojos cuando 
reapareció ante ellos Angelina meciéndose en el aire 
envuelta en las blanquísimas ropas de la primero co- 
munión, como su naadre la pintara, con la cabeza er- 
guida, ceñida su rubia cabellera con una guirnalda de 
rosas, blanco como la nieve su rostro, con un crucifijo 
que acercaba á sus labios, y que dirigiéndose á ella la 
decía con blandas palabras y cariñosa sonrisa mos- 
trándola la cruz: 

— ¿Por qiré te desesperas? Confia en este. 

Matilde intentaba besar el Cristo, y los esfuerzos 
que para ello hacía la despertaron. 

Presa de nuevos afanes que batallaban en su áni- 
mo, ]iero con algún consuelo, esperó el próximo día, 
ya dispuesta y resuelta á cuantas novedades pudieran 
sobrevenir. 



IV. 



EL PKIMER PASO. 



Todavía no despuntaba el alba, cuando Matilde al 
oír las primeras campanadas de la parroquia, envol- 
vióse en un abrigo oscuro en forma de capa, encami- 
nóse vía recta al templo y peneti'ó en la sacristía. 

Era el párroco un anciano venerable de cerca de 
ochenta años, de rostro rubicundo y tan vigorosa 
imaginación, como si solo contara cincuenta, de tan 
metódico género da vida que un día no se diferencia- 
ba de otro en un ápice. Contemi)l;íbanle sus feligreses 
desde tíenq)o inmemorial subir al altar antes de ama- 
necer todos los dias para comodidad de los criados y 
operarios, que acudían á la iglesia en gran número an- 
tes de ir á sus quehaceres, y concluida la santa misa 
se colocaba en el confesonario. 

Revistiéndose estaba cuando llegó Matilde y tenia 
ya puestas el all)a y la estola, mas cuando observó 
delante de sí aquella elegante dama á tal hora, en tan 
afanosa actitud y procurando hablarle á solas adivinó 
que algún negocio urgente debía conducirla, y por 
primera vez en su vida prescindió de su inveterada 



^4 



costumbre, lazo señal al sacristán para que se retira- 
ra, tomó asiento ou un sillón .y acercó un escabel á 
Matilde quien con el rostro bañado en lágrimas, voz 
temblorosa, y palabras interrumpidas con frecuencia 
por los sollozos, refirióle con acento exagerado y casi 
trágico en compendio su vida, remordimientos, sueños 
y p'or fin la firme resolución de volver á frecuentar los i 
sacramentos y prácticas de la religión cristiana, y ar- 
rodillándose continuó: 

— No me rechacéis, por piedad, os lo suplico, .to- 
do lo he olvidado, y cuando pienso en recorrer mi vi- 
da, vacílame y se confunde; mi mente .. .ayudadme, 
guiad mis pasos, llevadme vos de la mano, pero que 
sea presto. . .hoy, hoy mismo ... Ciérnese sobre mi 
cabeza el extravío de mi pasada vida como una tem- 
pestuosa y oscura nube, y véola surcada por el relám- 
pago, desprenderse de su seno el rayo y . . . salvadme 
.salvadme hoy mismo. 

—Pronto será si lo deseáis de veras, hija mia, dijo- 
la con blandura el anciano, pero sentaos, os lo ruego, 
y discurramos un momento con calma. Pertenecéis en 
la actualidad á la compañía de cómicos que trabaja 
en este teatro, ¿no es cierto? 
-¡Ojalá no lo fuese! 
— Pues bien, con.siderad, hija mia é hija deDios, 
que en esa profesión no puede robustecerse ni fructi- 
ficar la conversión. ¿Tendríais inconveniente vi os per- 
judicaría abandonarla? 

¡Oh! es imposible, señor cura," de todo punto im- 
posible. Mi padre me obligó por un conti-ato firmado, 
de cuyo cumplimiento soy responsable. Solo el autor 
de la "compañía, (pie es el otro contratante y parte in- 
teresada podría invalidarle; pero estoy segura de que 
bastaría hablarle de ello para enfurecerle, y adeuüís 
los tribunales y la fuerza de las leyes le favorecerían 
á él en todo y a mí me culparían. 

Ol)stáculo de consideración es el que me oponéis, 

poro á mi vez no debo ocultaros, aunque acaso vos no 
lo ignoráis, que esa vida siempre vagabunda, y ese 
trato con gente de mala conducta, joven como sois, 
os arrastrará hasta á pesar vuestro á una ruina inevi- 
table. . 

—Juróos, replicó Matild-> temblando como la hoja 
en el árbol por su excesís .i (conmoción, que excepto 
las horas de ensayo y de i-epresentacion de que no 
me es dable prescindir, vivo tan retirada en mi casa 
como una religiosa en su celda. Juróos. . . . 

—Despacio con los juranurntos. C'oncédoos que sea 
todo como decís: pero aun queda esa hora fatal de la 
escena, y ¿cómo la concí haréis con los preceptos de 
la ley do. Dios? 

— 'iliíchazaré sin vacilar todo papel que contenga 
la mas leve ínmoraHdad, y en cuanto á los honestos 
los ejecutarí' con tal dignidad, (JUcí ni una acción, ges- 
to ó movímicíntos trai)asen los límites de la mas se- 
vera decencia. No dudéis de que llevaré á cabo esa 
resolución, pues se me figura que me anima una fuer- 
za superior y que una voz interna me dice: "Lo cum- 
plirás." ^ . 

—También esc es un paso decisivo hacia vuestra 
salvación y por rl me congratulo con vos, ir.i buena 
hija. Con todo, aun falta una cosa para que me decida 
á admitiros ií los santos sacramentos. 
—¿Cuál? 

—Oídme. Sois joven, lozana, do exaltada imagina- 
ción, y además dotada iior Dios do agraciada y gentil 
figura, el espejo os lo dirá cien veces y otras ciento 
O.S lo repetirán' las pasiones, y escrito está en los sa- 
grados libros de la palabra d(í Dios (pie en mujer do 
s)bi-j.-ii!ÍMnte hermosura no delu- el liKinluc lijar una 



ojeada deseosa. Deberíais, pues, poner vuestro mayor 
conato en no prestar ni ofreceros como incentivo de 
los culpables desvarios de vuestros prójimos, y eu 
vuestro arte precisamente ejecutáis lo contrario, y 
hasta me atrevo á decir que hacéis veces de fuelles 
soplaiul ) el fuego y atizando la llama donde solo hay 
brasas. Diréisme que no es tal vuestra intención, qiio 
o.í pesa y que protestáis de todo corazón contra cual- 
quier clase do deshonestidad, y aplaudo y elogio tan 
buenos deseos, pero ¿de qué sirven ellos cuando el ar- 
te es tal que por sí propio pone en gravísimo riesgo á 
la virtud y tienta al i)ecado? ¿Ignoráis que una belle- 
za, un encanto mostrado por un momento y como ye- 
lado tiene con frequencia el poder de fascinar los ojos 
y aprisionar el corazón? ¿Ignoráis que en semejante 
peligroso abismo suelen á veces caer personas graves 
y de sólida piedad? Y siendo vos moza y bella, vesti- 
da con extremado artificio, peinada con exquisita ha- 
bilidad y ricos tocados, presentándoos con movimien- 
tos y actitudes seductoras, eutie las ilusiones escéni- 
cas y expresando con suaves modulaciones de voz y 
apasionado acento todos los extravíos de la pasión 
¿pensáis que no serviréis de estímulo harto funesto 
por desgracia? Considerad que pasáis en tales actos 
horas enteras delante de multitud de mozos de ima- 
ginación ardiente, loca, exaltada, ebrios de pasiones é 
incapaces do circunspección ni miramiento, y que ni 
á vos ni á ellos os salvará vuestra intención. Si noso- 
tros, sacerdotes de Dios, fundándonos en las eternas 
doctrinas predicamos de continuo que se hallan en 
inminente riesgo de perdición las damas que frecuen- 
tan tertulias y saraos donde por lijereza solo se ha- 
bla do futilidades, y donde en realidad solo llevan el 
objeto do sfer miradas y admiradas; si nos afanamos 
por inculcar á las jóvenes que con una leve libertad, 
con prestar oído fácil á requiebros y galanteos expo- 
nen su al alma á una mirada ó á un sus])iro de cual- 
quier mancebo atrevido, ¿(pié deberá decirse de quien 
por profesión se exhibe todas las noches en tan peli- 
groso espectáculo? Porque, habhnnos con franqueza, 
esos pretextos de tertulias, de baili!s y comeilias, solo 
son en realidad ardides para galanteos cubriendo las 
apariencias; creedme hija mia, tengo los cabellos blan- 
cos y mas de medio siglo de experiencia de las huma- 
nas debilidades, y no ignoro que algún hombre y á 
veces también mujeres sobrado buenas suelen salir 
sanos y salvos de ese piélago; pero los mas naufra- 
gan: así es que el que está expuesto á marcarse no 
debe aventurarse entre las olas, ni menos debe permi- 
tírsele quo incite á otro á correr la borrasca. Aten- 
ded, pues, con cuidado mí consejo, que espero será (-1 
mas prudente y acertado en semejante circunstancia. 
Vuestra profesión, aunque no esencialmente mala, ni 
de todo punto desesperada de salvación, es no obs- 
tante demasiado arriesgada y vos además sobrado 
ji')ven y falta de experiencia, por lo que, aun sin ad- 
vertirlo derramáis lava ardiente de voluptuosidad en 
el pecho de lo.s que os admiran y aplauden con tanto 
frenesí, como no ignoro sois aplaudida y admirada: si 
deseáis salvar vuestra alma, debéis poner todo vuestro 
conato en separaros de esa compañía y romper del 
todo con S(>mojante profesión. Si desde hoy, si desdo 
este instant(> formáis el firme ])ropósito de verificarlo, 
aunque no al pronto, cuando so os presente cualquie- 
ra ocasión, os hallareis como anheláis en el camino 
de la salvación desde el ]ninto en que forméis ánimo 
decidido y no os apartéis de él un momento. 

í Se continuará. ) 




fíEYISTA CATOL 

PERIÓDICO SEMANAL. 

Se publica todos los Sábados, en Las Vegas, N. 



Año m. 



20 de Enero de 1877. 



Núm. 



NOTICIAS TERRITORIALES. 



I^'uevo Méjico. — Habíamos anunciado que el 
Si*. Arzobispo iba en visita pastoral por las plazas de 
Rio Abajo. He aquí lo que nos escribe un Padre de 
Albuqiierque que acíompañó á su Señoría en el viaje. 
"El lunes 1° del año después de haber celebrado la 
Sta. Misa salimos de Albuquerque para la Isleta, to- 
mando el camino de Tomé. Pasando el rio en frente 
de la Isleta, se atascó la carretela, ni fué posible sa- 
lir del atascadero antes que el Padre Parisis enviase 
algunos Indios, que, después de haber nosotros sali- 
do del carruaje, lo sacaron á fuerza de brazos. Jue- 
ves Su Señoría dijo Misa y administró la Confirma- 
ción en los Ranchitos. Viernes, Misa y Confirmación 
en la Polvadera; y sábado, fiesta de los Reyes, en el 
Limitar. Después de medio dia, salimos para el So- 
corro, donde Su Señoría fué recibido procesional- 
mente por el Señor Cura-Párroco el P. Benito, y un 
buen niimero de gente. El Domingo el Sr. Arzobis- 
po celebró la Misa Pontifical, asistido por mí como 
diácono, y por el P. Benito como subdiácouo. Des- 
pués del Evangelio, Su Señoría pronunció un elo- 
cuente discurso adaptado á las circunstancias, y des- 
pués de Misa administró la Confirmación á trescien- 
tas personas. Hoy ( 9 de Enero) salió Su Señoría 
parg, el Paraje, ni volverá antes de ocho días." 

NOTICIAS NACIONALES. 



listados lliiidos. — La comisión para examinar 
los reclamos entre los Estados Unidos y la Repiíblica 
de Méjico se ha separado, después de haber hallado 
que el Méjico debe á varios de los ciudadanos de los 
Estados $4,064,534, mientras que los Estados Unidos 
deben á varios ciudadanos de Méjico $ 89,411. Ya 
se empieza á hablar mucho de esta deuda del Méjico 
á los americanos; y no es improbable, vista la condi- 
ción de aquel país, que Chihuahua y Sonora serán 
sacrificadas para pagar esos cuatro millones. 

Cuanto á la elección del Presidente hé aquí lo que 
hallamos en el Irish Wnrld que en toda esta disputa 
se mostró contrario ya sea á Hayes ya á Tilden. 
"Los prospectos de Tilden se hacen mas y mas cla- 
ros: y otros además de sus secuaces consideran ahora 
su elección como pasablemente cierta." 

Leemos en el New York Tablet : "Con respecto al 
progreso de la Iglesia católica en América, se consta- 
ta que hace cien años no había mas de 25 Sacerdotes 
en los Estados Unidos de América: en 1800 se supo- 
ne que había 40. Este número llegó á 232 el año de 
1830, y á 890 el año de 1848. En diez años de 1862 
á 1872 el número de los Sacerdotes creció de 2,317 á 
4,809. En 1875 según las estadísticas oficiales dt las 
diferentes diócesis había 5,704 Sacerdotes, y 1,273 
estudiantes eclesiásticos; con 6,528 Iglesias ó Capillas 
católicas. En el mismo año habia también 33 Semi- 



narios de teología, 63 Colegios, 557 Academias, 1,045 
escuelas Parroquiales, 214 Asilos y 96 Hospitales ba- 
jo la autoridad del Cloro católico de los Estados Uu'- 
dos. 

Colorado. — Leemos en el Exjjiorador de Trini- 
dad que se propuso en la legislatura un bilí para abc- 
lir la pena do muerte por humicidios voluntarios. El 
bilí no paso, pero estamos segi;ros que acabará per 
ser adoptado: y lo que nos lo hace creer son las razo- 
nes, que los defensores de la pena capital han aduci- 
do para rechazarlo, según las refiere el mismo Expk- 
rador. Basta decir aquí, que la Sociedad no tiene 
derecho á condenar á muerte al homicida por razo- 
nes de utilidad: sino por razones mucho mas eleva- 
das de justicia, que no tenemos lugar de enumerar 
aquí. Si la utilidad fuese la razón, bastarla conde- 
nar al homicida á cárcel perpetua, y tomar precaucio- 
nes para no dejarlo salir de ella. 

Del mismo Explonulor copiamos lo fluiente: "He- 
mos sabido que muchas familias mejicanas han sali- 
do del Condado del Saguaclie para Nuevo Méjico á 
causa de la admisión de Colorado como Estado .... 
¡Mala noticia!" 

Nos informan los periódicos de Colorado que una 
compañía de Trinidad mismo se propone continuar 
el camino de hierro del Moro á Trinidad. 

IlliiioÍ!<i.-"El famoso misionero Metodista Moody 
ha hallado en Chicago una muchacha do 15 años, de 
buena inteligencia, la que nunca había oído mentar 
el nombre de Jesucristo, si no fuese en blasfemias, 
sin saber quién era." {Irisli World) — ¡Solamente una! 
acaso ¿no sabia Moody que este era país de Protes- 
tantes? 

A propósito del famoso misionero que evangelizó 
Chicago, se dio últimamente un baile en esa ciudad, 
y la pieza de música mas aplaudida en él tenia por tí- 
tulo Moodtj (t- Sanl'eij pot-'ponrri, lo que no era otra 
cosa sino una mezcla de las tonadas de diferentes 
cánticos, que se cantaban en tiempo de misión. ¡Has- 
ta los bailes de Chicago han sido santificados por 
Moody y Sankey. 

Ohio. — El Arzobispo de Ciucinnati, Mñr. Purcell, 
ha dado el magnífico reloj de oro, que le habían rega- 
lado en ocasión de su jubileo, al Asilo do Cummings- 
ville. 

Massachais.seíís.-Una goleta pescadora á prin- 
cipio de este mes se vio obligada á volver al puerto 
Eor una aventura muy singular. El buque estaba so- 
re las anclas, cuando una ballena, no se sabe cómo, 
acercándose al cable, este se entrelazó con su cola, y 
sacudiéndola el animal para librarse, se quedó fija- 
mente enredado. La tripulación no se apercibió del pe- 
ligro sino cuando el buque se vio iaiprovisamente re- 
molcado por la mar con uña velocidad de diez á quin- 
ce millas por hora. La ballena se alzó fuera del agua 
mas de una vez, y en ñn rompiendo el cable se liber- 
tó, llevándose unas 140 brazas. Si el monstruo hu- 



-26- 



biese tenido libre el uso de su cola, \)oy cierto que a- 
cababa con la. goleta. 

li'iiisiíiam. En esto Estado como eu Sonlh (Jaro- 
Uii'i hay dos ffol)eriiadore3 con dos senados y dos le- 
gislaturas; XiclioUs es el gobernador demócrata, y 
Packard el gobernador republicano. Cuanto á los 
electores presidenciales lié aquí lo que dice el Propa^' 
qiih'irr ('hUká'kiuc, periódico demócrata de Nueva Or- 
ieans. "Por lo que tiene relación á la política nacio- 
nal, no hay otra cosa que hacer, sino esperar que los 
Estados del Norte y del Oeste mantengan nuestros 
dcrííchos. Nosotros (los de Luisiaiía) hemos cum-^ 
plido con nuestro deber. La Luisiana ha dado su 
voto íí Tilden, y este voto lo ha elegido para la Pre- 
sidencia. No podemos imponerlo co]i la fuerza. Pe- 
ro si el Norte y el Oeste necesitan nuestro a2)oyo, es- 
tamos pi'ontos La política nacional no nos in- 
teresa sino indirectamente; al par que la política lo- 
cal nos int(n-osa personalnurnte. Tenemos que abste- 
nernos de cuidquiera iniciativa con respecto á los de- 
rechos de Tilden; pero emplearemos los medios mas 
eficaces para que sobresalgan los de Nicholls, etc., 
etc." Estas palabras confirman mas y mas lo que ya 
habíamos dicho — Hayes será Presidente, aunque sea 
evidente que Tilden haya sido elegido; — y no habrá 
otra refriega que la de palabras en los periódicos. 

W^ííiitaías'. — Los mineros que se han dirigido 
á Black Hills, fueron tantos que se agotaron los ve- 
cursos del país para sustentarlos, y hay ahora sola- 
mente en Deadwood tres ó cuatro jnil de ellos sin ocu- 
pación y sin modo para pasar este invierno. Lo mis- 
mo sucedió en las famosas minas de S. Juan en Co- 
lorado. Pavttífc que cuando se trata de oro, pierden 
los sesos no pocos de los americanos del -Este, cre- 
yendo todo lo que escriben los periódicos como si 
fuesen un quinto evangelio. Lo peor es, que sin sa- 
ber nada de las condicionos de este país, venden todo 
lo que tienen en los Estados, y vienen aquí con todas 
sus familias. Conocemos muchos hombres y familias 
arruinadas de esta manera. 

NOTICIAS EXTRANJERAS. 



BS.4»iifiSíS. — El Papa dio últimamente una audiencia 
á algunos misioneros de la Congregación do 8. Eran- 
cisco do Sales, los que se preparaban á salir j^ara la 
América del Sur. Eran tres grupos; el primero des- 
tinado á Buenos Aires, superior el P. Bodratto. El 
segimdo capitaneado por el P. liemotti era destinada 
para S. Nicolás. El tercero, con su superior P. Le- 
sagna, se dirigía para Montevideo. El P. Santo que 
había estado en otro tiemjw en todas estas tres cui- 
dades, habló de ellas á los nuevos misioneros, y les 
dijo que podían hacer allí muchísimo bien. 

Leemos v.w el Nnv YorL- I/c-ttlil la siguiente anéc- 
dota del Padre Santo. "No hace mucho oíamos re- 
ferir una ocurrencia de Pió IX do la que parece sa- 
carse una bucjia lección moral. Pasando por una sa- 
la del Vaticano, observó un joven estudiando atenta- 
mente una pintura de llafael que estaba allí. ¿/'Jn i'. 
lili iliscípiíli) lie Id Acdileiiiia de piíitard, hijo iii'ki? lo di- 
jo el Papa. No Padre Sanio, replicó el joven, aoij iiiui/ 
'jiohrc para cs/o. l'aija í'd. yí/v;/í/o, le dijo entonces el 
Papa, (': /«.víVí7>'/w cu la Academia, i/iic ijo paijaré los 
(jadas. Pero Padre Sanio, dijo hesitando. el joven, i/o 
noi/ Prolesfauk: ¿Y que? contestó el Papa,^;('.s' /;o./' ven- 
tura el ncrioeio de la Academia el ver .sf d diseipuh es ó 
no Prule.stand'? La Acailenfia se esfaOkció jiara los ar- 
tistas, \'d. lo es, !/ cslo hasta.'" Añudo e\ Jle raid: Estos 
son los hechos ])or los cuales el mundo eijtevo desea 
(|ue viva Pío. iX cien años mas. . . 



El difunto Duque de la Galliera, Ibifael de Ferrari, 
ha expresado ásu no1)le señora el deseo de que se en- 
viase un millón de I i re (S-20O,0üOi al Padre Santo; lo 
que la Duquesa se apresuró en realizar. 

AE<Miíiiití:i. — El famoso predicador y escritor Dr. 
Emanuel Veith murió eu Viena el 6 de Nov. pasado 
á la edad de 88 años. Era el mas. elocuente eclesiás- 
tico que en este siglo hablara la lengua alemana. Por 
muchos años había ocu))ado el puesto de predicador 
en la corte de Yiena, y durante la cuaresma los sa- 
bios mas afamados se juntaban en la Capilla imperial 
para oirle. En los últimos años de 'su vida el Eev. 
Veith no pareció mas en público, causa el haber per- 
dido la vista. El era un judío convertido, y un doctor 
en su juventud. 

Iii;;'lsií('i*i*ii. — Con mucho gusto leemos en los 
periódicos católicos la próspera condición del Colegio- 
Universidad de Kensington. Los católicos de In- 
glaterra después de haber establecido en cada parro- 
quia escuelas primarias, y teniendo ya diferentes co- 
legios, empezaron hace tres años una Universidad ca- 
tólica para los estudios superiores. El que mas tra- 
bajó en esta empresa fué el infatigable Card. Man- 
ning. Mñr. Capel es el Eector de la Universidad, la 
que por ahora consiste en un solo Colegio. Este al 
principio tenia apenas 17 estudiantes. Ahora cuenta 
41. Es fácil imaginar los gastos de dinero para dar 
principio á esta obra: pero no faltó el favor de ios ri- 
cos católicos. Este Colegio no podrá mantenerse 
por sí, si no llega á contar á lo menos 100 estudian- 
tes: y sin duda alguna la naciente Universidad llega- 
rá en poco tiempo á este número. Los catedráticos 
son escogidos, eminentes en ciencia y conocidos ya 
como tales, p. e., Paley, St. George Mivart, Biiift'. 
Con la Universidad se ha f andado una escuela prepa- 
ratoria, que cuenta ya mas de 70 estudiantes. Es- 
peramos que cuando llegue el día (y no puede tardar 
mucho) en que la Inglaterra sea otra vez una nación 
católica, se halle con su Universidad, Colegios, y es- 
cuelas parroquiales, ya preparadas de antemano por 
el celo del infatigable clero católico. 

En vista de los eventos que se preparan en Oriente, 
no será desagradable el conocer lo que los Busos 
piensan acerca de la fuerza militar de la Inglaterra. 
El Jíusski Mir, diario ruso, dice: "La Inglaterra pue- 
de gloriarse como quiera de su fuerza militar, la cues- 
tión es si ])uede entrar en lucha con la Busia por la 
ejecución de un objeto político cualquiera. Inglater- 
ra es poderosa en mar, pero muy débil para pelear 
por tierra. Nosotros podemos dejar la mar á la In- 
glaterra', y entretanto destruir los Turcos en el conti- 
nente, ó dejarlos que se escapen sobre buques ingle- 
ses. Nosotros de Persia ó de Khokand iiodemos in- 
surreccionar las Indias, y destruir el comercio inglés 
con pocos cosarios, miíaitras que los grandes buques 
se esforzarém en vaiu) de i)enetrar en los puertos del 
Mar Negro y del Báltico, tan inertemente protegidos 
por torpedü.s. Nuestras comunicaciones por ferro- 
carriles harían ahora tan impracticable un desembar- 
co de tropas inglesas eu Busia, como lo es un desem- 
barco de tropas rusas en Inglaterra. En breve, la 
Inglaterra no nos puede hacer daño ninguno mientras 
que no tenga un aliado en el Continente; y esto alia- 
do la Inglaterra no lo hallará, porque de una parto 
el régimen napoleónico ha caído en Francia, y de la 
otra parte importa mas á las potencias de Eiu'opa 
mantenerse entre sí eu buenas relaciones, que aliarse 
con una nación comercial." (iravcs y verdaderas son 
estas roilexiones, y no nos extrañaría ver á la Ingla- 
terra humillada, y pagando la i)ena de su malvada y 



-^I-^ 



egoística política, que ejerció por tantos años contra- 
las naciones de Europa. _ ; ■ - 

Itiasisa.^- Además' de los griegos cismáticos, hay 
en Ensia los griegos católicos, unidos á la Silla de tí. 
Pedro. El gobierno ruso hizo lo posible para conver- 
tir esios griegos unidos, es decir, para separarlos de 
Ebma. De contado, se usaron medios violentos, y 
medios de seducción, que son los solos al alcance de 
los falsos apóstoles. Mas, no pocos de estos conver- 
tidos procuraban que se bautizasen sus niños en se- 
creto, según los ritos de la Iglesia Komana. Delito 
f aé este horrible á los ojos del gobierno Euso, y se 
procedió luego al castigo. Pero el número de los reos 
es tan crecido que fué preciso establecer un nuevo 
tribunal excepcio'nar para tratar estas causas. La 
pena según el código ruso es de nueve á- diez .y seis 
meses de cárcel. Esta ley será puesta en vigor, se- 
gún se dice, y el tribunal de Varsaw juzgará estos ca- 
sos, — Los católicos de Eusia deben prepararse para 
otra persecución. — ' ' _ _ 

El hombre mas ocupado en toda la Eusia es el 
Príncipe Gbrtschakoff el primer ministro, ó canciller 
del imperio. Se levanta á las seis, y se ocupa de su 
correspondencia hasta las ocho. Su secretario le lee, 
ó analiza los mas importantes artículos de los perió- 
dicos de Europa. A medio dia toma su almuerzo, y 
hace ún paseo por una hora.' Eecibe las visitas des- 
de la una hasta las' cuatro, contesta á las cartas de las 
cuatro hasta las ocho: come y gasta la tarde en el 
cottagc- de la Imperatriz. La correspondencia mas in- 
teresante del Príncipe es con las Señoras rusas que 
salen para países extranjeros. A cada una de estas, 
al salir de la Eusia, pide el Príncipe que no falte de 
escribirle á menudo, y decirle lo que ellas vean ú oi- 
gan. De esta manera no puede faltar el canciller de 
saber todos ios pormenores de la historia pública, 
privada y secreta ele Europa; porque sabido es, que 
no hay como los ojos y los oidos de las mujeres para 
saberlo todo. 

A'i'33ai?5ala, — Poco después de la interrupción del 
Concilio Vaticano, un cisma entre los católicos Árme- 
nos había separado no pocos de ellos do la Silla de 
Eoma y de su Obispo. Ahora se nos da á conocer 
con g.usto, que esos desviados han vuelto á la Unidad 
católica, y han reconocido Mur. Melchisedechiau co- 
mo su legítimo Obispo, á quien han restituido la 
catedral, iá escuela y su palacio episcopal. 

dalíís, — La última batalla entre el ejército espa- 
ñol y los insurrectos de Cuba tuvo lugar cerca de un 
campamento fortificado. El ejercito español se com- 
ponía 15,000 hombres, el de los insuigentes de 10,000. 
Estos salieron victoriosos habiendo los españoles per- 
dido 3,000 hombres entre muertos, heridos y extra- 
viados. 

Cstsafaílé. — Se dio en este país últimamente un 
ejemplo de independencia j de justicia, que mientras 
servirá á tener en freno las pasiones del país podrá 
servir como modelo en todos los tribunales de esta 
república, en la que tanto se jacta la igualdad de to- 
dos ante la ley. Los tribunales|canadeses han últi- 
mamente condenado á muerte, y subsecuentemente 
modificado la sentencia en la de encarcelación á vida 
á uü cierto Jame Uyan, un ricacho de $ 1,200,000 
por haber matado á su mujer mientras que estaba en 
estado de embriaguez. Eesidia este hombre en Pe- 
terboró en la provinóiade Ontario, y habiendo llega- 
do á' Sii mayoría había recibido de su padre un millón 
en oro. El joven después de haberse ocupado en ne- 
gocios de tenería, invirtió su caudal en solares en las 
ciudad.es.de Chicago, S. Luis, Niieva York, y otros 
lugares á precios muy reducidos, lo que pudo hicer, 



gracias á una baja general en el comercio en 1857. Su 
propiedad le frutaba una buena renta, y por colmo de 
US buena fortuna pudo vender sus solares de Chica- 
go á muy buen precio antes del famoso incendio de 
esa ciudad. De esta manera doblando sus propieda- 
des se pudo considerar como uno de los mas ricos en 
Canadá. Hace ocho años se casó con una rica y cum- 
plida Señora de Montreal. Todo iba bien y próspe- 
ramente, cuando al principio de 1875 empezó á darse 
al vicio de la endjriaguez, el cual creciendo empeza- 
ron los acostumbrados síntomas de delirio trémuL). 
El dia ocho de Mayo, después de haber bebido una 
buena dosis de whiskcij fué á su casa, y llamó á su mu- 
jer. Se acercó esta al borracho con alguna hesita- 
ción, mientras que los niños estaban en el mismo 
cuarto, y le puso el brazo al rededor del cuello; cuan- 
do de improviso, levantándose el borracho le dióuua 
puñalada en el corazón con un cuchillo de curtidor, 
que llevaba consigo. Los mejores abogados tentaron 
libertarlo con la sólita escusa de locura, pero no les 
valió. El Tribunal decidió que cada borracho era re?;- 
ponsable de los delitos cometidos durante su embria- 
guez. El jurado le encomendó á la clemencia de los 
jueces.; pero Eyan fué condenado á muerte el 22 de 
Nov. do 1876. "^ Y si se conmutó esta pena con la de 
prisión perpetua, lo debe á una peticiou que enviaron 
los habitantes de Peterboró — La moral de este cueu- 
tj puede ser esta. Pongamos que un hombre de los 
mas ricos de "Nuevo Méjico cometa un delito en lus 

mismas circunstancias del dicho Eyan pero yo, 

nuestros lectores nos han prevenido: este tal se pa- 
searía ahora por doquiera, y los alcaldes, jueces, abo- 
gados y alguaciles serían los primeros, á descubrirse 
delante de él. 

aira:=<ii El 21 de Octubre, el Sr. Obispo de E'o 

Janeiro habiendo subido al pulpito en la Iglesia de 
Santa Eita y comenzado su sermón, fué obligado á 
interrumpirlo. Algunos malvados le lanzaron pie- 
dras sobre el misino pulpito, sin que la policía haya 
hecho nada para impedirlo, aunque la hubiesen pre- 
venido. 

MISCELÁNEA. 



Creemos que lo siguiente interesará á nuestros a- 
gricultores. La cultivación do las betarragas [bda re- 
lés) para sacar azúcar ha tomado en Europa tales 
proporciones, que causa ya una pérdida inmen- 
sa á los que cultivan la caña de azúcar en Cuba, no 
obstante los gastos enormes que so hacen en máqui- 
nas y trabajo para sacar de la caña a_zúcar de clase 
superior. Pues bien; no hay tal vez tierra mas pro- 
pia para las betarragas como esta, y en ninguna par- 
te se da esta rtiiz tan gruesa, ni tan azucarada como 
aquí. Estamos seguros, que si la betarraga está des- 
tinada á tomar unlugar importante en el comercio, esle 
país ganaría mucho en agricultura y en riqueza. 

El Sr. Obispo de Eochester N. Y. haciendo alusicu 
á los catóUcos que por timidez abandonan sus dere- 
chos de ciudadanos, dijo en su reciente discurso: 
'Combatiendo como conviene á su ciudadano Ameri- 
cano, por derechos que Dios mismo nos da, no convie- 
ne recurrir á medios y expedientes indignos de un hom- 
bre libre, que vive en un país libre. Pero no debe 
tampoco el ciudadano descuidar sus derechos por 
miedo de los clamores, los insultos, jas calumnias y 
las amenazas de los que tienen opiniones diferectes. 
Nosol^ros (los católicos) nos hallamos en la posición 
que ocupamos, mas bien por nuestro propio descuido, 
que por falta de nuestros conciudadanos acatólicos." 



-^8 



21. 



'2:t. 
25. 

2(;. 



8ECCI0N RELIGIOSA. 



CALEXDAIIIO RELIGIOSO. 

ENERO 21-27. 

Doutinijo III iks-pi'c.i (Ifí Epifanía — Santa Im's, Virgen y SIártir. 
SiUi Fructuoso, Obispo y Mártir. 

Dirics -Sun Vicento, Diácono y Mártir. San Anastasio Monje 
y Mártir. 

MdrUs S.-vn líaiminulo do Peñafort, Dominico. Santa Emc- 
rcncian:i, Virj^'fn y JiL'irtir. 

Micrcohs-'^an 'l'iiiiottp, Obispo y Mártir. S. Feliciano. Obsp. 
</i(ei'<.í-La Conversión de San Pablo. San Ananíns. 
ne/-n(í!~ San Pollrarpio, Obispo y Mártir. Sta. Paula, Viuda. 
27. Si'iIkkIo - San Juan Crisósfonio Obisj'o 3' Doctor do la Iglesia. 
Santa Angela Mcrici, fundadora de la.s Ursulinas. 

SXia VICENTE, MÁRTIR. 

No solo en España, sino en todo el orbe cristiano, 
es cólübre el non;!bro de Vicente, uno de los mártires 
mas insignes que padecieron por la i6 de Cristo en 
los primeros siglos de la Iglesia. Nació en Huesca, 
y educóse en Zaragoza al lado del santo Obispo Va- 
lerio, que le ordenó de diáaono y le destinó á ejercer 
el ministerio de la predicación, al que él por su ex- 
tremada edad no podia ya atender. En esto llegó 
á Zaragoza el gobernador Daciano, uno de los que 
han dejado mas memorable su nombre en España 
por las crueles persecuciones que en ella levantó con- 
tra los cristianos. Supo de Valerio y de su diácono 
y predicador Vicente que eran los mas distinguidos 
entre los fieles de aquella ciudad, y los puso presos, 
y los llevó consigo á Valencia después de haber he- 
cho grande estrago en los cristianos de la capital de 
Aragón. Allí mandólos conducir á su tribunal el im- 
pío juez, y fijándose mas en Vicente, cuyo juvenil ar- 
dor habia excitado mas su crueldad, después de ha- 
ber desterrado á Valerio, resolvió descargar en su fiel 
diácono todo el furor de su cólera. Hízole desnudar, 
colgar de un alto madero, estirarle con tornos los pies 
y descoyuntarle los huesos, rasgar sus carnes con gar- 
fios, aljrasarle los costados con planchas ardientes, 
y rociárselos luego con sal para aumentar el horrible 
dolor. En medio de tales suplicios sonreía dulcemen- 
te nuestro valeroso atleta,y mofábase de sus ver- 
dugos. Restituido á la c<xrcel, sanóle milagroAa- 
mente el cielo. Conducido otra vez al juez, intentó 
este vencer su constancia por medio de los regalos, á 
cuyo fin le hizo acostar en una cama blanda v hala- 
garle allí con extraordinarios ofrecimientos' Mas 
Dios, que habia visto la fidelidad de su héroe, envióle 
allí la muerte que no le habia concedido en medio de 
los mayores tormentos. 

La ie por la cual tantos suplicios arrostró el insig- 
ne español Vicente, encuentra ho)' entre los descen- 
dientes de la misma raza, quienes de ella se aver- 
güencen y la abandonen por una palabrilla de burla, 
por un qué dirán, por un respeto vano á Ips preocu- 
paciones de los impíos. No nos avcrgüeuce nuestra 
fé. Sonrójenos mas bien nuestra cobardía. 



REVISTA CONTEMPORÁNEA. 

rublicamos, (juizás un poco larde, el sip;uieiite 
(•omiiniaido, (|uc llcg(» ií nuestras manos la sema- 
na pasada, después de impreso el periu'dico, co- 
mo se verá por la misma (eeha. 

San Mij;iicl \'.) de lulero i]c 1S77. 

Nosotros abajo lirmados, á (jiiieiics el rumor 



j)úblico pono en el número de los miembros de 
la comisión de Escuelas del condado de Su. Mi- 
guel, protestamos contra el aviso contenido en el 
No. del 6 de Enero 1877 del Anunciador de N. 
Mej., firmado por los señores E. Romero, J. 
Santos Esquivel, Feo. Abreu, B. Jararaillo,. L. 
Sánchez. La causa por la cual no nos hemos 
reunido al principio del año nuevo, como lo re- 
quiere la ley, para tratar sobre asuntos de las 
Escuelas públicas de este condado, no ha sido 
otra que el no haber recibido Notificación oficial 
si verdaderamente hacíamos parte de dicha comi- 
sión. Los pasos dados por los SS. arriba men- 
cionados, en llamar ájuutalos habitantes del 
Condado, con el fin de acordar sobre dichos ne- 
gocios de escuelas, los contemplamos como una 
intrusión y un desprecio hecho á nuestro carác- 
ter oficial de comisionados, si verdaderamente el 
Pueblo nos ha escogido para ese destino. 

AxTO. Baca y Baca, 
i'íí^ Juan B. Fayet, 

Cura-Párroco de S.1\Iiguel. 
Cuando llegó esta protesta la junta se habia 
3'a verificado. Probablemente aquellos Sres. no 
tuvieron conocimiento de ella antes; ya que el 
solo Advertiser habia dado la noticia. De esa 
junta hablaremos mas abajo. 



Moody y Sankey, sépanlo los que nunca oye- 
ron de ellos, son dos afamados ministros Meto- 
distas, y dos genios monstruosos. LTuo es una 
raridad en el arte de la elocuencia; otro un por- 
tento en cantar cantinelas de Iglesia. Los dos 
se propusieron pocos años atrás de convertir el 
mundo encenagado en los vicios y en la maldad. 
Y así, uno ¿antando, y otro retronando de los 
pulpitos, empezaron á recorrer el país de cabo á 
rabo, levantando por doquier un entusiasmo que 
raya en lo frenético. En llegando ellos á una de 
las populosas ciudades americanas, luego retum- 
ban los diarios de sus glorias y loores; inmensos 
cartelones cubren las esípiinas de las calles, a- 
iiunciaudo en letras de pié y medio los nombres 
de }tIoody y Sankey; se apiña para oírles la gen- 
te en número sin cuento: Huye el dinero derra- 
mado á cántaros, y cae con un suave retintín en 
el hondo bolsillo de los dos ministros y de los 
emi)resaríos de la misión; todos, predicantes y 
auditorio, se (¡uedan muy contentos; y. . . .san- 
tas pascuas. Despertar la íé, corregirlas cos- 
tumbres, alentar á los ílojos, imprimir en l;\s mu- 
chedumbres el carácter religioso (pie resulta de 
la viva aprehensión de su destino sobrenatural 
en la tierra, son cosas que no entran (piizá en el 
f)rograina de Moody y Sankey. A no ser así, 
después de tantas y tan ruidosas misiones, 6 re- 
viváis, como han dado y están dando en Améri- 
ca, todo Americano de'bei-ia ser un .Mctodisla, y 
lodo Metodista un Cristiano de los tiempos de 



-^29- 



S. Pedro y S. Pablo; 6 siquiera no deberíamos 
oir á los Ministros Metodistas de Nueva York 
clamar, en acentos que os desgarran el corazón, 
"Señores, nos hundimos; no haj en qué espe- 
rar," etc., con lo demás que citamos en el arti- 
culito que sigue-. 



<«-»^ 



Sacamos del CaihoHc Review del V°- de Enero 
unas cuantas confesiones hechas por los minis- 
tros Metodistas de Nueva York en una asam- 
blea de Predicantes, que tuvieron el dia 11 de 
Diciembre. Todo descansa en la autoridad del 
Sun del 13 de Dic. El Dr. Curry, editor que 
fué del Christian Advócate, dicen que hablo de 
esta manera: "Nos vamos á pique. Muchas I- 
glesias nuestras esta'n abandonadas, los viejos se 
mueren, y los jo'venes siguen otro rumbo. Es- 
tamos en una crisis terrible, en una agonía de 
muerte por falta de dinero. Las espantosas ta- 
sas de la Iglesia oprimen el Metodismo como una 
pesadilla. Donde yo duermo, en la parte supe- 
rior de la ciudad, hay seis Iglesias de las nues- 
tras á diez minutos de distancia; cada una tiene 
menos de cien miembros, y todas están cargadas 
de deudas. El negocio es muy serio y alarman- 
te. Yo no veo esperanza ninguna.'' — Cerrar las 
Iglesias, Sr. Doctor; no tiene mas remedio. ¿De 
qué os sirven, si los viejos se mueren, y los jó- 
venes toman soleta con otro rumbo? Tras esos 
gemidos de cruel amargura siguiéronse los de 
otros ministros. El Rev. Kettcl dijo que "no 
tiene ahora ninguna fuerza vital el Metodismo, 
ninguna influencia sobre la sociedad, como la te- 
nia veinte y cinco anos atrás." Otro añadió 
que "en ciertas Iglesias metodistas se predica 
el Evangelio Metodista á los bancos vacíos." 
Pues ¿porqué no mandáis venir á Nueva York 
á Sankey y Moody? Esos señores con su fasci- 
nadora elocuencia y sus sabrosas melodías reno- 
varian en un tris la faz de la ciudad Imperial; y 
las Iglesias Metodistas todas juntas no bastarían 
para el enjambre de seres humanos que volarla 
al rededor de ellos. 



La Gaceta de Las Vegas en el número 13 de 
Enero tuvo á bien hacer la siguiente mención de 
nuestro periódico: "La Revista Católica, publi- 
cada por los Padres Jesuítas de esta ciudad, ha 
comenzado el tercer año de su existencia con el 

ejemplar de la semana pasada El papel 

está impreso hermosamente. Según que demues- 
tra su nombre, es un j)eriódico religioso, abo- 
gando las doctrinas y dogmas de la Iglesia Ca- 
tólica. Los artículos están escritos hábilmente 
y son interesantes aun á los que tienen opinio- 
nes diferentes en religión. Es un periódico que 
da crédito tanto á los Padres como al Territo- 
rio." La Gaceta es muy cortés para con noso-. 



tros. Lo quedamos sinceramente agradecidos; 
sobre todo porque habiéndonos permitido, en el 
número de que habla, hacer alguna (pie otra ob- 
servación sobre un artículo suyo, no solamente 
no lo tuvo á mal, sino que nos hace un cumpli- 
miento tan amistoso como poco merecido. 



Peligros del "Papismo.' 



^'El D)\ Cofton Sinith señala los ])eligros del Pa- 
pismoy ' Eso hallamos en el encabezamiento de 
las columnas del Herald áe\ V"- de Enero, en las 
que da el resumen, ó la flor do algunos sermo- 
nes predicados en Iglesias Protestantes de Nue- 
va York el dia postrero del año viejo. ''/Peligros 
del Papismo/''' Por cierto, nos dijimos, que no ha- 
brá nada nuevo aquí. 

¿Qué dice, pues, ese Rev. Cotton Smith? Pen- 
samos no tuvo tiempo de preparar su sermón, y 
diria quidqiiid in huccam venit. Con tal que za- 
hiriera á los católicos, no solo no rcpararia en 
la verdad, sino que ni siquiera en la lógica. 
¡Tan descabellado anda su discurso! Aquí va 
el trozo que nos da el Herald: "La base, sobre 
la cual fueron organizadas nuestras escuelas pú- 
blicas nos hubiera dado que hacer un dia que 
otro, si no hubiese venido el Papismo á nuestras 
orillas." Nos alegramos de oir de boca de 
nuestros mismos enemigos que, á no ser por la 
Iglesia católica, los Protestantes uo hubieran ni 
por pienso conocido jamás lo dañoso y ruin de 
esas escuelas ateas tan preconizadas ahora por 
aquellos gobernantes, que han olvidado que Dios 
es el dueño supremo y primer Gobernador de 
las naciones: y han olvidado asimismo las pala- 
bras em perecederas del gran AYashington que 
los legisladores no son sino "los instrumentos de 
la Providencia Divina," {Washington' s ''líonn- 
ments qf Palriotistn.'" ]). 2SS Philadelplna, 1850). 
Conque el peligro de educar á la juventud en 
escuelas sin Dios se asoma por fin á los ojos de 
los Protestantes; y eso, según un ministro Epis- 
copaliano, débese á la Iglesia católica. 

¿Qué consecuencia sacarla de eso una mente 
despreocupada y leal? Cuando menos, sacarla 
que no es la Iglesia una fuerza hostil, (¡ue ame- 
naza de disbaratar el país, y para cuya derrota 
habrán de ligarse todos los Protestantes de cual- 
quiera denominación. Pues, no. Señor; la con- 
secuencia es otra. "Pero ahora, nuestro mayor 
peligro nace de ese poder," dijo el Dr. Cotton 
Smith inmediatamente después de haber dicho, 
que aquel poder ("el papismo") fué (juien les se- 
ñaló los escollos traidores en que, á ciegas y á 
tontas iban á estrellarse. ¿Qué le haremos? A 
lo menos ¡se sirviera probar su aserto! Nada: 
estaba acaso persuadido que su auditorio jurarla 
por sus palabras; ó miró el catolicismo como al 
(liablo, que apenas le nombran, nos santiguamos. 



w- 



-30- 



Demos el resumen de sus ¡nilabras, hecho por el 
Herald, y veamos si hu}' en ellas vestif^io de una 
sola razón. "Afirmó (el ministro) que la reli- 
gión y la vida secular no pueden separarse, y 
(|uc la religión debcria constituir uno de los cui- 
dados principales del magistrado civil. Si de- 
¿«e/i/mcn'^'e concesiones al Papismo, él (Dr. Smith), 
las haria despacio. Estaba empero persuadido, 
(¡ue las usurpaciones de la Iglesia Romana ha- 
rían juntar á los Protestantes de toda denomi- 
nación para resistirla. Los derechos proclama- 
dos [)or aiiuella Iglesia de educar ú la juventud 
del país, los consideraba falsos y ajenos, anti- 
americanos y anti-bíblicos, y tales que no pode- 
mos someternos a' ellos so cuahiuier forma o' pretex- 
to." ¡Puf, y íjué arranques de co'lera, Señor mi- 
nistro! ¿Qué jM-obamos con toda esa retahila de 
jinj)roperios? Absolutamente nada. 

¡Ojalá estuviera en manos de la Iglesia católi- 
ca la educación de toda la juventud americana! 
^las que palabras se nccesitarian para probarnos 
que seria una "usui'pacion," y la proclamación 
(le un "derecho fiilso, ajeno, anti-americano, anti- 
btblico,'' etc., etc. Seria preciso demostrarnos 
con sólidos é irrefragables argumentos que á o- 
tros, fuera de la Iglesia católica, confió Jesu- 
cristo la misión sublime de "ir por todo el mun- 
do y enseñar." Pero no nos salgamos del sem- 
brado. Digamos simplemente que la Iglesia ca- 
tólica no pretende educar en su regazo á toda 
la juventud americana, sino solamente á sus hi- 
jos. Derecho que nadie podrá jamás negarle; 
derecho en cuya defensa protestará, se afa- 
nará y prodigará cuantos tesoros estén á su 
alcance, sin cejar ni amedrentarse de las vanas 
amenazas y de la liga bellaca no solo de todos 
los Protestantes, sino de todos los poderes del 
intierno. No cederá en este punto. Para los 
Protestantes se contentará con lo que ha hecho 
(y lo reconoce el Sr. Cotton Smith), señalarles el 
peligro; para con sus hijos estará firme en que- 
rerles educar á su modo. Esto es lo que os eno- 
ja y alarma, á vosotros los del cam])0 enemigo, 
y lo que llamáis "peligros del Papismo.-' 

Con cuánta razón y cordura aterrorizan 
nuestros progresos á cuantos Protestantes 
i-oconoccn todavía la utilidad de la Religión y 
de la sana moral evangélica en la sociedad, es 
cosa que no alcanzamos comprender. Tienen á 
vista el impetuoso torrente de la impiedad. Le 
ven desbordar cada (lia mas furibundo, }• ari'as- 
trar en sus olas cenagosas cuanto encuentra en 
su azaroso camino. Pero no ven que son ellos 
impotentes d(í oponerle un di(iue. Son los au- 
tores mismos (1(> tan funestos estragos, ¿ciíino, 
l)U('s, habrán de at;ijai-los? Kilos derrocaron el 
principio de la autoi'idad i'eligiosa. y levantaron 
en sn lugar la razón indi\ ¡dual. Cada cual fué 
(bvsde entonces su regla y su guia, su luz y su 
norte en el oscuro y |ieno50 camino (jue liabia 
de conducirle á su destino linal. ¡My\(^ sucedió? 



Hubo tantos caminos y rumbos, como hubo na- 
vegantes que entraron en esta mar desconocida 
y borrascosa. Dividióse y subdividióse en mil 
sectas el Cristianismo; y la obra del Dios-Hom- 
bre llegó á ser considerada y tratada cual in- 
vención humana, que cada extravagante puede 
reformar á su manera, añadiendo, (juitando, al- 
terando según sus antojos lo que de suyo debia 
ser inmudable como su Autor Soberano. Ciento 
y veinticuatro sectas diferentes cuenta eu su in- 
forme anual el Registrador-General de Inglater- 
ra, para el solo Reino Unido. ¡Doce diversas 
especies de Baptistas! ¡Trece (le Metodistas! 
¿Qué hombre sensato podrá contener la risa? A 
causa de esa asombrosa multiplicidad, el Budis- 
mo Y el Islamismo, con todas sus asquerosidades, 
imponen mas respeto aun que el Cristianismo. 
El principio de los Protestantes ha hecho ridicu- 
la la Religión de (Cristo. El Japonés y el Chi- 
no se rien con mucha sorna de lo que, con so- 
brada razón, les j)arece una arrogancia singular, 
cuando les predicamos que nuestra fé es la j)ala- 
bra revelada de Dios. ¿Quién persuadirá á un 
hombre sagaz que Dios tenga tantas palabras, ó 
que una sola palabra habló, dejando su interpre- 
tación é inteligencia á las fantasías de la muche- 
dumbre? 

De tantas religiones á no tener ninguna no 
hubo mas que un paso. Las naciones están a- 
postatando. Dícennos que los dos tercios de los 
Americanos no están l)autizados, ni se cuidan de 
serlo. Alguna escusa tendrán delante del tri- 
bunal de Dios. ¿Quién vislumbrará en tanta 
confusión y barauste á aquella única hija del cic- 
lo, cuyos reclamos no son vanos, y cuya antor- 
cha luce sí, pero "eu un lugar oscuro?" Mas si 
no los ha de justificar á los tales esa escusa, no 
serán por cierto justificados aquellos »iue en tan 
hondo báratro los arrojaron; aípiellos por cuya 
culpa entró y se apoderó del orbe cristiano eso 
desprecio de toda religión, el indiferentismo. 
Las naciones están apostatando: Alemania é In- 
glaterra siguen de cerca, si no es (pie adelantan, 
en la caida fatal, á la América Protestante. En 
18 de Marzo el Chinrii Rerkir lloraba "el rái)i- 
do descenso de la gran masa del pueblo (inglés) 
á un estado de irreligiosidad práctica no muy 
diferente del Ateísmo manifiesto." Y aunque hv 
plaga de la indiferencia ha atacado también las 
naciones católicas, sin embargo, ¡cuan lejos es- 
tán estas de j)resentar el lastimoso espectáculo 
de los j)ueblos dominados [)or el ProtestaiitiMuo! 
La masa del pueblo es allí cristiana y fervorosa; 
la.s defecciones nótanse solo en aquellos rangos 
de la sociedad inficionados del Protestan- 
tismo bajo el embozo de Liberalismo. Entre 
Protestantes, la ap(»stasía lo ha penetrado é in- 
vadiilo todo. 

Caida la Religión, tt-wlo desapareció. D(Sxa- 
fiareció la familia. El maírimonio no es ya el 
"gran sacrainenl(j ó misterio con respecto á Cris- 



31- 



to y á la Iglesia." Contad el número pasmoso 
de los divorcios, y el no menos asombroso que 
bárbaro de los infanticidios, y ved si la unioii 
matrimonial es otra cosa ya, que un enlace bru- 
tal y temporáneo. Desapareció la probidad. 
¡Qué de fraudes y dolos y robos en las transaccio- 
nes privadas }' en los gobiernos! Los empleos 
públicos son manidas de ladrones, y los ladro- 
nes caballeros honrados, y decorados en ciertos 
paises por los príncipes á quienes sirven. De- 
sapareció la justicia. Su balanza cae por donde 
se echa mas oro; su tribunal es un nombre vano, 
una burla, pavor solo de los miserables. Y mien- 
tras resuenan por doquiera las melosas palabras 
de filantropía, de tolerancia, de fraternidad uni- 
versal, desapareció el distintivo de los cristia- 
nos, la caridad. Todos los días nos horrorizan 
los diarios con el relato cruel de matanzas sin 
cuento, por causas á menudo las mas pueriles. 
No hay fiera que se abalanze á otra con arrojo 
mas repentino, que el de nuestros pulcros y afi- 
ligranados humanitarios contra la vida de sus 
semejantes. Siempre manchó el crimen los i;)uc- 
blos cristianos; pero las proporciones y el des- 
caro con que reina hoy dia pertenecen exclusi- 
vamente á nosotros. 

Reasumámonos; el Protestantismo, abatiendo 
en la Iglesia la autoridad religiosa, dio existen- 
cia á Religiones sin número. Estas lanzaron al 
hombre en el indiferentismo y en la mas com- 
pleta irreligiosidad. De la irreligiosidad ó ateis- 
mo práctico nació el fruto que nacer debia, la 
perversión mas estragada de las costumbres pri- 
vadas y públicas. 

. Con todo, hay ministros Protestantes que su- 
ben al pulpito y habiendo halagido á sus oyen- 
tes con una encantadora pintura de prosperidad 
y grandeza toda sensual, de buenas á primeras 
os saltan á la cara con una furiosa diatriba con- 
tra los "peligros del Papismo." 

¡Peligros del Papismo! Tenéis razón. A |)e- 
sar de vuestra coalición, el Catolicismo, que en 
vuestra lengua sarcástica suena Pdpíismo, os ma- 
tará y sepultará á todos, como á todas las demás 
herejías mató y sepultó. El Protestantismo en- 
fermo, dcsauciado, próximo á ser cadáver solo 
será una memoria desdichada de siglos deliran- 
tes. Y si no están cercanos los dias postreros 
del mundo, restablecerá el Catolicismo las anti- 
guas sociedades cristianas en toda su lozanía y 
vigor. Fuerza tiene de hacerlo; porque tiene en 
su mano el "yugo suave" de la autoridad reli- 
giosa. Esa palabra os iri-ita, os enfurece, os ha- 
ce dar en bramidos. ¿Sabéis porqué? porque la 
habéis borrado de \ucstvo IJoangelio puro y sin 
dhfraz, y en su lugar escribisteis: Emancipación. 
¡Emancipación de Dios, y de la autoridad cons- 
tituida por Eü Aíjiií está vuestra ruina; y vues- 
tra salud en i'ecoiioceros. 



Ciítedríi (lo 8au Pedro cu Itoiiiu. 



Celebraba la Iglesia dias pasados, 18 del mes, 
una fiesta especial en honor del Apóstol S. Pe- 
dro, baj<j el título de Cákdra de San Pedro en 
Roma, h^sta fiesta, como su nombre indica, 
es en memoria de haber San Pedro, el Prín- 
cipe de los Apóstoles, establecido en Roma su 
Silla, y haberla gobernado hasla el de su glorio- 
so martirio. Los Pontífices Romanos, lian su- 
cedido á S. Pedro en una serie jamás interrum- 
j)ida hasta nosotros, herederos de su silla y au- 
toridad en la dignidad suprema de Vicarios de 
Jesucristo. 

De esta fiesta hablamos un poco hace dosañus 
en la misma ocasión, pero suponiendo lo que to- 
dos los católicos creemos, nos detuvimos sola- 
mente en relevar en pocas palabras las glorias 
de Roma, hecha la Reina del Ci'istianismo y la 
cabecera de la Iglesia. Pero siendo que la su- 
pr.macía de S. Pedro y de los Pontífices Roma- 
nos, como legítimos sucesores de él, es un punto 
de (anta importancia, y al mismo tiempo negado 
por los Protestantes generalmente, aunque con- 
tra la evidencia de las cosas, y solo porque no 
les conviene admitirlo, hemos pensado ocupar- 
nos ahora un poco de esta cuestión. 

Cou este solo argumento nosotros podemos es- 
tablecer la verdad de la Iglesia católica, y echar 
por tierra de un golpe todas las sectas y herejías, 
que pretenden ser la verdadera Iglesia de J. 0. 
En efecto podemos discurrir así: La verdadei'a 
Iglesia de J. C. allí está donde Jesucristo la fun- 
dó; es así que J. C. la fundó sobre San Pedro y 
sus legítimos sucesores: luego donde esté Pedro 
y sus sucesores legítimos, allí está la Iglesia ver- 
dadera de J. C. Ahora los legítimos sucesores 
de S. Pedro son los Pontífices Romanos, porque 
S. Pedro fijó en Roma su silla, y en Roma mu- 
rió; luego en la Iglesia Romana, presidida, por 
los Pontífices sucesores de S. Pedro, se halla la 
verdadera Iglesia de Jesucristo. 

Este argumento ineluctable, contra el cual no 
hay respuesta, lo hacia valer desde su tiem- 
po, entre otros Santos Padres, S. Ambrosio, el 
cual discurría así "Cristo dijo á Pedro: Tu eres 
Pedro y sobre esta ])iedi-a yo edificaré mi Igle- 
sia:lueg3 donde esté Pedro, allí está la Iglesia: 
Ipse est Fetnis cui dixlt Christus: tu es Petnis et 
super harte Petram a'dificaho Ecclesiam meam. 
Ubi ergo Petras, ihi Eccksia (In Ps. 50, núm. 
30). Y recientemente Mons. Formisano, Obis- 
po de Ñola en Campania, lo ha propuesto como 
nna nueva nota de la Iglesia, tanto mas decisi- 
va, cnanto mas manifiesta para todos, en un nue- 
vo libro sobre // Primato Pontificio. (Napoli, 
18TG.) En el prólogo, hacia el fin, pone es(a 
notable advei-tencia }' consejo. Las notas de la 
Iglesia, dice é!, son la unidad, sanlidad, catoli- 
cidad y apostolicidad.- Estas hacen distinguir 



32- 



clanimciitc la verdadera Iglesia de Jesucristo de 
a(]uellas oirás (jue solainciite se atribuyen su 
nombre. Empero estas notas para ser entendi- 
das requieren estudio, y con dificultad pueden 
servir á los ignorantes ó idiotas. Hoy dia que 
todos hablan de Iglesia, están expuestos á los 
sofismas de los herejes, tan impudentemente di- 
vulgados con la palabra, y con la })rensa, pare- 
ce cosa mas útil y al alcance de todos, tomar 
como nota de la verdadera Iglesia el Primado 
del Inutilice Romano. La demostración seria 
entendida de todos, y seria terminante y decisi- 
va. Por lo tanto nosotros nos ocupai'emos de 
esto, para sugerirla ú nuestros católicos y dárse- 
la como una arma tan útil. 

Sobre dos puntos ó verdades se funda toda la 
demostración de la supremacía del Romano 
Pontífice, como cabeza de toda la Iglesia; y es- 
tos son: el f)rimero (|uc Jesucrito estableció su 
Iglesia sobre San Pedro y sus sucesores; y el 
segundo, (juc habiendo S. Pedro fijado su Silla 
en Roma y muerto en ella, los Obis[)os Roma- 
nos son sus sucesores legítimos. Los Protestan- 
tes para echarla abajo la han atacado bajo los dos 
respectos: unos sosteniendo que Jesucristo no 
haya conferido á S. Pedro ninguna especial au- 
toridad, y otros que S. Pedro nunca estuvo en 
Roma, ó á lo menos, (jue jamás fué Obispo de a- 
(juella ciudad. 

El Sr. Forrester del cual nos ocupamos el año 
pasado por sus folletos ¡lublicados en defensa de 
su Iglesia Protestante Episcopaliana, y que aca- 
ba de volver á Santa F6, después de algunos 
meses de ausencia, tratando esta cuestión, á 
imitación de muchos, negaba á la vez las dos co- 
sas: la una que S. Pedro recibiera alguna espe- 
cial prcrogativa de Jesucristo, que importase 
supremacía sobre toda la Iglesia, la otra que S. 
Pedro haya sido Obispo de Roma, .y anadia: 
"puesto (pie Roma fué la ciudad imperial duran- 
te los primeros tres siglos de la era cristiana, su 
iglesia y Obispo ocuparon una {)osicion prumi- 
nenle, //¿'^s' "<' /i<'>/ cr/dencia (i/í/víui de snpre/na- 
c'uiy En prueba de lo cual no traian mas (pie 
ra/-o!ies negativas, siendo que en los Actos de 
los Ai)óstoles ó en sus (Jartas, no se hace ningu- 
na mención de ella. 

lieserváiidonos tratar separadaiiiente las dos 
cuestiones, |)ara mayor claridad, nos contenta- 
remos por ahora de citar en nuestro favor, un 
testimonio de un famoso escritor vVnglicano, W. 
Oo))bet(, el cual perlenecia á la misma secta del 
Sr. ministro, y (pie. no obstante todas las i)reo- 
cupaciones contra la Iglesia líomana. se vio o- 
Ijüc-ado p'>r la l'iicr/a y evideiií'ia de las Escritu- 
ras V de las J listorias, á •■econocer y confesar 
como verdad, lo (¡ue la Iglesia catiíüca profesa, 
enseria v sosíiciic rchilivaiiieiiti! á esta ciies- 
lioll. 

El, pues, en su Iv'fornKi de Inyl'tl' mi (Carla 



IP'), dice así: ''La Iglesia católica deriva su o- 
rígen de Jesucristo mismo. El puso á S. Pedro 
á la cabeza de su Iglesia. El nombre de ese A- 
póstol era el de Simón: pero su divino maestro 
le llamó Pedro, esto es, \\X[^ peña, wna piedra, y 
le dijo: Sobre esta piedra i/o fabricaré mi lylesia 
(Mattii. XVI, 18, 19— Juan XXI, 15, etc.) Los 
textos son formales: es menester, pues, ó negar 
la verdad de las Santas Escrituras, ó reconocer 
que J. C. prometió una cabeza espiritual á todas 
las generaciones venideras. San Pedro murió 
mártir en Roma sesenta años después de nacido 
J. C, pero (íl fué sustituido por otro, y es cosa 
de la mayor evidencia que después de aquella 
época hasta nuestros dias, esta cadena de suce- 
sión no se ha interrumpido . . . . Todos los Papas 
que se sucedieron en la Santa Sede, fueron por 
lo mismo Jefes de la Iglesia: y su supremacía 
fué reconocida, como he dicho en el principio de 
mi primera carta, por todos los Obispos, en to- 
das las naciones, que profesaron la religión cris- 
tiana.... El Papado ó dignidad del Papa sobrevi- 
vió á todas las grandes revoluciones, que echa- 
ron por tierra á su vez todos los tronos 3^ todos 
los imperios. . . . El Papado solo quedó firme é 
iiupielirantable: y en la época, en (jue principió 
este sistema de pillaje y de devastación que han 
ennoblecido con el título de Reforma, doscientos 
sesenta Papas se habían sucedido sobre el trono 
Pontifical, durante el período de quince siglos.'' 

Así se expresa Cobbett, que nació, vivió y 
murió en el anglicanismo, v no obstante dio tan 
glorioso testimonio de la supremacía espiritual 
de S. Pedro, y de los Pontífices Romanos. He- 
mos citado con preferencia este escritor, espe- 
rando que será de mayor peso para el Sr. For- 
rester, como haremos todas las veces que nos sea 
dado escoger filtre escritores Ingleses, ó de otras 
naciones. 

Al mismo tiempo que dirigimos nuestros artí- 
culos á la instrucción de los (^it()lieos, entende- 
mos responder á lo (pie contia ellos [lublicó el 
mencionado Sr. Ministro, y á otros escritos que 
hemos visto circular enire los Mejicanos, publi- 
cados probablenieiit(í ))or Protestantes de cual- 
(piiera secta, contra la. supremacía del Papa. 
hyjlos hacen esfuerzos inauditos ))ai'a disminuir 
entre los Católicos el coneei)to, la venera- 
ción y sumisión, (]ue le debemos, como á sucesor 
de S. Pedro, y \' ¡cario de J. (\: pues ellos con- 
fian ganarlos fácilmente á su.'', errores, si llegan 
á hacerles desconocer al Pastor, á quien J. C. nos 
tiene encomendados. Y así confiamos (pie al 
contrario, con el amor á .1. O. crecerá entre 
nuestros Católicos, el res])et() á su Vicario, al 
rontíliee R(unano, (pie heredó la Cátedra y au- 
toridad de San Pedro, y nos gobieiMUí cu lu{¿ar 
v en nombre del minino Jesucristo. 



-33- 



La junta del 10 de Enero, en Las Vegas. 



La junta, de la cual se habla en el Comunica- 
do arriba referido, en realidad tuvo lugar el dia 
propuesto 10 del corriente, y el mismo Advertí- 
ser, que la habia anunciado repetidas veces, pu- 
blica en un Suplemento al No. 13 de Enero sus 
resoluciones. Las vamos á examinar brevemen- 
te; ya que nos dan materia de útiles reflexiones. 

Para que mejor se entienda cuál era el objeto 
de la junta, y qué resultado obtuvo, citaremos 
unas cuantas palabras del aviso público. En este 
se decia: "Por cuanto los Comisionados del Con- 
dado (mejor de las Escuelas) hasta ahora no han 
establecido las Escuelas Públicas en nuestro 
Condado, tal vez por alguna causa que no está 
en conocimiento del Público, y creyendo que el 
Pueblo debe acordar sobre este asunto tan im- 
portante, por lo tanto, etc." Lo que en otras 
palabras quiere decir, que habiendo pasado dos 
meses enteros (Noviembre y Diciembre) sin que 
los Comisionados de las Escuelas las hubiesen 
establecido, se invitaba el público á una junta, 
para acordarse sobre un asunto ta'n importante. 

Acerca de esto haremos una pregunta. ¿De 
cuáles Comisionados se habla? ¿De los cesantes 
6 de los presentes? Aquellos tuvieron dos meses 
de tiempo para poner las Escuelas; y, no habién- 
dolo hecho, la queja era justa y oportuna: el 
pueblo podia preguntar [)orqué se quedaba sin 
escuelas este año, y ellos estaban en deber de 
explicar su conducta. Pero no se habla de es- 
tos, sino de los que los han sustituido como aparece 
del preámbulo de las resoluciones; en cuyo caso 
la queja es injusta é inoportuna. Injusta: porque 
no se les deja tiempo suficiente para organizar 
las escuelas; tanto mas que hasta aquella fecha, 
ellos mismos nos dicen, no habérseles entregado 
éi certificado ó comisión. Inoportuna: porque sú 
pretexto de queja, no pudiendo todavía los Co- 
misionados organizar las Escuelas, se les previe- 
ne, para que no las establezcan libremente. ¿Por- 
que esa junta no se tuvo, como estaba anunciado 
antes, el dia 25 de Diciembre? Entonces hubie- 
ran tenido razón de quejarse de los Comisiona- 
dos cesantes; mientras al contrario, en haberla 
diferido hasta el 10 de Enero, los Comisionados 
presentes tienen rancha razón de quejarse de 
ellos por intrusión, que quiere decir por enti'c- 
meterse sin derecho en los negocios ajenos. 

Esto supuesto, vamos adelante. La junta fué 
tenida, y en ella se pronunciaron discursos y se 
redactaron resoluciones. ¿Quiénes hicieron los 
discursos y las resoluciones? No lo sabemos. 
Pero lo que importa mas es, (jne sabemos que los 
discursos versaron sobro la necesidad de que hu- 
biese Escuelas públicas, libres de todo influjo 
sectario, y que- las resoluciones fueron tomadas 
en conformidad. Tengan sin embargo presente 
nuestros lectores, quq ]a junta eni para, acord'n'- 



sa sobre porqué no hubiese escuelas. Los de la 
junta parece que lo olvidaron, pero á nosotros 
conviene tenerlo })resente. 

El preámbulo es como sigue: "Los ciudada- 
nos del Condado dcS. Miguel, en junta, en masa, 
sin diferencias políticas, ofrecen, etc." La ex- 
presión los ciudadanos del Condado es tan univeí'- 
sal que quiere decir todos los ciudadanos, ó á lo 
menos los mas, ó en todo caso muchos. Ahora 
bien ¿cuántos eran los de la Junta? ¿Eran mu- 
chos? ¿Los habia de todas las plazas? Estamos 
seguros que no eran sino unos pocos de lias Ve- 
gas, y uno que otro caido allí sin saber como. 
Pili esa junta, en esa masa ¿se hallaron quizás 
presentes los de S. Miguel, del Pueblo, de la 
Cuesta, de Antonchico, de las Colonias, del 
Puerto de Luna, de los Alamos, del Sapellú, de 
los Manuelitas, de Pecos? Acaso ni déla Pinza 
de arriba habia alguno presente. ¿Y esos pocos 
se llamarán los ciudadanos del Condado? Se 
añade "sin diferencia política." Por cuanto he- 
mos oido decir, los que figuraban en la junta 
eran todos republicanos: pudo haber demócratas 
entre los curiosos en la puerta, pero no como 
miembros de la junta. En fin fueran los que 
fueren _y de cualquier partido, ni nos va ni nos 
viene. Veamos sus resoluciones. 

li^ 'primera principia con la importancia de la 
educación, "Creyendo, dicen, de alta importan- 
cia la educación masculina y femenina, etc." 
Por estas palabras cada uno se atendiera que 
esa masa de los ciudadanos del condado. ])idiera 
razón porqué no liabia escuelas, y que se ton'ara 
medida para suplir á esa falta; como, por ej. con 
menos palabras y mas hechos ha heclio aquel 
otro ciudadano del condado, D. Joeé A. Paca 
en la plaza de arriba: como han hecho otros en 
diferentes plazas y entre otros los de Pecos. 
Pero no, después de un exordio tan solemne, 
siguen de una manera muy modesta. "Creyen- 
do de alta importancia la educación de la juven- 
tud masculina y femenir.a, recomendamos á la 
comisión de escuelas que las establezca tan 
pronto como sea posible." El condado tendrá 
(]ue agradecer á esos señores su recomendación-^ 
toda la juventud masculina y femenina les (jue- 
dará muy agradecida por ese empeño: y entre- 
tanto la población masculina y femenina no sabe 
porqué no hubo e.scucdns, y no sabe si, tal vez per 
alr/una causa que no esté á su conocimiento, no las 
habrá. Quizás se diria alguna palabra sobre es- 
te [)unto en la junta; j)ero no habiéndose hecho 
mención de ello en las resoluciones, toda la po- 
bhu ion masculina y fe:nenina que no asistió se 
í|uedará mnv á oscuras ¿y para fpié ei'a la junta? 

En la segunda resolución nos lo dici'on mnv 
claramente :í entender. "Los comisionadlas do 
condado cuidarán í|uc el método sea libre de 
todo influjo sectario como prescrito p'or lev." 
Hé aquí todo lo que se quería. Pe quiere que la 



34 



jiivciiditl iimseniinay (enu'iiiiia no se ediKjueeu 
la reli^'ii)ii, cada uno .^cg-uii .sus creeueias. Rela- 
cionemos las dos prinieras resoluciones. Kn la 
una se recomienda (|uc liaya escuelas si es posi- 
l)le, y si no es i)osible ¡paciencia! En la otra se 
impone que no se de instrucción religiosa: esto 
sí, es cale^'orico. Kn la una se deja la libertad 
de establecer escuelas ú la prudencia de los co- 
misionados de escuelas, ni se i'ecela que en esto 
filten; en la otra se encariña á los comisionados 
de condado (juo estén alerta ci)ntra todo lo (juc 
es religión: en esto se teme (pie los primeros 
tallen y se líxige de los otros (pie vigilen. ¿Y 
porípié? ¡porípic prescrito i)or ley! ¿Por qué 
lev? Nosotros <pic no sabeinos de leyes (luizás 
la ignoramos; pero otros ¿ccnno la ignorarán? Si 
existe esa ley, ¿poripié hubo tantos debates a(piL 
l)or la ley líitch y en Washington por la en- 
mienda XVI? ¿Ks esa ley de (pie se nos habla 
ley ttn-ritorial 6 federal? (^)uiziís habrá sido ha- 
llada ahora. Í/js de la junta, como i)olíticos no 
podian engañarse diciendo ,seí//tuj)resa'i/opoj' hy. 
ÍMitonces se nos i)ermita una sviplica: esto es, 
(pie ;í expíMisas del condado se mande una di- 
putación por todo el territorio y hasta Washing- 
ton, i)ara publicar este aíbi'tunado hallazgo. 
Presidente de esta diputación sea el mismo sc- 
ú )r (pie la halUj: secretario el Sr. A(\y, redactor 
del Adrci'fixcr. el cual lleve consigo bastantes 
eo[)ias de su ;^ii¡ih'inev.fo, \)0v si acaso alcance 
hacer ad()¡)tar la.les rcs(.)luc¡()ncs. l']s verdad que 
es un gasto para el condado, pero le j)roporcio- 
u ir.í una grande gloria,. Y si como dice la (la- 
cchi en su último número, en la príjxima legis- 
latura se proiMisierc la cuestión de translcrir la 
capital de nuestro Territorio, por este solo lia- 
Ihazgo nosotros ganamos la causa 3^ tendremos 
¡Las Vegas Capital de Nuevo M(5jico! 

En la fcrcerd resolución se dice (pie "Los ha- 
bitantes di'l condado tienen ontum/a en el pa- 
triotismo IVaiico (' ideas lilx'rales de los comisio- 
nados de escuelas, (piiciies gi'alili'.'ai-án los deseos 
(Ud [)ueblo."' Con todo parece (pie los señores de 
la ¡unta no tienen macha coníianza. De la gente 
no diremos nada; pues sui)onemos que liabiendo 
sino todos, ¡í lo menos ios mas dado sus votos á 
esos señores, tendrán coníianza en ellos. Se les 
suplica (pie gratifiípien los deseos del pueltlo y 
por ello se ap(da á su ¡¡atriolismo franco y á sus 
liberales ideas. Señoi'cs de la ¡unta, tengan la 
Ijondad de decirnos si v\ pueblo de este año es ú 
no el mismo (|U(> el did año pasado, ¡.y poivpié el 
año pasado nadie se levant() en defensa de este 
|)iu'blo? (Jracias al |)atriotismo franco y libera- 
les id(>as. (d pu(d)lo tuvo nmis escuelas jiúblieas 
(pie fué una verdadera coiiuMlia: primero un 
Doctor, después una Señorita para enseñar la 
Juveriíiid niasci/iii'i: en fin s(> .icat.xí el curso y no 
se sal)e rn\w) ni |ior(pié. Xadi" entonces se le- 
vantó sino es para sostener a! Doctor, («para 



l)atrocinar á la Señorita; y ¿pensáis (pie el juic- 
blo fué (j ratificado en sus destosí'! Díganlo las pro- 
testas y las firmas que hubo en contra. El pue- 
blo es el mismo, |)icnpa lo mismo, desea, j)ide y 
reclama la nii.sma cosa: buenas escuelas, religio- 
sas, cada una según su secta, y tales que sirvan 
para gratifif/ar al pueblo, y no á un Doctor u á 
una mujer. Y de todo el ])Ucblo del condado 
l)odemos decir lo mismo con muy i)Ocas excep- 
ciones. 

A;aba el Adcerdi^er (por (piien parece haber 
sido inspirado tod.o ese espíritu de esa masa de. 
ciudadanos) con decirnos (¡ue esas resoluci(Uies 
fueron adoptadas sin mía voz en contra: diremos, 
al Sr. Aoy, (pie liuljiera hecho mejor de callar, 
este jninto. llagamos una suposición: [)ongamos 
(pie alguno de los (pie asistían, no convenia en. 
esto de las escuelas sin religión, y (pie no obs- 
tante, ])or resi)eto al público y en consideración 
de su edad se hubiese determinado á callar, 
])ero (pie después invitado á hablar se hubiese 
declarado en conti'a de a(piellas resoluciones, 
¿diria el Sr. Aoy (¡uc fueron adoptadas sin una 
voz en contra? Ahora, lo (pie parece sui)Osicion 
es lo (jue ha sucedido. I']l mismo Sr. Aoy, guia- 
do por su mala estrella, i¡ivit(j á hablar á uno 
(pie figuraba como V¡ce-i)resi.dente, cs])erando 
h lUar en él un sosten, pero le salió el tiro por 
la culata; y con todo nos dice (pie no hubo una 
voz en contra. Pero una junta (juc se inaugura- 
ba con los ciuvladanos en masa, y de todos i)ar- 
tidos. no debia acabar (pie con unánimes api'o- 
baciunes. Sii'va, este ejemplo para, probar (pie 
muchos se hallan en las juntas, que no se ad- 
hieren á lo (pie se dice, y (pie i)or buenas razo- 
nes callan, y sinembargo, pasan como s¡ hubie- 
sen a¡)robado todo. 

Nosotros también acabai'emos. Lo liemos di- 
cho, y nos confirmamos en la idea, de que esa 
junta fué solo para ¡¡revenir, y si lucre posible, 
neutralizar la acción de los comisionados de es- 
cuelas, de los cuales se recela (pie sean, sino to- 
dos á lo menos en su mayoría contrarios á estas 
¡deas. Por esto, se iijó por cípiívoco la junta 
para el dia 25 de Dic. y se traslirió al dia 10 ue 
Enero. Se teme que habiendo entre ellos un sa- 
cerdote católico, se va á establecer una escuela 
leligio.sa; lo cual seria un escándalo. Cuando se 
trataba de las elecciones and)os partidos qui- 
sieron absolutamente tener mi sacerdote entre 
los comisionados. Los sencillos podian ])ensar 
(pie ei"a esto no solo para aprovecharse de su 
ex[)eriencia y autoridad, sino también jiara sa- 
tisfacer los deseos d(d pueblo y atender á los de- 
rechos de los eatóli''os. J'ero ahora vemos mas 
claro, (pie solo era {¡ara ganar votos, y al pre- 
sente lo (juieren tener como un juguete. 



-a5 



DEL INFIERNO AL PAEAISO. 



( Coníinnacron — Pág 23-24 J 



Matilde, que al empezar sus severas reconvencio- 
nes el sacerdote quedó como lielada de espanto con- 
siderándose prosa de eterna condenación según los 
vehementes discursos que la dirigiera; cuando divisó 
aquel último rayo de luz qiie la ofrecia salvación con 
solo un ñrme propósito, recobró nuevo aliento y de- 
saliogando su oprimido corazón con un hondo y pro- 
longado suspiro exclamó: 

— ¡Oh! si solo eso se me exige, contadlo hecho. 
Desde ayer odio, detesto tan pésima profesión, y ¡oja- 
lá pudiera invalidar ese horrible contrato que me en- 
cadena! Pero, para hablaros con verdad, considerólo 
empresa difícil. 

— Todos los obstáculos se derrumban y desapare- 
cen, hija mia, ante una voluntad de acero. Confiad 
en Dios que mueve vuestro corazón, encomendad el 
trabajo y aprieto en que os halláis á la sacratísima 
Virgen, inspiradora de pensamientos castos y áncora 
de salvación de los desesperados, y entre tanto sabed 
que aunque os admita al sagrado tribunal de la Peni- 
tencia, no así todavía á los augustos misterios de la 
Eucaristía. 

— ¡Dios santo! exclamó Matilde. ¿Me rechazáis, se- 
gún eso, de los altares? 

\ — Rechazaros no, hija mia;pei'o existe motivo para 
diferirlo un tanto. Antes es forzoso que satisfagáis á 
vuestra conciencia entrando con resolución en nego- 
ciaciones con ella: así también satisfaréis la concien- 
cia pública y os servirá de estímulo tan vehemente 
como saludable. Esperad. Manos á la obra, que Dios 
os ayudará y mas tarde me agradeceréis en el alma 
este rigor. Por ahora abrid el corazón al dolor cris- 
tiano que consuela el espíritu de los pecadores, y 
mientras vos me esperáis junto á aquel confesonario 
y reponéis vuestro ánimo agitado, yo voy al altar pa- 
ra ofrecer al Eterno vuestras lágrimas mezcladas con 
la Hostia de propiciación. 

Tomó Matilde y besó en silencio la mano del vene- 
rable sacerdote, y dejando caer el velo sobre su ros- 
tro ejecutó cuanto se la ordenaba. 

Después de acabada la misa y la confesión, fué 
Matilde objeto de las conversaciones y comentarios 
de cuantas mujeres estaban en la iglesia. 

— No es del pueblo, decia una. 
■ — Y ¡qué madrugadora! anadia otra. 

— Sobre todo, concluía una tercera, grave seria su 
urgencia para hacer suspender al señor cura la misa. 
Otra llegaba refiriendo que mientras duró la con- 
fesión viola llevar con frecuencia el pañuelo á los 
ojos, y no faltó alguna que confirmara aquel aserto 
añadiendo que ella se acercó después á la celosía del 
confesonario y halló el reclinatorio mojado de lágri- 
mas. 

— ¡Gran pecadora debe ser esa forastera! exclama- 
ban unas. 

— ¿Quién sabe? respondían otras. Acaso sea una 
gran santa. 

De todas suertes aquella entrevista fué una sorpre- 
sa y un misterio para cuantos la presenciaron, si bien 
no tardó mucho en hallarse la explicación. 



V. 



UNA BUENA CltlSTIANA. 



Pasaban sin esperanza los días hasta que cierta no- 
che en que Matilde halló á Ruinph de buen humor li- 
sonjeólo cuanto pudo á fin de hacer la primera tenta- 
tiva proyectada para obtener su libertad, no porque 
confiase lograrlo, sino porque deseaba cumplir la pa- 
labra empeñada y satisfacer á su conciencia que no 
cesaba de remorderla, recordándola que no considera- 
ra lleno cumplidamente su deber si no procuraba por 
cuantos medios estuvieran á su íilcance renunciar a 
aquella vida; así que cuando la pareció oportuno di- 
jole: 

Samuel, hoy cumple el séptimo año que pertenezco 
á la compañía, y si('ntome tan cansada, qrre con fre- 
cuencia me asalta un lúgul;)re pensamiento como si 
una voz interior me dijera: "Vivirás poco." 

— ¡Bah! Esos son caprichos, cavilosidades, apren- 
siones. ¿De qué lo deducís? Sois joven, mbiista, vigo- 
rosa, fi-esca, en la fior do la edad y rebosando sa- 
lud . . . 

— No obstante ... la licencia . . . 

— ¡Licencia! exclamó furioso Samuel abriendo los 
ojos desmesuradamente y bufando de ira. ¡Licencia! 

Observando la mala acogida dispensada á sus pala- 
bras, procuro Matilde darlas otro giro para apaciguar 
á Samuel y añadió: 

— Pero me parece que no me habéis comprendido 
bien, amigo mió; no pretendo anular el contrato y re- 
cobrar por completo la libertad: trataba solo de un 
permiso, de un descanso temporal. . . 

— ¡Ah! esa ya es otra cosa, y así podremos enten- 
dernos. Pero no ignoráis que esta es la época en que 
se hace algún negocio y tengo contratados varios tea- 
tro.s, de suerte que por ahora me es absolutamente 
imposible prescindir de vos, más adelante procuraré 
complaceros en cuanto deseéis pues mi anhelo es que 
estéis contenta, os lo aseguro; pero os suplico ciue ja- 
más me hagáis tales proposiciones de improviso y en 
sentido ambiguo, como ahora, porque me enfurezco y 
pierdo el juicio. 

Samuel Rumph fué en su mocedad sargento de dra- 
gones del rey, y era de aventajada estatura y ánimo 
esforzado; pero poseía todos los vicios, encolerizábase 
con prontitud y en tal situación estaba dispuesto á 
los mayores escesos, como lo acreditaba un soberbio 
chirlo que le atravesaba el carrillo izquierdo, ganado 
en una pendencia de taberna, el cual fué causa de que 
le licenciaran cuando estaba á punto de obtener la 
charretera de alférez. Cortada así la carrera militar 
acogióse al teatro y después de desempeñar en él va- 
rios papeles, llegó á reunir algunos ahorros qne dedi- 
có á formar una compañía de que se hizo autor. Li- 
teresado y avariento las ganancias le amansaban co- 
mo un cordero; pero la más mínima pérdida le con- 
vertía en furioso leopardo cuyas palabras excitaban á 
ira, riñas y sangre. Astuto y suspicaz como el mismo 
Satanás nunca confió'por completo en Matilde, porque 
no la veia loquear, ni extraviarse como á otras de su 
edad y clase, que siempre se hallan dispuestas á es- 
cuchar y admitir dádivas y galanteos de los calaveras 
y libertinos. La palabra h'antcia revelóle cuanto Ma- 
tilde pensaba, y á pesar de la rápida 3^ plausible ex- 
plicación que la actdz dio de ella, no llegó á disipar 
todas las sospechas que le asaltaron, con tanto más 
motivo, cuanto que aun conservaba fresca la herida 
de cierta bailarina que pocos meses hacia huyera de 
la compañía con un banquero americano. 

Propúsose, pues, desdo aquel distante adoptar las 



3a 



mayores precauciones y no perderla de vista, aunque 
disiinnláudolo, y mientras, para no disgustarla y que 
rciprt'seiitase sus papeles con todo esmero, la lisoiijea- 
lia, a('aricial)a y tratal)a con la mayorauíabilidad, se- 
guíala, observábala, espiábala por si alguno la galan- 
teaba 6 la inducía á cualquier otro paso. Poco tardó 
en av»!rigaar su matutinal salida á la iglesia, la con- 
ferencia con el cura y por último su confesión. Mor- 
dióse los labios de coraje: mas para no precipitar las 
cosas con perjuicio propio abstúvose de hablar de ello 
á Matilde. 

Cierto dia, como á las tres de la tarde, seguro de 
que Matilde no so hallaba en casa, presentóse á su 
huóspeda, Susana Picot, y sin guardar ia mas mínima 
atención penetró en su estancia con el sombrero pues- 
to, sentóse en un sillón y estirando las piernas y cru- 
zándolas luego con una actitud de sátrapa, dijo así á 
la ]")obre viuda, que al observar su postura teníale sin 
duda por un personaje de importancia: 

— Si no me engaño, señora Picot, tenéis de inquili- 
na á una joven llegada pocos meses ha, que se llama 
Matilde Cantagrel: ¿es cierto? 

— Para servirle, respondió la viuda un tanto sor- 
prendida de la extraña pregunta. 

— Pues deseo advertiros que esa actriz es cosa mia, 
y digo que es mia, porque me pertenece para repre- 
sentar en el teatro por contrato otorgado ante escri- 
bano público, en virtud del cual me favorecen las le- 
yes y tribunales. Yo soy el director de la compañía, 
conocido del público, y el año pasado tuve la honra 
de que mi compañía trabajara delante del rey, en 
Versailles. 

Está bien; y ¿q\\6 tenéis que mandarme, señor di- 
rector? 

— Esto tan solo. Ha llegado á mi noticia que cierto 
intrigante la ronda, habla y aconseja mal, contrarian- 
do mis intereses y servicio, y si os atrevéis á admitirlo 
en casa me veré precisado á pediros cuentas ante los 
tribunales. Advertid que en primer lugar me asiste 
derecho para obligar á Matilde á habitar la posada en 
que se alberga toda la compañía y vos perderíais ese 
alquiler, que al tin soy yo quien le paga; luego tengo 
el de haceros conducir á ur.a ]>rision atada codo con 
codo y entre alguaciles; y i)or último. . .por último no 
olvidéis que he sido militar, y que nadie me ofende 
sin que esta mano alcance cumplida venganza. 

Y así diciendo cerraba ol ^luño y apuntábala blan- 
diendo el índice como quien apunta con una pistola. 

(Quedóse la pobre mujer con tal actitud y palabras 
como petriñcada, sin atreverse á hablar ni á alzar los 
ojos y solo pudo murmurar: 

—Yo... 

— Basta, añadió Samuel. Tonedlo presente, que os 
importa, y atended. Si algo nu(>vo ocurre, deseo me 
aviséis al punto, ponjuc si cuahpiicr ])Grjuicio ukí su- 
cediese en vuestra cnsa, el menor riesgo ijue corréis 
es el de verla confiscada para resarcirme los daños. 
Hágoos responsable desde este momento. Ya estáis 
])revenida y no podréis alegar ignorancia. 

Púsose en pií'' y partió. 

Mientras la pobre Susana se re])onia dííl susto que 
le causaran las amenazas del ciUiíico y tranquilizaba 
su espíritu desfallecido, llegó Matildcí cubierta con su 
velo, ([ue venia de buscar la iglesia mas solitaria, si 
l)ien á acjuella hora todas lo eran, donde arrodillada 
junto á una columna y delante de una Virgen de los 
Dolores dio libre rienda á sus pesares desahogando 
su oj)rimido corazón no solo con oraciones y pala- 
bras, sino también con sus|)iros v lágrimas, llecordó 
la promesa (jue la víspera de salir de l)»)la, su patria, 



hizo en el locutorio de las Hermanas, de recuiTÍr en 
todos sus trabajos y desventuras á la Virgen, madre 
de los añigidos, lamentóse de haberlo olvidado, implo- 
ró el auxilio divino, oró, suplicó con el ro.stro bañado 
en consolador llanto, y en tan atribulada plegaria si 
no llegó á tranquilizar y)Ov completo su ánimo, expe- 
rimentó cierta dulzura no conocida hasta entonces, la 
fé y esperanza en el perdón de Dios. Permanecían, 
no obstante, dos espinas clavadas en su corazón que 
no la era posible arrancar: la primera no ser admitida 
al supremo consuelo de los cristianos, á la sagrada 
Eucaristía: la segunda tener que volver mal de su 
grado á salir á la escena y renovar aquellos papeles, 
trajes y demás peligrosos adornos contra los cuales 
experimentaba una abominación irresistible. 

Apenas entró en casa sentóse al lado de Susana y 
sin mirarla tomóla la mano que colocó sobre su pecho 
diciéndola afectuosamente: 

— Susana ¿no sentís cuál lato mi pobre corazón? 

— Sí tal, y daria cuanto estuviera en mi mano por 
tranquilizarle y veros serena y alegre, mi buena Ma- 
tilde. 

— ¡Tranquila y alegre! exclamó la actriz alzando al 
cielo los dolientes ojos. ¡Tranquila y alegre yo! No, 
nunca. 

— ¿Olvidáis que Dios socorre á los atribulados? 

— No lo olvido, pero sé también que castiga á los 
culpables. 

— Y los perdona. 

— Acaso algún dia cesará su castigo . . , mas ahora 
no descubro otra perspectiva que la muerte. ¡Oh, si 
pudiera trocar mi suerte con la de vuestra Angelina á 
quien tanto lloráis! Ella estaría sentada junto á vos y 
os consolaría con su tierna é inocente sonrisa y j'o 
quedarla al fin libre de tantos pesares. Solo espero en 
la tumba. . .pero no. . .hasta la tumba me causa pa- 
vor, porque soy la miserable cómica, el vituperio de 
las almas honradas. . .la escandalosa, la corruptora 
de la juventud. . . ¡Ah, cuánto oprobio cubre mi fren- 
te! ¡Me rechazan de los altares, me rehusan todo con- 
suelo, me desheredan de la preciosa sangre de Cristo! 
Encadéname un fatal contrato; no puedo cesar y no 
quiero continuar. Susana, ayúdame, aconséjame en 
tal tribulación. 

Y estrechó entre sus brazos á la viuda inundándola 
de abrasadoras lágrimas. 

Conio el que entre las revueltas olas de un tempes- 
tuoso i)iélago al observar los graves riesgos que lo 
amenazan por el instinto de conservación extiende sus 
brazos en torno y se ase con afán al hilo mas delgado 
ó á una leve hoja que se mece sobre la blanca espu- 
ma, así la desventurada Matilde se acogía á una po- 
bre mujer de la cual humanamente ningún auxilio po- 
día esperar. Miróla de hito en hito la viuda y pare- 
cióla que aipiel send)lante resplandecía iluminado por 
una luz sobrehumana, ]>or una V)elleza inusitada, i)or 
aquellas purísimas lágrimas, por ac]uel tan casto la- 
mento y aquella virtuosa desesperación. Desvanecié- 
ronse como humo do su pensamiento las amenazado- 
ras frases del autor de la compañía, cobró nuevo a- 
liento, experimentó un vivo deseo do salvarla, tan 
fuerte afán por su felicidad, que persuadiéndose de 
que podría serla útil en cierto modo, se resolvió á 
despreciar todos los riesgos y á intentar cuantos me- 
dios estuviesen á su alcance en obsequio de la que 
con tanta ansia imploraba su auxilio. 



I Se continuará. ) 



PEKIOBIÍX) SEM 

Se publica todos los Sábados, 






Año IIL 



27 de Enero de 1877. 



NOTICIAS TEímiTOIlIALES. 



j\aievo Méjico. — Acabamos de recibir la dolo- 
rosa noticia de la muerte de Doña Dolores Cliavez 
de Otero, acaecida unos dias ha, en Filadelfia. Su 
cuerpo embalsamado será traido á Nuevo Méjico. 
Damos los mas sentidos pésames á D. Manuel A. 0- 
tero, su esposo y á toda su respetable familia. 

Saaiía Fé. — Eecibimos en un suplemento del 
Nuevo Mejicano el manifiesto de los fondos de Escue- 
las públicas en el Condado de Santa Fé. La suma 
recibida es de $ 9,142-14, y la desembolsada de $ 7,- 
859-79 — quédase, pues, $1,282 35. El número de es- 
cuelas públicas en el Condado es de trece, los maes- 
ti'os y maestras empleados en ellas son diez y siete, 
el número de los niños y niñas que las frecuentan as- 
cienden á 642. El manifiesto es un decliado de luci- 
dez, y muestra nua excelente administración. 

Mora. — Eecibimos para publicar el siguiente 

MANIFIESTO. 

Para la inteligencia de los habitantes del Condado 
de Mora, el Cuerpo de Supervisores, en y por el an- 
tedicho Condado, reunidos en el término cíe Enero de 
1877, han procedido en examinar los libros de entra- 
das y salidas de los fondos públicos, tenidos en la ofi- 
cina del Escribano del Condado de Mora, y habiendo 
sido cotejados juntamente con el libro del Tesoro, y 
después de una examinacion cuidadosamente hecha 
por dicho Cuerpo, en presencia de los demás oficia- 
les en poder, se han examinado dichos libros en ge- 
neral desde Octubre 8 A. D. 1873, hasta Enero 1° A. 
D. 1877, y se saca según consta en los libros quo las 
salidas en dicho periodo constan de $ 8919, jY^ , y 
las entradas $ 7,400,yVü- I*'^'^ ^^ ^^^í f^e vé que el 
Condado tiene de deuda la suma de $ 1,519," ° " en li- 
quidación. 

En testimonio de lo cual apendemos aquí nuestros 
nombres, en la Oficina del Cuerpo de Supervisores, 
en la Plaza de Santa Gertrudis de Mora, N. M., hoy 
el dia 5 de Enero A. D. 1877. 

Vicente Eomeeo, 

Presidente. 
Por Pablo Valdez, 
Secretario. 

L.as Vegas. — Leemos en la Gaceta el manifiesto 
de los fondos públicos de este Condado, y sentimos 
no poder decir que leemos también el manifiesto de 
los fondos de Escuelas piíblicas. Se nos permita á 
este propósito una observación: si en lugar de hacer 
juntas para pedir Escuelas no sectarias, se hiciesen 
juntas para pedir la publicación de las cuentas de los 
fondos de Escuelas, además del bien y satisfacción 
que el pxiblico sacarla de ello, se ahorrarían muchos 
de esos disparates, por no decir otra cosa, de que re- 
sonó la casa de Corte de Las Vegas el lO de este 
mes. 



Como se puede ver del nuevo aviso en nuestro Bo- 
letín, híiy en fin un Banco en Las Vegas. Aplaudi- 
mos por ello á los Sres. Raynolds, y nos felicitamos 
con los comerciantes de aquí: pues además de las 
ventajas que en el aviso se enumeran, hay también 
otra no pequeña de poder pronto_ y segurcxmente re- 
cibir y enviar dinero para cualquiera destinación; lo 
que era de mucha necesidad para esta plaza. 

NOTICIAS NACIÓN ALESc 



lístadíís 1' asidos. — La grande y hasta ahora iu- 
soluble cuestión presidencial, parece que va aclarán- 
dose un poco. Dos comités, uno del Senado y otro 
de la Cámara de Representantes están ahora estu- 
diando á quién pertenece el derecho de contar los vo- 
tos, y cómo deben contarse. Cuanto á la primera 
cuestión, los comités han rechazado la opinión de a- 
quellos republicanos que mantenían ser un derecho 
del Presidente del Senado de contar los votos. Pro- 
ponían ellos este medio para proclamar á Hayes Pre- 
sidente de la República. Cuanto á la segunda cues- 
tión, se ha también rechazado el método de contar 
los votos á vista de los informes [pn prima- facie re- 
turns). Este método de contar los votos habían a- 
doptado los republicanos antes que se supiese el en- 
redo de las elecciones de Oregou: y pensaban así ha- 
cer pasar sin dificultad los electores republicanos de 
Luisíana, South Carolina y Florida. Después de lo 
sucedido en Oregon, este método hubiese echado á 
perder la Presidencia de Hayes. Tuvieron, pues, que 
mudar de táctica, y ellos mismos fueron de los mas 
ardientes para rechazar el sistema de contar los vo- 
tos á vista de los informes. De manera que debe 
empezarse el examen de los mismos informes, es de- 
cir que deben examinai'se las dos cuestiones: I. Cuá- 
les electores han sido verdaderamente elegidos en 
Luisíana, South Carolina y Florida, ó en uno cual- 
quiera de estos Estados: ÍI. Si la decisión del Go- 
bernador Grover de Oregon en el caso del elector de- 
mócrata de ese Estado, ha sido legal y constitucional. 
¿Quién sabe cuándo veremos el resultado de este de- 
bate? ^ , 1 , 
I.aalísiaEsa.— Hé aquí lo que refiere el¡Ueraid del 
10 de este mes, acerca de la situación política del Es- 
tado. Ayer, 9, por buena fortuna no se derramó san- 
gre humana en Nueva Orleans. El Presidente demó- 
crata Nicholls con grande prudencia publicó una pro- 
clama con el fin de contener los suyos. Parece cier- 
to que las tropas federales no intervendrán sino hívy 
coüsion violenta: y la intervención del ejército serui 
la misma cosa que' la entronización del partido repu- 
cano en el gobierno del Estado. Con todo, Nicliolls 
ha mandado tomar por la milicia la casa de Corte, en 
la que los jueces demócratas han piicíficamente toma- 
do posesión del tribunal; el Arsenal del Estado, en el 
que han hallado muy pocas armas, habiéndolas Kel- 



-'íO— 



logg de autemauo mauclaJo t_iuitav de allí; y la esta- 
ción ceutral de policía, cu la (lue no bailaron siuo ami- 
gos. No quedaba á los republicanos que la casa del 
Estado. El partido de Packard babia hecho prepara- 
tivos para resistir, pero la milicia demócrata no 
cometió el desatino de tomarla por fuerza. Eutro- 
tanto AVarmoth y sus amij^os so retiraron de la legis- 
latura republicana, dejándola así sin el número re- 
querido por la ley para pasar legalmente cualquiera 
a3to (g\ quorum) . De manera que se queda Packard 
con la casa de Corte, pero sin policía, sin legislatura 
y sin cortes. Cuanto á la intervención de parte del 
Presidente de los Estados, es verdad que Packard la 
pidió en su favor, pero no parece probable que Gvant 
se la conceda. Primero, porque no habiendo guerra 
en el Estado, el Presidente do la República no puedo 
iütervenir con sus tropas, hal laudóse en sesión la legis- 
latura del Estado, conforme á la Constitución. Scgu)i- 
do, porque Grant ha expresado su intención de no in- 
tervenir. Do manera que, si no hay colisión armada, 
á juicio del mismo Hcnild, el jiartido republicano cu 
Luisiana se llevará un gran chasco. Esto se entieu- 
de cuanto á las elecciones del Gobierno local; porqiic 
cuanto á las elecciones presidenciales, no estrauaro- 
mos que los de Luisiana dejai'án pasar los electores 
idpublicanos, con tal que teu_gan el gobierno local que 
con tantos trabajos y tanto patriotismo han elegido. 

SoiitEi Carolina. — Aquí como en Luisiana Liy 
dos Gobernadores, dos Senadores, etc., etc. Frutos 
son estos del voto popular. Pero parece que en South 
Carolina los del pueblo que mas tienen que ver en es- 
te negocio, es decir los que pagan tasas, no recono- 
cen á otro que al Gen.Iíauípton, Gobernador demó- 
crata. En efecto, habiendo este enviado un ((dtJr.- : 
para levantar una tasa extraordinaria en forma uo 
contribución voluntaria, ó, couio la llamnu, aíh-ni'c 
t IX, los contribuyentes han correspondido al llau¡:i- 
miento pronta y generosamente. 

Orei^■«ll. — -El gobernador Grover de Oregon ap;i- 
recio el 5 de este mes delante del Comité del Senado 
de los Estados Unidos para explicar su conduetaeu 
las elecciones de su Estado. El caso no es de tan 
fácil solución como el Nnvvn Mejicano lo había dado 
á entender. Compendiamos aquí la explicación ato:s- 
tiguada de Grover, según nos la da el N. Y. Ilnai'l. 
Cuando se hizo la elección los demócratas de Oregon 
protestaron contra la elección de un candidato repu- 
blicano el Sr. Watts, Y>ovi\\m qxsx postmastcr en tiemp.o 
do la elección. El gobernador recibió la protesta, y 
la dio á conocer al público el mismo dia en que el 
Secretario del Estado contaba los votos. Como los 
republicanos de su parte habían hecho una contr.i- 
protesta, el Gobernador eligió el dia siguiente para 
oír las dos partes y decidir: porque es regla de la Su- 
prema Corte de Oregon que en caso que haya una 
cuestión constitucional, acerca de la elegibilidad de 
los que son elegidos para un oficio, el Gobernador 
debe oir y decidir. En el caso i^resente, Grover des- 
pués de haber oído las dos partes (y el debate diuó 
un dia entero) decidió de dar el certificado no á Watls, 
qae no era elegible, sino al candidato demócrata que 
después de Watts había recibido el mayor número de 
votos. En otras palabras, Chover dio el certificado 
á los tres electores que habian recibido el mayor nú- 
mero de votos legales. Esta fué la interpretación (]ue 
creyó dar á la ley déla Coiistituciou de Oregon, la 
que manda al Gobernador do. dar el certificado :í los 
(juo recibiesen la mayoría de los votos. El mismo 
negó de haber tenido correspondencia con hombres 
eminentes de New York: solo recibió un telegrama 
del Senador Gwiu, eu el que se decía que hombres de 



New York eminentes en las leyes, pensaban que el 
pust-iaastar Watts no era elegible. 

Texas. — La legislatura de este Estado ha creado 
50 nuevos Condados en la última sesión. Son estos 
formados del antiguo Young Territory, y del Conda- 
do de Bear en el cual estaban antes los Comanches y 
los Lipanos. Estos Condados no están todavía or- 
ganizados. Texas está adelantando rápidamente eu 
la senda de la civilazacion, y los 25,ÜÜU inmigrantes 
que cada año recibe, necesitan espacio para estable- 
cerse. Añádase á esto la importancia de los ganados 
de las mejores razas del Keutucky y de otras partes, 
y no podrá dudarse que Texas merece ya el nombre 
de Estado Imperial (Empire State) y que será en muy 
poco tiempo uno de los mas prósperos de la Union. 

t'ulorailu. — Según refiere el ExpJorailor, en la 
cámara de representantes del Colorado hay doscien- 
tos setenta y seis proyectos de le}' introducidos, y cu 
el Senado ciento setenta y seis — quieren de todos mo- 
dos obligar á los ciudadanos á que no hagan caso de 
las leyes, y que los abogados tengan algo que hacer: 
pobrecitos! 

NOTICIAS.EXTRAXJERAS. 

Inglaterra. — Pensamos que de ninguna otra- 
manera podemos combatir el maldito vicio de la em- 
briaguez en este país, que refiriendo, cuando se nos 
ofrezcan, algunos hechos ó estadísticas mas elocuen- 
tes que todos los sermones sobre este asunto. Eu Es- 
cocia desde el 1° de Enero hasta el 3U de Junio los 
casos de embriaguez conocidos y jazgados por los 
tribunales fueron 54,330. Eu Inglaterra fuerou apri- 
sionados por causa de embriaguez }' conducta desor- 
denada, que es su consecuencia, 203,980 personas, en 
el solo año de 1875. Se calcula tambieu que de GOO,- 
000 pobres, que están á cargo del Estado, 450,000 se 
han reducido á la pobreza por causa de este vicio. 
2,500,000 entre hombres, mujeres y niños están enrc' 
gistrados en esa nación como miembros de familias 
do borrachos. En ese mismo año de 1875, el núme- 
ro de los galones de puro alcohol, empleado eu los 
diferentes licores que se han consumido, asciende á 
la suma de 84,000,000, cuyo costo se calcula que ha- 
ya sido de $950,000,000. En Irlanda el alcohol 
gastado se calcula que haya sido ü, 170,501 galones. 

.Alemania. — El partido católico de Yurtemberg, 
país en que los católicos se hallan en grande mino- 
ría, ha ganado una victoria muy esclarecida en las 
elecciones para la Dieta. Gracias á los esfuerzos de 
los comités católicos, que se han organizado hace ape- 
nas tres meses, los católicos han ganado siete asien- 
tos en esa elección, no obstante que las elecciones se 
tuvieron según el antiguo sistema iudirecto. 

Ya lo habíamos dicho: lo que hi/o el Gobierno de 
Berlín para acallar los rumores de una aparición mi- 
lagrosa de María Sma. eu Marpingen, fui' Un medio 
eficaz para hacer mas evidente este prodigio: Dios se 
sirvo ordinariamente de estas persecuciones para 
consolidar sus obras, y es mu}' extraño que los ene- 
migos de su Iglesia no lleguen á entenderlo. Los dos 
Curas de Marpingen y Assweiller, los Kevs. Neuten- 
ter y Schneider, han salido de la cárcel, en qxie se les 
había arrojado sin razón ninguua, y fueron recibidos 
cu triunfo en sus respectivas Parroquias. Los cua- 
tro habitantes de Marpingen que habían sido apri- 
sionados no por otro crimen que por haber dicho 
que habían visto la aparición, volvieron libres á sus 
hogares, sin haber retractado lo dicho, como de ellos 
se pretendía. Pero el mas grande triunfo ha sido la 
¡il)eraciou y la vuelta á sus padres de las niñas que, 



-39 



como recordarán nuestros lectores, la policía prusia- 
na liabia enviado á la cárcel, y que después habia 
destinado á una casa de corrección protestante. El 
LandgericM de Saarebruck anuló la sentencia por la 
cual eran condenadas á ser encerradas en ese nfor- 
matorio. Es verdad que el procurador general apeló 
de esta decisión á la ooite Suprema de Berlin, pero 
esta confirmo el juicio del Landcjericht. Las niñas 
dejaron la cárcel el dia 12 de Dic. Las autoridades 
se han visto también precisadas á confesar que las 
niñas no retractaron nada de lo que hablan afirmado 
al principio acerca de la aparición, no obstante todas 
las amenazas, que fueron tales que hubieran espan- 
tado no solo á unas niñas de pocos años, sino á hom- 
bres de mucha edad. La Gaceta de Saarebruck, que 
por haber calumniado al Cura de Marpingen, tendrá 
que parecer ante los tribunales, dice que la gente se 
apiña cada dia al lugar donde se dice que apareció Ma- 
ría Sma. Los feligreses llegan á la aldea por millares; 
de modo que ese periódico, que habia pensado volver 
á broma todo el cuento de la aparición de Marpingen, 
está ahora obligado á confesar su asombro al ver tan- 
ta muchedumbre, en la que no puede observarse el 
menor desorden. 

La Gennania de Berlin nos da las siguientes esta- 
dísticas oficiales de las deserciones en el ejc'-rcito 
Prusiano: En 1874 hubo 16,539 deserciones, y 17,112 
atentados de deserción. En la armada naval el nú- 
mero de los desertores fué de 714, y el do los que lo 
intentaron 783. 

T5sr«jjsíáa=— Las esperanzas de paz que se funda- 
ban en la conferencia de Constantinopla, disminuyen 
cada dia mas. La Turquía no quiere hacer las con- 
cesiones que se le quieren imponer, y la Rusia de su 
parte declara que no puede ceder mas de lo que ha 
hecho, Esta potencia se prepara para hacer un prés- 
tamo extraordinario en previsión de la guerra. La 
Turquía sigue á comprar material de guerra, y la Ru- 
mania, aconsejada sin duda por la Rusia, anuncia su 
intención de sacudir el yugo del Sultán. La resis- 
tencia del gobierno Turco para conceder lo que de él 
se exige, es un misterio que no podemos aclarar. El 
Saltan e.stá muy persuadido de que una guerra euro- 
pea estallará, si la Rusia se atreve á invadir la Tur- 
quía. Esto á lo menos es lo que dio á entender 3íid- 
Imt Pacha á Lord Scdishury delegado inglés en la Con- 
ferencia. En este caso, mas vale que la Turquía 
pruebe la suerte de las armas, y acabe como empezó 
en un campo de batalla, que morir por decir así, poco 
á ix)Co desangrada por débiles concesiones. 

Hé aquí los nombrea de los Plenipotenciarios en- 
viados por los diferentes Gobiernos europeos á la 
Conferencia de Constantinopla. El Gen. Ignatieíf por 
la Rusia — El Barón Werther por la Alemania — El 
Conde Corti por la Italia — El Conde Zichy y el Ba- 
rón Cálice por el Austria — los Condes de Bourgoing 
y de Chaudordy por la Francia — El Marqués de Sa- 
lisbury y Sir Helliot por la Inglaterra — Saviet Pacha, 
y Edham Pacha por la Turquía. 

itléjico. — Se acordarán nuestros lectores de la 
persecución con que los francmasones de Méjico mo- 
vieron contra el Obispo Moreno en la Baja Califor- 
nia. Pues empieza ahora el castigo de los persegui- 
dores, ün parte telegráfico, dice el Texas CathoUr, 
nos da la noticia que el Gobernador de la Baja Cali- 
fornia, el General Villagraner, depuesto de su cargo 
por los revolucionarios tuvo que refugiarse en San 
Francisco. Esto tal Villagraner hizo la parte de Pi- 
latos en la persecución contra Mñr. Moreno. No fué, 
es verdad, el instigador y el primero autor de ella, 
pero en lugar de proteger como era su del)er, en ca- 



■ lidad de Gobernador, al inocente Obispo, se mostró 
en todo un instrumento njuy dócil en mano de los 
francmasones. Pues ahora, estos sus mismos amigos 
lo echan abajo, y lo hacen correr fuera de su país. — 
Da vez en cuando. Dios no aguarda la muerte para 
castigar. 

l"]e6aador.^Segun lo habíamos presentido cuan- 
d.) la muerte del Presidente García Moreno, una re- 
volución acaba de estallar en la república del Ecuador. 
El general Maldonado es el jefe de los rebeldes, los 
que sinembargo no han alcanzado los sucesos que se 
prometían al principio de la insurrección en Guaya- 
quil. Los rebeldes han sido arrestados en sus progre- 
sos, y esperamos que bien pronto el país podrá ser 
libertado de todos ellos. El presidente Borrero ha 
mandado publicar una proclamación, de la que saca- 
mos lo siguiente: La nueva revolución es un atentado 
criminal para echar por tierra el orden religioso, 
Kocial y político de que gozamos en esta repiíblica. 
La responsabilidad de este atentado cae sobre esos 
hombres que niegan la divinidad de Jesucristo nues- 
tro Señor, que enseñan ser el pueblo mas que Dios, 
que piden la abolición del matrimonio religioso y que 
liun elegido por jefe un soldado traidor á sus deberes. 
Pueblo del Ecuador, si sois un pueblo cristiano, de- 
fended á vuestro Dios, combatid al ateísmo. Si sois 
un pueblo esclarecido, defended á la sociedad, ame- 
nazada ahora en el Ecuador, y proteged vuestras fa- 
milias rechazando el matrimonio civil." Dícese que 
esta proclamación ha producido los mejores resulta- 
dos. La población está pagando sin quejarse las ta- 
sas extraordinarias para la guerra, y parece entender 
los peligros que la insurrección quiere traerle. 

MISCELÁNEA. 



Leemos en la Gatholíc Beview que varios periódicos 
metodistas en los Estados durante la última campa- 
ña electoral .suponiendo como cosa evidente que la 
mayoría de los catóÜcos eran del partido demócrata, 
se tomaron la pena de avisar el Episcopado y los edi- 
tores católicos del peligro que corrían con esta su 
conducta política. No sabíamos que en los Estados 
la mayoría de los católicos era por el partido demó- 
crata; pues aquí, país católico, la mayoría tal como 
so mostró en las últimas elecciones, es republicana. 
Verdad es que pero ¡chist! no vayamos á com- 
prometernos con palabras imprudentes — Lo que que- 
ríamos decir es, que tal vez los católicos son por la 
mayor parte demócratas, cabalmente porque la ma- 
yor parte de los metodistas son republicanos. 

Hemos leído en diferentes periódicos católicos la 
siguiente anécdota del Padre Santo. Dos años des- 
pués de su elevación al Papado, mientras que un dia 
estaba paseándose cerca do la Iglesia de San Juan 
dy Letran, una división del Colegio de Propaganda 
se dirigió al mismo punto. Era esta á la excepción 
del Prefecto compuesta de muchachos del Asia Menor 
y otras partes del Oriente, que los Obispos de ese país 
h ibian enviado á Roma para educarse en el susodi- 
clio Colegio. Apenas visto al Papa, los pequeños es- 
tudiantes se descubrieron y acercándose se pusieron 
do rodillas para recibir su bendición. "¡Oh! dijo el Pa- 
dre Santo, qué hornadita do pequeños Obispos, hay 
aquí," "Cuidado, contestó uno de los mas vivos de a- 
quellos mozuelos, cuidado, Padre Santo, sus pala- 
bras pueden verse todas verificadas." Se sonrió el Pa- 
pa á estas palabras, pero no hace mucho que el pa- 
triarca de Alejandría hizo saber á Pió IX la curiosa 
coincidencia que todos los muchachitos de aquella 
di'>ision habían conseguido el orden de Obispos. 



40 



SECCIÓN ilELIGíOSA. 



CALENDARIO RELIGIOSO. 
ENERO ¿g-FEBREROg.'í. 

28. Domiiii/i) lio. ííep<i(af/í.tm«— San Jnlinn Obispo y ConfeKot. fian 
Flaviano, Mártir. 

20. Lunes- Hi\n Francisco do finloF, Obispo }• Confesor. San Vale- 
rio, ()l)ispo. 

30. .l/'níí".v Santa Martina, Virgen y Mártir. San Hipólito, Mártir. 

"1. -líiVrfoZt'.s— San Pedro Nolasco, Confesor, fnnJailor de la ónlcn 
de Nnestra Señora de la Mercod. Santa Marc'la, Viuda. 

1. ./rfi-e.s -San Ignacio. Obispo y Mártir. Santa Brígida, Viuda. 

2. 17(!-;íe.s -La Purificación do Maria Santísima, vulgarmente lla- 
mada la Candelaria. 

3. Sábado —Han 151as, Obispo y Mártir. Sta. Celerina y sus com- 
pañeras. Mártires. 

SAN FRANCISCO I)E SALES, OBISPO. 

Este glorioso Prelado, honra de los siglos moder- 
nos, naci(S en 22 de agosto de 15(57 en el castillo de 
Sales, casa solar de su familia, diócesis de GineVjra. 
Educado desde su mas tierna edad por padres virtuo- 
sísimos, lo fué luego en el colegio de Anneey. En Pa- 
rís estudió retórica y filosofía con los Padres Jesuí- 
tas, y la teología paite con estos y pai-te en la univer- 
sidad. Fué su principal profesor entre los primeros 
el célebre P. Maldouado. Del P. Possevino aprendió 
la teología mística, y bajo su dirección formó sa es- 
píritu y tranquilizó las crueles dudas que á pesar de 
Hu fervor le asaltaban ¡í menudo sobre su salvación. 
Eu Loreto hizo voto de perpetua virginidad, y renun- 
ciando un ventajoso enlace que le proponían sus pa- 
dres abrazó el estado eclesiástico. En seguida em- 
})reudió sus apostólicos trabajos en la diócesis de Gi- 
nebra por encargo de Granerio, su Obispo, que le 
nombró su coadjutor. Setenta y dos mil herejes cal- 
vinistas se calculan convertidos por su celosa predi- 
cación V admirables ejemplos. Nada le detenia, ni 
(|1 fi-io, ni el calor, ni las tempestades, ni las amena- 
zas de los malvados. Muerto Granerio, sucedióle en 
el episcopado, y desplegó entonces todavía mayor 
austeridad en su vida, y mas afanoso celo ))or la con- 
versión de los protestantes. A él se debió la funda- 
ción de la Grdüu do la Visitación, que bajo sus inspi- 
raciones estableció Santa Francisca Fremiot, viuda 
baronesa de Chantal. Su actividad no conocía lími- 
tes; empleaba en escribir los suavísimos opúsculos 
que conocemos el tiempo escaso que le dejaban libre 
sus demás ocupaciones y la continua correspondencia 
espiritual que sostenía con numerosos caballeros y 
señoras que solicitíiban sus consejos. Falleció al vol- 
ver de Francia á Anuecy á la edad de cincuenta y cin- 
co años, dia después de San Juan Evangelista, en que 
le dio un grave ataque repentino, el año 1622. Em- 
pezaron á obrarse al punto mil prodigios en su sepul- 
cro y por sa invocación. Canonizóle después de ma- 
dura información el Papa Alejandro VIL 



REYÍSTA CONTEMPOílANEA. 

Hceibinios del Rov. Juan B. Fayct, ]*rcsi- 
dcnle-ilo la ccmisioii de escuelas dercondado do 
S. Miguel el siguiente eoinunieado 6 notijícacion. 
Las Veíjas, N. M., Knero 22 de 1877. 

"Nosotros los abajo lirniados coinisif nados de 
escuelas del condado de S. Mi;i,iu'], (|i:e acaba- 
luo.s <!(> recibii- nuestra couiisiou y euíriir en po- 
sesión del olii-io, habiéndonos icniíidn \\o\ j)or 



primera vez, hemos convenido ú la unanimidad 
de que, no habiéndose abierto escuelas hasta 
ahora no se abran yíx por este año. 

"La principal razón es (jue el fondo de escue- 
las en la actualidad no tiene un solo centavo de 
dinero disponible, según las cuentas que nos lian 
presentado. En ve/ tiene muchas deudas, estan- 
do en circulación $4,531-75 en bonos que el 
Ibndo de escuelas ha girado y debe pagar. A la 
verdad se le deben $1,680-96 pero según infor- 
mación será muy difícil de colectar esta suma; 
además de que no bastaría ni para pagar las 
deudas contraidas. En esas circunstancias si 
estableciéramos las escuelas no pudiéramos pa- 
gar sino con bonos; y ¿qué caso hará la gente 
de esos nuevos bonos si los viejos no se pue- 
den pagar? La ley además ordena que se les 
pague en dinero. 

"Además que, las escuelas según la ley se de- 
bían abrir desde el principio de Noviembre y 
durar como de costumbre los meses de invierno 
cuando la generalidad de loa niños pueden asis- 
tir H ellas. Ahora estamos ya á fines de Enero 
y por pronto que las estableciéramos no queda- 
rian sino unos dos meses. Por tan poco tiempo 
serian de ningún provecho j casi inútiles. 

"Dejaremos, pues, por este año las escuelas á 
fin de que con los fondos que se colecten, se 
paguen los bonos viejos. Pagados estos, será 
mas tácil y mas decoroso establecer las escuelas 
como conviene y manda la ley y el pueblo de- 
sea. Esperamos que todos se persuadirán con 
estas razones y las hallarán satisfactorias. No- 
sotros les aseguramos que habiéndonos mostra- 
do tanta confianza con nombrarnos á este oficio, 
les (¡uei-enios servir como es deber y hacerles 
justicia en el manejo de estos fondos públicos. — 
J. 1>. Favkt, Prc'sidevte. — Eduakdo >r.urriXEZ. 
— Antonio Baca y Baca. 



La Recií<ta Católica cree su deber el dar las 
mas sinceras gracias al pueblo Neo-Mejicano por 
los consoladores prospectos con que la hizo entrar 
en su tercer año. En una época de tanta estre- 
chez, no solo vimos, con pocas excepciones, que- 
darse fieles los antiguos suscritorcs, sino á otros 
muchos enviar su nombre para el año cuyo pri- 
mer mes va ;í expirar. Expresamos sobre todo 
nuestro agradec imiento al Reverendo Clero ar- 
chidiocesano, que con su generosidad, con su pa- 
labra, y con su infiuencia coadyuvó nuestros dé- 
biles esfuerzos, dándonos con eso pruebas evi- 
dentes de cuan ventajofa considei-a á la Revista 
|)ara promover los intereses morales y religiosos 
de nuestra pob'aeion. Es este el objeto á (juc 
miramos, y i)ueden todos haberse convencido 
que, á cualquier ])artido político pertenezcan, 
nos hallarán á su lado mienlras nfendierrn con 
no.-olro.? á aquel iloble blanco. ()uicra Dios \\\?v\- 



-41- 



.iMi.m w M' ^M^- n ri a r íwua iHiji rg % - mj'jT i i m iii nirT* 



zzasKaESCB- 1 



rarnos aliento para llevar adelante nuestra tarea 
y seguir mereciéndonos el favor de los buenos. 



Ahí va la opinión del JSÍ. Y. Herald sobre los 
embrollos del Estado de Florida. Lean bien los 
sencillos abogados y preconizadores de la elec- 
ción legal de Hayes. Acaso se aclararán un poco 
sus ideas en este asunto. ' 'Nuestro corresponsal 
de Washington nos envia en una compendiosa re- 
lación, de fuente democrática, la manera como ma- 
nipuláronse los negocios en Florida á fin de de- 
clar{\rla primero en favor de Hayes y Stearns, y 
después, recontando los votos por drden de la Su- 
prema Corte, en favor de Hayes y Drew. Si 
esos rumores son verdad, el Rehirning Board ha 
sido evidentemente reo de fraude; también lo han 
sido los empresarios republicanos de los Conda- 
dos mentados (por el corresponsal), y los Repu- 
biicanos no 2^uede7i, con métodos tan fraitdulentos 
declarar la votación en favor de Hayes. Si no pue- 
den demostrar que los votos del Estado fueron 
dados honestamente, y concienciudamente con- 
tados, la opinión pública debe pronunciárseles 
en contra. Si pueden confutar esas hablillas les 
aconsejamos que lo hagan cuanto antes. Ellos 
dominaban el Estado; su Gobernador era candi- 
dato de reelecion; nombraron ellos los oficiales 
d© elección, luego son justamente responsables 
de todo, y deben mostrar que obraron con rec- 
titud." 



En otro artículo, encabezado "El peligro que 
nos está enfrente.'' demuestra el Herald que el 
riesgo que corre ahora la República Americana 
no es ni la anarquía social, ni la interrupción 
del gobierno federal, ni la guerra civil, sino "la 
.aversión á nuestras instituciones, que puede na- 
cer de esa prolongada agitación y tormenta que 
;atravesamos, y hacer que el pueblo esté pronto 
á aceptar cualquier cambio le prometa mayor 
solidez y protección mas aventajada contra con- 
vulsiones políticas tan fatales á todos los intere- 
ses." ¿Es posible que abrigue el Herald seme- 
jantes temores? y que, no bien expirado el pri- 
mer centenario de la República, empiece ya á 
tediarse el pueblo de su presente forma de go- 
bierno? No ha mucho tan ufanos estábamos de 
nuestras instituciones, que desafiábamos el mundo 
entero á que nos indicara otras que nos garanti- 
zasen á un tiempo igual libertad con igual gran- 
deza. A ese reto contestaba el orbe entero con 
su simpatía, y con una enhorabuena felicitado- 
ra. Y no por un bellaco deseo de adularnos. 
Pues de todos los mares le vimos navegar hacia 
nuestras orillas, y cobijarse bajo nuestra égida y 
nuestro pendón. Nuestro espíritu y el amor do 
nuestras instituciones se apodero cual verdade- 
ro delirio de todos los pueblos. Todos (|uisie- 



^on ser Republicanos. ¡Y cuántas monarquías 
cayeron! Hoy dia empero hemos de temer (¡ue 
el pueblo mismo americano no empiece á mirar 
con tedio sus instituciones. ¡Tan verdad es que 
el bienestar físico y moral de un pue])lo no de- 
pende tanto de su forma de gobierno como de 
los principios que animan á sus gobernantes! 
Dadnos otra vez á un Washington, 6 un Hamil- 
ton, y podéis perder cuidado por la conservación 
de nuestras instituciones. 



Desde el dia 9 de Dic. dijimos que pasaría a- 
quel mes, y este de Enero, y quizás Febrero sin 
poder saber quién seria el nuevo Presidente. 
Este es el caso. Según el Herald del P°- de E- 
nero, en Washington los Republicanos prosiguen 
diciendo que fué elegido Hayes, y los Demócra- 
tas que no, señor; sino que fué Tilden. Pero, 
entre unos y otros, muchísimos hay que dicen: 
"Esperaos. Aun no se ha decidido nada." Y 
aguardan la decisión del Congreso. Otros, em- 
pero, no saben aguantarse. ' "¿Qué táuta cacha- 
za?" dicen; "brio y pujanza queremos ver, y sos- 
tener á nuestros Candidatos aun con las arm.as." 
Del mismo perio'dico tenemos que se han forma- 
do en Ohio sociedades secretas con este intento. 
En el campo Republicano figuran los Paíriotic 
Sons of Liberty, The Stars avd Siri^Jes, Sons of 
America, Phalanx of the Loyal Brotlierlioodj, j 
quizás otras pandillas. En las filas de los De- 
mo'cratas no encontramos sino los Mimde Men of 
187G. Calaveras todos. Q,uién sabe cuánto y 
qué bien bailarian esos, si un dia que otro se le 
antojara á Marte salir á pase.nise por esas ribe- 
ras con su violin, y nos tocara una de sus pol- 
kas. El que blasona de guapo abriga á 
menudo corazón de gallina. Otro plan se habia 
ideado en las regiones políticas para acabar con 
toda re^Trta. Querían hacer otra elección con 
nuevos Candidatos. Los Demócratas, los que 
con mayor ahinco abogaron este proyecto, pro- 
ponían por Candidato al Gen. Palmer, y prome- 
tíanse aplastar de plano al partido opuesto. No 
les entró mucho esa idea á los Republicanos; y 
la última resolución es aguardar el fallo final del 
Congreso el dia 14 de Febrero. Cabalraeutc el 
Miércoles de Ceniza. ¡Oh, si todos, Rei)resen- 
tantes y Senadores, antes de entrar aquel dia en 
el Capitolio, entraran en una iglesia cati^lica, 
para tomar la ceniza, y reflexionar un poco en 
aquella sentencia: "Acuérdate que polvo eres y 
á ser polvo tornarás!" 



El sermón del Dr. CottonSmith sobre los "pe- 
ligros del Papismo" nos ocupó la semana ¡¡asadii 
mas de lo que hubiéramos deseado. Por lo tan- 
to omitimos entonces de mentar su curiosa solu- 
ción de la cuestión de escuelas. Confesó, piios, 
lo peligro.so y dañoso del sistema i)i'CíiM¡to, j>ero 



-42- 



añadiú: "Nosotros debemos adherirnos íirme- 
niente á las escuelas públicas como están ahora, 
hasta que podamos hacerlas instituciones religio- 
sas." — Una vez, en dias de marras, estaba que- 
mándose rápidamente una casa. Un buen veci- 
no lanzó un grito de alarma, corrid, despertó al 
duefio de aquella casa, á su mujer, á sus hijos, y 
les dijo: "Salios de aquí; pronto; salvaos en mi 
casa, ó perecéis todos."' Fué todo en vano. Les 
ocurrió la idea que hablan de apagar las llamas, 
sin (jue tuvieran ni un jarro de agua. Corrían 
desatinados por aquí y por allá, afanábanse, des- 
espei-ál)anse, y en esto el fuego iba ganando fuer- 
zas por instantes. De repente todo el edificio 
se derrumba con fragoroso estruendo y se viene 
al suelo entre vórtices de llamas y una nube de 
humo, soj)uUando b;ijo sus escombros á los desa- 
fortunados moradores, hechos tizones y cenizas. 
¿Habéis comprendido, Señor Doctor, la moraleja 
de este cuento? Vosotros no podéis deshaceros 
de las escuelas racionalísticas. Estribáis ambos 
á dos en un solo ])rinoij)io, la independencia de 
toda autoridad religiosa. Por otra parte rejmdiais 
la acción de la Iglesia católica; luego pereceréis. 



¿En que empresa fué nuestro siglo mas feliz? 
¿Uuál es la invención, que mas duradera hará su 
memoria, y mas aplausos le granjeará y mas 
bendiciones en la mas remota posteridad? ¿Es 
acaso el gas, el vapor, el telégrafo? ¿es la guerra 
hecha á la holgazanería, á la ignorancia y á la 
ignava holganza, que se abrigaban á la sombra 
del santuario en los conventos? ¿es el exterminio 
jurado á la tiranía y despotismo del Sacerdocio? 
¿es el derrocamiento de los tronos? ¿es el ensal- 
zamiento de la humanidad sobre todo esc absur- 
do a[)arato de dictámenes y leyes, al que llama- 
ron en siglos de estolidez y barbarie Autoridad, 
Coi^ciencia, Lógica, Metafísica, Teología, Moral, 
Códigos, Religión, y (jué sé yo cuál otros retum- 
bantes terminachos y ensortijadas diabluras? 
No, señor; no os devanéis los sesos, querido lec- 
tor, pues no acertareis con lo que buscáis. La 
gloria nia^'or de nuestro siglo, os lo diremos en 
un palabra, es la dholicion deln pohi-eza. En efec- 
to ¿((ué nos habian de aprovechar todas esas 
grandiosas ventajas (juc íbamos mentando, y mil 
otras mas, si fuéramos.... pobres? Por eso, nuestro 
humanísimo y amante siglo XIX proclamó (pie 
es vergüenza la pobreza. P]scribió en las puer- 
tas de sus opulentas ciudades: "La Mendicidad 
está prohibida." Luego mandó á su ¡)olizonte 
(pie aj)risionara al mendigo cual haragán y em- 
l)uster(), molesto al pulido y encoi)etado ciuda- 
dano, asco del elegante Ibraslero, oprobio de !a 
patria. Con una .sabiduría que haría reventar 
de envidia el siglo de Licurgo y de Solón, el 
nuestro escaví» miiuis. y sej)ultó en las entrañas 
d'- la lirrra á millai'es de esos truhanes que no 



quieren ser ricos; encendió hogueras y condenó 
á otros millares á vivir en ellas noche v dia; le- 
vantó calabozos que llamó Fábricas, y á mas 
millares aun encerró en ellos á ün de que malo- 
grándose allí poco á poco esas inútiles existen- 
cias, no hubiera raas pobres en el mundo. ¡Vi- 
va nuestro siglo! Logró su intento. Ya todos 
nadamos en oro. ¿Queréis verlo? Nueva York, 
el emporio mas brillante del Nuevo Mundo, está 
sitiada de jornaleros famélicos, que buscan tra- 
bajo y no lo hallan. Sin pan, sin lumbre, sin 
trapos, sin techo, andan por las calles de la ciu- 
dad imperial, llamando en vano á la puertardel 
mercante, del empresario, del especulador y del 
banquero. No encuentran por doquiera sino un 
egoísmo glacial; y su único amparo es una cárcel 
voluntaria. Allí siquiera acallará el hambre. 
No exageramos. Los diarios refieren anécdo- 
tas y estadísticas de la mas afljctiva miseria. 
¡Doscientos mil obreros sin trabajo! ¿Queréis 
descripción mas viva ó mas elocuente? Nues- 
tro siglo proscribió la mendicidad, no queriendo 
mas reconocer en el pobre al miembro enfermo 
de Cristo; y Dios le envia hordas de mendigos. 



p]n un pleito contra las Hermanas de la Provi- 
dencia de Montreal, por la pretendida violación 
de una patente en la fábrica de cierto jarabe, 
salieron á luz les hechos siguientes. Somos deu- 
dores por ellos al N. Y. Tahlet. Las Hermanas 
en un año prestaron gratuitamente los servicios 
que se siguen: — 1. Enseñaron á 3257 niños. — 2. 
Hospedaron, vistieron y educaron á 553 huérfa- 
nos. — 3. Distribuyeron á los pobres de la ciu- 
dad 33,585 pitanzas. — 4. Mandaron hacer por 
sus médicos 927 visitas gratuitas á enfermos fal- 
tos de recursos. — 5. Cuidaron, alimentaron y 
vistieron á 213 ancianos y endebles enteramen- 
te desamparados. — 6. Suministraron de su boti- 
ca los medicamentos de 25,547 recetas á los 
pobres de la ciudad. — 7. Además de los demen- 
tes cuidados á expensas del gobierno, tuvieron 
de valde á 22 mas. — 8. De los 176 sordo-mu- 
dos bajo su dirección tres solos pagan la pensión 
por entero, y los demás que alguna cosita pagan 
no llegan á diez.^ — ^0. Ilecibieron en el Hospital 
418 enfermos pobres, proveyéndoles de alimen- 
tos, medicinas, etc. — 10. p]nviaron Hermanas á 
asistir enfermos y moribundos, y velar la noche 
con ellos: 3,000 risitas. — 11. Las visitas de dia 
hechas á los enfermos suben á cosa de 43,000. — 
Todo eso gratuitamente, \ en el espacio de doce 
meses, ¿(^ué corazón no se ensancha? líendito 
sea el jileito que reveló al siglo XIX, tan ruido- 
so y tan egoístico, una caridad Xáw íntima, tan 
))rofunda, tan consoladora, y á la par tan humil- 
de, tan silenciosa. 



-Í3- 



La Revista no quisiera hablar tanto de Jesuí- 
tas. Harto hablan de ellos los periódicos de 
casi todo el mundo; y no les dan descanso á a- 
quellos pobres dianches. Todos han de decir la 
snjü. Quien bien, quien mal; quien en la sátira 
punzante 6 en la comedia, quien en un capitulo 
profundo de historia lilosúlica y retumbante. No 
parece sino que a' no ocuparse de Jesuítas pasa- 
rla uno por una momia de P]g-ipto, por un ana- 
cronismo insoportable. Lo peor es que después 
de haber leido y rcleido á esos y á aquellos, os 
quedáis tan á oscuras acerca de lo que son los 
Jesuítas, que todo os parecerá un misterio, un 
enigma mas enredoso que cuantos propuso á los 
pasantes la famosa Esliuge de Delíbs. ¡Tan re- 
ñidos andan en este asunto y tan discordes los 
autores! Por eso cuando toca en la materia un 
escritor, ó pei'iúdico de campanillas, es menester 
atesorar sus palabras. Tal es el Zioii's Herald, 
periódico Metodista de los mas ilustrados, de 
modo que es imposible defraudar á nuestros lec- 
tores de los dijes de este diario á propósito de 
Jesuítas. Según él "El Jesuíta es la encarna- 
ción del mal en disfraz de religión." "Es casi 
el único hombre de cuj'a palabra no os podéis 
fiar." "Apenas ha puesto los píes en el suelo, 
que empieza á mezclarse en la cuestión de escue- 
las." "El pueblo Americano debe tener clava- 
do en la memoria que su mas atroz y ñero ene- 
migo lo hallará en el Jesuíta." "El voto de los 
Jesuítas se va todo y entero por el mismo lado, 
siempre en favor de un solo partido. Aquel voto 
hace caer la balanza en nuestras eleccionesJ^ Basta 
eso para tener una idea de lo que son y hacen 
los Jesuítas. ¡En 1872 eligieron á Graut! Ahora 
han elegido á Ilayes, ó á Tilden, según como 
salga; y las elecciones del Territorio son tam- 
bién el efecto de su votación. ¡Neo-Mejicanos, 
cuidado con esos diantres que todo lo revuel- 
ven! 



Supremacía de S. Pedro scgim el Evangelio. 



Si en el santo Evangelio hoy alguna cosa que 
no admite duda, esta es por cierto que S. Pedro 
fué constituido Príncipe de los Apóstoles y ca- 
beza visible de la Iglesia por el mismo Jesucris- 
to. Los Protestantes lo niegan, pero es por pu- 
ra terquedad: ya que haciendo ellos tanto alar- 
de de admitir las Escrituras y las solas Escritu- 
ras, como autoridad competente en materia de 
fé, sin embargo cierran los ojos sobre esta ver- 
dad que en las Escrituras se contiene, y resplan- 
dece mas clara que la luz del dia. Lo vamos á 
ver con alguna detención, solo para provecho de 
la generalidad de nuestros lectores, que no es- 
tán muy al corriente en estas cuestiones. 

Desdo que J. 0. piincipió á juntar discípulos, 
uno de los primeros :( presentársele fué San Pe- 



dro, que entonces se llamaba Simón, y fué solo 
por curiosidad de conocer al Mesías. Este que 
sabia lo que iba á hacer con él, y á qué alto gra- 
do de dignidad lo tenia destinado en su divi- 
na providencia, se lo (piiso dar á entender, aun- 
que (le una manera misteriosa, en una promesa 
que le hizo, diciéndole: "Tu eres Simón, hijo 
de Juan: tu serás llamado (Jefas (que quiere de- 
cir Pedro).'' Juan I, 42. Por supuesto S. Pedro 
no entenderla desde entonces la grandeza y el 
misterio de este su nuevo nombre, pero un poco 
mas tarde J. C. se lo hizo conocer claramente; 
y nosotros ahora penetramos perfectamente todo 
lo que encierra este promesa "Tu serás llamado 
Pedro." 

A esto se siguieron muchas muestras de es]>e- 
cial predilección usada por Jesucristo resj)ecto 
de Pedro, y otras señales nada equívocas de sus 
futuras prerogativas. ITé aquí algupas. Saliendo 
J. C. un dia de la Sinagoga (Luc. lY, 88) quiso 
honrar con su divina presencia la casa de Simón 
Pedro, y habiendo hallado su suegra de él en- 
ferma, la sanó. Luego después sale de allí, y 
viendo que mucha gente del pueblo se agolpaba 
para oír la palabra de Dios, como se hallase so- 
bre la orilla del lago de Gencsaret, J. C. pensó 
subir en una barca, y á este efecto escoge, entre 
las que habia, la de Pedro, y se sube en ella con 
algunos de sus discípulos. De allí [)redica á las 
gentes, y les enseña su celestial doctrina. Jesu- 
cristo pues, se sienta en la barca de Pedro, y de 
la barca de Pedro enseñ.i,. ¿Y quién no ve en 
esto el celestial misterio que quiso ,J. C. prefigu- 
rar? esto es que aquel barco marterial de Pedro 
era la Iglesia, barco espiritual del mismo Pedro, 
en el que Jesucristo reina y enseña, en persona 
de él y de sus sucesores. Desde los mas anti- 
guos tiempos, la Iglesia entendió este misterio, 
en su veneranda tradición perpetuó tan á pro- 
pósito las mismas imágenes, representando la I- 
glesia en una barca, y á Pedro y sus sucesores 
en un pescador. 

Ni J. C. nos quiso dar á entender otracosa. 
Ya que allí mismo se narra que acabado de ha- 
blar, ''Condúcenos, dijo á Pedro, mas adentro y 
echad vuestras redes." Y^ habiéndoles echado 
y sacado una muy abundante f)esca, fu ra de to- 
da esperanza, ([)ues no hablan logrado ningún re- 
sultado del trabajo de toda la noche anterior,) 
añadió á Pedro, que se quedó muy asombrado: 
"No temas, desde ahora serás [(cscador de hom- 
bres." Pero en esto tenemos que considerar a- 
quellas palabras de J. C, condúcenos y echad: 
pues, como enseña San Agustín, en las Escritu- 
ras todo encierra un misterio, y este cambio de 
número singular en plural sin duda tiene alguna 
significación. Al solo Simón manda J. C. que 
guie la barca, condúcenos: }" bajo la dirección del 
mismo, manda á los demás discípulos que com- 
partan con él el trabajo, echad la? redes. Y ¿qué 



-14 



(¡uiere estu decir, siiiu (]ue cu cea iDÍstica barca 
de la Iglesia, llamada \u)v lo tanto barca de Pe- 
dro, este está constituido como j)iloto ijue man- 
de, y que bajo de él están los demás ministros 
de ella J. C, para coadjuvarle, y compartir el 
trabajo de la salvación de los hombres? 

Vamos ahora ¡í la lanujsa confesión de San Pe- 
dro. J.jjjíV liabia elegido ya sus doce Após- 
toles; un (lia cerca (le Cesárea les pregunto' 
•(juicii pensaban ellos (jue El fuera? ]\'dro en 
uu ai'i'auf|ue tle viv'a fe, se anticipa á todos y le 
dice. "Tu eres el Cristo, hijo de Dios vivo." 
Ahora consideremos cómo J. C. recompensa es- 
ta gloriosa confesión. "Pienavcnturado eres, Si- 
món, hijo de Jonás, porque no te lo reveló la 
carne ni, la sangre, sino mi Padre que está en 
los cielos. Y yo te digo (pie tu eres Pedro y 
sobre esta 7>¿efZya edificaré mi Iglesia, y las puer- 
tas del infierno no prevalecerán contra ella. Y 
yo te daré las llaves del reino de los cielos, y 
todo lo que ligares sobre la tierra, ligado será 
en l(js cielos; y todo lo (pie desatares sobre la 
tierra, será también desatado en los cielos.'' lié 
aquí' el misterio de por(pié I'edro se llamaría 
así, como J. C. le prometió desde su ¡¡riiuera 
entrevista; y hé aípií las altas [)rerogativas que 
se encierran en este nombre». Primero J. C. dice 
(|ue fumlarií la Iglesia sobre el mismo Pedro: E\ 
es la i)iedra angular y Pedro el fundamento. 
Sobre este fundamento J. C. fabricó su Iglesia y 
los Ajjósloles ayudaron á establecerla: contra 
esa Iglesia, fundada sobre San Pedro, no preva- 
lecerán las ])uert;is del infierno. Todas esas 
Iglesias no establecidas sobre San Pedro, no son 
la verdadera Iglesia de Cristo no tienen el fun- 
damento (|ue .}. C. pone, y. pronto ó tarde, 
se desmoronan y caen. Por h\< jiu.cri'íH del ¡a- 
Jhiviio so entienden las potestades infernales, 
conforme á una, mctálbra muy usada éntrelos 
Orientales; aun hoy dia se da el nombre de 
Pucrid ÜloiiK'iia á la potencia é im[)erio Otoma- 
no. Las ¡)otestadcs infci-nales pues, no pre- 
va,leceráu contra la Iglesia, fundada sobre San 
Pedro, mientras <pie han prevalecido y preva- 
lecerán siempi-e conti'a. las otras. Kn segundo 
lugar, .7. C. prometió áSau Pedro las llaves del 
reino (U; los cielos, esto es de su Iglesia, (pie h^l 
en el Santo l'^vaugelio llama, con los diferentes 
ii()mt)r(!s d(! casa,, de ciudad, reino, rebano, etc. 
Ahora las llaves son el símbolo d(^ hi potestad su- 
))reuia; entregar las llaves de una casa ó de una 
ciudad significa dar la |)os(»s¡on y ceder el go- 
bierno de ellas, y así también significan las lla- 
ves en Isaías (c. XXII.) la autoridad del go- 
bierno, y en el Apocali))sis (e. III.) e¡ poder 
soberano de .Jesucristo. liSte ahora dando las 
llaves ;í S. Pedro le encarga el gobierno de la 
Iglesia, y (pie él solo tenga el poder de abril- y 
cerrar, esto es de dar ti impedir la, (Milnnla cu 
la misma Iglesia. Ku tercer lugar ^. C. le da 



pjder de atar y desatar, añadiendo que en los 
cielos será atado y dcísatado según él haga en 
la tierra; y claramente le dice que tiene poder 
para atar y desatar de cualquiera culpa. Luego, 
aunque J. C. diera este mismo ¡)oder á todos los 
jV postóles, San Pedro lo tiene con una superio- 
ridad sobre los demás, i)udiendo hasta desatar 
lo que otros hubiesen atado, y atar lo que los 
otros hubiesen desatado. No j)odia el Reden- 
tor darnos á entender con mas claridad que El 
ponía á San Pedro como cabeza de la Iglesia, y 
de los demás Apóstoles, y que le daba facultad 
su})rema y especial de fundarla y gobernarla. 

Pero hay mas: J. C. quiso ser tanto mas es- 
plícito en las prerogativas concedidas áSan Pe- 
dro, cuanto mas eran extraordinarias y sin 
¡guales. Ellas se resumen en dos: 1? ser maes- 
tro infalible de verdad, 2° ser pastor supremo 
en el gobierno de la Iglesia. Para demostrar- 
las traeremos dos textos muy claros. El uno es 
de S. Lucas, (XXII, 31. ) en el cual J. C. en la 
última cena dijo á S. Pedro: "Simón, Simón, 
mira que Satanás os ha l)uscado para zarandea- 
ros como trigo; mas yo he rogado por tí, para 
que no falte tu fé; }' tu una vez convertido con- 
lirma á tus hermanos." Luego, S. Pedro está 
constituido maestro universal, cuya fé no ha de 
faltar jamás, antes el tiene que confirmar en 
ella á los demás. Nótese también que el Señor 
le hizo también este encargo en la ocasión de 
una contienda, que se había levantado entre 
ellos, de quién seria el primero de todos ellos. 
Jesucristo, reprendiendo su ambición, añadió 
las palabras que acabamos de citar, pero con 
ellas no negó (pie él di^jaba entre ellos alguno 
como principal sino (]ue expresamente dio á en- 
tender lo contrario, (laudóles á Pedro por cabe- 
za que los debía confirmar en la fé. 

El otro texto es de S. Juan. (XXI, 17.) En 
él Jesucristo por tres veces i)reguntó á San Pe- 
dro si le amaba mas rpie los demás; y, habién- 
dole r.segurado (pie sí, le dijo primero por dos 
veces mxicientn mis corderos, .y la tercera vez le 
dijo apdeíenfa ruis ovcjds. Con lo cual nos indi- 
ca que líl entrega al cuidado de Pedro, como 
Pastor Supremo todo su rebaño, corderos y 
ovejas, esto es fieles y obís])os, para que los go- 
bierne, defienda y cuide. 

Siendo esos textos tan fiuanales, no ])uede ser 
mas (pie insensata teripicdad el (pierer negar 
(jue San Pedro haya sido constituido Jefe su- 
jjreino de la Iglesia verdadera y visible, que ha- 
ya sido i)uesto cual íundameuto ]\Iaestro y pas- 
tor de ella, y finalmente (pie con las llaves se 
le confiaron estos oficios, para atar y desatar y 
enseñar á todos la verdadera doclrina y conde- 
nar los errores. Esto es lo (pie hace que San 
Pedro sea como una roca y fundamento de gra- 
nito, contra el cual st^ (^slrcdlau la rabia y es- 
|"u'.M'/(ís del infierno para aniquilar este edificio 



crí- 



ele la Iglesia. No de otra manei'a han entendi- 
do eeas palabras del Evangelio todos los Padres 
y Doctores de la Iglesia desde la mas remota 
antigüedad, los concilios generales y particula- 
res, en una palabra toda la tradición constante 
y universal; por último hasta los mismos here- 
jes en muchas ocasiones. Pero trataremos de 
este punto mas despacio. 

Supuesto lo que acabamos de decir, se entien- 
den y explican perfectamente todos los actos do 
especial autoridad, que se cuentan en los Actos 
de los Apóstoles como practicados por San Pe- 
dro, y quéála vez conñrman el por uso que ejer- 
cí d el derecho de su supremacía sobre la Igle- 
sia naciente. Los citaremos con las palabras del 
P. La Cordaire (serm. 4.) "En virtud de cf-tas 
eminentes palabras, Pedro inmediatamente des- 
pués de la ascensión del Salvador, ejerció su 
prerogativa apostólica: él fué quien se levantó 
en el cenáculo para que se eligiera un apóstol 
en lugar de Judas; él fué el primero que des- 
pués de la venida del Espíritu Santo anunció la 
palabra divina ú los Judíos; él fué el primero 
que llamó á las naciones á la fé en la persona 
del centurión Cornelio; él fué el cjue hizo el pri- 
mer milagro, dejando muertos á sus pies ;i Ana- 
nías y Safira por haber mentido al Espíiitu 
Santo; él fué el primero que tomó la palabra en 
el concilio de Jern.salen, y propuso lo que con- 
venia resolver acerca de las observancias de la 
ley antigua: donde quiera se mostraba á las 
claras su supremacía." 

A no entender en este sentido los textos de 
la Escritura, concernientes á esta materia, los 
mismos nos serian completamente inexi)l¡cables, 
y mas inexplicable todavía la tradición, doctii- 
na é Historia de toda la Iglesia, que desde sus 
))rincipios hasta nuestros dias no los ha entendi- 
do de otra manera. 



El suicidio considerado cu sus causas. 



Decíamos en otro número tratando de esta 
materia, que es muy posible, según las pruebas 
que la misma experiencia nos suministra, que 
aun fuera de los casos de locura, puede alguno con 
pleno conocimiento y deliberadamente resolver- 
se á quitarse la vida, y ponerlo en ejecución. 
Así sucedió en aquella desgraciada mujer de los 
Alamos, de quien hablábamos, según aparece de 
todas las circuntancias de ese horrible suicidio. 
Recordaremos al mismo propósito, otro sucedido 
en California, hace solamente uno ó dos meses, 
del cual nos dieron noticia los periódicos. El 
hombre que se mató, estaba tan en su juicio, que 
quiso bromear sobre lo que iba á hacer, y pro- 
porcionar á otros materia de risa, y diversión. 
Porque antes do sui-íidarsc tuvo cíiidado de er- 
cribir un papel, el caial so lo Ifajlo después de 



ñiuerto en la faltricjuera, y fué reconocido ser de 
su uiisüía mano. Eu él hacia saber que á nadie 
se debia imputar su muerte, sino solo á él, que 
so la iba á dar: que para ello tenia motivos, y 
que no veia utilidad de descubrirlos. Y con un 
cinismo que raya en increíble, anadia, que si al- 
guno persistiese en querer indagar los motivos 
de su determinación, se contentase con saber, 
que habiendo sido tan dudoso é incierto el resul- 
tado de las elecciones [)residcnciales, él habia 
resuelto matarse é ir al otro mundo, para saber, 
antes (jue los demás, si allí fuese posible, quién 
iba á ser el futuro Presidente de los Estados U- 
nidos. 

Esto supuesto se nos pudiera preguntar ¿cómo 
l)uede suceder (jue un hombre en su completo 
juicio llegue á quitarse deliberadamente la vida? 
ilespondemos que no solo es po.^.il)lc, sino tam- 
bién fácil: cuando uno llega á persuadirse, aun- 
(jue sea por ilusión y error de dos cosas; la pi'i- 
mera, que algún mal, [¡rivacion, desgracia ó cou- 
ti-adiccion que padezca en este mun¿lo, es tal (ju.e 
no se pueda soportar, ni tampoco remediar; la 
segunda, que en el otro ujundo no hay nada de 
<}ue temer, ó mn.cho menos que aquí. Estas ilu- 
siones se hacen los desgraciados que se (|U¡la!ila 
vida. Piensan (|ue con la luuerte todo se acaba, 
ó (jue á lo menos la suerte (¡ue allí nos está re- 
servada no podrá ser tan miserable, romo la de 
esta vida, en muchas circunstancias. En los ma- 
les de esta vida no hallan alivio ninguno, y los 
creen insoportables; no ven ningún remedio, y 
los creen irreparables: y de estos tales juicios 
é ilusiones, sacan, como legítima ilación y con- 
secuencia, que luego vale mas quitarse la vida, 
por sus mismas manos. 

No se ex})l¡ca de otra numera, ni se puede ex- 
plicar, sino es así, cómo y ¡)orqué se cometen 
tantos suiciilios á sangre fría, deliberadamente, 
ya de antemano premeditados, dis{)uestos y eje- 
cutados con tanto cinismo. Por lo mismo se ex- 
plica porque hoy dia se han multiplicado tanto, 
{)or dondequiera, y sobre todo en algunas nacio- 
nes, en que son tan repetidos y frecuentes. La 
cosa es que hoy dia, especialmente en algunas 
naciones, la incredulidad va siempre en aumen- 
to, al paso que las ideas de Dios y de religión so 
van siempre mas amortiguando y a[)agando, y de- 
saiJareciendo las creencias de la vida futura, de 
la inmortalidad del alma, 3^ de nuestros destinos 
en este mundo y en el otro. El espíritu de in- 
credulidad desconoce á Dios, mira con indiferen- 
cia y desprecio las cosas de la religión, niega la 
existencia de las recompensas y de las penas c- 
ternas, la inmortalidad y destino del alma, ¡a 
existencia, necesidad y eficacia de la gracia; 
niega todo, todo lo reduce á la felicidad de q^[q 
mundo: y poi" lo tanto los que no creen (ui el 
otro y se ven infelices en este, ¿(piéharáii? Pe: - 
Bando acabar con la muerte, la preferirán á ura 
vida iuí'eüz. 



ir; 



Y como los estragos tic la iiiciediilidatl, y do 
la inmoralidad y pei-vei-sioii de costumbres (jiic 
so le sigue, son ina3'ores eu nuestros tiempos y 
en algunos países, así en la misma proporción y 
mcdiiJa son mas frecuentes y repetidos estos crí- 
menes de los suicidios. K\ Nev) York Jleíah/ del 
dia I'"' de Enero, daba la cifra de los suicidios 
c<)metid(xs en la sola ciudad de Nueva York, du- 
rante el pasado año de 1870, y era de ciento cin- 
cnenld y dos. Número esj)antoso \)0V j)Oco (pie 
se considere. Puestas á pai'te las cincunslaii- 
cias excepcionales (jue ¡¡uedan haber inihiido 
mas en acpiella ciudad, por tanta aglomei'aciou de 
gente, en Nuevo Méjico en esa pi-oporcion, de- 
bería haber á lo menos unos veinte snicidios a- 
nualmente. Con todo, gracias á Dios, no los 
hay. Porípie gracias á Dios, no ol)stante to- 
das las calumnias y exageraciones (pie se publi- 
can contra este |iobre Territorio, aquí domina 
todavía un poco mas la religión, y el santo te- 
mor de Dios. Suceden de vez en cuando suici- 
dios, no lo negamos: pero añadiremos, que pocos 
años atrás se desconocían entre los hijos de Nue- 
vo Méjico, como aun hoy dia, los (jue acontecen 
en el Territorio, muy raras veces son perpetra- 
dos i)or mejicanos; y eu todos casos el número 
de los de aquí, es sumamente inferior al de N. Y. 
V de otras ciudades de los Estados. Lo que nos 
da á enteiwler (pie no somos tan infelices auii(|ue 
estamos todavía tan atrás del grado de civiliza- 
ción que allí reina y domina. 

A este ])roposito haremos observar cuánto 
se equivocan aquellos éntrelos Protestantes (juc 
según la moda moderna, se ponen á comi)arar 
[)or lo (pie toca á moralidad los países catcJlicos 
con los suyos. Sin salir de lo (jue tratamos aho- 
ra, los invitaremos á que los comparen un poco, 
en este solo respecto de los suicidios, y verán 
quiénes van adelante, sí ellos, 6 nosotros. Y al 
mismo tiííinpo consideren, (pie sí en muchos o- 
tros crímenes y desúrdenes jiueden íníluir cir- 
cunstancias de la calidad, carácter y naturalo/a 
de los países, clima y naciones, en este iiarticu- 
lar de los suicidios, no hay mas causas (pie el 
desenfreno de las jiasioues, y la falta de ideas y 
sentimientos religiosos; y por lo tanto en estos 
se echa de ver, mas claramente (pie en otros, el 
íiilliijo de las diferentes religiones s()l)re las cos- 
tumbres del h()m])re. Nosotros en esto no (jue- 
remos echar la culpa á los Protestantes, sino 
solamente ex[)licar la naturaleza de las cosas. 
No hay mas (pie la religión, y la verdadei-a re- 
ligión (|ue i)U(Mla aliviar á un infeliz agobiado 
por las miserias de este mundo, (piitarle de las 
manos las ai'mas con las .aiales pudiera cortar 
sus días, cüuiortai-le en su desesperación, y has- 
ta endulzarle con las mas suaves esperanzas las 
jienas de este mundo. l^Ua nos desengaña de 
las falsas apariencias de las cosas mundanas, ha- 
ciéndonos ver (pie (()(!(» es nu'iiüía y falsí^liid, 



(pie la felicida.l propia del hombre no es otra, 
en este mundo, (pie la virtud, y en el otro la re- 
compensa (pie Dios le tiene preparada. Ella nos 
enseña que la vida i)resente es una prueba, á la 
cual sucele la vida futura que no tendrá jamás 
lin; y (pie las tribulaciones y padecimientos de 
esta vida, porgraves (pie sean, doben considerarse 
como medios pai"a i)uriíicarnos de los pecados, y 
ganar una corona ¡uniurtal. Ella nos descubre, 
el i'ico tesoro de las virtudes, así como el de los 
nié;¡tos, que se practican y ad(piíeren en medio 
de las })enas da este mundo: y que Dios permite 
fiue sean mas i)robados y afligidos los que (piíe- 
re mas. Ella al mismo tiempo nos conforta con el 
ejemplo de un Dios crucílicado, y con la gracia que 
infunde en nuestros corazones, la (lue cambia lo 
amargo en dulce, lo pesado en suave, y los ma- 
les en caricias de la providencia. 

Y donde estos motivos y recursos no bastasen, 
la religión nos es[)anta con las mas fuertes ver- 
dades, haciéndonos ver (pie una muerte tan cri- 
minal como la del suicidio, lejos de acabar nues- 
tros males, serái principio y causa de otros, y 
estos mas intolerables y duraderos. Estas ver- 
dades son, que el suicidio es un gravísimo cri- 
men y el mas fatal, porque es un pecado por el 
cual y en el cual uno se quita la vida, y por lo 
tanto de suyo imperdonable; á no ser (pae el in- 
feliz suicida no muera de repente, y teniendo 
tiempo lo aproveche para arrepentirse; que fr.era 
de esos casos, el suicida para evitar males me- 
nores, breves, pcípieños, incurre en males infini- 
tos, eternos, iucompai-ables, para evitar una pér- 
dida de honor, de l)ienes, de salud, incurre en la 
pérdida eterna de Dios, de su felicidad, de la vi- 
da eterna, y ])or no sufiár ])Ocos momentos, su- 
frirá pr.ra siempre. Vnn estas verdades tan cla- 
ras como el sol, para los (pie las creen, admiten 
y profesan, la Religión aleja' eíicazincnte las lo- 
cas y estú[)i(las ideas de (piitarse la vida. 

Pero en los que el espirito religioso está 
muerto ú entorpecido, la fé no habla ni á la men- 
te ni al corazón; juies en ellos las pasiones do- 
minan, y los sistemas mas absurdos son sus j-irin- 
cipios y móviles, ¿(^ué tiene, i)ues, de extraño 
(pie los infelices, (¡ue se hallan en el duro tran- 
ce de no poder alcanzar lo (pie (piieren, viéndo- 
se privad(3s de lo (pie apetecen, sintiéndose suje- 
tos á males (pie no pueden remediar, sin las luces 
déla fé que ilumina, sin la esperanza que alien- 
te sus corazones, recurren á tastos tristes expe- 
dientes de dispararse un tiro de revohev, de col- 
garse á un lazo, de tragar un veneno, y darse 
la muerte? No hay mas remedio que la religión, 
p.ira precaver estos males, (pie así oonin se mul- 
tiplican, donde ella se debilita, así so'-o, donde 
ella se íortakM'e. se pueden disminuir y dester- 
rar. 



►•-í»^. 



47- 



DEL Infierno al paeaiso. 

f Conlinuacion — Fc'kj 35-36. j 
VI. 

PÁRlíOCO Y FELIGRÉS. 

¡Qué no alcanza un corazón impulsado por el estí- 
mulo de la verdadera caridad! Desprendióse la viuda 
de los brazos de Matilde y encaminóse de prisa hacia 
la parroquia á asesorarse del señor cura á quien refi- 
rió en sumario cuanto acontecía, preguntándole: 

—Ahora aconsejadme ¿qué debo hacer yo, pobre 
viuda? 

— Pasaré á verla luego, dijo el sacerdote, ya que 
hoy es viernes y no trabajan esta noche; así con su 
presencia tal vez acordemos lo más oportuno. 

Rogó la viuda al señor cura que ya que se dignaba 
ser tan caritativo fuese tarde, por calles extraviadas y 
por la puerta trasera, porque el autor de la compañía 
la había amenazado con la muerte sí recibía á alguien 
en su casa que se interesara por la actriz: el cura acce- 
dió á todo y Susana regresó á consolar á la afligida 
Matilde. 

Durante el tiempo que faltaba no permaneció inac- 
tivo el prudente anciano, sino que discurrió, reflexio- 
nó y pesó bien á solas los medios y ardides para que 
Matilde se fugara, pues ya su resolución érale bien 
conocida por las entrevistas que con ella tuviera; así 
que fuese en dereclmra á visitar al alcalde de barrio, 
que así llamaban entonces al que hoy es comisario de 
vigilancia y seguridad pública, i^ara ponerse con él de 
acuerdo. 

Excelente magistrado era el alcalde y amigo íntimo 
de su venerable pastor, quien con sus buenos consejos 
y prudentes acomodamientos le ahorraba mucho tra- 
bajo arreglando los pleitos y querellas y terminándo- 
las en paces y perdones. El buen saderdote, sin ma- 
nifestarle quién ni cómo, indicóle que acaso en breve 
se fugaría una actriz del teatro: recordóle que la ley, 
que asegura al autor de la compañía los servicios de 
las personas á ellos vendidas por voluntad proj^ia ó 
por la de sus mayores durante la menor edad, tenia 
por principal objeto proteger á esos autores contra 
las deserciones por extravíos de peor vida, mas no 
para encadenar á una joven honesta y arrepen- 
tida impidiéndola seguir los preceptos é inspiraciones 
divinas. Cuando una actriz, movida de su propia 
conciencia, rehusa presentarse en la escena, no existe 
ley alguna que pueda obligarla á ello, sin consumar 
lina insigne tiranía. Manifestó que el primero, su- 
premo é inescusable derecho era salvar una alma, por 
lo cual, en el presente caso, cuando viniesen á presen- 
tar las quejas y reclamaciones, estuviese prevenido 
porque no se trataba de una aventurera que desde el 
teatro intentara entregarse á mayor infamia ó á poder 
de algún libertino impío, sino de una buena cristiana, 
temerosa de Dios, que tocada de la gracia celestial, 
estaba resuelta á atender ;i su salvación eterna; y con- 
cluyó rogándole que cuando le fuese preciso cumplir 
con su cometido de legista hiciese la vista gorda, pues 
no solo podía, sino que también debía verificarlo como 
cristiano. 

Escuchó con atención el alcalde las palabras del 
sacerdote y repuso: 

— Haré cuanto me encargáis, pues no es posible 
dudar de la veracidad de vuestro testimonio; pero ¿có- 
mo nos compondremos si la qiteja se elevase al tribu- 
nal superior ó al rey? 



— Declinad vuestra responsabilidad en mí, vuestro 
párroco; acepto la parte de responsable, fiador, con- 
sejero, cómplice y encubridor de todo. Cuento con 
buenas influencias en la corte para salir airoso de ese 
mal paso, y aunque así no fuera, aunque nadie se 
atreviera á alzar su voz en pro de la justicia, honraré 
mis canos cabellos apropiándome delito tan glorioso 
y lo defenderé en la audiencia. 

Y señalaba los blancos rizos que adornaban sus sie- 
nes. 

Llegó, por fin, la hora señalada para acudir á la 
entrevista convenida, y el anciano juzgó oportuno 
proveerse de un compañero, según acostumbraba, tan- 
to por decencia como por cualquier otro evento, y en 
esta ocasión pensó con gran detenimiento en la elec- 
ción del que debía ser confidente y copartícipe de tan 
arriesgada empresa; así que acercándose á una herre- 
ría, cuya puerta estaba entreabierta llamó en alta 
voz: 

— ¡Antonio! 

Presentóse el interpelado y poniéndole la mano so- 
bre el hombro añadió en voz baja: 

— Antoñico, te necesito: ¿me haces el favor de acom- 
pañarme? Di á tu familia que dentro de una hora 
estarás de vuelta. 

Y sin añadir mas palabra cogió el cura octogenario 
del brazo á Antonio el herrero, y en silencio, por las 
calles mas solitarias y apartadas, sin linterna y pro- 
curando hacer el menos ruido posible llegaron á la 
puerta indicada. 

Susana los e.sjieraba inmóvil y con el oido alerta en 
el agujero de la cerradura; apenas sintió el rumor de 
los pasof-> abrió con sigilo é iutrodiijolos cautelosa- 
mente. 

Antes de avanzar más y presenciar la conferencia 
nocturna bueno será conocer algo más á fondo á An- 
tonio que tanta parte tuvo en los acontecimientos si- 
guientes. 

Era Antonio un hombre original en su género y ti- 
po acabado del hijo del pueblo; de estatura más que 
mediana, rehecho, ancho de hombros, de espesas gue- 
dejas y barba cuanto lo permitían sus treinta y tres 
años. Su oficio de herrero, que ejercía por lo regular 
arregazada la camisa y siempre al fuego, teníale enne- 
grecidos su pecho y brazos velludos. Las articulacio- 
nes de sus manos descarnadas, oscuras, callosas, esta- 
ban acompañadas de tan duros nervios, que donde 
agarraban parecían férreas tenazas. Solo el rostro 
conservaba un leve tinto rosado, y cuando las fiestas 
vestido de limpio y bien afeitado salía con el cuello 
de la camisa derecho y aplanchado, todos decían: 

— ¡Soberbio granadero! 

Y sin embargo, lejos de ser soberbio era el más bo- 
nachón del pueblo y muchas leguas en contorno, y 
para convencerse de ello bastaba verle los domingos 
cuando regresaba de la misa mayor sentarse en un 
poyo colocado á un lado de la puerta que daba al 
corral y entretenerse en tomar de los brazos de su 
esposa á sus rollizos y mofletudos hijos que parecían 
hermanos de la luna llena, y acariciarlos con mil 
muecas, como lo ejecutaría una nodriza,; y cuando 
ellos le metían los dedos en los ojos ó le tiraban con 
sus manecitas de las patillas en son de juego, fingía 
comérselas y estampaba en sus carrillos besos tan es- 
trepitosos y fuertes que les duraba tres días la se- 
ñal. 

Toda la vecindad le apreciaba porque todos le en- 
contraban dispuesto á servirlos en el momento en que 
le necesitaban; si una mujer tenia que trasportar al- 
gún cajón, allí estaba Antonio para ayudarla; si se le 



-4fc- 



escapaba á iiu vecino uua gallina, Antonio con su 
mandil de cuero trepaba á los cobertizos y á los teja- 
dos lijero como un gato y no descansaba Jiasta dar- 
la caza 3' traerla de nuevo al galllinero. Tierno y ca- 
ritativo corazón no podiavcr miseiias sin socorrerlas: 
los mendigos que á su puerta llegaban nunca se apar- 
taban doj ella sin llevar un ochavo ó un pedazo de 
pan, y á veces rebuscaba en la despensa y encontran- 
do alguna vianda fíambro la ponia en un plato y decía 
á su lüujcr: 

— Llévasela á Catalina, o á Brígida, la que vive 
junto ií la fuente. ¡Pobre mujer! Tal vez carezca de 
pan para las criaturas. 

Janiíís le faltaba trabajo, porque cuantos en el con- 
torno necesitaban cerraduras, llaves ó cualquiera obra 
de c(n"rajería acudiau á Antonio con preferencia á 
cualquier otro maestro; de suerte que con su asiduo 
trabajo y l)ucn comportamiento subvenía á su familia 
hasta con desahogo. 

Verdadero cristiano además nunca faltaba á sus de- 
beres. En la Pascua y en las misiones, era de los pri- 
meros quo se presentaban á comulgar; cuidaba con 
tanto (j más afán que los suyos los negocios de la co- 
fradía: sabia cuantos estandartes, capas y hachas es- 
taban en cada cajón: recordaba los dias do pS-tiila, 
procuraba acompañantes, arreglaba los altares de las 
calles en que debia hacer descanso el Santísimo Sa- 
cramento: era el mejor y más activo arreglador en las 
procesiones, hacia en la iglesia de sacristán, compa- 
í)(!ro y cuanto era preciso, y por último el año en que 
pasaba nuestra historia era prior de su cofradía. 

Acudía al señor cara cuando en las procesiones ó 
asuntos do cofradía tenia noticia de una di>;puta, re- 
clamación ó queja y entre los dos apaciguaban á los 
contendientes, pues no podia sufrir que en materias 
de religión surgiese uua mixrmuracion ó un escándalo: 
en suma, era Antonio el modelo del liombrc de bien, 
buen padre de familia, buen menestral, buen ciudada- 
no y sobre todo buen cristiano. 

A ese hombre, pues, eligió el anciano sacerdote pa- 
ra partíci])e del secreto y arriesgada empresa que es- 
taba resuelto á llevar á cabo. 



Vil. 



CONSULTA Y CONTRATIEMPO. 

Sentóse cu un sillón el sacerdote, permanecieron 
los demás en pié, y adelaiítándose Matilde arrodillóse 
delante de él y con una expresión de dolor y le inde- 
cible alzó hacia el vnierable anciano las manos fijan- 
do en su afectuoso rostro los ojos Henos de lágrimas y 
exclamando: 

— ¡Jjendito seáis salvador mió! 

— Salvador vuestro es el que está clavado en la 
cruz, dijo el párroco señalando á un crucifijo, yo 
solo soy un ministro y eu su nombro espero salvaros 
si en él tenéis confianza. 

Retiróse un paso atrás Antonio sorprendido, Susa- 
na alzó las manos al cielo en actitud su¡)licante, y el 
sacerdote después de hacer sentar á la actriz empezó 
á liablar á media voz, con solemne acento y como 
contando las palabras: 

— El consejo que me pedís, dijo, y del cual depende 
vuestra salvación, será claro y conciso; pues está ma- 
durado y sometido á la deliberación divina. ¿Os ha- 
lláis dispuesta y r(>suelta á trocar la disipación y mo- 
bilidad del teatro por una vida de clausura y olvido? 

— Auncjue sea por un soi)ulcro, padre mió. 

— Pensadlo bien. 

- — Está pííusado; y así como firme (>s mi resolución, 
mo asistan Dios y la santa Virgen. 



— Bien. Dadme papel y tintero. 

Acercóse á un velador y púsose á escribir mientras 
los circunstantes, absortos por diversos afectos y con- 
jeturas, esperaban mudos el desenlace. Nada turbaba 
aquel silencio sino el chirrido de la pluma sobre el 
papel, la arenilla y el sello que inprimió sobre el la- 
cre, después de lo cual tomando el pliego en la sinies- 
tra mano presentóle á Matilde, diciéndola: 

— Ahora os explicaré el contenido y objeto de esta 
carta. Va dirigida á uua dama de elevada esfera que 
suele proteger todas las empresas caritativas, y estoy 
seguro de que al recibir mi billete pondrá por obra 
cuanto la encargo y suplico. Mañana, poco antes de 
media noche, llegará á vuestra puerta un coche suyo 
cerrado; en él hallareis una señora de edad para 
acompañaros y Antonio ocupará el pescante . . . ¿estás 
conforme, Antonio? 

— Lo que vos dispongáis, señor cura, respondió el 
cerrajero que comprendió de que se trataba y era ca- 
paz de arrojarse al fuego por su párroco. 

— Estaréis dispuesta en el umbral esperando el pa- 
so del carruaje que traerá la portezuela abierta y el 
estribo bajado, de suerte que con un paso os coloca- 
reis dentro: llegareis á un pueblecito antes de amane- 
cer, y tanto en él como en los demás del tránsito pa- 
sareis por doncella, camarera ó peinadora de esa da- 
ma, según ella disponga, pues no es cosa de escoger, 
y procurareis á la vista del público desempeñar cum- 
plidamente vuestro cometido. El asunto es ganar 
tiempo para que en su espacio podamos suplicar por 
vos, y antes de que nadie llegue á sospechar donde os 
halláis, tratemos de invalidar ó rescindir ese contrato 
que por ahora es lo mas urgente y arriesgado. En 
cuanto á volver á ^'^lestra casa, hablaremos de ello 
mas adelante y con mayor detenimiento: entre tanto, 
hija mia, lo único que os encargo es la prudencia. A 
vos, Susana; nada os digo sino que es preciso que 
ni el aire llegue á descubrir este acuerdo, ni la fuga de 
Matilde. 

— Nada receléis, respondió la viuda; tengo harto 
miedo á aquel demonio de autor. Todavía se me fi- 
gura ver aquella cara de condenado y aquellas mana- 
zas, y ese es mí principal temor. Si ese renegado lle- 
gara á rastrear algo ó el diablo se lo descubriera, me 
mataría. 

— No será así, replicó Matilde. 

— -Confiad en Dios, añadió el sacerdote, y Dios no 
os abandonará. ¿Estáis todos satisfechos? 

Afirmaron las mujeres que sí, en especial Matilde 
que no cesaba de dar gracias; bendiciones y promesas 
al párroco, quien regresó con Antonio en silencio co- 
mo habían venido, y por el camino concertaron la ex- 
pedición de la noche siguiente que, sin otra adver- 
tencia, sabía Antonio que era preciso mantener secre- 
ta. 

Empero apenas trascurrido media hora 03-eron las 
nuijeres golpear furiosamente á la puerta. 

— ¿Quién es? preguntó Susana. 

— Gente de paz, respondió una voz. Traigo un re- 
cado del autor de la compañía. 

Abrió en seguida, penetró el mensajero y dijo á 
Matilde: 

— Dice el señor Samuel (]ue ahora misuio vayáis á 
la ])osada á cuyo fin traigo un carruaje. 

Vaciló Matilde como si se lo hundiera la tierra que 
júsaba y estuvo á punto do desvanecerse; pei'o hacien- 
do un viol(-nto esfuerzo logró dominarse y respondió 
con voz tranquila al parecer: 

(Se continuará. ) 





PEKIOMCO SFJÍAWA 



fLij. 



Se publica todos los Sábados, en Las Vegas, N, M 



3 de Febrero de 1877. 



9 V^» 



NOTICIAS TEIiRITOKIALES. 



Nsaev© MéJIeo.' — Nos escriben del Sabiiiai: "Bu 
Señoría el Arzobispo después de haber visitado las 
plazas de S. Antonio, S. Pedro, Valverde, Paraje y S. 
Marcial, salió del Socorro el martes IG, para visitar 
la Parroquia del Sabinal. Miércoles 17, Misa y Con- 
firmación en Bowling Greeu. Jueves 18, Misa 3' Con- 
firmación en la Joyita. Viernes en la Joya, de donde 
salió para la Plaza del Sabinal. En todas estas pla- 
zas el Sr. Arzibispo fué recibido con grandes demos- 
traciones de amor y respeto. Además do uii buen 
número de hombres á caballo, que en estos lugares 
salieron al encuentro de Su Señoría hasta la mitad 
del camino, llegando á las respectivas plazas, la gente 
salia en masa para tener el gusto de ver su Obispo, re- 
cibir su bendición, y besarle la mano. El espíritu de 
esta Parroquia del Sabinal, gracias al celo del Padre 
Miguel Rolly, es excelente." 

Tenemos que anunciar, con grande pesar nuestro, 
la muerte del Rev. P. Vito Carrozziui acaecida en el 
Colegio de Santa Clara, en California el 11 de Enero. 
Entrado en la Compañía de Jesús, en Dic. de 1875 
fué desterrado con los demás sus hermanos, y fué á 
España de donde le enviaron á las Antillas como 
Profesor de Química y Física. De Puerto Rico voi- ' 
vio á España poco antes de la revolución de 1868, pa- 
sando en seguida á Erancia, donde cursó la Teología. 
Ordenado Sacerdote fué destinado á esta misión á la 
que llegó en Mayo de 1873. Tomó parte en las mi- 
siones que se dieron en S. Miguel, en Las Vegas, y 
en los Alamos. Trabajó en las Parroquias de la Jun- 
ta y Pueblo, Col, Aquí la enfermedad de corazón, 
que desde su estancia en Puerto Rico le liabia afligi- 
do, tomó tales proporciones que fué necesario enviar- 
le á California, cuyo clima se cree mas propio para 
esos enfermos: pero allí descansó en paz, á la edad 
de 39 años, y 19 de religión. Era muy práctico en 
las ciencias naturales y con disposiciones particula- 
res para la pintura. El cuadro que se venera en 
nuestro Oratorio de Las Vegas, y otra pintura cffce se 
ve en la Sacristía, son obras de su pincel. De su pie- 
dad, caridad y celo por la salud de las almas ha dado 
pruebas en las Pilrroquias de este país, y en el Cole- 
gio Seminario de Puerto-Eico, donde se íiabia aplica- 
do (aunque no fuese Sacerdote todavía) con todo el 
ahinco de su corazón generoso á la instrucción reli- 
giosa y al bienestar de los esclavos negros. Enco- 
mendamos su alma á las oraciones de cuantos lo co- 
nocieron. II, 1. f*. 

NOTICIAS NACIONALES, 



Esíaílos 1jsíIí1©.§. — Damos aquí un resumen de 
los trabajos de los comiícs, que, según anunciamos, se 
habían formado para decidir, quiénes y cómo debían 



contar los votos. 



Estos dos íOhiitis se juntaron cu 



uno solo: y por la noche del 17 de Enero, acordaron 
sobre un proyecto ó b'dl que fué leído en las dos Cá- 
maras ei día siguiente. Seria demasiado largo dar 
aquí tan solamente el compendio do todo el hUl; nos 
contentaremos con reasuinir la sece. 2\ del mismo, que 
es la mas importante. Para contar los votos, y deci- 
dir acerca de la validez de los contestados por el Se- 
nado y Cámara, se propone de nombrar una comisión 
de 15 miembros, cinco Sanadores, cinco Representan- 
tes y cinco Jueces de la Supreaia Corte. Dolos Sena- 
dores tres deben ser Rej^ublicanos y dos Demócratas. 
De los Representantes al contrario tres Demócratas 
y dos Republicanos. Cuanto á los miembros de la 
Corte Suprema cuatro son designados de antemano, y 
son los jueces del primero, tercero, octa'/o y nono cir- 
cuito, es decir los Señores Fiekl, Cliíiord, Miüer, y 
Strong. Estos elegirán al quinto que tendrá la Pre- 
sidencia de la comisión. 

El Herald, que proponía el mismo dia este arreglo, 
se mostraba lleno de gozo y de confianza. El 19, 
hacia una lista bastante larga de hombres políticos 
eminentes que no se mostraban contentos de la solu- 
ción del problema. El 20, parece que la cuestión 
quería decidirse por el sólito medio de la opinión ¡jú- 
blica, ó como dirían en Europa por medio de un ple- 
biscito. Una lluvia de partes telegráficos empezó á 
caer en las Cámaras de V/asliingíon, de parte da com- 
pañías de comercio, y de bancos, directores de Cole- 
gios, legistas, hombres eminentes por su situación so- 
cial, ó por su sabiduría, etc., etc.; todos aprobando el 
hül propuesto. 

Si estuviésemos en una nación y Estado católico, 
bueno fuera avertir á todos esos eminentes legislado- 
res que sin ayuda especial y gracia de Dios no se go- 
biernan los pueblos. Y esta es una de las tantas ra- 
bones por las cuales un gobierno ateo, ó un Estado 
sin Dios, es un absurdo, no solo bajo el punto de 
vista religioso, sino también bajo el punto de vista 
social. 

S.3SÍ;-4laii&iSo — El triunfo del gobernador Nicholls, 
y de su partido se consolida cada dia mas. El ge- 
neral federal Augur no quiso couio lo quería Packard 
entremeterse en negocios que no eran de su compe- 
tencia; pues Graut le habia dicho que él no tenia otra 
cosa que hacer mas que tutelar la paz pública. Las 
defecciones en la Legislatura y en ei Senado republi- 
cano coutiauan. Pero lo que mas escuece á Packard 
es la opinión muy desfavorable para su partido quo 
se formó Casey, que habia sido enviado por el Presi- 
dente para enterarse de la .situación de Luisiana. El 
gobernador repiiblicano, viendo que Casey salia de 
Nueva Orleans con esta opinión, despachó inmediata- 
mente á Washington un agente sayo para neutralizar 
el efecto que la relación del Sr. Casey podía producir. 
Este agente tomó la delantera, pero no lo valió. Cas- 
ey habia telegrafado al Presidente que no decidiera 
nada hasta su llegada á Washington, añadiendo que en 



-50- 



SB! 



las presentes circunstancias de Liiisiana reconocer á 
Packard seria ima calamidad pública. 

¿Cómo, pues, puede dudarse, y porqué tanto traba- 
jo jiara averiguar cuál es el voto, y la voluntad do 
Luisiana acerca del Prcisidente, si los Luisiancses so 
muestran cu tanta mayoría favorables al gobierno de- 
mócrata en su Estado? ¿En qué cabeza puede caber 
tamaña paparrucha, que los de Luisiana habiendo e- 
legido, y manteniendo ahora á costa de tantos traba- 
jos un Gobernador Demócrata por sí mismos, hayan 
dado su voto á electores Republicanos para tener el 
gusto de nombrar un Presidente Republicano? Pero, 
la lógica no suele ser la parte mas conspicua en los 
partidos jiopulares. 

A propósito de esto Packard que quiei'e ser por 
fuerza el elegido Gobernador de Luisiana, refiere el 
Jlcfdld, que en una reciente disputa en el Senado de 
■Washington, el Senador Eogy Mo. no dudó en llamar 
íí Packard un "hombre infamísimo." El Senador 
Slierman, habiéndole contestado que personas respe- 
tal)lcs en Luisiana tenían al Gobernador Packard co- 
mo hombre de honor, el mismo Sr. Bogy levantándose 
reiteró su afirmación, diciendo en mu}' clara voz que 
Packard era el mas infame ladrón de Luisiana. A 
esto los a])lausos do las galerías internimpieron el 
debate. Un Senador, el Sr. Edmunds de Vermont, 
l)ropuso entonces de hacer evacuar las galarías, y de 
arrestar á los delincuentes. La primera parto de esta 
moción fu(í aprobada y ejecutada inmediatamente. 

NOTICIAS EXTRANJERAS. 



ISííEiia. — En ocasión de la vigilia de Noche-buena, 
habiéndose el Sagrado Colegio de los Cardenales pre- 
sentado al Padi-e Santo para presentarle su felicita- 
ciones de costumbre, pronunció este un discurso muy 
conmovente del que copiamos los siguientes rasgos. 
Hablando de la situación religiosa de los tiempos 
presentes, el Papa dijo: "Esta agitación, que ha tan- 
to durado, y que no muestra de acabar pronto, hace 
conspicuos los grandes ejemplos de fé, de fuerza y de 
piedad que están ahora ilustrando la Iglesia. . . .Ver- 
dad es que esta Esposa de Jesucristo es ahora opri- 
mida, conculcada y perseguida por enemigos inter- 
nos y externos: de manera que, como los antiguos he- 
breos, está obligada á'levantar con una mano los mu- 
ros de la mística Jerusalen, destruida por los rebel- 
des, y con la otra blandir la espada contra los enemi- 
gos que la asaltan .... La Iglesia es perseguida, pero 
al mismo tiempo se muestra fuerte encum]ilir sus de- 
beres. Continuemos á trabajar hasta el fin de nues- 
tra vida; pues, así podremos presentarnos con con- 
fianza delante del trilnmal de Dios, y decirle: henos 
aquí; fuimos los guardianes fieles de tu Iglesia mili- 
tante, y hemos hecho todo lo que estaba á nuestro 
alcance para defender sus derechos. Así podremos 
pedirle con la confianza del Apóstol la corona en la 
iglesia triunfante." 

Mucho se ha hablado do las riquezas del difunto 
Card. Antonelli, hasta que se leyó su testamento, del 
cual resulta no haber el dicho Card. tenido otros bie- 
nes acumulados sino la fortuna que heredó de su pa- 
dre. Lo misino se dijo del Card. Patiizzi. Como so 
conocía su vida modesta, sin i)ompa ni ostentación, 
S(! suponía (pie el Cardenal había con avidez acumu- 
lado inmensas riquezas. Después do su muerte se 
supo dónde habian ido á parar sus rentas. Ascendían 
estas á lOO.OOD fr., es decir '20,000 pesos anuales. De 
ost'is $12,()()() eran invariablemente y regularmente 
distribuidos entre los pobres de Roma, y $ i,000 en- 
tre los de su Diócesis de Velletri. Se quedaban pues, 



para los gastos de su casa 4,000 pesos anuales. Se 
halló la lista de los pobres que regularmente recibían 
socorros del caritativo Cardenal. Así se explica [¡or- 
qué su traje, carruaje, séquito de criados, etc., etc., 
eran tan reducidos, y porqué su miierte fué amarga- 
mente Horada por todos los pobres de Roma. 

Además de la visita de la ex-emperatriz Eugenia y 
de su hijo Napoleón, el Padre Santo recibió la visita 
de D. Carlos de Borbon. La ex-emperatriz apenas 
estuvo á vista del Padro Santo se echó á llorar; cayó 
de rodillas delante de él, y fué á duras penas si se 

Í)udo conseguir de esa Señora que se levantase. De 
a visita de D. Carlos, que fué enteramente privada, 
no se ha sabido mas sino que al verlo el Papa le diri- 
gió estas palabras: "Estoy muy satisfecho de ver á 
Su Majestad." 

Italisi. — Este país, estando en mano de los franc- 
masones que lo gobiernan, no puedo menos de ser un 
dechado de desorden como lo muestran los hechos si- 
guientes. La emigración ha crecido en tanta propor- 
ción, que algunos délos legisladores están ahora pen- 
sando al modo de impedir qiic el país se despueble, 
como ha sucedido ya en Alemania. De otra parte 
crece de una manera alarmante el número de los de- 
litos, y de los salteadores, especialmente en Sicilia, 
donde se piensa enviar el Príncipe Amadeo con buen 
número de tropas. Allí sucedió un caso que merece 
ser referido. Un caballero inglés, cierto Mr. Rose, 
habiendo sido capturado por esos bandoleros, tuvo 
que desembolsar £4,000 para conseguir su libertad. 
Ahora ha puesto un pleito contra el Gobierno italia- 
no para cobrar esta suma. Esto nos recuerda que en 
1850 el Gobierno inglés presentó al Padre Santo un 
hlll de $ 12,000, para pagar los daños que algunos 
subditos ingleses'habian padecido durante la Revolu- 
ción, mientras que el Papa estaba desterrado iiuíra 
de su reino. Sentimos decir que el Sr. Rose proba- 
blemente no recibirá alguna satisfacción; pues, ni el 
Gobierno de Italia es el Gobierno del Papa, ni la In- 
glaterra de Palmerston es la Inglaterra de hoy día. 

Fraíífiíí. — La suma de las suscricioncs que se 
han juntado para el establecimiento de la Universi- 
dad Católica de París asciende, hasta ahora, á 1,231,- 
459 francos (casi % 246,292). La de la Iglesia del Sa- 
grado Corazón en Montmartro, á ;? 3,1(35,459 (casi 
$634,092). 

Iiili'isitcrra. — Esperamos que lo siguiente inte- 
resará á nuestros lectores por su novedad. Un cierto 
Rev. Cumming, ministro Protestante en Londres, co- 
mo lo refiero un periódico Protestante, el llhislrnhd 
Chrisfidn Wecldy, afirma que la Iglesia Católica ha 
mandado poner la palabra María, en lugar de la pala- 
bra Dina en todos los salmos; y que los feligreses en 
lugar de Padre nuestro dijesen Marta uiie,s'(ra en la o- 
racioli Dominical. Estas sandeces pueden decir los 
ministros Protestantes, porque las pueden tragar sus 
devotos. 

El Dr. Bevan, ministro Presbiteriano ingh's, que 
está ahora ¡iilnisfrando en Nueva York, en la primera 
conferencia que tubo después de venido, da cuenta de 
la reforma del maldito vicio de la embriaguez que 
hace estrago en Inglaterra. A la cabeza de esta Re- 
forma se ludia (según este Reverendo) un Obispo ca- 
tólico, el Card. Mauning, cuya obra, dice el Dr. Be- 
van, es solamente inferior ;í los trabajos emprendidos 
por el adelantamiento de la Temperancia por el fa- 
moso P. IMatthew (un Capuciiino Irlandés). Después 
de haber con muy halagüeñas palabras contado lo 
que el Cardenal hace, dice y emprende i)or esta bue- 
na obra, el Sr. Ministro exclama que ¡ojalá pudiese él 
emprender aquí esta obra, y dejar ajiarle todos sus 



-51- 



demás deberes! P¿isen al Doctor esa tontería nues- 
tros lectores. Siendo ministro Protestante, no sabia 
tal vez que nunca puede un Ministro de Dios emple- 
arse mejor á estirpar cualquiera vicio, que cuando 
cumple exactamente con sus deberes eclesiásticos. 
Eu fia el Dr. Bevan después de haber alabado á los 
católicos ingleses, que están correspondiendo con un 
ardor infatigable á la voz de su Cardenal, nos liaco 
saber que los Obispos anglicanos, y los otros de las 
innumerables sectas, que pululan en Inglaterra, se 
han puesto con ahinco á la obra, no dice, por amor 
de la gloria de Dios y la salvación de las almas, sino 
por una razón verdaderamente pueril, la que hoy dia 
alienta á los ministros Protestantes, esto es, el capri- 
cho de hacer lo que ven hacer á los oti'os, por miedo 
de que se les deje atrás. Dice esto el Dr. Bevan de 
una manera delicada, y finamente cvibierta, pero tal 
que puede vislumbrarse lo que quiere decir. Hé aquí 
sus mismas palabras en inglés: "The fact is, I sup- 
pose, that some of the Bishops are rather afraid of 
the other Bishops; and they tliink that if there is a 
waking up there, it is high time also for them to do 
something in the temporáneo cause." ¡Muy bien! 
Doctor, ya os entendemos. 

Tiií-f^gEÍa. — No estrañen nuestros lectores si ncs 
ocupamos á menudo de las noticias de la guerra, que 
se teme entre la Ilusia y la Turquía; pues, además 
del interés político que esta puede tener, tiene un 
grande interés religioso; porque de este acontecimien- 
to depende la suerte de muchos católicos de Oriente. 
Dijimos en el niimero precedente que la resistencia 
de la Turquía en hacer las concesiones que las po- 
tencias le pedían, ó mejor le imponían, era un miste- 
rio para nosotros. Ahí va la opinión del Feld-Mariscal 
Moltke, uno de ios primeros, sino el primer general 
de Europa, acerca del probable suceso de una guerra 
entre Turquía y la Rusia. Si es verdad que estas pa- 
labras son como se dice, del Mariscal, pueden ellas 
aclarar el misterio de tanto atrevimiento por parte de 
la Turquía. "Paisia, dijo el Mariscal, haciendo guer- 
ra á la Turquía se embarca en una empresa grande y 
espinosa. En 1828, la Turquía, puede decirse, no te- 
nia ejército; y sin embargo procuró defenderse en 
Bulgaria, y lo hizo bien. Los Genízaros habiendo 
sido exterminados, el ejército del Sultán en esos días 
se componía de reclutas, y era mandado por oficiales 
que no tenían ningún conocimiento militar. La ar- 
mada estaba destruida, la artillería en un estado mi- 
serable, y el total de las tropas, que con mucho tra- 
bajo pudieron juntarse, no ascendía á 40,000 hom- 
bres. Sin embargo este puñado de hombres resistió 
á 120,000 rusos bien pertrechados, y cuyo número 
se mantenía siempre constante por nuevos refuerzos. 
Solamente después de muchos meses, llegaron los ru- 
sos á conseguir alguna ventaja. Menor razón tienen 
ahora de esperar fáciles y rápidos sucesos. Según 
todas las probabilidades, si estalla una guerra entre 
los dos imperios, esta será trabajosa y fastidiosa para 
los soldados, y sin resultado decisivo para los gene- 
rales." Repetimos que no sabemos con cuánta ver- 
dad so atribuyen estas palabras al Gen. Moltke: pero, 
nos parece que si la Turquía adelantó de 1828 acá, 
la Rusia no quedó atrás, por lo que es armamentos, 
medios de comunicación, é instrucción militar. 

ííaaixa. — El tiempo do las herejías y de los cismas 
ha pasado. — En esto pensábamos leyendo en el Ca- 
thoUc Bevieiü las tristes condiciones en Suiza de los 
nuevos cismáticos, que se llaman los Viejos CafóUcos. 
No obstante la protección del Gobierno, el cisma re- 
cien nacido está muriéndose de inanición. El Go- 
bierno lo ye; ni es un misterio para nadie que en el 



cantón de Berna, el famoso movimiento religioso, á 
despecho de todos los esfuerzos do los radicales, se 
ha vuelto en un chasco completo. Pero el Gobierno 
no lo quiero confesar, y persiste en considerar como 
Iglesia oficial esta sombra no ya de Iglesia, sino de 
campanario, que sus mismos sectarios van abando- 
nando. Se ha hecho últimamente una investigación 
secreta en el Jura Bornes, y los comisarios encai'ga- 
dos de esto, han mostrado que en todas partes los pa- 
jares donde los fieles, echados fuera de sus Iglesias, 
celebran sus funciones religiosas, están atestados do 
gente, al paso que solo un puñado de miserables asis- 
te á las funciones religiosas, celebradas por los cis- 
máticos en las Iglesias parroquiales que han usurpa- 
do. Entre tanto el Gobierno, esto es, el pueblo con 
sus tasas debe mantener á estos sacrilegos comedian- 
tes, para no hacer nada. Juzguen los lectores por un 
solo ejemplo. Un sacerdote cismático, un cierto Mr. 
Bissey, durante tres años que tiene usurpada lo Par- 
roquia de Saignelégier, la que cuenta unos tres mil 
feligreses, no ha presenciado un solo matrimonio: ha 
hecho un solo entierro, el del cuerpo de un mucha- 
chito que su madre habia abandonado, y que las au- 
toridades le han entregado: ha bautizado un solo ni- 
ño, el hijo del Prefecto, pero después de haber sido 
bautizado secretamente por el Sacerdote católico. Es 
verdad que hay muchos ministros pagados por el Go- 
bierno, pero los fieles se adhieren á los pobres perse- 
guidos Sacerdotes católicos, los que son acosados 
como bestias feroces. Tal es el estado de ese cisma; 
ni podía ser de otra manera. En nuestros tiem[)os 
de indiferencia religiosa, no va uno á sacudir el yugo 
de la autoridad eclesiástica para echarse encima el 
de unos apóstatas. El católico que se rebela á la I- 
glesia, se hace ateo, materialista, deísta, etc., etc.; es 
decir, vive sin religión ninguna. Ni el Estado puedo 
imponer una religión propia, haga cuanto hieiero, por- 
que el Protestantismo habiendo producido en las ma- 
sas populares la indiferencia religiosa, esta produjo á 
su vez el poco ó ningún respeto á la autoridad civil. 

Méjico. — Un parte telegráfico enviado do Brown- 
sville á un periódico de Galvestou, el News, dice: El 
general Díaz no habiendo podido concluir un com- 
promiso con Iglesias, atacó sus tropas en Guauajua- 
to, mandadas por el general Antillou, el 3 de Enero. 
Antillon fué vencido y tuvo que rendir todo su ejér- 
cito, y el material de guerra al general Ignacio Mar- 
tínez. Iglesias pidió entonces que se le permitiera 
retirarse á la vida privada. El general Quiroga se- 
gún sus promesas mantuvo el partido de Lerdo hasta 
el 30 de Nov., después entregó sus tropas que eran 
5,000 hombres, y un grande material de guerra al ge- 
neral Treviño, y se retiró á su rancho; pero, so pretexto 
que estaba fomentando discordias, ha sido preso, juz- 
gado y condenado, y según otro telegrama afusilado 
el doce do Enero. Así se acabó otra revolución en 
Méjico, donde parece que ha de haber una cada año, 
para que los mejicanos no estén sin hacer nada. ¡Di- 
chosa República! En verdad que hay pueblos para 
los cuales el gobierno republicano es una desgracia. 
— Cuidado, lectores, no vayan á aplicar aquí la mora- 
leja.^ — 

ULTIMAS NOTICIAS. 

Al momento de enviar á la prensa estas noticias, 
nos llega la Revista de Albuquerqne con la descripción 
de las bodas del Señor Justo R. Armijo, y la Señorita 
Beatriz Perea. Aunque se hubiesen tomado todas 
las precauciones para evitar toda ]mblicidad, no ]vu- 
dierou sustraerse á la cariñosa curiosidad de muchos 
firaigos. ¡Vivan felices! 



-52^- 



SECCÍON IIELÍGIOSA, 



CALENDARIO RELIGIOSO. 
FEBRERO 4-10. 

4. Doininito dr. Sc:i:i:ij¿i;¡inn—S;\n Andrés Cor.sini, Obispo y Con- 
fesor. Santa Juann ilo Vnlois. 

5. Xiiiícs— Santa Águeda Virgen y Máitir. Los veinte y seis Már- 
tires fiel Japón. 

(). Mariis- Santa Dorotea, Vírr^en y Mártir. San Gnnrino, Carel. 

7. Miércoles— Htin líoinnaklo, Abad, liindador do los Monjes Ca- 
rualdulonses. Santa Juliana, ^'iuda. 

8. Jumes -San Jnan de Mata, fundador de los Trinitarios. San 
Podro ígneo, Cardonal. 

í). Viernes— íi{\n Tito, Obispo, diseípulo del Apóstol San Pablo. 

Santa Apolonia, Virgen y M;'irtir. 
10. Súhado — Santa Escolástica, Virgen. San Guillermo, Ermita- 
ño. 

SAN ISNAt'ÍO, OBISPO Y MÁRTIR. 
Este insigue varón, lumbrera üe la edad apostólica, 
fué natural de Siria, ó, .según otros autores, Judío. 
Discípulo de San Policarpo, que lo liabia sido del A- 
postoi de la caridad S. Juan, brilló también él por su 
abrasado amor de Jesucri.sto. Otra cosa no hablaba, 
ni respiraba sino Jesús; y se le oia decir que .no mo- 
riría contento si por Jesús no diera su vijda. Llamó.se á 
sí mismo Tcóforo, que quiero decir: eZ quelleva á Dius; 
pareciéudole que llevaba constantemente en sn pecho 
á su Dios crucificado. Elevado A la Silla Episcopal 
do Autioquía, ocupada por el Apóstol S. Pedro antes 
de tra.slaclarse á liorna, cuarenta años gobernó aque- 
lla Iglesia con tanta prudencia, celo, felicidad y re- 
putación, que de todas las Iglesias de Siria recur- 
rían á él como á un oráculo. Mucho padeció en la 
persecución de Domiciano, pero nunca abandonó su 
amada grey, ui en los mayores peligros de su propia 
vida. Combatió denodadamente los herejes de su 
tiempo, desenmarañando sus dolos, y precaviendo de 
ellos con la palabra y con la j)luma á los fieles de su 
Iglesia y de Efeso, Ésinirna, Tralles, Magnesia y Fi- 
ladelfia. Por _ fin acerciíbase la hora tan suspíi-ada 
por él. _ Ignacio i!)a á padecer el martirio. Resis- 
tiendo intr(-pido á las amenazas del Emperador Tra- 
jano; riéndose de sus halagos y lisonjeras promesas, 
fué por él condenado á la fieras. ¡í¿uc júbilo para, su 
encendido corazón! Las ansias de ver llegar aquel 
afortunado moinonto le hacian temer no llegaría ja- 
más. Tcmia no fuera indigno de tal dicha, y escri- 
bía á los fieles que con sus ruegos se la alcanzaran de 
Dios. Temía no se interpusieran por él los Pvomanos, 
y les escribía: "No queráis amarme fuera de tieuípo. 
Dejadme servir de pasto á los leones. Triíjo soy de 
Cri>if(t, moler me han los (Uailcs de tos fiero s" Temía 
no respetaran esas su cuerpo, como con otros márti- 
res lo habían hecho; y "en tal caso, yo mismo las em- 
braveceré," decía, "yo me les ecluiré delante, para 
ser devorado. Perdonadme, hijos míos; yo sé lo que 
mo convenga." En estos sentimientos llegó de Au- 
tioquía al anfiteatro romano. Ocupaba ya su vasta 
anchura el populacho ansioso do cebar su vista en el 
horrendo espectáculo de crueldad. El generoso atle- 
ta entra en la arena. Dos hambrientos leones se ar- 
rojan sobre la víctima inocente; desgárranla y devó- 
ranla, no dejan.lo nías que unos huesos. Jesucristo 
habia dado á su siervo la palma tan merecida. Los 
restos fueron trasladados á Antioquía, y después á , 
Roma. 



KEVÍSTA 



rEMFOIlANEA. 



I']ii 1:1 I<i>r¡fíl(i de A'd<>ii¡}uri¡¡ii' híilhui'ios lo s¡- 
fruioiilt': "La IvC'.sUi Católica ha oiilrado (mi 



otro año de í?xistciic!a bajo auspicios mas íavo- 
rabk's. Como tiene la delantera en las filas de 
la piensa del Territorio, rango lacil de alcanzar 
por hombres de tal talento }' educación como 
son los redactores de ese periódico, -su nuevo 
año no es mas (pie otro paso liácia la perfección 
periodística y utilidad general. La Revista ha 
ganado la ma3'or circulación de lodos los perió- 
dicos del Territorio, una circulación, según cree- 
mos, ma3'or que la del Nuevo Mejicano, diario y 
semanario, de la Gaceta y de nuestra E,í:v]sta, 
todos juntos. Esta gran po[)ularidad, ha sido 
ganada, no por medio de influjo político, ni por 
medio de un sistema de súplicas al cual nosotros 
estamos obligados, sino por medio demérito ver- 
dadero como periódico, y una defensa intrépida 
de los principios religiosos por la cual fué esta- 
blecida."' 

Por cnanto le agradecemos á nuestro estima- 
do diario contemporáneo las amistosas expre- 
siones (]uc acabamos de referir; tanto y mas 
sentimos el anuncio que da á sus suscritores de 
deber quizás suspender su publicación por culpa 
do ellos. Esperamos no lo permita la parte inte- 
ligente del público de Nuevo Méjico. Con la 
Revista de Alhuquercpie perdería un periódico que 
dio pruebas de estar dispuesto á hablar siempre 
con toda la libertad é intrepidez de un órgano 
verdaderamente /»fZe/)e?zfZ¿e?rfe, cueste loque cos- 
tare. Xuestra población no necesita solo de 
quien promueva sus intereses religiosos y moi-a- 
les, sino también de un diario que como la Re- 
vista de A.lhuqver<jVL'. tenga muy bien entendidos 
los deberes del publicista católico en un país ca- 
tólico, y no sea ni venal ni solapado escamotador 
de los intereses religiosos con los de la política 
v del bienestar material. 



Narra el Ikrald del 8 de Enero (pie en Fila- 
dellia hubo una pelea según todas las reglas de 
la caballería. Dos hombres, un tal Jack í^uiíin 
y cierto James Malier, riñéronse en un tendejón 
muy acaloradamente, y para cortar la contienda 
acudieron el expediente de un magnánimo desa- 
fío, el de acabarse á j)uñetazos. Fijaren una 
suma de dinero para el atleta vencedor, quinien- 
tos pesos; señalaron el dia, el sitio, los padrinos, 
los jueces, todos los particulares del arte pugi- 
lar; y fuéronse los dos á refrescarse en los princi- 
pios de la ciencia bajo la disciplina de dos ex- 
pertos gladiadores. Llegado el dia glorioso, en- 
traron en combate, y puñadas en los ojos, 
puñadas en las narices , puñadas en las 
sienes, puñadas en los carrillos, i)uñadas en 
*la boca ; acardenalaban.se y ensangrentái)anse 
(pie era un primor; agarrábanse, estiecliábanse, 
tumbábanse: y levantándose casi sin aliento, vol- 
vían al juego con mas gusto que anles. entre los 
clamorosos vivas de los cucos caballeros (|ue e.-o 



~S3- 



presenciaban. ¡O lindísimo siglo humanitario! 
qué azucarado y meloso estás! ¡qué infatigable 
en tu noble tarea de hacernos adelantar dos mil 
años atriís! Si esos señores asistieran á un com- 
bate de toros 6 de gallos pronto pondrían hocico 
y frunciendo el entrecejo clamarían airados: 
¡Crueldad! ¡barbarie de la edad media! ¡costum- 
bre de pueblos en zaga de toda civilización! y 
alborotarían los tribunales de las Sociedades 
Protectoras de los animales para poner término 
á tamaños desordenes sociales. Nosotros no so- 
mos toreros, ni corremos gallos; pero á Quinn y 
Maher, en lugar de proponerles un premio de 
quinientos pesos, les amenazaríamos con quinien- 
tos dias de estancia donde no les diera el sol. 



Oid Bautistas, oid Metodistas, oid Presbite- 
rianos, oid Episcopales, oid cuantas sectas hay 
en el mundo; vosotros no podéis ser Masones. 
No es la Inquisición, no son los Jesuítas, no es 
el Papa (jue os lo dicen ahora. Son vuestros 
Ministros y Pastores, periódicos y gacetas. El 
Protestantismo empieza ú despertarse, demasía- 
do tarde ya para salvarse así mismo, pero aun 
hay tiempo para vosotros los individuos. Oid 
pues, pensad y resolved. El Interior, gaceta de 
ios Presbiterianos, atestigua que Moody, el ce- 
lebérrimo Moody, dijo en un sermón que "él no 
quisiera ser 'miembro de wia sociedad secretad Y 
eso le parece muy poco al Interior, y tiene ra- 
zón; y añade que '''q\ jyrincipio distintivo de opo- 
sición á las sociedades secretas pronto será uni- 
versal en las Iglesias evangélicas." Lo duda- 
mos. Pero ¿dónde empezó la oposición? En la 
Iglesia Católica Romana que "fué la primera en 
apercibir," denunciar y condenar las magañas 
de los Masones. 'Ese enconoso antagonismo en- 
tre la Masonería y el Catolicismo fué indudable- 
mente lo que tanta popularidad dio á los Maso- 
nes entre los Metodistas." Por supuesto; y po- 
día decir el Interior: "Entre todos los Protes- 
tantes;" porque, como confiesa después, "entre 
todos reclutará y recluta numerosos prosélitos 
(la Masonería), con suceso tanto mayor, como 
que no se atribuye ninguna autoridad eclesiásti- 
ca." Con los católicos, empero, "no puede ha- 
cer mucho; y si mucho hiciera, no vemos qué 
gran ventaja le vendría de ello á la Religión." 
¡Preciosas confesiones! Nos llenan de consuelo; 
nos recompensan de todas las pullas, y calum- 
nias que todos los días nos echan en cara los Pro- 
testantes. 



Los Protestantes menos exaltados confiesan 
en términos suficientemente claros su obligación 
á la Iglesia católica por haberles descubierto dos 
grandes peligros: las Escuelas racionalísticas, y 
la Masoncrííi. Prueba lo primero el sermón del 



Dr. Cottou Sniith del 31 de Dic. p. p.; prueba lo 
segundo o] presbiteriano Interior. ¡Y habrá ca- 
tólicos todavía tan faltos de cordura y docilidad 
que aboguen por aquellas escuelas, y se enlisten 
en aquel!;! sociedad! El ejemplo de los Protes- 
tantes debería confundirlos. Tales católicos hay, 
y los conocemos, que no pondrían á sus hijos en 
esas esencias de ateísmo; y sin embargo habla- 
rán en favor de ellas, las promoverán con su po- 
der, detestarán ¡í quien las condene. — Digamos 
ahora á los Protcsíaníos: Ved por experiencia 
la falta que hacia en la Cristiandad un magiste- 
rio visible que nos guiara j esclareciera en los 
dudosos senderos de la vida. ¿Será posible que no 
reparara cu ello nuestro divino Fundador? ¿que 
ningún tal raagisíerío estableciera? Y sí le es- 
tableció, dónde está sino en Roma? Juzgad por 
los efectos. Roma sola conoce nuestras heridas; 
Roma sola las revela; Roma sola las ataja y sa- 
na. Yosoiros antes estáis ca"rconiidos que acer- 
téis á descubrir la llao-a. 



Nuestros mejicaüos, que miran todavía (gra- 
cias á Dios) el mafríinonio como una cosa tan se- 
ría como sania, se escandalizarán quizás en leer 
lo que vamos á decir, y algunos lo tomarán mas 
bien por cuento, i[\vd por becho real y verdade- 
ro. Eutrc los Protestantes de estos países no es 
raro, que cuando uno quiere casarse, lo avise en 
los periüílieos, como los que tienen tiendas y 
comercio, publican sus mercancías. Por ej., se 
pondrá en un periódico Vfanted a loife, — se nece- 
sita una esposa — el novio tiene tal edad: tales cali- 
dxides '?/ ti:hr^ defectos. — La esposa debe tener tales 
prendas, y tcarta dote, etc. Diríjanse á tal ciudad, 
tal calle, td número. A este anuncio las mujeres 
que quisieren, podrán presentarse, ó hacer que 
sean presentadas; y si les conviene, se arregla 
el matrirooaio. Al cabo es una manera como 
otra. A tai propósito el N. Y. Herald y el Ckith- 
olicRevievj acaban de publicarlo siguiente, refe- 
rido por el Examiner & Cñronicle. sucedido en 
persona de lui ministro Protestante en cuerpo y 
alma. E-e mandó, publicar en un periódico de 
London, Ont. (Canadá) el aviso que reproducimos 
aquí; sea para hacerle favor, sea por común edi- 
ficación. A Bride Wanied era el encabezado: 
se necesita una esposa— Un ministro de la edad de 
treinta años (por cierto buena edad, antes la me- 
jor) que pOi- seis aílosjta trabajado en la viña del 
Señor (esto os nada menos que frase de las Es- 
crituras) pciesios los ojos tan solamente en la gloria 
de Dios, (aquí se ve la recta intención) quiere 
casarse (se entiende por la gloria de Dios) con 
una /Señora que tenga talento y liabilidad para ayu- 
dar la santa causa: (esto es para que ayude al 
ministro cu los ministerios de su secta) im don 
particular de C(Mar (y el Sr. ministro llevará el 
compás.) capaz de mantener ana disputa (según S. 



54- 



]*al)lo quizás,) halüidad para presentar un argu- 
mento ya sea en conversación ya sea p)or escrito, y . 
(¡aquí ostií lo mas importante!) qiLe icnrjaá lo vu- 
voa $2,01)0, (y sino ¿como se procnraria la glo- 
ria de Dios?) Ninguna se presente sino 2)repa ra- 
da á reciprocar franqnena y sinceñdad y dar bas- 
tante garanlia de las calidades susodicJins, (so)jrc 
todo de la. del dinero,) etc. Kste es el aviso, 
j)ublieado [)or un ministro ]"*rotestante, el cual 
no [)retende menos f|ne ser ministro de Jesucris- 
to y sucesor de los Apo'stoles. 



La cuestión electoral del Presidente [¡arece 
va á ser decidida. YA plan propuesto para el 
efecto es la formación de un tribunal de quince 
miembros; cinco de la Cámara de Representan- 
tes, cinco del Senado y cinco de la Sujiren)a 
Corte de Justicia. Esos deberán examinar y 
contar los votos, y declarar el Presidente elec- 
to. Furiosa es la oposición hecha á tal proyec- 
to por los partidarios mas intransigentes del 
Pepublicanismo: Sherman, Garfield j Morton. 
¡Morton, que en 187o, 1875, y hasta el 21 de 
Marzo de 187G impugnó vehementísimamente la 
idea de hacer al Presidente del Senado arbitro 
de la votación popular confiándole la cuenta de 
los votos, y propuso y sostuvo con todo su po- 
der la erección de un tribunal parecido al que 
acaba de ser propuesto ahora! (Yéase el _A^. Y. 
ílerídd del 22 de Enero.) Los Republicanos 
tiemblan delante de este tribunal. "Moi-ton, 
Chandler y Co. no son bobos; tienen conocimien- 
to perfecto de lo acontecido en los Estados du- 
dosos; saben (jue su cau.sa en Florida y en Loui- 
siana no podrá sostener ni la mas lijera investi- 
gación de parte de hombres entendidos en el 
negocio 6 imparciales en su juicio." {Herald ib.). 
Lo que quisieran, pues, es ver derrotado este 
l)lan ó arreglo, y ganar tiempo hasta el dia 14 
de Febrero. Ño contándose los votos hasta 
aíjuel dia, ellos darian la incumbencia de hacer- 
lo al ]*i'esidente d(d Senado, seguros de que es- 
te contaría los votos por Hayes. [Herald ib.) 
También hay demócratas extremados en cuva 
opinión cual(|uier arreglo es inútil 6 injurioso á 
la causa de un candidato, por cuya elección hay 
argumentos solidísimos. No tenemos, empero, 
ni detalles, ni nombres individuales. A esos 
secuaces exaltados de uno y otro partido re- 
])rende el Hendd qúw duras ¡)alabras, comohom- 
bres (jue todo lo sacriíicarian á su egoísmo. 



— -» ■^■^>~ 



Un imcvo Sacerdocio. 



Tomás Jefierson, tercer Presideide de los Es- 
tados Unidos, decia en 1808: 'iloy dia no se 
))U(mI(> crecí- nada, de lo rpie se ve eujm pericnli- 
co. l/i verdad ini^nia háccsc sospechosa cuando 



pasa por aquel contaminado canal .... El hom- 
bre. que no mira nunca a un periódico está me- 
jor informado que el que los lee; por cuanto el 
que no sabe nada está mas cerca de la verdad 
que el que tiene la mente llena de falsedad y er- 
ror." {Parifjn's ''Life of Aaron Burr," c. XIII.) 

¡Qué mudados están los ticnq;)os! Ahora los 
diarios y periódicos son la luz del mundo. Ói- 
gase sobre este asunto al Dr. Talmage, ministro 
Protestante de Brooliyn lahernacle. El dia 7 
de Enero echó en su Tahernáculo un sermón á los 
Periodistas, y les dijo: "Hombres de la prensa, 
debajo de Dios vosotros sois los que habéis de 
decidir si la raza humana debe salvarse ó pere- 
cer." ¡Pobre raza humana! estás fresca! 

"Dios os dio á vosotros," prosigue el Doctor, 
"mas responsabilidad que á cualquiera otra clase 
de personas.'' 

Es decir: esa responsabilidad se la echaron á 
cuestas los periodistas. Si Dios se la dio, no es 
cierto; á no ser que el Dr. Talmage haya halla- 
do en su Biblia que el Periodismo es fundación 
de origen divino. ¿Quién sabe? estudiando bien, 
hallaría un par de textos. Por ej. en aquel fa- 
moso "Escudriñad las Escrituras,''' eso áo. Es- 
crituras, ¿no podrá significar acaso los Periódi- 
cos? Escrituras son, pues se escriben. Y esa in- 
terpretación seria tan sólida, tan justa y tan au- 
torizada, como la otra que de aquel texto ha- 
bían dado hasta ahora los Doctores Protestan- 
tes; es decir: la obligación universal de leer la 
' Biblia. Al cabo ¿no dicen ellos que cada lam- 
piño colegial y cada mozuela de servicio tiene 
derecho á entender la Biblia según sus propias 
luces? Y si á mí me parezca que las Escriiin^as 
(piieren decir en aquel texto ¡os Periódicas, ¿qué 
Doctor tan copetudo se atreverá á chistar? lié 
aquí probado, pues, como que dos y dos hacen 
cuatro, (]ue hay obligación bíblica de escudriñar 
los periódicos. Pero es así que no puede haber 
tal obligación si no hay periodistas; luego el pe- 
riodismo es institución evangélica, y los jierio- 
distas han recibido de lo alto su misión sublime 
de ilustrar el mundo y "salvar la raza humana.'* 
Sobrada razón tiene el Dr. Talmage. 

Bien es verdad que el pobre Doctor badajea 
algún tanto en el decurso de su sermón. Por ser 
muy cami)anudo, i)¡erde el hilo de las ideas, y 
nos enreda Ui madeja de tal modo que no hay 
por donde devanarla. Sentado el honroso sa- 
cerdocio de que están investidos los periodistas, 
pasa á hablar.de lo espinoso y tropezoso (pie es. 
Donde mas fácilmente pueden pegar el tumbo 
dice que es en la fé. "Uno de los grandes tra- 
bajos de la profesión periodística es que sus 
miembros están obligados á ver raas de las locu- 
ras dtd mundo, (pie cnahjuiera otra i)rofes¡on. 
Por el oficio de cada periódico pasan de dia en 
dia todas lis (la(iuezasdel mundo — todas las va- 
nidades . , . , todivs bis venganzas .... todos los 



-Sil- 



yerros. . . .todos los parleros que quieren pare- 
cer elocuentes, todas las imposturas de los mor- 
cantes .... todos los pelmazos que quieren hablar 
por cinco minutos y os muelen por.cinco horas... 
j de aquí viene la tentación de no creer mas ni 
en Dios, ni en hombres, ni en mujeres. No me 
sorprende que hay en vuestra profesión algunos 
escépticos. Solo me admiro que creáis en algo." 

Conque tenemos la primera voltereta dada por 
el pobre navio de la prensa periódica. Revol- 
cada la nave, los sacerdotes de la prensa zozo- 
braron con ella y se fueron á pique. No tienen 
fé ni en Dios, ni en el hombre. Vamos adelante. 

"Otro trabajo de esta profesión es el mortífe- 
ro apetito del público ú las noticias malsanas. 
Vosotros (dijo Talmage á sus oyentes) repren- 
déis la prensa periódica jjorque tanto encarama 
las matanzas y acontecimientos inmorales. ¿Qué 
diario meterla tanta bulla con esas cosas, si el 
pueblo no las pidiera? El pueblo coge un diario, 
y si no hay ningún caso de amantes escapados, 
de divorcios, de sobornes, etc., dice: ¡Qué sosa 
está hoy la Gazeta!" 

¡Y qué cariñosos los gaceteros! diremos noso- 
tros. ¡Qué amor ta'n entrañable! ¡qué ciega pa- 
sión por el pueblo! No saben negarle nada. 
Plasta cuando les pide veneno se lo dan ¡y de 
qué buenas ganas! Claro está que no hay en 
eso ni la mas lijera sombra de infamia. Si un 
loco quiere que le ahorque, y yo cojo un cabes- 
tro, se lo aprieto al cuello, y le despacho, ¿no 
seré de alabar? Le hice un lavor; pidiu'melo él 
mismo; ¿qué culpa tengo yo? 

"Otra tentación de los gaceteros," dijo Tal- 
mage, es el "beber estimulantes alcohólicos." 
¡íli! en qué pecadillos va reparando esc Doctor! 
¡La borrachera! ¡Bah, bah! no hay^ que andar 
con tantos remilgos. Hoy dia hasta las señoras 
se emborrachan. Véase lo que nos cuenta el 
Herald (Enero 17): "La Sra. Maria Carey hizo 
prender á Paulita Cam|)bell, su huéspeda, por 
haber disparado cinco tiros de ren-olver en su 
propio cuarto. Cuando el ollcial fué á |)renderla 
la halló sentada con mucha frescura en el borde 
de la cama, y fumando un cigarro." ¡Qué 
pintura tan linda! ''l^^ataha bajo la influencia del 
licor,^^ prosigue el Herald, "3^ los cinco tiros los 
habia dado para obligar á una hija suya de once 
años á que ñiera por una botella de c/in,.'" ¡Bra- 
vísimo! Cuando la borrachera nos proporciona 
mujeres tan varoniles como esa Paulita Camp- 
bell, el ponerse beodos los periodistas no puede 
ser un crimen; al contrario será una cosa muy 
de buen tono. 

Finalmente "/a profesión (de los gaceteros) 
está sujeta á otro trabajo." añadió el predicador, 
"y es que ninguno de ellos parece cuidarse de su 
alma." ¡Magníñco! No podia el Doctor darnos 
un epílogo mas sucinto y comj)endioso de todas 
las sagradas prerogativas de este nuevo sacer- 
docio, 



Y un hato de hombres sin ninguna fé ni en 
Dios, ni en el prójimo; tor[)emente venales, has- 
ta el [)U!ito de ir espiando por todos los rincones 
del mundo }'• propalar los escándalos mas asque- 
rosos é infamatorios, las anécdotas mas seducto- 
ras, los principios mas subversivos, los discursos 
mas desatinados y mas blasfemos, las teorías 
cientíücas mas anti-cristianas, las bancarotas 
mas fraudulentas, los homicidios mas inhumanos, 
las venganzas, los robos, las traiciones, las que- 
rellas de ñimilias, los suicidios, todo lo que hay 
de mas inmoral é im|)ío, para tener mas compra- 
dores en el vulgo imbécil, ignorante y ruin; unos 
hombres indiferentes para lo verdadero y lo fal- 
so, lo bueno y lo malo; borrachos, despreciado- 
res de su propia alma y de su salvación; esos son 
los que han de "salvar la raza humana," y que 
de Dios mismo han recibido tan noble misión. 
A buen seguro, si la salud de nuestras socieda- 
des consiste en recaer en el paganismo mas obs- 
ceno y repugnante, ninguna cosa las aj'udará 
mas que esa tenebrosa balumba de todo lo divi- 
no y humano llamada periodismo. Pero si hay^ 
que Víjlver atrás, y recogerse entre los brazos 
del amoroso Salvador Jesucristo, el sacerdocio 
libertador de los ¡¡ueblos no es el periodismo, es 
aquel otro abdicado míseramente por el Doctor 
Talmage y sus correligionarios cuando protestaron 
por vez primera contra la Silla de Pedro y sus 
sucesores. 



Escuelas de Teologíii Popular. 



En. la Católica Bélgica se ha principiado á 
realizar una idea tan nueva como saludable, en 
favor de la Religión y de la Sociedad en gene- 
ral; esta es la de establecer escuelas de teología 
para los seglares. El Card. Arzobispo de Mali- 
nas la ha aprobado solemnemente y caliñcado 
de obra verdaderamente santificante y civiVaadora. 
La ciudad de GanL dio el ejemplo. El dia G de 
Nov. so abrió la nueva escuela de Teología po- 
pular, confiada al Rev. P. Van Aken de ha Com- 
pañía de Jesús, en la Sala de la Academia de S. 
Lucas. Y el Bien Public daba la consoladora 
noticia do que el número de alumnos era extra- 
ordinariamente grande y que se iba siem])re mas 
aumentando. 

La mayor parte de los enemigos de nuestra 
santa religión, lo son ¡jor pura ignorancia de las 
ciencias sagradas, de las que desde sus tiempos 
decia el Apóstol S. Judas: quacumque quidem ig- 
norani blasphemant: blasfeman, in|)ugnan. y ata- 
can lo que ignoran. Proudhon, el famoso Prou- 
dhon, el hombre acaso mas impío que haya 
existido en el mundo, contesaba y se admiralia 
de ver que en todas las cuestiones, por extrañas 
c|ue parezcan á la religión, se tropieza siempre 
con la Telogía: y baste haljcr citado á ese solo 



-56- 



por todos. Ahora sir; el estudio de la Teología, 
de las eicueias sagradas, ¿de (lué manera podrán 
resolverse bien y rectamente todas las cuestio- 
nes que agitan tanto al mundo de lio}' dia; sea 
(|ue se refieran directamente á la religión, sea 
(pie indirectamente, y de una manera 6 de otra 
se rocen siempre y todas con la Teología? Si 
entendieran un poco, á lo menos, de las ciencias 
síigradas esos niíijaderos (pie nos atacan tanto en 
dilerentes puntos y cuestiones, yes (píese creen 
ser los padres de la sabiduría, y que en realidad 
no son sino hijos de la ignorancia, esos que en 
tono tan magistral y solemne piensan j)oder tra- 
tar de todo y en realidad desgraciadamente no 
aciertan á hablar bien de nada, desistirían de 
sus locas [)retensiones y de sus inútiles ataques, 
antes bien los veríamos mas humildemente dó- 
ciles y respetuosamente sumisos á las divinas en- 
señanzas de la Iglesia de Jesucristo. 

La U7iifá CattoJica, uno de los mejores periódi- 
cos de Italia, anunciando estas escuelas, las propo- 
iiiacomo ejemplo á los demás i)aiscs, y excitaba 
sobre todo á los eclesiásticos de Italia, que imitan- 
do el celo y el fervor de I3élgica, con la aproba- 
ción de sus Prelados y Pastores, abrieran seme- 
jantes cursos de Teología popular pai-a los Segla- 
res en aípiella península. En fm recomendaba 
este pensamiento á los miembros de las socieda- 
des católicas Italianas, para- que coadyuvaran á 
la realización y propagación de tales escuelas. 
Y Dios quiera (pie se verifique el proyecto. 

Pero nosotros que estamos en el Nuevo Méji- 
co, ¿(pié diremos? Por supuesto seria muy ori- 
ginal si pensásemos pro|)oner afpií semejante 
sistema de escuelas. ¿Cómo j)udiera habe-r es- 
cuelas teológicas, si muy apenas y no siempre 
se pueden conseguir escuelas primarias }' ele- 
mentales? Seria pretender cosas imposibles. 
Nosotros nos hacemos cargo de las circunstan- 
cias de nuestras poblaciones y de las condiciones 
del Territorio, unas y otras tan diíTciles y ex- 
(,-epcionales, á las cuales se debe atribuir, (juc 
muchas cosas aquí no se puedan realizar, auii- 
(pie fueran i'itiles y aun necesarias. Con todo 
nos preguntamos, ¿no habría á lo menos algún 
otro recurso ó medio con el cual suplir esta falta 
en cosa tan importante? 

No podemos negar (pie a(]UÍ hay tanta necesi- 
dad, sino mayor, de instruir nuestras poblacio- 
nes católicas, lo mas (jiic fuera posible» en las co- 
sas de nuestra santa religión. jVíjuÍ nos lialla- 
mos rodeados de tantos peligros y expuestos á 
t;in terribles ataípies. La ignorancia de las co- 
sas de religión eii las |)()blacíones no solo no los 
escusa, sino es causa que aciuellos sean mayores 
y mas temibles. Por una parte nosotros los cató- 
licos estamos en medio de l'rotestantes de dife- 
rentes sectas, como Presbiterianos, Metodistas, 
l^^ipiscopalianos. y ]>aufistas (|ne ya se han esta- 
blecido aquí, y tomarán, si nos desciiidainoñ 



siemiire mavor fuerza y vigor. Y cuando las co- 
municaciones con los Estados sean mas fáciles, 
nos hallaremos circundados de un número sin 
número de otras sectas, las cuales no 'vendrán 
por cierto para hacer bien á nuestra Peligion, y 
sostener á los católicos. Por otra parte hemos 
visto en estos últimos tiempos la guerra que la 
moderna política, ins[)irada por los modernos 
[)iincíj)ios liberales, ha hecho, y que sin duda 
se propone de renovar con mas fuerza y ahinco 
contra Ip Iglesia, sus derechos y su libertad, pa- 
ra acabar si fuese posible con ella, ó tenerla á 
lo menos sujeta y esclava. 

Pues de todas partes nos hallamos amenaza- 
dos y acometidos. Y entre tanto, ¿qué haremos? 
¿Dejaremos que nuestros enemigos, con sus re- 
petidos y continuos ataques, combatan los dog- 
mas, creencias }' verdades de la Religión, ritos, 
preceptos y derechos de la Iglesia? ¿Dejaremos 
que avancen, y hngan de nuestras pérdidas sus 
conquistas, y lleguen á esclavizar y des- 
truir nuestra Religión qife hasta ahora ha domi- 
nado en estos países, y contra la cual tienen 
tanto odio, solo por haberse separado de ella? 
Es verdad que á su defensa y cuidado están, co- 
mo de deber así de hecho, los que Dios ha pues- 
to como sus ministros, y pastores de los pueblos, 
y que el Clero de aquí, gracias á Dios, con el Sr. 
Arzobispo á la cabeza, entienden lo importante, 
delicado y responsable de su posición, desempe- 
ñan con tanto celo y constancia sus deberes, y 
con su voz y autoridad velan por (d bien de 
los intereses y personas encomendadas á su car- 
go, y hacen frente á los enemigos y peligros que 
se les presentan. Pero esto no siempre basta; 
mucho menos en las circunstancias en (]ue nos ha- 
llamos. 

La guerra que se nos hace y que debemos te- 
mer mas, no es una guerra directa \' á cara des- 
cubierta, sino de insidias y solapada. Los Pro- 
testantes, i)or táctica ordinaria, evitan el en- 
cuentro de 1(3S Sacerdotes, y se aplican á seducir 
á las gentes: públicamente mostrarán mucha de- 
ferencia á nuestra Religión, pero no d(\jarán por 
esto de hacerla propaganda privadamente. Asi- 
mismo la polítií\a no atacará a la Iglesia con le- 
yes violentas, ó medidas evidentemente agresi- 
vas, sino con mucha maña encubiertas y disfra- 
zadas, y mientras mostrará rcs})eto á los minis- 
tros de la Religión, hará (pie sus leyes y medi- 
das sean adoj)tadas por las familias, de modo 
que la oposición, que nosotros ])odcmos hacer 
sea considerada como injusta é intolerable iu- 
trusi(Mi. 

Es necesario, pues, para ellos y para nosotros 
contar siempre y mucho mas con el pr.eblo, que 
con cuahpiicra otro medio. Y como por medio 
de este se quiere hacer la guerra á la Religión, 
así por medio del mismo, salir en su ilofensa. 
Los Sacerdotes no podrán ñor sí solos, er; estas 



-57- 



Ba i MI P JSili ' lhJ W JWWW 



circunstaDcias, snskMier la caiiya de la Iglesia, 
sino (¡ue deben servirse del pueblo, y liacerlo 
cooperar en sus esfuerzos. Aun en las guerras 
materiales los soldados son la fuerza principal, 
que tienen los capitanes para sus planes de asaltos 
y defensa. ¿Qué harian ellos, si quedasen solos 
frente á sus enemigos? Aliora bien, los ñeles todos 
en las cosas de Dios y de la Religión, son oti'os 
tantos soldados. In aiusa Dei omiiis homo miles. 
Todos son soldados, y todos por lo que les toca 
pueden y deben ayudar á pelear y sostener la 
santa causa de Dios y de la Religión. 

Pero ¿seria prudente que estos soldados se 
echasen al combate sin ser instruidos antes y a- 
costumbrados al manejo de las armas? De sol- 
dados ignorantes y sin ejercicio, en lugar de ser 
ajHidados no podrá aguardarse sino que una ir- 
reparable derrota, y (lo que es peor todavía) 
que enredados vuelvan las armas contra sus 
compañeros, causando un mas horrible desastre. 
Esto mismo puede acontecer á los católicos, 
cuando tratándose de Religión, si no esta'n bien 
instruidos y adiestrados, en lugar de sostenerla, 
la desamparan, y á veces en lugar de serle úti- 
les, causarán su ruina. Así es co'nio, según lo 
que decíamos, la igitorancia no solo no los escu- 
sa, sino que es ocasión y causa de miayores ma- 
les. De ahí se deduce con cuánta razón y utili- 
dad se procura siempre mas en los paises men- 
cionados instruir al pueblo en las cosas de Re- 
ligión, y hasta los seglares en materias que pa- 
recerían exclusivas de las personas de Iglesia. 
Pero ¿como se pudiera procurar aquí esta ma- 
yor instrucción, y de qué manera suplir esas es- 
cuelas populares de Religión? Esta es cuestión 
mas difícil de resolver; sin embargo procurare- 
mos hacerlo en otro número. 



El Clero y lii Política. 



Acaba de aparecer en un stipkmrMto del Ad- 
veriiser (aúm. de 27 de Enero) un comunicado 
con el cual se quieren confutar los artículos de 
nuestra Revista, publicados hacia el ñu del año 
pasado bajo el título J^l clero y la política. Di- 
remos francamente (]ue si ese artículo hubiese 
sido de otro cualquiera, no hubiéramos liecho 
mas caso do él, contentándonos con solo anun- 
ciarlo, ó á lo mas añadirle una que otra refle- 
xión. Pero el artículo lleva la üruui de Eugenio 
Homero uno de los mas eminentes ciudadanos de 
Las Vegas, y por tanto lujs parece justo hacer- 
nos cargo de él, v examinarlo algo deteniuamen- 
te. A parto la importancia de la materia, aten- 
dida la cualidad de las personas, á veces es mas 
conveniente callarse, á veces es couveuientísimo 
y deberoso el res})onder. Tal es el caso. 

iSeníimo:^' ,quo l;i primera vez que tenemos que 
dirigirrios \ fse íSef/í^r, sea nar¡í, couil>ntir sus 



opiniones. Pero no podeuios menos, la matci-ia 
lo rcíjuiere, y él mismo no lo llevará á mal. Re- 
remos además tan francos como él lo ha sido 
con nosotros; y como su franqueza no nos causó 
disgusto, así esperamos que no le disgustará la 
nuestra. Procuraremos ser tan breves como 
i'iiere posible. 

En contra de lo que decíamos nosotros, él 
quiere probar que los del clero aunque sean ciu- 
dadanos, no tienen ningún derecho de siifrairio 
en las elecciones, según la constitución de los 
Estados Unidos. Para esto se requería y bastaba 
una sola cosa, esto es, citar la misma constitu- 
ción, y toda la cuestión quedaba aclarada. Pero 
¿es verdad que la constitución niega este dere- 
cho? Si es así, tenga la bondad de citar las pa- 
labras y nos daremos por vencidos. En vez él 
quiere cavilar; y con ello no prueba él nada 
si no es precisamente lo contrario y en nuestro 
favor. Pero varaos á examiiuir sus argumentos. 

En primer lugar dice: "La Constitución no 
im|)!ica este derecho á los ministros de cualquie- 
ra religión, sino solamente el libre ejercicio de 
sus funciones religiosas." — ^Respondemos: la 
constitución no implica este derecho, esto es, 
no hace mención de él. Es mucha verdad; pero 
es verdad igualmente cierta que tam[)oco lo 
niega. Luego no se deduce que los ministros de 
religión no lo tengan; antes al contrario (|ue aun 
;í ellos es concedido. Ya\ efecto; siendo este <le- 
i'ccho [)ro¡)!o de todo ciudadano, la consíitu.cion 
no necesitaba nombrarlos todos para incluirlos; 
poro debía nondjrarlos si qucria excluirlos. 
liuego, mientras no ios excluye, quedan inclui- 
dos. vVdcmás, la constitución con dejar entera 
libertad en materia de religión, hizo un favor 
tanto á los ministros que la enseñan, como á los 
íieles que la profesan; y como de esta libertad 
concedida á los fieles no se saca nada contra su 
derecho electoral, así de la misma libertad con- 
cedida, á los ministros, no se debe sacar nada 
contra el de ellos. De otra manera esta liber- 
tad seria un privilegio para los fieles, y un peso 
j)ara los ministros. Luego el primer argumento 
lejos de destruir el derecho de los ministros 
prueba en vez que lo tienen y que seria una in- 
justicia privarlos de él. 

Dice el segundo: "liU constitución es la ley 
fundamental que comprende los tres cuerpos 
civil, militar y eclesiástico. Ahora como el cuer- 
[>o militar por estar separado del civil no tiene 
este derecho, así tampoco lo debe tener el ecle- 
siástico por estar igualmente separado del civil."' 
l^jste es en resumen el argumento, el cual tiende 
á probar no que los eclesiásticos no tengan el 
derecho, sino que no lo deberían tener y por lo 
tanto se les deberla quitar: pero ni esto tampo- 
co prueba. En primer lugar esta división es 
inexacta bajo cualquiera concepto y no se j)uede 
sostenei': pero dejemos este punto. Eu segundo 



58- 



lnf¡;.ir la coiisliliiciou de los E. U. no admito ni 
cstii ni olra división, poi'cinc hace abstracción 
(K' la rrliirioii, y no habla de ningnn enerpo 
eclesiás(iei), antes bien se comproinetc u no tra- 
tar de r('b\u-¡on ni de Ijilesias. ]*iies de (¡ne so 
ni\ti() á los iniliíai'cs no se infiere (jue debia ne- 
niarse á los eclesiásticos: iXJTíjne i-epetiinos las 
leyes de los K. U. no consideran este cnei'po 
(M.'lesiiístico ronstitiicioiíalnicnle separado, así co- 
mo acaso considera separado constitucionulmen- 
te el del cuerpo militar. Siendo [)ues falso el 
fnndainenlo, es nulo el ar,ü,'nmento. 

Pero aun en el caso de (¡ue el clero formara un 
cuerj)o separado, de este argumento no se dedu- 
ce nada. Portpic la diferencia 6 separación cn- 
ti-e esos tres cuerpos no i)uede ser el derecho 
de votación. Eu efecto si esto fuera la razón de 
la distinción eniro ellos, entonces el cuerpo mi- 
litar y eclesi;í-;tico no se distinguirian: se distin- 
guiriau am'oos del cuerpo civil, ])cro no se dis- 
tinguirian entro sí. \n i'azon, pues, de esta dis- 
tinción debe ser en otras dilerencias; y así como 
lo:; (M;Iesi;ísticos aun cuando no tuviesen el dere- 
cho de N'olacion, siempre se distinguirían de los 
militíires, aun cuamlo lo tengan, siempre se 
dislifiguirán del ('rden civil. En Francia por 
ej., estos tres cuerpos l)ajo otros respectos son 
muy diíerentes delante de la ley (lo que no su- 
cedí} aquí, como liemos dicho), y sinendiargo en 
Francia los eclesiásticos tienen el derecho de 
votar desde los obispos hasta los últimos sacei-- 
dotcs, y jamás se pensó de (putárselo coiisiile- 
rándüles como los nulitares, sino que se les man- 
tuvo, juzgándolos mis parecidos ala categoría 
civil. Ulro argumento se nos ojiuso, qiuzás sin 
mucha relle.xion, v\ de (pie las mujeres no ten- 
gan este derecho de votai'. Nosotros lo ha- 
remos valer mas l)ien en favor de lo que deci- 
mos. En electo, si la dií'ci'encia esencial enti'e 
esos tres cuerpos fuei'a el derecho de votai-, 
las mujeres esencialmente lo deberian tener: 
j)or(in(' dchndo de la lev las mnjei'es no se \)\\q- 
den considci'ai' ni como cuerpo militar, ni como 
eclesiástico, sino civil. Xuestto opositor dijo 
bien (pie no lo tcnian, pero en fuerza de sn ar- 
gunundo estaba obligado á infeiii- lo contrario. 

('On estos ai'gumiuitos si se probase algo, se 
probaria (pie lodos los ministros de cuahpuera 
religión, ( 'oino (d mismo sefior d(>c¡a en el prin- 
cipio) no tienen este dereídio. .Miora^ á pesar de 
sus argumentos (d hecho es (pie á los ministros 
se les reconoce y ellos lo usan. l^]ste señor no 
lo puíMle negar, y ptira evitar la fuerza de esta 
dilicullad, añade una i'cllexion (pie ni(?rccc ser 
p )nderada, y dice: "h^ntii'mdase bien que cuando 
hablamos d(d clero, nos refiM'imos á hi Iglesia 
Cati^lica IJomana, por(pie si csia (>s la única 
Iglesia vi'rdadeía, (según pi-edit-aii los s:i('erdo- 
ivs) entonces las otras Iglesias son sohimenb» 
nominales, y por coiisiguiíMite Io'í ndnisd-os do 
la Iglesia H')maua son los (pi» ^-v (bdien absle- 



ner de mezclarse en [)olílica, etc."" Sin ir mas 
adelante, diremos (pie aquí damos un brinco 
descomunal. No se trata aquí de lo que predi- 
can los ministros de la Iglesia Romana, si esta 
03 ó no es la única verdadera Iglesia, sino sola- 
mente si la constitución da ó niega á cualquiera 
ministro do cuahpiiera religión el derecho de 
votar. Entonces valdría este ai'gumento cuan- 
do la constitución diera este derecho á los mi- 
nistros de las falsas sectas y lo negara á los sa- 
cerv.lotes de la verdadera religión. ¿l\n"o qué 
dice acerca de esto la constitución? Y en aquel 
caso el ai'gumento tampoco valdría contra noso- 
tros, porípie en general todos los ministros de 
cualquiera rel¡gi«)ii predican que su religión es 
la verdadera: pues ¿ctíino se pudiera querer (pie 
valiera solo contra los ::.acerdotes catc^dicos? Y 
ahora (pie la constitución no contiene nada de 
todo eso, y hace abstracción de toda religión, 
¿cómo se probará que nosotros, por pertenecer 
á la verdadera, no }iodemos votar, y que los de- 
más ministros sí; y solo porque nosotros i)ensa- 
mos ser lalsas sus religiones, auuípie ellos no lo 
piensen? 

lié aquí otra razón (pac se añade. "De otro 
modo Yds. mismos como eclesiásticos se confun- 
dirian bajo este as[)ecto con las demás sectas y 
religiones (pie Yds. conibateny no seria extraño 
(juc el protestantismo pretendiese estar en este 
panto en unidad con la Iglesia Cat(jlica, Eoma- 
iia, y viceversa que la Iglesia Católica Romana 
cdiívieso unida con las Iglesias protestantes."" 
Sin duda esta ra.zon pareció ser sin respuesta po- 
siljle, ya (¡uo para (pie lo entendiéramos mejor, 
so ro[Mtió en su cíe. '-crsa. Pues creemos haber- 
lo enten'li lo; y cpiiere decir (pie ó debemos en- 
trar en comunión con los protestantes y conside- 
rarnos todos de una misma religión, ó renunciar 
á h icer cualquiera cosa ó acción natural ó civil, 
(pac pudiera ser común con ellos. No obstante 
todos ios argumentos, el Señor admite (jue los 
ministros protestantes voten, y no quiere que 
nosotros volemos, para no entrar en comunión 
con ellos en este punto. Pero, señor I). Eugenio, 
¿<abe Yd. á qué nos condena con esto? A no ha- 
cer nada mas. Desde hoy (en fuerza de su argu- 
lu'^.ito) no podremos ni comer, ni beber, etc., por 
no exponernos al peligro de hacer lo que hacen 
los Protestantes. Ellos, por supuesto, no quer- 
rán renunciar á todo eso para diferenciarse de 
nosotros, pues, tendremos que renunciarlo para 
diferenciarnos de ellos. Nos amenazaba A'd. con 
una muerte política si nos metemos en política, 
\ con su argumento nos condena á una muerte 
corporal }' social aun mas terrible. Pero si 
es -por esta razón, (¡pie al cabo no tiene nada (ju.o 
ver con la Constitución,) pierda Vá. cuidado, 
(pie, aumpie votemos no peivlerá nrda nuestra 
Iglesia de ser única y verdadera, '[\menios co- 
munes con los protestantes muchas cot-as aun re- 
ligiosas, \ podemos KJn peligio tener las (bqnús. 



-59 



DEL INFIERNO AL PAEAISO. 



"-r.yj^ ¡k^ *^^ — 



( Con Un nación — Pág 47-48. ) 

— Pero ¿qué imprevista urgencia es alta? Precisa- 
mente cuando iba á acostarme. ¿No es igual que va3'a 
mañana temj^rano? 

— No, no, por cuanto amáis en el mundo, no le deis 
motivo por alguna barbaridad: venid esta noclie y lo 
mas pronto posible. Ya veis si urge, cuando os en- 
vía uu carruaje. No ignoráis que es un oso y . . .si 
queréis que os diga lo que sospecho 

— ¿Qué? Decid. 

— El siempre piensa lo peor, y se le lian metido en 
la cabeza no sé qué recelos de vos. Sin duda que ma- 
las lenguas liabránle referido encuentros vuestros en 
una iglesia, de que estáis cansada de pertenecer á la 
compañía, . ,en ñu, vos podréis comprenderlo mejor 
que yo. Así que por poco que vaciléis lí os detengáis, 
le obligareis á venir y á hacer alguna de las suyas. 

Matilde llamó en su auxilio todas sus fuerzas para 
no venderse y entreabiendo sus labios con forzada 
sonrisa, dijo: 

— Esperadme, vengo en seguida. 

Y entrando en su estancia, tomando papel y pluma 
escribiíj lo siguiente con temblorosa mano: 
"Padre venerado de mi alma: ■ 

"Todo está perdido. El autor me llama esta noche 
"á su posada y está informado de cuanto ocurre. Voy 
"en seguida para evitar mayor escándalo. 

"Salvad, os lo ruego, á 

"La más desventurada mujer del mundo." 

Entregó el billete á Susana, recomendóselo con 
inexplicable angustia, y echando sobre sus hom- 
bros un abrigo subió al carruaje que se alejó á buen 
pasc> 

VIII. 

LA ESTRELLA TIíAS LA TEMPESTAD. 

Realmente hablando Samuel ignoraba de todo pun- 
to el proyecto, solo que cavilando sobre la proposi- 
ción de Matilde y escudriñando sus recelos, parecióle 
el medio mas seguro tenerla á la vista y á su lado 
hasta que, según decia, se la pasara aquel capricho de 
edesiásftca que la dominaba por completo; así que, 
cuando la vio llegar, lejos de manifestarse enojado dí- 
jola, á manera de escusa, que siendo preciso poner en 
escena una obra nueva, necesitaba que estuviera reu- 
nida con toda la compañía á fin de ensayar aquella 
noche y las demás sin tanta incomodidad para ella; 
pero que una vez representada podría volver á ocu- 
par su casa. Aunque á Matilde no se la ocultaba que 
diferian mucho las palabras de los pensamientos del 
autor fingió creerlas y no se mostró resentida; pero 
pasó una noche cruel, agitada, no pudicndo tranqui- 
lizarse al ver que la cortaban las alas en el momento 
mismo en que iba á alzar el vuelo para su libertad; y 
hasta el amanecer no logró conciliar el sueño, aun- 
que en extremo fatigoso. 

Susana por otra parte atemorizada y temblando fi- 
gurábase á cada paso ver aparecer delante de ella á 
Eumph para tomar venganza por su engaño, ó á pro- 
moverla un escándalo; pero pudo en su corazón mas 
que el terror la caridad, y firme en ayudar á la em- 
presa proyectada llevó la carta al pári'oco al amane- 
cer narrándole lo sucedido y haciendo los comentarios 
que acerca de él se la ocurrían. Postróse el miuislro 



e Dios ante una imagen de la Virgen allí presente y 
xclamó con religioso fervor: 

— Señora, el enemigo desea arrebataros esa alma, 
se rebela y ensaña; mas vos le vencisteis infinitas ve- 
ces y de vos imploro un triunfo mas: salvad, os lo su- 
plico, á esa pobre paloma, que entrego en viiestras ma- 
nos y coloco bajo vuestra protección. 

Y escondieudo el rostro entre las manos, permane- 
ció absorbido en aquella actitud por más de un cuar- 
to de hora como quien medita y resuelve un arduo y 
enredado plan. De pronto como si hallara la solución 
del problema irguió la frente, levantóse radiante y ex- 
clamó con aire de triunfo: 

Belcebú y yo nos veremos las caras: ha dado con 
la horma de su zapato. ¡Prudencia! añadió dirigién- 
dose á Susana. Jd al punto en busca do Antoñico el 
herrero; pronto. . que no parta, sino que venga aquí 
. . .pero corriendo. . . que lo espero. 

Despidió el sacerdote á Susana cuando llegó Anto- 
nio, pues deseaba concertar su plan á solas con él; 
pero Susana cediendo á la del)ilidad de su sexo por 
una parte y por otra movida del interés que Matilde 
la inspiraba, no pudo resistir á la tentación de acer- 
carse á la puerta aplicando el oído cautelosamente al 
agujero de la cerradura para enterarse de aquel im- 
portante proyecto; así pudo oír decir al cura: 

-Veamos, Antonio, ¿te atreverás á hacer una expe- 
dición? 

— Señor cura, ¿no me conocéis? ¿Os figuráis que no 
tengo más que lengua? 

— Pero piénsalo, hijo mío. Sé de lo que eres capaz 
. . . mas puedes caer en manos de la justicia . . . ¿com- 
prendes? 

— ¿En manos de la justicia? 

— Sí tal: pueden apresarte y sepultarte en una pri- 
sión maniatado como un criminal, aunque sea por una 
buena acción. Sin embargo, escucha lo que se debe 
hacer si te decides y tienes valor . . . 

Aquí bajó tanto la voz que la pobre Susana se que- 
dó á oscuras y retiróse apesarada de ser curiosa inú- 
tilmente. Después de media hora de animado susur- 
ro, abrió la puerta el cura diciendo á la viuda que á 
ella solo la encargaba una cosa en obsequio de Matil- 
de: buscarla y preguntarla con franqueza si tendría 
valor para escaparse de noche por la ventana, y si 
consentía entregarla un billete que la dio en que la 
indicaba el medio do ejecutarlo: hecho lo cual, ya en 
nada tendría que nmzclarse á fin de dejar libre á ella 
y su casa de toda sospecha. El billete que en sus ma- 
nos puso el sacerdote estaba concebido en los siguien- 
tes términos: 

"Hija de Dios: 

"Todavía no está perdido todo si permanecéis obe- 
diente á la voz del Señor. Terminada la representa- 
ción esta noche, cuando todo est('í sosegado se coloca- 
rá una escalera á la ventana de la posada que cae á las 
tapias y de estas al bosque. Bajad sin recelo y cuidan- 
do, si os fuere posible, de volver á cerrar las venta- 
nas, al pié de la escalera hallareis á aquel buen hom- 
bre que ayer fué acompañándome y á una dama áo. 
edad, á quienes seguiréis en nombre de Dios. Todo 
está previsto y preparado. Quemad este pa]wl y en- 
comendaos de todo corazón á los ángeles del paraí- 
so. 

"Vuestro conocido." 
_ xiccptó de buen grado la viuda aquella nueva comi- 
sion_ aunque arriesgada, y para cumplir con su encar- 
go sin faltar en un ápice, ni dar que sospechar á la 
com])añía echóse á cavilar el mejor medio hnsta que 
por lin ocuiTÍésele uno tan acertado que le salió á pe- 
dir de boca. Tomó varias fruslerías de la estancia de 



-fio- 



Matilde como guaute.s, [)astilhi,s Jo jabón, horquillas y 
otros adornos, envolviólos en uu papel y á la liora de 
almorzar presentóse en la posada. 

Apenas divisó á Matilde di)'igióse á ella y en pre- 
sencia de los circunstantes, aíectando la mayor indi- 
fi>rencia, entrej^óle el paquete diciéndola (|ue si nece- 
sitaba alguna otra cosa como mantillas, trajes o ropa 
blanca se lo dijera y seria servida al punto. Entre 
tanto volviendo el rostro para no sor observada liízo- 
la una seña y se apoyaron como hablando de cosas 
indiferentes en el aí'éizar de una ventana. Era la oca- 
sión que esperaba la viuda, quien se apresuró á })re- 
guntarle en voz baja; 

— ¿Os atrevéis á escaparos esta noche por la ven- 
tana? El señor cura todo lo tiene ya dispuesto. 

— Sí, respondió Matilde sin vacilar. 

Entonces Susana deslizó en sn mano el billete do- 
blado y Matilde con iina lijereza empujóle con el de- 
do entre el brazo y la manga diciendo á la viuda: 

• — Ahora alejaos; si Rumph llega y os encuentra 
aquí, puede tal vez molestaros. 

Salió Susana regocijada y fuese en derechura á dar 
cuenta de lo ocurrido al párroco, mientras que la ac- 
triz escurriéndose diestramente de entre los otros co- 
mediantes como (juien ]:»usca algún entretenimiento á 
la ociosidad, i'etirósc á leer aquella carta cuyo con- 
tacto aumentaba su ansiedad y hacia"latir con violen- 
cia su corazón. 

IX. 

L/\. rUGA, 

Pasó el resto del dia en continua y terrible borras- 
ca física y moral: física, porque desencadenóse una 
terrible tormenta con copiosos aguaceros é impetuoso 
huracán; moral, por la agitación que dominaba el co- 
razón de las mujeres, de Antonio y hasta del sacerdo- 
te. 

Atendía á todo el prudente párroco con la más es- 
quisita minuciosidad: daba instrucciones, aprestaba 
ropa, reunía dinero: ni un detalle olvidaba, compren- 
diendo que en tales batallas el honor de la victoria 
depende de la precisión en los mo\ imientos. Por for- 
tuna contaba con Antonio cjue le secundaba á las mil 
maravillas y cuya fuerza de voluntad era superior á 
la de los elementos. A despecho de la lluvia que caía 
á torrentes, del trueno que retumbaba con ronco fra- 
gor y del viento que mugía embravecido; salía, torna- 
l)a y disponíalo todo con un celo y una actividad in- 
cansables manifestando que no era un instrumento 
ciego, sino que animado también ])or el estímalo del 
celo cristiano; la religión y la caridad le infundian 
indomable energía y le prestaban alas para ejecutar 
las órdenes que recibía. 

Convinieron en que Antonio fuera al teatro aquella 
noche, acaso la primera en si; vida; que al tíirminar el 
último acto saliese y dando la vuelta ])or varias ca!kv 
juelas solitarias saltara las tajiias ])()r una estpiina 
d(!rrunibada, y como d(!sd(! allí distaban ])oco los pri- 
meros matorrales dc\ bosque, en ellos liallaria una esca- 
lera de mano (jue apoyaría en la ventana. Cuando con 
más fuerza diluviaba fué á enterarse do la topografía 
dííl contorno punto por punto, examinó los riiísgos, 
midió los arroyos, contc) los pasos, y sereno y coniia- 
do esperaba la hora di; (uitrar en campaña. 

No estaba tan tranquilo el ¡ínimo d(> jMatilde, iiuieu 
desde qu(> leyó la carta no encontraba instante d(> re- 
poso. Jlej)reseiit,íbasela el jieligro Clc la empresa y 
casi la posaba de haber accedido tan de lijero, y )nil 
tu'riblc.s [)onsamicatos batallaban, C()nfuniÍian y tur- 
baban su mente y corazón. 



¿Quién me asegura, decía, que entre tantos como á 
tal hora salen del teatro no llegue uno por desgracia 
á descubrir la escalera? ¿Y si en casa advierte alguno 
mí fuga, si echan d(^ ver mi ausencia, si adivinan ó 
averiguan el lugar donde estoy oculta, si me buscan, 
encuentran y arrestan? ¡Qué vergüenza! ¡qué escán- 
dalo! . . . Acaso á hora tan silenciosa me oigan abrir la 
ventana y entonces no hay salvación posible ... Y si 
Samuel cutre tanto llega á presentir ó á traslucir se- 
inejante proyecto ¿quién me saca de entre sus manos? 
Seria capaz de hacerme pedazos antes que avenirse á 
ningún acomodamiento . . . Por otra parte, si vacilo y 
pierdo esta ocasión propicia, tal vez la lloraré toda 
mi vida é inútilmente, porque ¿dónde encontraré otro 
protector como ese santo sacerdote? ¿Dónde otro 
hombre tan honrado como ese buen Antonio que tan- 
to trabaja, se afana y expone por mí?. . Sin duda hoy 
están i)reparándome un refugio: sin duda Dios está 
hoy dispuesto á salvarme y tal vez mañana me aban- 
donaría. . . ¡Ay de mí sí fuera ingrata }• cobarde!. . . 
No: lo prometí al sacerdote, lo juré ante Dios. . .piér- 
dase todo con tal que salve mi alma para toda la eter- 
nidad . . . ¡Dios mío! ¡Virgen santa! ¡Angeles del cielo! 
. . . Viva ó muerta soy vuestra . . 

Cuando estaba sola, recelaba que sospecharan de 
su retraimiento: si se reunía á sus compañeros veía- 
so precisada á retirarse al corto rato, pues se la figu- 
raba que todos leían el secreto en su rostro: ya se ar- 
rodillaba para ovar, ya se levantaba de pronto 2)ara 
pensar en las particularidades de la fuga, perdíase 
en un labertino de quimeras sobre su incierto porve- 
nir, sonreía imaginándose libre y en completa seguri- 
dad ó se demudaba como si acabaran de sorprenderla 
al pié de la escalera: érala imposible fi}ar en un pen- 
samiento la aturdida imaginación, y sin embargo, 
atónita, aterrada, vacilante, pasó las restantes horas 
del dia, que años y hasta siglos la parecieron. 

Plugo á Dios, no obstante, conservar firmemente 
asida en su corazón, á pesar de tan rudos y continua- 
dos embates y terrores, el áncora de la fé, así que ro- 
bustecido el espíritu por la fervorosa oración, renovó 
cien veces el propósito de abandonar de cuahjuier 
modo aquella ciirrera que la ponía do continuo en pe- 
ligro de perdición, exclamando: 

— Morir antes que arriesgar la salvación de mi al- 
ma. 

Fijóse en esas palabras que se convirtieron en su 
sola idea, en su única oración, y casi ])uedc decirse 
en su aliento. 

Trascurrían en tanto lentas las horas y acercábase el 
momento de vestirse el traje de teatro . . ¡por última 
vez! Matildi' que con tanta frecuencia pascara por las 
tablas embelleciéndolas con el encanto de su hermo- 
sura, pavoneándose con los fastuosos vestidos que re- 
alzaban su belleza, embriagada con los entusiastas a- 
plausos con que era recibida por los espectadores, en 
aipicl instante ¡cuan cambiada! alziíbase llorosa al 
acabar su plegaria, fijaba su pensamiento en la repre- 
sentación inmediata y pari'cíala el jjalco escénico el 
tablado fatal de su último suplicio. Presentáronse en 
un momento y como en una linterna mágica á su ima- 
ginación los palcos, las lunetas y el patio cuajados de 
es|)ectadorcs, la onpiesta, la agitación, los murmu- 
llos, bravos y p:\lmadas freni'-ticas do la juvcMitud . .y 
e.Khaló de lo íntimo de su corazón uu larguísimo sus- 
piro. Luego, volviéndose á la banasta que contenia 
las ropas teatrales, miróla fijamente, turbada afanosa, 
y por fin como la víctima que presenta su garganta al 
cuchillo murmuró: 

— ITua vez mas y concluyo. 

(Se contimuirá. ) 



PEKÍODIÍX) 8EMANAL, 



Se- publica todos los Sábados, en Las Vegas^ N, M. 



Año III. 



10 de Febrero de 1877. 



NOTICIAS TERRITORIALES. 



Nuevo Méjico.— El Kev, P. D'Apouto, que a- 
compaña al Sr. Arzobispo en la visita del liiu Ahajo, 
nos escribe lo siguiente: "El dia 19 de Enero llega- 
mos al Sabinal, y el Domingo 21 después de Misa el 
Sr. Arzobispo administró la Confirmación á casi 200 
personas: el concurso del pueblo fué numeroso. El 
Lunes fuimos á los Eanchos del Sabinal, donde Su 
Señoría dio Misa y confirmó otras 120 personas. Des- 
pués de mediodía, acompañados del Kev. M. Rolly 
Párroco y de miicliísima gente, salimos para Belén, 
de donde vino á encontrar al Señor Arzobispo mu- 
cha gente á caballo, llegando á mas do doscientas 
personas antes de entrar en la plaza. En la salida de 
los Eanchos y en la entrada de Belén, liabia arcos de 
triunfo, ricamente y con mucho gusto adornados. El 
Rev. E. Paulet, Cura de Belén, estaba aguardando en 
la puerta de la Iglesia, y al entrar Su Señoría se cantó 
Ecce Sacerdos, y Usté dia la Bendición. En Belén hubo 
el Domingo 27 Misa Pontifical, asistiendo los Revds. 
Paulet y Rolly: después del Evangelio Su Señoría hi- 
zo una alocución, y yo prediqué en seguida. El Sr. 
Arzobispo dijo palabras de alta satisfacción en' honor 
de aquel Cura-Párroco, "y de toda la gente, bien me- 
recido por el celo del uno, y por la piedad de los 
otros. En aquel dia hubo numerosas Comuniones, y 
la Confirmación de 250 personas. Lunes, Misa y Con- 
firmación en los Jacales, y después de mediodía sali- 
mos con igual acompañamiento de gente para la 
Casa Colorada. Pasando el Rio Grande nos hallamos 
recibidos por mucha gente, que con el Rev. Ralliere 
Cura á la cabeza, había salido de Tomé, y nos dirigi- 
mos á la Iglesia. Es imposible describir con pala- 
bras el entusiasmo de los pueblos, el respeto, amor y 
veneración demostrado hacia la persona del Sr. Arzo- 
bispo, el cual ha quedado extraordinariamente edifi- 
cado y enternecido." 

Hemos sabido que los comisionados de escuelas 
del Condado de Colfax (que no son ni católicos ni me- 
jicanos han decidido nombrar maestros de escuelas 
católicos en los precintos habitados por catóHcos, y 
maestros Protestantes en los precintos protestantes: 
y en fuerza de esta decisión han pedido al Rev. P. 
Guérin, Cura de Mora, tres maestros católicos que 
faltaban en el Condado. ¿Qué os parece, lectores, de 
esto? y en el Condado de San Miguel unos católicos y 
mejicanos hacen una junta para pedir escuelas no sec- 
tarias, y entre ellos dos dicen cosas tan asquerosas y 
tan infames contra nuestra religión, que cualquiera 
hombre de honor no se atrevería á oírlas, cuanto me- 
nos repetirlas. Pero todo debe sacrificarse al partí- 
do. Uno es católico, y porque pertenece al partido 
A debe decir Amen á todo lo que afirmen unos locos, 
y combatir su propia religión. Uno es mejicano, y 
jporque pertenece al partido B debe trabajar contra 
los intereses mas vitales de Nuevo Méjico. Y si los 



Sacerdotes se conmueven al ver esto, hé aquí un ar- 
tículo en el Advcrtiser, para denunciar á esos Curas 
como intrusos que so mezclan do política. — ¡Oh bizar- 
ros caballeros (de la Mancha)! 

NOTICIAS NACIONALES. 

l-íátsaílo.s l_'2íS€3cs.*;. — He aquí los nombres de los 
Senadores, Delegados y Jueces que componen la co- 
misión de los quince encargados de contar los votos. 
Senadores — Edmands, Sherinan, lilorlori, (Rep.) Tltur- 
man, y Baijard (Dem.) Delegados — Paijne, Huntoii, 
Abhot (Dem.) Garjiehl, y M^ar, Rep.). Jueces — Clif- 
ford, Slivny, BJiller, Field. Hasta ahora no se cono- 
ce el quinto Juez que debe ser elegido por los otros 
cuatro. 

El hlll electoral de que habíamos hablado en el mi- 
mero precedente ha pasado en el Senado por 17 vo- 
tos contra 17. Copiamos aquí algunas refiexiones, 
ó, como las llaman, análisis de los vatos, que el Herald. 
hace á este propósito y que pueden servir para acla- 
rar mas la política de este país en estos tiempos. De 
los sies 21 son de republicanos y 26 de demócratas, de 
los noes 16 son de republicanos, y 1 demócrata. Hubo 
9 ¿cenadores que no votaron. De estos el Senador 
Anthony era enfermo, y hubiera ciertamente votado 
en favor del hill si hubiera estado presente: los Sena- 
dores Harve}^, Hitchcock, Logan, Norwood, y Oglerby 
no se hallaban á la sazón en Washington: el Senador 
Speucer desde el principio declaró que su opinión era 
que los dos candidatos, no tenían ningún derecho á 
la Presidencia, y que ki elección debia hacerse de 
nuevo: los Senadores Paddock y Wadleigh eran pre- 
sentes, y rehusaron dar su voto. De los 10 republi- 
canos que votaron contra el hill siete eran del Sur; es 
decir Bruce, Clayton, Conover, Dorsay, Hamilton, 
Patterson y \Vest: y todos esos cabelleros, si se ex- 
ceptúa ei Sr. Bruce, son conocidos como pertenecien- 
tes á la ralea de los que se llaman varpct-haggers, que no 
tienen ninguna confianza política en el porvenir de los 
Estados que representan, y que no representan sino 
sus propios intereses. Si estos se excluyen, se ve 
que, mientras 20 Senadores republicanos del Norte 
han votado por el hill, solamente 9 han votado en con- 
tra. 

El primer dia de Febrero se reunió en Washington 
el Senado y la Cámara de los Representantes para 
contar los votos. Como había sido provisto por el 
hill, los votos que ofrecen dificultad se envían á la co- 
misión de los quince. Esta comisión que empezó sus 
trabajos el mismo dia estaba examinando, el día en 
que esto escribimos, los votos de Florida. 

FSoa'ldíí. — Sigue el comité examinando los frau- 
des electores de este Estado como también de la Lui- 
siaua y de South Carolina. Se examinaron ya los 
empleados de telégrafo; y en verdad que ha sido un 
descuido imperdonable de Z. Chandler y Co. el no 



Íí2- 



lial)L'i' (Miviiulo sus telegramas cu cifra. No podeuio' 
ni cu resiuuc'U cLir :i(juí los veil^oü/.osos frauílcs de las 
líltiiuas'eleccioucs, como Ic'S revelan los partes tclcgní- 
fícos: bastará paratcuer uua idea de ellos, transcribir 
los siguientes telegramas. — Z. Chandler al Goberna- 
dor Stearns de Florida. N^u ctiiiunos serjiíros c'c tantos 
votui (el testigo no se acordaba del número) en favor 
(le Jfinjcs, ¡I neví'silamo-'i tenerlos voIoh de Florida, Sonili 
Carolina y Luisiuna hgahueutf, ó de cualquiera otro 
manera (by fa'ir vieans or othericise) . Del mismo al 
mismo. Envié correos por todos los Condados y ccJiC 
mano de las cifras de informes: dehese ijrocurar que es- 
tos ]nnestrcii una mayoría -por ] layes. De Stearns á 
Chandler. No podemos qanar el Estado 'por Mayes, si 
no tenemos muy jiroufo dinero y soldados, etc., etc. 

El Nuevo Mejicano de Santa !''('■ ignoraba ])or cier- 
to estos detalles cuando afirmaba con tanto aplomo 
que Hajcs habia ganado, y ganado honestamente, la 
votación. 

S2i¡ai«is. — En Peoria, cabecera del nuevo Obispa- 
do, se ha establecido un Convento de Monjas Francis- 
canas, todas desterradas de Alema)iia. 

Wií^í'OíissiL, A instancia de Mur. Heiss Obispo 
de la Crosse, los Padres Benedictinos, de la Abadía 
de ^'. Luis o/' llw Lake en Miimesota, van á establecer 
nn Priorato en Prairic Du Ciñen en Wisconsin. El 
P. Antonio Gaspar será Prior. 

iíSBBsSsnasí.- — Nada de nuevo en este Estado sino 
que como lo refiere el Neiv Yorl: Jíerald, las esperan- 
zas de los republicanos van meuguándose mas y mas, 
y los demócratas van tomando mas fuerzas de dia en 
dia. 

í'uioü'ad». — Del Condado de Conejos recibimos 
la noticia de la muerte de Doña Anamaria Gallegos 
esposa de D. Jesús Romero. Podia esta Sra. tener 
05 años de edad. Damos los mas sentidos pésames 
á su excelente familia. 

Nos dice el Jk'nrer l'rihuj:,-^ que se está tratando 
seriainento en ese Estado la cuestión del sufragio (¿e 
las nmjeres. Admitir las mujeres á que voten y sean 
votadas nos parece contrario ¡í toda buena política 
la cual debe estribar en el buen sentido; y este l)iicu 
sentido nos enseña que la mujer está excluida de to- 
mar parte en la ])olítica por su misma naturaleza, la 
cual nunca será ofendida im])uiicmente. Por lo tan- 
to no estrañará que Su Señoría el Obispo de Denver 
haya levantado su voz contra un proyecto de ley que 
quiere conceder á las mujerss el derecho de votar. El 
mismo Trihnne nos da un sunto del Sermón del Sr. 
Obispo. El él Mñr. Macliebceuf, después de haber 
mostrado con varios textos de la Sagrada Escritura 
cuiíles son los oficios y cuáles deben ser los deberes 
dt! una mujer, saca de ellas con fuerte lógica que los 
deberes y oficios ]X)líticos le son contiavios: y de 
consigui(!nto Dios, ijuien impuso á la mujer aquellos, 
por lo mismo le niega estos oíihís. No es necesario 
decir que la doctrina del Obispo de Denver os la 
que nosotros profesamos. Puedo decirse que es una 
opinión política, pero todos nos conceden la expre- 
sión libre de nuestras opiniones políticas. Del resto 
si entre otras leyes pasare esta en el Territorio, si te- 
nemos (jue ver mujeres en los asientos de la legislatu- 
ra de Santa Fé; nos couformaremos. Al cabo. . . . 

Vuii ])eticion firmada por los Presidentes del Sena- 
do y de la L(!gislatura de Denver y por otras 55 pev- 
somis fué enviada al Sr. Obispo Machcbojuf, para que 
tuviese á bien repetir su Sermón en que se tocaba la 
cu(ístion d(!l sufi'agio do las mujei'es. El Si'. Obis|)o 
lia contestado (¡uc la lectura se rcpelirá el 1 de K<í- 
brero en la Igkisia Caté)lica de Denver. Si'utinios no 
poder oir al elot uente Obispo; pero ¿uo seria posible 



leer impresa dicha lectuní? Mucho gusto tendría- 
mos en esto, tanto mas que conK) aquí nuestros Li- 
curgos tienen la maña de remedar los Estados, no será 
improbable que nos viésemos obligados á ocuparnos 
de esta cuestión. 

NOTICIAS EXTllANJEKAS. 



^'aaha. — Una noticia inesperada es la que las au- 
toridades españolas han hecho con los jefes de la in- 
surrección cubana el siguiente arreglo: Será declara- 
da la paz — será concedida á la Isla do Cuba autono- 
mía de gobierno. Fu capitán general español será 
nombrado por cinco años, después de los cuales, el 
Gobernador de la Islí\ será nomlirado por voto popu- 
lar, etc. No sabemos cuánto fundainento tiene esta 
noticia: pero nos parece lo mejor que el Gobierno espa- 
ñol pueda hacer. Si algo semejanle se hubiese hecho 
en todas las colonias españolas de América años atrás, 
concediéndoles por jefes varios miembros de la dinas- 
tía real, ni la España se veria ahora despedazada por 
los partidos de los susodichos miembros, ni los países 
de la América española hubieran sucumbido á manos 
de los francmasones, que se Lau ajioderado de los 
gobiernos republicanos, para los cuales los hispano- 
americanos no habían nacido. 

I''í*aiífisí = — Las estadísticas criminales de esto 
país muestran claramente que el número de los igno- 
rantes entre los criminales está descendiendo conti- 
nuamente; pero no así el número de los mismos cri- 
minales. Ahora los hombres i nsí ruidos (se entiende 
con la instrucción que suelen dar las escuelas no sec- 
tarias) son los mas pillos. 

Síseocia. — No hace mucho tuvo lugar en Edim- 
burgh una junta religiosa, a devotional meeJin/j para 
considerar las condiciones presentes del liom((nis)no, 
y uo obstante la escasez del jiúmcro del auditorio, se 
dijeron algunas cosas que merecen ser referidas. El 
presidente de la junta expresó su convicción que la 
Iglesia Romana en estos úlli)nos awts se lia adelantado 
mas en Escocia que. enla mismet Infjlaterra. No lo sa- 
bíamos, ni lo podíamas imaginaríácilmente, pero nos 
alegramos al saberlo; pues el grande progreso de la 
Iglesia llomana en Inglaterra es reconocido por todos. 
Un cierto Kev. Gemmel dijo que el l'apdsino era una mez- 
cla de Cristianismo y d( Paga nismo, de unión y de divi-^ion, 
de simplicidad y de m ulti¡)Hcidad, de jl aura y de ha ría rie, 
de halago y de nurtificiaion. No sabemos cuál es, la mez- 
cla de los sesos cíe muchos ministros Protestantes; 
pero de algunos, que hemos conocido, podemos asegu- 
rar, que no hay composición ninguna eu el vacío com- 
pleto de su cráneo: y jxir cierto el Kev. Gemmel debe ser 
uno de estos. Otro lleverendo, el Dr. Begg informó 
á sus oyentes que el líomanisnio miraba nada menos 
que á sujetar la Gran Bretaña y los Estados Tenidos; 
y á buen seguro, si esto consiguiera, poco le impor- 
taría que lo maltratasen en Itaha, etc., etc. Otras co- 
sas dijo el Dr. Begg con el mismo tino y acieiio, cou 
las que sentimos no poder entretener á los lectores 
por ahora. Cuando lo permitan las circunstancias, 
nos ocu{)aremos de esto on otro numero de la Revis- 
ta. 

.%S<-'8iHiiiiiÉa. — T'ltimamente una Hermana de Ca- 
ritlad murió en Bensheim. Esta tenia la dirección 
exclusiva del departamento de las euformedades ti- 
foideas en el Hospital militar durante la campana de 
1870-71; y habia sido celebrada después de la guerra 
por su heroica abnegación en cuidar los enfermos de 
tifo en dos ó tres epidemias. Su ntaud fué llevado 
al cementerio por doce veteranos entro los cuales ha-, 
bia algunos protestantes y otvo.'i judíos^ que comité- 



-63- 



tian con los católicos en muestras de veneración por 
la difunta. Las autoridades municipales no solamen- 
te lian concedido nu lagar especial para el sepulcro 
de la Hermana, silio que á su costo lia levantado un 
monumento en su memoria. Las Hermanas visitan 
y asisten los enfermos sin distinción de clase ó de de- 
nomiiiacioa religiosa, cuidando en sus propias casas 
así los católicos como los protestantes y los judíos. 
Nótese que los católicos son la minoría de la pobla- 
ción en aquel país; pero el amor y veneración para 
con las Hermanas es universal, sin que liasta ahora 
se haya hallado nada que decir en contra de ellas. 
Esperamos que siempre será así — pero ¿saben nues- 
tros lectores, cuál es ordinariamente la recompensa 
de tantos sacrificios? el destierro. 

El año pasado so Iiabia quitado á los Católicos de 
Wiesbaden su propia Iglesia, por un acto arbitrario 
del ministro de los Cultos, el que le dio á un puñado 
de herejes quenuestros lectores ya conocen, los Viejos 
Católicos.. Los feligreses asisten desde entonces á 
sus funciones religiosas en un edificio provisorio; pe- 
ro ahora han compriido solar para una nueva I- 
glesia. Yeremos si 12,000 católicos alcanzarán licen- 
cia de fabricarla. En el Gran Ducado de Badén co- 
mo en Suiza á pesar do todo el patrocinio del gobier- 
no los Viejos Católicos no prosperan. Muchos de los 
sacerdotes apóstatas se han reconciliado con nuestra 
Santa Madre la Iglesia con conversión pública y sin- 
cera. Entre otros, pueden mencionarse aquí los PP. 
Schoepf de Sauldorf, Kufiiski de Gratz, Alfousus 
Monje conventual de Oggersheim, y el Cura de Epfeii- 
hofen. Al mismo tiempo se dignó Dios obrar algu- 
nas notables conversiones de Protestantes; p. e., de 
los dos Barones Yon Scliierstaedt, del Barón Yon 
Der Borch, que entró en la Iglesia Católica en Mun- 
ster, y del consejero superi r ele E-egencia, Eranz, que 
siguiendo el ejemplo de toda su familia, ha abjurado 
los errores del Protestantismo ei Liegnitz en Silesia. 
{CaíJirJic lícview) . 

Tasi'ígsííía.En fin después de tantas iras y fanfar- 
ronadas de parte de Inglaterra y de llusia ¿qué suce- 
de? Que el Sultán se rehusa acceder á las pretensio- 
nes jnas'ó menos injustas de los gobiernos europeos, 
y la Inglaterra declara que no quiere guerra, que no 
irá á combatir en favor de los Turcos, y la líiusia en 
lugar de declarar la guerra, declara que su intención 
es mantener la p^iz y quiere de nuevo tentar una nue- 
va Conferencia Europea- para decidir la cuestión. 
Esto sí que verifica el proverbio parircm las monta- 
ñ-is ij nacerá un rctfon. O lo que refieren haber dicho 
el Mariscal Molflce (véase el niim. precedente) es ver- 
dad, ó el Czar teme nua revolución en Polonia, si se 
pone en guerra, ó finalmente aguarda que pase el in- 
vierno. — Yeremos á ver. 

í'gasaiíilá. — Leemos en el Calholic Review. "Nues- 
tros hermanos del Canadá — los hijos de esa Nueva 
Francia, la que fué una digna prole de la hija primo- 
génita de la Iglesia — han sido siempre vigilantes y 
activos.' Publicamos (el Catholic Review) el exce- 
lente programa y la completa organización de una ro- 
mería á la Silla de San Pedro, para honrar el Jubileo 
del Episcopado de Pió Nono. ¡Que Dios les prospe- 
re llevándolos felizmente á su destino, y volviéndolos 
sanos y salvos á sus casas! Estaos la plegó ria de 
los católicos Americanos de cualquiera parte, como 
lo es de la Iglesia Católica. Nos alegramos que esta 
romería representará en esta feliz ocasión el Conti- 
nente Americano, aunque la dificultad de los tiempos, 
la incertidumbre de nuestro porvenir político, ó la 
indolencia de nuestros jóvenes impidan la organiza- 
ción de una nimeríñ especial de las otras naciones 
del Nuevo Mundo.'' 



.'vléjiea. — Creíamos que so liabia ya acabado la 
Revolución en Méijico, pero no; y este pobre país de- 
be, no sabemos por cuanto tiempo mas. ser asolado y 
saqueado por sus civilizados bandoleros, que parece 
no viven sino de revoluciones. Iglesias se refugió á 
S. Francisco Cal. con todo su gabinete, y está traba- 
jando para tomar posesión de la silla Presidencial de 
donde Diaz lo ha derribado. Sus pretensiones estri- 
ban en que habiendo el ex-Presidente Lerdo aban- 
donado el Mújico, él (Iglesias) tenia derecho como 
Jefe de la Corte Suprema de sucederle hasta la elec- 
ción de un nuevo Presidente. Entre tanto se prepa- 
ra Igle.sias á efectuar un desembarco de la parte del 
Pacífico, y si esto no sucediere, cjuiere ir á NeAv Or- 
leans por S. Luis, y desde allí tentar una entrada en 
]Méjico. Mientras Iglesias se prepara á pene- 
trar en esa desgraciada República, Diaz la saquea lo 
mejor que puede, con extorsiones exhorbitautes y 
con procedimientos injustos. Un banquero, un cier- 
to Sr. Barron tuvo que pagar la suma de % 150,000 
porque habia últimamente tentado construir un ca- 
mino de hierro de Méjico al interior del país. Ya se 
sabe que una de las razones para derribar á Lerdo 
fué el haber este favorecido la construcoion del ferro- 
carril de Yera-Cruz á Méjico, como también el haber, 
manifestado la intención de pagar lo que se les debía 
á los poseedores de los bonos mejicanos. Otra me- 
dida táu injusta como impolítica ha sido la declara- 
ción que todos los actos del ex-Presidente Lerdo eran 
y debían considerarse u alosé inválidos. Para ver lo 
impolítico de esta declaración, basta decir c_[ue con 
semejante acto se declaran inválidos los tratos mas 
formales que se habi-an verificado entre muchos ciuda- 
danos de los Estados Unidos y el Gobierno de Lerdo, 
cuando este era considerado como legítimo presidente 
de Méjico. Parece probidencia de Dios que, en todos 
los países católicos, los francmasones que en estos 
ríltimos tiempos han tomado en manos las riendas 
del Gobierno desatinan tanto hasta en los principios 
mas elementales de buena administración. 

I§i5lii"fts-;. — Muchos do los Padres Jesuítas dester- 
rados do Alemania se lian refugiado en las ludias. 
Entre ellos algunos han sido ocupados en la Univer- 
sidad de Bombay, y otros han abierto en la misma 
ciudad un Colegio, en el que se educan ahora mas do 
600 jóvenes. 

mincsla:^^ea. 



En Rorne N. Y., no hace mucho, la congregación 
católica Alemana quiso fabricar una nueva Iglesia. 
Muchos malcontentos de entre ellos, á quienes esta 
empresa no gustaba (no sabemos porqué) se alboro- 
taron y separándose de los demás feligreses empren- 
dieron la fábrica de otra Iglesia que llamaron de S. 
José. Un ministro Universalista celebró su servicio al 
colocarse la primera ]viedra de esa nueva Iglesia, y 
cuando estuvo acabada pidieron esos imbéciles (no me- 
recen otro nombre) un Cura al Sr. Obispo de Alban}-. 
No haciéndose caso de su peticicn, uno de entre ellos, 
un boticario, hizo la primera función al abrirse la I- 
glesia. Como no habían profesado de abrazar nin- 
guna de las sectas Protestantes ya conocidas, se lla- 
maron allí los rebeldes: y como su nueva Iglesia no era 
frecuentada, y los empresarios con sobrada razón te- 
mían que no iban á sacar de los frutos de ella los in- 
tereses del capital invertido, pensaron que lo mejor 
seria venderla, como lo hicieron, á unos ministros e- 
piscopalianos. Esta es una de las portentosíis conver- 
siones de que tanto ruido liicioron algunos diarios pvo- 
te-^tantes. 



-64 



SECCIÓN RELIGIOSA. 



C1LE>'1)AUI0 ílELKaOSO. 
F FBHEEO 11-17. 

11. Doiuiíujú de ("^«íVinKíf/f'ííma—S. Saturnino y compañeros,! Már- 
tires. Sun Liioio. Pnpii y Mártir. 

12. Lunes — Santa Eulalia Víríícn y Mártir. San Mele(úi). Obispo. 

13. ,l/a;-/f.v- Santa Catalina de líicci. Virgen. Sun Gregorio, l'upa, 
segundo do este nombre. 

14. Mifrcob's — de Ceniza, y primer dia do Cuaresma. — .■^. Vnbiitin 
Presbítero y ^Mártir. 

15. Jueces Dia seguiulo de Cuaresma. IíOs Santo.s Hermanos 
Fau.'^tiuo y Jovita Mártires. 

10. Viernes- Dia tercero de Cur.rcsmn. San Julián, y Santa Ju- 
liana Mártires. 
17. Silbad) -Dia cuarto de: Cuaresma. S. Silvino, Obispo. 

LOS SANTOS MÁRTIRES DEL JAPÓN. 

Con el nombro de los Santos Mártires del Japón 
honra la Iglesia nuestra Madre la memoria de tres 
valerosos misioneros Jesuítas, Pablo Miki, Juan de 
Goto y Diego Kisai, que por la fé de Jesucristo fue- 
ron crucificados en aquellas lejanas regiones. Taico- 
sama, emperador del Japón y enemigo acérrimo del 
nombre cristiano, renovcS á liltimos del siglo XVI en 
aquel país los horrores que en Europa tuvo que sufrir 
el Cristianismo en sus primeros siglos. Hacia poco 
tiempo que S. Francisco Javier habia sembrado allí, 
á costa de inmensos trabajes, la preciosa semilla del 
Evangelio, que crecía y se desarrollaba cada dia mas 
con la cooperación mas ardorosa de sus discípulos. 
En este número se contaban nuestros Santos; Pablo, 
de distinguida familia del mismo país y de conoci- 
mientos muy aventajados, tenia treinta y tres años y 
habia ya recibido las órdenes sagradas. Juan, de solos 
diez y nueve, era tan solo novicio y estudiante. Die- 
go, finalmente, sexagenario ya, era un simple lego, 
que empleaba en catequizar el tiempo que le Hobraba 
de sus ocupaciones domésticas en la casa de la Mi- 
sión. 

Presos, pues, y conducidos á la capital, atormenta- 
dos do diversos modos, fueron finalmente sentencia- 
dos á la muerte de cruz, y se prepararon con la mayor 
alegría para este suplicio. Consiste este en el Japón 
en colocar al paciente en lo alto de una viga, atados 
á un travesano los brazos, y en esta posición se le 
traspasan los costados con dos lanzas, que vienen á 
cruzarse en lo interior de las entrañas, gc'nero de 
unierte horrible y digno de la ferocidad de aquellos 
biírbaros. Así se ejecutó con nuestros Santo.s, y por 
este medio recibi*;ron el premio de sus merecimientos. 
Los cristianos recogieron piadosamente sus cuerpos 
y su sangre preciosa. Poco después fueron solemne- 
mente beatificados, y en nuestros días Pío IX ha in- 
cluido sus nombres en el catiílogo de los Santos. 

Si reilo.xiojüísemos lo (pie les cuesta á naciones me- 
nos afortunadas que nuestro Territorio el tesoro do 
la fé católica, no lo miraríamos con la indiferencia con 
que lo miramos, ni creeríamos lijero mal la pérdida ó 
disminución de ella en medio de nosotros. 



REVISTA CO^iTEMPOEANEA. 

MI Ádri'rt'^i'r e.^lá (mi la u'lnria, (lo.^do unas 
semanas. poi-((uo ha podido auarrar dos cuestio- 
nes 6 materias (juc le lion in-itado todos los ner- 
vios. La pi-iniera es hi Cutiira Capital de Nuevo 
Méjieo. lia (rurcln (¡niziís para complacer ¡í la 



gente de'aquí, habia dicho que seria convenien- 
te transferir la capital de Santa Fé á Las Vegas: 
y con esto se calló. Empero el Sr. Aoy se preo- 
cupó seriamente de esta cuestión, y habiéndola 
estudiado, dio su parecer y sentencia, que debe- 
ría bastar para dirimir toda controversia. Entu- 
siasmado por las noticias de los buenos resulta- 
dos que cuentan de las minas de la Jicarilla, 
saltó fuera con un artículo, Enero 20, que la fu- 
tura cai)ital del Territorio deberá ser la Gran 
(^iiivira. Quien conoce al hombre, no se podía 
aguardar menos. Desde entonces él está pues- 
to alma y cuerpo en la Gran (¿uivira, ó mejor la 
Gran Quivira se le ha puesto en la cabeza. Allí 
según él, está todo, allí no falta nada. De la 
riqueza de las minas no hay que hablar. El Sr. 
Aoy llega á mirarlas hasta sobre el mapa. "Mí- 
rese el mapa, dice, y se verá que aquellas ser- 
ranías están llenas de oro, aun en la superficie 
de la tierra." Nosotros mirando el mapa, no 
hemos visto ni oro. ni plata. Acaso el Sr. Aoy 
io miró durmiendo, y tuvo un sueño dorado. 
Este famoso artículo lo publicó primero en un 
suplemento, no por falta de espacio en su i)a{)el, 
sino para dar mas im¡)ortancia sea al artículo 
sea al periódico, en el cual después lo volvió á 
imprimir, núm. 27 Enero. Quisiéramos dar al 
Sr. Aoy un consejo y es que fuera á establecerse 
en la Gran Quivira con su papel, para sostener 
sobre el lugar mismo su proyecto. 



La otra cosa es el artículo ó comunicado que 
hizo aparecer en su periódico D. Eugenio Rome- 
ro, el cual imprimido aparte en un suplemento, 
debia salir con el número del sábado 27 de Ene- 
ro. Pero el hecho es que hasta el martes por 
la tarde, dia 80 no habia salido, excepto unas 
poquísimas copias que circulaban en la plaza. 
La García y la Iievisia no tuvieron las suyas de 
cambio hasta aíjueldia, y solo después de haber- 
las mandado pedir. ¿Pero qué vimos? En esa 
misma copia entregadonos el martes, habia qui- 
zás por anticipación este aviso destinado para 
el sábado siguiente: "A la petición general publi- 
cnm)s otra vez el siguiente artículo (jue ha mere- 
cido los mayores aplausos de todos los verdaderos 
republicanos del Condado de S. Miguel." ¿No es 
esta una maldad? Mientras no estaba todavía lie- 
elia la primera distribución de este artículo á la 
generalidad de la gente, el Sr. Aoy tenia ya im- 
¡"irimido y principiaba á distribuir este como se- 
gunda edición, contándonos aplausos }' peticio- 
nes. No las hubo ni podia haberlas habido: sin 
embargo él las imaginó, las supuso, las contó 
])ai'a dar mas importancia á su comunicado. Los 
de afuera que recib(>n su periódico, no pudieran 
tener la mas leve duda. {)or no saber esto, j)ero 
(•()ui(> no nos parece digno de un público editor, 
hemos creído útil dtMuiiu-iarlo al in'iblico. 



-65- 



Eq el comunicado del Sr. Romero se dice que 
la Constitución de los E. U. garantiza la toleran- 
cia de cultos. Quiziís la idea que él quiso signi- 
ficar era justa, pero la expresión de cierto es in- 
exacta: en lugar de tolerancia debia haber dicho 
libertad. Cuando un gobierno profesa una reli- 
gión, y permite el ejercicio de otras, se dice que 
las tolera: pero cuando no profesa ninguna, y las 
permite todas se dice que las deja libres. Los E. 
» U. no profesan ninguna, antes bien profesan de 
no profesar nada, pues las dejan todas igualmen- 
te libres. "Congress shall maJce no laxo respect- 
ing any establishment of religión or prohibiting the 
free exercise ihereof.^' Por lo tanto Jefferson en 
su Inaugural address 4 de Marzo de 1805, pudo 
decir: ''In matter of religión, I Jiave considered 
that its free exercise is placed hy the Constitution 
independent of the powers of the General Govern- 
ment.''' Quiere decir: lo que es religión es cosa 
independiente del gobierno general, j que este 
no tiene nada que ver en ella. Según esta doc- 
trina que es la doctrina de los Estados Unidos, 
no se puede decir, por ej.,que la Religión catdli- 
ca ú otra es tolerada o los católicos tolerados: no, 
sino se debe decir que á la religión católica se 
da toda la libertad de existir, y á los católicos 
toda la libertad de profesarla, por la ley de los 
E. U. Citaremos para acabar una decisión de 
la Corte de Ohio. "/¿ is not by mere toleration 
that every individual here is protected in his belief 
or disbelief. He reposes not upon the leniency of 
government, or the liberality of any class or sect of 
men, but upon his natural, indefeasible rights of 
conscience, which, in the language of the Constihi- 
tlon, are beyond the control of any human author- 
%."— Blloom vs. Richards,"2 OhioSt., 387-390. 
MacGattrick vs. Wason, 4 Ohio St. 566. 



Con la derrota de Lerdo é Iglesias y el triun- 
fo de Diaz no se acabó la Revolución de Méjico. 
Diaz se hace ya impopular con sus actos despó- 
ticos; Lerdo está escondido para salir á la cam- 
paña el dia menos pencado; Iglesias está medi- 
tando en el punto mas oportuno para desembar- 
car en la desdichada República. De modo que 
Méjico está en revolución permanente. Ciertos 
hombres que presumen de políticos están tan in- 
fatuados con la forma democrática de gobierno, 
que, según ellos, la felicidad de un pueblo, bajo 
cualquiera otra forma es una quimera. No to- 
man en cuenta ni los tiempos, ni las costumbres, 
ni el carácter personal de un pueblo. No todos 
los pueblos están hechos para la República. 
Méjico es un ejemplo bastante claro de esa pro- 
posición. Por grandes que hayan sido los ma- 
les ocasionados en ese país por la monarquía 
(no queremos discutirlos), no sabemos qué ven- 
tajas le proporcionó la República. Lo cierto es 
que cuanto hay allí de grandioso es de tiempos 



anteriores á Hidalgo. Méjico vio las repúblicas 
Norte-americanas brillar y admirar el mundo 
con sus galas, y quiso ataviarse también él á la 
republicana. El vestido no era para él. Pode- 
mos equivocarnos, pero quién sabe que el im- 
perio de Maximiliano no le hubiese ahorrado 
todas las sangrientas luchas intestinas que lo 
desgarran sin cesar. Los Estados Unidos cre- 
yeron cosa indigna de una República coadyuvar 
á la consolidación de aquel imperio, y habrian 
quizás cooperado á la felicidad de Méjico. 



Los Metodistas están haciendo bancarrota en 
América, porque "los viejos se van, y los jóve- 
nes llevan oíro rumbo," como dijo el Dr. Curry 
en Nueva York (Rev. Cat. N. ?>). Fué acaso 
por eso que se embarcaron para España, Aus- 
tria, y sobre toda Italia y Roma. Viendo que 
trabajar para la conversión de los Americanos era 
perder tiempo, quisieron salir á la conquista del 
Catolicismo, "aquella gigantesca impostura del 
Romanismo,"' cuyos adelantos les son tan impor- 
tunos. Por lo tanto se echaron sobre Roma, el 
centro, el corazón mismo de ese enemigo desafo- 
rado. Eu Roma, doloroso es decirlo, se lleva- 
ron chasco. Despilfarraban el dinero en dar 
sopa y biblias á los Romanos; pero aquellos ben- 
ditos se quedaban Católicos, comíanse la sopa y 
tiraban las biblias, quién sabe adonde. Enton- 
ces vieron los Predicantes que el corazón del 
Romanismo no estaba en Roma, sino en Fran- 
cia. Había habido un error anatómico; ahora 
van á corregirlo. Sabemos que de los Estados 
Unidos v;iH á zarpar hacia Francia. No hay que 
dudar del buen éxito de tal misión. ¡Feliz via- 
je, pues, y que vuelvan pronto! 



Como dijimos la semana pasada, la crisis elec- 
toral va pasando. A pesar de los esfuerzos he- 
chos por los Republicanos para deshacer el pro- 
pecto de confiar á un tribunal de quince miem- 
l3ros el escrutinio de los votos electorales, el pro- 
yecto pasó á ser ley. Grant (digamos lo bueno; 
pues no callamos lo malo) se rehusó á dar el ve- 
to; el tribunal está constituido y en función; y la 
mayor parte del país parece tener suficiente con- 
fianza en la integridad de los jueces. Algunos 
hay entre estos á quienes mas hubiera valido no 
confiar un cargo tan delicado, por ej. Garfield y 
Morton. En efecto muchos extrañaron que 
ellos no lo rehusaran. Se trata de examinar y 
hallar la verdad en un negocio el mas espinoso 
y ensortijado. Parece imposible salir de él 
con acierto sin tener el ánimo libre de pasión y 
prejuicios. Ahora bien Morton y Grarfield son 
acaso los mas preocupados partidarios Repu- 
blicanos en el Congreso; su determinación, cono- 
cida ya de toclps, es que el Presidente futuro 



-60- 



dcbe ser Hayos; ¿cúmo, pues, bando ser iiiipai-- 
(tjales? Mas no están solos; y, según parece, del 
tribunal, tomado cu su conjunto, podemos espe- 
rar cierta imparcialidad. Cuanto ú la habilidad 
(licen (juo los Demócratas han ido antes bieu ;í 
ciegas; tcnian juristas mas entendidos de los (pie 
hau escogido; al paso que los Republicanos han 
nombrado á los mejores entre los suyos. Kl es- 
crutinio, pues, sigue adelantando: veremos. con 
(pié resultado, si es que un j)0C0 de luz ha.de 
salir de todo ese caos político, que nos tiene en- 
vueltos hace ya tres meses. 



La Música de Iglesia, 



La cuestión de la música de Iglesia ha sido agi- 
tada en estos últimos años con notable empeño 
así en América como en Europa. Varias opi- 
niones se han expresado. Sin embargo, convie- 
nen todos los partidos en que se necesita una 
reforma. Es queja común que una gran parte 
de la música ejecutada en las Iglesias Católicas, 
por su carúcter demasiadamente lijcro, no se a- 
vicne ú la casa de Dios; 6 que su expresión está 
en contradicción manifiesta con el sentido délas 
palabras cantadas; ó que sus intrincaciones ar- 
tísticas impiden y destruyen la devoción; ó que 
es demasiado sentimental y, por consiguiente, 
mas bien apta ;í producir afectos sensuales que 
ú despertar el espíritu de oración y adoración. 
Para corregir estos abusos y otros se promueve 
una reforma de la música de Iglesia. 

Preciso es confesar que esta queja está muy 
bien fundada. No puede negarse que gran par- 
te de la música ejecutada hoy dia en Coros Ca- 
tólicos deberla ser devuelta al teatro ó á la sala 
de concierto donde le pertenece estar de dere- 
cho. Entre ciertos editores de música ha pre- 
valo(;ido la costumbre de adaptar palabras sa- 
gradas á las })iczas de ópera ó canciones secula- 
res, con el íin de suministrar á los Coros Católi- 
cos música barata y variada. Eso parécenos ser 
como colgar como adornos en la casa de Dios los 
retazos de la capa del Diablo. . Pero lo mas ex- 
traño no es tanto la costumbre del editor cata- 
monedas, como el ver comprar y hacer servir de 
veras tales piezas en )os oficios divinos, inútil 
es decir que en muchas de esas adaptaciones 
casi siempre se estiran ó cercenan las palabras 
sagradas para ajustarías con la música. La cor- 
rcs¡)ondencia de su sentido con la expresión de 
la música no entra en la cuenta. Cada uno echa- 
rá de ver que tal música no debe ser tolerada 
cu los temi)los del Altísimo. Oti-o género de 
música hay (pie, aunque esté hecha expresamen- 
te para la Iglesia, no tiene menos desventajas 
(le la (pi(!acabamo.s de mentar. Hablamosdea((ue- 
llas composiciones escritas con el intento de prc- 
])arar Misas ó A'í^-'pcras cortas, y (|ue contienen 



-e€40-|>ocafl-i3al abras del texto, y estas sin ningún 
reparo en su.cí^^cxion óseutido. De aquí, adc- 
UUiás.dí; la profanación de cercenar y mutilar 
el texto., üaco muya, menudo que la combinación 
casual de las -palabras da margen á un sentido 
ridículo, cosa pet)r aun (jue el cercenamiento. 
Hay otraSr. composiciones que aunq'.ie exentas de 
los, incon.vcnienlGs susodichos, están sujetas á 
otros de una naturaleza no seria. Pertenecen á 
esa.clase todas aquellas que son meros esfuerzos 
de fantasía artística, y faltas á la |)ar de devo- 
ción y. de sentido común. De aquella música, á 
la que describen cual afeminada y sentimental, 
no nos acordamos haber oido ningún ejemplo íla- 
graute. Sin endjargo creemos fácilmente á los 
que afirman cpie existe tal música y que ha sido 
ejecutada. en Iglesias Católicas. Las composicio- 
nes de esa especie.^ ^oq, con toda probabilidad, 
pr.oducGÍOQ de aquellos compositores cuya ocu- 
pación ordinaria consiste en escribir para el tea- 
tro:. Podemos presumir naturalmente (pie cuan- 
do quisieron ensayarse en la música de Iglesia, 
el uso iHido mas que la intención, y fueron ar- 
rastrados por suá patéticas armonías, quizá sin 
apercibirlo. , : 

Nada diremos de las otras faltas halladas á 
menudo en las composiciones musicales prepara- 
das para la Iglesia; ni queremos hablar de la 
mancríi irreverente con (pie muchas veces de.s- 
erap,eúíj,n su^papel los músicos en el oficio divi- 
no;, ni di? la costumbre de admitir en los Coros 
Católicos á toda ralea de gente, sin atención nin- 
guna á sus creencias religiosas, lo (pie es origen 
de muchas, .irreverencias; ni otras prácticas re- 
prensibles, porque no es nuestro intento agotar 
el aí?unto. , .Basta con lo que hemos dicho para 
mo.íitrar (jue en la música de Iglesia se necesita 
una reforma. - 

Pero ¿en qué debe consistir esta reforma? Nos 
encontramos aquí con dos diferentes clases de 
l)ersoiuas,' la primera que sostiene una reforma 
rígida, la segunda una esi)ccie de reforma mas 
blaihla. Los do la primera clase delienden la 
reinstalaciow del canto (rrcgoriano y del estilo 
de . PíA'i estrinar.' con exclusión de cualescpiiera 
composicionee de la escuela musical moderna. 
Para Uevar á cabo esta reforma establecióse con 
bneiiiúxito eniAlemania, en Inglaterra y también 
en.este Olonlinente'una asociación de música lla- 
mada Soei<?dad.de Santa Cecilia. A la segunda 
clase pertenecen aquellos (pie, (avoreciendo el 
canto (iregoriano. no quisieran rechazarlas com- 
posicionesrdc: la escuela moderna, con tal (\\w. 
sean de eá.rácter religioso. Los sostenedores de 
la reforma rígida dicen, cu defensa de su tesis, 
(pie<el .■caiuto (Tregoriano es el único género de 
música aprobaclo ])6v la Iglesia, para el uso de 
sus funciones: (pie .sus tonos grávese imponenles 
son:por su. misma naturaleza aptos á llenar el al- 
m;i (je iv\w] religioso seiiliniieiilo de adoi'a 'ion 



-67- 



y reverencia' que busearúinios cu vano en los iu- 
tíitantes, vivaces y caprichosos movimientos del 
arte moderno. A lo (lue contestan los abogados 
de la reforma moderna, .respondiendo á sus ad- 
versarios y defendiendo a la vezsn propio inten- 
to, qné bien es verdad qne la iglesia nunca ha 
aprobado, explícitainente, ninguna oti'a música 
para sus olicios (pie el canto Gregoriano, pero 
verdad es tand^ien (juc nunca condcnú la niúsi- 
ea figurada. El hecho mismo de haberse intro- 
ducido en los templos la música figurada, sin que 
hi Iglesia la impugnara, como fácilmente podria 
haber hecho, es una prueba (lue al paso que re- 
conoce el canto Gregoriano como su proi)io gé- 
nero de música, no es en este punto del todo ex- 
clusiva. En todos los tiempos ha sido la Iglesia 
l)atrona celosa y consianle de las artes. Nin- 
guna institución los alentó mas. La Pintura, hi 
p]scultura, la Arquitectura han hallado siempre 
casa propia en sus temi)los de ella. Casi se- 
ria materia de admiración si hubiese seguido 
otra línea de conducta con respecto ala música, 
cuya belleza y mérito en nada ceden á las de- 
más artes. J3ien es verdad (lue el Papa Marce- 
lo estuvo una vez á punto de eliminar de la Igle- 
sia la música figurada condenándola absoluta- 
mente. Cre3'o'sc á la sazón ser este el único re- 
medio contra los graves abusos que se hablan 
deslizado en la música de Iglesia. El Papa 
desistió de su intento cuando, presentándole Pa- 
lestrina una de sus Misas, se persuadió (pie los 
abusos que él queria extirpar, podian ser corre- 
gidos sin la condenación universal de la música 
figurada. El hecho del Papa Marcelo no |)uede 
empero ser citado ni en favor únicamente del 
canto Gregoriano, ni del estilo de Paleslrina con 
exclusión de cuahjuier otro estilo. El Papa ni 
condenó los demás estilos, ni sancionó exclusi- 
vamente el de Palestrina. Contentóse con ha- 
ber hallado el remedio contra los graves abu- 
sos que existían á la sazón en hi música de Iglc- 
sia.-. (1) 

Los deicnsores de la reforma mitigada, como 
se ha visto, andan lejos de excluir el canto Gre- 
goriano, ó el estilo de Palestrina. Lo que man- 
tienen es que. mieníras la Iglesia no dé su fallo, 
pueden igualmente retenerse y usarse las com- 
posiciones de la escuela moderna con tal (pie es- 
tén dotadas de las cualidades re(]uisitas. Ade- 
más de las razones ya dadas, dicen que el canto 
Gregoriano y la música de Palestrina son tan 
difíciles de ejecutar que no pueden í5er la sola mú- 
sica de nuestras Iglesias, á exclusión de los'otros 
estilos; que ningún músico podria hacerles justi- 
cia sin una formación especial j cuidadosa; que 
si tal formación puede recibirse en algunos luga- 
res, será imposible ó á lo menos impracticable 
en muchos otros, y que de consiguiente muchas 

(j). El qno descare tcr-y^v una idea dt; i^sos abusos eoufuütc la 
í. Lectura del Cavdenü' Wi^gir-an sobre este á«í»nto, 



Iglesias, y sobre todo las del campo se (pieda- 
rian en hi necesidad ó de al)and(^iiar complela- 
niente el canto, ó de estropeíir un poco de canto 
llano. I^oca di!iculta<l habría en armar un pe- 
(jucfio coro ]iara un j)oco de simple canto figura- 
do; al paso (pie hacerle ejecutar el canto Grego- 
riano con una tal cual i)ropiedad, seria tarea 
dificultosísima. Puede haber excepciones par- 
ticulares, pero en una materia que mira el ser- 
vicio de la Iglesia, deberíamos considerar la cosa 
bajo un aspecto universal. Por lo íjue atañe á 
la devoción contestan que la música moderna, 
dotada de las cualidades convenientes, puede ser 
tan devota como el canto Gregoriano, y la mú- 
sica de Palestrina, y que no aciertan á ver por 
(pié rílzon los sonidos músicos deben ser siempre 
tales en los oficios divinos que si bien produzcan 
sentimientos de reverencia religiosa, no puedan 
producir también aquella alegría espiritual tan 
encomendada por la Escritura, y tan provecliosa 
j)ai"i, el corazón humano. 

Pero de eso veremos algo mas en otro artí- 
culo. 



•^^~«- 



Ei Clero y la Política. 



Itácia el \vA de su artículo, el Sr. Romero, que 
creería irrefragables sus argumentos, nos invi- 
taba á (pie le diésemos una respuesta y daba á 
entender (pie no la temía. ";(¿ué decís á esto, 
í-íeúores Curas? Tal vez tendréis mucho que de- 
cir, i)or(pie vuestro ilustre talento rebosado elo- 
cuencia, y con esta ventaja ])odeis hacer de lo 
blanco negro, pero os res¡)onderemos cuanto sea 
prudente y necesario en la materia.'' Las cua- 
les palabras contienen muchas cosas: primero un 
aparente cumplimiento que no merecemos, con 
un íormal insulto, (jue podía habernos ahorra- 
do; jiorípie si tenemos talento y elocuencia, solo 
á Dios lo debemos fpie nos favoreció con estos 
dones: pero si abusamos de ellos para desfigurar 
las cosas }' darles \\\i color diferente del que ten- 
gan, con menosí-a,bo de la verdad, esto seria una 
culpa, un ci'ímen nuestro enteramente. Contie- 
ne, además un compromiso de una nueva res- 
puesta. 

No hemos citado estas palabras sino es para 
dirigir al Sr. Romero la misma pregunta y re- 
cordarle este compromiso. Le diremos pues de 
la misma manera: ¿í^ué dice Vd., D. Eugenio, á 
lo (pie hemos cx¡)uesto en otro número? Nos 
l)arece á nosotros haberle probado y hasta he- 
cho tocar con mano <pie sus argumentos ó no 
probaban nada, ó [)robaban precisamente lo con- 
trario de lo que Vd. debía. Podemos asegurar- 
le (pie en nuestia resj)uesta no hay rasgos de c- 
locuencia, ni sutilezas de un profundo talento: 
siendo que no se necesitaba tanto j)ara desbara- 
tar sus sofismas, Pues si piensa Yd. podernos 



-fi<í- 



rpspouder algo, (iiie nos responda, pero directa' 
mente y sin perderse en cnestiones inútiles 6 
extrañas. Y no se contente Yd. con decirnos 
de este artícnlo lo qne de los pi'inieros publica- 
dos en Xov., (pie \'d. cree (pie no j>rneban: no, 
no estamos satisfechos con lo (juc Yd. dice, con 
loque Yd. cree; queremos pruebas y no j)alabras, 
razones y no aserciones. Siendo (]ue los argu- 
mentos que hemos examinado son los principa- 
les (pie él coloco adelante, lo mismo que una 
vanguardia (piizás para darnos un primero y mas 
terrible asalto, pndié ramos escusarnos de discutir 
los demás, si no fuera que 61 acaso vaya ú pen- 
sar (pie los evitamos por miedo. Dios sabe si 
tenemos miedo. Así pues los examinaremos 
brevemente, remitiendo nuestro opositor á loque 
dijimos en los artículos de Nov., los cuales si se 
hubiese tomado la pena de leer, se hubiera ahor- 
rado el inútil trabajo de atacarnos, y el desaire 
de una completa y pública refutación. 

Diremos en general que todo loque signe vie- 
ne mucho menos ú propósito de nuestra cuestión 
(¡ne lo que j)recede. Debíase probar (pie noso- 
tros los sacerdotes no tenemos según la Consti- 
tución el derecho de ocuparnos, si nos parezca 
de cosas políticas. VA lo niega, pero no lo prue- 
ba. Lo que dice es que, aunque tengamos este 
derecho, no deberíamos usar de (j1; pero no prue- 
ba tampocoesta discoveniencia: y acaba preten- 
diendo que nos traguemos todo Ío que ha dicho 
como una pildora á ojos cerrados. 

Sigue, |)ues, discurriendo: "Yo creo que Us- 
tedes no tienen mas derecho de votar y mezclar- 
se en elecciones del que yo tengo de decir misa." 
Respondemos que si 61 cree así, se equivoca, y 
se equivoca porque no entiende la deíinicion de 
dichas cosas. Hay dos (ordenes á los cuales 61 
y nosotros pertenecemos; el civil y el eclesiásti- 
co: en el civil nosotros tenemos el derecho de 
votar, etc., porque la ley civil nos lo da: y en 
el (jrden eclesiástico 61 no tiene el poder de de- 
cir misa, porque la Iglesia no le ordenó. ¿Qué 
dificultad hay en esto? En uno y otro orden hay 
diferentes categorías ó grados: en el civil, por 
cj., el de los ciudadanos y de los simples resi- 
dentes, y estos por supuesto no tienen los mis- 
mos derechos polílic(\s (pie a(piellos: en el ecle- 
siástico hay el de los ministros ó sacerdotes y de 
los simples fieles, y est(\s no tienen los ])oderes 
ú ordenación que aquellos. Al orden civil per- 
tenecemos él, 1). Eugenio, y nosotros, y estamos 
(MI la misma catí^goría de ciudadanos, por lo tanto 
tendremos iguales derechos }' poderes de votar, 
de ocuparnos en política, etc.; pertenecemos i- 
guabnente ambos al (írden (vlesiástico, auu(]ue en 
grados diferentes, 61 aljde los fieles y nosotros al 
de sacerdotes: y consecuentemente nosotros po- 
dremos decir mi*;a. y 61 no podrá sino oiría, si 
le gusta. Estas son nociones elementales de 
catecismo político y religioso: conocerlo no es 
mérito, pero ignorarlo es vergüenza. 



"Entonces, añade 61, pudierais igualmente ca- 
saros, colgar la sotana, juntar dinero, poner co- 
mercio y hacer todo cuanto os está permitido 
por la ley civil como á hombres y ciudadanos." 
Aquí se (pusiera hacer valer la prohibición ecle- 
siástica, para probar la ilegalidad civil de estas 
y semejantes casos: pues le diremos que deje á 
parte las leyes eclesiásticas que nos consideran 
como sacerdotes, y quede en las lej'es civiles 
que nos miran como hombres y ciudadanos, que 
es el punto de la cuestión. En la esfera de es- 
tas, tenemos tanta libertad natural y constitu- 
cional para dichas cosas, cuanta todos los de- 
más, y las lej'es civiles no menos pueden vedar- 
las á nosotros que á los demás. Las leyes civi- 
les nos consideran, bajo respectos civiles, todo 
lo mas en el hecho como personas de Iglesia, 
bajo un concepto general de ministros de reli- 
gión, prescindiencio sea del hecho, como del de- 
recho si estamos solteros ó casados, si vestimos 
sotana ó leva, si tenemos dinero ó no tenemos, 
etc. Por lo que toca á las leyes eclesiásticas 
la constitución no tiene nada que ver con ellas; 
con los deberes que nos impone como con los 
derechos que nos concede. Con todo, ningu- 
na ley ecle -iástica nos ha prohibido todavía el 
uso de nuestros derechos civiles y políticos. 

Llegando aquí Don Eugenio cambia registro 
y nos principia á echar un sermón. Así va el 
mundo. Hoy dia algunos no quieren oir los ser- 
mones de los sacerdotes, sino mas bien quieren 
predicarlos ellos á nosotros. ¿Y esto no será 
interferencia? Pero paciencia, vamos á oir la 
plática. Comienza pues, con poner un texto y 
citar las Escrituras: "Nadie puede servir á dos 
señores, es decir, á Dios y al mundo," y añade 
(jue la Escritura lo dice "expresamente" para 
nosotros. Despacio, Señor, la Escritura propia- 
mente no dice así, sino "á Dios y al dinero" y 
después lo dice generalmente á todos, y espe- 
cialmente á los que se ocuj)an de negocios tem- 
porales como Don Eugenio Romero. La inter- 
pretación (}ue este da es falsa, }" si quiere oir la 
verdadera, vaya á la Iglesia el domingo XIY 
de Pentecost6s, (en este año el 26 de Agosto,) y 
su párroco se lo hará entender. Y tiene él mas 
necesidad que nadie de instruirse acerca de es- 
tos textos [)orquc como hombre de comercio, él 
se ocupa en buscar dinero, ganar dinero, au- 
mentar dinero: y quizás que no sea lo que J. C. 
llamó "servir al dinero" añadiendo "(jiie es im- 
j)osible servir á Dios y al dinero." Pues no ol- 
vide de ir a desengañarse, si es posible. 

Anunciado el texto sigue el sermón que tiene 
dos partes: la primera habla de la milicia, la se- 
gunda del dominio temporal del Papa; la conclu- 
sión es la muerte de los peces ''uera del agua; y 
así se prueba hasta la evidencia (pie la consti- 
tución no nos da el derecho dt (ícnparnos de 
cosas de ])olít¡ca. De la milicia (Jit'e, «[Ue esta- 
mos exentos de ella en caso de invo,»*^'^" enemi- 



-69- 



ga, luego saca que no [xxk'inos votar: quedamos 
agradecidos á los que nos dieron esta exención, 
de que gozan también los ministros protetantes, 
los que se supone pueden votar: mas ella supone 
casos raros, y no es como la exención de la 
quinta ordinaria en otros paises: en lin es una 
exención que si puede darse [)or una simple con- 
veniencia, y puro favor, no podría justificar la 
privación de un derecho, que no se nos puede 
negar por mera conveniencia, y sin verdade- 
ra razón. Los que juzgaron inconveniente la 
milicia para nosotros, pensaron bien, por el ma- 
nejo de armas, vida del campo, efusión de san- 
gre humana, las violencias, crueldades y hasta 
injusticias á que da lugar esta profesión: pero si 
pensaran iuconvcniente el derecho de votación, 
se equivocarían, porque á cualquiera es libre to- 
mar el partido que le parezca mejor, y aun no 
tener ninguno. Vamos al segundo punto. 

¿Y del Papa (pié dice? Nos parece un sueño 
lo que leemos del Papa, y nos hemos pregunta- 
do si estábamos dispicrtos o' soñando. Dice que 
nosotros pudiéranios pretender tener esos de- 
rechos civiles como una consecuencia del gobier- 
no temporal del Papa. Gracias á Dios que él 
da íí entender, que él mismo lo dice, lo supone, 
lo adivina. Pues le diremos que jamás lo he- 
mos dicho 6 pensado; y mientras no estemos lo- 
cos no lo diremos ni pensaremos. Al Papa es- 
tamos sujetos, como sacerdotes al Vicario de J. 
C, y tenemos de él la jurisdicción espiritual, y 
no como subditos á un Príncipe temporal, que 
de él pueden recibir derechos 6 prerogativas ci- 
viles. Los que tenemos nos vienen ¿leí go- 
bierno de los Estados Unidos, de los cuales so- 
mos ahora subditos y ciudadanos. Cada uno 
puede decir los disparates que quiera, pero no 
atribuirlos á otros. 

Antes de acabar el sermón, dice una palabra 
de las lej'es de la última legislatura y confiesa 
que "interfieren con la Iglesia y la religión," 
pero pretende sinembargo que nos debíamos es- 
tar quietos; todo lo mas, hacer nuestras quejas, 
y así se hubieran remediado, "si así fuera con- 
veniente y justo á los intereses de la fe y de 
la religión." Quiere decir que la })olítica inter- 
fiere en las cosas de i-eligion, y que nosotros de- 
bemos dejar á la política juzgar la conveniencia 
y justicia de los intereses de nuestra religión 
para abrogar ó conservar esas leyes. Luego J. 
C. se equivocó cuando encargú a sus ministros 
que cuidasen de estos intereses: debia habei" di- 
cho, quejaos solamente, y dejad á las asambleas 
que determinen lo que convenga u no á la reli- 
gión. En verdad no podemos destruir lo que 
hacen las asambleas, pero tenemos el deber y 
derecho do intervenir cuando lo creamos nece- 
sario, con medios legales sí, y permitidos á to- 
dos; y ahora ü. Eugenio nos f(uiere persuadir 
que renuncíenlo?' cl nso de nuofeíjros derechos, 



aun en cosas (jue tocan á la religión y que se re- 
íieren á los deberes mas sagrados de nuestro 
estado. No hay mas que decir: cuando se va 
contra la verdad y justicia, no se puede menos 
que amontonar errores y disparates. 

lié aquí el famoso artículo que el Sr. Aoy su- 
pone haber merecido los aplausos de todos. Por 
lo que hemos oido, entre los americanos y meji- 
canos ha causado antes lástima que admiración. 
l*or esto mismo nosotros hemos usado la mayor 
calma posible, de manera que algunos hallaron 
nuestra primera respuesta demasiado suave y 
hasta débil. Pero para uno que llegue á enten- 
der que no acierta en lo que dice, es bastante. 
Nuestro opositor sinembargo concluye, preten- 
diendo habernos agarrado con el anzuelo, ó con 
la red, pero quizás no estamos tan enredados ó 
cogidos como él juensa. Le daremos un consejo 
de amigos, como él lo hace con nosotros; y es 
que renuncie esa carrera literaria por su propio 
bien; porque de lo que cada uno dice y habla se 
saca lo que vale. 



DcsciiMiiiniciito del Anticiisto. 



Los que creen en las divinas Escrituras ten- 
drán que agradecer, si quisieren, al Sr. Girault 
Diputado de la Repviblica Francesa por el Depar- 
tamento del Cher un importautísimo descu- 
brimiento que acaba de hacer y de manifestar al 
mundo, el del Anticristo. No es cosa que se 
pueda poner en duda la venida del Anticristo 
hacia el fin del mundo. Tendríamos que negar 
las divinas Escrituras que claramente lo pronun- 
cian. Ellas lo llaman el hijo de perdición ó el 
hombre del pecado, _y mas comunmente el Anti- 
cristo, para darnos á entender cuál será el fin 
que se propondrá, seducir las gentes, arrastrar- 
las á la apostasía y destruir si fuera posible 
la obra de J. C, su Religión y su Iglesia. Por 
lo tanto los Padres y expositores de las Escri- 
turas han hablado del Anticristo, y se han es- 
forzado de deducir de las mismas las señales que 
deben preceder su venida, y las circunstancias 
particulares de su persona y aparición. I'ero 
como esto no nos viene á propósito, dejaremos 
de citar sus opiniones. 

Aun(j^ie las Escrituras digan claramente que 
el Anticristo se aparecerá en los últimos tiempos, 
sin embargo ha habido algunos que lo han creido 
reconocer en personas y épocas pasadas. Por ej. 
Grocio, un muy sabio Protestante, pensó que Ca- 
lígula. Emperador Romano, en el I*"" siglo después 
deJ.C'.,fué el Anticristo, ctros no pudiendo con- 
venir en que ya hubiese venido, lo han anuncia- 
do como próximo á venir en diferentes tiempos. 
Así Mede en Inglaterra y Jnrieu en Holanda 
(pusieron dar á creer en el siglo pasado que el 
Anticristo debia aparecer por el año de 1710, 



-'!()- 



añidÍLMido ¡inpiaineiite y .solo por el odio que te- 
nia al Catolici.siuo, (iiie ávh'm aun salir de la I- 
«^le.sia Uouuina. A estas impiedades tenemos 
(jue añadir, otra nueva del nieneionado GirauK, 
el cual eon sor[)resa del mundo entero, {|no a- 
o;u;ird;i á la venida del Antieristo como futura, 
anuMi-ia ipie 61 ha venido yn, y que puede darlo 
á cont)cer. ¿Y' (piién será? Citaremos sus pala- 
bras, las (lue dijo en la Cáuiara l'rancesa, el dia 
1? de Uic. p. p. seji'un las liallnmos referidas en 
la ¿Ldfá C'fdf alien. 

I*rinci[)ió, [)ues, con citarlas sagradas Escritu- 
ras "las cuales nos j)renuncianque en dado tiempo 
vendr;í al mundo un hombre que bajo el pretex- 
to de defender y proteger la Religión, acabaría 
p!)r pcrdei'ia. Yo esto}' convencido (|ue la Cris- 
tiamlad ii;i acogido á este hombre sin conocer- 
le, lo lia hoiir<idi), respetado, canonizado, 3" así 
obrando se ha entregado al Anticristo, en per- 
sona de Jijiiavio di LoijoJn, cuyas doctrinas anti- 
cristianas son conocidas demasiado. De que re- 
salla (pie el General de los Jesuítas, siendo el 
sucesor de Loyola, es por lo tanto Vicario del 
Auticristo, de ([uien los Jesuítas son los Após- 
toles, y discípulos ignorantes los sectarios y ul- 
t!-;iinoiitanos." 

A-íí, pues, todo es claro ahora. VA Anticristo 
(pie del)¡a venir en el lin del mundo, anticij)ó su 
vi'nitla; V l'ué el mismo Ignacio de Loyola el (pie 
l'nudü la ('oiupüfiía de Jesús: él niuri(j hace 320 
aíio-!, |)ero á su ve/ dejó en el General de su Or- 
den, un sucesor y Vicario; esto no lo dice la Es- 
critura,, pero no podía ser menos. Todos los Je- 
snilas son los Apiístoles del Anticristo, y todos 
los ullraniontauos son sus discípulos. Si ;( todos 
importa este descu])ríniientt) mas debe importar 
¡í nosoti'os, (jiu! somos denunciados como Ap(Js- 
toles del Antieristo: y táuto mas cuanto (espe- 
ramos (jue nos (puM'rún ci-cer,) tan funestamente 
lo igiioi";íl)amos. 

Xosctros, que estamos acostumbrados hace 
tiempo á toda suerte de injurias. 1.0 nos conmo- 
vemos, absolutamente nada, ;í (pu^ se nos llame 
los A[)(jstoles del .Vuticristo. 'l^unpoco nos de- 
bíMnos escandalizar (|i!e al glorioso nuestro San 
Ignacio, ;í (piien hi Iglesia luí concedido los ho- 
iioi-es de! cuUo cristiano, se le ti'ate tan imj)ia- 
nieiite de sei- el misnc) .\n(¡cr¡s|o. Sabemos 
(j!ie de todo eso no hay (pie hacer caso. Al cabo 
el mismo Jesucristo, nuestro divino Maestro, fué 
acusado de eiicrf/ínneno y de cudemoniado y de 
(pie echaba á los Diablos en el nombre de líelce- 
bi'i. Xo podía caber diferente suerte y menos glo 
j-iosa :í aípiel su íiel y santísiuio siei-vo, (pie de ser 
llamado el Antieristo. y á todos sus hijos quede 
ser considerados los Apiístoles d(d Anticristo. 
Desde (pie Dios (pliso honrai- á Ignacio y su Goin- 
pañía del glorioso nombre de desús, no |)odian 
menos de pnrlicip:ir en la gloria (hd enearni/ado 
odio (|ue (d iuiicrno tifue ;( ese Nombre di\ iiio. 



A este propósito cilaiemos algunas palabras 
de un artículo publicado a((uí mismo en Las Ale- 
gas, tres años atrás, en el cual no se hace un me- 
jor ti'atamíento de San Ignacio y de sns hijos. 
I"]l artículo vio la luz en el Anunciador, Julio 2G 
de 1873, y está firmado W. A. Clark. En él se 
refiere otiodel Ilarpar Junio 28 del mismo año, 
titulado la Viaiondt Loijola'por E. Lawrence, uno 
y otro amontonan sobre la vida, acciones y muer- 
te de San Ignacio las mas abominables y asque- 
rosas injurias. lié aquí cómo se describe su 
muerte, como si hubiera sido la de un demonio, 
y no de un Santo: "Mas el ambicioso fraile, 
l)rofuudo planista y perseverante impostor Lo- 
yola, al lin murió en medio de todos los horro- 
res (jue él mismo había causado. Su alma se 
veia despedazada por los mas atroces remordi- 
mientos en la solemne hora de su agonía, y su 
imaginación extraviada le hacia verse rodeado 
de legiones de vengadores demonios, de cuyas 
uñas no podían librarle los sacramentos que los 
sacerdotes de su orden le habían administrado. 
Así acabó sus dias Ignacio de Loyola cuyos se- 
cuaces, tan tenaces como él, pasan á varias par- 
tes del mundo para obtener jioder: |)oder tem- 
poral y mundano, con la capa de Religión: pan- 
talones cubiertos con la sotana.'' Y después de 
aipiel tienqio estando nosotros a(pií y mas de 
una, vez liPinos vuelto á oír muchas de estas y se- 
mejantes otras frases. Todo sirve para confir- 
niar lo que decimos. 

Acabaremos con una reílexion del Unitá Cal- 
toliai. "El verdadero Antieristo no dejará de 
venir á su tiempo: sin hacer caso de esas locu- 
ras é impiedades, él debe todavía venir y ven- 
drá, 3' él se dará ;í conocer por las señales (pie 
tenemos en las Escrituras y ])or las obras (pie él 
haga. Sin embai'go antes (pie él venga, muchos 
otros Anticristos le deben preceder, (pie han ve- 
nido y siguen viniendo, i)reparándole el camino: 
de los cuales desde su tiempo dijo el Evangelis- 
ta S. Juan Xinic Antichristi facti svut mnJti. Y 
parece que cuanto mas nos acercamos al último 
y principal Anticristo, que Dios conoce quién 
será, tanto mas se multiplican esos otros peque- 
ños y secundarios Anticrístos (]ue nosotros mis- 
mos podemos reconocer. Daniel )' S. Juan nos 
hablan d(d uno como primera hedia y de los otros 
como bestias .m/i/ndffs: lasque trabajan para ha- 
cer recibir, adorar y seguir la lícslia primera. 
Mientras la piímer:i bestia no venga, tendremos 
(pie premunimos de esas otras bestias segundas, 
(le las cuales hoy dia el mundo está lleno: tod(.)S 
osos incrédulos, blasfemos, perseguidores de Dios 
y de su Cristo, de la Religión y de la Iglesia, 
son tantos pequeños Anticrístos y liestias se- 
gundas que preceden al otro. QnQ los fieles o.s- 
léti avisados y ¡¡revenidos."" 



n 



DEL INFIERNO AL PAMISO. 



^^?c^ i-.— 



( Conlinnacion — Pág 59-GOJ 

Sentóse en frente de un ancho espojo y empezó el 
doloroso sacriticio. Desempeñaba aquella noche el 
papel de Semíramis y por consecuencia el traje era 
mas que nunca fastuoso. Un corpino, que ajustado 
al talle se lo dibujaba hasta en sus menores ondula- 
ciones, recamado con brillantes arabescos de pedre- 
ría, venia á unirse con un amplio cinturon, del cual 
pendia la bordada falda cuya cola le arrastraba gran 
trecho. Prendíase á sus hombros con ricos broches 
un manto real cuyos anchos pliegues la envolvían 
majestuosamente. Las hebillas, pendientes, brazale- 
tes y collar eran un tesoro, que, aunque falso, desluni- 
braba como si fuera real. En una palabra, acumulá- 
base en sus vestidos cuanto el arte y la voluptuosi- 
dad, disfrazada con el nombre de arte, pueden inven- 
tar para reproducir la asiática é ideal pompa de una 
reina de Babilonia. Descollaba sobre todo el toca- 
do, obra maestra del peluquero, quien aquella noche 
mas que nunca esmeróse en el rizado y trenzado de 
la cabellera de Semíramis, ciñendo sus sienes con una 
mitra oriental en vez de diadema. 

Penoso y largo martirio fué para Matilde aquella 
noche el tiempo que pasó en el tocador. A cada nue- 
va joya ó adorno decía entre sí: 

— Un lazo mas para aprisionar á los incautos. Y 
sofocando sus gemidos afirmábase mas en su resolu- 
ción repitiendo las palabras: Una vez mas y conclu- 
yo, imaginando que ellas la prestarían brío suficiente 
para sostener hasta el fin el aborrecido personaje que 
representaba. Mas cuando estuvo aderezada del todo 
y avanzando dos pasos vio reproducirse en el espejo 
su rostro, movimientos y acciones, sus desnudos bra- 
zos, su garganta audazmente escotada hasta los mas 
inverecundos límites, comprendió y, por decirlo así, 
aspiró por primera vez en su vida el voluptuoso eflu- 
vio que de toda su persona se desprendía, y rebosan- 
do de su corazón un torrente de amargura hundió el 
rostro entre las manos como para ocultar su vergüen- 
za, y pasando maquinalmente sin rumbo cierto de una 
á otra estancia, ya exhalaba su profunda pena en 
ahogados gemidos, ya imploraba de la Virgen, protec- 
tora de los firmes y castos propósitos, la fuerza y au- 
xilio que necesitaba. 

Cuajado estaba ya de gente el teatro, los músicos 
ocupaban sus puestos y modulaban los primeros acor- 
dos, los actores y comparsas apiñábanse entre basti- 
dores, y sola Matilde en su cuarto parecía olvidar la 
galería que conducía al escenario. Dispuso el cielo 
sin duda que volviera á contemplarse en el espejo, y 
clavada delante de su imagen exclamó: 

— !Ay de mí! ¡Cuan gran desventura es la mía! La 
líltima vez, sí; pero aun es una vez mas. ¡Una vez 
mas con tan licencioso tocado, con tan profanos vesti- 
dos, con tan vehementes y apasionadas palabras! . . 
¿Que dirá el ángel purísimo de mi guarda cuando me 
vea una vez mas exhibir ante las ávidas miradas do 
una juventud licenciosa formas que consagró el bau- 
tismo? Y después de bañar con copioso llanto de ar- 
repentimiento el confesonario, después de implorar el 
perdón de Jesucristo ¿seré yo misma quien tienda la- 
zos á la inocencia de los que con su sangre redimiera 
. . .? ¡Escandalosa una vez mas!. . . ¿Y si en ella fue- 
ra causa de la perdición de un hermano? ¿Quiihi me 
asegura de que no sucederá? . . . ¡Ah, de cuan mejor 
grado subiría á un patíbulo que á esa escena, el mas 



infame de todos los suplicios! . . . Pero, no . . . no se- 
rá . . . no quiero, no puedo . . . Prefiero morir á arries- 
gar la salvación de mi alma por toda la eternidad. 

Cruzó en aquel momento por su imaginación la idea 
do que tal vez la escalera estaría pronta, y corriendo 
como fuera de sí á la ventana, abri<')la, sacó la cabeza 
y con ahogada voz haciendo liocina con las manos di- 

— ¿(^uién está ahí? . . ¡Antonio! ¿y la escalera? 

Ni habia escalera ni nadie la respondió: sii acento 
perdióse en el profundo silencio cprc en torno reinalni 
bajo un cielo opaco y un viento húmedo y revuelto. 
Volvióse atrás para examinar si alguien venia ó la ob- 
servaba, lo cual produjo la siguiente reflexión: 

— Y si me sorprendieran á mí, con la ventana abier- 
ta en este momento, ¿qué seiia de mí? Y solomo que- 
dan cinco minutos para decidirme. . . 

Ptocogió al rededor del t;i]lo las ropas que la arras- 
traban, subió al alféizar de la ventana y cerróla tras 
sí con -gran sigilo, miró con afán en torno, alzó los 
ojos al cielo y el pensamiento hasta el trono de Dios, 
cruzó las manos y con el corazón oprimido dirigió al 
Altísimo esta fervorosa súplica. 

— Gran Dios, vos que desde el cielo veis mi sincero 
arrepentimiento, acom])añad mi líltimo peligro con 
vuestro infinito perdón. . . Piadosísima Maria, com- 
padeceos de mí en medio de las mortales tinieblas 
que me rodean ... A vos encomiendo mi salvación: en 
vuestras manos entrego mi alma privada de todo so- 
corro humano. 

Dijo y precipitóse en el espacio. 

X. 

L.V MOLINElíA. 

Próxima á Pión alziibase en aquel tiempo una ex- 
tensa casería rodeada de sembrados, viñedos y prados 
y dirigida por un anciano labrador, quintero de la con- 
desa de la Riviere, probo y acomodado. Lindaba su 
término con la selva que desde las ventanas del tea- 
tro se descubría, la cual rodeaba las colinas subiendo 
hasta el principio de las pendientes y formando lar- 
gas cañadas que cruzaban en todas direcciones nume- 
rosos arroyuelos que desde las cumbres descendian. 
La mayor corriente de agua pasaba por el límite se- 
parando los terrenos labrantíos de los talleres, y ve- 
nia á recogerse en un ancho depósito construido con 
empalizadas y compuertas reforzadas con grandes pe- 
ñas amontonadas, entre las cuáles abríase una ace- 
quia que movía un molino levantado poco mas abajo. 
Sobre el piso que ocupaban las muelas habia dos ha- 
bitaciones en que se albergaban por cuenta del arren- 
dador la molinera y el mozo del molino. No podía 
encontrarse sitio mejor, mas á trasmano y por conse- 
cuencia mas pintiparado para el proyecto del párroco 
acerca de la fuga de Matilde, porque la fama de rico 
y honrado do que el quintero gozaba, la soledad del 
molino, la espesura del ])osquo y hasta el ruido do la 
cascada y las ruedas parecían á propósito para alojar 
de aquel edificio toda sospecha. 

Honrada, briosa y de caritativo corazón era la mo- 
linera; así que no le costó gríin trabajo á Antonio 
identificarla con .su pensamiento: bastóle explicárselo* 
y pronunciar el nombro del señor cura como director 
de aqiiel asunto. 

— Pues ese santo varón lo manda por amor de 
Dios, dijo la molinera, haré cuanto se me ordene y 
salvaremos á esa ¡Jaloma. Para mejor lograrlo y que 
no so trasluzca, enviaré fuera el mozo esta noche con 
cualquier pretexto. 



-72- 



Esa era la mujer de edad que el cura auuuciaba á 
Matilde hallaría al pié de la escalera para conducirla 
íí sitio seguro, y tenia orden además de acompañarla 
á la ciudad de madrugada disfrazada de lechera, y al 
})alacio de la condesa de la liiviere, donde quedarla 
oculta y en completa seguridad: así que, inquieta y 
afanosa esperaba que Antonio viniera á avisarla para 
ir juntos en busca de la fugitiva. 

Felizmente concebido y con acierto dispuesto esta- 
ba el plan del respetable sacerdote, pero la anticipa- 
da fuga de la actriz lo desordenó un tanto y por poco 
no lo echa á rodar, porque á la manera que en las ba- 
tallas \\n movimiento imprevisto del enemigo, una 
evolución retardada ú otro incidente de esa clase pue- 
den con facilidad cambiar el éxito de la jornada, si el 
general no lo repara é inutiliza improvisando contra- 
marchas ó expedientes acomodados al caso, en toda 
maquinación complicada y de varios resortes el mas 
leve caso puede hacerla fracasar. El buen Antonio 
penetró en el teatro tan temprano, que apenas esta- 
ban encendidas las luces y colocadas las centinelas, y 
Kíüitóse en un rincón del patio no pensando en otra 
cosa que en el íiu de la comedia que era cuando él 
debia empezar su trabajo, mas ¡cuál fué su consterna- 
ción cuando aun no concluida la segunda escena vio 
bajar el telón! El público furioso comenzó á vocear 
de distintas maneras; todo eran conjeturas cuando se 
presentó en el proscenio el autor de la compañía di- 
ciendo: 

— Señores, por indisposición repentina de la prime- 
ra dama no se puede continuar la función; mañana se 
avisará por carteles. 

Asaltó á Antonio el súbito y cruel pensamiento de 
([uo la trama estaba descubierta, pero animoso y hon- 
rado resolvió cerciorarse por completo, y acercándose 
al prosccmio alzó una punta del telón, imitó una voz 
aguardentosa é iracunda, y exclamó: 

— ¿Y así se estafan los cuartos do los que pagan su 
entrada para divertirse? 

— Perdonad, buen hombre, dijo uno desde dentro; 
no es culpa nuestra, sino una desgracia. 

— Y (-'qué dial)los de desgracia sucede á esa ac- 
triz? 

— Sábelo el diablo, le respondieron, porque en nin- 
guna part^ la enconti amos. 

Aquella respuesta fué un rayo de luz para Antonio 
que en seguida se imaginó lo que sucedía, que Matil- 
de so había escapado antes de tiempo. Salió del tea- 
tro, apretó el paso, lle¿¡;(') al molino y dijo á la moline- 
ra: 

— Comadre, huyó la cierva; poro sin duda estará en 
el bosque: pronto, varaos á buscarla, es preciso dar 
con ella en seguida. 

Pusiéronse entrambos á recorrer la selva, y tanto • 
escudriñaron al rededor del teatro, tanto registraron 
por entre los árboles y matorrales que al fin Antonio 
exclamó: 

— Aquí está. . Y aplicando el oído contimió: ¡Si- 
lencio! La acabo de oir. 

Siguió en dirrecciou de la voz que pensó distinguir 
y como á pocos pasos percibiera ruido de ramaje dijo 
resueltamente: 

— Matilde, aquí esto}'; soy Antonio, nada temáis. 

Y'a era tiempo: á detenerse ó á tardar más en ha- 
llarla, era imposible la salvación, pues entro la fuga y 
su encuentro Jiabia pnsado hora y media. La delica- 
da doncella, al caer de una altura de quince júés, 
quedó prinun-o aturdida; pero vuelta en sí y recono- 
ciéndose libre de toda lesión, levantóse, atravesó la 
tüdlojuela, y encaminóse á campí^ travieso en direc- 
ción del bos(]ue. Desconociouda di> todo punto el ter- 



reno internábase y se perdía en aquel oscuro laberin- 
to: los espinos lo desgarraban el manto y los vestidos 
de teatro: los matorrales y raices la herían las piernas 
y manof5 que llevaba manchadas de sangre: calzada 
con líjeros borceguíes de paño hundíasela el i)íé casi 
desnudo en aquel terreno pantanoso ó resbalaba en 
los charcos y arroyos, de donde con gran trabajo los 
sacaba cubiertos de pesadas pellas de hediondo y pe- 
gajoso fango. 

Divisó en esto un paso abierto entre los matorrales 
y por él dirigió; pero una violenta ráfaga de viento 
azotó de frente su rostro con tal fuerza, que tanto por 
pavor como por pensar si aquello seria un aviso del 
cielo para que no prosiguiera abandonó e1 sendero. 
Era en efecto una advertencia providencial, pues co- 
mo luego la dijeron, aquel camino conducía á las 
puertas de la ciudad donde siu remedio la hubieran 
recono.'ido y arrestado. 

Una hora de lucha tan fatigosa, después de la agi- 
tación ó inquietud del día tenia casi exhaustas las 
fuerzas y ánimo de la pobre Matilde, quien, abatida 
y turbada, estaba resuelta á sentarse al pié de xm ár- 
bol, y en aquella oscura soledad y húmedo suelo es- 
perar que alguien la socorriese con el nuevo día; pero 
el encuentro de x4.ntonio fué para ella lo que para el des- 
venturado náufrago próximo á ser pasto de las enfu- 
recidas olas un esquife donde poder reparar sus can- 
sadas fuerzas y arribar á la deseada orilla; así que al 
reconocer aquella voz amiga que la decía, "soy Anto- 
nio," exclamó: 

— ¡Socorro, Antonio! Soy Matilde. Y'^ alzando al 
cielo sus ojos en los que brillaban lági'iraas de grati- 
tud, añadió: ¡Oh, Virgen piadosa! ¡Otra vez te debo 
mi salvación! 

Desembarazáronla ante todo del manto real que la 
dificultaba el paso y movimientos y con él cubriéron- 
la la cabeza á guisa de mantilla: luego la molinera la 
calzó sus zuecos caminando ella descalza, y por últi- 
mo sosteniéndola cada uno de un brazo encamináron- 
se al molino por senderos de ellos conocidos. En mas 
de una ocasión para cruzar los puentecillos de ace- 
quias y arroyos, que consistían en delgadas y estre- 
chas tablas ó en mal seguros troncos, fué preciso que 
el buen Antonio entrase en el agua y prestara su 
hombro, en el cual se apoyaba Matilde como en un 
parapeto amlmlante: otras reces casi so veían obliga- 
dos á llevarla en volandas, pues érala imposible dar 
un paso, así por el resbaladizo terreno que pisaban 
como por su falta de fiierzas: en fin, con la ayuda do 
Dios llegaron al molino. 

Encontró en él Matilde ropa enjuta y limpia, buen 
fuego, loche caliente }' alimento confortante, unidos á 
mil caricias y solicitudes de la buena molinera, quien 
no podía consolarse de que aquel ángel tanhermoso, co- 
mo ella decía, hubiese estado á pique de pasar la no- 
che al frío en el bosque ó caer en una de las trampas 
armadas á los animales dañinos, y no cesaba de mos- 
trar á Antonio los vestidos desgarrados y deslucidos 
y do admirar la seda, el oro y la pedrería. Pero el 
cerrajero cuyo pensamiento solo estaba ocupado i)or 
"las instrucciones que recibiera para el resto de la em- 
presa, terminó aquella charla diciendo á Matilde: 

— Señora, tengo orden del señor cura para condu- 
ciros mañana de madrugada á casa de la condesa de 
la lliviere, á quien recordareis que escribió anoche en 
favor vuestro: así, pues descansad ahora que bien lo 
necesitareis. 

— ¿Estoy bien segura aquí, Antonio? 

(Se coniinvarü. ) 



Se publica iodos los Sábados, en Las Vegas, N, lí 



17 de Febrero de 1877. 



NOTICIAS TEIIRITORÍALES. 



— El dia 3 de Febrero murió en los 
Yigiles Doña Juana Vigil do 61 años de edad, Espo- 
sa de Don Ignacio Pacheco: era una muy ejemplar 
Señora y deja, para bendecir su honrada memoria, 
una numerosa familia, 8 hijos, 29 nietos, 7o bisnietos. 

El dia 7 de esto mes tuvieron lugar en la Iglesia 
Parroquial en medio de numeroso concurso de pa- 
rientes y amigos las honras fúnebres de Doña Dolo- 
res Chaves de Otero, cuyo cadáver pasaba por aquí 
hacia Tomé. Asistieron al Eev. P. Coudert los PP. 
Gasparri y Minasi S. J. El P. Ghisparri pronunció la 
oración fúnebre. 

i-iO.^ AlasMOS.El dia 12 de este mes salieron para 
Trinidad, Col. Macario Gallegos, hijo de Don Jesús 
Maria, de Los Alamos y Felicitas St. Yrain, hija del 
difunto Coronel St. Vrain, de Mora, para celebrar allí 
su matrimonio, que por las lej-es de N, M. no se po- 
día haber celebrado aquí, á causa de la edad de la 
novia. Parece que los novios ya han aprendido el ca- 
mino. ¿Quién sabe si de hoy á mañana no vaj'a algu- 
no á establecer una compañía de carruajes, para lle- 
var los novios de N. M. fuera del Territorio, y volver- 
los casados otra vez á sus casas. 

NOTICIAS NACIONALES. 



»s. — Nada revela mejor el progre- 
so y próspera condición del Catolicismo en los Esta- 
dos Unidos, que las siguientes estadísticas publicadas 
en el Informe del Comisario de Educación, impreso 
en la oficina del Gobierno. Donde el Informe trata 
de los Seminarios teológicos, es decir, casas en c[ue se 
educan los futuros ministros de religión, se ve que en 
los Estados Unidos hay 12o Seminarios con 615 pro- 
fesores y 5,234 estudiantes. De estos Seminarios 18 
(poco menos que un ^^ ) son católicos romanos: con 
121: profesores, (mas que el I, del número total de 
profesores) y 1,319 estudiantes (casi .| ). En me- 
dia, hay 7 profesores y 73 estudiantes en cada Semi- 
nario católico, al paso que se cuentan solamente 4 
profesores y 37 estudiantes en Seminarios protes- 
tantes. Ahora, considérese que la mayor parte de los 
Seminarios católicos están todavía en su infancia, y 
lejos de poderse cotejar con los protestantes cuanto 
á recursos pecuniarios: considérese que m.ientras la 
población católica no llega al \ de la población de los 
Estados, los jóvenes católicos, que se destinan al mi- 
nisterio (sin hablar aquí ni de Hermanos ni de ITer- 
manas) son el ,[ del número total de los jóvenes que 
entran en los Seminarios; y no extrañará lo que lleva- 
mos dicho: esta estadística es la mas fuerte evidencia 
del progreso de nuestra santa Religión en los Esta- 
dos. Hé aquí condensadas las cifras del Informe o- 
ficiíil. 



Seminarios teológicos. 
Católicos 18 

Presbiterianos 16 
Baptistas 15 

Episcopalianos 15 
Luteranos 14 

De otras 19 sectas 46 



Profesores. 
124 

82 
66 
63 
40 
231 



Estudiantes. 
1310 
665 
723 
311 
443 
1773 



Total. 123 615 5234 

Entre los Seminarios de las 19 sectas, aparecen en 
el Informe dos Seminarios teológicos ¡.no sectarios. 
¡Teología no-sectaria! ¿qué puede ser esto? 

Maaevsi 1'orfe. — Ya saben nuestros lectores algu- 
na cosa de los dos famosos misioneros metodistas 
Moody y Sankey. Pues bien, leíamos en el lierald 
del 1" de este mes que un loco habia desarreglado los 
rails del camino de hierro Erie Eailioay, con el inten- 
to de hacer despeñar un tren express que venia con 
ia velocidad de 30 millas por hora. El loco entre 
tanto se habia subido sobre un tren de mercancías 
■para ver lo que iba á suceder. Por buena fortuna un 
empleado del ferro-carril descubrió el ardid, y por 
buena suerte pudo alcan.'íar con señas á detener el 
tren á pocos pasos del peligro. No pensábamos le- 
yendo esto que nos toparíamos con Moody y Sankey; 
imagínese, pues, nuestro asombro el leer pocas líneas 
después, que la locura del hombre tenia por causa el 
fanatismo religioso escitado por las predicaciones 
evaiigéllraH de Moody y Sankey. Sin embargo esto ó 
cosa semejante debe uno esperar de la mnnía, que los 
ministros protestantes tienen de remedar á los sacer- 
dotes católicos. Acuérdense los lectores del cuento 
cuando un burro empezó á imitar lus retozos que un 
perrito hacía junto á su dueño. 

Dícese que el famoso mecánico, Mr. H0II3' quiere 
tentar de calentar las casas de Loekport con v;qjor, 
como so iluminan con gaz. La ciudad será dividida 
en distritos, y cada distrito debe tener su caldera. De 
cada caldera corren los canales ^or las diferentes ca- 
sas, de manera que los de casa no tienen otra cosa 
que hacer sino volver una válvula para tener la can- 
tidad de calor que quieren. No dudamos que el ex- 
perimento pueda suceder; pero nos gusta mas el viejo 
sistema de los fogones. 

I.<í3JNÍsas!!aao — Contínuausoá examinar los votos de 
la última elección por los comités del Senado y de la 
Cámara: y ahora se están examinando los de Luisia- 
na. En verdad que da asco el ver tanta corrupción. 
Como se decia hace mucho tiempo, y la Revista lo 
había referido copiándolo del San, el famoso Wells 
presidente del licinrning Jioard de Luisiana conside- 
rando que no podían los votos contarse en favor de 
los electores republicanos, y no queriendo volverse 
de la campaña electoral á casa con las manos vacías, 
habia propuesto á los demócratas la medida de dar- 
les los votos, con tal que le proporcionasen no mas 
que un millón de pesos. Hewitt, presidente de la 



-74- 



■ I I _JML 



C()iivc;ncii)ii nacional clcnuKTiita reliusó la proposición. 
Ahora todo se está revelando delante del comité de 
la Cámara legislativa. Los testigos que hacen estas 
revelaciones son J. T. Pickett. y J. H. Maddox; este 
último es republicano, y los dos son cómplices de la 
ruindad que .se intentaba. 

Debe notar.se que el testimonio de estos dos aventu- 
r(iros est;í apoyado y confirmado ])or cartas del mismo 
Wells, por partes telegráficos, (y lo (pie mas importa) 
por las mismas listas electorales evidentemente alte- 
radas y falsificadas. 

Pero todos estos testimonios nada son si se com- 
paran con lo que depuso un cierto Littlefield secreta- 
rio del mismo lichiniint/ Uoard de Lii'i-s'kiiiü. Esto 
mismo atestiguó que muchas listas hablan sido que- 
madas, y destruidas por orden del mismo presidente 
Wells. El secretario Littlefield, no se sabe porqué, 
guardó una de estas listas, que Wclls habia mandado 
so destrujeran, y dio á entender á Wells que la habia 
destruido. H('' aquí, cómo se supo todo eso, y cómo 
so están ahora averiguando por el comité. Littlefield 
habiendo guardado la lista, la llevó á un tio suyo, re- 
publicano, residente en New-Orleans, cuya honradez 
se ofendió grandemente, al ver tamaña injusticia y 
fraude. Tomó la lista, y persuadió á su sobrino que 
so distrayera viajando consigo. Así lo llevó á Spring- 
field,Ill., y allí lo declaró todo al ex-gobernador Palmer. 
Do este modo la lista y demás enredos llegaron á co- 
nocimiento del comité, que tuvo en la persona de Lit- 
tlefield otro pi'ecioso testigo. Este en efecto declaró 
que él fué, quien, por orden de Wells, alteró y falsifi- 
có las otras listas de votos que están ahora en manos 
del comiti". Acabemos con recordar que el Gene- 
ral Sheridan (que no es demócrata) en unos docu- 
mentos oficiales habia, pocos años ha, denunciado á 
]\[r. AVells como nii, ]iin<>, y un liomhre de nimjKiia Jion- 
r<id.ez, y (¡nc no toña vv (uniijo cpie no fuese u)i ladrón. 
"A rascal and thorouglily di.shonest man, who had not 
a fricnd, that was not a thief." No nos causa maravilla 
lo que refiere el Hendd que lo que pasa delante del co- 
mité excitará aun mayor interés en el público, que lo 
que se trata en la Comisión de los quince. 

.M¡iK.»>a('líiisotfs. — Una junta de hombres y de 
nmjeres tuvo lugar en Boston á fines del mes pasado 
para di.scutir la cuestión del sufragio de la mujeres. 
Ija Señora Lucia Stono Blackwell presidia. La se- 
sión tuvo lugar por la mañana, por la tardo y por la 
noche en la Sala Wesleyana. Los speeches, además de 
las quejas acostumbradas contra la injusticia que se 
liace á las mujeres exclu3'éndolas de la votación, con- 
tenían nu(!vas ideas de nuevos oradores; y no falta- 
ron las acostumbradas riñas y batallas de palabras, 
que no pueden faltar doiule se juntan mujeres. Este 
Movimiento va tomando creces cada día mas en los 
l'jstados Ihaidos, ni nos sorprenderla verlo actuado 
(Uiranto los dias de nuestra vida., como también, en 
(1 mismo ])eríodo de tiempo, verlo destruido. 

Ahil>i£iii:i. — La nueva Iglesia de San Vicente do 
]*aul en ^Mobih; fué dedicada solen)nemente el Do- 
mingo 21 (le Enero á las \()\ de la mañana. El Obis- 
]io (^)uiiilan hizo la función CÍv. la dedicación. El Obis- 
])0 Pellicer de San Antonio cantó la Misa Pontifical, 
y el Obis. Eitzgoraldde Little Rock predicó el sermón. 

Missoeai'i. — Se haljia puesto un ])leito contra el 
(Colegio católico d(; St. Joseph, ]\ro. Contrariamente 
á las leyes del Estado se quí^-ia obligar este estable- 
cimiento público ií que ])agase las tasas. El j)leito 
comenzado hace algunos años, cuando el gobierno es- 
taba en mano de los Kepublicanos, ha sido rechaza- i 
do por la Corte Suprema, ahora (pie los Demócratas ; 
dominan allí. Las autoridades mismas han ofrecido ' 



de retirar el proceso. Los Señores Jefi'. Chaudler, y 
James Shield se habían ofrecido abogar de balde eu 
favor del Colegio. 

Ohio. — En tiempo de la última elección eu Cin- 
cinnati, un Sacerdote, el liev. Doyle, que no sftbia 
¡pobrecito! que no es lícito á los Curas votar; dio su 
voto como cualquier icudaduno. Después el Sacerdo- 
te fué aprisionado, no porque pensaban que un Sa- 
cerdote no podía mezclarse en la política, sino por- 
que lo acusaban de haber votado sin estar naturaliza- 
do ciudadano Americano. No sabemos porqué el E. 
P. Doyle, no quiso por de pronto defenderse. Dejó 
correr los insultos, las caricaturas, los sarcasmos, los 
sueltos ofensivos de los periódicos, etc., etc., hasta 
que habiendo últimamente comparecido delante del 
tribunal, donde debía ser juzgado, sacó muy quieta- 
mente su papel de naturalización, y todo se acabó. 
Su triunfo fué completo, y completa también la ver- 
güenza de sus adversarios. Pero, no venga el Padre 
Do3'le á hacer semejantes hazañas en Nuevo Méjico... 
porque le colgarán un suplemento en el Advertmr. 

Va á pasar, si no ha pasado, la ley de la educación 
obligatoria en la legislatura del Estado. No sabemos 
qué entienden por la palabra educación: bueno seria 
si pasase un ley de educación obligatoria para todos 
nuestros legisladores. Bien dice á este propósito el 
excelente periódico, el CafJioJic Universe: "Esto es 
puro paganismo. El Estado lo es todo, no excep- 
tuando á Dics; y el individuo no es nada." Lástima 
que los legisladores de América sean por lo general 
muy poco educado.^ para entender la fuerza de esta 
ilación. 

Calílbriiin. — Hallamos en el Cafholic Universe 
de Cleveland el siguiente elogio del finado Sr. John 
Dunne padre de nuestro esclarecido ex-Juez Dunnc 
de Arizona. "Es nuestro deber anunciar la muerte 
del Sr. J. Dunne (antiguamente O'Dunne ) . Nació 
en Irlanda en Mayo de 1800 de modo que cuando nna- 
rió (17 de Enero) tenia 77 años de edad. Vino á los 
Estados Unidos cuando era joven, y después de ha- 
berse casado con Miss. Dunne de Palas en el Este, 
fué uno de los primeros católicos que se establecieron 
en el Norte de Ohio. Su casa fué por muchos años 
aquella donde el mi.sionero decía Misa en Akrou, ciu- 
dad que tiene ahora dos Parroquias católicas. Los 
pocos misioneros que quedan, los que han trabajado 
en esa misión veinte y cinco, treinta ó cuarenta años 
ha, se acuerdan todavía que la casa del Sr. Dunne era 
como casa propia, y que siempre habían experi- 
mentado los efectos de su liberalidad. Fu('' padre 
de una de nuestras mejores familias. Dos hijos y 
dos hijas le sobreviven. El mayor, el Hon. Edmun- 
do F. Dunne ha ocupado posiciones miay distingui- 
das como legislador y Juez. Fué Juez Supremo de 
Arizona y se granjeó una reputación nacional, como 
también perdió su oficio por su magnífica lectura 
acerca de las Escualas Católicas. Ahora es un eminen- 
te abogado de Santa Ké, N. M. El .segundo de los 
hijos el Col. John G. Dunne es segundo oficial del 
Estado Mayor del Gobernador de Arizona, y por mu- 
chos años ha residido en Londres (Inglaterra) ocupa- 
do en una casa do comercio americano. Una de las hi- 
jas es una edificante monja Ursulina en el Convento 
do la calle Eiwlid de Cleveland, la otra es la respetable 
Madre Superior^ del Convento de las Ursulinas en 
Toledo, Ohio. En 1852 el Sr. Dunne se trasladó á 
California donde (juedó hasta la muerte. Dondetjuie- 
ra se manifestó siempre caballero de grande firmeza 
de carácter, distinguido por su amor á la educación 
intelectual, á su i)atria de adopción, })or el afecto á 
sus hijos, por su piedad ejemplar, por su devociou lí 
hi fé de sus jiadres. 



-75-- 



NOTICIAS EXTRANJERAS. 



lioiun. — Últimamente el Padre Santo ha enri- 
quecido el Museo Vaticano con una pintura inestima- 
ble; el Martirio de /S'. Pedro de Arhnés de Murillo. El 
Santo está representado en el acto de orar á la media 
noche, y de ser sorprendido por sus asesinos. 

Francia. — El ministro de los Trabajos Públicos 
ha autorizado el gasto de 1 600,000 para restaurar la 
magníflca Catedr'al de Rheims, que está clasificada 
entre los monumentos históricos de Francia. Los 
lectores ignoran tal vez que casi todas las catedrales 
de Francia han sido cual mas cual menos mutiladas 
en tiempo de la revolución francesa del siglo pasado. 
Así están todavía con la excepción de algunas poquí- 
simas que el Gobierno mandó restaurar. En la ca- 
tedral de Eheims se consagraban los reyes de Fran- 
cia. Los vidrios de coloras de las ventanas, obra del 
siglo 13" se conservan todavía intactas. 

Mñr. Monnier Obispo de Lydda, in ¡xirtibin^, reci- 
bió de Roma el diploma pontificio que le nombra 
Canciller de la Universidad católica de Lille. 

"í á este propósito, recibimos de un P. Jesuíta de 
Francia una carta que nos da muy buenas noticias 
acerca del progreso de las instituciones de educación 
católica, por la cual tanto se combatió en aquel país. 
Se dice en la carta: "Aquí en Francia todos nuestros 
Colegios están prosperando mucho, como también las 
Universidades y Facultades católicas. El Externado 
(day schoolj de Lille contaba al abrirse 5(i0 discípu- 
los, y otros tantos contaba el de París, aunque no 
tenga todavía mas que las escuelas de gramática." 
Estos externados fueron abiertos recientemente. Sen 
exclusivamente para externos, y proporcionan una 
completa educación á los que, ó no pueden, ó no quie- 
ren frecuentar los internados. 

Se acordarán los lectores de la famosa conversión 
que los protestantes obraron en Rome, N. Y., de toda 
una parroquia católica. (Véase el niimero preceden- 
te). Ahí va otra miiy parecida que tuvo lugar en 
Francia. Unos mentecatos, no sabemos de qué 
plaza, en la provincia de Ain, llevando á mal el cam- 
bio de un maestro de escuela de aquella plaza á otra, 
inculparon de ello al Cura del lugar, el cual do todo 
eso era perfectamente inocente. Como se temía no 
sin razón que se empleasen medios violentos contra 
el Sacerdote, la autoridad civil pensó bien intervenir 
con la presencia de algunos pocos gendarmes. Fué 
entonces que los malcontentos sin acudir al Obispo, 
ó llevar delante de él acusación contra el Cura, lla- 
maron á la plaza unos ministros protestantes de Lyon, 
los que acudieron muy pronto. No diremos lo que 
dijeron é hicieron estos caballeros, para llegar pronto 
al resultado de toda esa bulla. La mayor parte de 
los que asistían en los primeros tiempos á las reunio- 
nes protestantes, tenían mucho cuidado de no faltar 
á misa en la Iglesia católica; eran unos curiosos que 
querían divertirse. Cuanto á los jefes de esta empre- 
sa, ellos no mudaron religión; pues era conocido en 
la plaza que no tenían ninguna que trocar. La ma- 
yoría del pueblo, casi los | do la gente protestó con- 
tra tanta indignidad adhiriéndose mas y mas á su 
Pastor: y|los ministros volvieron cabisbajos de donde 
habían venido. — En verdad, que se parecen mucho 
estas conversiones á las que obran los ministros pro- 
testantes aquí entre los mejicanos. 

i'i^líaiia. — Témese una nueva insurrección en las 
provincias Vascongadas: y siempre por razón de los 
Fueros que por una nueva ley quieren quitarles. El 
General Quesada al que se atribuye la gloria de ha- 
ber vejícido la insurrección carlista, se está preparao- 



dq para aplastar á los insurgentes con una mano de 
• hierro. Como todas las tentativas de conciliación no 
han tenido ningún buen resultado, el General Quesa- 
da, fundándose sobre sus poderes extraordinarios te- 
mó posesión de los archivos y del tesoro de la provin- 
cia. No halló nada, como se podia preveer, y el pue- 
blo se conmovió á este atentado. La discreción y la 
prudencia de los miembros de la Junta, previnieron 
un choque entre la población y el ejército, 

BiiííIsaíerB'a. — La santa obra de la templanza, 
tan activamente capitaneada (como últimamente ncs 
lo decía un ministro protestante) por Su Eminencia 
el Cardenal Manning, progresa en ese país con resul- 
tados casi inesperados. La liga de la Cruz (así se 
llama la sociedad de templanza en Liglaterra) nume- 
ra 14,000 miembros en Londres, los que van á reciljir 
la santa Comunión en masa. En Liverpool la misma 
sociedad cuenta 12,000 miembros, y 10,000 en Glas- 
gow. 

íwreeia. — Los protestantes de los Estados, exci- 
tados por una noble envidia al ver que misioneros ca- 
tóli(íOS, y protestantes ingleses corren por todos esos 
países civilizados y bárbaros para convertirlos, se han 
puesto con ahinco á la obra de las misiones extranje- 
ras. En verdad que, como buenos americanos, no ol- 
vidan estos misioneros ni el eurn/oii, ni el comercio; y 
como biienos protestantes piensan que todo el traba- 
jo de convertir á los pvaeblos consiste en despachar 
biblias y libritos (bastante ridículos) en el mayor nú- 
mero posible (que sean leídos, ó no, poco importa) . 
En Grecia, donde penetró un misionero comerciante 
americano, el Ministro de piíblica instrucción, á peti- 
ción del Sínodo Supremo de la Iglesia griega, mandó 
prohibir la circulación de esos libros. Era esta á la 
majestad protestante una afrenta insoportable, y un 
ultraje para la grande república de los Estados Uni- 
dos. El misionero un cierto Mr. Leyburn fué inme- 
diatamente á Mr. Read, que representa el gobierno 
de Washington en Grecia. Este corre al Ministro de 
instrucción pública; y le obliga á retirar su prohibi- 
ción. De contado en ningún país puede gustar quo 
extranjeros vengan á dar ley; y por esto, generalmen- 
te hablando, los verdaderos apóstoles se contentan 
de adelantar la obra de Dios, con su paciencia y bue- 
nos ejemplos, y no por medio de ministros y protec- 
ción de Gobiernos. El caso fué, que se armó en bre- 
ve en la prensa griega una bulla espnntosa contra los 
americanos, la que excitando los ánimos en Grecia 
puede causar perjuicios al comercio de los Estados 
en aquel país, así como lo notan los mismos periódi- 
cos de América. Sin tantas bullas y ruidos, podrinn 
hacer los griegos, lo que aquí se hace: los católicos 
mejicanos reciben los libros que con tanta finura so 
les dan, y no los leen. 

Tur<piía. — La causa por la cual la Rusia desiste 
de intimar la guerra que tanto había amenazado, es, 
dicen, la miserable condición de su hacienda. Entre 
tanto la Turquía se prepara á la defensa. Ha hecho 
proclamar la guerra santa á todos los turcos que se 
hallan desparramados en diferentes naciones, hasta en 
las Indias. Últimamente zarpaba de New-Haven 
Coun. un buque con una carga de 70,000 rifles, baj'o- 
netas, y vainas; 1,000 fusiles, 10,000,000 cartuchos; 
15,002,400 bombas; y 15,000,000 balas. 

Entretanto el Gran Consejo Turco, al que 60 cris- 
tianos participan, ha resuelto á la unanimidad de des- 
echar todas las proposiciones de las Potencias, y ha 
mandado al gobierno de no permitir otra discusión 
con los mismos, excepto en el caso que se quisieran 
examinfu' las contra-pi'oposiciones del mismo gobierno 
Turco. 



-n. 



SECCIÓN EELIOIOSA. 

CALENDARIO RELIGIOSO. 

FEBRERO 18-24. 

18. ninaiiujo 1 ? ilc Cuaresma— ti(ín Simón Obisoo i]v Tc-in.suli.-n v 
Mártir. ' ' ' J 

1!1. /,,¿)íe.s-— S. Gabino Presbítero y Mártir 

20. 1/aW«-San Elouterio, Obisp,; y Mártir. San Lron Obispo v 
Mártir. f j 

21. WM-t-o/t'.s---(T¿nipóras>. S. Seví.riano Obisno y Mártir «tu 
Fi-hx, Obispo. " ' 

22. ./«fw.s--Ln Cateara ,le S. Podio en Antioquia. Santn Í-Iarca- 
rita do Cortona, Penitcutu. ^ 

23. r/Vraes-(Témporas^. Vi,n;nin de San Matíaf;, Apó.stol. Santa 
Marta. S, Florencio, Confesor. 

2d. .Sr;í-«rfo-(Tt-m poras). S. Matías, Apóstol. Sta. Pr¡mit¡vn, Márt. 

SANTA MARGARITA 1)E CORTONA. 

.Nació en Toscana, y bvilló en su juventud por su 
up y hermosura. Amaba entra fiablemente un ca- 
ballero, y por <-l olvidó Margarita la lev de Dios la 
buena educación recibida y los deberes de la honesti- 
dad cristiana. En mitad de sus desórdenes y cuando 
era mas escandalosa su vida, sucedió que al salir de 
su casa una noclie d cómplice de ella, fue asesinado 
por un rival irritado. Un perrito faldero que tenia 
Margarita la condujo dos dias después, más que por 
instinto por especial providencia de Dios, al sitio de 
la catástrofe, donde en el fondo de un barranco me- 
dio podrido ya y comido de las fieras, halló Margari- 
ta el cadáver de su de.sgtaciado galán. A tal esi^ec- 
tuculo smtio trocársele el corazón, y conoció todo el 
horror de sus extravíos y la perdicidn eterna que ])or 
ellos la estaba amenazando. Su penitencia fué desde 
entonces tan asombrosa, como fuera antes su liberti- 
naje. Desfiguró cruelmente su rostro para borrar de él 
la funesta hermosura que la habia perdido; encerróse 
eii una estrecha celdita; redujo á pan y agua su co- 
mida; dormía en el duro nuelo, v alternaba su oración 
con ásperas disciplinas. Tuvo el mismo Confesor 
que moderar sus piadosos excesos. La Pasión de Je- 
sucristo era el tema mas común de sus meditaciones 
y la Comunión diaria era su único consuelo M-is de 
veinte anos pasó en e.stos rigores. A los cuarenta y 
ocho de su edad falleció santamente, obrando antes v 
despucs de la muerte numerosos prodigios Era ¿1 
ano de 1297. C-.débrase su fiesta el 23 de Fel)rcrü 

No es o1)stáculo insuperable para una santa muer- 
te una juventud pecadora; mas los extravíos de la iu 
rentad han de desquitarse con obras de expiación v 
ce smcero arrep(>iit¡miento. El uso que hicimos de lo 
Ilícito hemos de castigarlo después con privarno-' has 
ta de lo bcito: h^- aquí lo (pie se llama mortificación v 
penitencia en el lenguaje de cristiano. Pocas seña- 
Jes da de sincera enmienda de sus vicios quien para 
alcanzarla no empieza por castigar el cuerpo vil t,uo 
íue causa de ellos. ' ^ 



KEYÍSTA CONTEMPORÁNEA. 

Hay cüiueidencias en este mundo (nie paroeeu 
coiiibinadas do intento: y lio íKjni una. Kl \W. 
ro M,j¡cano no podía nienos qnc liablunm^" del 
niatnnionio A rniijo-Perea, v e.-t^íbainos a<niar- 
dandcv con alguna cnriosidad i^ra voi- ,úmo 1„ 
Mana, hn efor-fo en el ni'miero de Kideí-V 
l.rero se da pop entero jn (bv^cripeio,, d'd nfl-¡ 



nionio.^ Ahora ¡mirad (pié suerte! cabalmenlo 
este número no nos llegu; y íÍ no ser (pie lo hu- 
biéramos l)useado para desengañarnos, por poco 
no lo hubiéramos tampoco leído. 



Nuestros lectores, especialmente los Mejica- 
nos, creemos tendrán gusto en leer lo que ^a 
pien.sa y se habla de los Estados Unidos en las 
dem;ís naciones del mundo. lié aquí, pues co- 
mo se expresa un periódico Español, el Siglo 
J^i'turo del 11 de Enero, -i propósito de los en- 
redos de las últimas elecciones presidenciales 

"La gran república modelo, admiración de tan- 
tos papanatas, se halla en un estado de agita- 
ción. .A nosotros no exti'aña, pues siempre^^nos 
han parecido absurdos y ridículos los eloR-ios tri- 
butados ¡í los YaiKiuees. Sobro todo 'las dos 
presidencias del general Grant han sido fecun- 
das en escándalos y horrores.* Se esperaba que 
al fin de su segunda {¡residencia ccarian estos- 
pero el partido republicano, vencido en la elec- 
ción de miembros de los colegios electorales lla- 
mados á elegir presidente, no se conforma con 
la derrota; de suerte que en el próximo mes de 
Marzo estamos abocados ú ver dos presidentes 
en los Estados Unidos: el candidato demócrata 
bamuel J. Tilden y el republicano R. B. Playos. 
Ya se sabe lo que significan estos nombres de 
demócratas y republicanos en los Pastados Uni- 
dos P.OS primeros defienden los dereclios do 
los Pistados é intentan hacer prevalecer el go- 
bierno de las clases productoras, según la tradi- 
ción de Washington y los fundadores do la U- 
nion. Los otros defienden la unidad, la fueiza 
del poder central al mismo tiempo que lu ley 
del numero. P.a lucha entre ambos partidos 4 
encarnizadísima."— Creemos (¡ue escribiendo so- 
bre lugar y desinteresadamente, nadie podría 
expresarse iBojor. 



La situación de la Italia, bajo el .oobíerno pa- 
ternal de A^íctor .Manuel, Deprctís \ Cía dguc 
siendo deliciosísima. En agradecímíen'to la 
lista civil del Roy (esto es lo que le paoa la na- 
ción) va á .ser aumentada de un milJon\ie fran- 
cos anuales. Además el Estado se encai-..ará 
de pulgar la deuda actual de la Casa I?, al "'(luo 
asciende á una frioleva do 22 millones. Ouizás 
á alguno, (jue esto leyere, se lo presentarán 'al 
pensamiento los beneficios de un gobierro repu- 
blicano en preferencia do los monárquicos- va 
que por la economía nn Presidente cuesta nie- 
nos (pie un Jley ó Emperador. Pero no seria 
este tíemj)o á ¡¡rojiósílo para decirlo: pues aca- 
bamos de ver lo que cuesta solamente la elec- 
ción de un Presidente. ;.(^iién podría revelar- 
nos el total de lo que se ha gaslado por los d(^s 
partidos, cu la última cahipaña (decl(.ral;y -cuáih 



--77- 



to mas se está gastando ahora, para averiguar 
(si es posible) el resultado? Cualquiera que sea 
esta suma no dejará de costo r á los Estados U- 
nidos diez veces mas, • ú lo menos, de lo que 
cuestan los monarcas de otros países, y Dios 
quiera que no deba costar aun la paz pública, j 
la prosperidad del país. Por lo tanto bien de- 
cía un publicista Americano, Conway,^ si no nos 
acordamos mal: valdría mas tener aípií un Sobe- 
rano nominal hereditario, como en la Gran Bre- 
taña, por ejemplo, que ahorrarla todos bs gastos 
de las elecciones, y, lo que es mas, tantos frau- 
des, injusticias é infamias, que se repiten cada 
cuatro años. 



' ' Quien da á los pobres presta al Señor.'' Estas 
divinas palabras, que dejó escritas en su testa- 
mento, la lamentada Duquesa de Aosta, que du- 
rante su vida fué tan generosa en socorrer á los 
menesterosos, se leian, nos dice la U?iitá Cattoli- 
ca, en ocasión de celebrarse sus magníficos fune- 
rales en la Catedral de Turin, sobre la tumba. 
Ellas esta'n sacadas de la Sagrada Escritura, 
Prov. XIX, 17, Foeneratur Domino, qni mi ser e- 
tur pauperis: presta con usura al Señor, el que 
usa misericordia con los pobres. San Basilio 
(In Ps. 38), S. Ambrosio (De Tobia c. 16), San 
Agustín, S. Cipriano, San Ireneo, todos los San- 
tos Padres, que comentan este texto, hacen va- 
ler esta razón, que con dar á los pobres nada se 
pierde, sino que se pone como á interés un capi- 
tal, que Dios nos devolverá con rédito generoso. 
La buena Princesa, que á su grande sensibilidad 
de corazón juntaba los nobles sentimientos que 
inspira la Religión, fué generosa con los pobres, 
y su nombre será bendecido delante de Dios y 
de los hombres; y esperamos que excitará á imi- 
tarla á muchas almas, sobre todo en este país, 
donde los pobres sufren tanta necesidad, y los 
recursos son tan escasos. Ricos del Nuevo Mé- 
jico, ¿queréis aumentar vuestros caudales? Aquí 
tenéis que Dios os dice que los recibirá como pres- 
tados de vuestras manos por las de los pobres. 
El es mas fiel que cualquiera deudor, y os los 
devolverá multiplicados. Si no lo hacéis es se- 
ñal que tenéis mas confianza en los hombres que 
en el mismo Dios. 



Leemos en la ünitá Cattolica. "No hace mu- 
cho que hemos referido la opinión de un ilustre 
alemán que afirmaba que allí la Religión católica 
era la única que tenia medios de oponerse al 
torrente invasor del socialismo. Un poco de es- 
tadística demuestra como esto es completamente 
verdad. En efecto, mientras los protestantes y 
el mismo Gobierno se limitan á quejas estériles, 
los católicos han fundado una sociedad, cuyos 
miembros no auxiliarán ciertamente la propa- 



ganda socialista. No existen menos de 500 cír- 
culos de esta sociedad, que cuenta con 74,000 
miembros. Además, el Clero católico puede en 
mayor grado ejercer su influencia, ya porque se 
halla más en contacto con el pueblo, ya porque 
es más numeroso que el Clero protestante. En 
Westfalia, si hay un Pastor para cada 2,000 
protestantes, hay un Sacerdote para cada 500 
fieles; en el Rhin hay un Pastor para cada 1,530 
almas, y un Sacerdote para cada 775 católicos. 
Verdad es que ahora, gracias al Calturkampf, 
va disminuyendo el número de Sacerdotes cató- 
licos; pero el Gobierno será el primero en tocar 
las tristes consecuencias de impedir que los Sa- 
cerdotes refrenen las pasiones populares." 

Con efecto; el monstruo del socialismo, que 
amenaza devorar el imperio alemán, tiene su 
más ardiente protector en el príncipe de Bis- 
marck, que se cree grande porque ha vencido á 
Francia, y no es en realidad sino uno de tantos 
hombres de Estado moderno, juguetes de la re- 
volución á pesar suyo. 

Cuanto mas leemos de los sermones de los mi- 
nistros Protestantes tanto mas nos persuadimos 
que la pobre barraca del evangelio pnro anda res- 
quebrándose de dia en dia. Heos aquí un tal 
Rev Hall de Brooklyn, que en pública Igle- 
sia os hace el panegírico del duelo, es decir, del 
combato entre dos espadachines convenidos de 
antemano en destriparse uno á otro con todo cari- 
no en tal sitio, á tal hora, con tales armas. 
Ese ministro, pues, dijo que "estaba ufano de 
haber nacido en un Estado donde esas cosas pa- 
san como la lev no escrita de la parte respetable 
del común;" que es "derecho natural volver no 
solamente por su vida, Sino por la prenda mas 
bella de la vida— el honor."— "¿No podra acon- 
tecer " añadió, "que un hombre se vea precisa- 
do por el sentimiento de todo cuanto hay de jus- 
to verdadero v honroso á aceptar el desafío de 
lalid*?" No, S'^eñor, predicador mió de mi alma; 
de ninguna manera. Porque díme, en el duelo 
■no te expones por tu propia autoridad a que te 
traspasen el corazón y te despachen para el otro 
mundo, ó te quiten un brazo ó una oreja? Pues 
bien eso no puedes hacerlo, porque el Autor de 
la naturaleza no te dio el dominio de tu vida ni 
de tus miembros. El duelo, pues, en vez de ser 
un "derecho natural," repugna terminantemen- 
te á la lev de la naturaleza; y lo que es tal esta 
vedado en cualquier circunstancia de la vida. El 
honor— "prenda de la vida"— no se defiende 
con una acción de brutos. ¿Has visto dos toros 
ó dos o-ansos, cómo se pelean hasta que uno de 
ellos quede muerto ó deshecho? Pues lo propio 
hacen dos duelistas; solo que, por ser civiliza- 
dos no tienen cuernos ni uñas y pico, y pelean 
con' una espada ó un rewoker.. Dices que si nq 



-TS- 



aceptas el desafío te tienen en poco, te llaman 
cobarde, y pierdes el honor. No sabes en qué 
consiste el honor. ¡Estaríamos frescos, si con- 
sistiera en la opinión del mundo! No habría 
habido hombre mas deshonrado que Nuestro di- 
vino Salvador. El honor consiste en la probi- 
dad de la vida. ¡Ay, Hall! Eres ministro, 
Pi*ed¡cador del evangelio puro; y debieras mas 
bien estar ufano de pertenecer lí una religión 
cuya característica es la caridad, hasta para con 
los enemigos, la humildad, la mansedumbre. 



- "¿Qué es lo que hace regresar á los Escoceses 
Y á los ingleses hacia la Iglesia Romana?" . Así 
hablaba en Edinburgoel ministro Presbiteriano 
Dogg. Y conteste! él mismo á su pregunta, diciendo 
que "á su parecer la causa principal es el desar- 
rollo de la incredulidad; el desarrollo de un sen- 
timiento de aversión á la autoridad absoluta de 
la palabra de Dios en aquellas cuestiones que se 
refieren á la Religión." La contestación podrá 
parecer absurda. ¿Cumo? los Presbiterianos que 
no quieren creer se pasarán, por efecto de su 
incredulidad, á la Iglesia Romana, á aquella I- 
glesia, donde habrán de creer mas dogmas que 
en su secta y en todas las demás juntas? ¿Los 
({•'ue se rebelan al principio de la autoridad reli- 
giosa se irán cabalmente á aquella Iglesia que 
sola entre todas proclama ser la Doctora de las 
naciones, á cuya sentencia habrán de someterse 
con la sencillez de los niños las inteligencias mas 
encumbradas, so pena de muerte eterna? Sin 
embargo la contestación es mucha verdad; es 
una de aquellas pocas que de vez en cuando se 
les escapan á nuestros ministros, acaso sin enten- 
derlas. Porque no es de pensar que los conver- 
tidos son los incrédulos y los rebeldes. Raros 
son estos. Por lo común los que del Protestan- 
tismo pasan al redil de Jesucristo son los que 
abrigan en sus almasmas fé y mas docilidad á 
la palabra de Dio.«. Aborrecen la increduli- 
dad; y ven que los devorará este monstruo á 
ellos ó á sus hijos, si no se huyen de esa hórrida 
selva que le diú á luz, le crió y le propaga, el 
Protestantismo. 

Jubileo Episcopal de Pío IX. 



"■ Dios en su admirable providencia ha dispues- 
to que en la vida de nuestro Santísimo Padre 
Pío IX se sucedieran alternativamente, ora 
tan tristes ora tan consolantes acontecimientos, 
para alentar con los unos su valor, y dar con los 
otros al mundo, los ejemplos de las mas heroicas 
virtudes de ese su siervo. Sin hablar de los ine- 
fables y extraordinarios consuelos que le han 
sido ))roporciona(los en todo el discurso de su 
largo Pontificado, este nuevo año ha principiado 
ya á traerle eii medio desús penas nuevos triun- 



fos, en ocasión de su próximo jubileo Episcopal. 

El dia 3 de Julio de este año, se cumplen cin- 
cuenta desde que Pió IX fué consagrado Obispo. 
Con la idea de celebrar tan solemnemente como 
fuese posible este nuevo y último Jubileo de Pió 
IX, la Sociedad de la Juventud Católica de Ita- 
lia, publicó el año pasado con Í!:ual fecha un 
programa, anunciando estas nuevas fiestas, y ex- 
citando á los católicos de todo el mundo nara 
tomar parte y hacerlas tan espléndidas, como u- 
ni versales. "El mundo entero, se decia en él, 
celebró el dia 11 de Abril de 18G0;un gran dia, 
cuya memoria pasará de padres á hijos, por el 
Jabileo Sacerdotal del Padre Santo. Dos años 
después, en IG de Junio de 1871, á [)esardeque 
las olas furiosas, así permitiéndolo las inexcru- 
tables disposiciones de la providencia de Dios, 
hablan inundado los umbrales del Vaticano, el 
Orbe Católico festejó con la mayor pomi)a posi- 
ble, dada la malicia de los tiempos, el Jubileo 
Pontifical da Pió IX, primero, éntrelos doscien- 
tos sesenta y dos Papas sucesores de S. Pedro, 
que celebraba el XXY aniversario de su elec- 
ción á la Silla Pontifical. Ahora bien, el dia 3 
de Junio de 1877, será el Jubileo Ejñscojial del 
Padre Santo, cumpliéndose cincuenta años desde 
el dia que recibió de manos del Card. Castiglic- 
ni, el que fué mas tarde Pió A^III la Connac/ra- 
cion Episcopal, en la Basílica de S. Pedro ad 
Vincula, en la ciudad de Roma. La sola cita de 
esta gratísima fecha que ya aproxima bastarla á 
despertar en todo pecho católico deseos entu- 
siastas de celebrarle solemnemente. Que si nun- 
ca son menester grandes razones para mover los 
corazones de los hijos para rendir testimonios 
extraordinarios de amor á su Padre, mucho me- 
nos lo serán cuando ese Padre es el Vicario mis- 
mo de Jesucristo, y lleva el nombre inmortal de 
Pío IX.' 

Después de este llamamiento sigue el progra- 
ma que se propone á todos los católicos para (pie 
se le conformen en lo que fuere posible. E.-tc 
se reduce 1. A rogar, rogar unidos, rogar fer- 
vientemente por el Sumo Pontífice: 2. A contri- 
buir con mayor generosidad al Dinero de S. Pe- 
dro: 3. A mandar ofrecer al Sumo Pontífice cua- 
lesquiera objetos de arte ó industria cristiana de 
los cuales se hará una exposición en el Vatica- 
no: 4. A \\\\Q.CY peregrinaciones á la Basílica Eu- 
doxíana de San Pedro Ad vincula, donde el Pa- 
dre Santo fué consogrado Obispo, para dar gra- 
cias á Dios y rogar por Pío IX: 5. A enviar (/¿- 
pufaciones ni Trono de Pío IX para presentarle 
los homennjes, felicitaciones y esperanzas de to- 
dos los católicos de todas las naciones: G. En í'ui 
á festejar en cada nación, en cada provincia, en 
cada ciudad, en cada Parro(piiacon particulares 
demostraciones de alegría el Jubileo Ppisco/xil 
del P.istor Supremo de la Iglesia y Padre couiuu 
de los fieles, 



-ÍD- 



Además en lloiDa, eu la mencionada Basílica 
se celebrarán fiestas solemnes por motivo de ese 
Jubileo. La Basílica será adornada con espléndi- 
dos adornos y extraordinarias Inminarias. Pre- 
cederá un triduo, con solemnes Vísperas y ser- 
mones en los tres dias, á cargo de los limos, j 
Revmos. Egidio Maiiri Obispo de Rieti, Julio 
Lenti Arzobispo de Sida ,y Vice Gercute de 
Koma, y del Emo. Card. Í3arto!omé ü'Avanzo 
Obispo de Cal vi y Tea no. La música será diri- 
gida por el Organista de la Basílica Laterancn- 
se, y Maestro de la Eudoxiana. El dia 3 de Ju- 
nio, habrá un número sin número de Misas, la 
Comunión General de la Sociedad de la Juven- 
tud Católica, la Misa Pontifical [)or un Cardenal 
que Sn Santidad determine, el Te Deum y toda 
la música será dirigida por el Maestro Pontilicio 
Mustafá. 

Desde el dia 28 de Nov. del año pasado, la 
Comisión para la fiesta, tuvo una audiencia es- 
pecial del Papa, y le presentó el Programa que 
acabamos de mencionar. El Padre Santo con la 
mayor amabilidad, lo aprobó enteramente, dán- 
doles gracias |)or su pensamiento. 

. Pero no dejaremos de citar el espléndido don 
que la Juventud Católica de Italia se prepara á 
ofrecer al Padre Santo en esta ocasión, el cual 
como se verá es el (pie mas convenga al Santo 
Padre en esta circunstancia, y en la actual con- 
dición en (pie so haíla. El don será de una 
cadena de oro macizo, de la misma forma y pro- 
l)orciones de las de S. Pedro, las que se con- 
servan en la mencionada líasílica. Los actos de los 
Apóstoles nos refieren que estando S. Pedro en 
Jernsalen,, por los años 44 de J. C, fué mandado 
aprisionar y poner en la cárcel [)or ITerodes A- 
gripa. Rey de Judea, el cual le hubiera por odio 
de la nueva religión que él predicaba, y para 
granjparse el favor de los Judíos, condenado á 
la muerte, como habia hecho con el Apóstol 
S.intiago. Empero D'o- reservaba S. Pedro para 
que fuese martirizido no en Jernsalen, sino en 
Rpma, en, donde habia establecido sn Silla A- 
postóUea: y así lo mandó librar de la cárcel, por 
un ángel y las cadenas (juedaron en mucha ve- 
neración. Hacia los años de 430 Eudoxia Em- 
pei-atriz de Conslantinopla, mujer de Teodosio 
el Menor fué á visitar los santos lugares de Pa- 
lestina, y por su devoción quiso llevar de allí al- 
guna reliquia. El Patriarca Juvenal no creyó 
contentarla mejor que regalándole las dos cade- 
nas con las cuales S. Pedro habia sido a[)risio- 
iiado. La Emperatriz contentísima con este don, 
reservó una de ellas para la Iglesia de Constan- 
tinopla, y regaló la otra :í su hija, Eudoxia tam- 
bién, casada dos años antes en Italia con el Em- 
perador Yalentiniano IL'. La joven Eudoxia 
llevó la preeiosa cadena al Papa Sixto III, el 
cual á su VLi^lta le dio á yenerar la otra, con la 
cual habia §ido j.\prisionadg ,S. Pedro, en Roma, 



cuando estaba en la cárcel Mamertiua, poco an- 
tes de su martirio. Se asegura que en acercar 
la una á la otra, las dos cadenas al instante se 
unieron tan perfectamente, como si hubiesen sido 
una £o!a. A este nnlagro se siguieron otros mu- 
chos,, de los cuales hablan entre los demás San 
Agustín, S. Gregorio el Grande, y otros Padres. 
La piadosa Emperatriz, Eudoxia la joven, man- 
dó por su piedad y veneración de las santas ca- 
denas, fabricar una magnífica Iglesia sobre el 
monte Esquilino, en donde se depositaron las 
dos cadenas, quo ya íbrmaban una. Esa Iglesia 
se llamó primeramente la Basílica de Eudoxia, 
y después de San Pedro ad Vutcula y es título 
(,'ai'dinalicio. 

Allí IMo IX |)iecon izado ya \)0y León XII 
Arzobispo de Espoleto, en 21 de Mayo de 1827, 
fué consagrado Obispo el 3 de Junio por el Car 
denal Castiglioni; y quizás en venei'ar él enton- 
ces las santas cadenas. Dios le dio algún presen- 
timiento, de que con el tiempo sucedería en la 
Silla á Sun Pedro, y participaría de sus perse- 
cuciones y cadenas. Pues en memoria de aquel 
siceso, y en símbolo de sus actuales condiciones, 
¿quién no ve cuánto le convenga el don que la 
rinventud de Italia le prepara de n\\ fac-simile eu 
o '0 de las cadenas de S. Pedro? 

Esperamos (|ue el fin j desenlace de la actual 
prisión de Pío IX en el Vaticano, no debe ser 
cjmo el de S. Pedro sacado de la cárcel de Ro- 
ma para, ser llevado al martirio, sino como el 
otro del mismo libertado milagrosamente de la 
cárcel de derusalen, por un ángel alcanzado por 
las oraciones de la Iglesia. Y así como enton- 
ces, toda la Iglesia rogaba por la libertad de S. 
Pedro, así mismo ahora ruega la Iglesia entera 
])or la de Pió IX. Y nosotros debemos unirnos 
con los demás católicos en espíritu, y aumentar 
el fervor y las súplicas en ocasión de ese Jubileo 
J'Jpiscoijal de nuestro Padre y Pontífice Pío IX. 
Cnanto menos podemos concurrir de oti'a mane- 
ra, tanto mas hemos de acudir á la oración, para 
alcanzar de Dios, (aunque para ello sea necesa- 
rio obrar un milagro) (jue devuelva á Pío IX la 
libertad, como lo hizo con S. Pedro, para el bien 
de su Igh s'a y de nuestra santa Religión. 



Porqué el error wíí «xíieiiíle iíi?^s que hi 
yei'dad. 



La ventaja que el error lleva á la verdad en 
el número de sus secuaces es uno de aquellos 
hechos ;pie suelen aturrullar y aun escandalizar 
á las personas (pie, contentándose de mirar la 
supeíaicie de las cosas, no se esl'ucrzan de cer- 
ciorarse de sus cansas. Cuando contemplan el 
mundo las tales personas, y ven á la mayoría 
del género humano bajo la bandera del erroi-, 
pueden sentirse tentados á dudar de la fuerza de 



=S0- 



la Verdad, cuyos (loiuiíiios, cotejados con los del 
error son excesivamente nuls reducidos. ¿Cómo 
se explica, dicen, esa inlerioridad de la Verdad? 
'¿No es acaso mas poderosa que el error? ¿No 
es mas bella y encantadora? ¿No tiene ú Dios 
por sí? ¿Cuino es, pues, que deja ejercer al er- 
ror tan dilatado dominio? 

No es difícil responder á esas preji'untas. La 
fuerza de la Verdad es infinitamente superior á 
la del error. Jlellexiúnese, sin embargo, que su 
acción sol)re la mente humana no es mía acción 
violenta. La voluntad de Dios es que la Ver- 
dad sea abrazada por todos los hombres, pero no 
á la fuerza. Propúnela, añadiendo á su propo- 
sición grandes promesas de premios para los que 
la reciben, y amenazas de horribles castigos pa- 
va los que la rechazan; pero después les deja es- 
coger libremente. Puesta esa libertad de esco- 
ger, parece (jue ni un solo instante deberian va- 
cilar los hombres en mostrarse partidarios de la 
A'^erdad. Encantan sus actractivos, las ventajas 
(jue presenta son evidentes. La verdad es luz, 
el error tinieblas. La Verdad es hija de Dios, 
el error j)arto del padre de las mentiras. La 
Verdad es inmudable, el error muda siempre. 
La Verdad ennoblece y satisface el alma, el er- 
ror la envilece y desasosiega. Muy cierto es eso 
y mas todavía. Pero también es la Verdad e- 
ncmiga de las pasiones del corazón humano. El 
hombre está, pues, en la forzosa alternativa de 
sacrilicar 6 sus pasiones 6 la verdad. Aceptar 
la verdad á despecho de la rebelión de las pa- 
siones, u dcsjiecho de las lisonjas del mundo, á 
despecho de tothi consideración humana seria de 
seguro acción digna de la admiración y de las 
alabanzas de cuantos aprecian el valor moral, el 
sacrificio de sí misino y la grandeza de espíritu. 
Pero, por gran desdicha, los (pie tal alabanza 
merecen son relativamente pocos. h]l número 
sin número es de aípiellos (jue sacrifican la ver- 
dad á sus pasiones. Además los propagadores 
del error tienen muchas ventajas sobre los apos- 
tóles de la verdad. No huyen de ninguno de los 
medios (pie puede ayudarlos en sus empresas. 
Sin rebozo, echan mano del engaílo, del fraude, 
del ardid, de la jaliininia, segiin lo j)ida el caso. 
Los a|)ústoles de la verdad, al revés, deben li- 
mitarse ií solo los medios honestos y lícitos. A- 
demás vense ¡í menudo reprimidos j)or los parti- 
darios del error con las leyes, con la cárcel, con 
el destierro, con la muerte misma. Su acción es 
por tal modo destrozada, al paso (pie adelanta 
l:i (1(> los propagadores del error, recibiendo o\ 
apoyo (le las leyes y el eslímido de los (Miiolu- 
meiilos y alabanzas. La j)r()pagacion del error 
no es. pues, una prueba de la debilidad de la 
verdad, sino de la malicia de los hombres. 

Con todo, no hay (pie (lesapr(>ciar el buen éx- 
¡■(o de la, verdad. K\ ovvov, sieinjjre ruidoso y 
amigo (le pregonar á son de tropipela sus ala- 



bLinzas, puede fácilmente engañar á los incautos 
)ersuadi(5ndoles (pie sus triunfos son mayores d(i 
o que mn i'ealmente. La verdad, al contmrlo, 
siempre modesta, }' esquiva de los vanos aplatl* 
sos, obra en el silencio y en la humildad; que« 
dando apí desconocida lluicha parte de sti traba* 
jo. Muchas de sus hazañas son sin embargo he- 
chos hÍ3tc)r¡(30S; y conu'cese su influjo en no ha- 
ber podido el error emj)añar sn brillantet^. ni 
atnjai' sUs adelantos. En los tiempos antiguos 
el mundo entero, á excepción del pueblo Judío, 
estaba sumido en la idolatría. Entonces habia 
llegado el error á su apogeo. Si jamás hubo 
tiempo on qtit' la Verdad podia ser aplastada, fué 
ciertamente a(iuel. Y sin embargo cabalmente 
en aquel tiempo sülVió la Verdad á una guerra 
destructora contra el error, con tal resultado que 
pudo erigir ,su tronr» sobre las ruinas del despe- 
dnsíado t^olio del paganismo. Establecida la 
Cristiandad, desplegaron contra ella su poder 
el cisma y la herejía, mas solo le dieron nuevas 
oportunidades de nuevos triunfos. Vino enton- 
ces aquella luenga serie de terribles persecu(íio- 
nes con las que tentaron los Emperadores Rü= 
manos anegarla en un diluvio de sangre, pero 
que solo sirvieron para darle mas lustre. Vino 
luego el Mahometismo; luego la invasión de 
los Bárbaros; luego nuevas herejías y cismas ¡ 
luego el Protestantismo con su infinita variedad 
de doctrinas, de las que, por consecuencia legí- 
tima, mancj la infidelidad, el indiferentismo y el 
materialismo de hoy dia. En tantos encuentros 
mantuvo su terreno la Verdad. Si perdió a mu- 
chos secuaces, apenas fué de lamentar tal pérdi- 
da. Los desertores fueron invariablemente 
hombres de corazón corrompido; al paso que to- 
dos los hombres honrados y justos permanccian 
á sn lado, firmes hasta arrostrar la muerte. Mas 
el triunfo final de la Verdad todavía no ha lle- 
gado. Llegará cuando 'se levantará Dios para 
castigar la tierra y destruir en ella á los pecado- 
res;" cuando "todo error se habrá disipado;'' 
cuando se vengará Dios de los que menosprecia- 
ron la Verdad; cuando los falsos dioses, las fal- 
sas religiones los falsos sistemas de filosofía v de 
política serán para siempre jamás confundidos y 
anonadados. 

El error, bien (pie tan ámi)liamente propaga- 
do, no es nada [)ositivo; es simj)lcmente la ne- 
gación de la Verdad. Como las tinieblas son la 
negación de la luz; el frió la negación del calor, 
así el error es la negación de la Verdad. Pe- 
ro no pudiendü el hombre hacer descansar 
su mente sobre meras negaciones, acontece á 
menudo que tomando una verdad general la cor- 
romi)e des})ues ó la mutila para hacerla servir á 
sus fines; 6 construye encima de ella un lasti- 
moso sistema de errores, Así los Refi^rmi'dores. 
como los llaman. ton)aron la líiblia pjiai libro 
inspirado. pero.so'^í>o las palabras de aqnoj jibro 



-8Í- 



ediñcaron una Babilonia de confasion doctrin;!!- 
Así los gentiles reconocieron la verdad de la 
necesidad de la religión, pero levantaron sobre 
esta verdad los mas absurdos sistemas de crdto. 

La falta de un sólido fundamento en que es- 
tribar hace al error necesariamente variable. 
Como el Proteo de la fábula, el error muda' cons- 
tantemente. Cada dia toma nuevas formas, y al 
revés de la verdad que es sieni{)re la misma é 
inflexible, toma con la mayor presteza cualquier 
aspecto le den sus [)artidarios. > La instabilidad 
del error es prueba irrefragable de (pie no da 
satisfacción ninguna á la mente humana, la cual, 
hecha por la verdad, apetécela siempre instinti- 
vamente y no hallando satisfacción en un punto, 
se vuelve a otro, y después á otro; maridiaiido 
así de sistema en sistema, y de error en error in- 
deñnidamente, á no ser que acabe con rechazar- 
lo todo, excepto su pro[)io ¿/o. 

Y eso no obstante la mayoría de los houibres 
prefiere el error ;( la verdad; y, lo qne es peor, 
tan apegados le están <pie se irritan y aun jno- 
rumpen en amenazas cuando almas generosas se 
ofrecen á libi'arlos de su nsísero estado, y lle- 
varlos de las tinieblas en (pie andan per^lidos á 
las relu-.'ientes regiones de la Verdad. Así la 
mayor parte del género humano vive en una ce- 
guedad voluntaria, en la ignorancia de la ver- 
dad de Dios, en la ignorancia de su prOj)io ori- 
gen y de sus futuros destinos. Vastas naciones 
hay que no poseen de la verdad mas ¡pie- unos 
fragmentos desfigurados y pervertidos. En me- 
dio de ese lóbrego caos hay sin emt);,rt-goun jmn- 
to lúcido, donde |)uede ser hallada la verdaid en 
su totalidad y entereza, y en el mas luminoso 
fulgor de sus r(>splaiid(n-es. í^se punto es la I- 
glesia Católica. Afpií y aijuí sol») de[)0sitó IJios 
su Verdad, y aquí ddxMi allegarse los hombres 
si desean que en su caníiuo liácia la etci'uiilad 
sea su guia la verdad y la verdad única y seda. 



Fontiíií'íuloy iMiierte úe 8« Pcdi'e c-ií iloir:ii. 

La fiesta, que la iglesia va á celebi-ar en el 
])róximo dia 22 de Febrero de la Cátedra de 6'. 
Pedro en, Aidioqii'a, n^is da motivo de volver so- 
bre la cuestión c¡ue principiamos á tratar de la 
supremacía de San Pedi-o y <k- los iion.ianos 
Pontífices sus sucesores. Los que la niegan ha- 
cen valer el ai'gumento, de que S. l^edro no fué 
Obispo de Poma, sino solo de Antioquía ca{)ital 
de la Siria. Otros ni'\L-'an aun Imber él jamás 
estado eu Poma, y muchoiuenors haljcr mnei'tv) 
allí. Que S. Pedro haya sido Obispo de Antio- 
quía primero, no lo negamos: es lum verdad (pie 
se halla comprobada por auioreetan i'es|)eíab!es, 
<'omo OrígíMies, ^]usebii). S. Jerónimo, y S. Juan 
(h'isí.>stoai!), y í)or (oda la, mas:i!iíigna Iradiciim: 
j)ero sostenemos igualrneiite que; (d Sto. Apóstol 
dejó después ívjiiclla. Silhi, y fué Á establecer la, 



suya en Roma, donde murió dejando herederos 
de su Cátedra y autoridad á los Romanos Pontí- 
í'ices que le debian suceder. La su])remaeía 
pues de estos, se funda bajo un respecto sobre 
una condición indisj)cnsable, una verdad ó he- 
cho de la historia, que San Pedro haya ido á 
Roma, establecido allí su Silla, y muerto en a- 
quella ciudad. Lo cpie a'unque sea por anticipa- 
ción, vamos á ver ]:)re veniente. 

Esta vci'dad, para hablar francamente, está 
tan bien probada que quererla negar, es querer 
cerrar los oj()s á la evidencia de la historia. La 
muerte de César, el imperio de Augusto, ó las 
victorias de Constantino, cosas que todo el mun- 
do cree y admite como verdaderas, no se pue- 
diMí establecer con mas fuertes argumentos (pie 
la ida, Pontificaio y muerte de San Pedro en 
R )ma. Así es ([ue por el discurso de trece si- 
g'os enteros, j:\mas cayó en el pensanúento de 
li )mbre cuerdo poner en duda una cosa, tan cier- 
ta. La loca idea de negarlo no principió á bro- 
t.!r sino en la cabeza de los herejes mas moder- 
nos. Marsilio de Padna, uno de los ])redecesores 
(]{} los Protestantes, fué el primero que en el si- 
glo XIV se lo jiuso en duda: y da cosa pareció 
tan extraña, que él quedó sclo con esta oíiinion, 
y ninguno mas por otros dos siglos tuvo valor 
de seguirla. Cuando Lulero levantó la bandera 
de rel'clion y de guerra contra la Santa Sede, 
algunos novadores resucitai'on la idea de Marsi- 
lio, y como ellos atacaban directamente la asito- 
ridad d,el Pontífice Romano, creyeron que la 
echarian j)or tierra, si podian negar que S: Pe- 
dro habia estado y muerto Obispo de Roma, del 
cual siendo sucesores los Pontífices Romanos, te- 
nian aquella autoiádad. 

l^jii verdad, muchísimos entre los Protestantes 
V aca-o los mas sabios é ilustres pensai'on no ¡)o- 
der negar de ninguna manera este hecho de tan- 
ta importancia, como de tanta (ividencia históri- 
ca. Latero y Cal vino, rpie fueron los [)rinci])a- 
les aut.oi'cs de la Refinana lo admitieron: \ entro 
los demás citaremos unos cuantos. Cave, Pear- 
son, Ushei-, Yonng, JViondel, Plammond, (Irocio, 
Scaligi^ro. Kipoiiig, Leclerc, Basnage, Isaac New- 
ton, Leibnitz. Oasaubon, los Centuriadores de 
Magdebnrg, Ciiainier, Junio, Papio, ííigio, y en- 
tre los mas modernos Schr(í>kli, Ikirthoh.lt, Nean- 



tV)llu y Oiescler. Lodos esos son muy fa- 



ñosos entre los Protestestantes lutei'anos, eal 

mo hi 
edro h;i residido \ 



vinistas, y anglicanos, y han adndtido como hi:- 
lóricamente cierto (Uie San 
iiiücrlo en Roma. 

La causa d.ebia parecer desesperada, y haber- 
se aba.ndonado como decia O roció desde su tiem- 
¡) ). Pei'o ¿(jué cansa por d.esesperada <jue sea no 
se pretende poderse dei'emler, (auimh) sobr(> todo 
i)uede ser útil á los iniei'cses de algrino'!" V así 
es ({ue ii(>y diia, mmdios niegan aun ha.iier jamáis 
puesto San Pedro el pié en Roma, 6 hal>er sido 
Ubuspo de fnpiella ciudad, ó haber niuerto eu 



82- 



nriTirn "aatH 



ella. Sacaremos de las obras de los PP. Perro- 
iie y Suiij^iunelti S. J. y Ti-aina algunos argumen- 
tos en [)i-uel)a de nuestra opinión, los cuales por 
ser casi innumerables, los reduciremos ;í algunas 
categorías, 6 clases. 

iV la ])rimera clase pertenecen las autoridades 
de los antiguos Padres de los primeros siglos. 
CitauKJs solamente los de los i)rimeros tres ó 
cuatro siglos, portpie como aíjuellos personajes 
eran mas cercanos á los tiempos en que vivió S. 
Pedro, hablan de conocer mejorías cosas, y por- 
(pie los })()sieriores se deben haber fundado so- 
l)ro los antiguos. Kilos son S. Clemente discípu- 
lo y sucesor del mismo S. Pedro, tí. Ignacio de 
Antioipiía contempíjrúueo del mismo Sto. Após- 
tol, San Papía de Hiera'polis, }' discípulo de San 
Juan Evangelista, todos del primer siglo. Son 
del segundo siglo San Dionisio de Corinto y San 
1 renco. Del tercero, Clemente Alejandrino, 
Tertuliano, Orígenes. San Pedro de Alejandría, 
Cayo Presbítero de Ponía, S. Cipriano, Firniilia- 
110, Pierio AlejandriiKí, S. I[)(ililu de Porto. Mu- 
chos mas tenemos en el cuarto, entre ellos Ar- 
nobio, íja:'tancio, Taisebio, I']iitropio, Filastrio, 
los Santos Ataiiasio, (-irilo, 0|)tato, Epilanio, 
Ambrosio, Jerónimo. (í regorio Nacianceno, Juan 
Cris()stomo, I^rudencio, Diaconcio, etc., cuyos tes- 
timonios s(> hallan en los libros mencionados. 
¿.Vhora (juc mas se quiere? ¿No es arrogan- 
cia decir (iiic todos esos se han engañado y nos 
han engañado, a íi miando una cosa falsa ,y sin 
¡■iiiidameiilo? ¿San Clemente será un falsario, S. 
Ignacio, Papía, y los demás? ¿y por qué? ¡Por- 
((ue ¡í algunos no les viene bien que San Pedro 
haya estado en Roma! 

Segunda clase de argumentos, son los sacados 
de los catálogos de los Papas, cuantos hemos re- 
cibido de la mas remota antigüedad. Pastos ca- 
tálogos son de dil'erentes autores y de diferentes 
épocas, y todos principian con S. Pedro Após- 
tol la serie d(! los Pontífices Ilomanos. Ilállan- 
se citados en los mismos autores. 

La tercera clase se saca de los recursos y a- 
j)elaciones, (pie en controversia de fé 3^ discipli- 
na, se han llevado, desde los primeros tiempos y 
de todas partes, á Poma como á la Sede de San 
Pedro y sus legítimos sucesores. Así S. Poli- 
carpo fué á conferir en Roma con el Papa Ani- 
ceto; S. Dionisio, S. Atanasio, S. Eustasio ape- 
laron á Roma. Hasta los mismos herejes ape- 
laban á Roma para alcanzar, si hubiese sido po- 
sible, la aprobación de sus errores. Y así en 
los licnipos modernos lo hizo TiUtero. \ iii'tese 
(]iu' lio se apelaba á Roma, como á un Obispo 
(le una ciiidail principal, sino como á la Sede de 
S. i'edro, como al Obispo Apostólico, y sucesor 
de San Pedro, en (|ii¡en vivia y pei-severaba la 
autoridad del misino, segiiii se echa de ver de 
las íormiilas y deiioiiiiiiaci'»nes usadas jior los an- 
tiguos autores. 

Una enalta clase de pnieb^sse suca de lus pC' 



merías que desde los pi-imeros tiempos se han 
dirigido á Poma, para venerar el sepulcro del 
Sto. Apóstol. Lo (jue se cuenta de S. Justino, 
Lenco, Orígenes, Degesipo, etc., y de los Santos 
^íárti res, diario. Marte, Audiface, Abacum, Pater- 
no y Zoé, y cabalmente de Roma vino el nombre 
de romerías, ú otra semejante en otras lenguas. 
A estas romerías se deben añadir las oblaciones, 
dones v rcualos como de tierras, proiiiedades v 
otras cosas semejantes, que se hacian áS. Pedro, 
de (piien tomaron los nombre?, como las Justi- 
cias de S. Pedro, el I*atrocinio de San Pedro, el 
Estado de S. Pedro. 

r-']n fin la (|uinta clase de argumentos son los 
monumentos de Roma antigua y moderna. En 
Roma casi no hay piedra, que no hable de San 
Pedro. Del Letran al Vaticano, de las Cata- 
cambas de Santa Inés á las de S. Sebastian, toda 
la ciudad está llena de memorias, conservadas 
por la tradición, veneración y respeto de diez 3- 
ocho siglos, (juc testifican y recuerdan sea la ida, 
sea el Pontificado, sea el Martirio de S. Pedro 
en Roma, y mas elocuentemente de lo que la.s rui' 
ñas del Palatino y del Foro atestigüenlas de los 
antiguos Césares. A estos monumentos perte- 
necen tantos sarcófagos, vidrios, mosaicos, pin- 
turas, epígrafes, imágenes y cosas semejantes, 
que contienen infinitas veces, el nond)rc, una fi- 
gura ó una alusión de S. Pedro. 

Pero entre todos los monumentos es famoso el 
Sepulcro de S. Pedro en Vaticano. Til Papa A- 
nacleto, uno de los primeros sucesores de San 
Pedro fabricó sobre su sepulcro ima inonoria, 
esto es, un pequeño templo, que Constantino el 
Grande cambió en la famosa l)asíl¡ca Vaticana. 
Además en las raices del monte Quirinal queda 
el palacio del Senador Pudente, cambiado en I- 
glesia, donde vivia: en el Aventino y Cemente- 
rio Ostriano se venera el lugar en donde bauti- 
zaba: á los pies del Capitolio la Cárcel Manier- 
tina, ahora Iglesia en la cual estuvo encerrado; 
sobre el monte Janículo el lugar de su martirio, 
y en fin en la líasílica Vaticana, su Cátedra y su 
cuerpo, y en la de Letran su sagrada cabeza. 

Nos parece, pues, que cual(]U¡er hombre cuer- 
do 110 puede razonablemente negar ninguna de 
esas tres cosas, (pie haya estado en Roma, que 
haya i)uesto allí su Silla, y (pie haya sufrido allí 
su glorioso martirio. Por los argumentos aduci- 
dos se prueban una ú olra\' por algunos lastres 
cosas indistintamente. A las cuales hay que a- 
ñadir otras innumerables, ó mejor innumerables 
clases de otras, (pie se sacan igualmente de toda, 
la tradición, y muestran (pie la Iglesia entera y 
siempre ha reconocido en los Pontífices Roma- 
nos los sucesores del Príncipe de los Apóstoles, 
y los herederos de su sniv.-ema autoridad. Seria 
menester escribir libros enteros para (^^xponer 
todas estas, y (piizás en otras ocasion^%s( las inn-< 
nifcsta remos aumpie ,'^ea brevemente. 



-83- 



DEL INFIERNO AL PARAÍSO. 



( Continuacmi — Pátj 71-72 J 

— Tan segura como en la iglesia; y además estoy 
aquí yo y ninguno (y tomando un morillo del hogar 
que mas parecía una barra de hierro la blandió con 
aire amenazador) aunque vinieran siete ... yo os lo a- 
seguro . . . dormid tranquila. 

— Dios recompense vuestra generosidad, pues os 
debo la vida y el alma. 

Descolgó la molinera un candil que del techo colga- 
ba, le despabiló con los dedos, encendió otro y con- 
dujo á su huéspeda por una escalerilla do madera á la 
estancia superior, cuyo pavimento era de tablas de 
castaño tan mal unidas que por las junturas se tras- 
lucía el fuego de abajo, el techo aunque bien trabado 
y sólido, de bálago, la ventana con papel untado de 
aceite en lugar de vidrios, la cama un gran jergón 
bien relleno de hojas de maíz con limpias sábanas, 
aunque todavía conservaban el tasco, porque la bue- 
na molinera las sacaba de su arca aquella noche por 
Erímera vez, y por último en derredor sacos de grano , 
arneros y zarzos para secar frutas. 

Quedó sola Matilde y no se causaba de examinarlo 
todo minuciosamente acercando la luz casi no atre- 
viéndose á dar crédito á sus ojos al encontrarse tan 
de improviso trasladada de un fingido palacio de Ba- 
bilonia á una verdadera choza de un aldeano. Un 
mar de reflexiones surgió en su imaginación; pero dió- 
las de mano á todas para dirigir una fervorosa oración 
á una Kuestra Señora de Fourvieres que colgaba en 
una pared, y reclinóse en el lecho, donde disfrutó de 
unas cuantas horas de sueño tranquilo y reparador. 

Todavía no despuntaba el alba cuando Matilde y la 
molinera llegaban á las puertas de la ciudad. La 
nueva lugareña llevaba en la cabeza una espuerta de 
legumbres y ristras de ajos que colgaban por los la- 
dos, y sosteníala con una mano mientras con la otra 
se recogía la saya, caminando tan lista y desenfada- 
da, que no parecía sino que toda su vida la había pa- 
sado en aquel oficio, por lo cual no llamó la atención 
de los guardas de consumo. 

Esperábala en la puerta de su casa la condesa de 
la Riviere quien proyectaba salir cuanto antes de la 
ciudad, acompañada de varias doncellas de su ser- 
vidumbre, esperando que entre ellas seria á Matilde 
mas fácil escapar; así que, al verla llegar, sin partici- 
par nada á los criados, guióla á la estancia, la abrazó 
y mudó ropas, aconsejóla con ternura maternal y dig- 
nidad cristiana y terminó animándola y afirmándola 
que en su castillo estaría tan segura como en la forta- 
leza mejor defendida, por lo cual se dispusiese á par- 
tir con ella en seguida en calidad de camarera, pues 
así estaba anunciada á la servidumbre, y que, á pesar 
de la confianza que la merecían y de la ignorancia en 
que estaban del asunto las demás servieloras, no ha- 
blase con ellas demasiado, sino que se hiciera pasar 
por una doncella del ¡Franco Condado admitida á su 
servicio. 

Tranquilizaron tan afectuosos discursos el corazón 
de Matilde quien se consideró al fin salvada y en com- 
pleta paz; pero, á pesar de Cotar mas inmediato de lo 
que ella pensaba el puerto de salvación, que Dios la 
destinaba, no era este sin embargo la casa y compa- 
ñía de la condesa de Rívíero. 



XI. 

CONSB-JO DE GUEnifA. 

Mientras esos acontecimientos so realizaban en el 
molino y en el palacio, imagínese el lector lo que de- 
bía suceder en el teatro, el furor, los acuerdos y reso- 
luciones del autor de la compañía y de los actores al 
cerciorarse de la desaparición de Matilde que referi- 
mos sumariamente volviendo al momento en que lo 
dejamos. 

Estábase á mitad del primer acto: los espectadores 
esperaban la salida de Matilde y circulaba ya por to- 
do el salón el rumor de: "Ahora va á salir la reina," 
cuando el traspixnte afanado golpeaba los bastidores, 
atropellaba los circunstantes y corría de uno á otro 
lado llamando: 

— ¡Semíramis! . . ¿Dónde está? Que hace falta . . . 
¡Pronto! . . ¡Semíramis! El diablo. . . 

El apuntador desde la concha llamalia también y 
á fuerza de inventar diálogo para entretener la esce- 
na no sabia ya qué hacer ni qué decir; los actores se 
confundían y turbaban, y Rumph, que esperaba sa- 
car de aquella obra honra y proveclio, recorria el es- 
cenario con los ojos fuera do sus órbitas y voceando 
con acento enronquecido por la cólera. 

— ¡Semíramis! . . ¿Dónde está? ¿Qué mil diablos ha- 
ce? ¿Dónde está metida? 

Empero sus frases y voces se perdían, fué preciso 
echar el telón y devorar los insultos y rabia del pú- 
blico que se encontraba burlado en lo mejor de la re- 
presentación. 

Sin avisarse y ca.~i sin advertirlo halláronse reuni- 
dos los comediantes en el escenario, acabada la confu- 
sión de los espectadores y desocupado 5'a el teatro, y 
era de verlos paseando ó apoyados en los bastidores, 
unos en traje de teatro, otros á medio desnudar y 
otros vestidos ya con sus ropas; pero todos animados 
por el despecho, con los rostros encendidos por la có- 
lera, excepto Rumph á quien el exceso de la ira ponía 
lívido, espumante y tartamudo. Al principio de; lá 
consulta todo eran exclamaciones ya de furor, ya de 
asombro y duda. 

— Estaba aquí ahora mismo, decía un consta: la vi 
3'o con el traje y el manto, ¿cómo diablos puede eva- 
porarse tan de repente como el humo? 

— Yo no me moví de mí puesto, replicaba el porte- 
ro del pasillo, y juro que por la puerta no pasó. 

— Entonces, como no se haya remont.odo por los ai- 
res, decía otro, no sé, porque las demás puertas están 
cerradas con llaves y cerrojos. 

—¿Y por las ventanas? 

— ¡Buenas y gordas! Las del piso de bajo tienen ro- 
jas como las de ima cárcel y las otras están á tal al- 
tura que se rompiera la cabeza un corzo cuanto mas 
una mujer. , . 

— Además que todas están cerradas con pestillos: 
las acabo de examinar ahora. . . 

— Do todas suertes, terciaba otro con rudeza, lo 
cierto es que no está ahí, que ha tomado las de ViUa- 
diego, que se escurriera entre la gente, que se convir- 
tiera en humo ó que so remontara como las brujas ca- 
ballera en una escoba, el resultado es idéntico; y pa- 
réceme que en lugar de cavilar cómo efectuó la eva- 
sión, seria mejor discurrir el medio de sacarla de 
donde esté y volverla á la compañía. Eso es lo que 
urge. 

— Pero ¿dónde está? Ese es el busilis. 

— Poco tiene que adivinar: será lo que suele suce- 
der. Se habi'á alargado con algún calavera que la o- 
frecería vida nn\s cómoda y tal vez á estas horas irán 



-Si- 



á mata caballo. Lo qiu; importa, en un couct¡)to, es 
dar parte cuanto autes al alcalde. 

Mo atrevo á asegurar sin recelo de equivocarme, 
auadia otro que se tenia por mas listo que los demás, 
(¡ue el autor de la fechoría es cierto baroncito ([nc 
desd(! <]ue llegamos ;í esta población la rondal)a sin 
cesar y pascaba su calle tosiendo, taconeando, ¡niran- 
do tí sus ventanas y comiéndose los puños de sus bas- 
tones. 

Escuchaba en silencio y como distraído todos aque- 
llos discursos el autor de la compañía que era un con- 
sumado bribón, y por iin dijo atusándose los bigotes; 

--Parecías una cuadrilla de locos á cual más char- 
latán. El hecho es que s(> larg('); poco importa saber 
por dónde ni cómo. La causa de su fuga es que es- 
taba causada del teatro y poseída de una manía san- 
turrona; me consta: por tanto estoy seguro de que á 
estas horas se halla oculta en el agujero de alguna 
sacristía ó en casa de cualquier vieja beata que la le- 
vanta de cascos. 

■ — Vos estáis en lo cierto, maestro Samuel, respon- 
dieron varios. 

— Eso es sin duda, añadieron otros. 

— Esas santurronas, prosiguió Rumph, son el dia- 
blo en cuerpo y alma; pero á mí no me intimidan to- 
dos los demonios del infierno y la encontraré, porque 
una mujer no es un juguete que so guarda en el bolsi- 
llo, ni Kiom es Babilonia. No pasaní el dia do hoy 
sin (jue yo registre cuantos escorulrijos á propósito 
])ara ella existan en la ciudad, }• si aquí se halla cae- 
rá sin remedio entre mis uñas. Una v'ez atrapada es 
mia, porque me asisten cien rail derechos, el contrato 
está vigente y la haré entrar en razón de buen ó mal 
grado delante do los tribunales. ¿Estáis dispuestos á 
ayudarme? 

— Sí, sí, clamaron todos á un tiempo. 

Ordenó en seguida las patrullas, señaló á cada cual 
su puesto é instruj'óles de su cometido de suerte que 
aun no clareaba cuando los lebreles . dé Sanniel 
Eumph recorrían las calles de la ciudad, informándo- 
se de los aduaneros si durante la noche habia salido 
por las puertas algún carruaje, y sabedores de que 
no, diéronse con mayor afín á escudriñar todos los 
rincones de la ciudad. La pobre viuda que hospeda- 
ra á Matild(! tuvo una gran reyerta con llumph mis- 
mo, q\üen presenbíndose colérico en su casa ai'guyóla 
de acoger y proteger á los seductores de Matilde y de 
que allí estaba concertado el plan; pero Susana acer- 
tó á discidparse con habilidad diciendo que en su ca- 
sa nadie sino él y Mati]d(> entraran y ])or édtimo que 
una ve/ reclamada jior él la actriz y estando á su la- 
do, á él l(í tocaba vigilarla y no le reconocía derecho 
alguno para exigirla responsa])ilidados. 

liogistraron (nnintas fondas, posadas y casas de 
huí'spedcs existiau en Kiom: derramaban el dinero, 
])rometian, amenazaban á los do fuera entraban en 
la ciudad: preguntaban á los criados, interrogaban á 
los vecinos si oyeron durante la noche ruido (le puer- 
tas, do pasos acelerados ó dií carruajes: buscaban, en 
Hn, (mantos indicios h-s ocui'i-ian sin detenerse en los 
medios, como si estuvieran autorizados por un real de- 
creto para examinar á todos los habitnntes do la po- 
blación. No faltó, sin embargo, un chismoso (que 
si(íiiq>r«! abumlan)., que so acércala ,í Sanuiel dicién- 
dohí (>n conllanza (pus si la. aclriz no estaba fuera de 
Riom sin duda s(« hallaría oculta en casa de la conde- 
sa de l;i Uivierí!, pues, aun(]ue lo ignoraba y no ])oseia 
datos para asegurarlo, conocía ([ue n:idi(\ t^xcepto a- 
qut>Ua dama beata y de grandes intluencáas, se atre- 
verla ;í ocuUar, faltando á las hiyes, á una nmj(<r (]ue 
l)ertenecia á la compañía por tantos y tan poderosos 
títulos. 



Samuel no esperó á que se lo repitieran, y media 
llora después hallábase con los más decididos de su 
cuadrilla al pié de las ventanas del palacio do la con- 
desa. Durante el trayecto desde el teatxo al palacio 
esparcióse la voz, como sxicede en casos análogos que 
todo se comenta, de que los alguaciles tenían orden 
de hacer una prisión importante, y aquel rumor atra- 
jo en pos de los comediantes á todos los vagos, cu- 
riosos y desocupados que circulaban por calles y 
plazas. Los recien llegados i)rcguntaban: 

— ¿Qué es eso? ¿Dónde van? 

Como se deja comprender las respuestas do la mul- 
titud eran á cual más desatinada, exagerada, increí- 
ble, si bien todas recaían en el mismo objeto, verda- 
dero en el fondo, á saber: que la actriz que en la no- 
che anterior huj'era del teatro estaba refugiada en el 
palacio de la condesa 3' que los cómicos iban resuel- 
tos á sacarla de allí á todo trance. 

Descansando estaba Antonio de la fatiga de la no- 
che precedente, pero su mujer tenia ya abierta la 
puerta de la fragua y cuando vio pasar aquella mul- 
titud voceando y agitada, enteróse de cuanto ocurría 
á tiempo que Antonio, despierto de imi^roviso por el 
ruido llamóla preguntando: 

— ¿Qué endiablado alboroto es ese? 

— Dicen, respondió la mujer, que van al palacio de 
la condesa, aquí cerca . . 

—¿Y á qué? 

Empero mientras eso ]n-egnntaba, ocurriósele lo 
que podía ser, y saltando del lecho pi'isose de prisa 
los calzones, colgóse la cliaqueta en el hombro y to- 
mando un grueso y nudoso . palo de espino, corrió á 
incorporarse con la turba para informarse detenida- 
mente del proyecto, y así que le averiguó, deslizóse 
por una callejuela de travesía, corrió á dar la vuelta 
y á pocos momentos se halló á l;i puerta de las ca- 
ballerizas del palacio por donde penetró resuelto á 
hacer una atrocidad si era preciso y llegaban á entrar 
los comediantes. 

XII. 

ÚLTIMO PELICilíO V ÍLTUrA SALVACIÓN. 

Presentaba en aquel momt-nto el palacio de la con- 
desa el aspecto de una fortaleza atacada por un ejér- 
cito enemigo: la puerta y ventanas bajas no solo esta- 
l.)au cerradas y atrancadas, sino hasta reforzadas con 
muebles para mayor seguridad, mientras que por la 
parte exterior los comediantes corrían de uno á otro 
lado arengando á la multitud que por momentos en- 
grosaba; sobre todo S:unuel era (piien con mas calor 
hablaba á los gru])0S exponiéndoles sus derechos que 
la turba aprobaba dándole la razón. Empero del di- 
cho al hecho media gran trecho, y asaltar el p;dacio 
ora (unpresa mas arriesgada que perorar en la plaza, 
porque sobre ser la posición y nombre de la condesa 
mas (jue suficientes para (]ue los nárase con resi^eto 
la gente m(>nuila, los mas atrevidos de entre los cir- 
cunstantes no d(^jal)an de abrigar sus rec(dos de que 
la servidumbre del palacio estaría bien armada, y 
por último deteníales y entil>íaba un tanto su osadía 
v\ temor de la justicia-, que en vista de lo que ocurria 
no i)odia tardar on ]n-es(>ntarse; así (]ue las palabras 
huevas abundaban, las amcMiazas eran terribles, pero 
los hechos no correspondían, y toda aciuella muche- 
dumbre p.irecia proponerse más bien iníumlir tem<u- 
(pi(> causar jierjuicio. 

{ íSe toiiliiinará.) 



FEKIOBÍCO 8EMANAL. 



Se publica iodos los Sábados, en Las Vegas^ N, M. 



Iiim. 8. 



24 de Febrero de 1877. 



NOTICIAS TEimiTOílíALES. 



j^'stevo Méjico» — Recibimos algunos detalles de 
la visita del Sr. Arzobispo en la Parroquia de Tomr, 
y de la manera casi triunfal con que Su Señoría fué 
acogido por esos feligreses. No. alabamos aquí el 
santo entusiasmo, y las muestras de veneración y a- 
fecto de los feligreses de Tome. Los heohos liabla- 
i'án por sí mismos. Muclio menos tentaremos de en- 
comiar el celo del Sr. Cura Párroco de esa Parroquia, 
el Kev. P. Ralliere. Baste decir aquí, que nada me- 
nos podia esperarse de una Parroquia de que el E. 
Ralliere lia sido Padre y Pastor por tantos años. 
Pues, el Martes 30 de Enero el Sr. Arzobispo después 
de celebrada la Misa y administrada la Confirmación 
en la Casa Colorada se dirigió hacia Tomé. "Apenas 
habíamos (nos escril)e nuestro corresponsal) hecho 
dos millas que nos encontró una escuadra de 2i0 
hombres á caballo, los que dispuestos en dos hileras 
acogieron al Sr. Arzobispo con un tríplice viva: y a- 
cercándose después al carruaje, besaron la mano á 
Su Señoría recibiendo en seguida su bendición. Lue- 
go se continuó el camino, dicha escolta precedien- 
do el carruaje; cuando al pasar delante de la casa de 
D. Manuel Atonio Otero viudo de la Sra. Dolores 
Chaves, cuya muerte fué anunciada por la Reo¡>^ía, el 
Sr. Arzobispo mandó que parase el cortejo, }- entró 
junto conmigo en casa para hacerle una visita de pé- 
same, y expresarlo ai mismo tiempo su dolor por la 
pérdida de una señora tan grande bienhechora de la 
Iglesia, y que habia edificado ia Parroquia de Tomé 
con sus virtudes de esposa verdadernnjente cristiana. 
Después de la visita continuamos nuestro camino ha- 
cia Tomé, Unos tres cuartos de milla antes de llegar 
á la Iglesia, el Señor Arzobispo fué encontrado 
por una larga y bien ordenada procesión compuesta 
en gran parte de mujeres, y de los hombres c^ue por 
falta de caballos no pudieron topar a Su Señoría al sa- 
lir de hi Casa Colorada. Todo este trecho de camino 
estaba ornado con hermosos arcos. Lo procesión era 
precedida por el pendón de La Inmaculada, rodeado 
de muchachos con banderas en mano. Segaia des- 
pués la pequeña charanga ordenada por el mismo P. 
Ralliere, luego los matachines graciosamente vestidos, 
que mientras marchaba la procesión iban bailando y 
y ejecutando sus graciosas evoluciones delante del 
carruaje del Sr. Arzobispo. A 1.50 yardas de la Igle- 
sia se apeó Su Señoría y bajo un baldaquino cuyas 
astas eran llevadas por cuatro caballeros de la Parro- 
quia, se dirigió á la puerta de la Iglesia, donde el P. 
Ralliere vestido de pluvial lo recibió. Rociado el piie- 
blo con el agua bendita según el rito de la Iglesia lle- 
gó el Arzobispo al altar, mientras que el coro canta- 
ba el Te Di'um con acompañamiento de órgano y 
otras instrumentos. Acabado el Te Deuiii, el Arzo- 
bispo echó su bendición al pueblo que se apiñaba en 
la Iglesia, y dio gracias á todos -por esta nueva mues- 



tra de amor y respeto háciasu persona. Al retirarse 
á su morada se paró á instancia del P, Ralliere en el 
patio del Convento, en donde D. Laureano Jaramillo 
pronunció un spccch en nombre do todos los feligre- 
ses; y tan caluroso fué, y tan expresivo de los senti- 
mientos de los que estaban presentes, que mereció 
los aplausos de todos, quienes confirmaron lo que 
dijo ese caballero con vivas entusiastas á Su Señoría. 
Este dio de nuevo gracias á todo.s, y mientras so iba 
á su cuarto un coro de jóvenes y do muchachas can- 
taba un magnífico ]^¡vaí 'pastor bnus con acompaña- 
miento de instrumentos. Estas demostraciones se a- 
cabaron con la dansa tan original y tan conocida do 
los matachines." 

En verdad que será para los ministros Protestantes 
que nos vinieron de afuera, trabajo muy pesado y 
muy largo el de arr,ancar la fé católica de los corazo- 
nes de los neo-mejicanos. 

^5?.2§ta S^'é, — Tenemos presente un prospecto pu- 
blicado por Ico Hermanes de la Doctrina Cristiana á 
fin de colectar contribuciones para la nueva fábrica 
del Colegio de S. Miguel en Santa Eé. So proponen 
los Hermanos, en lugar de ia casa, que sirvió hasta 
ahora de escuela y Colegio, la que estaba "muy lejos 
de responder á las necesidades del Territorio," de le- 
vantar una nueva casa "que reúna comodidades ca- 
paces de igualarla aproximadamente con semejantes 
institutos en otras partes de la Union." Este nuevo 
Colegio tendrá 160 pies de frente, 27 de alto con te- 
cho á la americana, y se calcula que la fábiica costa- 
rá 15,000 pesos. "Ahora bien, sin ayuda necesitariíiri 
ios Hermanos un período de ocho á diez años para 
poder disponer de una suma suficiente, que les per- 
mitiese emprender una obra de tal proporción." ¡Oja- 
lá! puedan los Hermanos conseguir esta ayuda: pues 
es del mayor interés para los padres de familia de 
Nuevo Méjico que se la proporcionen. Importa mu- 
cho, por razones que todos saben, que nuestros jóve- 
nes puedan sin salir del Terrilorlu gozar de todas las 
ventajas de una educación completa. 

I^ía. oSaiSBÍsíi, — El día 19 de Febrero murió Doña 
Guadalupe Ortia de Salazar, esposa del finado Dam; - 
sio Salazar, despuea de recibidos los consuelos de 
nuestra Santa Religión. Los amigos de la familia se 
asocian p?a'a manifestar su pésame. Mi. I, fi*. 

0í?i3ié* — Acabóse el Miércoles de Ceniza una m'- 
sion Cjue los Padres S. Personé y P. Tommasini die- 
ron en Ocaté. Ya de.'sde algan tiempo habian los Pro- 
testantes trabajado en ese país con los resultados a- 
costumbrados. Pero velando sobre aquella porcir n 
de la Parroquia de Mora el celante P. Gu érin poto 
daño podían hacer esos señores; los que, parece, no 
tienen aquí otra misión, sino de derribar sin co.istrui'', 
desarraigar la religión católica de los corazones de 
los mejicanos, sin poder implantar el Protestantismo. 
Durante la misión mostraron muy elarainente los ha- 
bitantes de Ocaté, que no les gustaba ni mucho ni poco 



S(^ 



el puro cvaiiijeliu de los Protestautcs. Todos sabe 
como la gente vive allí desparramada, y sabemos qué 
tiempo hizo desde el -i al li de Febrero. Pero nada 
pudo cnf.iav el santo entusiasmo de esos feligreses, 
ni entibiar su ardor para asistir ¡í los ejercicios de la 
«lision. El V. Persour la empezó solo, el 1 de Febre- 
ro. Yendo este Padre de Mora, fué recibido á 5 ó G 
millas por un gran número de gente á caballo: y lle- 
gando al S'iUtrc otro giupo de hombres que lo espe- 
raban fuerou á saludarlo. El 8r. D. Ignacio Valdés 
con esa hospitalidad de caballero y cristiano que to- 
dos conocen, ])uso su casa á disposición de los misio- 
neros. El Uíjmingo li, la Iglesia no podia contener 
la gente que liabia acudido hasta de 15 millas lejos. 
Por la tarde hubo una nevada muy fuerte, y el Padre 
creyó que tenia que interrumpirse la misión. Asi- 
mismo lo pensaba el P. Gu('"riu en Mora, el que se 
fué á Ocaté con la intención de llevarse al Padre. 
Mas, cuando vio que la gente acudia y asistía á los 
sermones con tanto empeño, á pesar délas distancias y 
del mal tiempo; mudó de idea, y mandó se continua- 
se la misión. El P. Tommassini no tardó en juntar- 
se al P. Personé, y con su ida los ejercicios tomaron 
nuevo aliento. Se predicaba dos veces al dia, al pa- 
so que lo restante del tiempo se oian confesiones. Se 
avisó en cuáles dias los Padres irian á las diferen- 
tes placitas; para jiroporcionar á los enfermos, y á los 
que no podian acudir de tan lejos, la ocasión de apro- 
vecharse de la misión. El ilitimo dia, el gentío fué tan 
grande que ni la mitad podia caber en la Capilla: tan- 
to que al distribuirse las santas cenizas el Padre tuvo 
que darlas desde una ventana á la gente que se api- 
ñaba afuera. Se hizo una procesión, se bendijo y le- 
vantó una Cruz en memoria de la misión, y como por 
la much( dumbre no se podia entraren la Capilla, los 
Padres, después del sermón de despedida, dieron la 
bendición papal fuera de la Capilla. Con la mas viva 
emoción recibió el pueblo en medio de los llantos los 
postreros avisos de los misioneros, y en seguida levan- 
tando la voz gritaron, "viva la Cruz," "viva la lleligion 
Católica." Hubo 950 comuniones y diferentes matri- 
monios arreglados; entre otros, dos que habia cele- 
brado el ministro Protestante. No hablaremos del 
enojo, que no pudieron tiisimular algunos protestan- 
tes de allí. Pues, si tanto les escuece una misión ca- 
tólica, ¿porqué no dan una misión protestante, ó como 
lo llaman un revical? Lo que nos parece bastante di- 
vertido fiu' que mientras se levantaba la Cruz de la 
misión, no faltó de entre aquellos sabios protestantes 
quien dijera: "Ahí va otra idolatría." ¡Vaya una sim- 
pleza! ¿Acaso no saben esos sabios, que los que les 
enseñaron el puro evangelio y los piirijicaron couvir- 
tii'-ndoles á su secta eran ministros Presbiterianos? 
Pues, vengan á las Vegas, y verán levantada á no sé 
cuántos i)i(''s una Cruz, que domina la plaza y el va- 
lle. ¿Salxni qué Cruz es esta? Es la do la ca})illa 
Presbiteriana, que al principio so llamaba />rí hjlcsia 
(le 1(1. HdJihi CfuzH! Es ignorancia ó hipocresía la 
que tanto indignó ó los Presbiterianos de Ocaté. 

Damos a(¡uí á conocer una falta cometida en el nií- 
jnero ))asado, anunciando la muerte de Doña Juana 
Yigil. Dijimos (pui habia dejado 75 bisnietos; léase 
en su lugar cinco. 

NOTICIAS NACIONALES. 



l<]s<a(los l'ili<l<»K. — Parece que va á veiiticarse 
todo lo que habíamos dicho y ])rovisto aquí en la liv- 
ris((i unos meses ha. Tilden habia sido elegido: si 
alguna duda ha cabido sobre esto, desaparece con lo 
que se reveló delante de los nimitrs en Washington. 



Pero I layes será Presidente. Ya la Florida y la 
Luisiana han sido contadas para él Cuanto á lo 
que llevábamos dicho, que no habría guerra por tan 
extraño resultado, io veremos también. Hay naciones 
como individuos que mueren por enfermedades agu- 
da.? en toda la lozanía de sus fuerzas: al paso que hay 
individuos y naciones que mueren consumidos por la 
vejez, ó por alguna enfermedad que se le parezca. 

<'olorii(lo. — Recibimos una carta de Conejos en 
que se nos da noticia de la fundación de una Congre- 
gación de Madicí Crialiaiías. No hay modo mas efi- 
caz para mantener la fe en el pueblo mejicano, y con 
la fé todos los demás bienes quede ella se siguen, co- 
mo el establecimiento de semejantes Congregaciones; 
y esperamos que nuestros lectores leerán con gusto lo 
que tuvo lugar en la Parroquia de Guadalupe de Co- 
nejos el 21 de Enero. La Congregación de las Ma- 
dres Cristianas tiene por fin principal la educación 
católica de las familias. Como allí la gente está bas- 
tante desparramada, y la Iglesia Parroquial aislada de 
las habitaciones, sé habia buscado un modo de jun- 
tar los niños é instruirlos en nuestra santa Religión. 
No era esto tan fácil, pero se contaba con la religión 
y celo de aquellos feligreses. Pues, el Domingo du- 
rante la Misa mayor un Padre junta los niños en la 
hermosa Capilla del Santo Niño, y allí les dice una 
Misa rezada, y los instruye en el Catecismo. El nú- 
mero de los niños desde Nov. acá fué tomando cre- 
ces, y no está lejos ahora de ascender á -40 y 50 cada 
Domingo. Considerando las circunstancias del lu- 
gar este número debe parecer muy considerable. 
Después de mediodía se juntan asimismo las niñas, 
las que llegan á 50 y 00 catla Domingo; y da mucha 
edificación ver entre ellas Señoras de las principales 
de la Parroquia, que acompañan á sus hijas, y asisten 
al Catecismo. Pero esta escuela dominical no podia 
bastar ni al celo acendrado de los Padres, ni á la pie- 
dad de los feligreses, ni á la necesidad apremiante de 
una educación cristiana. Se pensó luego ejecutar un 
proyecto que desde largo tiempo se maduraba y que 
parecía imposible efectuar visto lo desparramado de 
la gente, y lo aislado de la Iglesia Parroquial. To- 
mando ocasión de la tiesta de Nochebuena, el P. Su- 
perior de la residencia anunció á los feligreses su in- 
tención de fundar una Congregación de Madres Cris- 
t'uDius, cuyo protector seria el Sto. Niño, y cuyo fin 
fuera la educación católica de los niños. El mismo 
dia nnichas señoras expresaron su buen deseo de per- 
tenecer á dicha Congregación, y el número de ellas 
aumentóse cada dia mas, de modo que el dia de 
la inauguración, es decir el 21 de Enero, ascendía á 
41; y al presente ha llegado á 60. En dicho dia á las 
9 do la mañana las Señoras de la Congregación, des- 
pués de oída la Sta. Misa en la Capilla del Sto. Niño, 
y recibida la Sta. Comunión, a la que participaron 
muchos de sus esposos é hijos, llevaron procesional- 
mente la hermosa estatua del Sto. Niño á la Iglesia. 
A las 11.^ enqiezó la Misa mayor, y después de un 
sermón [¡ropio de la circunstancia, las Señoras i)OS- 
tradas delante del altar rezaron la fórmula de obla- 
ción, con la que quedaron miembros de la Congrega- 
ción del Sto. Niño. Acabada la Misa, se formó una 
procesión do niños, niñas y délas dichas Señoras pa- 
ra devolver á la Capilla la estatua de su divino Pro- 
tector. Esperarán sin duda los lectores de leer aquí 
las reglas y estatutos de dicha Congregación. Pero 
vemos con gusto que los fundadores de ella no caye- 
ron en el error común de (jucrer que la sociedad, co- 
mo si fuera de molde, tuviese desde su principio toda 
la perfección de que es capaz, con reglas, estatutos, 
provisiones para cualquiera caso, etc., etc. Las So- 



-87- 



ñoras de la Congregación no tienen por el presente 
otra obligación sino de juntarse cada 25 de mes para 
oir Misa y nna instrucción sobre los deberes de una 
madre ci'istiana. Por lo que tocan los estatutos que de- 
berán establecerse, lo sugerirán las circunstancias y 
el tiempo. El 25 de Enero hubo la primera reunión, 
y salió lucida sobre lo qne se esperaba; pues además 
de las Señoras de la Sociedad, acudieron otras Sras. y 
caballeros, de manera que la Capilla que es bastante 
amplia estaba aj^iñada de gente. — Estamos seguros 
que los feligreses de Conejos apreciai'án esta nueva 
bendición de Dios sobre su Parroquia, y no tardarán 
en ver los frutos de la nueva Congregación. 

ToJa.*ü. — Nos escriben de Refugio en Tejas, con fe- 
cha del 6 de Febrero: "El P. F. X. Weninger S. J. aca- 
bo ayer una misión que duró iina semana, á la Congre- 
gación Católica de Refugio. Aunque no hubo mas de 
tres conversiones de protestantes, un buen niímero 
de católicos, que no practicaban su religión, ha asis- 
tido á los sermones, y ha recibido los Sacramentos á 
los que no se hablan acercado por muchos años. Es- 
ta misión producirá sin duda frutos abundantes para 
esta Parroquia. 

Os'Cíi'Oii. — El Secretario de ese Estado, el Señor 
Chadwick ha sido inaugurado el 1" de Febrero Go- 
bernador de Oregon en lugar de Grove que dio su di- 
misión. 

Miniiosota. — He aquí una raridad qne mucho 
deseamos se vea en nuestro Territorio. En Shield- 
swille aldea de Minnesota no hay ni en la plaza, ni á 
diez millas al rededor una sola bodega ó tendejón: y el 
Cura del lugar, el P. Robert, y todos sus feligreses 
están determinados en que no se mude este estado de 
cosas. 

E.xííaílos «IcI Sur. — La Iglesia católica se está 
esmerando en estos Estados para la educación de los 
negros. En Georgia se abrieron recientemente diez 
escuelas para ellos, 15 en Alabama, 15 en Mississip- 
pi, y 25 en Luisiana. Estas escuelas ofrecen ense- 
ñanza gratuita á los jóvenes negros de ambos sexos. 

NOTICIAS EXTRANJERAS. 



lioisíao — Un Sacerdote del Brasil, admitido no 
hace mucho á una audiencia en el Vaticano, presentó 
al Padre Santo en nombre de una Congregación de 
su lugar el cuadro mas curioso que pueda imaginar- 
se. Es una especie de mosaico hecho de alas de ma- 
riposas de colores muy vivos En el fondo del cua- 
dro brilla el nombre de Pió IX compuesto de alas de 
mariposas de extraordinaria blancura. 

Habíamos dicho que el Príncipe de la Galliera, á 
su muerte había dej^xlo al Padre Santo un millón de 
lire ($200,000). Hé aquí el uso que Su Santidad hizo 
de este dinero. La mitad de dicha suma es destina- 
da á las misiones extranjeras. De lo que queda, 1?. 
mitad es cedida á los directores de escuelas vesperti- 
nas, que tantas son en Roma (escuelas en donde por 
la noche se juntan j fíe instruj-en gratuitamente los 
niños de clase obi'era) . Lo que queda servirá como 
caudal, de cuyos frutos gozarán los servidores del pa- 
lacio Apostólico del Vaticano. 

Habíamos hablado de la fiesta que se quiero cele- 
brar en Roma por el Jnbileo Episcopal de Su Santi- 
dad. Un cnmifé compuesto de las personas mas dis- 
tinguidas de la aristocracia romana ha dirigido á va- 
rios Obispos programas de dicha fiesta. Acerca de 
este asunto hemos leido cartas del Card. McCloskey 
y del Arzobispo Bailey á los feligreses americanos de 
BUS Diócesis; y se formó \m cnmifé en los Estados pa- 
l-Vv tomar las medidas necesarias á fin de hacer repre- 



sentar dignamente los católicos americanos en Roma 
en esta ocasión. Según el programa de Roma, el 21 
de Mayo 77, cincuantésimo año de la promoción del 
Papa al Arzobispado de Espoleto, habrá grande au- 
diencia en el Vaticano, á la qiie estarán presentes la 
Aristocracia romana, la Sociedad de la juventud ca- 
tólica Italiana, y las diputaciones de las diferentes na- 
ciones. Los dones, que se ofrecerán al Padre Santo en 
esta ocasión, serán expuestos en una sala del mismo 
palacio. El 3 de Junio, cincuanti'simo aniversario 
de la Consagración Episcopal del Papa en S. Pedro 
in vinculi-s, se celebrará en la misma galería una gran 
fiesta religiosa. 

Según loque de Roma escriben al Univcrs en Fran- 
cia, se piensa que el Padre Santo quiera nombrar 
nuevos Cardenales, de modo que no quede ni un solo 
Cardenalato vacante, así como lo había hecho en 
1853. De los Cardenales de Gregorio XVI siete so- 
lamente sobreviven. De los 44 que hay ahora, 5 son 
octogenarios, l(j septuagenarios, 13 sexagenarios, 8 
quincuagenarios, y 2 solamente tienen menos de 50 
años. El mas anciano es el Card. De Angelis, de 84 
años; y el mas joven el Card. Bonapajte de 49. 

lííSissi, — Un diario de Roma nos hace saber que 
un oficial del tribunal correccional de Roma ha noti- 
ficado al Card. Ledocliowski la orden de comparecer 
delante del tribunal prusiano de Posen, para defen- 
derse de la acusación de haber violado algunas de las 
leyes del Imperio Alemán. 

Fraiacla. — El Sr. Cisse}-, pariente del ex-ministro 
de la Guerra del mismo nombre, es en Francia el a- 
póstol de la santificación del Domingo. Desde la 
Borgoña su país, marchó á Roma, donde pidió 
permiso á Su Santidad de ir de ciudad á ciudad, y de 
Iglesia á Iglesia pronunciando discursos y j^ropagan- 
do sus ideas. Conseguido el permiso del Padre San- 
to principió inmediatamente su misión, y lia recorri- 
do ya la mayor parte de las ciudades mas importan- 
tes de Francia. En Aix y Marseille sus conferencias 
tuvieron un éxito felicísimo. En Digne, Mñr. Mei- 
rieu le ofreció la catedral, adonde acudió toda la ciu- 
dad. Este predicador de nuevo género vestido defrac 
y cofjxifd hlanca se hace aplaudir con frecuencia. Ig- 
noramos si el Sr. de Cissey conseguirá su objeto, pe- 
ro de todos modos la misión que se impuso es digna 
de respeto y admiración. Este ejemplo puede dar á 
nuestros mejicanos una idea de lo que son, y valen 
los católicos en Francia. ¡Un hombre de noble y rica 
familia, como el Sr. de Cissey, qite nada tiene de ecle- 
siástico, el cual recibido el permiso de Roma, va pre- 
dicando la observancia de uno de los mandamientos 
de Dios, que por desgracia no se observaba mucho, 
especialmente por los de la clase obrera! 

La Iglesia del Sagrado Corazón de Montmartre, en 
París, será uno de los edificios mas elevados que exis- 
ten en el mundo. Tendrá desde la base de los ci- 
mientos hasta la cumbre de la cúpula mas de cien 
metros de alto (es decir mas de 328 pies) . Solo una 
tercera parte de esta altura estará bajo de tierra. Los 
pilares sobre los cuales se apoyará la Iglesia, tendrán 
mas de cuarenta metros (mas de 131 pies. ) 

Mñr. Paulissier Arzobispo de Besancon, ha esta- 
blecido un curso de arqueología sagrada en su Semi- 
nario, y nombrado una comisión diocesana para pro- 
mover el estudio de las antigüedades y de la arquitec- 
tura cristiana. En Francia se ha despertado mucho 
el amor de tales estudios. Hace poco que en el Semi- 
nario de San Sulpicio en París, fui' creada una cátedra 
de arqueología sagrada, y muchos ( Jbi.sjios se ocupan 
en promover estos estudios. 



-S8 



SECCIÓN KEMGÍOSA. 



CALENDARIO RELKilOSO. 
FEI511ER0 2.)MAUZO:í. 

25. Dominqo II de Vnavi'smn — S. Victorino y sus coinpuñc-roK, JLiv- 

tires. Sun Taiiisio, Obispo. 
2G. Lunes — S. Néstor. Obispo y Múrtii. S. Alejanilro, Obi.spo y 

Confesor. 

27. jJíaí-íra S. Lcíindro, Obispo y Confesor. Santa Octavil^, Ma- 
trona Romana. 

28. ,l/í('ffo/M— S. Hamon, Aliad. Santa Ela Monja. 

1. Jiteves — S. Hcri'ulano Obispo y Mártir. Santa .Vntoiiina, Márt. 

2. Viernes— 'Ijníi Santos Jovino y Basileo, M^írtiren. Las Santas 
Seoundilrt y Gcnara, Mártires. 

3. Súhado -i^. Marino. Solibid'i y Mártir. Santa rilarcia, Mártir. 

SAN LEANDRO, ARZOBISPO DE SEVILLA. 

El nombre de Leandro es nno de los más e.sclare- 
cidos en la liistoiia de la Iglesia de España. Nació 
en Cartagena, y fué hermano de los insignes Isidoro 
Y Fulgencio, también santos, y también prelados es- 
pañoles. Floreció en una de las épocas mas agitadas 
de aquel país, ileiuaba Leovigildo, príncipe arriauo, 
y en consecuencia enemigo del Catolicismo. Érale 
enojoso el celo y cristiana libertad con que i'crseguia 
de todos modos el santo Arzobispo la herejía reinan- 
te, por la cual fué repetidas veces desterrado Lean- 
dro de su diócesis, bien "que aun cu el destierro no 
cesó de sostener con sus admirables escritos la fe ver- 
dadera. Discípulo suj'o fué Hermenegildo, el mártir 
de Sevilla, hijo de Leovigildo, que por la integridad 
de la fé católica mereció recibir de manos de su mis- 
mo cruel padre el martirio. Su lauro mayor os, no 
obstante, la parte que tuvo en la conversión de Ileca- 
redo, heredero del trono, y lo mucho que con él con- 
tribuyó al establecimiento de la unidad católica en la 
E3nínsula española. Efectivamente, á la muerte do 
eovigildo, dicho Recaredo su sucesor abandonó del 
todo la herejía en que habia sido educado, y se de- 
dicó á extirparla de sus Estados. Leandro, á cuyas 
oraciones, escritos y poderosa influencia s;' debia cam- 
bio tan maravilloso, fué quien la notició á los Padres 
del Concilio IV de Toledo, donde ratificó Recaredo 
su abjuración, y le siguieron en ella los miembros de 
la nobleza. 

Desde entonces, es decir, desdo xíltimos del siglo 
YI data la unidad católica, que los Españoles lleva- 
ron después á todas las tierras conquistadas por sus 
valerosos guerreros, y arraigaron en ellas mas profun- 
damento aun que su poder temporal. Cuando do este 
no quedó en las colonias vestigio ninguno, quedó el 
árbol frandoso de la única religión verdadera. Alcji- 
canos, permaneced firmes á la sombra de este árbol 
grandioso, si queríú.s con el progreso material gustar 
los frutos de la verdadera grandeza nacional. 



REVISTA CONTEMPORÁNEA. 

Un CoDitiii/cido firniado. "Otro iMigcnio"' y 
aparecido en el No. del 1 o de [''eb. dd Anunciador 
íicn.sa la Rcvisín (\tinlii<i de (liraiiincioii y falta 
de inansodmubre por liaber llamado "'apuslíita 
desdichodo y blasleino público" al Editor «bd 
Adrcrfiscr, y desafía á los redactores de la lic- 
risfd ií ''probaí' lo (pie dictM)."" r>a Á\r/xf<i acep- 
ta el desafío, y niniitieiie (|ue no djfaintí ;í nadie. 
JCfertivaineul'': .-c^'U!! el Dlriionnrio de (n (•:,i<ju<i 



casttlbina, es Apóstata el que "nieí>a la fe de 
Jesucristo recibida en el bautismo, reniega de la 
religión católica". Pues bien, el editor del 
AdüertUer profesó una vez esta religión y des- 
pués renegó de ella, puesto que en el mismo No. 
10 de Febr. (¿por(pié habríamos de citar otros?) 
la llamó "una secta local." y su catecismo ''un 
tejido de contradicciones;" luego es Apóstata. — 
Blasfemo, según el mismo Dicionnrio, es el que 
'•suelta palabras injuriosas contra Dios ó la Vír- 
ete. ;,Se acuerda el editor del Advertiser 



gen 



O — ' ü 

de los viles sentimientos que en Marzo de 18(6 
tuvo la osadía de atribuir al Hombre-Dios? 
Aquellas palabras, en medio de una comunidad 
Ci'istiana, fueron blasfemias. El desafío queda, 

l)ucs, contestado. 



t-ifi»*--*- 



Dccíamos, no obstante, ([ue la Jiecisfa no di- 
famó á nadie. Difamar, según el mismo Diccio- 
nario de ¡a lengi'u casiel/ana, es "desacreditar á 
alguno propalando, divulgando ó difundiendo co- 
sas denigrativas de su fama ó buena reputa- 
ción." Lo (pie supone que las cosas propaladas 
sean ocultas y tpie la persona de quien se pro- 
palaron tenga fama y buena reputación de las 
cualidades contrarias. ¿p]ran ocultas la aposta- 
sía y las blasfemias del editor del Anvncindort 
El mismo las liabia propalado, divulgado y di- 
fundido; él mismo se habia difamado. La Ri- 
vist'i. solo quiso recordarlo para precaver, si 
fuera posible, las tristes consecuencias de una 
escuela abierta por tal preceptor. ;Faltó cou 
eso ;í la mansedumbre? El mansísimo Redentor 
nos enseñó con su ejemplo que hay circunstan- 
cias en que S(- puede ser manso y hablar por es- 
te estilo: "O raza de víboras," "vosotros sois 
hijos del diablo," etc. Cállese pues el "Otro 
Eugenio" en materia de virtudes cristianas. A 
la (3tra acusación (pie nos hace de meternos en 
])olítica. está respondido. No podemos gastar 
mas palabras con el -'O'ro Kikji'uÍo." 



Escriben de Denver. Coló. "Al Redactor de la 
Revista Católica: Muy Señor Mió: Algún buen 
amiíií) desconocido ha tenido la bondad de man- 
darme últimamente, un ejemplar del e.Kcelente 
periódico que Y. dirige, el cual yo he leído con 
bastante interés y gusto, no obstante que la re- 
ligión y política (pie representa son enteramente 
distintas de las mias. Soy Anglo-Americano, 
l)ero habiendo pnsado nueve años de la vida en 
la L<la de Cuba entre los naturales del país y 
Españoles, tengo mucho alecto para ese pueblo 
v para todos los que hablan el bello idioma de 

Castilla Me alegro de saber (pie por lo 

menos hay ima publicación en toda esta región 
impresa en buen castellano, Español castizo. Si 
iKiy otras no las iic visto. Las que yo Imbia vis- 
to ames eran de un leiigunje, (|ue sé yo, infer- 
jmll" 



-$í)- 



líemos querido publicar esas amistosas pala- 
bras, no para hacer vano alarde de los méritos 
de nuestra Revista, sino para que vean los lecto- 
res que el periódico tan favorecido por ellos en- 
cuentra la aprobación hasta de quien desconoce 
nuestros principios y los suyos. Les servirá es- 
to acaso de incentivo á propagar sieirrpre mas la 
Revista entre sus amigos, como, sin duda algu- 
na, lo están haciendo. Cada semana nos trae 
nuevos suscritores, y hemos llegado á un núme- 
ro mucho maj'or que el del año pasado. Ade- 
más del Reverendo Clero, merecen público tes- 
timonio de nuestra gratitud los Señores: Ani- 
ceto Valdés, Taos; Cándido Robledo, S. Miguel; 
Felipe B. Delgado, Santa Fé; Francisco Saiz, 
La Cuesta; John Leyendecher, Laredo Texas; 
José Anastasio Valdés, Walsenburg Coló; José 
Bonifacio Romero, Guadalupe Coló; José de Je- 
sús Salazar, Isleta Texas; José L. Rivera, Pue- 
blo de S. Miguel; Nicolás Lucero, Peña Blanca; 
Rafael Valdés, Mora, y otros muchos. Damos 
á todos las mas expresivas gracias por su celo y 
desinteresada adhesión á la Revista Católica, y 
nos lisonjeamos en creer que se hacen así los 
promovedores de los mejores intereses de sus 
compatricios. 



La Congregación de las Madres Cristianas es- 
tablecida en Guadalupe, Conejos Co., como va 
dicho en las Noticias, mereceria mucho mas que 
un breve elogio de nuestra pluma. La idea que 
encierra es tan fecunda en esperanzas de un ri- 
sueño porvenir por aquella Parroquia, que bien 
quisiéramos verla propagada hasta en el mas re- 
moto rincón del Territorio. Las Señoras de 
Nuevo Méjico deberian porfiar con las de Cone- 
jos en esatan noble empresa de la educación re- 
ligiosa y moral de la edad mas tierna. Cuando 
por imperiosas circunstancias, le es imposible á 
una madre confiar á manos seguras la prenda 
mas rica de su hogar, los hijos, ¿sobre quién re- 
cae, sino sobre ella misma, el sagrado deber de 
guardarla? ¡Oh, si todas las madres entendieran 
á qué altura las coloca la misión que reci- 
bieron de Dios en la tierra! Ellas tienen un 
apostolado que, si cede en dignidad y amplitud 
al de los Sacerdotes de Cristo, sobrepújalo en 
eficacia. ¿Qué harian los Ministros del Señor, 
si las Madres cristianas no les prepararan el ter- 
reno? Ellas labran la tierra de los corazones i- 
nocentes y con su voz y ejemplo, echan en c- 
llos la semilla de lafé, y de las virtudes; los Sa- 
cerdotes vienen á cosechar cuando pasaron las 
lluvias y el calor abrasador de las pasiones. 
¡Madres cristianas, reconoced vuestra vocación 
sublime, y marchad en la senda abierta por vues- 
tras hermanas de Guadalupe! 



Romería Católica de 1877» 



^«K» 



Uno de los sucesos que harán mas memorable 
este año de 1877 en la historia del Pontificado 
Romano, será la romería que se ha principia- 
do á dirigir hacia Roma para visitar al Padre 
Santo, en ocasión de su .lubileo Episcopal. Es- 
tas peregrinaciones de católicos á la Eterna Ciu- 
dad, se han multiplicado tanto en estos últimos 
años, que ya casi han dejado de producir admi- 
ración. Con todo las de este año van á ser un 
acontecimiento enteramente extraordinario: por- 
que concurriendo todas las naciones, formarán 
todas juntíis como una cadena y serie de [)ore- 
grinaciones ó una sola peregrinación universal 
del orbe Católico. 

A este fin, el Presidente del Círculo de S. Pe- 
dro, de la Juventud Católica Italiana, en Roma, 
Felipe Tolli, envió hace tiempo cartas á todas 
partes del mundo para que se organizaran; y los 
promotores de ellas determinasen de antemano 
la época en que I00 peregrinos podrian ir á Ro- 
ma: así no sucederá que las unas estorben las 
otras, hallándose al mismo tiempo en la ciudad, 
pero llegando sucesivamente cada una recibiera 
la acogida que se le debe. Vamos á citar algunas 
palabras de esas cartas; preferimos, para mayor 
interés de nuestros lectores mejicanos, la que 
fué dirigida á España, á Don Ramón Nocedal, 
el que fué el autor principal de la famosa Rome- 
ría de los Españoles el pasado mes de Octubre. 
En ella se le invita ''por aquella ardiente fé y 
profunda adhesión á nuestro Padre Santo, que 
tanto le distinguen, para (jue inicie entre los ca- 
tólicos de España una nueva y grande peregri- 
nación para el mes de Junio de este año do 1877." 
Y se añade que "Dios bendecirá su obra y cuan- 
to haga para honra de nuestra santa Religión y 
consuelo del Vicario de Jesucristo." 

Por supuesto, la invitación fué aceptada con in- 
menso entusiasmo y p]spaña como las demás nacio- 
nes, están organizando las propuestas ronierías, 
todavía mas numerosas é imponentes que cuantas 
ha habido hasta ahora. El mencionado D. Ra- 
món Nocedal, director del Siglo Futuro después 
de recibida y aceptada la invitación, dii-igió en 
ese periódico una moción muy ardiente á los Es- 
pañoles para excitarlos á tomar parte en esta 
nueva peregrinación. Y concluye; "Los que 
ya tuvieron la dicha de recibir la bendición do 
Pío IX, digan á los católicos cuánta alegría y 
qué consuelo le dieron sus buenos hijos, los pe- 
regrinos Españoles. Díganles cómo nos recibió 
el pueblo romano, su nobleza, su juventud. Y 
todos á una procuremos que entre todas las 
naciones del mundo, siga siendo I^lspaña la pri^ 
mera por su ardientísima fé y su profunda adlie- 
sion al Vicario de Jesucristo."' {Sif/h Fnfuro 10 
de Enero). Y en los números siguientes da con- 
tinuas j consoladoras noticias del (Mitrisinsui'o 



-90^ 



([uc se lia dispertado, para la romería de Junio, 
entre los católicos de todas las [)rovincias del 
reino. 

Los católicos de Nuevo Méjico, csi)eranios, 
(juedarán edificados por estos generosos y nobles 
sentimientos y rasgos de piedad cristiana, (pie 
maniriestan al mundo sus hermanos de sangre y 
de religión, los hijos d'j España. (Jrande entu- 
siasmo se ha excitado igualmente mucho mas 
cerca de nosotros, en los Estados Unidos, donde, 
auiupie rodeados de tantas sectas y de tanta in- 
credulidad, hay católicos y mu}' numerosos que 
l)or su adhesión á la Religión y al Pai)a no í[ue- 
dan cu zaga <( los mas fervientes de Eurojm. 
También pues, en muchas diócesis se está orga- 
ni/ando una grande peregrinación, fpie muy pro- 
balilemente, va á ser mucho mas solemne que la 
de años atrás; y según las últimas noticias, la 
acompañará y dirigirá el Eino. (\ird. INFacCloslcey 
Arzobispo de Xueva York. Este noaibrc re- 
cuerda lo mucho (jue la Iglesia do los Estados 
debe ;í Pió IX. Lo debe casi todo lo (|ue ella es. 

En el principio del Pontificado de Pió IX la I- 
glesia en los Estados de la Union tenia un solo 
Arzobispo y pocos Obispos. El aumentó el nú- 
mero de los primeros á once, y de los otros á 
cincuenta y siete. Desde el año 1869 Pió IX es- 
tableció en Roma un Colegio-Seminario expre- 
samente para los Estados Unidos, donde los jó- 
venes aspirantes al sacerdocio pudieran recibir 
una educación eclesiástica tanto mas completa 
cuanto mas inmediatamente bajo la vigilancia de 
la Silla Apostólica. Y últimamente, como re- 
mate de todos esos beneficios, Pió IX ha creado 
el primer Cardenal Americano en persona del 
mencionado Arzobispo de Nueva York, de modo 
que esta Iglesia se halla ahora representada en 
el Sagrado Colegio, lo mismo que las de las otras 
grandes naciones de Europa. En verdad los ca- 
tólicos de la Union han dado de su.partc gran- 
des y especiales muestras de agradecimiento y 
veneración á Pió IX: han contribuido con gene- 
rosas oblaciones, han mandado numerosas pro- 
testas contra la sacrilega ocupación de Roma, y 
le han visitado con una grande peregi'inacion. 
Y ahora es muy conveniente (pie tomen tanta 
parte en las fiestas de su Jubileo Ej^scopal, y 
(Mivien otras i)eregrinaciones en compañía, del 
Emo. Cardenal MacCIoskey, lo cual será de mu- 
cha edificación y consuelo {¡ara (d Padre Santo. 
y para todos los católicos. 

Y a(pií se nos permita exjiresar una idea ó 
deseo del cual nuestros lectoi'cs liarán (d ajire- 
cio (pi(> les pareciere. ;No (iene acaso la Igle- 
sia de Xue\() Mi'jico miicho'ípic agradecer á Pió 
IX? y además de la veneración (pie le debe igual- 
mente (pie todas las Iglesias como á A' icario de 
.lesncri.^to. ;,cuáiil()s motivos dc^ eterna gratitud 
no la ol)ligan, ¡«or los favores espíMÍales (jUe le 
ha dispensado? Iv-la Iglesia sí. (jue d(d»e Kxlo á 



Pío IX, absolutamente todo: á él, (pie del ínfimo 
grado en (pie se hallaba la levantó sucesivamen- 
te y i)Oco á poco hasta el último de Metropolita- 
na. Ahora sin hablar de lo (¡ue se hizo en Al- 
bu(pi(M-fpie. recu'rriendo el Jn])ilco Pai)al de Pió 
IX el (lia l'lde Junio 1871. de la fiesta (pie allí 
se celebró, de la jjrotesta firmada jior mas de 
niií personas, y del Corazón de plata y oro, man- 
dado piTscntar al Papa, todo l'ó cual fué cosa: par-^ 
cial y propia de una Parrofpiia. liablandodel 
Territorio cu general, ¿qué cosa han hecho á su 
vez los éatólicos' de este país, para mostrar a! 
Papa el respeto y agradecimiento (pie le deben? 
Pues ¿no seria justo que aun Nuevo ^léjico 
fuera representado en esta Romería Católica, y 
qiie algunos de sus hijos, á lo menos, se juntasen 
con los demás de los Estados Unidos, para ir á 
presentar al Papa los' homenajes y felicitaciones 
de 'todo el pueblo, y recibir de El, para sí y pa-' 
ra todos la apostólica bendición? 

Imposible no es, tampoco muy difícil, conside- 
rando' (pie algunas de las familias del Territorio 
han hecho el viaje de Euro[)a en estos últimos^ 
años, por sola curiosidad y diversión, y que has- 
ta el presente se' hallan todavía en Europa algu- 
nos de Nuevo Méjico, (pie sin ninguna dificultad' 
podrían asociarse y tomai^ parte en la peregri- 
nación. Y si es verdad (pie nuestro Sr. Arzo- 
bispo piensa salir para Roma, en la próxima 
primavera, no habria mejor ocasión que 
esta [)ara hallarse allí, cuando El estuviese 
en Roma, y presentarse juntos, á los pies del Pa- 
dre Santo, el Pastor con algunos representantes 
de todo el pueblo. ¡Oh, qué gran bien seria este 
para Nuevo Méjico! No solo para los (pie irian, 
sino aun para los que quedarian, y oirian des- 
pués hablar 'á estos del Papa, y de Roma. Seria 
})ara todos uti beneficio inmenso. Por la vista 
unos, y otros poi' la descripción de la santa ciu- 
dad, de la magnificencia de las Basílicas, de la 
solemnidad de las sagi-adas funciones, de la de- 
voción de aquelpueblo, de aquel sentimiento re-:-, 
ligioso, que se resi)ira en Roma, Cátedra del Vi-v 
cario de J. C, y (pie es el centro de todo el mun- 
do cristiano, sobre todo de una audiencia dcP 
Padre Santo, de Pió 'IX, sin duda todos concc*. 
birlan otra idea,- respeto y veneración á nuestra 
santa religión y se sent irian mas aficionados á 
ella, y mas interesados en todo lo que le ata-- 
ñe. 

Hemos leid(5hace algún tiempo una cartas es- 
critas de Roma á fines del año de 1875 y|)rin-i 
ci})ios de 1S7() poruña señora de X'uevo Méjico,, 
Doña'Maria Pereñ, (pie se halla todavía cu En* 
ropa en compañía de un luMiiiano suyo, las cua- 
les están llenas de estas tan sublimes como salu- 
dables imjiresiones. (pu> 1-os dos experimentaron 
en Poma soln'c todo, en la ciiid;i<l centro del (Ca- 
tolicismo, donde se desplega casi en toda su 
grandeza y esplendor la divinidad de nuestra 



í)í-- 



relig-ion!'' Y baste 'hibor citado^ este ejemplo. 

]\Iieritras'c|ue éq organizan estas 'Romerras en 
difercütés países, Itiília ha roto lií marelia, ini- 
ciando con nna suya la serio de todas. 'Era muy 
conveniente que ella diera el' ejemplo. Ella es 
eri'Cnjo seno Dios lia establecido el Trono de S. 
Pedí'b: ella de parte de cuyo gobierno el Papa 
y \ú¿ Iglesia' han recibido úUimaraeiite las mayo- 
res injurias y aflicciones. Uebia p'ües, la Italia, 
la verdadei-a; 'legítima y católica Italia.', que na- 
da tiene de comaní con la Italia-revolucionaria, 
y sacrilega, ser la priniera á acudir este año a 
los pies de Pío IX y consolarle' con su piedad ñ- 
lial. Fué' escogido, el dia de la Epifanía y con 
mucha pró^Tiedad; pues la Epifanía' recueida la 
ida de los Santos Reyes á la Cueva de Belén, 
á venerar al Niño Jesús ^ y ofrecerle sus dones, 
mientras el iri/pío Heredes meditaba su destruc- 
ción y'muterte; Según el programa publicado de 
antemano, los peregrinos se reunieron en la Ba- 
sílica Vaticana, á las ocho do la mañana, y des- 
pués de cantado el Miserere hubo un ferventísi-' 
mo diseui'so. Acabado el cual fué bendecida y 
distribuida á ' -todos la Cruz de la Bvmé>-/f/\ que 
para los Italianos e.s de lana blan'?a con estas [)a- 
labras estampadas en medio la hoc signo vinas 
(con esta señal vencerás), y rodeada de un a- 
dorno de algodón. enCapnadoi-L&s pepe.g.r¡nos lle- 
varán la Cruz colgada en el pecho durante todo 
el tiempo de la Romería. El Card. Ijorromeo 
celebró la Misa y les diú la santa Comunión, _v 
sc:acabc5 la función, con el canto solemne del Te 
Deum. A las once y- media fueron recibidos por 
el ¡Papa en audienciu particular. El Sr. Comen- 
dador Aquaderni ■I'*residentc del Consejo SujjC' 
rior de la Juventud Católica Italiana, levó un 
magnífico discurso, después del cual el Papa se 
levantó y contestó con tales acentos de su pa- 
ternal cariño, que enterneció á todos y acabó 
dándoles su apostólica- bendición. AI entrar y: 
salir los peregrinos saludaron al Padne Santo con 
las niayoroS' demostraciones' die^amor =yi> venera- 
ción. ■ ■ 'i:' ^ ■ > . -VL^is- -'■,_ ::■::::'■:■ ^. ' ; 

Así se ''iniciaroo' las Ramerías de 1877, las 
cuales dejarán indelebles recuerdos en la^ histo- 
ria d^e la Iglesia, y e s pe ra m os ha i á ü' u n a santa y 
i'iltiraaiviolencia á Dios, para que conceda el de^ 
ssado triunfo de la Iglesia, durante el Pontifica- 
do del inmortal Pió IX, de quien quizás solo pa- 
ra esto hn i)rolongadü el Pontificado y la vida. 



-»ai^ -^ -^^ C^-C-^ 



.Los ParíiílO'fíi Poíiíicos. 



No es nuestro intento impugnar ó defender 
uno cualquiera dclos partidos; Al escribir este 
artículo nos proponemos simplemente liacer ob- 
servar á nuestros lectores algunos de los male? 
que loS' partidos políticos prodncen infaliblenien- 
te .eii'fQualquier país que e^^istan y que hemos ido 



tocando en varias ocasiones en nuestra Revista. 
Después de la guei-ra civil ((pie ellos acari'ean 
muy á menudo) los partidos políticos se deben 
considerar como la mayor de las calamidades 
(pie pueden afligir una nación. Los paididos j)o- 
lítieiís incluyen necesariamente división; división 
causada por una diversidad de [)rincij)ios, opinio 
nes, intereses y aspiraciones en los miend)ros de 
los respectivos partidos. Por consiguiente, l)ien 
que aquellos miembros sean ciud-adanos de un 
mismo gobierno, bien que saluden el mismo pabc- 
llofi, y;profcseri obedecer alas nnsmas leyes, for- 
man, inoobstante, de todas veras dos campos e- 
nemigos^-mejor diríamos dos gobiernos enemi- 
gos— en .una continuada lucha de supremacía. 
Pucs-bien, se ve fácilmente (pie semejante divi- 
sión de ániíiiOo y de intereses debe necesaria- 
mente debilitar un país, Cuando el i)ueblo de 
una nación está animado de las mismas aspira- 
ciones políticas;y unido con los lazos delaamis- 
tad-y del verdadero })atr¡oti^mo, jíoco ha de te- 
mer los enemigos de afuera. Pero cuando 
está dividido por el espíritu de partido, se expo- 
ne á ser el juguete de hjs astutíjs i)olíticos de a- 
faera, y á dar fácilmente en las uñas de ambicio- 
sos ó envidiosos gobernantes. La Historia nos 
enseña que. en ninguna época las naciones del 
mundo sufrieron mas, interna y externamente, 
(pie cuando dejaron arrasti'arse por facciones po- 
líticas. Dejando los peligros de afuera, la se- 
milla de la división .esparcida entre los eiudada- 
nos de un país debe inexorablemente dar frutos 
de muerte y ruina para su felicidad. Unidos, se 
interesan todos en el bien universal de la patria; 
|)oseidos del espíritu de ])artido, se limitan 
mezquinamente á los intereses del propio parti- 
do. Lo (pie no está comprendido en aquellos in- 
tereseSi por lítil que sea al bienestar universal, 
es, á su vista, un obstáculo que deben f)rzo.sa- 
mente combatir. De ese modo, bajo el itdlujo 
dd espíritu de pirtido, pierden los hond)res a- 
quel genero ío impulso ¡pie lo. mueve instintiva- 
mente á concurrir, según sus alcances á la felici- 
dad de sus iguales; so vuelven ta-^años, bellaca- 
mente egoístas, ruinmeate envidiosos, siempre 
desvelados en adelant ir los intereses de su par- 
tido y arruinar ó debilitar los de sus adversa- 
rios. Nacen de aquí el retraimiento, las qucre- 
UaSrlos odios y otros desórdenes (pie les hacen 
mirar cual rivales y enemigos á los (pie debeilan 
saludar cual hermanos. 

El patriotismo apenas es posible en un ]iaís 
malquistado por el espíritu de j)ar(i(lo. líien 
puede un partidario ])o!ít!Co sentir una tal cnal 
inclinación al lugar material de su nacimiento, 
poro no puedo tener aquel dilatado amor de la 
patria por el cual el vu-dadero jiatriota consi- 
dera á todo:', su comj)atricios como hermanos; y 
las leyes é instituciones de su gobierno como cs- 
laljoncs que á todos unen en una in(]uebrnntable 



.Q9_ 



cadena i)ara hacerlos felices. Kste j)atriotisni^ 
es iiii[)o>^ible en uii país donde el j)uebl(ianda en 
reyertas consigo mismo, donde se hacen ó se en- 
miendan las leyes [¡ara acomodarse á los intere- 
ses de un partido, 6 asegurar la preponderancia 
suya sobre otro, ó servir de una manera cnal- 
(piiera al espíritu é intereses de facción. Xo, 
señores; la noble llama de patriotismo no puede 
mantenerse encendida entre los soplos contrarios 
de los vientos políticos. 

Otro perniciosísimo efecto íle los partidos po- 
líticos es la corrupción moral que acarrean. Ks 
un hecho constante que dondequiera dominan los 
])artidos j)olíticos el nivel de las costumbres pú- 
blicas está mr.y bajo. Tomando los hombi-es co- 
mo son, podria cada cual juzgar a prior i que en 
el caso de una lucha de dos partidos de la que 
uno ha de salir victorioso, debe naturalmente 
haber mucha corrupción y muchos actos de ruin- 
dad. Todos concederán fácilmente que, en tal caso, 
muchos se apartarían de los principios de la ver- 
dad y de la honestidad, cuando lo pidiesen los 
intereses de su partido. Eso y mucho mas nos 
enseña la experiencia ser lo que acontece, en 
un grado que hace estremecer, durante unacam- 
))aña |)olít¡ca. Las diatribas que dirígense uno 
á otro los candidatos contrarios; la denigración 
pública de sus vidas, las acusaciones que los 
miembros de un partido levantan contra los de 
otro, los dolos con que una prensa venal engaña 
la mente del público, la formación de la opinión 
púl)lica .lobre falsos fundamentos y falsos prin- 
c¡[)ios, y sendas otras cosas por el estilo no pue- 
den menos de llevar á un aumento universal de 
corru[)c¡on de costumbres. Añádase á este el 
escoger los oficiales sin reparar en su aptitud y 
honradez, y solo por pertenecer ellos al partido; 
el comprar los votos, el emplear los fondos pú- 
blicos en cosas de ])artido, y todo lo deniás, y 
se verá cuan dañoso deberá ser todo esto á la 
moralidad del púl>lico. 

Finalmente los partidos políticos son exacta- 
mente lo (|ue hace perder al pueblo todo respe- 
to á la autoridad y á las leyes. Cuahiuiera que 
sea el pai'tido triunfador, es cierto que no goza- 
rá de la confianza de una mitad de la nación, re- 
sultando de eso dos males. Lo |)rimero (pie una 
mitad de la nación mirará con recelo y con des- 
j)recio los actos de la otra mitad. Lo segundo 
(|ue el partido (pie tiene el poder hará las leyes 
y tomai-á las |)rovidencias (pie le consoliden' en 
su |)osicion. I'or lo tanto las Legislaturas ya no 
se moverán por el sentimiento de la justicia y 
de la importancia (pie hay en hacer aípiellas le- 
yes (pie deben guiar los deslinos del pueblo y 
procurar su dicha; sino por las angostas é inte- 
resadas ideas del espíritu de parte. Así el par- 
tido vencido odiará y despreciará esas leyes, y 
el vencedíu- las estimará únicamente ponpie íe 
son favorables. De todo lo cual se cntianará 



en el ánimo del pueblo uri desprecio universal 
de la autoridad, un desden de las leyes, que no 
tendrá mas freno sino en el temor del calabozo 
y de la horca. 

Sabemos muy bien que es difícil, antes bien 
imposible, hacer (pie todos adopten las mismas 
opiniones en una materia tan disputable como 
la política. Sabemos también (pie cuando está 
ya dividido un país, es imposible para la mayo- 
ría del pueblo no adherirse á un partido ú otro. 
Poro es cierto que lo que se puede y se debería 
hacer es que to(los estuviesen prontos á sacrifi- 
car sus vistas personales, cuando lo exige el 
bien púlilico. Que todos aquellos que están des- 
tinados á manejar las riendas del gobierno; que 
todos los magistrados, y legisladores; que todos 
aquellos que ocupan empleos del gobierno se 
persuadan que no es su deber llenarse los bolsi- 
llos y acaudalar tesoros, sino labrar la dicha y 
prosperidad del pueblo pyr medio de buenas le- 
3'es y de una ímparcial y escrupolosa adminis- 
tración de la justicia, y entonces una tal cual 
diversidad de opinión no impedirá á las naciones 
el que florezcan y disfruten de una luenga, tran- 
quila, próspera y bien ordenada existencia. 



Siiprcinacía de los Pontífices Roinaiios. 



La supremacía 6 autoridad suprema que J. C. 
di(j á S. Pedro sobre toda su Iglesia, no debía 
acabar en el sino trasmitirse á sus legítimos su- 
cesores, esto es, á los que sucesivamnnte fuesen 
llamados }' reconocidos para ocupar su lugar. 
Ahora bien; habiendo 3. Pedro establecido su 
Cátedra 6 Silla Apostólica en Roma, los Obis- 
pos de Roma son de derecho los legítimos suce- 
sores del Apóstol S. Pedro, y de hecho fueron 
siempre reconocidos como á tales; y de consi- 
guiente herederos de su supremacía. 

Nadie, por poco que conozca la historia de la 
Iglesia, podrá negar que desde los primeros tiem- 
pos la Iglesia siempre y en todas partes ha re- 
conocido en los Romanos Pontífices los suceso- 
res de la Cátedra de S. Pedro, y de suautoridad 
suprema. Pudi(5ramos confirmarlo con infinitas 
pruebas de todas especi(\«!, sacadas délos hechos 
de la Iglesia Romana, v de las demás, de los tes- 
timonios de los Padres, de las decisiones de los 
(/oncilios, de la tradición y práctica de todos los 
tiempos y de todos los paises. Todas estas for- 
man como una serie no interrumpida de pruebas 
irrefragables en favor de la supremacía de los 
Romanos Pontífices. Nosotros citaremos algu- 
nas, que corresponden á los primeros siglos, des- 
pués de proponer unas penas reflexiones. 

Esta supremacía, ó derecho de autoridad su- 
prema en la Iglesia, tál\ necesaria para su uni- 
dad, y por lo tanto t^in esencií^l ^í su misma cons- 
titución, no podia 80.'* e?tab|floiJ5i, y cu realidad 



-í)8- 



no lo fué, sino por sola divina institución del mis- 
mo J. C, autor de la Iglesia. El, y no otro, po- 
día determinar y dctei-niinú cuál debía ser la 
Constitución de la Iglesia (;ue fundó; y para que 
fuese y se conservase una en su doctrina y en su 
gobierno, estableció' para todos los siglos en per- 
sona de San Pedro esta supremacía de magiste- 
rio y de jurisdicción. Ella, pues, principió con 
la misma Iglesia: empei-o, lo mismo que en la 
Constitución eclesiástica, ella no está formulada 
literalmente, sino contenida en otras verdades, 
así comenzando á existir, no tuvo por cierto todo 
aipiel desarrollo, (pie alcanzó en las épocas pos- 
teriores. En este sentido decia De Maistre {Del 
Papa libr. I, c. G.) '"La supremacía del Papa no 
fué ciertamente en su principio (con respecto al 
ejercicio) lo que llegó á ser con el tiempo: [¡ero 
en esto mismo se conoce ser divina institución; 
porque todo lo (|ue existe legítimamente y por 
siglos enteros, existe primero en germen, y se 
desarrolla por grados."' 

Y este desarrollo le vino en el discurso de los 
tiempos, á medida que principiaron y se suce- 
dieron tantos ataques contra la fé y la nnidad 
de la Iglesia, los que re(]uirian mas adhesión de 
las partes con el centro, la Iglesia Romana, ó 
llamaban hacia las últimas exteriores partes la 
actividad del principio vital de la autoridad su- 
prema, que existia en ella. Así se observa en 
la historia de )a Iglesia que, en tiempo de here- 
jías y cismas, por una parte toda la Iglesia, fie- 
les y Obispos, preponderaba siempre mas hacia 
la Silla Romana, y por otra la Silla Romana 
desplegaba siempre mas eficazmente en su der- 
redor toda su acción en favor de la nnidad cris- 
tiana. A esto se reduce la historia de la Igle- 
sia, al desarrollo siempre mas completo de su 
creencia y unidad, y especialmente de esta 
supremacía, fundamento de su unidad, y condi- 
ción esencial de su indefectibilidad. 

Los primeros siglos, fueron de persecuciones, 
que Dios i)ermitió tanto inas terribles en cuanto 
quería dar á conocer que la nueva religión, que 
se establecía y propagaba no obstante todas ellas, 
no podía ser sino divina: por otra parte el Pa- 
ganismo debía naturalmente resistirse, mirando 
(|ue la nueva religión le iba quitando sienqire 
mas secuaces, cerrando sus templos y despeda- 
zando sns ídolos. Sobre todo la lucha fué mucho 
mas encarnizada en Roma; hallándose frente á 
los Césares los Pa[)aó, que tenían allí estableci- 
da su Silla, y que con el tiempo debían ocupar 
el trono imperial. Los que afirman que la su- 
l)remacía de los Obispos de Roma ci'a debida al 
ser esta entonces la ca[)ital del mundo, deberían 
considerar cuál fuese la suerte de los Pap'is de 
los primeros tres siglos. S. Pedro poniendo el 
pié en Roma, para cstablecei'se allí, sabia que 
il)a á sei' crucificado: todos sus secuaces en aquel 
tiempo sabían (pie no podriuii QyitíF ^^^'^ cárceles 



y la muerte. Dios dispuso así las cosas, {(uizás 
j)ara que en los siglos venideros nadie ci-eyci-a 
que los Obispos de Roma habían alcanzado lau- 
to honor por el favor de los Césares, y que la 1- 
glesía Romana habia llegado á ser la ])rimera 
por la protección de los l^]m[)eradores. Sin em- 
bargo desde entonces encerrados en las Cata- 
cumbas, reinaban ya sobre toda la Iglesia y de 
aquellas habitaciones déla muerte, de las cuales 
solo salían para ser llevados al martirio, su au- 
toridad suprema se extcmlia y era reconocida 
y obedecida en todo el mundo, por los Obís])os 
y los fieles. 

iMitre los hechos llegados á nosotros, de los 
muchos (pie deben haberse perdido por las ter- 
i'il)les condiciones de aquellos tiem¡)OS, citare- 
mos algunos. Poco después de muerto San Pe- 
dro, sucedió un cisma en Corinto, y los fieles a- 
cudieron á Roma, al Papa S. Clemente, á i)csar 
de (pie vivía aun el Ajióstol S. Juan, (jue para a- 
pacíguarlo les habia escrito tand/ien una carta, 
(pie todavía se conserva. A los pocos años 
se presentó en las Iglesias del Asia la cuestión 
de la Pascua; siguiendo los asiáticos el rito in- 
troducido por el mismo S. Juan. Para justifi- 
carlos, fué á Roma San Policarpo, discípulo del 
mismo Juan"; pero nada pudo conseguir del Pa- 
pa Aniceto. A^íctor sucesor de este, ordena que 
se acepte la tradición romana, recibida de San 
PedrOj y amenaza con la excomunión las Igle- 
sias reinantes, y hubiera fulminado el anatema á 
no ser que se interpuso S. Ireneo. El Concilio 
de Nii.'ea confirmó la disposición del Pai^a Víc- 
tor. San Cipriano, en un Concilio de sesenta 
Obispos de África, decidió que fuesen rebauti- 
zados los hijos de los herejes: el Papa Estévan 
se opuso, lo i)rohibió con la amenaza de anate- 
ma, y fué necesario ceder. San Dionisio Obispo 
de Alejandría, considerado el primero de Orien- 
te, se hizo sospechoso de herejía, acusado al Papa 
Dionisio en Roma, se vio obligado á justificarse 
por medio de una apología. ¿Qué mas? Los 
Papas condenaron los Montañistas y Novacianos, 
y sin mas la Iglesia toda los miró como á here- 
jes j cisuuíticos: en Oi-iente mismo fueron con- 
denados i)or el Papa otros herejes, de¡)nestos al- 
gunos Obis|.)Os, y su senrencia fué respetada. 
¿Cómo se podían haber tolerado entonces estos 
íiechos, ó cómo se i)odrian explicar ahora, sin 
que se le hubiese reconocido esta supremacía, ó 
suprema autoridad en toda la Iglesia? ¿Y con 
todo se dii-;í (pie no hay vestigio de ella, en la 
antigüedad? iViladiremos ()ue esto al couti'ario 
era tan r:conocido (pie los mismos ¡«aganos n(j 
lo ignoraban. Pal)lo Samosateno Obispo dcAn- 
tioíjuía fué condenado per sus impías doctrinas; 
y como él, apo3'ado por sus adictos, rehusara su- 
jetarse á la sentencia, se acudió, para que fuese 
ojecntada, al Eanperador Aureliano, (pueá la sazón 
fíO hallaba en Oriente cu su expclieion conti'a 



n- 



C(Miol)i:>, liciua (le Paliiiira. Pues bien, era táii 
couut'ida liasLa tle los Piíuauxj.s la siipreuiacía del 
()1)¡S[)0 (le lioina sobre toda la Iglesia. (|uc el 
Kmperador hizo observar que la causa debía lle- 
varse al Poutílice; y apenas supo que este ya 
liabia (toiidcuado á Pablo Sainosateiio, le hizo in- 
niediatauícnte abaudoiiai- la Silla de Ant¡0(iuía. 
Muchos otros hechos están referidos en hi obra 
Ai/f¡-f<'hr())tinK de) P. Zacearía S. J. Y añádase 
(pie muchos otros casos deben de haber ocuri'i- 
do (pi(> no hayan llegado á nuesti'o ('onociiniento. 

L(js hechos (|ue hemos citado pruel)an, pues, 
que desde los pi'imei-os siglos, los Papas ejercían 
osla snj)remacía c()mo derecho propio y recono- 
cido j)or toda la Igli'siti. Y así no es maravilla 
(pi(> cuando (\)nstan(¡no di() la i)az á la Iglesia 
c()n el lamíiso edicto de Milán, y se dio entera 
iiberlad á los cristianos de i)racticar libremente 
su religión, se reveló como por encanto (pie ái ¡¡e- 
sar de las persecuciones, casi cd mundo entero 
era cristiano, y se presentaron al mismo tiempo 
los Pontílii-es Pomanos en plena posesión de su- 
premacía sobre toda la Iglesia. Las persecu- 
ciones, j)or terribles que hubiesen sido, no 
hablan inq)cdido fpie (d Cristianismo se dílata- 
iM tanto, y (pie la su|)reniacía del Papa llegase 
á tan grande desarrollo. Aparecifj, pues, de una 
vez el mundo casi cristiano y á su frente el Pon- 
tífice Pomano, ociq)ando la Silla de S. Pedro y 
i-e(!onocido como Jefe de la Iglesia. 

(Queriendo Constantino concurrir por su ¡)arte 
á extinguir la asoiadora herejía, de los Arríanos 
(pu' apenas cesadas la persecuciones llamaban á la 
Iglesia d(í J. C. á nuevas lachas, se entendió con 
S. Silvestre. hiSte convocó el primer Concilio 
Kcuméníco de Nicea, lo mandó jircsidir por sus 
legados, y conlirmó sus actos. Este Concilio, á 
su vez, di() ilustre testimonio de la supremacía 
de los Papas, y de la Silla de Poma. Por res- 
peto Inicia esta y ;í ellos, el mismo Constantino 
dejó Uíjiua ;í los sucesores de S. Pedro. 3^ traiis- 
lirií) la Caj)ilal del imperio á las orillas del Pon- 
to Ivi.xino, (piedando Roma Caj)ítal del (cristia- 
nismo: lo había sido durante las jtersecuciones, 
y (piedó tal con el transferíiniento del trono Im- 
perial; mejor, este {'aO Iransfei'ido para (pu' ella 
(picdase exolii-ivamcnle capilal d(d Cristianis- 
mo. 

Desde esa fecha la supremacía de los Papas, 

lirincipíó á ejercerle y manifestai-se siempre mas, 

poi- la, acción (pie tuvieron sobre toda la Iglesia, 

y la historia de (día no fué casi otra <'osa, como 

liemos dicho, ipie la histoiaa d<d Poidilicado Po- 

niano. 

— — -♦-♦-♦- — 

YAIMKI)AD1]S. 

M \NI'i;('.\ hls \A('A. 

l-'u lOscocia, se hace la siguiente^ preparación 
|)aia, (pi(,' la inant(íca de \'a(a no se enrancie, 
Se reducen separadaiueale á polvo lino dos li' 



bras do sal connm muy blanca, una libra de ni- 
tro y otra de azúcar de pilón; estas tres sustan- 
cias, bien tamizadas, se incorporan, bien con la 
mano ó con una cuchara de madera, y se meten 
dentro de una vasija, ta|)ándohi y poniéndola en 
un sitio seco. Cna onza de esta composición se 
mezcla con una libra de manteca fresca de va- 
ca, la que se amasa en un sitio caliente para 
facilitar la mezcla, sin dar lugar á (pie se derri- 
ta. Puede guardarse en un sitio fresco duran- 
te lies años lo nnuios. conservándose como si es- 
tuviera acabada de hacer y sin ponerse rancia. 
— Jounml of llie SocielTj nf firts. Set. 1876. 

POLVO DE LOS MIXKKALKS. 

El |)()lvot(jnue é imj)alpable que penetra mez- 
clado con el aire en los [)ulmones de los obreros 
que trabajan en las minas de carbón de piedra, 
etc., llega al cal)0 de algún tiempo á rellenar las 
cavidades de aípiellos, ocasionando la enferme- 
dad y la muerte. Yarios procedimientos se 
han i)ro|)uesto, y aun recientemente se ha indi- 
cado, (pie caiga un chorro de agua continuo en 
las galei'ias de las minas, con el (pie se consi- 
gue prevenir tan perniciosos efectos y disminuir 
1 1 probabilidad de las explosiones. También ve- 
mos en un periódico ingl(js, (pie en los almace- 
nes de los reputados fabricantes de instru- 
mentos (juirúrgieos y ortopédicos de los Srcs. 
Kronh'^, en Di'lvSh-eef, M(tncJiet<ter Sqi'a re. Lon- 
dres, se venden caretas que preservan eficaz- 
mente del polvo y con cuantas comodidas son 
iK'cesarias. 

P.M'LL [>L PA.IA. 

El "Dallar Newsjjaper'^ y el l^hihidclphid 
Ladtjcr, periódicos que se publican en Nueva 
Yoik se imprimen desde hace pocos años sobre 
papel blaiK.'o de paja, según el procedimiento de 
M, M. Mier. Esta clase de papel 110 puede ser 
ni más hermoso, ni m;ís excelente, atendida su 
mucha duración, así como su resistencia, por lo 
(pie lleva mucha ventaja al fabrií-ado con trapos. 
h]| Sr. Westwood ha presentado á la .««ociedad 
Linniana de Londres, papel, naipes, cordajes y 
tejidos hechos con el Ij^ifi' Ae<pjptiaai y el ^l*-- 
parrar/n^^ nJflrinaUs. 

l'APKI- DK IIIKKUO. 

Los primeros ensayos hechos ¡lara reducir el 
hierro á hojas finísimas para usarlas como el pa- 
pel, se deben al conde de Renard, gran propie- 
tario de fábricas de hierro. Cu encuadernador 
de Rreslau ha formado un álbum de estas hojas, 
las cuales se manejan con la misma llexil)ilida(l 
(pie si fueran de paj)el. Hasta ahora no se ha 
IiccIh) ninguna aplicación; pero tal vez más ade- 
lante se pueda imprimir en este papel metálico. 
para lo cual lo único (pie falta es iincntar una 
tinta blanca. 

•■|)i:.l.\I) l'.\S \K .\L P.M'A." 

Va\ una noche del Otoño de 18(»1. cuando los 
relojes de Roma habían dado ya las doce,, dos 
eclesiásticos se juesenturon ¿ las ivteifUs de. 



96- 



Saut-Angelo, donde estaban encerrados rauclios 
dB los Garibaldinos derrotados en Mentana. 

— ¿Quién vive? — exclamó el centinela al ver 
•1 los dos eclesiásticos, altos los dos; pero uno de 
miembros delicados y joven; otro que parecía 
aun anciano de vigorosa complexión y encapo- 
tado en un ancho y largo manteo de paño negi-o. 
Ninguno de los dos contestaba al quién vive del 
centinela. 

— ¿Quién vive? preguntó este otra vez, en 
voz alta, y algo enojado, y aprontaba el fusil. 

Viéndose entonces apurados los dos extranje- 
ros, dijo el mas joven: 

— Centinela, somos sacerdotes, dejadnos pasar. 

— Nadie pasa tí estas horas. 

— Pero, si venimos del Vaticano, por disposi- 
ción del Papa, y por negocios de urgencia. 

— Si no dais la contraseña, no hay Vaticano 
ni Papa que os valga. 

—Pues bien, interpuso entoiicen el anciano, 
llamad á un oficial superior; nos arreglaremos 
con él. 

El Centinela llamó, y vino luego un tenien- 
tuelo, al parecer muy alborotado, y habiendo 
entendido do los dos eclesiásticos el objeto de su 
venida, pensó despacharlos sin muchos melin- 
dres diciéiidolcs en tono decidido y arrogante: 

■ — lleverendos Señores, no hay que perder 
tiempo. Tenemos órdenes terminantes de no 
admitir á nadie en el castillo después de puesto 
el sol, sin un permiso escrito del Cardenal Se- 
cretario de Estado, ó del Papa mismo. Esa or- 
den es formal y no exceptúa ni á sacerdotes, ni 
á Obispos, ni á Hermanas de Caridad, ni á na- 
die. Volved mañana á las horas convenientes, 
y seréis recibidos. 

— ¿Qué se necesita, pues, para entrar ahora? 
dijo el anciano, ¿permiso escrito del Paj)a? Está 
bueno; luego lo tendréis. 

— Os he dicho de volver mañana, contestó el 
teniente; ¿quisierais acaso ir á molestar al Padre 
Santo á hora tan importuna? ya, tampoco os re- 
cibieran ahora en el Vaticano. 

Mientras el teniente hablaba, el anciano ha- 
bla vuelto la cara hacia un farol, y á la luz del 
gas habia escrito en su cartera: "Lasciate pas- 
sare ü Papa {Dejad pasar al Papa). — Fio /AV 
Desprendiendo luego el escrito, volvi(> atrás é 
iba á presentarlo al oficial; pero la luz del farol 
revelaba á este el incc'gnito anciano. Cayendo 
de rodillas exclamó.: 

— Perdón, Padre Santo, yo. . . la oscuridad . . . 
y no acertaba á concluir una frase. 

El Papa sonrióse con Mñr. Nardi, y bajo la 
escolta del oficial fué á consolar á (íiuseppe Ca- 
polti, amigo suyo íntimo cuando los dos eran 
jóvenes; ahora rebelde y garibaldino. Estaba 
luchando con la muerte, y el Alicario de (-risto 
iba á darlo en persona el ])ei'd()n de su ingrati- 
tud y la bendición apostólica. 



DEL INFIERNO AL PAEAISO. 



¿■íaKvL»— 



(Coii/i/íuaciun — Fúy So- 84. j 

Contemplaba la condesa desde una do las habita- 
ciones altas al populadlo casi dispuesto á una agre- 
sión y temblaba profundamente consternada, porque 
¿de qué no es capaz un pueblo amotinado? Todo es 
de temer de una muchedumbre exaltada y furiosa, y 
cuando en su mayor parte está compuesta de canalla 
¿quién podia responder de que una vez dueña de la 
casa no se entregara á los mayores excesos así contra 
los bienes como contra las personas, con especialidad 
cuando la presencia de Matilde justiñcaba y encc-udia 
siT furor? Esas reflexiones la asaltaban y abultaban 
el riesgo á su turbada imaginación, á lo que contribuí- 
an no poco las demás sirvientas que agrupadas en 
torno de ella, pálidas y tend)lorosas, 7'ogábanla llo- 
rando que devolviese Matilde á su legítimo dueño, 
pues llegadas las cosas á tal extremo mas prudente 
era desamparar á una que exponerlas ií todas. Por 
otra parto los criados, aunque bien armados todos y 
dispuestos á defenderse, al ver engrosar la chusma 
sin cesar, empezaban á decaer do ánimo y manifesta- 
ban con franqueza que convenia mas capitular acce- 
diendo á las exigencias do los comediantes que correr 
los riesgos de una invasión. Empero la condesa re- 
sistía y procuraba ganar tiempo, considerando como 
acción poco noble y menos conforme á la caridad 
cristiana arrojar al tierno pajaríllo en la boca de la 
serpiente, cuando huyendo do ella venía á refugiarse 
en su seno. 

Matilde, inocente 6 infeliz causa de tal alboroto, 
era entre tanto el espectáculo más conmovedor. En 
el momento en que se disponía á partir con la conde- 
sa llegaron á su oído las primeras voces del pueblo: 
sorprendida corrió á informarse de sxi origen y al 
divisar por entre las celosías á sus compañeros capi- 
taneando la plebe, un frío mortal cij-culó por sus ve- 
nas y paralizó todos sus miembros. El corazón la di- 
jo á qué venran, oprimióla el pecho y las sienes el 
pensamiento y terror de caer en manos de Samuel ai- 
rado y furioso por tal acción, vaciló, y si no rodó por 
el suelo debióselo á una doncella que á su lado estaba, 
y la recogió en sus brazos colocándola en un sillón, 
donde á copia de rociarla con agua y darla :í oler sa- 
les volvió en sí y pensó en la fuga. Mas ¿por dónde 
huir sin ser descubierta? ¿Qué asilo buscar donde no 
cayera en poder de sus enemigos ó de la justicia? 
Pensó en ocultarse; pero sus piernas se negaban á 
sostenerla, cuanto más correr en busca de un escon- 
drijo; y por otra parte ¿qué ganaría en ello sí al lin 
llegarían á encontrarla? ¿(lí'nuo píxlria salviirse de 
tantos ojos de lince y de tantos saljuesos que la bus- 
caban? Gruesas gotas de sudor rodaltan por su ca- 
davérico rostro, sus ojos se revolvían en las órl)ítas 
sin mirada fija, torcíanse sus lal)íos con expresión do- 
lorosa crispados por el llanto que no podia salir de su 
corazón, clavaba de vez en cuando la vista en el cíelo 
como sí intentara rogar á Dios, y la silplica cnqieza- 
da terminaba por un desvanecimiento. 

Acercóse á verla la condesa, y al contemplarla en 
tan lastimoso estado cruzó les brazos, quedóse como 
petrificada y solo tuvo fuerza para fijar sus pupilas 
en lo alto como demandando auxilio j consejo al 
cielo, cuando llegó á sus oídos un ruido como de una 
pei'sona que subiera repentinamente la escalera inte- 
rior. . .Era Antonio; Antonio, á quien costó cerca de 



-ÍÍC- 



media hora de trabajo arrancar una reja do las cua- 
dras ])ara ])enetriii' cu el patio'. 

— ¿Dónele estiín la cordesa y la cómica? preguntó 
al entrar. 

— Aquí estamos, respondió la condesa al reconocer 
la voz amiga del cerrajero. 

Entró jadeante el buen Antonio, corrió á la venta- 
na y ¡í ella le siguió la ilustre dama quien, ¡¡resa de 
mortal angustia preguntóle: 
— ¿i}n¿ liay de nuevo? 

— Nada bueno. Esos bergantes tratan de deshacer 
lo hecho por nosotros con tanta fatiga; pero á fé de 
Antonio, señora condesa, que voy á romper hoy mas 
de una costilla con esto mondadientes. 

Y así diciendo enarbolaba el palo bufando como 
un huracán. 

— Poco á poco, dijo la condesa. Yo te agradezco en 
el alma tu valor y buen deseo; pero en ciertas cosas 
vale mas maña que fuerza y á veces el demasiado ce- 
lo echa ií perder los negocios. 

— ¡Bah! ¿Quién se acobarda por cuatro bellacos? 
Armad á la servidumbre y que ninguno se mueva de 
su puesto; si fuerzan la puerta yo me encargo de los 
seis primeros, y os aseguro que les pesará haber ve- 
nido: entre tanto lleganí la autoridad que ya no debe 
tardar. ¡Diantre! ¡No faltaba más sino que se asalta- 
ra á las personas á mansalva dentro de Iliom como 
en medio de un bosque! 

llecobró al parecer algún ánimo y tranquilidad Ma- 
tilde con la presencia de Antonio, y este des]iues de 
desahogar un tanto su indignación volvióse á ella di- 
ciendo: 

_ — ¿Qi^é es eso, Matilde? ¿Os vais á dejar aquí mo- 
rir de miedo? 

La joven no respondió sino con un gemido y un es- 
fuerzo impotente para alzar las manos al cielo. Acer- 
cóse de nuevo Antonio á la ventana, y viendo aumen- 
tarse el populadlo y no aparecer los empleados de 
justicia, subiósele la sangre á la cabeza de coraje, pa- 
teaba de impaciencia como un caballo á quien se re- 
frena contra su Voluntad y golpeaba con la punta del 
palo las paredes como si intentara derribarlas, cuan- 
do de repente j)lantóse delante de las mujeres que a- 
turtlidas y (~S])autadas le ;()iitenq)laban, miró de hito 
en hito á Matilde y come.' si oyera una voz que le ga- 
rantizara el éxito de un plan concebido díjola: 

— Matilde, si consentís en seguir mis instrucciones, 
yo os salvo. 

— ¡Cómo! cxclamarnn á un tiempo todos los cir- 
cunstantes. 

— Lo dicho; Antonio no se engaña, la salvo, pero á 
grandes males grandes remedios. 

Inclinóse entonces luícia Matild(> musitó junto á su 
oido varias frases que ella escuchó con atención ex- 
clamando en seguida: 

Sí, sí, y protéjanos la Santísima Virgen. 

Antonio no esperó más: tomó entr(í sus brazos á la 
iideliz (jiu! ni aun fuerzas tenia para moverse, púsola 
vu \úr, cargóla en sus hombi'os como si fuera una 
criatura, y sin añadir una palabra desajiareció bajan- 
do eu cuatro saltos la escalora por donde habia subido. 

Sorprendidos y atónitos (pied.íronse mirando los 
circunstantes sin ac(n'tarse á explicar el i)i-oyecto del 
cerrajero: varios pensaron (pus su intención era escon- 
derla en las cuadras y lo siguieron; pero oychonh^ de- 
cir: 

— Asios bien, sujetaos en mi ciu'llo y nada temáis. 

Penetró (>n la caballeriza i)or la ventana tpio abrie- 
ra, di>s(iuició la puerta trasera, salió á la calle, y 
)ii¡(>iiitras los cómicos y el pn(>blo braveaban y amena- 
zaban delante del palacio él eolio á correr por calle- 



juelas extraviadas hasta llegar á un convento de reli- 
giosas carmelitas poco distante de la casa de la conde- 
sa, entra en el locutorio, depone su carga en un banco 
cerrando la puerta para no ser sorprendido y tira con 
tal fuerza de la campanilla que se quedó con la cuer- 
da en la mano. Enqjero cada momento le parecía un 
siglo temiendo que los lebreles de Ilumph le fueran 
al alcance, y no queriendo gastar tiempo en hablar, 
dirígese al torno que halla cerrado, y agarrándose con 
entrambas manos al postigo tiró de él con tales brios 
que, no la cadena le que sujetaba, sino una piedra que- 
dara hecha pedazos. Mas aun quedaba otro obstácu- 
lo, el torno. Antonio descargó sobre sus tablas dos 
tremendos puñetazos que las hicieron saltar en asti- 
llas, y libre ya de todo injpedimento, vuelve por Ma- 
tilde que casi sin sentido permanecía en el banco don- 
de la sentara, acomodóla en el torno como mejor pudo, 
estrechóla afectuosamente la mano y mientras le da- 
ba vuelta despidióse de ella diciendo: 

— ¡Pobre paloma! La Virgen te acompañe. 

Alarmó el violento campanillazo á la hermana tor- 
nera y otras religiosas que acudieron corriendo y al 
oír el estrépito de los golpes, el crujido de las made- 
ras rotas y la cadena arrancada de cuajo, consterná- 
ronse pensando que intentaban asaltar el convento; 
mas cuando ante ellas apareció Matilde encogida, pá- 
lida como la muerte y con la angustia y el dolor pin- 
tados en los ojos, el espanto trocóse en agradable 
sorpresa, ternura y admii-acion. En breves momen- 
tos hallóse la misteriosa huéspeda rodeada de toda la 
comunidad que, después de tranquilizarla y animarla, 
invitóla á descansar preguntándola mas tarde los por- 
menores de aquel extraño acontecimiento, y son para 
dichas las exclamaciones que por do quiera se oian la 
escuchar la narración de tantos riesgos, congojas, an- 
siedad y salvaciones: no se cansaban de examinar su 
rostro, todavía pálido por los sucesos pasados, y de 
preguntarla cien vece? los detalles de su fuga que ar- 
rancaba á las buenas religiosas llanto de pesar y de 
alegría, hasta que la abadesa, respetando su abati- 
miento y deseosa de que su ánimo se serenase por 
completo, sacóla de entre aquella multitud de caricias 
y coudújola á una apartada celda, encomendándola al 
cuidado de dos ancianas religiosas, quienes no la es- 
casearon aquel día ni los siguientes las más cariñosas 
solicitudes. 

Antonio regreso al palacio con el corazón legocija- 
do y el rostro triunfante; y reíirió á la condesa el su- 
ceso y la acogida dispensada á Matilde por las reli- 
giosas, que él escuchó desde fuera del torno, recibien- 
do los mas calurosos elogios de to:los por su acertada 
y feliz estratagema. Cuando se divulgó la noticia, 
dispersáronse los grupos, y Samuel rabioso rechinaba 
los dientes entre amenazas é imprecaciones; pero los 
tribunales no osaron violar el sagrado asilo de Matil- 
de, y pocas semanas después recibieron un decreto 
de la corte reconociendo la libertad de la actriz y de- 
clarando (pie el contrato que á Samuel la ligaba no se 
extendía á casos tan extraordinarios é imprevistos. 

Atícionóse pronto IM atilde al silencio, paz y espíri- 
tu de oración que reinaban en aquel sagrado retiro, y 
rertexionó que, sin pedirlo ni merecerlo, Dios la ¡no- 
porcionaba un asilo conforme á las nuevas inclinacio- 
nes de su corazón comidetameute trasformado: solici- 
ió el hábito, y al año siguiente profesó en el mismo 
convento. Asisten por lo regular á esa solemne cere- 
monia dos personas en calidad de padrino y madrina, 
jiei'o Matild(> tuvo cuatro: la condesa y la viuda, el 
])á.rroco }• el cerrajero. 




CATÓLICA 



Se publica 

Año III. 



PEKIODICO SEMANAL, 

s los Sábados, en Las Vegas, N. M. 

Núm, 9. 



3 de Marino de 1877. 



NOTICIAS TERRITORIALES. 



Nuevo Méjieo. — Nuestro euiupliJo correspon- 
sal nos escribe lo siguiente, continuando á describir- 
nos la visita Pastoral del Señor Arzobispo en el 
Eio Abajo. "El dia 2 de Febrero fiesta de la Cande- 
laria, hubo Misa Pontifical en Tomó, precedida de la 
bendición solemne y de la distribución de las velas, 
y después de Misa Su Señoría administró la Confir- 
mación á mas de 250 personas. A las 3 de la tarde 
salimos para Peralta acompañando el carruaje unos 
140 hombres á caballo. Sábado 3, Misa y Confirma- 
ción en Peralta de donde pasamos á Valencia escol- 
tados por una escuadra de honor. El Domingo 4 
después de haber el P. D'Aponte S. J. cantado la 
Misa y predicado, Su Señoría administró la Confirma- 
ción á casi 200 personas. El concurso de la gente 
fué extraordinario. El Lunes, todos los principales 
habitantes de la plaza de Los Lunas y otros en gran 
número á caballo, y en carruajes vinieron á llevar al 
Arzobispo á dicha plaza. Los carruajes y buggies 
estaban ornados con profusión y desplegaban gran 
número de banderas nacionales. A pesar de la mu- 
cha nieve que caia, todas las familias salieron hasta 
el rio para saludar al Sr. Arzobispo, y recibir su ben- 
dición. Entramos en Los Lunas debajo de una serie 
de arcos triunfales, decorados con mucho gusto. El 
Martes 5, Su Señoría celebró la Sta. Misa, y adminis- 
tró la Confirmación en la espaciosa Sala de la casa 
de D. Tranquilino Luna en donde se liabia levantado 
un hermoso altar. Después de la comida, acompa- 
ñados por un buen número de Indios salimos para la 
Isleta, de donde yo me fui para Albuquerque. El 
miércoles 6, hubo Misa y Confirmación en esta plaza. 
Acabo con añadir que en Peralta se piensa en levan- 
tar una hermosa y amplia Capilla en honor de Nues- 
tra Señora de Guadalupe, para protestar no solo con 
palabras, sino con obras también acontra el escándalo 
dado por algunos mejicanos con abandonar lafé verda- 
dera, y para mantener siempre viva esta misma fé en 
los ánimos de los católicos de Peralta. Toda la Par- 
roquia de Tomé está empeñada en esta [santa obra, y 
todos están dando pruebas de este santo empeño con- 
curriendo á la fábrica de dicha Iglesia. 

Las ¥t'g;-as. — Leemos en la Gaceta de Las Veijas 
que salieron libres los dos soldados, que hace casi dos 
años mataron al Señor Julio Homero en Las Ve- 
gas. Este asesinato que no tuvo provocación ninguna, 
cometido únicamente por diversión, excitó en el tiem- 
po grandemente los ánimos de los Veganos. Ahora 
que todo estaba quieto, y que la atención estaba vuel- 
ta á la política, los dos asesinos son declarados ino- 
centes. Señores, quien se murió, se murió .... des- 
canse en paz su alma. Y qiiien vive, no se deje ma- 
tar. Porque si le matan, peor para él; ¿porqué se 
hizo matar?— ¡Justicia de este tiempo, y de este país! 

fallía Fé. — ¡De nuevo el Obispo Whipple! El 



Kev. Sr. Forrester Ministro EpiscopaHano de San- 
ta Fé nos escribe y comunica una carta del dicho O- 
bispo. El Sr. Whipple niega formalmente haber reci- 
bido ni un centavo del gobierno en beneficio de los 
Indios. Creíamos haber puesto la cuestión en su ca- 
mino natural con haber dicho que habíamos tomado 
esa noticia del Catholic Be victo de Brooklyn, N. Y., 
N° 25 de Nov. 1876; y podemos añadir aquí del Myrih 
íl^esferii Chronicle St. Paul Minn., en el N" 11 de Nov. 
1876. Estos periódicos copian una carta dirigida por 
algunos Indios de Mianesota á Z. Chandlar en Was- 
hington. Esta protesta, en que se hallan las quejas, 
que hemos referido, está fechada "White Earth lu- 
dían Keserve Minn., October 26, 1876," y firmada por 
Wahoi, Chief; Noli-Bali-Nan-Jash, Chief; Man-Gons, 
Queeu: Gay-Day-Glie-Go Nay-Jaali, Chief. Nosotros 
no podemos desmentir á esos periódicos; ó mejor, á 
esos Indios sin otra prueba que una carta dirigida 
por el Obispo Whipple al Rev. Forrester en Nuevo 
Méjico. Si es verdad que los ludios se han quejado 
del Sr. Whipple sin fundamento, es inútil desmentir- 
los en la Revista de Las Vajas. Nuestro parecer se- 
ria, que el Rev. Sr. Forrester aconsejase al Obispo 
AVhipple de desmentir á esos Indios impertinentes 
en los susodichos periódicos, escribiendo directamen- 
te á sus editores: y por esto si el Rev. Forrester lo 
cree vítil ú oportuno, le podremos enviar una copia 
de la carta de esos Indios, como la hallamos en el 
Nortk Western Chronicle. 

Tíso.s. — Los crímenes de sangre en este Territorio 
han llegado á tal frecuencia, y la justicia á tal indo- 
lencia en reprimirlos, que ya es tiempo que los ciu- 
dadanos procuren de hallar medios legales pero efica- 
ces para su propia seguridad y la de sus familias. La 
junta que tuvo lugar de los mas distinguidos caballe- 
Tos de Taos á propósito del asesinato déla Sra. Doña 
W\ de Jesús Martínez muerta por su propio marido, 
J. Santistevan, nos parece uno de estos medios cuan- 
do el uso de semejantes juntas fuese general en todo 
el Territorio. Sentimos no poder por la abundancia 
de las materias en este número publicar in extenso la 
relación de dicha junta que nos hicieron el honor de 
comunicarnos. Copiaremos aquí el preámbulo, y da- 
remos compendiadas las resoluciones: 

"Por cuanto, ha llegado al conocimiento de la pací- 
fica comunidad del Condado de Taos, quo el dia 11 
del corriente á las 7 de la tarde, cierto J. Santistevan 
hermano del Hon. Juan Santistevan, deliberadamen- 
te asaltó en su propia casa, á su esposa M'. de Jesús 
Martínez, tirándole un balazo que le fracturó el bra- 
zo izquierdo junto al hombro, y además dándole gol- 
pes en las demás partes del cuerpo, en una manera 
■cruel é inhumana; de cuyo balazo y golpes dicha Ma- 
^ria de Jesús Martínez murió ayer dia 6 de Febrero á 
las 11| a. m. 

Y en cuanto este horrible crimen, por su carácter 
inicuo, pérfido y deliberado contra la paz y dignidad 



-9H^ 



dol Territorio, y siu pai'alelo cu esta comuuiclad, ca 
racteriza al diciio J. Sautistcuaii, lierinano del Hou. 
Jaau Sautistevan, y do un ser huiaaiio lo convierte 
ea un monstruo de iniquidad que deja á sus propios 
hijos, ocho en número, en la mas triste y miserable 
horfandad; 

Y en cuanto un asesinato tan atroz, cruel, violento, 
y desde mucho tiempo premeditado, no inercce la in- 
diilf^encia de ninf^un ciudadano pacílico, }■ quieto; 
sino que al contrario, merece la mas execrable con- 
denación, y el castigo capital merecido en tales ca- 
sos; 

Y en cuanto el criminal J. Sautistevan liermano del 
IIou. Juan Santistevan se ha ocultado y escondido 
con el fin do evitar su condigno castigo, burlándose 
de la ley, de la justicia y de la celosa energía emplea- 
da por los oficiales públicos de este Condado para 
prenderle; 

Ahora por lo tanto: Queda resuelto por los habi- 
tantes pacíficos del Condado de Taos; en junta píx- 
blica reunidos, sin distinción de ardo poIHico,'' etc. 

En las resoluciones después de expresada la i">ropia 
indignación por tal crimen y por los que, ayudando 
al criminal á esconderse, se han hecho cómplices de 
su delito; se suplica á las autoridades de usar todas 
las diligencias para que se coja al delincuente, ofre- 
ciendo una recompensa á la persona que lo entregue. 
Se resolvió además de enviar una copia del informe 
del Jurado ])or el examen posf iiwrtem, el preáimbulo 
y las resohiciones de la junta al Gobernador de Nue- 
vo Mt'jico, y á varios periódicos del Territorio y del 
Colorado. 

NOTICIAS NACIONALES. 



I'^siados tullidos. — Cuando este número llegue 
á manos de nuestros lectores ya el Sr. Hayes habrá 
sido elegido, ó mejor inaugurado Presidente de los 
Estados Unidos. Para dar una idea de la corrup- 
ción del Gobierno de Grant, precursor de (Dios solo 
sabe) qué desgracias y vergüenzas, basta citar aquí 
dos hechos de fecha recentísima. El J. Maddox, 
uno de los testigos que depusieron en contra de 
Wells (véase N" 7) era agente de lo que llaman //¿/c/- 
n(d lievcnui' Burean en la Tesorería. Bien decimos que 
era, pues no es mas. Por haber depuesto lo que sa- 
bia y como lo sabia, aunque fuese contra su propio 
partido, el Sr. Grant le privó de su empleo — Otro. 
El Nuevo Mejicano de Santa Eé nos hace saber que 
"en obediencia á una orden del Presidente, el pleito 
contra el Gen. W. Belkuap, ex- Secretario de Guerra 
ha sido desechado, habiendo opinado el Procurador 
Cieneral, que es imposible la convicción." 

El Keiv Vori- Jlerahl del 14 y 15 reñero varias ten- 
tativas que los reiniblicanos están haciendo })ara a- 
})aciguar á loa demócratas del Sur y hacer que se con- 
formen con la elección de i layes por Presidente. 
Prometen, pues, que en el caso que Hayes sea insta- 
lado Presidente dará completa satisfacción á los jus- 
tos reclamos de los habitantes de los Estados del 
Sur. Es inútil enumerar aquí todo lo que se prome- 
tió para que los demóc:ratas se resignaran con su suer- 
te; pero lo que mas nos extraña es la pi-omesa de con- 
firmar los dos gobiernos locales demócratas do Nich- 
oUs cu Luisiana, y do llamptou en South-Carolina. 
Seria esto la condena de la (deccion de Hayes por los 
mismos republicanos. 

<'4»l4»rii(lo. Dicen ([uo el liill en favor del sufra- 
gio de las mujeres ha pasado en las cámaras de Dea- 
ver, En fueiv.a de este Itill se somelió á un voto po-* 
))ular de h()nd)res y mujeriis la decisión, si se quiero 
() no, (lue las mujeres tengan el derecho de votar y 



ser votadas. A este propósito, y para preparar aun 
remotamente las neo-mejicanas á la vida política que 
nn día ciertamente les cabrá en suerte, queremos in- 
formar á nuestros lectores de este país, los que en 
general lo igooran, que en los Estados hay un buen 
número de miijeres aboyadas, doctoras, profesoras en 
Universidades, juediríaloras, (se entiende en Iglesia» 
Protestantes) y en fin poJÜicas; es decir, que se agi- 
tan, corren, convocan juntas, escriben, peroran, en fin 
se mezclan en política ¡niidio mas que los Jesuítas de 
hx Jiícisla, y los demás Caras de Nuevo Méjico. 

^'<'\v York.— Las Hermanas del Hospital de S. 
Vicente han comprado por .S 150,000 quince solares 
en Nueva Y'ork, {Xtid/i Av. d- tli.'iy-eit/t/t Si.). Han 
pagado parte de esta suma con una hipotecado ¿=100,- 
000 sobre los solares que ya poseían en IFcsf Ehvcidli 
Hirecf. Así que puedan ahorrar ¡^ 50,000, las Herma- 
nas piensan levantar un grande y hermoso Hospital. 

El Sr. Henry Kiddle sobrentendiente del Board of 
Educatiou de N.Y., hace observar en su informe anual 
el aumento que va tomando el número de los escolares 
en las escuelas Parroquiales católicas. En 1867 
las escuelas contaban 10,312 discípulos solamente, al 
paso que á fines del año 1875 había 30,31*2 escolares 
alistados. En menos de diez años, dice el Sr. Kid- 
dle, las cscuales Parroquiales católicas muestran un 
aumento de casi 90 por ciento, al paso que las escue- 
las Públicas habían crecido en el número de los dis- 
cípiüos solamente de 13 por ciento. El mismo caba- 
llero hace observar en su informe que, para seguir la 
opinión pública, los cursos de instrucción en las es- 
cuelas Públicas fueron reducidos y simplificados. 
Para entender esto, debe saberse que en algunos Es- 
tados las escuelas Piiblicas, además de lo grandioso 
y lujoso de sus edificios (todo, se entiende, á expensas 
del pueblo) ya no se contentaban con ser escuelas de 
primera enseñanza, sino que habían adoptado cursos 
de música, de alemán y otros idiomas modernos, y 
no se qué otros ramos de ciencias. Esto se hizo con 
el intento de sobrepujar, y anonadar por la competi- 
ción las escuelas Parroquiales, las que, por falta de 
recursos, no podían hacer lo propio. Pero los resul- 
tados frustraron los intentos, y confundieron toda pre- 
visión. 

i^l2ii\vS:&2i(Io — Acaba de llegar á Baltimora el Rev. 
G. Crowley, el que viene del Seminario de Mili Hill 
(Inglaterra) como Cura Teniente en la Parroquia de 
S. Erancisco Javier de los negros católicos de aque- 
lla ciudad. A este propósito, haremos saber á nues- 
tros lectores que pocos años ha Mñr. Yaughan, Obis- 
po de Plymouth (Inglaterra) ha instituido una nueva 
Congregacicn religiosa que se consagra al servicio de 
los negros. Estos religiosos tienen en Mili Hill su 
Seminario, donde se educan los nuevos misioneros, y 
diferentes casas en los Estados donde se consagran 
al santo ministerio en beneficio de los negros. Tienen 
además misiones en las Indias, y si no nos equivoca- 
mos una también entre los negros de África. 

Xos*ili-(':ti*«»lBiin. — El Sr. Obispo (ribbons Ad- 
ministrador del Vicariato Apostóiico de North-Caro- 
lina ha consagrado últimamente una nueva Iglesia en 
Grecnsboro. Se habla mucho de las buenas dispoci- 
siones de los Protestantes de ese Estado hacia nues- 
tra santa líeligiou. 

.^liiiiK'solsi. — El infatigable Obispo Mñr. Ireland 
Coadjutor del Obispo de St. Paul, ha empezado en la 
Catecíral un curso cíe lecturas de controversias, á las 
(pie acude un buen númea) de Protestantes. El mis- 
mo Obispo está ])romoviendo con buen suceso id es- 
tablecimiento de una colonia católica en Minnesota, 
y no contento con sus ordinarias tareas como Obispo, 



-99- 



se puso ;í la cabeza de un moviiineiito dirigido contra 
el vicio de la embriaguez, predicando, fundando so- 
ciedades de templanza, etc., etc. 

La legislatura de ese Estado lia pasado el hiU con 
que se da á las mujeres la permisión de ejercer el ofi- 
cio de abogado. Él estudio de la lev será sin duda 
penoso á las Señoras por lo árido y seco que es: pero 

cuanto á soltura de lengua 

íjisif>íia?.B?». — A fines de Enero se juntaron los Obis- 
])Os de la provincia Eclesiástica de New-Orleans, en 
dicha ciudad: es decir, además del Sr. Arzb. Perclit', 
los Obsp. Quinlan de Mobile, Eider de Katcliez, Du- 
buis de Galveston, Fitzgerald de Little Kock, Pellicer 
de S. Antonio, y Manucy Vic. Apt. de Brownsville. 
Hasta la fecha no se sabia el fin de esta junta, 3' lo 
que en ella se habia decidido. 

NOTICIAS EXTllANJERAS. 



CS.ÍHSBÍ8. — Mñr. Nardi, á quien asistían en la fun- 
ción los PP. Salva y ArmcUini, recibió líltimamente 
en el seno de la Iglesia CaiJlica á dos Señoras Steele 
Protestantes Inglesas. 

Una carta de Roma da la noticia que Mñr. Pérsico, 
el mismo que por largos años fué Obispo de Savan- 
uali Ga., saldrá en breve de liorna para Malabar en- 
viado á esa distante misión como Delegado Apostó- 
lico de las ludias Orientales. 

Hé aquí los nombres do los nuevos Cardenales. 
Mñr. Luigi Serafini, Obispo de Viterbo, los Prelados 
Lorenzo Nina y Enea Sbarrctti, y el P. General de 
La orden de S. Francisco, Bernardino de Portogruero. 
Además de estos cuatro Italianos, serán promovidos 
al Cardenalato dos Franceses, dos Austríacos y dos 
Españoles, de los cuales hasta ahora no conocemos 
los nombres. 

Sííciña — Últimamente el Rey Víctor Manuel ha 
enviado una carta autógrafa al Papa. No se sabia lo 
que habia escrito, y hasta dudóse de si habia real- 
mente escrito al Padre Santo. Pero ahora acerca de 
uno y otro punto lo sabemos todo. El Papa mismo 
hablando con algunos Prelados de su Corte, confirmó 
la existencia de dicha carta, y sonriendose añadió: 
"Hay hombres de una simpleza incomprensible. Des- 
pués de haber robado á la Santa Sede todo lo que 
poselíi, vienen para pedir amistad y conciliación con 
el Jefe de la Iglesia asolada y ultrajada por ellos." 
Pero ¿porque tanta gana en Víctor Emanuel de recon- 
ciliarse con el Papa? Deben saber nuestros lectores 
que en una nación tan católica como lo es Italia, el 
Gobierno impío de los Francmasones tuvo de la par- 
te de los Católicos un castigo tanto mas terrible cuan- 
to se temía menos. Allí, por orden del Papn, ningún 
Católico se presenta como candidato á oficios políti- 
cos, ni concurre con su voto á ninguna elección polí- 
tica. Es sabido que en ese país el número de los mo- 
derados (esto es, de los que no son ni carne ni pescado, 
ni por Dios ni por el Diablo) es muy reducido; allí 
no hay en general que católicos de tres suelas y ra- 
dicales encarnizados, (íbamos á decir, demonios en- 
carnados) ; de modo que retirándose los católicos do 
los empleos políticos, estos sucumbieron .á mano de 
los radicales, enemigos declarados tanto de cualquiera 
orden civil, como de cualquiera religión. Imaginen 
pues, los lectores la triste condición del Reino de Ita- 
lia debajo de esos furiosos, y entenderán porqué a- 
quel Rey desgraciado procura de vez en cuando ha- 
cer la paz con el Papa. 

Isasi;láaicrR*i(i, — El Osficrvalore Bomano dice que 
las conversiones en Inglaterra aumentan cada día mas 
especialmente en las clases obreras. En las grandes 
ciudades el clero no es ya bastante para instruir á los 
neófitos; y así se van establecieudo uqevas cas.as de 



órdenes regulares. Los Cartujos fundan un gran 
monasterio en las laudas de Sussex, el primero de es- 
ta Orden, después del martirio de los Cartujos bajo 
Enrique VIII. Los Carmelitas van á fundar un Con- 
vento en Chichester, y otro en Bugmenster. En Bis- 
mingan se van á establecer los Benedictinos de Aus- 
tria, y en Haive las Señoras del Sagrado Corazón. La 
hija de la Duquesa de Norfolk abrirá el nuevo Con- 
vento fundado por su madre, la cual ha completado 
ya la cuarta de las cinco Iglesias Católicas, que ha 
hecho voto de consagrar á las cinco llagas de N. Sr. 
Jesucristo. 

Acábase de publicar un libro importante por el Sr. 
Cárter acerca de la unión de la Iglesia Anglicana con 
la Católica Romana. El ilustre autor habla mas bien 
como Católico, que como Protestante. Este trabajo 
ha producido mucha impresión, y da fundadas espe- 
ranzas que las conversiones al Catolicismo serán mas 
y mas numerosas. 

Hallamos registradas en el Propagafenr Catholique 
las conversiones de tres ministros Protestantes á 
nuestra santa Religión: estos son el Rev. Colleth, Mi- 
nistro Baptista, bastante conocido por sus lecturas 
sobre el Espiritismo; el Rev. Robert Wing de Hull 
(Yorkshire); y el Rev. Coclirane de Cunar (Escocia) 
Teólogo de gran nombre en la Iglesia Presbiteriana. 
AIi'SBBSSSBÍíe. — Leíamos con asombro en el Ave- 
Maria, lo que refiere el Loiidon Unioerse: á saber, que 
en Prusia los Obispos y demás Sacerdotes Católicos 
encarcelados, multados y molestados de mil maneras 
porque quieren obedecer mas bien á Dios que á Bis- 
m;irck, tienen ahora que pagar de lo suyo los gastos 
hechos para su mantenimiento en la cárcel. El año 
pasado el Sr. Obispo-Coadjutor de Posen, Mñr. Cy- 
bichowski habia sido condenado á nueve meses de 
prisión por haber consagrado los santos óleos. Ape- 
nas salido de su cárcel, le presentaron una cuenta de 
£7. 9 s. 2^- d. (poco mas de 36 pesos) por costo de 
aprisionamiento. El Obispo confesó que no tenia 
con que pagar, porque entre otras finuras el Gobier- 
no prusiano habia impedido que se le diera su salia- 
rio. En esto, el gobierno de la provincia estaba pa- 
ra embargar la propiedad del Obispo, cuando nn anó- 
nimo caritativo sacó de su bolsillo la suma y la entre- 
gó á los jueces del tribunal de Posen. 

T«iri|53ssí. — El gobierno Turco envió un parte te- 
legráfico á todos los representantes cerca de las Po- 
tencias Europeas, en el que se les noticiaba la nomi- 
nación de tres Cristianos como Gobernadores de pro- 
vincia y la pronta ejecución de las reformas que el 
gobierno habia prometido. 

Un despacho de Viena del G de Febrero refiere que 
el gobierno Turco propone á la Servia las siguientes 
condiciones de paz; 1" el derecho de la Turquía de ser 
diplomáticamente representada en Belgrada; 2" que 
los católicos y los judíos puedan gozar de los mismos 
derechos que los servios nativos; 3 ' que la Servia no 
permitirá que se organicen bandas armadas en per- 
juicio de la Turquía, ó que el Territorio de esta sea 
violado; 4' que no se ivrmita.'ii en Servia sociedades se- 
cretas; 5" que las fortalezas servias se mantengan en 
buen orden, y que en estas se enarbole el pendón tur- 
co junto con el de Servia — El Politische Corresponden^ 
dice: La Servia sin duda aceptará estas condiciones, 
y enviará luego un comisario especial á Constantino^ 
pía. 

II-?i!«iia.^Los armamentos formidables, que se es^ 
tan haciendo ya sea en Rusia ya sea en Turquía, dan 
motivo de creer que por la primavera se empezará la 
guerra de Oriente de que tanto se habló el año pasado, 
que se teme, y que probablemente canibiará las con- 
diciones políticas de Europa. 



-100 



SECCIÓN RELIGIOSA. 



^ ♦ ^ » » 



9. 
10. 



CILENDARIO RELIGIOSO. 

M.UIZ0 4.10. 

Domiiujo III (Ic- Cuaresma — S. Casimiro, Confesor. S. Lucio, 
Papa y Mártir. 

Lvncs -Los Santos Adrinno y Focas, Mártires. Santa Faina 
Vír;_;on. 

M'irtcs — Los Santos Víctor, Victoriano y Claudiano, Milrtires. 
Santa Coleta Virgen Franciscana. 

Miércoles— Sío. Tomás de Aijuino, Dominico, Doctor do la 1- 
f;lesia. Las Santas Perpetua y Felicitas, Mártires. 
,/ufre.s — San .Juan de Dios, fundador de los Hermanos Hospi- 
talarios. S. Julián, Obispo y Confesor. 

l'icrnts —lioa Santos Cirilo y Metodio, Obispos, Apóstoles do 
los Eslavos. 
Sábado— S. Acacio con otros 39 Soldados, Mártires. 

SAMO TOMAS DE AQUINO, DOCTOR. 



Nació en Aquino de iina nobilísima familia, y reci- 
bió su educación en el monasterio de Benedictinos de 
Monte-Casino. Allí dio las primeras señales de su 
eminente santidad. Sus estudios le llevaron á la U- 
niversidad de Ñapóles, donde abrazó el instituto de 
Sto. Domingo de Guzmau, á despecho de las lágrimas 
de su madre y de las persecuciones y malos trata- 
mientos de sus hermanos. Llegaron estos al extre- 
mo de prenderle en despoblado durante uno de sus 
A-iajes, encerrarle en un castillo, maltratarle cruel- 
mente y poner finalmente á prueba su virtud angeli- 
cal con el artificio mas diabólico. Vencedor de la ten- 
tación y libre de su encierro, volvió á Ñapóles, y de 
allí á Roma y mas tarde, á París, con el objeto de 
aprender de Alberto Magno la sagrada teología. A 
los veinte y cinco años recibió el grado de Doctor en 
dicha sagrada facultad, y ejerció el profesorado de la 
misma con universal aplauso. Nunca se sentó para 
estudiar sin haberse preparado con la oración. Cuan- 
do se le ofrecía un punto dificultoso que resolver, a- 
ñadia á la oración el ayuno. Fué propuesto para va- 
rias dignidades eclesiásticas, que rehusó constante- 
mente. Enviado por último al Concilio Lugdauense, 
enfermó gravemente en el monasterio de Fosanova, y 
allí falleció no sin haber expuesto poco antes de su 
muerte algunos capítulos del (Jaufarile /o.v canfores. 

Sus obras han sido y serán la admiración de todos 
los siglos. Su Sitmd ícolóijica ha sido llamada justa- 
mente la enciclopedia del siglo XIII, pues en ella a- 
braza el sabio autor todos los conocimientos de su é- 
poca. El dio una forma regular y metódica á la teo- 
logía católica, diseminada antes en las obras de los 
Santos Padres; él formó un cuerpo de doctrina de a- 
quella serie de tratados que cada uno de los doctores 
anteriores á él había expuesto según las necesidades 
de su tiempo. Los demás, dice Palmes, reunieron 
tan solo los materiales; á él cupo la gloria de levan- 
tar el edificio, al cual han venido á acogerse después 
los mas elevados talentos reconociendo su incontes- 
table superioridad. 



REVISTA CONTEMPORÁNEA. 

Hallamos en el CuthoUc lievieiv que cu Alsa- 
cia medra todavía el Patriotismo, á i)esar tle la 
ruda per.sccucion puesta en juefjjo para liuiulir y 
arrollar ú los Patriotas. Los hay de estos en- 
tre Protestantes y Católicos. Pero en los pri- 
ineíos como exi'i'peioii; culos seguiKlcs como 



regla general. La gran masa de los Protestan- 
tes dobla la rodilla ante el [¡oteutísimo ídolo lla- 
mado (Ipillermo emperador de Alemania; por- 
que, claro está, no puede menos de venerar á la 
imagen entronizada y viva de la rebeldía, pues 
rebeldía se ha de llamar la Rcformn. Los Ca- 
tólicos, después de seis años de gobierno teutó- 
nico, no han llegado á simpatizar con el nuevo 
Sefior. Mus ¿r|n¡én les hace maldito el caso? La 
simpatía i)opular la buscan y ambicionan los go- 
bienios débiles. Los fuertes, los que tienen á 
su mando \m millón de fusiles, los que pueden 
acudir imi)unemciitc al blotpieo, al destierro, á 
la multa, ú la cárcel, esos se ríen de la simpatía 
6 antipatía del j)ucblo, como se rie el lobo del 
gusto 6 de la repugnancia (jue tenga la pobre o- 
veja en dejarse comer. Bien es verdad que se 
le dice al pueblo: "Tu eres soberano; nosotros, 
los lleyes, los Ministros, los Presidentes, no so- 
mos mas que tus empleados; vota, pues; escoge 
;í tus mandatarios; tu voluntad es la ley del 
pa/.3."' Pero ¡ay del pueblo, si sorbiéndose ese 
caldo de zorra se le antoja votar por quien le 
da la gana! Sucederá lo que en Alsacia. Mil 
ocho cientos votantes Alsacianos fueron borra- 
dos de las li.-^tas en Strasburg, y en lugar suyo 
se inscribieron los nombres de 4,300 Tudescos. 
Y con eso, ya se ve, adiós candidato patriótico. 
Además no se les permitió á los católicos el que 
tuviesen ni un solo periódico (|ue abogara por 
ellos. No; ni siquiera el (pie lijasen en las es- 
quinas de las calles un cartel con el nombre de 
su Candidato y su programa político, y hasta 
las boletas les fueron embargadas. Pueblo, 
pueblo; tu eres un dios, si te dejas manejar por 
los que á Dios mismo dictan leyes: mas si te re- 
sistes, eres la turba de los necios, ignorantes, 
truhanes, adictos á la gleba, ó á la galera; en 
una palabra, eiv s la canalla. 



Le XIX Siech', diario cpiizás el mas impío de 
Europa y i)ublicado en París, publicó un artí- 
culo firmado por Francisco Sarcey, crítico ra- 
cionalista, y dif'c así: ¡'Oh escépticos hermanos 
mios, crecdme! ¡(..hieridos Volterianos, escujhad- 
lue! Hasta aliora nos hemo3 engañado: liemos 
(picritlo destruir el Catolicismo de un solo empu- 
jón y no lo hemos conseguido. Veis bien (juc 
"no adelantamos nada. El ateísmo espanta los 
espíritus dél)iles: pocos hay que se determinen 
á dar ese brinco: es necesario i)onerles una es- 
calera debajo de los pies; y esta escalera es la 
lleforma. V^olo el Protestantismo, hermanos 
luios, tiene el mérito y el secreto de trasibrmar 
los Cristianos en libres pen.sadorcs jior una 
transición dulce é insensible. Tal es el medio 
(pie se comienza á emplear en Pélgica. y con el 
cual han aprovechado algunos ateos en el mc- 
dicdia. Tan soh.) con este ll''garcm<>s á destruir 



-lor- 



ia Reli<^ion de Cristo." Estas palabras., aunque 
táii ridiculas, ponen en evidencia una vez 
mas que el Protestantismo es una máscara, con 
que muchos incrédulos y racionalistas se ta- 
pan la cara, y que es el medio mas fácil y segu- 
ro para desterrar la verdadera Religión del co- 
razón de los hombres y no profesar ninguna. 
¡Desdichada misión la de ese pobre Protestan- 
tismo! 



Supremacía de los Pontífices Romanos. 

Dijimos que habia innumerables otras pruebas 
en favor de la supremacía de los Pontífices Ro- 
manos, sacadas de los Padres, Concilios, Actos 
de la Iglesia Romana, en una palabra de toda 
la tradición é historia de la Iglesia. Hemos re- 
ferido algunas, pondremos aquí otras, que saca- 
mos de los primeros cuatro Concilios Ecuméni- 
cos, que los mismos anglicanos admiten. 

Entre los Cánones del I Concilio de Nicea en 
325, es muy notable el texto que se refiere á 
nuestra cuestión. Ese canon, tal como lo leyó 
Pascasino Legado de la Sede Apostólica en el 
Concilio de Calcedonia, está concebido en estos 
términos "que la Iglesia Romana tuvo siempre el 
primato." Mas como se han suscitado varias cues- 
tiones relativamente al sentido genuino de este 
Canon, daremos á ver en qué sentido lo pronun- 
ció el (yoncilio, y cómo verdaderamente prueba 
lo que decimos. San Cirilo de Alejandría refiere 
que el Concilio de Nicea habiendo determinado 
la época de la celebración de la Pascua sf^gun el ri- 
to romano, encargo la computación de la luna á lal- 
glcsia de Alejandría: pero mandóque cada año a- 
visaracon la debida anticipación á la de Roma en 
qué dia caerla la Pascua, áfin de que esta con la 
autoridad que tiene sobre todas las Iglesias del uni- 
verso, les impusiera la celebración en aquel dia 
determinado. Hé aquí las palabras del Santo 
(Prólogo Pascual) "Decretaron de común a- 
cuerdo los Santos del Sínodo de todo el orbe .... 
que la Iglesia de Alejandría cada año diese no- 
ticia por cartas á Roma, para que por la autori- 
dad apostólica supiese la Iglesia universal en todo 
el mundo sin debate alguno el dia fijado para la 
Pascua.". . . .¿No hubiera podido la Iglesia de 
Alejandría promulgarlo sin acudirá Roma? No; 
porque no tenia autoridad sobre la Iglesia uni- 
versal, como la de Roma, la sola á quien com- 
petía, según la declaración del Concilio de Ni- 
cea. Asimismo el Emperador Valentinianoá su 
vez manifestó cuál era la mente del Concilio en 
este punto de la supremacía de la Santa Sede, en 
su Novela tercera, en la cual se lee: "Habiendo 
la autoridad del Sínodo (niceno) confirmado el 
Primato de la Sede Apostólica, mereció de San 
Pedro, que es el Príncipe de la Corona episco- 
pal, y dignidad de la ciudad de Roma, etc." No 



puede, pues, quedar la menor duda acerca del 
verdadero sentido del Concilio, en el referido 
Canon. 

Este mismo primer Concilio Ecuménico, ade-» 
más de haber sido presidido por los legados del 
Papa, pidió á la Santa Sede la confirmación de sus 
ac^os y cánones, así dogmáticos, como disciplinares, 
como después hicieron siempre los otros para 
que sus decisiones tuviesen el valor correspon- 
diente. Ahora acerca del de Nicea, aun su- 
poniendo apócrifas las dos cartas anejas i sus 
actos, pidiendo á S. Silvestre su confirmación, y 
concediéndola este, nos consta por Félix III, 6 
mejor por un Concilio Romano de cuarenta y 
dos Obispos, reunidos por la causa de Acacio, 
que efectivamente los Padres del Concilio Nice- 
no la pidieron. En la carta sinodal de ese Con- 
cilio Romano, se dice: "Siguiendo los 318 San- 
tos Padres, reunidos en Nicea, aquella voz: Ik 
eres Pedro, sujetaron la confirmación de sus de- 
cisiones á la autoridad de la Santa Iglesia Ro- 
mana." Y la necesidad de esta confirmación 
por el Papa era tan bien reconocida, que el Con- 
cilio Ariminense celebrado poco después, no 
fué admitido como Ecuménico, porque le faltó 
la sanción del Pontífice: y así sucedió á otros 
posteriores. 

El II Concilio Ecuménico fué el de Constantino- 
pla en 381, del cual se refiere un Canon, que á 
lo menos por ser inexacto, pudiera hacer alguna 
dificultad, pero consideradas las circunstancias 
nos dará otro argumento en favor de la supre- 
macía del Papa. El Concilio propiamente no se 
componía sino de solos Orientales, que condena- 
ron á Macedonio y su herejía. Los Padres de 
este Concilio pidieron igualmente que los de Ni- 
cea, lo confirmase el Papa, según se despren- 
de de la carta Sinodal de los mismos Padres que 
reprodujo Teodoreto en su Historia Eclesiástica, 
lib.5. Y hasta lo atestiguad mismo Focio dicien- 
do en su carta á Miguel Principe de Bulgaria, 
que "en realidad el Pontífice Dámaso confirmó 
su profesión de fé." Este testimonio, pues, del 
Concilio en favor de la supremacía de la Silla 
Apostólica es terminante y cierto, y es cierto 
aun que, por la sanción pontificia solamente, ese 
Concilio, de suj^o nacional, fué sin embargo por 
la confirmación del Papa admitido como Ecumé- 
nico en toda la Iglesia. Acerca del Canon en 
cuestión diremos, que no puede tener valor nin- 
guno; porque, no habiendo sido aprobado, que- 
dó como escluido de los Cánones del Concilio. 
San (Ircgorio el Grande (lib. 7, cap. 34) nos da 
testimonio de esto, diciendo que jamás á la Igle- 
sia Romana fué presentado aquel Canon. Y por 
lo tanto, como por la sanción del Papa aquel 
Concilio fué considerado Ecuménico, así este Ca- 
non, por foliarle dicha sanción, quedó de ningún 
valor, lo mismo que todo el Concilio Ariminen- 
se. 



-102- 



San Celestino Papa en 431 convocú el Conci- 
lio de Kl'eso, contra Xestorio. Kn él el Legado 
Felipe, sin que nadie reclamara, pronuncio aque- 
llas palabras (Act. 3,) "A nadie es desconocido 
antes bien niani tiesto lí todos los siglos que San 
Pedro Príncipe y Cabeza de los Apostóles, co- 
lumna de la fé y fundamento de la Iglesia Cató- 
lica, recibió' de J. C. N. S. las llaves del reino, 
y la facultad de atar y desatar las culpas, el 
cual hasta hoy dia y siempre en sus sucesores 
vive y ejerce el juicio."' Y todos los Padres 
(act. I) protestaron que ''ohUgddos por. los sagra- 
dos Cánones y por la epístola de nuestro Santí- 
simo Padre Celestino, Obispo de la Iglesia Po- 
mana," condenaban á Xestorio. Las palabras 
"los sagrados cánones" se refieren á la deposi- 
ción de Nestorio, como contumaz en la herejía: 
por consiguiente los Padres atribuyen la necesi- 
dad de condenarle por herejía á las cartas del 
I'apa, el cual lo declaraba tal, si entre diez 
dias no se hubiese retractado. 

No solamente los I'adrcs de Efcso pidieron al 
Papa Celestino, se dignara conlirmar sus deci- 
siones, sino tpie además le escribieron tres car- 
tas dándole Cuenta de lo que se iba resolviendo; 
y por la contestación que dio Celestino á I,as últi- 
mas dos, se conoce que al mismo tiempo que con- 
iirmaba aquel C\)ncil¡o, reformaba algunos de sus 
decretos, y explicaba, por su j)ropia autoridad 
el modo con el cual se debian poner en práctica 
algunas de sus resoluciones: todo lo cual ejecuto' 
fielmente el Emperador Teodosio. 

llocos años después tuvo lugar el Concilio de 
Calcedonia, convocado por el Papa León, contra 
Kuticjues. San Pedro Criso'logo escribiendo á 
Kutiqíle» le habia dicho: "El Bienaventurado 
Pedro, ((ue en su propia Silla vive y preside, 
ofrece la verdad de la fé al que se la pide." Se- 
mejantes palabras í|Uc contienen tan hermoso 
testimonio en favor de la supremacía del sucesor 
de San Pedro, fueron usadas poco después en 
esc Concilio, cuyos Padres á la lectura de una 
carta de S. León, gritaron: Pedro Jui ludÁddo ^iot 
León. Este Concilio confirmó el mencionado Ca- 
non de Isficea, y en la carta sinodal al mismo S, 
León, le decia (]ue "á él habia sido confiado por 
el Salvador la custodia y conservación de su 
viña, (esto es, de toda la Iglesia) y (]ue presidia 
como cabeza á los miembros (es decir, á todos 
los Obispos reunidos).'" San León confirmó este 
Sínodo, i)ero anuló el (\inon 28, decretado en au- 
sencia de los legados, que por lo mismo no tuvo 
ningún valor. ' ," . . 

Ño hal)laremos de los otros Concilios Ecumé- 
nicos posteriores, los cuales fueron inuclio mas 
explícitos en dar testimonio. de este dogma, y 
<(ue, por sui)uesto, tienen la misma autoridad (¡ue 
los primeros. En, modo esi)ec¡al los dos de Liou 
en Francja, y Florencia cu Italia, en los cuales 
se veriricó la unión de la Iglesia Griega con la 



Latina, dieron la mas terminante confesión de 
la S:U[)remacía del Papa, y como esos represen- 
taban toda la Iglesia, ¿([ué podrán decir en con- 
tra los Anglicauos, para disminuir su autoridad? 



La Música de Ii>lc!5Ía. 



En un artículo anterior hemos dado á conocer, 
las dos dil'erentes especies de reforma en la mú- 
sica de Iglesia defendidas por dos diferentes cla- 
ses de personas, á las que hemos designado como 
los promotores de la reforma rígida y de la mi- 
tigada, liemos dado también algunas de las ra- 
zones con las que se esfuerzan de corroborar su 
opinión. , Cuanto á nosotros preciso es decir que 
ambos á dos tienen buenas razones. Sin embar- 
go, si se nos permite exponer nuestra opinión 
sobre el asunto, hemos de confesar que los sos- 
tenedores de la reforma mitigada jjueden pre- 
sentar mejores argumentos que sus adversarios, 
en favor de su parecer. Por profundo que sea 
el aprecio en (pie tenemos el canto Gregoriano, 
debemos decir que de ninguna manera se opone 
al espíritu de la Iglesia un canto figurado de ca- 
rácter religioso. De lo contrario no lo hubiera 
tolerado tanto tiempo la Iglesia. Lo que se le 
opone consiste en los abusos que se han desliza- 
do en él, y contra los cuales invocamos todos 
una reforma. Con el intento de corregir estos 
abusos publicó no ha mucho la Iglesia unas cuan- 
tas reglas que sirvieran de guia á los músicos 
en sus composiciones y funciones; prueba evi- 
dente de que quiere eliminar los abusos y no 
prohibir enteramente la música figurada con tal 
que sea de carácter religioso. Pero ahí va la 
cuestión. ¿Cuál será la norma para juzgar del 
carácter religioso de la música sagrada? Respon- 
demos que deberá buscarse cabalmente en aque- 
llas reglas expuestas por la Iglesia i)araeste fin. 
Con todo, eso no resolverá completamente la 
cuestión. Porcjue es una cuestión en la (jucmIcs- 
empoñarán un papel notable las vistas sujetivas 
3' los gustos individuales. De aquíllamaráii unos 
buena música religiosa, en perfecta conformidad 
con las reglas mentadas, la (¡ue otros tacharán 
de lijera, descabellada y teatral. Unos llama- 
rán música grave }' devota la (pie otros acrimi- 
narán de árida y pesada. Dejando pues de lado 
el juicio individual, consideremos la cuestión ba- 
jo un aspecto mas ancho. Cierto es que pueblos 
dilerenles tiiuien gustos y disposiciones dÜ'eren- 
tes. Por consiguiente apreciarán un objeto se- 
gún sus gastos y disi)Os¡ciones. h^sto (pie es 
veinlad en lo.s asuntos ])ertenecientes á la con- 
ducta (le la vida ordinaria, es también nuiclia 
verdad en lo (¡ue atafie á la lit(M'atnra y á los ar- 
les. ¿Quién ignora la difi'rencia ([ue corre en 
todos estos puntos enli'e los luiropeos y los Chi- 
nos? y |)ara limitai'uos todavía mas, tomad j)or 



-103- 



ejemplo los Franceses \' los Alemanes; los Ita- 
ianos y los Ingleses. La inanera de pensar, los 
justos y consigaientemenüe las apreciaciones de 
ino de esos pueblos son por cierto muy difereu- 
;es de las de todos loa demás. Según tal dife- 
'encia variará su juicio y su esíimacioü de las 
;osas, sin-exceptuar la música. Foresto no se- 
ña -nada de extrañar si una pieza de música, 
jue arrebatara de contento religioso á los Fran- 
;eses ó á los Italianos, dejase inmobles"}' aun 
lescontentos á los Alemanes o á los'Ingleses. 

De todo eso é.-hasc de ver fácilmente que 
lebe- hacerse alguna qiie'ótra concesión á los'bíi- 
erentes gustos; Lo que puede decirse en' gcne- 
•al es que toda nui^icaque sabe á danza 6 tien- 
le á lo sensual debe de' todos modos ser aparta- 
la de la Iglesia. ' Tampoco debe permitirse la 
núsica demasiado chillona; ni la que cbn'tíene 
íiertas rarezas que no sigTufican nadít; ni han de 
.olerarse las largas y fantásticas cadencias, los 
iercenamientos del texto; y un enredó' de pa- 
abras que echa' á perder' el" sentido, 'como ocur- 
•e á menudo por -ías repeticiones hechas tan sin 
on ni son. Cuaádola" Wúsica esté exenta de 
;odas esas faltas^' nosotros no vemos tiinguna 
jucna ...razoni: de evitarla. Verdad é'á que aun 
m estaS' condiciones no será tan grave como el 
;anto Gregoriano, -y la música de Palestrina. 
Pero,' ¿qué neeesidad Imyde que la música sa- 
!;rada sea sien] pre tan grave? Es mas solemne, 
le nos dice, y por consiguiente, mas devota y 
nas propia para los usos religiosos. Pero pre- 
!;nntamos otra vez, ¿no podrá la devoción resnl- 
,ar de una música cuya alegre consonancia sea 
;apaz de comunicar al alma júbilo espirifiíal? 
,Eá la alegría espiritual contraria á la devoción 
i á los sentimientos religiosos? Todo al revés. 
La devoóion, según Santo Tomás, hace 'til alma 
jronta -para el ejercicio - de las buenas obras. 
Pues bien, fácil es de ver que un alma poseída 
le alegría espiritual está siempre mas pronta pa- 
'a el ejercicio de las buenas obras, que una mo- 
*^¡da simplemente por afectos religiosos graves. 
lia objeción que la música/ moderna mueve de^ 
uasiado los sentidos, que deleita el oído, pero 
.jue no puede despertar afectos religiosos en el 
íorazon, debería ser probada con mejores argu- 
neníos, que los que se han dado hasta ahora. 
Puede ser verdad en un caso ú otro.- 'Pero ¿lo 
\s en general? Creemos que no. Además si al- 
^•0 vale esa objeción, se podría extender alas obras 
vrtística'S que se hallau^en muchas Iglesias, y 
lun á.:las pomposas .decoraciones y vestimentos 
le que se sirve la Iglesia en das fiestas solemnes. 
Un altar hermoso y bien adornado estará sujeto 
í la irjisma crítica, po.nuie halagando con los ma- 
;criales el sentido de..l;t.vista podría impedir al 
lima deñjar la ate aciou ísobre el Dios Eseondi- 
lo que mora allí deuíro. Hasta las ceremonias 
le la Iglesia, tan íl':{{nií,..tica¡s q\\ su índole y eje* 



'<!?hcion, p^odrian ser censurables [)or esa cuenta. 
Sin embargo la Iglesia no recela ningún tal pe- 
ligro. Y cabalmente para mover el alma por 
medio de los sentidos se sirve de aquellas niag- 
nílicas ceremonias, y toma de los art'?s lo mejor 
que tienen para embellecer sus templos y altares. 
Ño hay duda, habrá gente que contentándose 
con mirar el exterior aparato no rccojerá el fru- 
to que se propone la Iglesia. Pero liay cosa 
de que los hombres no abusen. Dígase pues lo 
mismo respecto á la música. Indudablemente 
habrá quien se contentará con oir la armonía y 
con el deleite que de ella percibiere. Habrá 
acaso quien irá á la Iglesia principalmente i)ara 
oir la música. Pero lo propio acontece cuando 
hay en la Iglesia algo de extraordinario, por e- 
jemplo una iluminación. Muchos van á la Igle- 
sia principalmente para ver la iluminación. 
¿Pues qué? ¿se deberá por eso omitir la ilumina- 
ción? Cuando se sabe que en la tal o' cual Igle- 
sia predica un orador lamoso, corre á oírle un 
inmenso gentío; y muchos lo hacen por el placer 
de oír un buen orador. ¿Deberán ser excluidos 
del púl[)ito los buenos oradores? ¿No podrán 
los cristianos recibir una buena y saludable ins- 
trucción sazonada con las gracias de la elocuen- 
cia? ¿Y no podrán de la misma manera aventa- 
jarse espirítualmente por medio de una música 
que es agradable al oído? Parécenos (pie, en lo 
relativo á la música religiosa, no se considera á 
la devoción en toda su extensión. Parece como 
si algunos la hicieran consistir en un sentimiento 
de reverente miedo religioso. Sin embaríi'o la 
alegi'ía espiritual entra j)or mucho en la devo- 
ción. Con esta alegría desea la Escritura (juc 
alabemos al Señor. "^Moradores todos de la 
tiei-ra, cantad con júbilo las alabanzas de Dios."' 
(Ps. 09, 1.) ''Moradores todos de la tierra, di- 
rigid á Dios voces de júbilo" (Ps. G5, 1). "Cele- 
brad con júbilo al Dios de Jacob. p]ntonad salmos, 
tocad el j)andero, el armoniosio salterio junto con 
la cítara. Tocad las trompetas" (Ps. 80, 2). "Can- 
tad festivos himnos á Dios, todas las regiones de 
la tierra; cantad y saltad de alegría y salmead. 
Salmead al Señor con la cítara, con la cítara y 
con voces armoniosas, al eco de las trompetas 
de metal, y al sonido de bocinas. Mostrad vues- 
tro alborozo en la presencia del Señor nuestro 
Eey" (Ps. 97, 4 et seqq.) "Alabad al Señor al 
son de clarinesralabadle con el salterioy la cíta- 
ra. xVlabadle con panderos y armoniosos con 
ciertos: alabadle con las cuerdas y los órganos. 
Alabadle con sonoros címbalos: alabadle con- 
címbalos de júbilo" (Ps. 150 et seqq.) Tales 
expresiones favorecen ciertamente mas una mú- 
sica alegre y animada, que una de graves y íor- 
males sonidos. Y sin embargo el Espíritu San- 
to que las inspiró no receló ningún peligro j)ara 
la devoción. ¿Porqué lo recelaremos nosotros?La 
estética' y el méiáto artístico^ no coatrarian la 



-104- 



(Icvüciüu ni los sentimientos religiosos cuando se 
usan con recta intención y particularmente con 
l;i intención de luicerles contribuir ú la gloria y 
á las alaban/as de Dios. Siendo Dios el Au- 
tor de todas las cosas, tiene derecho á sacar de 
todas la gloria y alabanza suya. De aquí las 
palabras escritúrales: "Obras todas del Señor, 
bendecid al Señor." Ni hay ninguna buena ra- 
zón de no permitir una alegría modesta deriva- 
da de la estética y del mérito artístico, en cuan- 
to se emplean para el servicio de Dios y á El 
se refieren con la recta intención. 

Tiempos hay, como el Adviento y la Cuares- 
ma, en que se acomodarla muy bien al espíritu 
de penitencia de la sazón una música grave y 
.seria, y por lo tanto se dcbcria emplear. Mas, 
¿quién dirá que un poco de música alegre en el 
dia de Pascua }' durante el tiempo pascual no 
está en armonía con el espíritu de la Iglesia? 
¿Y porqué deberá ser censurado un Coro que en 
la noche 6 en el dia de Navidad ejecutare una 
buena Misa pastoral? ¿No se avendría acaso con 
el espíritu de la fiesta y con los sentimientos que 
animan entonces á los buenos cristianos? Lo 
mismo se puede decir de otras solemnidades par- 
ticulares 6 generales, en las que un género de 
música mas vivo }' alegre no solamente seria mas 
propio, sino (pie aumentaria verdaderamente el 
júbilo espiritual de los fieles. Pero ya basta lo 
dicho. Concluimos diciendo que bien se necesi- 
ta una reforma en la música de Iglesia, pero que 
j)ara lograrla no hay ninguna necesidad de con- 
denar al ostracismo el canto figurado. Despóje- 
sele de aquellas faltas que son incomi)atibles con 
lo sagrado del lugar donde se emplea, y enton- 
ces no habrá ningún motivo de no admitirle, 
juntamente con los demás artes, á embellecerlos 
templos de Dios y contribuir á su gloria. 



Unas palabras al "Advertiser." 

Kl Advertiser del 1 7 de Febrero saliu arrastran- 
do, como de costumbre, un suplemento, y echan- 
do fuego y llamas contra nosotros; lo mismo que 
\\\\ Cometa con cola de los (pie á veces vemos 
en el firmamento, y que por j)reocnpac¡ones po- 
])ulares, se tienen por señales precursoras de 
grandes desastres, y mas ordinariamente de 
guerras. VA número mencionado no contiene 
menos de tres artículos contra nosotros; uno nue- 
vo y dos |)ubl¡cados ya, y i-epetidos por supues- 
to -Á petición det púhUco. Kntre esos dos, uno es- 
taba firmado Otro Ewjerdo, el cual en apariencia 
es de otro, pero en realidad es del mismo redac- 
tor en alma y huesos. iVdemás en el Suplemen- 
to, habia una especie de Comunicado de un Espec- 
tador, quizás de alguno de aquellos tales que no 
teniemlo gran cosa <pie hacer, se ocupan tan 
solo en ser esprrfudores. En verdad, con artículos 



tan graciosos, iban entremezclados otros dos muy 
diferentes, uno sobre la buenu memoria del Pa- 
dre y. Carrozzini. y otro sobre Sta. Cecilia. Pero 
aíjuella bendita alma y esta Santa se deben ha- 
ber horrorizado de hallarse en el periódico del 
Sr. Aoy y espantado de oir los disparates y hor- 
rores (]ue allí se vomitan. 

Todo eso, no es mas que una pequeña erup- 
ción, como de un volcan, que de vez en cuando 
tiembla, ruge, y echa por la boca olas de fuego 
mezc'adas con densas nubes de humo. Como nos- 
otros desde niños estamos acostumbrados á otras 
mas terribles erupciones, poco caso le haremos 
á esta. Queremos solamente llamar la atención 
de nuestros lectores, á contemplar tal fenómeno 
déla naturaleza. Si quisiéramos refutar cuan- 
tos disparates hay allí, tendríamos materia por 
meses enteros. Además de que daríamos á en- 
tender, contra lo que es en realidad, que tene- 
mos con este periódico mas consideración de lo 
que merece. Y aun quizás, por haberlo citado 
tan á menudo, pensarán nuestros lectores de le- 
janas regiones, que debe ser el Advertiser como 
una potencia de primer orden en el mundo del 
periodismo, cuya saña y ataques nos amedren- 
ten. Pero, afortunadamente, cuando nos hemos 
ocupado de él, habiendo citado alguna impiedad 
ó locura suya, habrán ¡podido entender todos que 
no hemos reparado en él, sino para denunciarlo 
como impío, ó para reimos como de un origi- 
nal. 

Sin entrar pues, en ulteriores detalles, he aquí 
acerca de sus últimos artículos unas reflexiones 
generales. ¿Porqué le pesarla tanto á aquel Sr. 
Redactor, el haber sido tratado de apóstata y 
de blasfemo? Quizás porque era la verdad. 
Cuando un enfermo grita, al tocarle el cirujano, 
señales que este ha dado en la parte mas dolo- 
rida, por ej., en una llaga. El Advertiser griki, 
quiere decir que la Revista le puso sin duda la 
mano sobre una herida, 6 llaga dolorosa. 

Hay mas; ¿porqué, después de todo, en lugar 
de disculj)arse de atpiellas recriminaciones, el 
Advertiser las admite; y mientras procura darles 
otro sentido sin sentido, usa desgraciadamente 
tales palabras, que no excluye en realidad el 
sentido mas natural de impiedad? ¿Qué quiso 
decir con aquellas expresiones "somos blasfemo 
público, ponjue blasfemamos y blasfemaremos, 
etc. .. .Somos apóstata desdichado, porque he- 
mos apostatado de las vías viejas y máximas 
denigrantes en que algunas víctimas del fraylnz- 
quismo organizado hablan imbuido nuestra men- 
te en nuestra mas tierna infancia?" ¿Bajo la 
corteza de tan horrorosas palabras pudiera es- 
conderse un pensamiento verdaderamente cris- 
tiano, piadoso y recto; ó mas bien, siendo táu es- 
candalosas, hacen (pie no encierren sino las mas 
esínmdalosas ideas? 

En fin, si el Redactor del ^dvertiser se c.yej*^ 



-105- 



j«iUR:flwt->nt«iK3^uWJUJK' 'i 



tan injuriado, ¿pofquc no hizo antes caso de esto? 
Se calló todo el mes de Enero, y la mitad do 
Febrero sin hacer queja ninguna. Antes bien 
ea su número del 27 de P]nero, hablando de nos- 
otros, continuó llamándonos, como por delicade- 
za ha usado siempre desde que estamos aquí, los 
dignos hijos de Loijola. ¡Y ahora tan de repen- 
te cambia registro y principia á echarnos maldi- 
ciones y pestes! ¡Esto quizás indica que no es 
de por sí, sino por otros que le excitan; }' que 
él probablemente, huldera seguido calla'ndose, 
saludablemente humillado por aquellas palabras, 
si ningún mal genio hubiese levantado en su 
seno furia tan repentina! ¿Y cómo sucedería 
este cambio? No sabemos: solo parece que cor- 
responde al tiempo cuando algunos de Las Ye- 
gas quisieron honrar su periódico y suplementos 
con tan preciosos comunicados. 

Añadiremos á todo eso, que hemos aprendido 
del mismo Sr. Aoy, ú no hacer ningún caso de 
semejantes cesas, ó cuando mas, contentarnos 
con una breve y general contestación. Citare- 
mos un ejemplo. El mismo se acordará que en 
años pasados, la Gaceta de afjuí. animada enton- 
ces por otro espíritu, y manejada por personas 
diferentes de las de ahora, quiso también rom- 
per alguna lanza contra nosotros. La Gaceta de 
entonces, como el Aduertiser áQ ahora, nos quería 
hacer un crimen de ocnj)arnos en algunas cosas, 
no convenientes, decia, á nuestro carácter. La 
Gaceta de entonces, como el Aduertiser de íihora 
daba á enteuder que en el pulpito predicábamos 
una cosa, y que otras muy opuestas practicába- 
mos. La Gaceta de entonces, como el Adceitiscr 
de ahora, nos acusaba de sacriticarlo todo al di- 
nero, á la ganancia, á la espequlacion, con ofen- 
sa de la religión, y escándalo de los fieles. Eii 
fin, poco mas ó menos, la Gaceta decia entonces, 
lo que dice el Advertiser ahora, j este reproduce 
en general viejas calumnias con casi las mismas 
expresiones. 

Alguno de nosotros contestó entonces á la Ga- 
ceta; pero la mejor respuesta ¿á quién tuvimos 
que agradecerla? A ese nnsmo Sr. Aoy, Redac- 
tor del Advertiser] y para enseñarle (jue no la 
hemos olvidado, vamos á reproducir algunas de 
sus palabras. El pues tomó la defensa de noso- 
tros, á quienes desde 23 de Marzo 1874 llamaba 
"los dignos hijos de Loyola.... sucesores de aque- 
llos que han sido tan perseguidos," etc; y en el 
núm. 30 de Abril, lanzó contra la Gaceta un ter- 
rible artículo, apostrofándola en él con estas pa- 
labras: "La Gaceta pretende ser inmaculada, y 
se cree que aparentando adhesión al partido del 
pueblo, este pueblo (que ama mas su religión 
que su vida) olvidará las uKU'didas de esta víbo- 
ra escondida, etc. Oye, Gaceta, el pueblo te co- 
noce y sabe lo (pie has sido y lo que podrás ser, 
lo que has hecho y lo que puedes hacer. Tus 
apariencias y tus esfrorzos nq pueden vindicar- 



te, porque sabemos que todo es trama urdida por 
tu interés pecuni irio. Y aun tienes la osada 
desfachatez de volvernos á insultar .... usando 
las frases mas beodas en conti'a de nuestra reli- 
gión y costumbres, etc." ¿Qué mas? El llamaba 
á la Gaceta, "hoja venal y mercenaria;" al Edi- 
tor, "un intruso desertor, bajo y mercenario;" 
y de sus ataques decia: "Es menester leerlo pa- 
ra poder creer que hay algunos de los que tie- 
nen la presunción de llamarse Editores, que son 
capaces de escribir las tonterías mas contradic- 
torias en un estado de ceguera tal que hacen du- 
dar á uno de la realidad de lo que ve." Estas 
SOI todas frases del Advertiser; del mismo Sr. 
Aoy que, según su costumbre, se escondió bajo 
el pseudónimo de Personal. Pues bien, noso- 
tros somos ahora lo que éramos entonces. Acaso 
no se nos ataca ])or los mismos motivos; pero 
siendo las calumnias casi las nnsma3¿no será lí- 
cito y oportuno contestar á las palabras del Sr. 
Aoy de ahora con las palabras del Sr. Aoy de 
entonces? Diremos, |)ucs, ahora al Advertiser 
lo que él mismo decia, hace tres años, á la Ga- 
ceta; y si lo hallare algo duro no se queje sino 
de sí mismo; á lo mas (¡nite aquello de intruso 
desertor, y j^onga en su lugar apósUúa Nasfemo; 
lo do bajo bórrelo si quiere, lo de mercenario lo 
dejaremos á su conciencia. 

ÍLibiendo cand)iado la GfLceta de redacción, 
tomó otro espÍ!-itu; y el antiguo pasó la calle y 
fué á lijarse en la oficina del Advertiser; y allí 
desper.ó el Genio de ese otro, que por algún 
tiempo habia permanecido como amortiguado ó 
adormecido. Y es imposible describir los artí- 
culos que comenzó á Ibrjar y lanzar contra todo 
lo que hay de mas santo y sagrado. No bastan- 
do él solo para la empresa formó y se asoció 
otros periódicos, que como satélites acompaña- 
ban el astro mayor, ó (si mas le gustare) como 
los Ciclopes al rededor de Yulcano. Pero esos 
periódicos se acabaron el uno de repente y el 
otro de consunción; y el Dios Ydcano quedó so- 
lo como antes, y solo queda y quedará por su 
tenaz y férrea voluntad, digna de mejor causa. 
Ahora bien; si gusta de ello, siga su camino que 
nadie le disputará. 

Gracias á Dios no nos inspira ningún miedo 
con sus ataques; siga, pues, y llene su medida. 
Si es su gusto, no se lo envidiamos: si es su inte- 
rés, le tenemos lástima. Nosotros seguiremos 
también el camino (jue nos hemos trazado; y 
aunque no esperemos nada bueno de él, no de- 
jaremos de levantar la voz, cuando sea necesa- 
rio, y avisar á nuestros prójimos: Cuidaos del 
lobo. 



-♦- — ^^*< 



lor. 



Grjík.CEST'XlLjiIj.^S. 



LA VEJEZ. 

No siempre ik'ljil¡t;i l¡i vejez las facultadc^s intelec- 
tuales, Petrarca muerto á la edad de setenta años, 
fué hallado sentado en su biblioteca, apoyado sobre 
un libro abierto cual si estuviera leyendo, pero esta- 
ba muerto; AVordswortli vivió hasta los ochenta, lleno 
siempre de ardor poético; Goethe, hasta el dia de su 
muerte, en los ochenta y tres, trabajó con un celo ca- 
si juvenil y sin nada perder de su pasión literaria; el 
pincel cayó de la mano do Tiziano cuando la peste 
ataca])a al insi[^-ue pintor, ¡í la edad de casi cien años; 
Mi;^uel Anií.'l prosiguió brillantemente su carrera 
hasta los noventa; Leonardo da Vinci, uno de los ar- 
tistas mas grandes de cualquier siglo, murió cerca de 
su Ixistidor á los setenta y cinco, en todo el vigor de 
sus facultades; el Tintoretto trabajó hasta los ochenta; 
el Ponigiuo hasta lo-? setenta 3' cuatro; Kubbeus hasta 
losse';enta.;Tenitír hasta los ochenta y cuatro; y Ciando 
hasta los ochenta; no faltan otros ejemplos. {Nortlt- 
llcslcni 67/ /v)// /'■/(') . tSe nos permita añadir á esta lis- 
ta unos cuantos contemporáneos, famosos igualmente 
en los dos mundos: el Ministro Lord Palmerston; el 
(xeneral Van Molkte; el estadista Thiers; el publicista 
y literato Brownson; el teólogo Perrone y nuestro a- 
mantísimo Padre Pió IX, á quien Dios guarde aun 
largo tiempo al cariño de sus hijos los católicos, y á 
la gloria de su Iglesia. 

E-E PlíEMEU LI13IÍ0 IMPIIESO EN AMÉUICA. 

En todo el vasto continente americano la ciudad de 
M 'jico tiene la gloria de hal)cr consignado á la pren- 
sa el primer libro del (jue se conserve todavía alguna 
c;opia. Este libro fuó el Maintal de Adultos, impreso 
en 1510 por Juan Croad)erger, venido de Sevilla á 
Mójico cüu el Virey Mendoza en 1535. Cromberger 
salia de la famosa imprenta sevillana de Juan Pa- 
blos, á cuya cuenta se estableció y trabajó en la ciu- 
dad de los Motezunias. También hay memoria de 
la I'Jsridd Espiritual de .S. Juan (Jlímaco, traducida 
del latin al romance castellano por el Dominico Juan 
de J'jstrada, y publicada en la misma imprenta en 
15']í); pero ninguna copia se conserva hoy dia de es- 
ia ol)rita. 

lIEi!<)lS.-\!() ])E UN rÁliliOCO CATÓEICO. 

En un lil)i-ito que circula extraordinariamente en 
I'raiicia se relieri; el valor heroico y abnegación de 
lui Cura, víctima de la persecución prusiana. 

Nombrado Párroco en 1873 después de la ley do 
Mayo, so vistió de maiinero ])ara poder tomar pose- 
sión de su curato. Al dia siguiente el alcalde le hizo 
la visita oficial, frenético d(M-abia y amenazándole yor 
su atrevimiento, (¿ueria hac-erlo arrestar, ])er() nadie 
obedeció, liasta que vino un gendarme y lo echó de 
casa. Vn buen hombre le recibió en la suya. El al- 
calde le intimó que se abstuviese de ejercer ningún 
ministerio eclcisiiistico; mas él bautizaba, decia Misa, 
confesaba, predicaba, etc. Se le multó, pero no paga- 
ba, hasta (jue h^ fueron vendiilos los muebles y él en- 
carcelado, con gran llanto del j)ueblo (jue !e acompa- 
ñaba. 

En la cárcel fué tratado con sumo rigor, y (h^sjjues 
de muchos meses fué puesto en libertad, pero se le 
condenó á destierro. Volvió á la ]nirro(]uia, celebró 
la Misa V aduiii)i«ti"ó les Santos Sacranieuto.s, v de 



nuevo fué detenido. Un gendarme lo atropella bár- 
baramente y lo conduce á una fortaleza, de la cual es 
acompañado hasta la frontera. Vuelve otra vez á !a 
parroquia 3- llama á los parroquianos. La iglesia es- 
talla llena de bote en bote; .sube al piilpito y exhorta 
al pueblo ¡í resistir á la tempestad; luego administra 
los Sacramentos. 

Acude la policía, v él huve 3' se esconde. Disfraza- 
do acude á un casino, y toma asiento al lado del pre- 
fecto que no le conoció, (¿nejábase este del atrevi- 
miento del Clero en no cumi)lir las leyes del Estado, 
y él dijo: "Las armas del (robierno son ineficaces: yo 
ací'.bo de llegar de N. N., el Párroco desterrado ha ce- 
lebrado la Misa, y la policía no lo ha podido prender. 
Mande V. E. guardar la iglesia el domingo próximo 
de las cinco á las seis: probablemente lo cogeréis." 

Aquel domingo fué rodeada y vigilada la iglesia á 
la hora indicada, pero el Cura ya habia celebrado y 
confesado desde la una á las tres de la mañana y 
luego partido. Los jiolizontes llegaron tarde. 

En otra ocasión no fu('' tan feliz. Eeconocido, lo 
prendieron 3' lo echaron fuera de Alemania, después 
de un mes de círcel, en la cual por orden expresa fué 
tratado bárbaramente. 

Ya desterrado, vuelve de nuevo á la parroquia, ca- 
minando sobre tres palmos de nieve. Era la noche 
de Navidad. La policía nada sospechaba ni podia 
sospecharlo. A media noche celebró el Santo Sacri- 
ficio con todas las ceremonias; mas abatido por las 
fatigas del viaje, se vio atacado de una fiebre ardien- 
te. No fué descubierto, 3- otras dos reces se atrevió 
á ejercer su ministerio felizmente. En medio de tal he- 
roísmo exclamaba: "El listado no saldrá victorioso 
en esta lucha." 

J'AMOSA CÓMODA. 

En París no sí; habla sino de la adíjuisicion (jue el 
Sr. de Ilothschild ha hecho en Inglaterra, conq)rando 
lina cónujda histórica. Labrada en el siglo XVIII 
para Mad. de Pompadour, está embellecida con in- 
crustaciones de Sevres v ribeatada de bronce dorado. 
Se iguora si estas incrustaciones fueron sobrepuestas 
con posterioridad, y la éjioca en que este mueble pre- 
cioso fué llevado á Inglaterra. Pero es cierto (¡ue en 
1818 Jorge 1\" pagó por dicha cómoda 300,000 fran- 
cos, lo cual fué mucho pagar en acjuellos íiempos. 

Por qué azares ahora vuelve á Francia ese mueble, 
también se ignora. Todo lo que se sabe es que lord 
J)udley está inconsolable por haber sabido dcnuísiado 
tarde su venta, (jue Sir Ricardo Wallace no se perdona 
el haber estado algunas horas indeciso en adcjuirirlo, 
3' <pie el Señor de Rothschild está oi-gnlloso de svi 
adquisición, que añadirá al Palacio de Poiitalba, que 
compró este verano, á otros muebles preciosos quo 
está reuniendo sin mostrarlos á nadie. Mas ])ara po- 
seer esta cómoda ha tenido que pagar la frioleva de 
022,000 francos. 

EL GUSANO T30MBYX CVNTIIA. 

La cria de estos gusanos de seda, dura 25 dias, 3'. 
se les manti(>ne con las hojas frescas v cortadas del 
ri'-inio. Tienen la particularidad los capuL os de es- 
tar agujereados por un lado, ío cual imiáce que la 
hebra do seda í'.ea continua v que pueda sei ' devana- 
da, según los métodos ])uostos en práctica \\í sta aho- 
ra. 

El primero que llevó á'Pra'ís desde el pj. amonte 
gi-nn cantidad de pniqiljas de í^sLps insectos, fiij? el du- 
(jut^ de Luid c. 



10 



i- 



PLANTA POLAR. 



El Sulpliim lacinatium (rosíii wecd de los ingleses) 
tiene la extraordinaria particularidad de señalar el 
Norte y el Sur. La causa de esta misteriosa polari- 
dad no se ha descubierto liasta ahora. 

VOCES DE LOS ANIMALES. 

El profesor Lancois, de Friburgo, acaba de publi- 
car un librito titulado Voces de los aniínales. En la 
obra sostiene el autor que las hormigas, los cangrejos 
y otros seres inferiores pueden expresar sus ideas 
por medio de sonidos. 

CARTAS DE DOÑA líARTA PEREA. 



Habiendo hablado en el número anterior de unas 
cartas de Da. Maria Perea, escritas de Europa, to- 
cantes á su viaje de Italia y otros países, hemos pen- 
sado publicarlas aquí. Ellas son una prueba de lo 
que decíamos, esto es, de los gratos recuerdos é im- 
presiones, que reciben especialmente en Koma cuan- 
tos van á visitar esa santa ciudad. Se habla también 
de otros puntos y costumbres de Italia, Francia y 
Suiza. 

Boma, Noviemhre, 1875. 

Estando en París tenia intención de escribirte, pero 
estuve tan ocupada en mirar las novedades de aque- 
lla hermosa ciudad, que me descuidé de hacerlo hasta 
este momento. En llegando aquí quiero corregirme 
desde luego y te envió la primera carta que escribo 
de Roma. Estamos aquí ya hace una semana. To- 
do el verano estuvimos viajando por Suiza. Es el 
mas hermoso país del mundo. Paréceme lo haya es- 
cogido la Providencia para desplegar en él, de la ma- 
nera mas encantadora, todo lo que hay de mas bello 
en la Naturaleza. Las dos excursiones mas agrada- 
bles hechas en Suiza han sido al Beigi y á Chamou- 
nix. Subimos el Heigi el día 22 de Julio. El cami- 
no construido para subir es admirable: Está tan 
cuesta arriba que á cada rato hay miedo no se caiga 
uno cabeza atrás. A medida que íbamos subiendo 
sentíamos aumentar el frió, y cuando llegamos á la 
cumbre estábamos cabalmente en invierno. El salir 
y ponerse el sol son allí una gloria. Bien valia la pe- 
na de levantarse á las 5 de la mañana para ver la salida. 
El viaje á Chamounixfué también muy agradable. El 
monte Blanco es grandioso. Hicimos una excursión 
á la Mar de Hielo y la atravesamos. Es magnífica. 
Después de haber admirado la hermosura de la natu- 
raleza en Suiza, la dejamos para venir á admirar el 
Arte en Italia. En Turin vimos la Capilla del Santo 
Sudario. Hay en medio de la Capilla un Monumen- 
to que contiene el Sudario Verdadero de Nuestro Se- 
ñor. Después fuimos á Miian. La Catedral de es- 
ta ciudad es soberbia. Es toda de mármol blanco y 
tiene millones de pirámides, de flechas, de piñones y 
agujas, y una infinidad de estatuas. Dentro vimos el 
cuerpo de S. Carlos Borromoo. Su Capilla está toda 
adornada con bajo-relieves de plata que representan la 
vida del Santo, quien está vestido con los hábitos 
pontificales en los que se ven brillar diamantes y toda 
clase de piedras preciosas. 

De Milán pasamos á Venecia. Así como llegamos, 
estaba yo encantada con la vista de aquella ciudad 
en medio de las aguas, y con el hallarme siempre en 
una gíSndola, pero pronto me cansé con eso. ¡Qué 
quietud reina allá! poco va que no sea un sepulcro! 
No se oye el menor ruido, á no ser el sordo y monó- 
tono de una góndola que cruza las calles de agua. No 



S3 vé un caballo, un carruaje. La Piazza S. Mai'co es 
el único sitio para poder dar vin paseo. Pero la Ca- 
tedral de S. Marco es cosa estupenda. Está decora- 
da con una profusión de mármoles orientales, de ba- 
jo-relieves, de otras esculturas, doraduras y mosaicos. 
Tiene dos hermosas columnas las que pertenecieron 
al Templo de Salomón. En Bolonia nos quedamos 
dos dias. Después, como cosa de un mes, en Floren- 
cia, donde hay muy vistosas Iglesias. La Catedral, 
Santa Croce, San Lorenzo y la Anunciación están tan 
ricas que para conocerlas bien es menester irlas á ver, 
cuando menos, cuatro ó cinco veces. Además las 
Galerías de Pinturas, sobre todo la de Los Ulpy.íi y 
del Palazzo Pitli, donde está el Original de la tan ce- 
lebrada Virgen de Rafael. En nuestro viaje hacia 
Roma pasamos por la ciudad natal de S. Francisco 
de Asís. En el lugar donde estuvo su casa se ha 
construido una Iglesia. En Terni vimos una cascada 
artificial hecha tres siglos antes de la venida del Señor. 
En Roma no hemos visto aun mucho. Pensamos 
quedarnos aquí todo este invierno y así hacer nues- 
tras excursiones muy despacito. Sin embargo hemos 
ido ya tres veces á San Pedro. No puedes figurarte 
mi emoción á la vista de aquella Basílica. En ajier- 
cibir aquella Cúpula que parece va á perderse en los 
aires, apenas podía contenerme de regocijo y cuando 
me hallé dentro de la Iglesia, casi tenia miedo de res- 
pirar por lo imponente y jnajestuoso de todo lo que 
allí se ve. ¡Qué armonía de todas las partes con el 
conjunto, y qué gusto tan consumado y raro! A pocos 
pasos de la Puerta están cara á cara dos magníficos 
Angeles, qne tienen en las manos pilas de agua ben- 
dita en forma de conchas. Al entrar parecen del ta- 
maño de un muchacho de tres ó cuatro años, pero á 
medida que uno se adelanta crecen, y cuando se les 
está cerca son dos gigantes. Lo propio acontece con 
todas las estatuas que allí están. No se puede tener 
idea de fus dimensiones. Los cuadros son todos Mo- 
saicos del trabajo mas lindo y perfecto. El Altar 
Mayor es todo de marmol blanco y está cubierto con 
un Baldaquín sostenido por cuatro calumnas foiridas 
y adornado de hojas, arabescos, doraduras, etc. De- 
bajo del Altar está la Confesión de S. Pedro rodeada 
de una balaustrada donde arden constantemente cien- 
to veinte y una lámparas de cobre dorado. Allí están 
los cuerpos de S. Pedro y S. Pablo, los de veinte y 
cuatro Santos Papas Mártires, y él del Papa Pió VI, 
á quien su estatua representa arrodillado delante de 
la Confesión. 

Cuando recibas esta carta espero habré visto al 
Padre Santo. Desde la entrada de los Revoluciona- 
rios en Roma, él ya no se deja ver en las ceremonias 
públicas, pero no hay dificultad ninguna en lograr 
una audencia para verle. A muchas señoras he visto 
que fueron á verle, y una de ellas me dio flores que 
había recogido en el Jardín del Vaticano. Te envío 
algunas hojas. En el Vaticano fuimos también á la 
Galería do Pinturas y á la Capilla Sixtina, que es la 
ca]:)illa privada del Padre Santo. 

Ayer interrumpí todo el día esta carta porque-, co- 
mo había fiesta en S. Juan de Letran, quise asistir á 
la Misa que se celebró allí con hermosísimas ceremo- 
nias, estaban presentes varios cardenales. Las cabe- 
zas de S. Pedro y S. Pablo estaban en una espléndida 
caja sobre el Altar Mayor. Acabada la Misa, entra- 
mos en el Museo de S. Juan de Letran, y después en 
la Capilla de La Scala Santa, donde se conserva la 
escalera por la que pasó cuatro veces el Señor para 
subir y bajar del Pretorio de Pilatos. En algunos de 
los escalones Iiallanse encajados unos pedazos de 
cristal, que cubren los sitios donde se cayeron gotas 



WB 



(li; hi preciosa Siiiigre. Subí los escaleras (Je rodi- 
llas, por supuesto) y besé aquellos sitios. Eucinia de 
las escaleras hay una capilla y en esta una Imágeu 
del Salvador hecha por S. Lucas que dicen serle muy 
]>arecido. Nosotras solo vimos la capilla por una 
])uerta y ventana cerrada con barras de hierro. Di- 
eou que solo ol Papa puede decir Misa en esta Capi- 
llft, (') un Cardenal autorizado por él. Yo tuve mu- 
cha consolación en subir esta escalera y tengo inten- 
ción de volver tantas veces como pueda. 

Después fuimos al Claustro de S. Juan de Letrau 
donde vimos una silla de mármol que porteuecié) al 
Papa S. Silvestre; la mesilla donde los soldados echa- 
ron suertes sobre la túnica de N. S. J. C. dos calum- 
nas del Palacio de Pilatos, etc. También tienen en 
la Iglesia, detrás del altar do Stmo. Sacramento, la 
mesa en la que el Señor celebró la líltima cena con 
sus Apóstoles. 

Niza, Fuero de 1876. 
Teníamos que salir de Roma el dia 3 de este mes, 
paro nos quedamos un dia mas para confesarnos y 
comulgar, lo que hicimos; y después fuimos otra vez 
á la Scala Santa, lugar de tan bellas y preciosas me- 
morias, y de tan agradables y consoladoras emocio- 
nes. Hay nueve años de indulgencia por cada esca- 
lón que se sube; los escalones son 28, y yo los subí 
todos cuatro veces: la cuarta vez lo hice enteramente 

por tí J. estaba muy malo á esta sazón. El 

clima de Roma es muy malsano . . . .Así pues salimos 
para Ñapóles. Pero hicimos un gran disparate en 
dejar nuestro equipage en Roma. Como nos habían 
dicho que Ñapóles era una ciudad muy desagradable, 
no pensábamos quedarnos allí mas que ocho días; pe- 
ro la hallamos tan hermosa que nos paramos un mes. 
¡(^ik'- Peraiso terrenal! ¡qué eterna primavera! En 
volviendo á Roma, encontramos tanta diferencia en el 
clima, que J. no pudo aguantarla. A haber sabido 
do lo delicioso que es Nápolss, hubiéramos ido pre- 
])arados para permanecer allí hasta que se pusiera 
algo mas blando el cielo de Roma. En Ñapóles vi el 
derretimiento de la sangre de S. Genaro, la que se 
guarda en dos redomillas encerradas en un Relicario. 
Tuvimos la dicha de encontrar al Príncipe de la Ro- 
ca, quien sin habernos visto antes, nos reconoció por 
las señas que le liabi.i dado su hijo que nos había 
hecho una visita en la casa donde nos aposentamos. 
YA Pi'íncipe nos hizo el favor de enseñarnos el Tesoro 
de la Iglesia, y nos alcanzó el permiso de besar la 
Ridiquia. El derretimiento de la sangre de S. Gena- 
ro es un milagro, que obra Dios, para honrar á su 
Santo, dos veces al año: el dia IG de Mayo y el 10 do 
Setiemlire; alguna vez también el 1(5 do Diciem])ro 
(pie fué cuando vi yo la sangre, pero no hubo derriti- 
miento esta vez. El dia de Navidad fui á confesarme y 
comulgar en S. Genaro. Muchas cosas mas vi en 
liorna desde que te escribí la última carta. El dia 
de Santa Cecilia, dia 22 de Noviembre, visitamos las 
(Catacumbas de S. Calixto, donde se celebró la fiesta 
de la Santa. Las catacumbas estaban muy ilumina- 
das, y adornadas con llores naturales, sobre todo la 
(ístancia en la que hallaron el cuerpo de Santa Ceci- 
lia. Te envío una hoja de rosa que recogí en el sitio 
ocupado por su cadáver. Las catacumbas prc^sentan 
un aspetito inq)onent(> á la vez y sagrado. Auncjue 
liorril)lemente oscuras y húmedas recuerdan en ca- 
da pasaj(% en cada (•ri])ta, en cada rincón la hisioiia 
de algún santo ó de alguna santa Mártir, cuyos hue- 
sos yacen allí sin se])ultura. Nosotros los vimos, y 
á pesar di-l interés sunu) (]ue excitan, yo no ])Uf do 
nuiuos do tener un .sentimiento de houoi cuando 
pienso vn ello. 



Visitamos después las l'es Fontane on La Piazza 
donde fué degollado San Pablo. Al dividirse la ca- 
beza de su sagrado cuerpo, es tradición que dio tres 
saltos en el suelo, haciendo brotar un nnvnantial de 
agua en cada uno de los sitios donde cayó. Levan- 
tóse en este paraje una hermosa Iglesia }• un altar 
encima de cada fuente. Reí timos de esta agua santa 
y la hallamos muy buena. Tajubien te envío una ho- 
ja recogida en el jardín que rodea las Tres Fontane. 
Fuimos después á la Cárcel Mainertina, donde estuvo 
preso San Pedro; el hueco por donde fué bajado en 
la cárcel y cien cosas mas. 

Al Padre Santo le vi dos días después de haberte 
escrito. Tiene un aspecto de los mas blandos y cari- 
ñosos que yo haya visto, }• ol paso todavía lijero, á 
pesar de sus 83 años y el ojo vivaz y penetrante. Le 
gusta mucho chancearse. La voz es laiinica cosa que 
da á conocer su edad, pues tiembla mucho cuando 
habla. Sentí mucho no poderle ver otra A-ez para 
pedirle una bendición especial por tí y por el conven- 
to; pues su bendiciojí nos dio mucho con^^uelo. Nos 
bendijo á nosotros y á nuestros padres y amigos para 
la vida y la muerte, etc. Al nombrar él á nuestros a- 
migos pensé en tí y en la Me. M. Me., etc. 

rari<< Jíarzo ,k- 1876. 

Acabo de llegar do Issoudun y desde luego voy á 
darte cuenta de nuestra visita á Nuestra Señora del 
Sagrado Corazón. Nos marchamos de Niza en segui- 
da después del Carnaval, dia 1ro de Marzo. El do- 
mingo antes habia ido á confesarme y comulgar á in- 
tención tuya, y para disponerme con la mayor devo- 
ción que podía á la visita á Nuestra Señora del Sa- 
grado Corazón. Llegamos á Issoudun el 5, á las 11 
de la noche. El dia siguiente mé levanté muy de ma- 
ñana para luxllar el Santuario, lo que logré sin ningu- 
na diticultad. Es una Iglesia pequeña, pero muy lin- 
da y está llena de dádivas y ofrendas, de las que mu- 
chas han sido traídas por personas que alcanzaron 
algún favor. La capilla de la Virgen está embelleci- 
da con graciosas lamparillas de color, colgadas por 
todas partes y constantemente ardiendo, que se pa- 
recen á unas estrellas muy relucientes. En la segun- 
da visita al Santuario fué con migo J. y entramos cu 
el parlatorio donde iii.scribinios en un libro nuestros 
nombres; j-o puse el mío y el tuyo, y hubiera querid o 
escribir el de S. S. y do muchos otros, pero tenia mie- 
do seria demasiada libertad. Después supe que ca- 
da cual puede escribir el nombre de todas las perso- 
nas por quienes se interesa. No puedes creer como 
me enojé conmigo misma, pero el disparate está he- 
cho y ya no tiene remedio. Si el Señor me concedie- 
ra el favor de volver de atjuí á pocos años, no dejaría 
de hacerlo. Te c(mipré una fotografía de la Capilla 
del Sagrado Corazón y una de la A'írgen con algunas 
plegarias muy devotas ((pie acaso ya las conoces) y 
dos escapularios. 

También visitamos á Nuestra Señora de Fourvie- 
res en Lyon. Es una IgKsia de nnicho renombre y 
visítanla un millón de per.sonas al año. Aquí tam- 
bién hay ofrendas y ex- votos sin íin 

¡()ué contentos estuvimos de volver á París! Como 
ciudad, no hay mas que París y no hay sino un solo 
París en el nnnulo. Así is que nos hemos acostum- 
brado á mirarle como una segunda ]iatria, y .siempre 
suspiníbamos jxn- él cuando en nuestros viajes está- 
bamos algo fastidiados. A([uí estamos ahora y todo 
so nos hace ]iatuial. I>a ?.Iagdaiena (á dos pasos de 
nuestro Hotel); Los Camilos Elíseos; la Plaza de la 
Concordia; los lionlevanls, ó Paseos públicos, etc., 
etc. 



EEVISTA CATÓLICA 

PERIÓDICO SEMANAL, 

■Se publica todos los Sábados, en Las Vegas, N. M. 



Año ni 



10 de Marzo de 1877. 



Núm. 10. 



NOTICIAS TERRITORIALES. 



Las Vegas. — El dia 22 de Febrero salió de Las 
Yegas el Eev. P. Gasparri S. J. para dar misiones en 
las Parroquias de Picuries y San Juan. 

Leemos en la Gaceta que pasó por aquí el Señor 
Frank Crozer Agente del Ferro-carril de Denver y 
Rio Grande. Tuvo una entrevista con los principa- 
les negociantes de esta localidad acerca de las venta- 
jas que les proporcionarla su línea de ferro-carril. El 
Sr. Crozer desea granjearse el patrocinio y la buena 
voluntad del pueblo de Nuevo Méjico en favor de la 
línea Denver & Rio Gx'ande. El año pasado la línea 
se extendió de Pueblo, Colorado, á El Moro; este 
año los empresarios se proponen continuarla hasta 
Cimarrón, en nuestro Territorio, si nada se les opo- 
ne. De Cimarrón vendrán á Las Vegas tan pronto 
como la Compañía tenga los fondos suficientes. Por 
de pronto el Sr. Crozer se establecerá en Santa Fó 
para poderse entender allí con los negociantes del 
Norte y del Mediodía. 

Hanta Fé. — Las Hermanas de Loreto han esta- 
do preparando, con el esmero que les es tan propio, 
á nada menos que 90 niñas para recibir la primera 
vez el pan de los Angeles en el Sacramento del Altar, 
lo que tendrá lugar mañana Domingo IV de Cuares- 
ma. Esperamos que algún buen amigo nos entere 
de los pormenores de la fiesta para poderlos publicar 
en nuestro periódico. 

Taos. — El dia 25 de Febrero se celebró en Taos 
en medio de un gran número de parientes y amigos 
el casamiento del Sr. L. G. Read con la Señorita María 
Teodora Martin, apadrinados por el Hon. Pedro Sán- 
chez y su esposa Doña María del Refugio Martínez. 
No hubo invitaciones. La cumplida educación intelec- 
tual y moral recibida por los jóvenes consortes y sus 
conocidas virtudes hacen esperar, con el favor del 
Todopoderoso, que esta unión conyugal será un mo- 
delo de esposos católicos. 

Cliaperito. — Los habitantes de esta localidad 
van á fundir una hermosa y sonora campana para la 
torre del nuevo templo levantado en su Parroquia. 

NOTICIAS NACIONALES. 



Washingftoii.— Escriben de Washington al Ca- 
tholic Mirror de Baltimora: "En Europa las ofrendas 
(que se harán" al Papa en ocasión del cincuentésimo 
aniversario de su consagración episcopal) tomarán la 
forma de preciosos dones artísticos, como también de 
productos de los artistas y obreros católicos, y todos 
se pondrán de muestra en la grande exposición cató- 
lica que se hará en el Vaticano á principios de Junio. 
La celebración del "Jubileo de Oro" de nuestro ama- 
do Pontífice no es popular solamente entre los Cató- 
licos, sino también entre los Protestantes, muchos de 
los cuales tan manifestado la intención de enviar al 



Papa nna prenda de su amistad, como los Católicos le 
envían la prenda de su amor. A los americanos les 
será impracticable enviar oti'as dádivas que en dine- 
ro; ni tampoco se necesita esto, porque á las personas 
faltas de recursos se les pedirá solo que firmen sus 
nombres en hojas de papel que se les presentarán y 
que después serán encuaderuaflas, ofrecidas al Papa, 
y luego guardadas en los Archivos del Vaticano. 

Oliio.— El número de los convertidos hasta la fe 
cha en la Iglesia de Santa Ana para los negros en Cin- 
cinnati, es de 254 adultos, y de 141 hijos de paüres 
Protestantes bautizados. Administra actualmente a- 
quella Iglesia el Rev. P. Putten S. J. La Iglesia re- 
cibe generosa asistencia de una sociedad formada con 
este fin, la Asociación del B. Pedro Claver de Cincin- 
nati. North Western Chronide. 

Pasó de esta vida la Señora Sarah Peter de Cincín- 
nati. Fué Protestante, pero de límpido entendimien- 
to y corazón generoso conoció sus errores y abrazó 
el Catolicismo. Con su conversión empegó una vida 
de ardiente fé y celo el mas activo. Fué, en su esfe- 
ra, una verdadera apóstola; modelo de virtudes cris- 
tianas; adictísima al Padre Santo, de quien iba á me- 
nudo á recibir en persona la bendición apostólica; a- 
mada y venerada hasta de los enemigos de nuestra 
fé; humilde, compasiva, bienhechora singular de los 
menesterosos, "fué haciendo bien á todos." Del elo- 
gio fúnebre pronunciado sobre sus restos mortales 
por el Arzobispo de Cincinnati sacamos las siguientes 
reflexiones, que pueden ser útiles á todos. "Si tenia 

faltas, estaban estas por el lado de la virtud 

Jamás pudo entender cómo es posible no sentir ó no 
apreciar la voz de la Iglesia Católica. Jamás pudo 
entender cómo es posible, sin ser ateo, sin renegar de 
Dios, imaginarse que Dios haya hecho todas las reli- 
giones que pretenden haber sido hechas por El. 
Creia, como el Obispo Smitli, de Keutucky, que es 
imposible que entrara en las intenciones de Dios ese 
caos religioso representado por todas las Iglesias de 
la ciudad con sus altas torres, y todas sus lucbas y 

contradicciones, fruto de la Reforma Fué 

tan bondadosa, tan pura, que al paso de juntarme yo 
á las oraciones que acaban de ser levantadas al cielo, 
y de saber que es "un pensamiento santo y saludable 
el rogar por los difuntos, á fin de que sean libres de 
sus pecados," si mueren en pecado; yo creo que vos- 
otros tenéis aquí presentes los restos de una santa, y 
mas bien quisiera yo encomendarme á ella, que rogar 
por ella." R. I. P. 

Missíssippi. — Cinco años atrás no había ni un 
solo Católico en los alrededores de McComb-City; 
ahora hay mas Católicos que miembros de cualquier 
secta. Últimamente los Reverendos PP. Enright y 
Lamy dieron allá una misión que produjo abundantí- 
simos frutos. Catholic Mirror. 

Miiiiiosota. — El infatigable y celoso Obis. Coad- 
jutor de St. Paul en Minnesota, Mñr. Iie'.and, ha di- 



lio 



rigidu iiuíi curta al Ti'hdl tlu Nueva York cu la que 
(la una cuenta de lo mucho obrado por él para esta- 
blecer colouias católicas en aquella diócesis y del es- 
tado Uorecientc en que so hallan ahora. "Hace doce 
meses, dice, la Colonización católica de nuestras lla- 
nuras occidentales era un plan iderd. Yo entré en la 
tarea con mucha descontinua, y s('rios temores. Hoy 
mis .sentimientos son del todo diferentes: viendo nues- 
tros esfuerzos coronados con un éxito mas feliz de lo 
que hubiera podido imaginar una fantasía la mas 
atrevida." Swift County, que hace un año^ era un de- 
sierto, está ahora esparcido de casas al rededor de las 
cuales se ven espaciosos trechos de terreno cultivado 
(]ue ya prometen á sus colones abundante cosecha 
para el otoño venidero. Dos Aldeas De Graf y Clan- 
íarf, están prosperando y pol)lándose cada dia mas. 
.De Graf ostenta ya sus líneas de tiendas, .sus residen- 
cias privadas, sus edificios ferro-viarios, su Iglesia, 
su hoguera de ladrillos, su molino, etc. . Los emi- 
grantes acuden de todos los jnmtos de la Union, del 
Canadá, de Inglaterra y de Irlanda y todo promete 
un grandioso pcjrvenir. Añadimos nuestra d(''bil voz 
ií las alabanzas que tributan al Sr. Obispo Ireland to- 
dos los que entienden qué quiere decir civilizar á los 
2)ueblos y esperamos poder entretenernos algo mas 
sobre este asunto en algún otro número de nuestra 
líevisia. 

B*oiaiis.vlvaBii:i. — El dia 22 de Febrero tuvo lu- 
gar en Lancaster el funeral del Ilev. Bernardo Keen- 
an. Falleció á la venerable edad de noventa y ocho 
años. Era el Sacerdote Católico mas adelantado en 
edad en todo el mundo, y habia sido Pastor de la I- 
glesia|de Santa Maria de aquella ciudad por el espacio 
de cincuenta y cuatro años. Venerábanle todos y era 
universahnente conocido en la Iglesia Católica por 
todo el país. Durante el tiempo que quedaron ex- 
puestos al público sus restos mortales, un gentío con-, 
stante de acaso 15,0U0 personas acudió para dar una 
última mirada á su amado Pastor. Fué sepultado en 
frente de Iglesia, donde le levantarán un grandioso 
monumento sus feligreses. Las exequias fueron im- 
])onentes. Asistieron setenta sacerdotes, y millares 
de fieles, teniendo á la cabeza el Arzobispo de Fila- 
delfia Mñi'. Wooel, el Obispo de Pittsburg Mñr. Do- 
jiienic, el Obispo de Scranton Mñr. O'llara, el Obispo 
de Western Pennsylvania Mñr. Twigg, y el Obispo 
de Harrisburg Mñr. Shauahan. La solemne Misa do 
licqnkm fué celebrada por el Obispo Shan alian; el 
Arzobispo de Filadelfia pronunció la oración fúnebre,' 
dando un elocuente tributo de alabanza á las virtudes 
sociales y sacerdotales del ilustre finado. jW'ir Yurl: 
Ucnthl. * 

.'^l::ss¡i('iiBiS4'dís. — Iln cierto \\q\. E. Hale mi- 
nistro unitatiano de Boston á ])ro])ósito de la misión 
Protestante dada por Moody y Sankey en esa ciudad, 
da la siguiente división de la ])oblacion bo.stoniana' 
cnanto ¡í creeníúas religiosas. Ihi tercio de la pobla- 
ción es de católicos. Otra tercera parte se com])one 
de todas las sectas Protestantiís, los i.\\w el V\o\. Hale- 
subdivide en ortodoxos y lib(>rales. VA ri'sto es d(í 
los (jue no ])rol"esan religión ninguna, ¿(^uién hubiera 
podido i)redecir liace un siglo que Boston, la sede )' 
la fortaleza del Protestantismo en América tendría táu 
largo número do católicos. 

NOTICIAS EXTRANJERAS. 



ICoilia. — Fna correspondencia de Boma cuenla 
(]ue Su Santidad, en la r(>cepeion de los Alumnos del 
Colegio Americano del Norte pronunció algunas pa-' 
labras sobre esto texto Uluin o^x^rfct aescere, pw uuh'.m. 



//////'//, que aplicó á las dos Américas del Sur y del 
Norte de esta manera: "La América del Sur está 
destinada á decaer cada vez mas en virtud de la cor- 
íi'upcion de costumbres y de las tenebrosas maquina- 
ciones de las sectas (sociedades secretas) que allí c- 
jerceiKtan gran poder. La América ,del Norte, por 
'lo contrario, está ll-ftuiada al progreso de la verdade- 
ra civilización ])or lo mucho que allí se extiende el 
( 'atolicismo. Sois felices, hijos míos, en ser llamados á 
la gloriosa misión del Apostolado en esta región es- 
cogida. Haceos dignos de esa misión por' el espíritu 
de celo y de piedad, por la conservación de las dcc-. 
trinas que veuísteis á beber á la fuente mas pura. 
Sed en una palabra, verdaderos católicos romanos, 
y no católicos á la moda, dé'biles y transigentes con 
la menor dificultad." 

BíaSáu. — El 23 de Enero la Cámara de diputados 
después de votados sucesivamente todos los artículos 
del proyecto de ley relativos á los pretendidos abusos 
del Clero en el ejercicio de sus funciones, ha aprobado 
el proyecto en totalidad por 150 votos contra 100. Es- 
ta ley es una declaración abierta de persecución contra 
hi Iglesia. En el 1" art. se condenan á cuatro meses 
de cárcel y ¡?200 de multa los sacerdotes que de cual- 
quiera manera turbaran las conciencias y paz de fa- 
milia. — Claro está que la conciencia de un pecador 
debe turhafsc, yes fácil que, p. e., un marido borracho 
se queje que los Curas le fiirlxni la paz de familia. . . . 
luego i? 200 y 4 meses de cárcel para el j)eifnrha- 
dor. Los otros artículos son peores que este jirimero. 

S<"'B'aBieia. — ¡Dales á los jesuítas! Ochenta y sie- 
te habitantes de La Ciohot de la provincia de Las Jio- 
ras Del Múdano, han dirigido una petición á la Asam- 
blea de Yersailles demandando que todos los Jesuítas 
miembros de la Compañía de Jesús, religiosos ó legos 
(síc!) sean expulsados del Territorio francés, y con- 
fiscadas sus propiedades por pertenecer á la catego- 
ría de las llamadas de manos inncrla><. La comisión 
d'3 peticiones encargó de reañtir el exámeaá M. César 
Bartliolou que siendo prefecto de SL Fficitw asistió 
al incendio del Colegio de los Jesuítas de esa ciudad. 
La comisión, después de haber deliberado sobre la 
petición, que creyó justa y arreglada á las leyes, pro- 
puso que so enviase al ministro de Justicia para que 
resuelva lo que crea oportuno. 

Como se echa de ver por lo que precede, hay polí- 
ticos muy partidari()S de la libertad para sí miS' 

mos. Uiio do ellos, cierto M. Cantagrel, acaba de 
])resentar en la Cámai-a de Yersailles un proyecto de 
ley (vstablceiendo la libertad absoluta de reunión, pe- 
ro excluyendo de los beneficios de esta libertad á to- 
das las asociaciones que tengan carácter religioso. 

La reunión regional de los círculos católicos de o- 
breros celebrada en París, cerró el 27 de Enero sus 
sesiones en presenci'i de los Arzobispos de Tolosa y 
de Aucli, y délas principales autoridades civiles y mi- 
litares. Cinco mil personas asistían á la sesión. El 
Prcisidento, Sr. Conde de Muu, pronunció \\i\ notable 
discuiso, del cual tomamos los siguii>ntes ]):írrafos: 
"lia sonado la hora del combate moral para los 
hombres que quieran libertar ;í su país de la revolu- 
ción y de sus mortales consecuencias. Este combate 
debemos sostenerlo C'')n la firmoza do nuestra fe como 
en los principios de la Iglesia, con la audaeia bu pro- 
pagar esos mismos principios, }• con la fuerza de nues- 
tra asociación cpic ha sidí) creada para defenderlos y 
Jiacerlos triunfar." , 

A9('iiiiaií¡a. —La Conclcsadc Scharllencch esposa" 
del Príncipe Loevenst(Mn-Preudenberg ha seguido el 
ejemplo de su nutrido retornando al gremio de la I- 
glesia Católica. ' .'"*^".'.í 



El poeta alemaü. Carlos D'Hottey abrazó el Cato- 
licismo, y entró en un noviciado de frailes en Bres- 
lavia. 

Entre los Protestantes que lian abrazado el Catoli- 
cismo en Alemania, se cuentan los dos Barones do 
f^chiers Kaeda. El Barón de Borch se convirtió re- 
cientemente en Munster. 

f^ialzs^o^Despues de la conversión del Sacerdote 
Marclral en Saiza hubo muclias conversiones de /7c- 
Jos C'aióUcos. El antiguo Cura de Thouex, Mansnt, 
después de tres meses de psnitencia en un Convento 
de la Trapa, hizo una retractación, en la que pide 
■perdón á Dios y á los hombres de su conducta. Otro 
Sacerdote entró en un Convento para purgar sus er- 
rores. Por lo demás en el próximo número nos pro- 
ponemos dar otros detalles interesantes y divertidos 
ílcerca de la nueva secta 'de los Jlejos Gatóllcos. 

Míisiáí, — El Conde Ladislao Pater ha suministra- 
do á los periódicos 'franceses algunos datos acerca de 
las persecuciones de que continúan siendo objeto los 
católicos, polacos por parte de los rusos, üice el ci- 
^ tado Conde que la situación de los desterrados en Si- 
beria no mejora; que basta denunciarlos falsamente 
para que sean deportados á lugares consagrados á los 
grandes criminales, conduciéndolos de etapa á etapa 
por muchos meses donde se hallan los condenados 
por robo y asesinato. Uno de los Sacerdotes mas 
virtuosos acaba de sufrir este martirio. Las depor- 
taciones continúan: dos dignos Sacerdotes acaban de 
ser desterrados; lo propio ha sucedido á dos Padres 
Capuchinos de Zakrovrym. Por todo niño que no es 
bautizado por un jxipc ruso, se exige una fuerte multa. 
■ Cuando los desgraciados habitantes no pueden pagar- 
la, les venden todo lo que tienen en sus cabanas, sien- 
do desposeídos hasta de sus vestidos. 

TsisMpiáss. — En la cuestión oscurísima de Orien- 
te, hoy mas que nunca enmarañada, nada seguro piie- 
de decirse. Cierto es que Rusia usa un lenguaje cada 
vez mas blando á medida que Turquía se presenta 
cada vez mas dura. Seria en verdad muy extraño 
(es esto el siglo de los absurdos) Cjue se romjñeran 
las hostilidades en Oriente declarando Turquía la 
guerra á Eusia. 

Una conversión de gran importancia acaba de veri- 
ficarse en Constantiuopla. Hé aquí cómo lo cuenta 
un periódico francés. "La familia Duz es una de las 
mas antiguas y respetadas de la ilustre nación arme- 
nia. Su pasado es glorioso. En tiempo de persecu- 
ción ha pagado su afecto á la Iglesia con la cabeza 
de muchos de sus miembros. Sobrevino el cisma al 
cual va unido el nombre del Obispo renegado Kupe- 
lian, y Mirian-Bey, jefe de la familia de los Duz, se 
separó de Roma. Mirian-Bey gozaba de la estima 
general, poseía una inmensa fortuna; director de la 
casa de la moneda, teniendo en el ejórcito el grado de 
■mncJdi- 6 mariscal era uno de los dignatarios del Es- 
tado, ¡'.'ué defección! La nueva secta le reconoció 
en el número de sus jefes, y su preciosa residencia de 
Kourento Cheime se convirtió en cuartel general de 
los antihasunitas (contrarios a Mñr. Hassoun Pa- 
triarca Católico de los Armenios). Pero la miseri- 
cordia de Dios le alcanzó en Ñapóles á la cabecera 
del lecho de su hija moribunda. Vencido por el do- 
lor Mirian-Rey dirigió á su hijo el siguiente telrgra- 
ma. — Ve á ver á Mñr. Hassoun, ponte de rodillas á 
sus pies; bésale la mano; pídele perdón en nombre de 
toda nuestra familia; después suplícale se digne cele- 
brar el Santo Sacrificio de la Misa en la Capilla de 
nuestra casa. - — Ya se imaginarán nuestros lectores 
la alegría, la einocion del venerable Patriarca. Al re- 
cibir én sus brazos y sobre sn corazón el hijo de Mi- 



-Ml- 

ian-Bey, ha comenzado á recibir la recompensa de- 
bida á su largo y doloroso apostolado." Añádase que 
esta sumisión no es un hecho aislado; y que, según 
excelentes informes, los antihasunitas están próximos 
á salvar la barrera que les separa de Roma. 

.''^léjií'O. — En el Pnipaijateur Caf/ioliquc hallamos 
lo siguiente: "El particlo católico ha conseguido iina 
victoria importante en Michoacan, Puebla, Queréta- 
taro (no se dice qué victoria; suponemos que sea al- 
guna votación importante). Pídese el regreso de las 
Hermanas de Caridad desterradas de Méjico hace 
dos años. Por lo demás, la situación es deplorable. 
Después de todo lo que allí ha pasado se podia 
creer Díaz sólidamente instalado en la silla presiden- 
cial de Méjico. Pero, parece, que se le hizo la guerra 
desde los primeros dias de su gobierno, hasta por sirs 
propios partidarios. En Méjico ahora las revolucio- 
nes políticas se han vuelto en empresas comerciales. 
Por ej., un hombre cualquiera quiere derribar por me- 
dio de una revolución al Presidente, que por entonces 
gobierna. Pues bien, no faltarán capitalistas que le 
presten dinero para ejecutar su proyecto, con tal que 
pague enormes intereses y en breves plazos. De esta 
manera esos capitalistas acrecientan ses caudales ha- 
ciendo y deshaciendo gobiernos. No hay que una 
sola manera de terminar este estado de cosas, la in- 
tervención de los Estados Unidos." Considerando 
las condiciones presentes de nuestra República, y el 
espíritu que domina no desearíamos esta interven- 
ción por el bien de Méjico; pero no se necesita ser 
profeta para ver que mas ó menos pronto Méjico 
caerá bajo la dominación de los Estados Unidos. Es- 
to supieron hacer los gobiernos francmasones que se 
han sucedido _en ese desgraciado país por tantos 
años. 

l'e^iíüSB. — La Legislatura de de la Isla de Ceylon 
se ha rehusado, con un voto de 10 contra G, á abolir 
el establecimiento oficial de la Iglesia Anglicana en 
la Isla. Esa abolición había sido pedida fundándose 
en que la Iglesia Anglicana no cuenta mas de 15,000 
miembros en aquella colonia británica, mientras los 
demás Protestantes son 40,000, y los Católicos 190,- 
000. — Southern Cross. 

El Caf/iolic Guardicüi de Jaffna (Ceylon) anuncia 
que en la misión de Venappu desde Abril hasta Oc- 
tubre do 187G, el niimero de las conversiones del Bu- 
dismo al Catolicismo asc^endió á 63. En Mavilla, en- 
tre una población fanáticamente adicta á Buda, el 
Rev. P. Clionuavel ha dado principio á la ei-eccion de 
una Iglesia dedicada á Nuestra Señora de las Victo- 
rias. — NorUt U'estern Chronide. 

Vsiíei^iiSi. — El décimo informe anual de la Es- 
cuela de San Crisóstomo demuestra que la misión de 
la Escuela Portuguesa de Calcuta está haciendo pro- 
gresos; el número de los niños que comparecía en las 
listas en el mes de Abril del año pasado era de se- 
senta y cinco; para fines del año escolástico aumentó 
hasta ochenta 3^ seis. La Escuela ha obtenido del 
gobierno de Bengal una méi'ced á título de existen- 
cia. La enseñanza está al nivel de lo que requiero 
la Universidad en su Examen de Admisión; y el blan- 
co á que mira el instituto es de proporcionar los me- 
dios cíe educaciola á las clases mas pobres de los Eu- 
ropeos, y á los hijos de los Indios Orientales que vi- 
ven en las ciudades de Boytakhaunah. — Nortli-JVcal- . 
ern C/ironlde. ,• ■ 



-112 



SECCIÓN BELIGIOSA. 



13. 
14. 

15. 

k;. 

17. 



CALENDARIO RELIGIOSO. 
MAFZO 11-17. 

11. Dinnhirjn H'de Cuaresma — Snn Eutiniio Obispo y Mártir. Snn 
Enl(>í,'io Presbítero y Mártir. 

12. Lunes— Han (Iregorio el Grnnde, Papa y Confesor, Doctor de la 
Ifjlesia. 

^flll■t^s Siintii Euñ-iisin, Virgen y Mártir. S. Sabino, Mártir. 
.1/í>'j7'o/m— Santa Matilde, líoina. S. Liibino, Obispo. Sta. Flo- 
rentina Virgen. 

,//(fics-- S. liuimundo, Confesor, de la Orden de Cister. San 
Longino, Soldado. 

ri('7Vícs -Snn Julián, Mártir. Snn Abrahnn, Ermitaño. 
Sábado — San Patricio, Obispo, Apóstol de los Irlandeses. San 
José de Arimatea, Discipnlo del iSeñor. 

SAN RAIMUNDO, ABAD DE FITERO. 

A.1 que dudare tal vez de cuan bien se juntan en un 
mismo corazón la humildad y mansedumbre cristia- 
nas con el denuedo y bravura militar en los combates, 
no haremos mas que recordarle el nombre del insig- 
ue confesor de la fé cuya fiesta celebra la Iglesia el 
dia 15 de este mes. Raimundo era canónigo de la I- 
glesia do Tarazona; el deseo de mayor perfección le 
conduce á la soledad, y de allí á la religión de San 
J3eruardo. Elegido abad del monasterio de Santa 
Maria de Fitero en ocasión en que talaban el país los 
sarracenos y amenazaban con poderoso ejército á Ca- 
latrava, encargóse con los suj'os de la defensa de esta 
ciudad que le confia el rey D. Sancho de Castilla. O- 
freciendo al mundo el nunca visto espectáculo de un 
monje-soldado, defiende y libra de los enemigos de la 
fé dicha ciudad de Calatrava, y asegurado en ella con 
repetidas victorias, establece la Orden religiosa. y mi- 
litar de aquel nombre con el aplauso del Rey y las 
bendiciones de la Santa Sede. De ella procedieron 
mas tarde las que con los nombres de Alcántara, de 
Cristo, de Avis y de Montesa llenaron la Europa con 
la fama de sus triunfos y fueron el terror de la moris- 
ma. De ella y de sus hazañas están llenas las crónicas, 
se á ella gloriai'on de pertenecer los personajes mas 
distinguidos, presentando durante muchos siglos el 
raro pero admirable consorcio de las virtudes monás- 
ticas en su mayor perfección, y de las mas brillantes 
cualidades del soldado. Corderos en su casa, leones 
en el campo del combate, de ellos puede decirse lo 
que de los Templarios de su tiempo decía el gran 
liernardo: "Dudando estoy si les llame monjes ó sol- 
dados; mas conforme parece llamarlos con entrambos 
nombres, puesto que de entrambos reúnen las princi- 
pales cualidades; del monje la dulzura, del soldado la 
fortaleza." 

Raimundo falleció en el Señor colmado de virtudes 
y merecimientos, en 11(55, y la ciudad de Toledo en 
España conserva aun sus preciosas reliquias. 



REVISTA CONTEMPORÁNEA. 

Kl Sun de Nueva York refiere lo siguiente: 
"Murió recientomonte en Alemania uq |)rc(liea- 
dor católico innv famoso y popular, cuya vida 
tuvo rasgos de un carácter muy singular* á inte- 
resante. .Toliann Kmmanuel Veith fué hijo de 
padres Judíos muy fieles en cumplir con his ob- 
servancias de su religión, y que le habían heclio 
instruir csmoradamcnto cu la literatura de los 



rabinos. Enviado á Yiena para estudiar medi- 
cina, adelantó tanto que pudo hacer con buen 
éxito una operación quirúrgica muy difícil y pe- 
ligrosa en la persona de su padre. Sin embar- 
go, á cabo de poco tiempo fué llevada su aten- 
ción sobre asuntos religiosos; y se convirtió al 
Catolicismo, y emj)ezó á estudiar para el sacer- 
docio. Cuando esto oyeron sus padres, á quie- 
nes parece que él tenia entrañable cariño, se 
pusieron de luto y le lloraron cual si se hubiese 
muerto, sentándose en el suelo por siete dias y 
rezando las oraciones para los difuntos; y su ma- 
dre lloró hasta volverse ciega y se murió. Con 
todo trabajaba ardorosamente el joven predica- 
dor, empleando su elocuencia en la causa que 
habia emprendido, y haciéndose muy popular. 
Nunca volvió á ver á los antiguos amigos y com- 
pañeros israelitas de su juventud, y cuando, des- 
pués de varios años, cediendo á los impulsos de 
un irresistible sentimiento, fué un dia á la aldea 
donde vivia su padre, y le envió un recado pi- 
diendo permiso de irle á ver, la sola contestación 
del adolorido anciano, fué que no tenia ningún 
hijo. Su único hijo se habia muerto mucho an- 
tes. Pero Johann Emmanuel Yeith tuvo buena 
voluntad á los Judíos toda su vida, y los ayudó 
y defendió de muchas persecuciones y acusacio- 
nes injustas; al propio tiempo trabajó fielmente 
hasta el fin en favor de aquella Religión que juz- 
gó la única verdadera."' 

"Hé aquí un verdadero israelita en quien no 
hay doblez" (Juan I, 47.). A cuántos Cristia- 
nos enseñó prácticamente el P. Yeith lo que sig- 
nifican aquellas palabras del Salvador: "Si al- 
guno de los que me siguen no aborrece á su pa- 
dre y madre, y á la mujer y á los hijos, y á los 
hermanos y hermanas, y aun á su vida misma, 
no puede ser mi discípulo!"' ¡Cuántos rasgos de 
heroismo, dignos del primer siglo de la era cris- 
tiana, tendrá que contar el futuro historiador de 
la Iglesia Católica en el siglo XÍX! 



Antiguamente los especuladores de bolsillos 
ajenos acostumbraban asalariar una pandilla de 
comediantes y bailarinas, ó á un charlatán, ó un 
domador de fieras con sus animales, }' después 
ir corriendo con ellos de ciudad en ciudad, y da 
reino en reino, y ganar de comer á expensas de 
los curiosos y bobalicones. Ahora se ha descu- 
bierto que en vez de saltimbanquis, truliancs y 
butbnes es mas lucrativo asalariar á ciertos seres 
llamados ministros Protestantes. No á todos 
indistintamente: ya se entiende; sino á aquellos 
cuyo nouibrc mas resuena en boca de la íiima, y 
no por celo y virtudes apostólicas. Por ejem- 
plo, á Boccher, que se ha dejado en zaga, y á 
las mil leguas de distancia, á todos los mas re- 
nombrados i)aladincs cu amores. Este Señor ha 
aceptado de ciertos espeeidadorescl contrato de 



-lin- 



dar cien lecturas en cien diferentes localidades 
del Este, por la fruslería de $40,000. ' Ya se 
ve; el desinterés, el maf^núnimo desprecio de ese 
vil metal llamado oro, es una de las pinceladas 
qne mas ennoblecen y realzan la grandiosa figu- 
ra del Rev. Beecher. ¿Cúnio no, si él no perte- 
nece á esa avarienta é insaciable Iglesia que con 
sus tiránicas extorsiones está desangrando el ya 
miserable Territorio de Nuevo Méjico, como lo 
afirmó el año pasado nuestro digno Presbiteria- 
no Doctor Smith? Por supuesto que el ilustre 
Beeclier no puede ser dejado solo de noche en 
los varfos puntos donde se hospedare. Le ve- 
larán cuidadosamente 3^ dormirán en su mismo 
cuarto 6 muj^ cerca de él dos guardas de vista. 
Ya se entiende porqué; y á quien no lo entien- 
de, no hay motiyo de explicárselo; quédese en 
su inocencia. No sabemos quién ostenta mayor 
modestia y recato en esta empresa; si los espe- 
culadores, que á tan honrado caballero pascan 
por las ciudades americanas, 6 el ^caballero mis- 
mo, ó el público que á uno y otros anima con su 
patrocinio. 



A principios de este año, Victoria, graciosa 
Soberana del Reino Unido, ciñó con una nueva 
diadema su augusta frente, haciéndose procla- 
mar, en medio de grandiosos festejos. Empera- 
triz de las Indias. ¡Desdichados Indios, si aun 
por poco deslumhró su vista el brillo de la nue- 
va corona! Si vieron en aquel hecho otra cosa 
mas que un nuevo indicio de cuan pequeños son 
los grandes del mundo, mucho se equivocaron. 
Hambrientos estaban, y en 1867, dentro un cir- 
cuito de cien leguas desde la Capital, postró el 
hambre nada menos que seis cicutas mil perso- 
nas. ¡Horrible matanza! ¡seis mil víctimas de 
la muerte por cada legua! Ahora que las Indias 
figuran entre los imperios de la tierra produci- 
rán acaso mas trigo, ó tendrá cada habitante 
mas recursos para comprarlo en los mercados ex- 
tranjeros. Nada de eso; el hambre hace otra vez 
pasmosos estragos; ni la acallará la gloria de ser 
subdito imperial. Mas que el título de Em- 
peratriz, hubiera dado verdadero lustre al nom- 
bre de la Reina Victoria, el haber atendido á 
que se rebajaran las tasas; á que sus oficiales y 
empleados no fueran allá "con una caja vacía ú- 
nicamente para volverse á Inglaterra con dos 
cajas llenas," como se expresan los Indios; y á 
que se promoviera y mejorara la agricultura 
mas que las ciencias mecánicas y astronómicas. 
Es esta oira plaga de la administración Inglesa 
en las ludias. No achacamos la astronomía, 
sino á los astrónomos que la explican; no la en- 
señanza, sino el ateísmo do los que enseñan. 
Sabido es cuan fanáticamente supersticiosos son 
los discípulos de Brama. Pues bien, la astrono- 
mía que so les enseña cpn singuhnrísimp es^iero, 



da al traste con todas sus supersticiones é ido- 
latría, y de eso damos las gracias á los sabios 
profesores británicos. El Indio que sale de la 
• escuela ó colegio ya no cree en Brama, pero 
¿cree en Cristo? tampoco: es un hipócrita ruin 
que juntamente con la ciencia de los astros a- 
prendió de su maestro á reirse á la par de su í- 
dolo y de toda idea religiosa. 



Dias atrás hubo en Nueva York un gracioso 
concilio de ministros Baptistas, donde se agitó 
una cuestión mas graciosa todavía que el conci- 
lio mismo. Pues, señores, la cuestión era la 
compra de un Elefante. Un misionero de los 
suj'os que vive en las Indias Orientales vio por 
aquellas vecindades uno de esos magníficos pa- 
quidermos de tan fácil montura, y quedó ena- 
morado. Luego escribió á sus hermanos de Nue- 
va York, pintándoles muy al vivo los servicios 
eminentes que prestarla á la misión ese noble a- 
nimal. Sin el Elefante le es imposible al misio- 
nero Baptista alejarse jamás de su cuartel; y se 
verá obligado á no usar mas armas para la con- 
quistado los infieles sino las añejas y mugrientas 
de las escuelas, funciones de Iglesia, sermones y 
otras con las cuales, ya está visto, no se adelan- 
ta pizca ni nada; el Indio permanece infiel. Con 
el Elefante cada ministro se trasformaria en un 
cuerpo de caballería lijera; y cargando la bestia 
con provisiones de biblias y tratados para du- 
rar un par de semanas, se echarla á correr por 
los pueblos, aldeas y villas, y pronto revolucio- 
naria todo el país. Porque ¿quién no lo sabe? 
cada biblia ó tratado que distribuye es un pa- 
gano convertido. Por estas razones y otras el 
ministro Baptista pidió á sus amigos de Nueva 
York le enviaran quinientos pesos, pues tanto 
cuesta el Elefante de que se prendó. Pero el 
concilio todavía no decidió la cuestión. ¿Será 
por falta de celo, ó por parecerle contraria á la 
humildad de los Baptistas una cabalgadura táu 
soberbia? 



-^«•■» 



El Marqués de Ripon, que de Protestante y 
Jefe de los Masones Ingleses, entró el año pasa- 
do en el redil de la Iglesia Católica, abjurando 
al propio tiempo la herejía y la Masonería, está 
dando pruebas de que al celo de un converfdo 
añade la discreción de un experimentado hijo 
de la Iglesia. No ha mucho presidió en Bir- 
mingham á una numerosa reunión que celebra- 
ron los católicos de aquella ciudad. El Marqués 
dijo que acaso no tardarán los Católicos de In- 
glaterra en tener ocasión de organizarse para tor- 
mar parte en asuntos políticos que tocarán á sus 
intereses. Pero que p.pr ahora era su deber de 
ellos el manifestar que se interesan viva y since- 
ram-ente en los negocios públicos ele alguna im- 



-114- 



portancia goneral 6 local. Que su conciudadano 
el Padre Newmau habia hablado de las fábulas 
inventadas contra el Catolicismo para desacre- 
ditarle delante del pueblo inglés. Pero que pa- 
ra confutar estas fábulas no basta la controver- 
sia; y que mucho mejor lo harán los católicos 
con tomar parte activa en todo lo tocante al 
bien de su país, mostrando que se interesan en 
ello tanto como cualquiera de sus compatricios, 
y que el ser católicos no los hace peores ciuda- 
danos, sino mejores. CathoUr Revkw. 



Según la Gazette de Nimes, abjuró el Protes- 
tantismo y entró en el seno de nuestra bendita 
Madre la Iglesia vn des grands 7W7ns (uno de los 
nombres mas esclarecidos) del Departamento 
del (lard. Al mismo tiempo varios diarios fran- 
ceses han estado metiendo una zambra de mil 
diantres por una conversión de otro estilo. Un 
tal Monsieur Paul Bouchard habiéndose reñido 
con su Obispo que no le quiso dejar salir con la 
suya en no sabemos que asunto (enaguas habria 
en la jarana), salió de sus casillas, y echando al 
público una carta llena de reniegos contra la In- 
maculada Concepción y la Infalibilidad del Pa- 
pa, se fué á los Protestantes. En seguida em- 
])ezó la charanga de la prensa liberal á acompa- 
ñar con sus tañidos la danza de este bailarín de 
cuerda floja. Unos le echaron sapos y culebras 
ridiculizando su conversión y los motivos de e- 
11a; otros le aplaudieron y pusieron en las nu- 
bes. Referimos con el CathoKc TeJegraph la o- 
pinion úe\ Eappel por parecemos que viene co- 
mo de molde á ciertas conversiones y converti- 
dos Neo-Mejicanos. El Rappel supo hacer, no 
obstante su impiedad, unas reflexiones que pin- 
tan al natural la situación del Sr. Paul Bouchard 
y sus predecesores 3'^ secuaces. "Cayó de Escila 
en Caríbdis," dice. "Católico, ó libre pensador; no 
hay medio en estos dias. YA Protestantismo no 
es mas que una majada á medio camino, donde 
se albergan muy mal las ovejas descarriadas.'' 



El Aniincindor sale otra vez á luz lleno de fu- 
ror poético contra la Revisfa, y se encarama á 
tales alturas teológicas (pie la pobre "manita 
Reva" conftesa no entender nada. Una sola co- 
sa entiende, y es que ha hecho de su querido 
"Nuncio'' mas caso del que él merecía. Pero 
se enmendará, se enmendará. 



1? 01 noria Universal. 



P>ajo este título publica el Siglo Futuro, exce- 
lente periódico (le Madrid, en el núm. del 15 de 
Knero, un entusiasta artículo, el cual hemos pen- 
cado comunicar á nuestros lectores como remate 
de lo que heñios dicho acerca de ese asunto. Di- 
pe pifcs qsi'i 



No es posible distraer la atención del suceso 
extraordinario que se ha comenzado á verificar 
en toda la Cristiandad. Sobre la lucha de los 
partidos políticos, sobre las miserias de la revo- 
lución en todos los países del mundo, se levanta 
la Cátedra de Roma, hacia la cual afluyen en es- 
tos dias los fieles de las distintas naciones de la 
tierra. 

Los Italianos han roto la marcha y el dia G de 
Enero, Su Santidad recibió en audiencia á una 
numerosa i)eregrinacion de Católicos de Italia, 
acudidos desde todas la provincias á saludar á 
Pió IX. Después de los Italianos es el tur- 
no de los Erancescs, los Belgas, los Alemanes, 
los Ingleses, los Españoles y íos Católicos de to- 
das las regiones del mundo, porque el movimien- 
to es universal, como la Iglesia de Jesucristo que 
lo promueve. 

Jamás la Providencia ha mostrado mas clara- 
mente su protección á la Iglesia que en estos 
dias en que la vemos oprimida por los Césares 
modernos, y á su Jefe encarcelado y ultrajado 
por la revolución. Esta gravitación universal 
internacional de los católicos de todo el mundo, 
es una prueba cierta, evidente, de que se acerca 
el triunfo de la lurlesia. 

o 

Hubo un tiempo de fé viva y de entusiasmo re- 
ligioso en que los pueblos cristianos acudieron 
también á Roma desdo todos los extremos de la 
tierra. Como abejas al rededor de las flores, los 
fieles de todo el mundo se agrupaban en los se- 
pulcros de los mártires y de los Apóstoles, para 
fortalecerse con la miel de las divinas misericor- 
dias. Nunca podrá olvidar la Iglesia aquella 
época del primer Jubileo, en (jue Roma alber- 
gaba á millones de peregrinos de todos los paí- 
ses de Europa y del Asia, que por merecer la 
amnistía de la religión acudían en penitencia ad 
Jinilna apodolorum. Todos los caminos estaban 
cubiertos de peregrinos, dice un testigo presen- 
cial; gentes de toda condición, de toda edad y 
sexo, ancianos y enfermos llevados en literas, 
querían celebrar en Roma el aniversario secular 
del gran Jubileo, de la indulgencia j)lenaria con- 
cedida por la Iglesia; como reconciliación uni- 
versal de las almas con Dios. La afluencia de 
peregrinos en Roma fué enorme: durante la Cua- 
resma de 1300, pasaba de millón y medio el nú- 
mero de los extranjeros en la Ciudad Eterna. 
Como las hormigas á su granero, dice el Dante, 
llegaban á Roma los peregrinos de todas las na- 
ciones. Y sin embargo de tan prodigioso movi- 
miento, las actuales peregrinaciones, con ser 
menos numerosas que aijuellas, haciéndose en 
ferro-carriles con las comodidades de la vida 
moderna, tienen á nuestros ojos mayor impor- 
tancia y trascendencia i)ara los intereses católi- 
cos de todos los pueblos. 

La razón es sencilla: eran aquellos dias de fé 
v entusiasmo favorables para la líílesia; los Pa- 



115 



pas gozaban de ma3'or influencia política y so- 
cial en el mundo; la piedad y la devoción eran 
generales en Europa; una peregrinación era cosa 
tan admitida en las costumbres públicas, tan na- 
tural y tan laudable á los ojos de las gentes menos 
fervorosas, que se comprende muy bien la ani- 
mación general del año 1300 para visitaren Ju- 
bileo el sepulcro de los Apostóles. 

¿Sucede hoy lo mismo? Todo lo contrario. Las 
cosas han variado por completo: la fé ha decaído, 
el entusiasmo se ha enfriado en los corazones al 
contacto de la atmósfera helada de la impiedad 
moderna; el Papa no solo ha perdido su influen- 
cia política, sino que está encarcelado en el Va- 
ticano; la indiferencia y la incredulidad han cor- 
rompido las costumbres públicas, y una peregri- 
nación es cosa tan inusitada y tan chocante que 
no se comprende con el criterio del dia que pue- 
da hacerse arrostrando tantas dificultades j preo- 
cupaciones tan odiosas. 

Pero no para acjuí la diferencia. Lo mismo 
en el primer Jubileo de 1300, que en el segundo 
de 1350, la Santa Sede no estaba en Roma, sino 
en Aviñon, donde residían los Papas. Los líeles 
iban á Roma solo y exclusivamente por ganar 
las indulgencias concedidas ú los perigrinos, iban 
á postrarse ante el sepulcro de los Apóstoles y 
á merecer el perdón de sus pecados con los ri- 
gores de la penitencia. ¿Puede decirse que hoy 
sucede lo mismo? Sin que tratemos de quitar ú 
las peregrinaciones el cara'cter piadoso que tie- 
nen y de que dan admirables ejemplos, no puede 
negarse que tienen además un carácter que no tu- 
vieron en los tiempos anteriores. El Papa está 
encarcelado, la Iglesia está de duelo, la revolu- 
ción se agita en torno de la Cátedra de S. Pedro, 
síciit leo ruc/iens, dispuesta á devorar la presa; en 
todas las naciones el Catolicismo ha sido arroja- 
do de la vida social, y Jesucristo no reina ya en 
las instituciones de los pueblos. ¿Qué hacen en 
esta situación los católicos? Se levantan pacífi- 
camente, se buscan y concuerdan para luchar 
contra la revolución que los persigue; de un país 
á otro.se comunican las órdenes de organización 
necesarias para la empresa santa; y cuando los 
hilos de esta piadosa conjuración contra el in- 
fierno están atados, comienzan á moverse los 
caudillos, á tomar posiciones las tropas yá mar- 
char á Roma para ponerse á las órdenes del Jefe 
supremo, nombrado por Jesucristo. 

¿Qué es esto sino una verdadera Cruzada? 
Cruzada pacífica, es verdad, pero no menos po- 
derosa y eficaz que las armadas que arrojaron á 
los Turcos de Jerusalen en la Edad Media. Na- 
da mas pacífico que el movimiento de los márti- 
res, que consistía en dejarse matar; y sin embar- 
go, ¿no fué aquella la G-ran Cruzada que arrojó 
de Roma al Paganismo y á los Césares? Por 
cada gota de sangro que de su corazón arroja- 
i ban los mártires, Q\]']ixn pjen ídolos de sus dora- 
dos pedestales. 



Las peregrinaciones modernas son, pues, ver- 
daderas Cruzadas, y ó mucho nos engañamos, ó 
la Romería universal que hay comenzada será 
el principio del triunfo de la Iglesia. El suceso 
es extraordinario y nuevo en la historia: pere- 
grinaciones y cruzadas como las presentes, en 
circunstancias tan difíciles para la Iglesia, no se 
han conocido nunca. 

Mediten en esto los católicos, y hallarán gran- 
dísimo consuelo en sus tribulaciones. Verán 
brillar la esperanza del triunfo á través de las 
nubes de la persecución, que hoyem{)añan toda- 
vía la claridad de los cielos. 



-<► — "^ — ♦- 



La Coiiiedia Electoral. 



La comedía de la elección presidencial, ya to- 
dos lo saben, ha llegado al último Acto. La 
Escena representa ahora una Sala con quince 
sillones dispuestos en semi-círculo. Siete á la 
izquierda están vacíos; siete á la derecha, y uno 
algo mas elevado en el centro, están ocupados 
pDr ocho personajes vestidos en toga. Cada uno 
tiene delante una mesita redonda con un vaso y 
un frasco encima. Los frascos están ai)urados, pero 
lo que contenían lo indica una papeleta que dice: 
JiJspíritic de Partido. Los ocho personajes están 
de chirinola, y tienen en la mano un papel de 
música, que es una tonada compuesta en honor 
de Samuel Tilden; pero habiéndoseles ido á la 
cabeza los vapores ele aquel bendito espíritu del 
frasco, ni los ojos aciertan á leer ni la lengua á 
]):•) 1 1 1 ;i.ir ''Tilden;" y cantan todos en coro: 
Hayes; Haj'es, Hayes. 

Solo falta, para concluirse la Comedia una es- 
cena más. Esta representará á Ulises Grant 
que entra en la sala, muy de chunga tatnbien, y 
refregándose las manos de contento. "¡Bravo, 
muchacho?, dice; muy bien; cantemos todos y 
brindemos al gran partido!" Va á cantar tam- 
bién él. pero al momento comparece Hayes en 
la escena, y se le precipita al encuentro Grant, 
clamando lleno de júbilo: ¡Ah, hijo do mi cora- 
zón! ¡Por fin te veo sano y salvo! Ven acá, 
dame un abrazo {se abrazan). A fé mía, que mas 
cuidados me has dado tu en cuatro meses, que 
todo el mundo en ocho años." A estas palabras 
baja el telón; los espectadores se van á sus casas, 
unos refunfuñando, otros alegres y contentos co- 
mo unas pascuas, y se acabó la Comedia. 

¡Así se hacen las elecciones! Aquellos bobalico- 
nes de Europa están muy atrasados en este arte. 
Vimos la semana pasada lo que hicieron en Alsaeía. 
Lo mismo, mas ó menos, hacen en oti'as partes. 
Cuando los fastidia la posible elección de un Can- 
didato popular excluyen á sus partidarios de las 
listas electorales, embargan sus boletas, supri- 
men sus peritklicos, rasgan sus manifiestos, etc., 
etc. ¡Bah! aquí nos son desconocidos esos recur- 



lUi 



sos arbitrarios, tiránicos, anticonstitucionales. 
Voten todos, hablen, escriban, alborúteiilo todo; 
¿(jué se nos va? En el país de la nmiiuinaria 
hemos construido y podemos inventar en un tris 
ciertos resortes (jue son una maravilla de indus- 
tria y de talento. No hay mas (|ue tocarlos, 3' 
los votos que decian A dirán infaliblemente Z, 
sin que nadie sepa cómo, l^sos resortes se lla- 
man Relnniiruj Boards, Electoral Coiiniiis¡<i<)ii, etc. 
Bismark puede presumir de sagaz en el arte de 
construir un imperio con los früjiuientos de otros; 
pero en lo de construir máiiuinas parecidas á las 
nuestras, vaya, la Exposición de Filadellia dio 
á conocer que los Estados Unidos son la i)rimc- 
ra nación del mundo en jjuuto á maquinaria. 

Pero, dejándonos de bromas, la elección de 
Ilayes, cjue á la hora (juc escribimos puede mi- 
rarse como cosa hecha, no nos ha sorprendido. 
Era menester conocer muy poco el estado actual 
del país, y la fuerza del espíritu de jiartido, pa- 
ra ilusionarse sobre cuál seria el resultado linal 
de la crisis presidencial. Confesaremos empero 
que no habíamos acei'tado á conjeturar por qué 
camino habíamos de llegar á tal resultado. Los 
(|ue han leido la Revista con alguna asiduidad 
han j)odido conocer (pie nunca abrigamo.s la me- 
nor duda siquiera que Tilden no seria Presiden- 
te, y esto á pesar de la ardiente confianza y de la 
casi seguridad con que hablaban los diarios de- 
mócratas de la Union, que pensaban tener en 
mano el triunfo de su Candidato para la Presi- 
dencia. Solo una vez hesitamos un momento; 
solo una vez nos pareció [)osible que íbamos á 
salir profetas falsos; y fué cuando se nombró, 
por voto de las dos Cámaras, la Comisión de los 
(]uince. Al ver en este tribunal á cinco miem- 
bros de la Corte Suprema de Justicia, creimos 
vislumbrar un rayo de imparcialidad, y en tal 
caso nos ¡jarccia probable la victoria democráti- 
ca. Pensábamos que la nuigistratui'a fuera en 
los Estados Unidos lo que en muchas partes de 
Europa; tni cuci'po de hombres superiores á todo 
partido político, y sin otra norma exterior en 
sus juicios que el código (Uí su patria. Pero 
;,(pié? Nos cíiuivocamos. A lo menos esto es 
lo (pie nos obliga á opinar todo el curso de los 
procedimientos tenidos jjor la Comisión. 

De los f|uince jueces ocho son ]{e])ul)licanosy 
siete Demócratas. Pues bien, todas las veces 
(pie será menester dar un fallo los ocho estarán 
invariablemente en contra, de los siete. Si se 
hul)i('raii propuesto adherirse á todo trance á la 
causa de su partido; si hubieran dicho: Caiga el 
mundo, se salve el partido; no hubieran podido 
obrar diferentemente. ¿Y creeremos en su im- 
parcialidad? ¿En qu(3 cstribaria nuestro juicio? 
¿Cuál de las apai'icncias está en favor de ellos, ó 
cual no los condena? 

Vj,<. cierto, ciertísimo, que la persuasión univci'- 
sal de In nación era que la Comisión de los (piin^ 



ce no tenia mas incumbencia sino el examen de 
los votos electorales. Así solo se explica la 
acíírrima oposición de los Republicanoa cuando 
se proyectaba este Tril)unal. Quien ha leido 
los diarios de a(piel tiempo, el Herald por cj., 
(pie á buen seguro no peca de parcialidad por 
los Demócratas, está al corriente de las arengas 
de un Garfield y de un Morton contra la temi- 
da ley, y de los esfuerzos hercúleos ¡jara derri- 
barla. ¿Porqué, sino porque el solo recelo de que 
iban á ser examinados los votos desbarataba to- 
dos sus planes, y derrocaba hasta los fundamen- 
tos la hermosa torre de sus esperanza.''? Al con- 
trario, (piien ha leido los diarios sabe el asom- 
bro y la indignación del partido democrático 
por una parte, y por la otra qué inesperado re- 
gocijo se apoderó de los Republicanos, cuando 
en la Comisión Electoral ocho contra siete de- 
clararon de buenas á {¡rimeras, que no se habia 
de tratar de examinar y recontar los votos, sino 
los ccrtiücados de los Gobernadores. Uno y 
otro partido estaban íntimamente convencidos 
de que no eran tales las atribuciones de aquel 
Tribunal. Y en efecto ¿qué necesidad habia de 
estos quince arbitros supremos para leer los cer- 
tificados de los Gobernadores? ¿No bastaba 
para eso el Hujier ó poitero de las Cámaras? 
Sin embargo los ocho arbitros Republicanos to- 
maron á su cargo resolver la cuestión presiden- 
cial de este modo tan inesperado. ¿Y fueron 
imparciales? Lo habrán sido, [¡ero hablando im- 
parcialísiinamente no se puede decir menos sino 
(pie no consta. El que juzga por las apariencias, 
antes bien por todas las circunstancias, debe de- 
cir: Los arbitros tenia n anteojos azules y todo 
lo vieron de color azul. 

¡Si á lo menos lo hubieran medido todo con la 
misma medida! Pero no; a])lican una á la Flo- 
rida y á la Luisiana: aplican otra al Oregon. 
]*ara los dos primeros Estados se decide: Mire- 
mos á los certificados. Por supuesto; era impo- 
sible, en este caso, examinar los votos, y hallar 
(pie Florida y Luisiana. táu entusiastas i)or la 
Democracia (pie derrotan y anonadan sus go- 
l)iernos locales republicanos, en tratándose del 
gobierno feíleral, hayan votado por los re|)ubli- 
canos, á quienes miran, á tuerto ó á derecho no 
importa, como á los autores de todos sus males. 
Llegamos á Oregon, donde los certificados dan 
un elector ¡í Tilden. A(pií ya no vale el expe- 
diente de mirar á los ccrlilicado.-í. Por de con- 
tado; este solo elector haria á Tilden Presiden- 
te, y eso no va. 

Lo re])elimos: no nos sor|)rende la elección de 
ilayes. Pero sí uíjs .^íoi-prcnde (pie .\jnericanos 
inteligentes, sea de los E.5tados sea deí Territo- 
rio, conocen tan ])oco la condición á (pie los par- 
tidos ))()lít¡cos han reducido el país, (pie piK-lic- 
roii (Indar seriamente» cuál seria el desQulí^i^ ce de 
la Comedia Electoral de 1870. 



-117- 



VARIEDADES. 

EL PERRO FILÓSOFO. 

Estando en Cuaresma, los dias de abstinencia 
nos recuerdan una graciosa anécdota ocurrida en 
Francia no ha muclios anos. 

Comían en una posada varios amigos, y en la 
misma mesa estaba también un párroco humilde, 
sencillo y afable con todo el mundo, cunl acos- 
tumbran ser los párrocos de aldea. Comía el 
buen sacerdote sin cuidarse de las pullas é indi- 
rectas con que los comensales trataban de mor- 
tificarle. Contentábase él con sonreír, y solo se 
interrumpía para dar algún mendrugo de pan 
seco á su fiel perro, que estaba echado á sus 
pies. 

Un caballero, que 3'a frisaba en los cincuenta 
años, estaba sentado frente al sacerdote, y son- 
riendo á sus compañeros cortú una pechuga de 
pollo, y la ofreció con toda urbanidad y finura 
al sacerdote. 

— Vaya, señor Cura de Santa Úrsula, V. no 
come nada, yo le suplico que ace[)te mi obse- 
quio. 

— •Mil gracias, caballero, se lo agradezco su- 
mamente; esto}^ satisfecho. 

— Pero, señor Cura, ¡qué ganas tiene V. de 
sufrir hambre! acepte sin cumplidos. 

— Grracias, gracias; hoy es viernes, y no pode- 
mos comer carne. 

— ¡Cómo! ¿tan atrasado está V? ¿Por ventura 
cree que Dios se inquieta de si el hombre come 
carne ó pescado? Va3'a, va3'a, los filósofos tene- 
mos formada de la Divinidad otra idea mas no- 
ble y mas digna. Comemos cuanto queremos, 
y todo nos aprovecha; Dios solo mira el corazón. 
Vaya, acepte V. esa pechuga, y déjese de es- 
crúpulos. 

El Cura toma la pechuga; llama á su perro; se 
la da, y queda engullida en un abrir y cerrar de 
ojos. 

— ¿Así desprecia Vd. mi obsequio, señor Cu- 
ra? 

— De ningún modo, caballero, solo que he 
querido probar si mi perro era también /z7óso/b, 
y realmente veo que loes, supuestoque, al igual 
de vos, el pollo le ha sentado bien, sin cuidarse 
de si era viernes ú otro dia cualquiera. 

Los criados, á la par que los comensales, se 

rieron estrepitosamente del ingenio del buen 

Cura; y tres comensales separaron los platos 

temerosos de ser comparados al perro también 

filósofo. 

Termino'se la comida sin que nadie pronuncia- 
ra una sola palabra, y ni un comensal se separó 
de la mesa hasta que el Cura hubo dado las gra- 
cias, práctica desusada de nucstros^^/císo/bs. 

Levantados de la mesa, un sujeto de los que 
presenciaron la esct^na preguntó al Cura: 



— Al oir tanta pulla é indirecta, ¿no se dis- 
gustaba V? ¿No hubiera perdido su serenidad, 
si hasta los postres se hubiese seguido tanta fan- 
farronada? 

— De ningún modo, caballero, hace mas de 
quince años (pie estoy entre tales /zYóso/b.s. 

— ¿Es que sus feligreses seguirán las máximas 
del dia? 

— De ningún modo: hoy cumplen quince años 
y dos meses que estoy al frente del Manicomio 
de Santa Úrsula, cuidando locos. 

PARQUES DEL MUNDO. 

He aquí la extensión superficial aproximada 
en hectáreas, de los más notables parques de 
Europa y xAmérica. 

Pratcr, Viena, 2,083; Windsor Forest, Ligla- 
terra, 1,537; Fairmount, Filadelfia, 1,210; Bois 
de Boulognc, París, 883; Poenis. Dublin, TOO; 
Pitit Pare, A''ersalles, 518; Central, Nueva York, 
329; Gros Garten, Dresde, 324; Hof Garten, 
Munich, 302; Jardin de Verano, San Perters- 
burgo, 194; Ilide Park, Londres, 157; Petiro ó 
Parque de Madrid, 143; Campos Elíseos, París, 
91;Baboli, Florencia, 81; Crystal Palacc, Sy- 
denham, 81; Thier Garten, Berlin, 81. 

PIJNTA DE LOS ARADOS. 

Un agricultor mecánico ha inventado un sen- 
cillo procedimiento para endurecer la punta de 
los arados y demás instrumentos empleados en 
la labranza, que por la utilidad que puede re- 
portar no queremos dejar de consignar. Aca- 
bado el trabajo, caliéntese el hieri'o al calor ro- 
jo; póngase encima de él un pedazo de prusiato 
de potasa, y continúese el calentainiciito hasta 
que la potasa se disuelva y escurra por la su- 
perficie del hierro que se pretende endurecer. 
Déjese arder hasta que aparezca una llama azul, 
y sumérjase entonces en agua fria. Este senci- 
llo procedimiento seria ventajoso á los labrado- 
res para endurecer la punta de sus arados, es- 
pecialmente en tiempo seco, y por otra parte la 
operación la puede hacar cualquier herrero. 

FAMOSO ANDADOR. 

El Sr. Bertucchini, que se titula el primer an- 
dador del mundo, había apostado 10,000 duros 
á quedaría en una hora diez veces la vuelta al 
perímetro de la esplanada de los Inválidos (Pa- 
rís); recorriendo así 20 kilómetros en 60 minu- 
tos. Uno de estos dias se ha vcrilicado la 
apuesta, y el Sr. Bertucchini ha recorrido sus 
20 kilómetros en 59 minutos. Este andador sin 
igual tiene depositados en el Banco otros 10,000 
duros para la persona que, á caballo, recorra en 
el mismo tiempo rpie él una distancia de 20 ki- 
1 (^metros. 



I 



-118 



UN MANUSGEITO DE Fi^ MUJA. 



IN'J'KODl'CClüN. 

Recibí meses pasados de cierto amigo querido un 
cuaderno acompañado de una carta concebida eu los 
siguientes términos: 
"Amigo mió: 

"Varias veces observé que mi padre de luctur sa 
memoria, en los últimos meses de su vida pasaba con 
la mayor regularidad algunas lioras cada dia en su 
despacho, y guardando cuidadosamente ciertos pape- 
les en un compartimiento del búlete, llevaba siempre 
la llave consigo. Cuando cerró los ojos y pagué el 
primer triliuto al dolor filial, corrí con no pequeña cu- 
riosidad á abrir el cajón misterioso. Lo primero que 
]uülé fué un paquete escrito con limpieza, si bien con 
mano un tanto trémula, sellado con esmero y con un 
sobrescrito que decia: Faia Jiohcrlo mi hijo y los sinjrs 
líJiíiiJc (iiic c()¡t')X<xnt cuanlo debe iiuentra fumilia ala 
reHijioii. 

"Poco que ya no supiese me enseñó lo escrito; pero 
mis hijos no podrían conocerlo con exactitud sin esas 
preciosas memorias. Si bien parecióme que varias 
páginas podrían también convenir á los hijos de mis 
amigos, contenian tales revelaciones que no era posi- 
ble darlas á luz sin faltar al res})eto paterno. No obs- 
tante, mi ]-econoeimiento hacia la divina Ijondad esti- 
mulríbame, repitiendo sin cesar en njí corazón aquella 
sentencia de la sagrada Escritura: "Los secretos 
iinmanos deben ocultarse y los beneficios divinos 
divulgarse." Tomé, pues, mi resolución y cal- 
culé que lo mas acertado seria enviaros á vos, una 
exacta copia, rogándoos la publiquéis de manera que 
todos pviedan alabar la inefable clemencia de Dios 
para con nuestra familia, sin que ningún lector llegue 
á sos})echar si se trata del padre ó de los hijos." 

Hasta aquí la carta de mí amigo. 

liecorrí el manuscrito, descarté varios pasajes que 
juzgué innecesarios ó inconvenientes para el objeto 
propuesto, y solo varié nombres, fechas y lugares, con 
lo cual considero (pie oculto quedará lo que es forzo- 
so callar y únicamente resaltar/i lo cpie es útil y digno 
de decirse, á saber: ('//'¡/tfa dvlic /imi /'(/nillid d Ui nll- 
(jion. 

II. 

EN i\Il PATülA. 

Nací de noble familia, cuyo nombre era uno de los 
mas distinguidos del Piamonto. Todavía niño ])erdí 
á mi padre, y mi madre sin mas hijo (]ue yo, dedicóse 
á amarme con tan desusada tennira, ([ue mas d(!bo 
com¡)adecerla que darla gracias ])or ella. A los ocho 
años (¡jercia yo en la casa tan despótica autoridad, 
que desgraciado el servidor que tardara en siitisfacer 
mis antojos. ll(>cuerdo que en cierta, ocasión se mo 
escapó un jilguero de la jaula, é imaginándome que el 
perro del jardinero se lo había comido, tomé un cu- 
cliillo de la cocina y corrí dispuesto á matarle, .apre- 
suráronse los criados á uesarmai'iue; pero yo rae i'c- 
Ix'laba contra ellos con indecibli> coraje hasta que 
llegó mi madre, quien en lugar de leprenderme, aca- 
ricióme para consolarme de la ])érdida del jilguerillo, 
y aipu'lia nonhe refirió) (>n la tei-tulia mi acción como 
una valentía de excelente acriiero, 



Bebí la malicia apenas abrí los ojos ayudado por 
una maligna criada y llegué á ser el demonio familiar 
no solo de mi casa, sino de la vecindad, lo cual no 
imijedia ([ue mi madre considerara mis excesos como 
inocentadas. 

Llevábame en las fiestas solemnes á visitar á Ull 
anciano canónigo de la catedral, rogándole que me 
confesara; mas antes referíalo ella en mi presencia to- 
das mis diabluras: que era desobediente, que hacia 
rabiar á todos, que rompía la vajilla y otras oosas que 
el buen sacerdote atril juia á viveza, escuchaba co7i 
bondad y dándome la bendición anadia Im puñado de 
cunütes. 

Excepto pocas respuestas del catecisino, ignoraba 
cuanto concierne á la religión, y esas por ser, de las 
mas triviales que me enseñaba el a3'o, honradísimo, 
bonachón y- servicial sacerdote, que decia misa eu 
nuestro oratorio euañdo estábamos en el campo y 
acompañaba á mi madre á paseo llevándola el chai ó 
la somlnálla. Participaba de la o¡)inion de mi pobre 
nu\dre respecto de mí, pues como 3-0 le ayudaba á mi- 
sa con aire devoto y humilde, no cabía en sí de satis- 
fecho y me tenia por un santito digno de ocupav alta- 
ves, 

l*'rancamente hablando, á tan tierna edad era yo 
un hi])ócrita, pues la religión no me im]"»resionaba lo 
mas mínimo y la ]")ractical)a como uiui diversión. Pe- 
ro no era mía toda la culpa: ninguno me hablaba de 
ella de modo que despertara mi corazón y obrara en 
él con eficacia, y ese fué el pinci])io de todos mis es- 
tr avíos y desventuras. 

Diez y nueve añoH contaba citando murió mi ma- 
dre. Ignoraba de todo ])unto lo que eran ciencias y 
letras, solo sabia equitacio)i, esgrima y hacer el ])isa- 
verde, de suerte que gastaba locamente sin cuidarme 
de otra cosa que de figurar y ser elogiado. Como á 
pesar de todo continuaba cada trimestre recibiendo 
dinero fresco que con toda puntualidad vi-niau á sa- 
tisfacerme los arrendatarios de mis posesiones, entre- 
gúeme al juego. Empecé por aficionarme al billar, 
pero luego llegué á los nai])es. ¡Cuántas veces afec- 
tiindo un continirnte desenfadado y despreciativo, vol- 
ví á mi casa con un puñal en el corazón, iracundo y 
desesperado! Cierta noche regresé después de per- 
der diez y ocho mil francos, y tomando unas finísimas 
y damasquinadas ]ñstolas que pcn* lujo conservaba, 
examínelas con detención, apuntóme con una debajcj 
de la bai-ba como ])ara (talcular el sitio oportuno, car- 
gúela y luego dejé las dos sobre la chimenea. Ignoro 
que hubiera .'■nicedido á encontrarlas cargadas cuando 
llegué. 

Disgustáronme del juego, de l;i sociedad y vle mi 
patria dos ó tres desgracias acaecidas en pocos dias. 
La primei'a fué de un oficial mozo que acostumbraba 
á jugar con tanta alegría como irrelh^xion y tenaci- 
dad. Imposible hallar caráctc^r más aplicable cuando 
estaba fuera del garito; mas con los naipes en la mano 
tornábase un monstruo capaz de jugar el alma á serle 
posible ponerla sobre el tapete. Era c.ijm-o del regi- 
miento, y á la caja reccorrió más (le una vez ]>nra sos- 
tener el juego, si bien reponía con ñdi>lidad cuanto 
tomaba al monient» de ganar y sobre todo si espera- 
ba algún arqu(M). Un sábado de agosto perdió cuanto 
jug') y la caja, del regimiento pagó por él: el domingo 
se verific.'» un recuento de caudales: no pudo ocultar 
el desfalco ni repararlo en dos dias que por C(n"tesía le 
concedió el coronel para efectuarlo, y el luartes por la 
mañana halláronle con su cráneo destrozado por dos 
pistoletazos dis[)arad<is á la vez, uno debajo de la 
l)arba y otro cu el f)ido. Saltó el cerebro á los corti- 
najes de las vent.-íiins; las almohí»Alf>s y hvs parntles es- 



ir.)- 



tabau salpicadas de sangre, huesos de la mandíbula 
notábanse esparcidos por do quiera y varios pedazos 
de carne se hallaban pegados al techo. 

Acudí yo el primero á tan triste espectáculo, y tras 
de mí su madre, venerable matrona, que no tenia otra 
esperanza sobre la tierra que aquel hijo, y en el deli- 
rio que la prí)ducia su agudo dolor increpóme con du- 
rísimas y ultrajantes palabras, acusándome de la per- 
versión y extravíos del suicida, maldiciéndome ('• im- 
precando sobre mi sangre. Callé yo respetando aquel 
furor hasta cierto punto razonable, pues si bien me 
consideraba inocente de los extravíos de aquel infe- 
liz, era sin embargo su cómplice y compañero. 

Encontróse á otro alKn'cado en una estancia inte- 
rior del cafe donde se jugal)a. Dijo al dueño que de- 
seaba dormir aquella noche en un sillón y por la ma- 
ñana le hallaron colgado de una cuerda nueva que 
llevava á propósito, la cual sujetó en un clavo del te- 
cho que servia para colgar la lámpara. Próximo á él 
estaba el banquillo que con el pié derribara y junto 
un billete que decia: ' "La cuerda me cuesta ocho 
sueldos: uno me queda que regalo al establecimiento 
donde empecé y vengo á terminar mi carrera." 

Cuando circuló la noticia de semejante aconteci- 
miento todos maldecían el juego y á los jugadores, y 
lo que mas sublevaba la conciencia priblica era el ci- 
nismo del billete que revelaba un embrutecimiento 
peor que irracional. Pero aquel lance fué olvidado 
en breve por el escándalo que produjo la tercera ca- 
tástrofe, más atroz y vergonzosa. 

El jugador más decidido y colérico de la cuadrilla 
era un cirujano, casado, con numerosa clientela y re- 
putación de hábil y activo en su profesión, pero que 
con la mala, fama de su irreflexivo vicio, mayor aun 
que la excelente opinión que se tenia de su capacidad, 
fuéronle íod')s abandonando hasta el extremo de 
no visitar á un solo enfermo. Increíbles eran las ti- 
ranías que sobre su desventurada familia ejercía, co- 
mo para desquitarse de su desgracia en el juego. Gol- 
peaba á sus hijas como un emir á sus esclavas, daba 
de' palos á su mujer, arrastrábala por los cabellos, 
la plateaba y heria. Tres meses hacia que no 
ganaba un sueldo, por lo cual, consumida la dote 
de su esposa, empezó á vender las joyas y ropas; y 
como en tales casos todo se vende molbaratándolo, en 
breve dio fin también á aquellos fondos; y empeñado, 
adeudado con el sastre, el casero, el cafetero y con 
todoj, en fia, no podía presentarse en la calle sin que 
los acreedores le asediaran por todas partes. Las 
violencias qae con su familia ejercía eran ya príbli- 
cas, de suerte que reducido á la líltima miseria y sin 
esperanza de rehabilitarse en el concepto de sus clien- 
tes, resolvió terminar su odiosa vida imitando á los 
otros amigos. Fuese, pues, una noche al cementerio 
y hallando cavada una sepultura grands y profunda 
atravesó una tabla sobre ella, sentóse encima y con un 
afiladísimo busturí segóse las carótidas tan completa- 
mente que la muerte debió ser cosa de pocos momen- 
tos.. Halláronle á los dos días de espaldas en la fosa, 
bañado en negra sangre y de allí le sacaron para se- 
pultarle fuera de sagrado. 

Aumentó hasta su colmo el horror que inspiraba tal 
hecho cuando se leyó su testamento que era ológrafo, 
escrito, firmado y sellado el mismo día de su muerte 
y decia así: "En nombre de la desventura, del re- 
mordimiento y de la desesperación. Dejo mi cuerpo 
al municipio para que le entierre por fuerza, mi hijo 
al hospicio, mi mujer é hijas á los burdeles, y el alma 
al diablo. Deseo suerte igual á C. N., cuyo oñcio es 
vigilar j por cohecho cierra los ojos sobre las casas 
infames y garitos, perdición de la juventud. Caígale 



ia maldición de todas las esposas y madres con la de 
V. L., arruinado, vendido en una ciudad, donde una 
infame administración fomenta el vicio." 

Cerraron el casino en AÜsta de tan horrible suceso; 
pero yo no me atrevía ya á presentarme en ninguna 
reunión porque las familias honradas me miraban 
mal, las madres y los ancianos no vacilaban en recon- 
venirme, con más ó menos disimulo, por mi mala con- 
ducta. Una de las cosas que mas me avergonzaban 
y resistían era el extremo cuidado, que observaba en 
las más distinguidas damas, de impedir á sus hijas 
que hablaran conmigo, ni aim breves frases, pues si 
bien al abandonar el juego abandoné otras muchas 
pasiones, desde niño había conservado cierta aparien- 
cia de dignidad; así que viéndome objeto de odiosa 
desconfianza y perdido completamente en el concepto 
público empecé á pensar en alejarme de mi patria y 
trasladarme para siempre á América, donde esperaba 
hallarme libre de todo desprecio y como rehabilitado. 

licalicé todos mis fondos, con lo cual acabé de dis- 
gustar á mis parientes que veían de mala gana pasar 
á manos ajenas las tierras y demás inmuebles que 
largo tiempo hacía llevaban nuestro nombre, y aun- 
que perdiendo en la venta más de una tercera parte 
del valor real, pude reunir una suma redonda que ex- 
cedía de ciento setenta mil francos, y partí do mi pa- 
tria y de Europa. 

III. 

EN NUEVA YORK. 

Llegué á Nueva Yorli en los Estados Unidos, pose- 
dor entre metálico y billetes de banco de una canti- 
dad suficiente para vivir en paz y con holgura; mas 
allí también desatendí por espacio de seis meses mis 
negocios frecuentando deshonrosas amistades y reu- 
niones con emigrados de Italia que conservaban de 
italianos todo excepto la fé y la moral. Observando 
el afán general en aquella nación por ganar dollars, 
oyendo en cuantas conversaciones asistía hablar de 
dollars, subordinar hasta las damas todos los pensa- 
mientos, inclusos los de amor, á los dollars, comenzó 
poco á poco á surgir también en mi mente el designio 
y el ansia de dollars, á cuyo fin coloqué parte de mi 
capital en una caja de ahorros y parte en acciones de 
ferro-carriles, y entré como socio en varias especula- 
ciones. 

Correspondiéronme algunas y llevé varios años de 
vida seria, como la llaman en aquel país donde el ca- 
fé, el algodón, el middling, etc., y sobre todo los do- 
I llars, son la suprema seriedad que adquirir puede 
¡ cualquier sugeto; y aquellos dollars, con tanta iW'ili- 
1 dad ganados, á los cuales acompañaban mis nobles tí- 
i tulos y apellido, abriéronme ancho camino entre las 
familias mas distinguidas. 

Increíble parecía en Europa lo engreído que se 
muestran aquellos i'cpublicanos tan netos de las de- 
leznables vanidades europeas. Un título de barón ó 
de caballero que entre por casualidad en una familia 
hincha de vanidad á toda la parentela. Acontecióme 
recibir una tarjeta de cierta señora cuj-a hija estaba 
casada con un conde alemán, de los que tan corto 
condado y tan exiguas rentas poseen en su patria, ó 
tan equívocos son sus títulos, que van á establecerlos 
ostentando ilustres genealogías entre los independien- 
tes hijos de Wa.'^hiugton, y la buena suegra tomaba 
pomposamente el título de condesa madre^como si un 
poco de pergamino que ennoblecía á la hija por fuera 
de línea, la ennobleciera también á ella creándola 
condesa madre. 



-12ÍÍ- 



Dígótc esto, Roberto niio querido, para que conoz- 
cas el aprecio en que debeu . tenerse tales arreglado- 
res de linajes; quienes siendo hombres como los de- 
niiís caen en el error de procurar distinguirse do sus 
hermanos, ni mas menos que los señores de la edad 
media ó los em})()lvados lores de la cámara alta de 
Inglaterra. Pero volvamos á mi narración. 

Entre un poco de metálico moderno y otros tantos 
diplomas antiguos llegué á figurar de tal suerte en 
los ilustres salones de Nueva York, que me fué ofre- 
cida una mano bellísima y rica en extremo. Amó, 
pues, á tu madre Edit Burg, la amé tanto como á sus 
doUai's, merced á mi corazón italiano, cosa rara en 
aquel país, y aun mas que á su dinero, lo cual allí es 
inaudito. 

Era mi esposa una joven lady de Boston, católica 
como hija de un irlandés, pero al principio vanidosí- 
sima, pues su belleza y dote, y el grande }• expansivo 
amor que yo le profesaba la desvanecieron de tal ma- 
nera, que mas de una vez estuvimos á punto de dar 
ruidosos escándalos. Ella no practicaba la religión, 
ni yo menos; empero su corazón era tan verdadera- 
mente bueno que estoy persuadido de que jamás se 
abrigaron en él ciertos vicios indecorosos. 

Reparé no obstante que solia padecer de vez en 
cuando tan atroces melancolías que todo la molestaba 
y casi hasta su marido, y temia que aquel estado em- 
peorara; pero plugo á Dios que fuese madre y en 
breve encontróse mejorada en todo. Deseaba ella una 
nodriza; mas yo calculé que los tiernos cuidados ma- 
ternales serian mas útiles al hijo y á los padres, y 
aparenté bascar lina con gran solicitud y no encon- 
ti'arla. Acomodóse al fin ella á amamantar al niño, 
y me felicité mil veces por mi ardid. El cuidado y 
vigilancia de las fajas, camisas, gorros, cuna, sopas, 
frenteros y chupadores ocupábanla dia y noche; y yo, 
viéndote, Roberto mió, crecer bello y fresco como una 
flor de abril, aumenté mi cariño hacia tu madre y lia- 
cíala cuantas caricias eran imaginables. 

Uno de sus anteriores caprichos era gastar con ex- 
ceso en joyas, modas y adornos de todas clases, y 
mas aun que la alegría de vestirse todas aquellas va- 
nidades satisfacíala el orgullo de comprarlas por sí 
propia en los grandes almacenes, donde llegaba cuan- 
do estaban cuajados de señoras y pagando al contado 
volvia á su elegante carretela con el nuevo objeto en 
la mano y cierto aire de triunfo sobre las otras da- 
mas, que obligadas á depender de sus padres ó espo- 
sos no podían hacer tan excesivos dispendios. No 
recuerdo que cu los primeros años comprara por se- 
gunda mano ni una cinta, ni un botón, sino todo en 
persona, en su coche ó acompañada de un criado co- 
mo si fuera á una revista. Cuando la fué preciso 
ocuparse de tí, el primer efecto fué volverse casera 
y grave, de modo que al destetarte, olvidó también 
las conversaciones fútiles, teitulias y festines; y aun- 
que me parecían d(>masiadas ]nivaciones, desvanecía 
tan l)ieu mis escrúpulos, (¡ue no encontraba que re- 
plicar. 

Contabas tres años cuando nació tu hermana Ida, 
á quien debes amar con)0 el ángel tutelar de nuestra 
casa; al escribir su nombre ruedan mis lágrimas so- 
bre el pai)el en que le trazo. 

Empezaba mi Edit á (mseñarte á decir: Jf>iits y 
MdrÍK, y asombrado yo por aquella nueva forma de 
educación me decía: 

— Seguramente es la naturaleza (juicn enseña á las 
madres la religión. 

Regocijábame mas todavía cuando la oia dictarte 
oraciones para que las recitaras, ó llevarte á veces á 



la cíi pilla católica y sentada delante del altar arrodi- 
llarte sobre su regazo, cruzar tus manecitas y decirte 
con frecuencia entre otras muchas súplicas a Dios: 

— Mira á Jesús en la cruz: aquel está muerto, pero 
debajo, en el tabernáculo y en la hostia está vivo, 
vivo como en el cielo: ruégale, díle que te haga bue- 
no, que haga buenos á papá y á mamá. 

Sabia yo todo esto por tí Roberto mío, que me lo 
repetías cuando de vuelta en casa te preguntaba dón- 
de estuviste y qué habías hecho. Aprende en esto á 
conocer el corazón humar.o. Aquellas pequeñas de- 
mostraciones de piedad y religioso amor de mi espo- 
sa me llegaban hasta lo íntimo del alma y nunca me 
consideraba tan amado ni ocupando lugar tan prefe- 
rente en su corazón, como cuando me encomendaba 
á Dios por tu boca, siendo tú un niño de cuatro ó 
cinco años; y aun acontecióme más de una vez que, 
al referirme tú que rogabas á Jesús qiie me hiciera 
bueno, brotaron lágrimas de mis ojos y mis labios 
tembl aron agitados por los sollozos. 

Empero la religión hali.íbase entonces muy lejos de 
mí, porque yo estaba alejado de ella, y sin embargo 
agradecía en el alma á mi esposa contemplarla cada 
día más catitativa y piadosa y regocijábame obser- 
vando que á pasos agigantados volvíase mejor esposa, 
mejor madre, mejor en todo. 

Cierto dia entrevi que debía tener una conferen- 
cia secreta con un anciano misionero católico, cuya 
ocasión ofrecióse de la siguiente manera: 

Los católicos de la ciudad, si bien no muy numero- 
sos ni fervorosos todos en las prácticas cristianas, pi- 
dieron sin embargo ó al menos aceptaron de buen 
grado un misionero, famoso en aquella comarca, lla- 
mado el padre Mac Kilkenny, irlandés de origen, va- 
ron de gran sabiduría y ardiente celo, que recorría 
los campos, aldeas y hasta las parroquias de la ciu- 
dad pronunciando fervorosas y solemnes comuniones 
generales y otras demostraciones religiosas hasta en- 
tonces inusitadas. Yo, que siem])re me figuré que 
las misiones sólo eran una intimidación para los lu- 
gareños de Italia, asombrábame de verlas trasplan- 
tadas á regiones protestantes, y más cuando observa- 
ba tal conformidad de ceremonias religiosas entre 
pueblos tan apartados v de táu diversas costumbres. 
Pero mi asombro llego al colmo contemplando á los 
protestantes acudir á nuestros sermones, y á mas de 
uno de lo mas granado, convertirse á nuestra religión. 

Dejé, pues, á mi esposa en plena libertad de con- 
currir á las misione? y hasta fui yo también alguna 
vez, como si fuera al teatro. El hecho fué que em- 
pezando á sentir remordimientos de conciencia, los 
cuales llamaba yo entonces tnríxti-lon de la paz, no me 
atreví á continuar frecuentándolas; pero Edit, mas 
animosa que yo, siguió con asiduidad. Advertí que 
algau proyecto la bullía en la mente, porque una vez 
la sorprendí á hora desusada de rodillas delante de 
un crucifijo, única imagen sagrada que por casualidad 
existia en casa, si bien relegada á una estancia inha- 
bitada. Comía poco, hablaba menos y me respondía 
como distraída; hacia menos caricias á los niños, y 
cuando se figuraba estar sola exhalaba larguísimos 
sus})iros leyendo sus libros devotos, cuya existencia 
ignoraba yo de todo punto. 



(Se continuará. ) 



EEVISTA CATÓLICA 

PERIÓDICO SEMANAL. 

Se publica todos los Sábados, en Las Vegas, N. M. 



Año III 



17 de Marzo de 1877. 



Núm, 



s J5.=a.» 



NOTICIAS TERRITORIALES. 



Ijas Veg'ííS. — Anunciamos con gran sentimiento 
la muerte de D. José María Duran, fallecido en muy 
pocas horas en la Jicarilla. Tenia 67 años de edad, 
pero todavía estaba en fuerzas para vivir muchos 
otros. Participamos con todos sus deudos y auiigos 
el dolor de tan improviso fallecimiento. 

l*4'ñrtseo. — A instancia del Rev. P. Remuzon Cu- 
ra de Santa Cruz, encargado de la Parroquia del Pe- 
ñasco, el Rev. P. Gasparri S. J. ha dado unos dias 
de misión en esta Parroquia, principiando el domin- 
go dia 25 de Febrero, y acabando el dia 8 de Marzo. 
El concurso desde el primer dia ha sido verdadera- 
mente extraordinario, y el fervor indecible con muy 
buenos resultados. Todos los dias se predicó por la 
mañana, y por la tarde: las confesiones y Comunio- 
nes llegaron en doce dias al número de 1529, no que- 
dando sino unos pocos sin recibir los Sacramentos. 
Como á poca distancia se hallan diferentes placitas, 
(El Chamizal á tres millas. Las Trampas á seis, El 
Llano á tres) el P. fué á predicar en ellas. Era tan 
nuevo como consolador ver á toda la gente moverse 
en masa é ir á la misión, en cualquiera parte se die- 
ra. Aquella buena gente, hombres, mujeres y niños, 
se^uian al Padre, asi como en el Santo Evangelio se 
cuenta que los pueblos seguían á nuestro divino Re- 
dentor. El jueves hubo una numerosísima y hermo- 
sa procesión: después del sermón de despedida, se 
puso la Cruz de la Misión, y todo se acabó con gran- 
de satisfacción de todos. La gente quedó agradeci- 
da en grado extremo por ese bien inmenso que su 
Párroco les procuró, y nada mas ardientemente de- 
sea que poseerle largo tiempo, para conservar y de- 
sarrollar siempre mas los frutos de la Suata Misión. 
El P. Gasparri ha pasado después á predicar otra 
Misión en la Parroquia de S. Juan. 

NOTICIAS NACIONALES. 



K.sáíitlo.*; diidos. — Como era de presumir Hay- 
es ha sido inaugurado Presidente de los Estados U- 
nidos sin la menor dificultad. A la verdad unos di- 
putados demócratas querían por medio de una ma- 
niobra parlamentaria diferir hasta el 4 de Marzo la 
nominación de Hayes. De esta manera el Presiden- 
te del Senado sería -Presidente provisorio de los Es- 
tados Unidos hasta una nueva elección electoral, que 
se haría en otoño. Con mucho gusto vemos que esos 
Representantes no lograron salir con la suya. En 
una república democrática, la voluntad del pueblo 
debe gobernar (á lo menos en teoría). Pues bien; es 
verdad que el pueblo por una mayoría considerable 
habia elegido á Tilden, con la esperanza mas ó menos 
fundada, de. que él reformaría varios abusos en la ad- 
ministración de la república; pero según que aparece 
muy claramente en esos órgano? de la pública opi- 



nión, los diarios (p. ej., el N. Y. Herald), no era vo- 
luntad del pueblo sacrificar sa paz, su comercio y sus 
intereses á la Reforma de los abusos. Luego debían 
los Representantes someterse á la voluntaddel pue- 
blo; la que, en conclusión final, tendrá siempre, como 
es justo, el gobierno que merece. 

El Padre Santo ha nombrado dos Obispos para los 
Estados Unidos: el Rev. John Moore de Charleston 
para la silla episcopal de San xigustíu, Florida, y el 
P. Dominico Pr. Vmyes de Renicia, como Oljispo 
Coadjutor de Mñr. O'ConncU de Gray Valley, Cal. 
regiones del Golfo de California. 

Un cierto diario Protestante, episcopaliano si no 
nos equivocamos, el Church Jodvnul, está muy alar- 
mado por los resultados de la propaganda católica 
entre los negros de los Estados del Sur. Dice que 
una fuerte banda de católicos está ya á la obra entre 
los negros, y que cien jóvenes negros se están prepa- 
rando en el Seminario de Propcujanda en Roma jrara 
el Sacerdocio. No podemos saber con exactitud la 
verdad de estas noticias que nos da el Church Journal: 
.las creemos exageradas, y el Catholic Revie.w nos con- 
firma en creerlas así. Pero ¿quieren ver los lectores 
un retrato al natural de un Protestante fanático, de 
la clase de los hitjoicd prutevtants? Pues lean aquí. 
El susodicho periódico quiere incitar los ministros de 
secta á trabajar mas de lo que hacen en pro de los 
pobres negros, y dice: "Sin duda ninguna los negros 
bajo las enseñanzas de los Católicos Romanos es- 
tarán en mejores condiciones espirituales de lo que 
están ahora: pero pensamos que el país no ganará 
nada en que esta Iglesia (la Católica) predomine en 
la política ]uas de lo que hace ahora. Esperamos que 
si nuestros hombres de Iglesia no se mueven por mo- 
tivos mas altos á hacer su deber hacia esta pobre gen- 
te (los negros), se muevan á lo menos por el ruido de 
ver á los Jesiiitas, los que fueron destei'rados de la 
mayor parte de los Estados de Europa, asegurar pa- 
ra sí mismos el dominio sobre nuestras instituciones 
políticas." No haremos comento, que seria inútil. 
Observen aquí los lectores, cuanto se dice de los Je- 
suítas, los que entran aquí no sabemos cómo ni por- 
qué; á no ser como espantajo para los .... tontos. 

Ma.ssííelaMi»ií''íé!^. — Nuestros lectores no sabrán 
tal vez qué cosa es lo que los Protestantes llaman 
reviváis. En una palabra pueden llama]-se inisioncs 
protestantes. 3Iís!ones son por el excítamíento y sa- 
cudimiento, que los ejercicios extraordinarios suelen 
y deben producir: pero misiones 2}yotestantes por el nii- 
mero de protestas que suelen causar de la pavte de 
padres, nuiridos, etc., etc. Hé aquí algunas de estas 
protestas. "Dos negros, marido y mujer, que se ha- 
bían convertido (/o gct relit/ion, gerigonza metodista 
que no significa nada en ningún idioma, ni siquiera 
en inglés) en un lícvivcd en Westfield, Mass., tomaron 
una tarde la santa resolución de confesarse uno á otio 
sus propios ]^ ecados. La cosa procedió muy bien 



" 1 tv lí — 



hiista que el marido acabó la lista de sns i)ccados. 
Pero la mujer, mas pecadora al parecer, continuó la 
enumeración de los suyos taiito que el liond)rc gastó 
la paciencia, y derribada de un golpe, se fué rodando 
en un rincón. Sus chillidos atrajeron un cierto nu- 
mero de otros negros al cuarto, y resultó la bulla o.n 
una refriega general. Confesiones y asambleas están 
suspendidas, en sus cercanías, hasta que los herma- 
nos, {/¡ic hretJircn) se restablezcan de su miigulladuras 
(S/)rÍji;(/i('J(l I{cjinl>licaii) . Ahí va otra. El Iíohíoh llcr- 
rahl del 15 de Febrero dice: "Mientras que los escri- 
hds del periódico estaban ayer ocupados en su tarca, 
y cabalmente después que Mr. Moody (está dando jun- 
to con iSankey una misiou, prolcsldute en Boston, como 
lo habíamos ya refeiidol habia [declarado que no ha- 
bla negocio en el mundo mas importante que el de 
salvar almas, un hombre anciano, con lágrimas en sus 
ojos entró, }' a]Joyiíndose á la baranda de nuestra otí- 
ciua nos remitió lo siguiente por escrito. — Vengo de 
Filadelfia con el fia de llevar un mensaje á Mr. Moody 
que contenia la siguiente demanda, que fué deshe- 
chada por los misioneros. Se piden Irift oraciones de 
Mi\ Jloodt/ ¡I (■(iiiqxthía en favor de una vvijer de FUa- 
deíjia, cine .st rol rió Jo<'a jxi rtiei pando á su misión, en esa 
ciudad. El marido de la mujer es hombre trabajador, 
industrioso y sobrio, y padre de dos niños. Desde 
({ue esta desgracia le at^onteció, se siente ganas de 
maldecir á Dios y Moody, que ha echado á perder á 
su familia, un tiempo tan dichosa, y que ha heclio á 
sus niños luK'rfanos de madre. ¿No podiia hacerse 
algo por medio de plegarias para ayudar este pobre 
nuxrido? ¿Con qué derecho rehusa orar yiov esta ma- 
dre desdichada? — Esta nota fué apoyarla por otros 
hombi'es en el meelinij, los que estaban ya informados 
del caso." Así sucede cuando se quiere remedar. 
Dícese que el diablo quiere siempre remedar en sus 
obras las obras de Dios; y los Protestantes desde al- , 
gun tiempo acá, no sabemos porqué, quieie remedar 
!Í los Católicos; y les sale siempre mal. 

X<»ri ii C'aB*4>liniii. — Siguen las conversiones do 
Protestantes, y el progreso de nuestra santa Religión 
en este Estado casi todo Protestante: es digno de a- 
tencion. A cualquiera misión, que se dé, asisten los 
Protestantes; dos nuevas iglesias compuestas sola- 
mente de convertidos de diferentes sectas se han le- 
vantado recientemente una en el Condado de S;im- 
son, y otra en el de Duplin. La Kehgion cat(')lica 
hasta ahora era muy mezquinmeute representada. 
El North üaroUnn no es diócesis, es tan solanrente un 
Vicariato apostólico; Iglesias y Capillas en todo el 
Estado, trece; y aun no hay otros tantos Cura-Párro- 
cos: la mayor parte do ](")s liabitantes Metodistas y 
Baptistas, con un fuerte número de l'resbiteiianos y 
Episcopalianos, sin contar la variedad usual de no 
sabemos cuántas otras sectas! La situación de la I- 
glesia Católica, sin embargo, parece, gracias á Dios, 
que va á cambiarse. Ya los valerosos Benedictinos 
entraron en el campo, y la buena voluntad de los 
Norto-carolinianos es ¡1(5" buen agüero. Tan satisfe- 
(íhos están de las palabras y doctrinas do los misio- 
neros (¡atólicos, (puí ])iden Catecisnuis ]iara estudiar 
por sí mismos la Pieligion católica, cuando no i)ued(iu 
tener ¡í mano Sacerdotes (jue los instruyan. K\ Ad- 
ministrador del Vicariato, Mñr. Gibbons, ha última- 
mente compuesto un libro en que ha refundido las 
instrucciones que dcsd{> algún tiempo il:ia dando á 
(íongregaciones mistas de; Protestantes y de (^atólicos 
ya sea en Virginia, ya sea en la Carolina del Norte. 
El libro s(; intitula Fai/Ii (>/'our ludlnrs, y como nos 
lo asegura el Cnlhiilic Jícrinr viene muy á ju'opósito 
para instruir aquellos Protestantes que desean tanto 



conocer la verdad, y que son proutos á seguirla si la 
conocen. 

'BVxax. — Dícese que entre las otras promesas he- 
chas por Hayes á lo.s demócratas de los Estados del 
Sur para apaciguarlos y tenerlos contentos, una prin- 
cipal fuese la de conceder mercedes, no sabemos si 
de tierras, ó de dinero para la construcción de ferro- 
c^ii-ril en el T<\ras Paci/ic No sabemos lo que hay de 
fundado en esta noticia: cierto es que la realización 
de este proyecto seria una ventaja muy grande así 
para el Texas como para el Nuevo Mt'jico y el Norte 
del Méjico. El Tieiujio copia un largo artículo del 
Coniereio del luidle de St. Louis, en el que se descri- 
ben algunas vias férreas del Texas, y se enumeran sus 
ventajas. Hablando del llouslon d- Texas Ce)draJ lili. 
(|ue en Dennison se une con el M. K. <t T. P. K., 
dice: "Por toda la extensión de esta línea la pobla- 
ción continua á aumentar á pasos rápidos, y durante 
los últimos dos años se han establecido varias colo- 
nias pertenecientes la mayor parte á la raza latina en 
la dirección del P(rn Iffoidlc y del liio Grande. Es 
muy probable que dentro de los diez ó quince años 
venideros las inmensas riquezas minerales y agríco- 
las de Nuevo M(''jico y los Estados Setentrionales 
de Méjico, Chihuahua, Sonora, Nuevo León yTamau- 
lipas, hallarán un mercado provechoso en las ciuda- 
des del Valle (de St. Louis) por medio de esta línea, 
y sus ramales. Las vias férreas se multiplican rápi- 
damente, y entre los primeros caminos de hierro que 
se completarán, puede contarso el Texas Pacific que 
formará una liga mercantil entre los puertos del Golfo 
mejicano, las ciudades del Valle, los ¡¡uertos principa- 
les de Cuba y Puerto Rico (por los vapores que salen 
de Nueva Orleans y Galveston) y las ricas y fértiles 
regiones del Golfo de California." 

Por amor de la verdad, en lo que toca á Nuevo Mé- 
jico, estamos obligados de decir que riquezas minera- 
les hay muchas aquí en oro, plata, cobre y carbón: 
pero no hemos podido ver, ni sospechar, ni siquiera 
imaginar riquezas agrícolas. Y esto lo decimos, no 
obstante afirmaciones de periódicos en contrario, no 
solo de Nuevo Méjico, sino también de Colorado. Si 
este país se coteja con cualquiera otro Estado del 
Norte ó del Sur de la Union, le llevará ventaja en 
cualquiera otra cosa, pero no en agricultura; á la 
cual es y será nmy probablemente siempre pobre por 
razones bien ct)nocidas aquí, pero que no tenemos 
lugar de enumerar. Decimos esto porque, para usar 
las palabras mismas del 2'ieinpo "no nos gusta alucinar 
á nadie con falsos informes." 

liOaiissaitao — Desjuies déla comida, la farsa. I^a 
cuestión ahora es ¿qué gobierno local reconocerá 
Hayes en Louisiana? ¿el Republicano ó el Demócra- 
ta? ¿el de Packard, ó el Nicholls? No solamente los 
periódicos demócratas; cOmo el Frojiaaateur Cat/iuU- 
(jue, sino los republicanos mismos, como el Xatituial 
liepublican creen que se reconocerá el demócrata, y 
aconsejan que se dejen libres los Estados del Sur en 
adoptar los gobiernos locales que mas les convienen; 
lo que quiere decir que no se roconozcan los gobiernos 
Republicanos, ni se sostengan con fuerzas militares, 
sinX) que se dejen triunfar los demócratas, los que po- 
seen, como fts evidente, la confianza do esos Estados. 
El Presidente Crraut habiendo retirado (después do 
las elecciones .se entiende) las tropas de Louisiana y 
la Carolina; ha dado con ello el golpe de gracia á los 
gobiernos locales re])ublicanos, á menos que Hayes 
no los reconozca oficialmente. El Propta/aleur (.'(d/io- 
lifjue se lisonjea (]ue no lo hará. El X. Y. Jlerold 
del 3 de Marzo pul)lica-{í e.stc propósito un articuli- 
to, Louisiana free, que nos parece una obra maes- 



■-123- 



tra de hipocresía. Sentimos no poderlo publicar por 
entero. Imaginen los lectores todo lo que puede de- 
cirse de mas fuerte y de mas duro contra el Gobierno 
inilitar que se impuso á la Louisiana, compendiado 
de la manera mas clara que ])ueda desearse, tal es el 
artículo del N. Y. Hevald. Y sin embargo apostaría- 
mos cien contra utio, que si mañana Hayes reconoce, 
y quiere mantener de fuerza á Packard, el Heicdd no 
lo llevará á mal. Y ¿cómo no? si él mismo, como 
los otros periódicos de la misma claaña ha aplaudido 
á la decisión de la Comisión acerca de los votos de 
Louisiana. ¿De dónde vinieron los certificados de los 
electores republicanos, siuo del mismo Gobierno ti- 
ránico 6 infame que el Jlcrahl describe? Pero es i- 
niítil apelar á la lógica, ó al sentido común. Di- 
cho artículo es una fotografía de la política de nues- 
tros políticos, á quines se les da un bledo de la hones- 
tidad y del honor, cuando median el interés y el di- 
nero. 

NOTICIAS EXTRANJERAS. 



Bioiían, — El Papa, dice Vitalia del 23, acaba de 
someter á los Cardenales una cuestión relativa al fu- 
turo Conclave. La cuestión es la siguiente. "En la 
situación en que se halla la Santa Sede frente á fren- 
te del gobierno Italiano, y frente á frente sobre todo 
de la revolución, representada por la francmasonería, 
¿conviene tomar medidas para asegurar la libertad 
de los miembros del Sacro Colegio, Uauíados á elegir 
el Soberano Pontífice?" Los Cardenales deben ha- 
cer conocer sus opiniones sobre esta cuestión. 

Un telegrama de Eoma del 4 de Febrero dice que el 
Papa dio la Comunión ese dia por la mañana á veía- 
te personas. A mediodía recibió á set'.nta personas 
de diversas nacionalidades. 

S'"'á'ancáíí, — Las Universidades Católicas en Fran- 
cia prosperan de una manera prodigiosa. En Augors 
un Canónigo ha ofrecido liltimameute á la Facultad 
de letras uua biblioteca compuesta de mas de cinco 
mil voh'imenes. En la misma ciudad, la viuda del i- 
lastre general Lamoriciere ha enviado á la Facultad 
de Derecho un ejemplar de todas las obras de mate- 
rias jurídicas que se han jMiblicado. En Lille conti- 
núan con abundancia los donativos para la Universi- 
dad católica de esa ciudad. Últimamente, una sola 
familia que ha querido permanecer desconocida, ha 
enviado 500,000 fr. ($100,000). Otros dos bienhe- 
chores anónimos han dado cada uno 100,000 francofj 
($20,000) para la fundación de un cátedra. Se sabe 
que M. Bechamp, para ir como profesor á la Univer- 
sidad católica de Lille, ha dejado una brillante posi- 
ción en la Facultad goberuamental de Medicina en 
Montpeiller. El rector de esa Facultad, para rete- 
nerle, le decía que iba á asociarse á uua obra crryo 
porvenir no estaba asegurado. M. Becamp le res- 
pondió: "Yo no considero mas que uua cosa. Fran- 
cia ha sido hecha por los Obispos, y quiero aj'udarlos 
para rehacerla. 

K*»ÍíííSi5í. — Leemos en el Siglo Futuro que Mñr. 
Jacobo Cattaní, Arzobispo de Ancira, designado por 
Su Santidad para el cargo de Nuncio Apostólico en 
España, recibió el despacho oficial de su nombramien- 
to el dia 28 del mes pasado. 

Añeáfiisssasa. — Bismarck está tocando con mano 
las consecuencias de su política anti-cristiana. Un 
telegrama de Berlín del 2 de Febrero dice, que con- 
tinúan preocupándose allí los hombres 'del gobierno 
con el gran nvímero de votos que obtuvieron los di- 
putados socialistas en las últimas elecciones. Se ele- 
van estos votos á la cifra de 023,000: en 1874 no ha- 
bla sido esta mas que 394,000. Los diputados socia- 



cn su ime; 

'Si!.», 



listas son once, y podrá este grupo ser aumentado do 
otro mas. 

Este resultado no estrañara á los que por los pe- 
riódicos ya sabían cuan grande es la propaganda 
socialista que se hace en Alemania. La Gaceta, de 
Ateiiian'a^ dil Norte dice, que de todos los })artidos 
políticos, el socialista es el que ha gastado más dine- 
ro en las elecciones. Los obreros dieron el cuarto 
de un millón con este objeto, y es muy probable que 
hayan dado una nueva suma de 10,000 marcos. Por 
consecuencia del establecimiento de las cajas de huel- 
gas, los demócratas socialistas se han habituado á dar 
continuamente ciertas sumas, y hacen darlas aun á 
numerosos obreros que no son socialistas. El terroris- 
mo que ejercen sobre las clases obreras es mas grande 
de lo que se cree. Están preparadas nuevas huelgas. 
Blaa,*íls8, — A pesar de estar muy á oscuras respec- 
to á la guerra turco-rusa que tanto se teme, las noti- 
cias c[ue nos vienen de Europa nos hacen ver proba - 
h\e por esta primavera su declaración. Dice la Presse 
de Vieaa: "llusia se prepara á todas las eventua- 
lidades; lejos de suspender sus armamentos, los com- 
pleta, y ]K)r esto abre á sus tropas el camino que con- 
duce al Danubio, para facilitarles sus movimientos en 
caso de "uerra. Un telegrama de Bucharest del 6 
Febreo nos hace saber que el 5 se firmó un convenio 
que arregla definitivamente: 1" El paso del ejército 
suyo por Bumania, 2' Las condiciones de estricta 
neutrali bul que el Gobierno del príncipe Carlos se 
compromete á mantener en caso de guerra entre 
Rusia y Turquía. 

Un despacho telegráfico de Viena al Standard de 
Londres dice que el ejército de Rusia está ya pronto 
de acción. 
siía — Ya llevamos dicho que la importantí- 
sima cuestión de Oriente está tan enmarañada, que 
difícilmente se puede vislumbrar lo que sucederá en 
esta primavera. Hé aquí lo que dice el Siglo Futuro, 
excelente diano de Madrid, á propósito del nuevo mi- 
nistro de Turquía EdhemBajá: "Respecto á la sig- 
niñcaciou política del nuevo Gran Vizir, están encon- 
tradas las opiniones, como suele suceder generalmente 
en estos casos." Y después de haber referido lo que 
la prensa europea teme ó espera del nuevo ministro 
otoman, añade: "No sabemos cuál de las dos versio- 
nes se acerca mas á la verdad .... De todos modos 
continua embrollada como siempre la famosa cuestión 
de Oriente. En una cosa insisten todos los telegra- 
mas, _y es, que la Turquía seguirá una política com- 
jjletamente liberal: pero de este liberalismo se ríen 
los rusos á mandíbula batiente y no será con medidas 
liberales, con las que consiguirá la Puerta sostener la 
nube de fuego que amenaza abrasarla. No será tam- 
])oco con medidas liberales, con las que reunirá dine- 
ro, inspirará entusiasmo á sus soldados, y se pondrá 
en condiciones de luchar con el coloso ruso. Estos 
achaques de liberalismo de que quiere hacer alarde 
á última hora, no hacen mas que mostrar á desnudo 
las miserias del moribundo imperio de Mahomed." 

I*íi>3«s«ia. — Escriben de Francfort con fecha 29 de 
Enero: "El gobernador central Conde de Kotzebuc, 
ha advertido á todo el Clero católico de Polonia que 
está prohibídc', bajo pena de deportación, invocar la 
Sma. Virgen Maria como Madre de Dios y Reina de 
Polonia. Esta advertencia ha sido dada con motivo 
de la deportacionide Oloneiz, del sacerdote Simón Sa- 
pinsld, ele la Diócesis de Augustawo. El infortunado 
mártir habia dicho tres veces después de las letanías 
— Sta. Madre de Dios, Reina de Polonia, rogad por 
nosotros — Es una tradición secular, y en las antiguas 
parroquias polacas se halla on todas partes esta invo- 
cación." ■ ' 



121 



SECCIÓN EELIGIOSA. 

CALENDARIO RELIGIOSO. 
MARZO 1S.24. 

18. Doiii'ni'jo dif Piixion—^. Ednardo Rey y Mártir. Santa Fausti- 
na Virgfin. 

19. Lnnf.i' El Glorioso San José, Esposo de María Santísima, pro- 
tector de la r^losiii (litólicx. 

2.'). ií/ííj-/p.s-— San Gaoriel Ai-cángel. Santa Alejandra y sus com- 
jiaucras M.'trtiros. 

21. M i erróles - San ]5'-nito, Abad, padre de los Monjes de Occiden- 
te. Santa Fabiola matrona Kouiana. 

22. JiiCL-e.!í ~S:\n Saturnino y sns compañeros, Márlire». Santa Ca- 
talina, Viuda. 

23. l'iernes — Fiesta do Nuestra Señora de los Dolores. 

21. Súh'tdo — Santa Catalina de Suecia, Virgen.— San Siinon niño. 
Mártir. 

SAN BENITO, ABAD. 

Nació en Norcia de padres nobles y fii('' educado 
en liorna. Renunciando al mundo para servir a Je- 
sucristo con mas fervor, se retiró en una profunda 
cueva en los montes de Subiaco j practicó en ella las 
mas ásperas penitencias, llegando hasta envolverf-e 
desnudo entre espinas _y abrojos para reprimir los es- 
tímulos de la carne. A la fama de sns virtudes quisie- 
ron juntarse con él, y vivir bajo su dirección, algunos 
monjes. Pero no pudiendo sufrir las reprensiones que 
por su vida poco religiosa les hacia el Sto., intentaron 
de envenenarle. El hombre de Dios hizo una seña de 
cruz, y quedó roto ti vaso y desvergonzados sus pér- 
fidos compañeros. Entonces abandonó el monasterio 
pero pronto se vio precisado, por el niíinero siempre 
mayor de nuevos discípulos, á levantür otros doce. 
Pasó después á Cassino que de una manida de de- 
monios convirtió en un santuario de los mas famosos. 
Su don do profecía fué conocido de Totila, Rey de 
los Godos, que queriendo experimcutar la verdad del 
hecho, le envió cierto dia un paje suyo vestido con 
traje real para engañarle. Al verle Benito, "Deja, 
exclamó, deja, hijo mió, ese ropaje que no es tuyo." 
Profetizó á Totila su entrada en Roma y su muerte 
al cabo de nueve años. Pocos meses antes de salir 
de esta tierra, predijo á sus discípulos en qué dia 
nioriria; se hizo abrir la tumba seis dias antes de ba- 
jar cu ella; el sexto dia mandó le llevarjiu á la Iglesia, 
y habiendo recibido el Sacramento de la Eucaristía, 
levantando los ojos al cielo, dio el último aliento, en 
brazos de sus discípulos. Celébrase su fiesta en 21 
de Marzo. Es el Patriarca y Fundador de la excla- 
rccida Orden de Rencdietinos, que tantos y tan emi- 
nentes servicios i-indió y rinde á la Iglesia do Dios. 



ÍIEYÍSTA CONTEMPOIUNEA. 

El ejército francés está dando "ii osto.s días 
hermosos cjeiüplos de adhesión ;í hilvcligion ca- 
tólica y á los nünistros de clhi. Fn Kodcz los 
oñcialos del presidio dijeron al capellán: — Señor 
Cura, Vd. se (inednrú nuestro ciipollan. Si el 
{gobierno le (piita el honorario, nos entenderemos 
entre no.sotros para asegurarle ¡í Vd. uno de dos 
mil francos. — i'ero yo no soy mas (jue capellán 
auxiliarlo, }- mi honorario solo toca en los 400 fr. — 
No importa; Vd. tendrá lo que le hemos prome- 
tido, |)or(iue (¡u(>remos respondtM- al iiinilo nues- 
tro ;í los (jue persiguen la rídigion. 



¡Viva el ejército francés, y viva Dios que ta- 
les sentimientos le inspira! Buena y oportuna 
lección es esta ú aquellos gobiernos que {¡ensa- 
ron acaso agotar 6 empobrecer el erario r.acio- 
nal, sí no suprimían del presupuesto el mezqui- 
no honorario pasado á los capellanes del ejérci- 
to. No se contentan los gobernantes libre-])en- 
sadores con reducir á los hijos del pueblo á esa 
especie de esclavitud que ellos mismos han de 
Ihiinar servicio militar. Después de haberles (¡ui- 
tado la libertad han de arrancarles del alma el 
bien de la fé. Creen que no son dignos de su 
bandera los soldados, si no son simples má(]uinas 
animadas. Y tienen razón; pues ¿(pié otra ban- 
dera deíienden los libre-pensadores sino la de la 
irracionalidad? 



Los amigos de la raza española y de su bello 
idioma recibirán con gusto la noticia de una nue- 
va publicación semanal en castellano. Quere- 
mos hablar de i/7 Tiempo que empezó á ver la 
luz con este año de 1877, y se publica todos los 
Sál)ados en San Antonio, Texas. Fl Tiempo se 
propone de defender y promoverla cultura, y el 
bienestar de aquella parte de la raza hispano- 
americana que vive bnjo el gobierno de los Es- 
tados Unidos; merece por lo tanto el apoyo y 
favor no solamente de los Téjanos, sino también 
de nuestros Neo-^Iejicanos. En los números que 
El Tiempo ha tenido á bien enviarnos hasta aho- 
ra hemos encontrado sanos jn-incipios, indepen- 
dencia política, materias variadas y bien escogi- 
das, y abundantes noticias sobre todo de los paí- 
ses de raza y lengua castellana. Le deseamos 
un feliz porvenir. 



Recibimos de la cortesía del docto y elocuen- 
te Obispo de Den ver Mñr. ^Machebeuf una copia 
de las k(i tiras suyas sobre "El Sufragio de las 
Mujeres." Dio ocasión á estas magníficas diser- 
taciones la agitación (jue reina en el público y 
entre los })()líticos del Colorado en favor ó en 
contra del asunto. El Señor Obispo Machcbeuf 
combatió esta loca pretensión de ciertas damas 
y sus adiierentes en una \)v'\mo\"A lectura, (pie de- 
bió pronunciar por segunda vez para si'tisfacer 
á una petición firmada i)or cincuenta y siete 
miembros de la legislatura del Estado. T/a lec- 
tura ve ahora la luz pública. Al leerlas prime- 
ras páginas tpiedamos tan ))rendados de la soli- 
dez de los argumentos, (pie desde luego nos pro- 
pusimos hacer un resumen de ellos y presentar- 
los en español á nuestros queridos lectores. Pe- 
ro á medida ((ue íbamos leyendo, sentimos cre- 
cer tanto el interés (]ue despiertan las vigorosas 
razones, y la tbrma tan liana á la |)ar y vivaz 
(^ou que; las expone el- ilustre Orador, que nos 
parecii) lástima el acortarlas y el privar lí nuci- 



i: 



-i2 



)- 



tros lectores del gusto que experimentarnos nos- 
otros mismos. Vamos, pues, á traducir, con la 
maj^or fidelidad posible, la primera ti lo menos 
de las dos lecturas. Esto no podrú ser sino á 
costa de publicarla en varios números, y de 
omitir otras materias. Pero vale la pena 
también para conservar un documento que con 
el tiempo pudiera ser útil en Nuevo Méjico. Su 
Señoría el Obispo de Denver aceptará este tra- 
bajo como la mas adecuada expresión que pode- 
mos hacerle de nuestros sinceros plácemes. 



Ya en el número anterior dijimos á nuestros 
lectores que el Parlamento Italiano ha promul- 
gado nuevas leyes contra los abusos del Clero, ó 
séase, (hablando sin los tapujos de aquellos Hon. 
Legisladores,) nuevas leyes para acabar de opri- 
mir y esclavizar á la Iglesia de IJios. Les roe 
y consume su aleve odio de Cristo. Pió IX, el 
Pontífice de Dios, que preso y encarcelado y 
vejado, se alza y dice á los que le escarnecen: 
"Miradme: yo soj' rey bendecido y acatado en 
todos los pueblos de la tierra," es para esos ahi- 
jados de Satanás un espectro aterrador que los 
persigue incesantemente, robando el sueño ásus 
párpados de noche, y envenenando de dia los 
míseros placeres de su estragada vida. El en- 
señar á los fieles la santa verdad que condena la 
usurpación de los Estados Pontificios, el exeqna- 
fnr, el matrimonio civil, las quintas forzadas del 
Clero, el despojo de la Iglesia, 3' mil otras leyes 
que sirven de cadenas al Vicario de Jesucristo; 
el conducir á sus pies por docenas de millares á 
los Cat(jlicos de las mas remotas partes del mun- 
do; el repetir en voz alta aquellas protestas de 
adhesión j amor, cuj^o eco llena la tierra y man- 
tiene despierta la memoria de que Pió IX no es 
libre, de que reina en la Ciudad Eterna un in- 
truso adorador de Baal; esos son los delitos, esos 
los abusos que intentan castigar los Pilatos y 
Herodes de la Italia política. Se engañan los 
ciegos; entran en una senda que les llevará á es- 
trellarse mas pronto contra la Roca Santa de la 
Verdad. "Los hidrófobos traga-Curas de la 
Cámara," dice la Voce della Veritá, "se han e- 
quivocado de siglo y de país. Imaginaban sen- 
tarse en la Convención Nacional de Francia, 6 
en el Parlamento de Cromwell; pero aquí no so- 
mos ni puritanos ingleses, ni descamisados fran- 
ceses. Somos veinticinco millones de gente que 
tiene sentido común (excepción hecha de los Le- 
gisladores de Montecitorio), maleados, sí, en 
parte, pero no la mayor parte, y solo poquísimos 
maleados del todo. El gobierno hizo cuanto pu- 
do por arrancarnos la fé; pero hay dos cosas in- 
destructibles en el corazón de los Italianos: la 
fé, y el sentido común .... Nosotros no cam- 
biaremos. Seguiremos escribiendo, hablando, 
predicando, óbramelo como hasta aquí, pgtQ- <?»i 



como pensamos y como debemos." ¿Qué harán 
en presencia de esa impertérrita actitud los co- 
bardes legisladores que solo son valientes en 
blasfemar? Antes que vean ejecutar sus necias 
y sacrilegas leyes, deberán ver la Italia entera 
convertida en una carnicería; y de aquí á enton- 
ces ¿dónde estarán ellos mismos? 



Esas leyes de la Cámara italiana contra los 
abusos del Clero encontraron, hasta en aquella 
aula de desalmados, á cien conciencias que pro- 
testaron y votaron en contra. Para tener como 
una fotografía microscópica del espíritu que ani- 
ma á los 150 que votaron en favor, véase el si- 
guiente trozo de un discurso del diputado Bovio. 
Es un modelo de la moderna literatura parla- 
mentaria italiana. "Las leyes represivas," dijo 
Bovio, son impotentes donde existe la confesión 
auricular, el tráfico délas indulgencias, y la ame- 
naza de penas las mas terribles en el otro mun- 
do .... A "vuestro co'digo penal el cura opone el 
suyo; vosotros dais la cárcel, el cura amenaza 
con liiego; vosotros contais los dias, el cura os 
contrapone siglos de fuego. Es preciso abolir 
el código [¡enal de los curas" (es decir, el Eüan- 
gelio) "para que tenga valor concreto este de 
Mancini." Mancini es el autor principal de las 
k\yes. Con que, los miserables blasfeman, pero 
conocen su impotencia. Y son todos del mismo 
jaez los enemigos del PIombre-Dios. A todos 
les escuece esa palabra tremenda que tan á pesar 
suyo les zumba de continuo en los oidos: "fuego 
eterno." Mas ¿quién podrá borrarla del libro 
inspirado? La incredulidad no basta para ello. 



Las mas sinceras gracias al estimado periódi- 
co de íjrooklyn, The Cáfholic Eevieio, por las pa- 
labras tan halagüeñas que ha tenido á bien in- 
sertar en sus columnas en encomio de nuestra 
humilde Revista. Un elogio tan superior á nues- 
tro mérito, de la parte de aquel integérrimo y 
valeroso campeón de la causa católica en los Es- 
tados Unidos, nos anima y consuela tanto, como 
el odio, las calumnias y los baldones de los 
enemigos de Cristo. El favor de los bue- 
nos y la persecución de los malos son los dos ca- 
racteres de nuestra historia, y los dos elementos 
de nuestra vida social. No quisiéramos fiívor y 
alabanza sin persecución y calumnias. 



Lo^ Enemigos del Catolicismo. 



En todos tiempos ha tenido enemigos la Jglc^ 
sia Católica, y enemigos encarnizados que la Or 
diaron hasta la muerte y todos sus esfuerzos pu- 
sieron en juego para anonadarla. ¡Cuántos so 
leyantavoii de Nerón á Bismarck! Pero pasaroa 



-120- 



todos, y la Iglesia diiiii, y durará para sicmpic. 
Otros enemigos se levantai-áii {¡ara coiiibartirki, 
mas Ella los verá perecer como á todos sus pre- 
decesores. 

Si ijo se supiese (pie los enemigos de la igle- 
sia están animados por un espíritu satánico con- 
tra el Fundador de Ella, no se podría explicar 
tan fácilmente su odio. Con la sociedad y con 
el mundo entero tiene la Iglesia rae ritos grandes 
6 incontrastables. En efecto, á Ella débcnse 3'a 
la civilización de los pueblos, ya la conservación 
de las ciencias y letras, ya el restablecimien- 
to de las artes'. Sabido es de todos que los A- 
pu'stoles y sus sucesores no solamente dcstru- 
ye^ron los errores del Paganismo en las provin- 
cias civilizadas del Imperio Romano, sino qne 
|)enetraron mucho mas allá de sus límites, }' a- 
lumbraron con la luz del Evangelio, y amansaron 
con las leyes de Cristo á naciones de costumbres 
bárbaras y de instintos crueles. Sabido es tam- 
bién que después (¡uc los bárbaros del Norte in- 
unda roa las floriilas provincias del mcdiodiade 
Europa, los habitantes de estas, con sus leyes y 
civilización, fueron ca.*;i com])letamente destrui- 
dos. En estableciéndose allí los bárbaros fun- 
daron las naciones y gobiernos, qne originaron 
después los que existen hoydia. Esas bárbaras 
naciones habrían según toda probabilidad conti- 
nuado teniendo sus costumbres y leyes bárbaras 
á no ser por la acción de la Iglesia que amansí^ 
sus ánimos, mudó sus costumbres y les ensefiú 
un código de leyes inspiradas por la caridad y 
por la justicia. Los actuales pueblos de Euro- 
pa y de América son hijos de aquellos que tanto 
debieron á la Iglesia. 

Xo es menester hablar de otros, como de los 
Japoneses, de los Chinos, de los Africanos yxle 
nuestros Indios, jxira mostrar la obra ó á lo menos 
los esfuerzos hechos por la Iglesia para civilizar 
los pueblos. 

Cuanto á la conservación de las ciencias y ar- 
tes, cierto es (]ue después de la invasión de los 
bárbaros, estas no fueron cultivadas mas sino 
por los Eclesiásticos. Se hubieran pues perdido, 
aca.so irreparablemente, sin la acción protecloi-a 
de la Iglesia. Si poseemos ahora tantas y tan 
bellas obras de la antigüedad lo dcbenias á los 
monjes, que con asombrosa paciencia y trabajo 
las transcribieron 3' nudtiplicaron las copias. FA 
desprecio universal del sal)er que reinaba en- 
tonces nunca detuvo la Iglesia de (pie fiindai'a 
escuelas, donde además de las cosas olciucntalcs 
se enseñaban las matémati(\as, la astronomía, la 
geografía, la historia, y otras materias. l']ste 
trabajo de la Iglesia introdujo paúl iliiiaiiieiitc el 
gusto al saber, (pie llegó luego á su colmo en 
t¡emi)os de León X. Las artes, como la ar(pii- 
tectura, la pintura, etc., hubieran á su vez dege- 
nerado (í perecido del todo, si la Iglesia no l(>s 
hubiera al)ierlo un asilo en sus templos, cuando 



el arte único ijue se tenia en aprecio era el arte 
de manejar la espada. 

Ahora se podiia preguntar: ¿Por cuál de es- 
tas buenas obras se aborrece tanto á la Iglesia? 
Hay mas, ¿porípié se aborrece tanto á la Iglesia 
(lae con sus Hospitales, Orfanotrohos, Asilos, y 
mil oti'os Institutos de caridad se muestra bien- 
hechora táii u-ra!ide del género humano? A buen 
seguro no se h .liará contestación satisfactoria 
sino en arpiel odio satánico que el espíritu malo 
desplegó siempre contra la l']sposa de Cristo y 
(pie inspira á sus secuaces. 

Sin embargo, i)reciso es decir (pie no todos los 
acriminadores de la Iglesia están animados por 
este espíritu. Muchos ha}' que lo hacen porque 
es la mida, porgue eso (según ellos) ostenta gra- 
cia y donaire, ])orque se sabe que dará gusto á 
la cuadrilla, porque lo pide la opinión pública, 
y otras razones por el estilo. ]\ru(;lios periodis- 
tas hay á los que no importa nn comino ni la I- 
ü-lesia (católica, ni la iglesia Protestante, ni cual- 
(piier otra Iglesia, v quienes, no obstante, hacen 
de la Iglesia Católica el objeto de sus sátiras y 
ataques, únicamente porque saben (jue eso gus- 
tará á los lectores. Asimismo ha}' oradores pú- 
blicos, sean políticos ú otra cosa, quienes, sacan- 
do partido de la estragada opinión pública, in- 
tentan producir el efecto (pie desean por medio 
de una pulla ó indirecta lanzada contra la Igle- 
sia, ó sus ministros, ó sus leyes. Xo se puede 
negar que esos señores maniliestan suma vileza. 
Con todo, se comprende ponjué lo hacen. Xos- 
otros opinamos qne si, por una suposición ¡mpo- 
sil)le, llegara á perecer la Iglesia Católica, lo 
sentirian en el alma esos tales, en cuanto les ven- 
dría á faltar aípiel tiro asestado ya y seguro de 
l)roducir el efecto qne anhelan, sin el cual mu- 
chas veces no hallarían otro. Lo que mas difí- 
cilmente se entiende es tpic hasta los ministros 
Prutestaules, (|ue pretenden enseñar y profesar 
la religión de . Jesucristo, se junten con el coro 
de los malvados para acometer la Iglesia Católi- 
ca. ¿Será acaso poríjuc hallan también ellos en 
est03 ata(pie3 el tema ya ¡¡reparado para sus ser- 
mones y (pie agradará ciertamente á su auditorio? 
Xo podemos creerlo. ¿Porqué pues ministros 
(pie, como ellos dicen, profesan las doctrinas de 
Jesucristo, se alistan éntrelos enemigos déla 
Iglesia, y con arengas y muchísimas veces con 
calumnias horrorosas despiertan y atizan en sus 
oyentes el ¡¡rcjuicio y el odio contra la Iglesia? 
Si nos creen en (>rror ;.por(pié no nos compade- 
cen mas bien y no despiertan en sus auditorios 
este mismo afecto caritativo de comi)asion? Si 
{•(■alíñente nos creen en error ¿porqué no tratan 
de sacarnos de engaño en vez de sermonear y 
excitar contra nosotros el odio de sus congrega- 
ciones? .Mas si tal es su gusto, prosigan enhora- 
buena. Nosotros empero de este odio suyocon- 
tj-a la iL^lcsia de Cristo, v del odio de lodos los 



127 



enemigos de Ella, sacamos en íavor de nuestra 
Iglesia esta prueba tan consoladora para noso- 
tros. Jesucristo i)rcd¡jo que sus discípulos se- 
rian perseguidos y calnniuiados por el mundo; 
esta profecía no lavemos vcriñcada sino con res- 
pecto tx la Iglesia Católica; luego Ella sola es la 
verdadera Iglesia. Y como consecuencia ulte- 
rior, luego las sectas Protestantes y cismáticas, 
con su odio contra la Iglesia, prueban que ellas 
no se componen de los discípulos de Jesucristo, 
porque ellos son los perseguidores y no los per- 
seguidos, 3' también porque la verdad de Dios 
y el odio del pro'jimo no pueden ir de consuno. 



El Sufragio de la Mujer. 



Hé aquí la lectura del Sr. Obpo. Machebeuf 
que hemos prometido. 

"Qniero que sepáis que la cabeza de todo hom- 
bre es Cristo: mas el hombre es cabeza de la 
mujer: y la cabeza de Cristo es Dios. . . .La mu- 
jer es la gloria del hombre .... Porque no fué 
criado el hombre para la mujer, sino la mujer 
para el hombre '' — (I Cor. XI, 3, 7, 9,) 

Queridos hermanos, se ha hablado tanto recien- 
temente aquí en Denver acerca de los derechos 
de la mujer, se han celebrado tantas juntas, tan- 
tos discursos han sido pronunciados por mujeres 
en las Iglesias, que 3'o no he podido hallar oca- 
sión mas propicia que esta para Considerar silos 
acontecimientos de las ])Ocas semanas pasadas, y 
las extravagantes pretensiones de esas señoras 
están en conformidad con las doctrinas de la Bi- 
blia. 

Hay una clase de Cristianos Liberales, que cla- 
morean siempre acerca de la Biblia, y preten- 
den de seguir la Biblia; ])ero, durante aquellas 
juntas tan largas, en aquellos discursos tan cam- 
panudos ¿siguieron la Biblia los amigos de los 
derechos de la mujer? ¿La consultaron? ¿Cita- 
ron algún texto en corroboración de sus preten- 
siones? Temo que no; pues, si no lo hicieron ellos, 
lo haré yo. 

Aquellas mujeres de elevado entendimiento que 
no seX'ontentaron con las disposiciones de la Pro- 
videncia, y que quieren salir de la condición de 
su sexo, profesan indudablemente de ser Cristia- 
nas. Mala política seria, hablando al sexo gentil 
y piadoso, negarla autoridad de la Biblia. En su 
cualidad de Cristianas, pues, han de admitir la 
obligación de obedecer á la ley de Dios. ¿Qué 
deberes impone á las mujeres la ley de Dios? 
'"Las mujeres estén sujetas á sus maridos, como 
al Señor: por cuanto el hombre es cabeza de la 
' mujer, como Cristo es cabeza de la Iglesia. . . . 
De donde así como la Iglesia está sujeta á Cris- 
to, así las mujeres lo estén á su maridos en todo." 

;(Ephes. V. 22, 23, 24.) "Quiero, i)ues, que 

los hombres oren en todo lugar .... Asimismo 



oren también las mujeres, en traje decente, ata 
viándose con recato y modestia, y no con los ca- 
bellos rizados, ni con oro, ó con perlas, 6 costo- 
sos adornos; sino como corx-esponde á mujeres 
que hacen profesión de piedad con buenas obras. 
La mujer aprenda en silencio con toda sumisión. 
Pues no permito á la mujer de enseñar ni de to- 
mar autoridad sobre el marido; mas estése en si- 
lencio (dilicultosa tarea), ya que Adán fué for- 
mado el primero, y desi)ues Eva; y Adán no fué 
engañado, mas la mujer, siendo engañada, fué 
causa de la prevaricación. Verdad es que será 
salvada pariendo, si permaneciere en la fé, en la 
caridad, en santa y arreglada vida."' (I Tim. 11, 

8 ct. seqq.) "Mas quiero que sepáis que la 

cabeza de todo hombre es Cristo: mas la cabeza 
de la mujer es el hombre; y la cabeza de Cristo 

es Dios. . . .La mujer es la gloria del hombre 

Porque no ñié criado el hombre para la mujer, 
sino la mujer para el hombre." (I Cor. XI.) — 
'"Las mujeres callen en las Iglesias, porque no 
les es permitido hablar, sino que deben estar su- 
misas, como 1m dice también la ley. Que si quie- 
ren instruir.-e en algo, pregunten á sus maridos 
en casa. Porijue es cosa indecente en una mu- 
jer el hablar en la Iglesia. (I Cor. XIV. 34 et. 
35). 

Con la autoridad de esos sagrados textos ¿como 
pueden ser escusadas las mujei-es cuando se esfuer- 
zan de derribar el orden establecido por la Provi- 
dencia? Después de haber criado Dios al hombre 
á imagen y semejanza suya, dijo: "No es bueno 
que el hombre esté solo; hagámosle ayuda seme- 
jante á él." Si Dios hubiese querido dar al hombre 
un compañero capaz de dedicarse á las mismas o- 
cupaciones, y de emprender los mismos trabajos á 
que estíí evidentemente destinado el hombre, 
habria criado ctro hombre. Pero, no; hizo una 
mujer, y después de la caida de afjuella mujer, 
le dijo: "Multiplicaré tus ti-abajos en tus preñe- 
ces; con dolor parirás los hijos, y estarás bajo la 
¡jütestad do tu marido, y él te dominará." Dios 
estaba airado porque Adán habia escuchado la 
voz de su mujer. Luego llamó en su saña á 
Adán y Eva, aterrados \)0V los remordinuentos 
de la conciencia, y temblantes de pavor en su 
acatamiento; |)alabras amenazadoras salieron de 
su boca, palabras de maldición que comprendian 
el mundo entero en el pecado del primer hom- 
bre: "jMaldita sea la tierra iK)r tu causa." Una 
sola cosa tuvo íjuc decir; pronunciar una terri- 
ble sentencia de castigo y de muerte. "Polvo 
eres, y á ser polvo tornarás." Un cuer])0 mor- 
tal, el rostro bañado cada dia en sudor, el cora- 
zón agobiado y aplastado por los pesares de ca- 
da dia, hé aijuí la suerte del hombre; pero la 
mujer, el vaso mas frágil, no quedó exenta de 
pena en aquel dia de cólera; habiendo sido la 
primera en pecar, fué tand)ien la primera en ser 



I 
I 



-:¿s- 



castigiula. Con thjluí', g'ciuidos y congoja ha lúa 
de dar á luz el l'riito de .su vientre. 

Castigo terrible, no hay duda; [jero aeordcnio- 
nos de la violación de un precepto divino: del 
honor, de la dignidad, de la gloria, de la omni- 
potencia de un Dios (juc encerraba en sí la ob- 
servancia de tal prece))to, y í|ue (piedaban con- 
culcadas por la transgresión del mismo. Pues 
bien, yoíjuisiera ahora |)reguntarcí a(|nellas mu- 
jeres de elevado entendimicnlo que tienen la te- 
meridad, la presunción de entremeterse en las 
dis[)Osiciones de un Dios todopoderoso: Desde 
que fué pronunciada aquella sentencia formida- 
ble, ¿no tuvieron que someterse á sus tremendas 
consecuencias todos los millones de seres huma- 
nos í|ue han vivido desde el principio del mun- 
do hasta este dia? ¿Tlay en la tierra una fuerza 
(jue pueda eximir al hombre del arduo trabajo 
(|uo cubre su frente de sudor? ¿Hay en este 
mundo poder alguno (pie libre á la mujer de su 
dolor y congojas de parto? En este siglo diez y 
nueve llamado la edad del progreso y de las 
grandes invenciones, ¿hay alguno de los orgulloso s 
hombres de ciencia, que haya descubierto la ma- 
nera de escaparse á aquella condena de mnerte? 
La triste experiencia de cada dia prueba que la 
justicia de aquel Dios ofendido est/i todavía en 
pleno vigor, y lo estará hasta que desaparezcan 
los siglos, ^[as si el hombre esta' todavía forza- 
do á comer el pan en el smlor de su rostro; si la 
mujer está aun sujeta ;í los mismos dolores, si 
todo el género humano, mujeres y hombres, está 
todavía bajo el imperio de la muerte, ¿cómo pu- 
do la mujer, que introdujo en el mundo el peca- 
do, la miseria y la muerte, rebelarse contra la 
justa sentencia de aquel mismo Dios á Cjuien o- 
í'endi(í? No, queridos hermanos, aquella tre- 
menda sentencia ha de cumplirse ])ara con todos, 
hasta el lin d" los t¡enii)os; "h^starás l)ajo la po- 
testad de tu marido, y é! te d(jni¡nará.'' 

Par;i sacudirse (d peso d(> esta- autoridad sa- 
uraila. se intenta, vanamcnli' darnos á entender 
(jue aquellas inqjortantes y saludables instruc- 
ciones de S. Pablo á los casados, acerca de sus 
deberes mutuos }' esenciales, no fueron univer- 
sales, sino parciales y de una sola tenqioiada. 
¿Xo es extraño, y hasta atroz, (pie en este país 
(]uc profesa de ser c¡-¡st¡ano, la única mención 
(pie hacen de la sagrada palabra de Dios los a- 
migos del sufragio mujeril para defender su dé- 
bil y extravagante causa, la hagan ¡lara negar 
su aut(U'idad divina? ¡í^^ué especie de doctrina 
tan C(;moda, y (permítaseme la expresión) lán 
elástica, y liberall Por esa cuenta podn'amos 
decir tami)ien <\Ui' los diez mandamientos de la 
ley antigua promulgados por .Moisés al pueblo 
de Dios, liicii (pie confirmados en la \('y nueva y 
llevados á la |)eríeccion por nuestro adorable 
^^alvador, no l'aeron universales, sino parciales y 
por uua soUi temi)ürada. Por supuesto, en esta 



edad de progreso, los pueblos son tan ilustrados 
(|ue deben de haber descubierto para ir al cielo 
un camino nuevo, y mas fácil (pie el de creer y 
guardar los mandamientos. Como cada ciudad 
tiene su Calle Mayor, así creen ellos, indudable- 
mente, (jue dei)e haber una Calle ^fayor para ir 
al cielo. ¿()uién sabe si no habrá también de 
esos regalados carruajes ferro-viarios en esa Ca- 
lle ?iIayor para el cielo? 

Pero, de.?aíbrtunadamente, nueslio Divina 
M;iestro, que bajij del cielo, y debe conocer el 
camino mas seguro para aquellas regiones, nos 
dice: "'Entrad por la [)uerta angosta; j)orque la 
puerta ancha y el camino espacioso son los (jue 
conducen á la perdición, y muchos son los que 
entran por él. ¡Oh, qué angosta es la puerta, y 
cuan estrecha la senda que conduce á la vida; y 
qué pocos son los que atinan con ella!'' (Matth. 
VII, 13-14.). Sin duda esas doctrinas tan sua- 
ves y liberales son las (jue deben seguir tolos 
aquellos ladrones y embusteros que abundan hoy 
en los rangos altos y bajos de la sociedad, y tan- 
to mas roban y defraudan cuanto mas altos es- 
tán. 

Un momento de reflexión convencerá á quien- 
quiera que búscala verdad con corazón sincero, 
que Las Lecciones Morales enseñadas á los casa- 
dos son simplemeate una consecuencia de aque- 
lla decisión del grande, imj)arcial y todopoderoso 
Juez, ante cuyo tribunal todos hemos de compa- 
recer para darle cuenta del uso de nuestro en- 
tendimiento y demás potencias: "El que creye- 
re y se bautizare, se salvará; pero el que no cre- 
yere será condenado." "Si quieres entrar en la 
vida guarda los mandamientos."" Este es el úni- 
co camino seguro. 

[Aíjuí el Sr. í)bp. .Alachebeuf responde á otra 
objeción hecha j)or los (pie dclienden á las mcje- 
res predicado i-a>i: y concluye la primera parte de 
la lectura, la cual ^i bien no impugna directa 
mente el Sufríf/io (!<■ la }í>ij('r. sirve, para los que 
creen, de solidísimo fundamento á lo (jue sigue. 
Poríjue, si la mujer \)ov (lis|)osieion de la Provi- 
dencia es inferior al homl)re, claro está (jue no 
j)ue(le j)retendcr derechos iguales en todo á los 
(lid lioml)i'e. Vamos ahora á la segunda juir- 
te.] 

1^1 (jue ha Icido la i'clacion délos discursos de 
ciertas s(M'ioras en las Iglesias (en favor del su- 
l'ragio) (piisiera (pie viniese á Denver oti'O Pa- 
lilo y repitiera sus insti-iicciones. Muy útil les 
seria eslo á algunas. 

Mas antes de lu-emuniros contra los horroro- 
sos efectos (jue acarrearla necesariamente esto 
extraño movimiento, examinemos r^aé raza de 
iiniji'ri's son las (pie capitanean á las defensoras 
de los derechos de la mujer, no diié en Colora- 
do, sino en las gi-andos ciudades del Este. Yo 
dij(> la otra vez: "Algunas solteronas, desgracia- 
das en sus amores," pero sonora?, was^ enteradas 



129- 



que yo, contestan poi- mí; "Batallones de solté" 
roñas sin suerte en lia.lar maridos; mujeres se' 
paradas de üus maridos, o' divorciadas por hom- 
bres que se tomaron el cai'go de anular las sagra- 
das obligTiciones impuestas por Dios mismo; '"Lo 
que Dios ha nnido, no lo desuna el hombre." 
(Matul. XrX, 6). Mujeres que, si bien casadas, 
están descontentas, y desean mejorar sn condición 
empuñando las riendas del gobierno domésti- 
co; porque lia sido observado que no hubo mu- 
jer feliz en su casa que deseara el sufragio mu- 
jeril." "Atended á lo que os digo," replica otra 
señora; "los corifeos fueron en un principio mu- 
jeres sin marido 6 divorciadas, ranchas de las 
cuales eran espiritistas y libre-amadoras." ¡Res- 
petabilísimas señoras! Mujeres sin familia, que 
desdeñan de sujetarse al santo deber de lo que 
ellas llaman la vil y enfadosa faena de ser ma- 
dre (the drudgery of niothers); mujeres que pro- 
curan con demasiada frecuencia (Dios sabe por 
qué medios, por cua'les delitos contrarios ú la 
naturaleza) de librarse de los cuidados de tener 
familia. Esas mujeres quieren dar á entender 
al mundo que poseen vigor varonil. Pues bien, 
¿(juieren y pueden labrar la tierra, cavar ea las 
minas, construir ferro-carriles, trabajar como o- 
breros? ¿Quieren y pueden alistarse por volun- 
tarias en tiempo de guerra, formar regimientos 
de Amazonas, cargar al hombro el fusil, acam- 
parse en lo desix)blado, y combatir en las guer- 
ras de la patria?" {Se continuará.) 



YAKIEDADES. 

LOS LOCOS EN PARÍS. 

De una estadi-tica oficial sobre los mentecatos 
del Departamento de la Sena, los cuales se mul- 
tiplicnn extraordinariamente, se sacan las si- 
guientes noticias. Estos infelices que en 1801 
eran 9-4G, ascendieron en 1875 á 7248. El au- 
mento progresivo anual ane desde 1801 hasta 
1810 era de 03 al año, siíbió á 225 desde 1861 
hasta 1870, y de 1870 en adelante fué de 200 al 
año, en media. La proporción entre hombres y 
mujeres dementes en cí quinquenio de 1870-75 
es para los unos de 54, 51 por 100, para las otras 
45,49 por 100. La media del tiempo, en que 
están recobrados, es para los hombres 2 años, 2 
meses y 20 dias; paralas mujeres Sanos, 11 
meses y 19 dias. En 1875 se admitieron en los 
manicomios 2059 personas, entre las cuales 851 
célibes, 786 casadas, 317 enviudadas, 105 des- 
conocidas. Eran de París 1871; 218 pertene- 
cían á los distritos del departamento, 250 á los 
otros departamentos de Francia; y 153 eran ex- 
tranjeros. La causa predominante de esta en- 
fermedad es el abuso de las bebidas alcoho'licas, 
que dio margen i 585 casos, Focos en propor- 



ción son los (juo sanan; no habiendo liil)ido en 
1875 mas fiue 351 sobre los 7248. 

PIUMERAS TRADUCCIONES DE L.V n]BI>L\. 

¿Quien empezú á traducirla Biblia en las len- 
guas vulgares habladas en Europa? La historia 
nos contesta que fueron los Católicos. El Ve- 
nerable Beda tradujo las Escrituras en lengua 
sajona durante la primera parte del siglo A^IIL 
Las primeras traducciones al alemán no llevan 
fecha; la edición fecharla mas antigua es del año 
147-7, seis años antes que naciese Latero, (xu}'- 
ard des Mouüns, Sacerdote, hizo una traducción 
francesa en 1294. Las primeras versiones bel- 
gas no llevan fecha, pero son anteriores á la líe- 
forma. Una versión italiana, la mas antigua 
cuya fecha sea conocida, la hizo el monje Nico- 
lás Malermis, y fué impresa en 1471. Una tra- 
ducción española fué dada á la prensa en 1478. 
Una polaca fué hecha en 1390; otra bohémica, 
en 1488; otra en dialecto islándico, en 1279; y 
una en irlandés, durante la primera mitad del 
siglo XI Y. ( Cathotic Journal.) 

BLRLIÓEILOS FAMOSOS. 

La lectura de la Biblia fué para algunos tan 
interesante, amena, y preciosa que la aprendie- 
ron toda de memoria. ¥a\ este número están 
comprendidas seis mujeres ilustres: Isotta No- 
garola, dama veronesa; Cecilia de Morillas, ca- 
ma española; Serafina Contarini, monja venecia- 
na; Luisa Aubery marquesa de Chambret; Ma- 
ría Porzia Vignoli, monja dominica; y Ester 
Isabel de Waldirch. Los hombres son: el Papa 
Paulo IV; Pedro Pontano e/ e%o, profesor de 
la Universidad de París; Miguel Langlois, pro- 
fesor de derecho canónico y civil y poeta latino; 
Martin (luichard; Augusto Várenlo de Lune- 
bourg, que sabia de memoria todo el texto he- 
braico de la Biblia; Cristóbal Enrique Ileine- 
chen, que murió á la edad de cinco años ,y cerca 
cinco meses. Este milagro de talento humano 
sabia á la edad de un año, los principales acon- 
tecimientos del Pentateuco, á los trece n.ieses, la 
historia del Testamento Antiguo; }' á los cator- 
ce, también la del Nuevo. ( Effenieridi ¡ett. di 
Roma, 1871,- G [órnale leit. del P. Contini, Vene- 
zial780; Cancellieri, Dissertazione írdorno agli 
uomiiii dotj.dí di gran memoria, Roma 1815. j 

PERIÓDICOS DE PARÍS. 

París tiene 761 periódicos, de los cuales, 113 
son políticos, 99 científicos, 78 religiosos, 58 de 
modas, 42 de lej^es, 39 financieros, 14 militares, 
9 navales }'■ 8 de arquitectura. 



no 



UN MANUSCRITO DE FAMILIA. 

(ConUnnncion — rá(j 118-120. y 

Tina iiiañana iimy de )ii;ulvn<i;íXíla, oí partir el car- 
ruaje y ])oco tlesi)ues averip;ué que en él iba Eilit en 
traje serio y casi de hito. El corazón me dijo i\\\e sin 
duda su objeto era confesarse ó alj^una otra devoción, 
y ])icónK' la curiosidad de observarlo; por lo cual, vis- 
tiéndouie de prisa, tomé el sombrero y subí á un vi- 
(jUanto, diciendo al cochero: 

— Toma el camino mas corto y á escape; deseo es- 
tar en la capilla católica dentro de pocos minutos. 

Apenas tuve tiempo de colocarme^ detrás de una 
columna cuando vi entrar á mi Edit con el velo sobre 
el rostro y dirigirse á un confesonario. Seguí con la 
vista sus pasos y movimiento^, y después de perma- 
necer un rato de rodillas con el rostro entre las ma- 
nos, tomó una silla, sentóse, sacó, de su manguito de 
armiño un libro de oraciones, abrióle sosteniéndolo 
en la mano derecha y volviendo un poco la cabe/a 
cubrióse los ojos con la izquierda. Así permaneció 
largo rato espiada jior mí que observalja y analizaba 
todos sus movimientos y hasta sor¡)rendia sus suspi- 
ros. Veíala abrir el libro de cuando eu cuando, re- 
cíM'rer sus ]iág¡nns, volverle á cerrar y quedarse inmó- 
vil cu su primera actitud, hasta que al fin llegado su 
tamo arrodillóse en la grada. Cincuenta minutos pa- 
saron, eu cu_yo espacio por intervalos enjugábase los 
ojos (;on el pañuelo, mientras que 3"o comprendiendo 
que lloraba, murmural)a: 

— ¡Pobre Edit! ¡Por qué tanto penas tú que tan 
buena eres! Siu duda ese indiscreto viejo te atormeii- 
ta y contrista con lúgubres palabras. 

Oiiando se apartó de la rejilla volvióse á echar el 
velo dirigiéndose á otro sitio al ))ié de una imagen de 
la Virgen de los Dolores. 

No pudieudo dominar la curiosidad deseé recono- 
cer el sitio que antes ocupara y fingiendo pasar de 
largo examiné atentamente el reclinatorio regado con 
gruesas lágrimas así como la grada. Aquellas lágri- 
mas me traspasaron el corazón, vacilé, un pensainien- 
ti) ó mas bien un interior impulso me inclinaba y es- 
tuve á punto de caer de rodillas sobre aquel sitio ba- 
ñado en llanto. ¡Mil veces feliz si lo hiciera! Hubiéra- 
le regado con otras tantas ó mas lágrimas y c())i iiia3or 
causa que mi buena Edit. Detúvoiii(> un vil respeto 
humano (entiéndelo bien, lloberto luio) , un res¡)eto 
humano vilísimo, que entre ('kjiIvH ii::/'iit ríes so llama 
elevación de caráuiter y dignidad, y analizado según 
las leyes de la piscología y del buen sentido no es 
otra cosa que la mas in.signe cobardía. Cuando re- 
cuerdo que sacrili(|ué al rcícelo d(> una frase maligna 
ó do una ojeada oblicua los movimientos mas gmiero- 
S0.3 de mi corazón, las mas nobles aspiraciones do mi 
trabajado espíritu exi)oiiiend() mi inmortal destino á 
iin seguro naufragio, el ruboi' d(- la vergüenza tiue mi 
frente, y co;iozco ipie si alguien me dijese en este mo- 
mento: "Euiste un miserablí'', inclinaria mi avei'gon- 
zada faz sin fuerzas para responderle. Esta, auiu|ue 
tardía, confesión delautcí d(> tí, lioberto, y de lus hi- 
jos, paréceme que rehabilita mi corazón y realza sua- 
vemente mi espíritu humillado. 

¡Misterios del corazón humano! ('i)m[)r(íiidia al as- 
pecto del llanto de mi con) pañera cpie yo debía verter 
otro tanto, y sin embargo no imaginaba (pit> cuando 
las bígi-inias i)rotiu espont incas de lo íntimo del coi'a- 
zon j)i'estan al alma una inefable serenidad, á la ma- 
nera (lue el tempestuoso nublado di; verano, (h^spues 
de puriticar la atnn)sl'era con truenos, ra3"os y abun- 
dante lluvia, deja mas verdes los campos, mas |)láci- 
do el cielo, el aire mas fresco, mas sonoros y alegres 



l-)s gorjeos de los pajarillos y toda la naturaleza co- 
mo renovada y rejuvenecida. 

Eigurábame que la pobre Edit regresaría á casa 
extenuada, decaída, fatigada como cuando de recien 
casados entrábamos en nuestra morada á las cuatro do 
la mañana de vuelta de las tertulias en (pie ella bai- 
laba sin descanso y yo jugaba hasta el último sche- 
llin<r. 

l^eseé presenciar su entrada en casa como la de la 
iglesia y examinar sus nuevas dispo.siciones, y para 
mejor lograrlo vestíms la bata, como si acabara de le- 
vantarme ignorando su salida y confesión. Aun es- 
liere buen rato; mas cuando la oí entrar, díla tiempo 
(\i reponerse y fingiendo mal humor salí al salón vo- 
ceando. 

— ¿Dónde está esa cocinera? Llamo y no parece. 
¡Torpes! ¡El desayuno! 

Apenas llegó á sus oidos mi impaciente órdeu res- 
pondió: 

— Eu seguida. 

Corrió á la cocina, acomodólo todo por sí pro])ia 
en una bandeja, cubriólo con la servilleta y envíeme- 
lo sin tardanza. 

Acompaüóme á tomar el té, acaricióme como nun- 
ca, y hablóme con tan plácida sonrisa, con tan alegre 
rostro que me parecía un milagro, pues esjjeraba co- 
sas diversas. Trajo la criada la niña á quien colmó 
do bcíos, é hizo tantas caricias al niño, que ya era 
mayorcitoy estaba entre mis rodillas, que parecía que 
volvía á verlos tras una larguísima ausencia. Con- 
templábala yo de hito en hito y como entontecido, y 
ella, siu sospechar lo mas mínimo, no cesaba de ser- 
virme, de h:icerme fiestas, y casi diré de enamorar- 
me, pue.-5 hallaba en sus acciones cierto no sé qué de 
sumiso, humilde y suave que jamás observara. 

h)jm, ¡jante novísimo proceder de mi Edit atribuílo 
siu duda á la confesión, la cual, según i)ude compren- 
de.', repití.) desde aquel dia una vez cada mes ó aca- 
so con mas frecuencia con gran regocijo y secreta 
admiración mia, pero sin pensar en imitarla. Hallá- 
liamc encadenado, sojuzgado, dominado por sus afa- 
bilísimas palabras, blando trato y servicial condes- 
cendencia, y aunque con su claro talento comprendió 
el ascendiente que sobre mi ejercía, lejos de abusar 
de él empeñábase en demostrar mas humildad }' de- 
pendencia. Persuadido estoy de que, de-eando sal- 
var mi alma, empleaba tales medios para prepararla. 

Convirtióse la admiración que me inspiraba casi en 
veuera;áon; pero avergonzábame de dimiostrarlo, y 
])ai-a evitarlo procuraba, no solo disimularle sino has- 
ta violentarle riñead o de con.tínno en casa con razón 
ó sin ella y reprendiéndola á veces por las cosas mas 
mininas. Jamás me respondía, y su silencio acrecen- 
taba mi cólera, pues mejor hubiera deseado que me 
respondiera con mal modo ó se rebelara contra tan 
ásperas humillaciones. Ilecuerdo que un dia figurán- 
dose haber hecho mal no sé qué cosa ai)resuróse á 
decirme: 

— Perdóname, amigo mío; me descuidé. 

Aquelliis ]);dabras proferidas con la mayor senci- 
llez, sin afectación, sin ipie al parecer la costaran el 
mas leve esfuerzo oprimiéronme el corazón con tal 
fuerza y rapidez que, iior no mostrar debilidad, enco- 
gínu! de hombros y salí do la estancia; pero en vano: 
las lágrimas brotaron de mis ojos ocasionándome un 
i-ruel despecho. 

IV. 

DESVKNTUKAS Y CULP.VS. 

Contaba i\ii Pvoberto ipiím'e años y educábalo su 
madie en sanos y escogidos principios, ])n'sentándoltí 



tai 



de continuo excelentes ejemplos y diciéndolc, aunque 
de tarde en tarde, saludables palabras. Proveyóle 
de respetables maestros y asistía en persona á sus 
lecciones pretextando que lo hacia por distraerse; pe- 
ro en realidad para vigilar con el mayor esmero que 
entre las enseñanzas literarias ó cientíñcas no reci- 
biese otras perjudiciales. 

Cumplia Ida su año duodécimo, y era un ángel del 
cielo descendido sobre mi casa que tan poco lo mere- 
cia. Yo dejaba á mi esposa todo el peso y cuidado 
de la educación de los niños, que por fortuna llevaba 
á cabo con mas acierto que yo lo baria; mas, ¡pobre 
familia! si Edit fuera otra mujer. No solo no la pres- 
taba yo el menor auxilio, sino que hasta la perjudica- 
ba, pues con frecuencia daba á Roberto mas dinero 
del que convenia y conduela á Ida á ciertas tertulias 
donde la pobre niña hallábíise precisada á ver y oir 
cosas que, sondeando con insaciable curiosidad los 
ánimos pueriles, son mas tarde fuente ordinaria de 
precoces corrupciones é incentivo de las pasiones. 
Eso fué causa de que Edit pensara y obtuviera de mí 
colocar á la niña en un colegio que dirigían ciertas re- 
ligiosas francesas, establecido en aquel tiempo en 
Nueva York, en el cual pasó dos años. 

Cuando volvió á casa, cumplidos los catorce años, 
fuéme preciso pasar á Nueva Orleans para mis nego- 
cios, cuya ciudad hallé en extremo agitada con las no- 
ticias de Quo Napoleón habia salido de la isla de El- 
ba y regresado á Francia, y alentado con sus conti- 
nuas victorias proponíase reconquistar el imperio y la 
Europa. Como la mayor parte de mi capital estaba 
invertido en valores ingleses, temí que bajaran con la 
fortuna de Napoleón y vendiéndolos aquel mismo dia 
en la Bolsa, sin esperar á que bajasen mas, compré 
con el producto, que ascendía á mas de quinientos 
mil francos, valores franceses imaginando escapar de 
una pérdida segura con el pequeño descuento que hi- 
ce en la venta. 

Una de aquellas noches recibí un urgente aviso pa- 
ra que me apersonara en casa de cierto noble italia- 
no, Eederico B , cuyos negocios eran notables 

en la ciudad y poseía un capital de hasta sesenta mil 
doUars. Estaba á punto de volver á Italia y satisfe- 
cho ya su pasaje; mas á consecuencia de cierta caída 
y fractura, al salir del teatro, acometióle una agudísi- 
ma fiebre á la que siguieron en breve los primeros 
síntomas del tétanos. Comprendió que todo acababa, 
designios y vida, y calveciendo de persona á quien en- 
tregar tan cuantioso capital en tan corto tiempo, fióse 
de mí, que era italiano, amigo suyo y con fama de in- 
teregérrimo, suplicándome enviara cuanto poseía á su 
esposa é hija iinica, que con indecible ansia le espe- 
raban en Italia, lo cual le prometí y juré cumplir con 
exactitud, espirando á poco, resignado con su suerte 
y satisfecho de dejar su caudal en manos de tan lion- 
rado depositario. 

Acercábase mi partida de Nueva Orleans, y calcu- 
lando que lo í fondos comprados deberían subir indu- 
dablemente un dia rí otro, revendílos todos negocian-' 
do el pago á plazo fijo sobre Nueva York. 

— Así, me decía, mientras que duermo con la ma- 
yor tranquilidad en el camarote del steamer y voy 
haciendo escala en los puntos en que tengo nego- 
cios, producen mis fondos, y al entrar en casa me 
encuentro con el capital acrecentado. 

¡Cuan distinta suerte me esperaba! Apenas desem- 
barqué en Nueva York, dos crueles noticias hiriéron- 
me de improviso: una, que mi esposa acababa de mo- 
rir casi de repen'e pocas horas antes; otra, la nueva 
de la derrota de Waterloo y prisión de Napoleón \:<ov 
los ingleses. Quídé consternado v próximo á la de- 



sesperación. La derrota del ej('rcito francés me des- 
pojaba de mí fortuna porque no solo bajaron los fon- 
dos franceses sino que hasta carecían de valor, y sién- 
dome pagados al precio corriente en el plazo fijado, 
apenas pude recobrar en Nueva York la tercera parte 
del capital vendido en Nueva Orleans. 

Semejante contratiempo necesitaba, mas que otro 
alguno, el consuelo y ánimo de mí veneranda compa- 
ñera; mas yo era indigno de él y el Señor me le arre- 
bataba en la más azarosa circunstancia. Podía 
encontrar refugio en las altas regiones de la religión; 
pero yo, sí no tenia perdido todo recuerdo de Dios, 
vivía tan olvidado, sin embargo, del mundo superior 
y tan dedicado con todas mis facultades á las cosas 
terrenas, que nada reparaba en torno mío sino mi ca- 
sa, placeres, comercio, la banca y Bolsa; así que há- 
lleme abandonado á mis propias fuerzas. Cuanto me 
rodeaba parecíame desierto y solo acertaba á divisar 
una tumba: la mía. Hasta mis hijos, perdida la es- 
peranza de colocarlos en la posición que deseaba, 
producíanme tristeza y jualestar. 

Pasado aquel primer acceso de dolor traté de aten- 
der á mis intereses, y no tardé en convencerme de la 
imposibilidad de verificarlo. Mí pérdida era conoci- 
da por los ojos de lince de los bolsistas, y mí firma 
(jue hasta entonces se descontaba en la plaza con ven- 
tajas sobre las otras,. empezó á perder crédito, y los 
acreedores, temiendo por sus capitales, asaltáronme, 
tuve que suspender los pagos, hálleme precisado á 
dejar protestar varias letras y estaba abocado á una 
quiebra. 

Entonces un mal genio me recordó más de lo que 
debía el depósito de sesenta mil dollars del amigo 
muerto en mis brazos, y al principio solo pensé en 
utilizar los intereses, pues en su calidad de fondos 
ingleses con la última caída de Napoleón habíanse 
aumentado en mi poder y sin trabajo alguno mas de 
lina tercera parte. Persuadíme con facilidad de que 
yo cumplia fielmente lo prometido entregando á la 
familia del finado sesenta mil dollars netos. ¡Ah! 
pérfida consejera es la necesidad y justifica las accio- 
nes mas deshonrosas. Cedí, pues, y con aquel re- 
fuerzo hice frente á las primeras exigencias de mis 
acreedores; mas esperando rehacer mí fortuna, propú- 
seme retener algunos años aquel capital, que yo su- 
ponía ignorado por todos, y pasado aquel tiempo en- 
contrábame tan bien disponiendo del caudal ajeno 
que nunca encontraba medio de enviarle, y para en- 
gañar los remordimientos que desde lo íntimo de mí 
conciencia me hablaban para avergonzarme,exc}amaba: 

— Restituiré. 

Cinco años pasé en tan deshonroso estado, y pose- 
yendo con bastante perfección el idioma inglés, ocu- 
pando los acontecimientos políticos todos los pensa- 
mientos y lenguas, dediquéme á periodista escribien- 
do al principio varios artículos de circunstancias que 
fueron celebrados en general, y su éxito me animó do 
tal manera que en breve penetré en el campo de la 
polémica, éntrela cual y mis negocios compartía todo 
mi tiempo. Dióse el JFanderer, en que escribía, á 
hostilizar á los católicos allí establecidos, y yo come- 
tí la vileza de continuar escribiendo y poner mí nom- 
bre entre los de sus mas encarnizados adversarios 
pasando de las hostilidades personales á las del cato- 
licismo; pero entonces por delicadeza me retraje de 
escribir, sí bien no por eso dejé de leerle, como tam- 
bién otros periódicos no menos libertinos é irreligio- 
sos. 

Aquella fu' mi mayor desventura, porque con la 
memoria de Edit y los ejsmplos de mis hijos, Ida y 
Roberto, comenzaba ya á respetar y hasta amar á la 



1 



.32 



religión, y acaso en breve tomaría otra mejor resolu- 
ción; piu'ü el ponzoñoso pasto de los periódicos ates- 
tó mi mente de preocupaciones y errores retardando 
mi vu(ilta al buen camino. Fij^urábame que Icycmdo 
todas las opiniones contra mi religión daba pruebas 
de independiente, y hacíame superior á las vulgares 
])i'eocupaciones, oyendo con la mayor ím])asibilídad 
maltratar las instituciones católicas, el ])ai)a, la con- 
fesión y los dogmas: tanto presumía de mi ciencia, ig- 
norando gran ])arte de mi religión y casi todo lo mas 
preciso. 

Seguramente, si me pidieran (juc explicara con 
exactitud un artículo del Credo, liubiéramo hallado 
on grande aprieto, y no obstante argumentaba y dis- 
cutía sobre toda materia religiosa con tal aplomo que 
llegué ií figurarme ser una eminencia en tales asuntos 
y miraba á mis colegas de periodismo con cierto des- 
den como de un ])r(ji'osor para con sus alumnos. Pro- 
veíme de libros de polémica escritos por los protes- 
tantes y filósofos de América y de Europa, y apren- 
diendo sus perversas máximas las vendía por mías 
con tal seguridad, que hoy me reiría de ella, si seme- 
jante extravío no fuese harto culj^able á los ojos del 
eterno Juez; x^ero .-ucedíame lo que acontece á todo 
(íl que no poseo claro discernimiento, juicio recto y 
sólido y profundos estudios: el ríltimo libro que leía 
era en mí concepto el que tenía razón y acierto, cosa 
que sobremanera me admiraba, pues parecíame que 
el anterior, probando y demostrando lo contrario, era 
también razonable y acertado. Llegué, pues, á no 
criier por completo nada de cuanto leía, aunque es- 
forzándome por hacerlo y sobre todo por aparecer 
ante los demás plenamente convencido. 

Causaba con tal proceder un agudo pesar á Rober- 
to é Ida; mas no se atrevían á hacerme la mas míni- 
ma objeción, pues cualquiera contradicción en ese 
particular me enfiirocia. Sin embaigo, Dios les reser- 
val)a la misión de salvar á su padre; mas no era tiem- 
po todavía. 

Siempre oculté con el mayor esmoro el tenebroso 
manejo de los dollars depositados, cuando la Provi- 
dencia tomó á su cargo revelárselo á Roberto con la 
llegada á Nueva York del célebre oculista Jonás 
Grant para curar á iina -j^ incesa rusa. Encontróle 
mí hijo en una tertulia, en cpie la dueña de la casa le 
presentó al ilustre huésped deshaciéndose como todos 
los circunstantes en elogios míos, de mis riquezas y 
]iosicion social y sobre todo ensalzando mi insigne 
])robidad. Sonrióse el oculista con cierta malicia y 
dijo: 

— ¡Oh! siempre sei'á más la fama que la realidad. 

Al escuchar Roberto la irónica respuesta, aunque 
no dirigida á él, encendióse en cólera, y dirigiéndose 
al doctor por entre los concurrentes, estuvo á punto 
de sacar el cuchillo huiric, (jue, si-gnn costundux' de 
allí, llevaba consigo. 

Segura era una escena sangrienta á no interponerse 
los amigos y calmar aquella i)rímera furia: el médico 
por su ])arte procuró también trancpiilizarle díscul- 
])índose y manifcístiíndose pesaroso d(> su lijereza; 
pero Roberto no atendía razones y díjol(> en alta 
voz: 

— Caballero, mancillado estéi mi honor ])or vos y 
necesito lavarle con sangre. Elegid armas. 

— Sois harto joven, repuso (írant, y yo anc¡;ino; no 
mo parece que os honrará nuicho esto duelo. Con 
todo, si persistís recog(>ré el guantc> con tal que antes 
accedáis á umi conferencia ¡í solas. 

Citíronsíí pai'a ella, acudió Roberlo y v\ nu'dico 
volvió) ant(^ todo á culparse de harto lijero en hablar 
asegurándole qu' i'cl¡iai)a cualquiera tVas(> ofensiva, 
])ero afadió: 



— En cuanto á mi veracidad, sométola al juicio de 

vuestro padre. Preguntadle, inquirid de él mismo si 
conserva esa 2)i"obidad de cinco años acá. Sí titubea 
en respoiuler, suplícoo;; que todo quede olvidado; mas 
sí asegura que sí, podéis buscar padrinos como yo los 
tengo ya nombrados. 

Refirióme mi hijo el suceso con todos sus pormeno- 
res, y aquellos dolorosos y humillantes detalles hicie- 
ron demudar m:ís de una vez mí sefeiblante. Por fin 
me instó díciéndoniü con altivez: 

— Hablad, pues, padre mío: decid que sí y corro á 
vengar vuestro henor que es el mío. 

Jamás recuerdo haber visto á Roberto tan turbado. 
El, por lo general, manso como un cordero, y aunque 
á veces caprichoso, buen cristiano, católico verdadero 
y fiel observador de la religión enseñada por su ma- 
dre, no iguoraba por cierto que el duelo está vedado 
bajo gravísimas pe:ias de exco:nuníon; empero la ta- 
cha de ladrón, arrojada al rostro de su padre en ple- 
na tertulia, trastornábale el juicio. Sus palabras 
eran cortadas, crispados estaban sus miembros, sus 
ojos inyectados en sangre y sus movínñentos convul- 
sivos. Estaba delante de nú en mortal ansiedad, 
pues aunque acaso su coucíencía le remordía por su 
djlíto, no mostraba atender siuo á lo que á mí perte- 
necía. 

Con pocas palabras, p^U'o verdaderas, podía cortar 
aquella dí.sputa; mas la culpa y la irreligión trastor- 
nan el sentido. Atormentábanme sus frases, hervía 
la sangre en mi cerebro y no sabía hablar ó guardar 
sileacío. El lance acaecido trajo á mí memoria que 
Grant era el médico que asístí() en Nueva Orleans al 
amigo, cuyos caudales retenía con tanta deslealtad y 
presentía que tal vez contaría con medios ó pruebas 
para dar á conocer punto por punto á mi hijo mi vi- 
llana acción. Leía en los ojos de Roberto que mi .si- 
lencio y turbación le ofendían, y comprendía que ca- 
da momento que trascurría en tan angustioso estado 
desvanecía en su corazón el amor y respeto filiales, 
encontrándome como el reo en presencia del tribunal. 
Resuelto á salir de situación tan violenta hice un su- 
premo e.sfuerzo y díjele: 

—¿Qué dudas? Vé al punto y bátete con ese infa- 
me. 

Apenas terminadas esas frases, mil ideas encontra- 
das batallaban en mí mente turbándola como un mar 
proceloso. 

— ¡Batirse [)or mí! pensaba. ¡Por una mentira, por 
sostener un latrocinio! ¡Cruel! ¡Envías á tu hijoá com- 
batir acaso con un adversario más feliz en tan horri- 
ble lucha! ¿Y si una bala mortífeni atravesase esa 
rubia cabezi que es tu ddiñi? Y si ese médico le 
demuestra mí infame acción, ¿qué peusiirá Roberto 
de un padre que le expone á la muerte por tan afren- 
tosa causa? 

Cruzó por mi mente un rayo de virtud y honradez, 
que acaso me envió Edit desde el cielo, y corriendo 
al gabinete donde se vestía para salir exclamé: 

— No te batas; te lo prohibo. 

Y refugi índome en nu desp.icho, cerré por dentro 
la puerta víctinuí de una especie de delirit) producido 
por la vergüenza, la cólera y la desesperación. 

Suplicóte, Roberto mió, que no ocultes estos deta- 
Ue-í á tus hij()s: déjales c.viocor mis culpas. Un error 
confesado y expiado con abundoso llanto no dismi- 
nuirá on sus corazones el respeto hacia sus mayores, 
y trazaráles su conducta futura á la manera que la 
antena de una nave sumergida en las furiosas olas del 
mar }• ehnándoso junto al c-jcoUo en (jue chocara, sir- 
vi> dt> aviso y guia á los navegantes (jue surcan el pié- 
lago tempestucso. 

( Se coiüimiará. ¡ 




EVISTA CATÓLICA 

PERIÓDICO SEMANAL, 

Se publica todos los Sábados, en Las Vegas, N. M, 



9A de Mam de 1877. 



Núm. 12. 



Errata. — La semana pasada por causas independien- 
tes de nuestra voluntad, se publicó la Btvisía con algunas 
faltas en la sección de las noticias. Las principales son: 

En (Estados Unidos) — por el ruido de los Jesuítas — 
léase por el m iedo. 

En [Louisiana) — Después de la comida, la farsa — 
léase: Después de la comedia la farsa, 

E)i (Texas) —en el Texas Pacific— //ase; el Texas 
Pacifc. 

NOTICIAS TERRITORIALES. 



fjOS Alííisaíííí. — Hemos visto con gran placer al 
Sr. Macario Gallegos de vuelta de Trinidad, donde 
habia ido para contraer su enlace con la Srta.St Vrain. 
Entre otras cosas nos ha dicho que muchos no creen 
en la verdad del hecho de su matrimonio; pero que 
para convencerse de ello bastará á los tales pregun- 
tarlo sea á cualquiera de los PP. que á él asistieron, 
ó á otras personas, sea de Trinidad ó de Los Alamos 
que igualmente presenciaron la unión de los dos jóve- 
nes. Nosotros les deseamos toda prosperidad. 

NOTICIAS NACIONALES. 



Ksíaslos 1' sálalos. — Sin singuna maravilla leemos 
en los periódicos de los Estados que Hayes, el nuevo 
Presidente (gracias á los JMvrninf/ Boards), quiere 
reformar abusos, hacer justicia á los Estados del Sur, 
excluir del Senado el infame Koellogg, reconocer 
Hamptou, y NichoUs; pero con grande asombro nues- 
tro (pues no esperábamos tanta simpleza en los polí- 
ticos de Washington) leemos también que muchos 
del mismo partido de Ilayes, de los republicanos, se 
oponen al Presidente que ellos han Iieclio. Hayes co- 
noce mejor que esos imbéciles, los intereses de su 
partido. Veremos. 

€olfi>a'aClí>, — Nos escriben de Conejos que se han 
dado dos misiones, una en San Eafael, y otra en Los 
Pinos, que son las placitas mas importantes del Con- 
dado. _ El fruto de estas misiones ha sido muy satis- 
factorio, y dos cruces levantadas en una y otra aldea 
harán memoria de esta nueva bendición de Dios so- 
bre esa Parroquia ya tanto favorecida del Cielo. Es- 
peramos que pronto puedan removerse las dificulta- 
des que han impedido hasta ahora al celante Obispo 
de Denver el establecimiento de las Hermanas en ese 



lugar. 



NOTICIAS EXTRANJERAS. 



Fraiaeia.— -La prensa rusa deplora las polémJcas 
que ahora sostienen los periódicos do París y de Ber- 
lín. Dice que revelan proyectos de una nueva guer- 
ra franco-prusiana, lo cual será una inmensa calami- 
dad para Europa turbando el equilibrio internacional. 
Estos temores, si se hacen generales, obligarán á mo- 



dificar la política europea relacionada con la cuestión 
de Oriente. 

En un despacho de París del 18 se dice:"Se recrude- 
cen los ataques de la prensa de oposición contra los 
periódicos alemanes. En París es muy censurada 1;a 
conducta de ciertos redactores que han olvidado que 
por escribir en 1870 artículos intitulados A Berliu, 
entraron los prusianos en París en 1871." 

AleiíiaiBÍa. — Ni menos violentos son los perió- 
dicos alemanes: pues otro telégi'ama de la misma fe- 
cha 18, dice: "La prensa ministerial de Berlín, ca^DÍ- 
taneada por la Norddentsclie Angemeine Zeitung es la 
quemas ensaña contra Francia, dando á entender que 
puede estallar una nueva guerra. Pero los progresis- 
tas, demócratas, y ultamontanos dicen que es esta 
una falsa alnrma,porque Francia no dará lugar ni pre- 
texto á los alemenes para atacarla: tanto mas ahora, 
ocupada como está con los trabajos de la Exposición 
de 1878." Y en otro telegrama del 19: "Los ataques 
de la prensa alemana contra Francia, proceden do la 
creencia que tiene el Gobierno (de Prusia) de que 
Francia propuso á Rusia una alianza ofensiva y de- 
fensiva." 

En cuanto á la cuestión de Oriente, sabemos por 
despacho que en Berlín y en Viena se considera como 
inevitable la guerra entre Rusia y Turquía. 

lisisiíí. — En efecto aniinciase de San Peterburgo 
que el Czar tiene intención de instalarse en Varsovia 
si se declara la guerra. 

TiBi'íjBSÍa. — Dicen de Nueva Yark quedia salido 
de este puerto con destino á Constantinopla un vapor 
cargado de material de guerra. Se dice que hay da- 
tos oficiales para creer que la guerra se declarará en- 
tre pocos días. Asegura lo mismo la prensa inglesa, 
que habla de grandes acopios de provisiones. 

Entretanto se sabe por varios despachos de dife- 
rente origen que el Sultán se halla gravemente enfer- 
mo de un ataque de parálisis cerebral, enfermedad 
hereditaria en su familia. Esto complica mas }' mas 
las condiciones de la Turquía. 

Cunde la voz de la vuelta del desterrado Gran Vi- 
zir Midhat-Bajá á Constantinopla,y de la destitución 
del nuevo Gran Vizir Edhen-Bajá. 

laig-Ssíácrra. — Todo lo que se ha dicho en en los 
debates de las dos Cámaras inglesas demuestra la ne- 
cesidad de proteger la integridad de la Turquía, no 
por ella sino para impedir que se susciten rivalidades 
internacionales. 

En la Cámara Alta, Lord Derby contestando á las 
críticas de Lord Argyel, ha declarado que Inglaterra 
trabaja para mantenerla paz amenazada con motivo de 
la parte tomada por cierto número de rusos en la 
guerra de Servia. Añade el Lord, que Inglaterra se 
esforzó en hacer aceptar por Turquía las proposicio- 
nes de la conferencia, pero que se niega á ejercer pre- 
sión alguna sobre Turquía. Lord Saiisbusy dijo que 
conducta de la Turquía es insensata. 



1:4 



En la Cámara de los Comunes M. Siult dijo que en 
su opiuion no estallará la guerra eutr<! Eusia y Tur- 
quía, pero si los intereses Ingleses fuesen amenaíca- 
dos eu alguna i)aite, Inglaterra los protegerla. 

En ñu ])ara que nuestros lectores puedan formarse 
naa idea de la importancia de estos debates, y de los ' 
sentimientos espresados en las Cámaras inglesas, so 
citaron en ellas estas palabras del libro intituladlo 
C<»n"íi!cirio)i(S del DiKiue ilc ll'clliwj' m, escritas por 
Lord Ellenborough: "El imperio otoman cxi.ste no 
en interés de los Turios, sinoeu la de la Europí^^cii^^ 
tiana: no con el objeto de mantener ti poder íííuí-.uÍ- 
man; sino con el de evitar ;[ los cristianos una guerra 
cuyo objeto no podria definirse, ni calcularse su dura-" 
cion." 

MiBi'^ss. — He aquí los detalles interesantes y diver- 
tidos acerca de las condiciones presentes de Ja Becía 
de los Vicjofi (^ilóUvofi que habíamos jirometido en el 
niunero antepasado, y que no hemos podido dar en 
el niimero anterior por falta de lugar: los sacamos del 
Profíiíjaicnr CdthoJiqae. Según estadísticas oíicialcs 
en 1872 habia en el Jura de Berna 58,922 catuiicos. 
El cisma de los viejos católicos protegido y promovi- 
do por el Gípbierno de ]3erna nunca contó mas de 
o,()U0 partidarios. En este grupo se incluyen iodos 
los empleados del Gobierno, grandes 3- pequeños, y 
un buen número de radicales, libre-ponsadores, ateos 
ó indiferentes los que no' hacen alarde de otro senti- 
miento religioso,. sino, de odio contra la Iglef-ia Cató- 
lica. Era una comedia al principio ver á esos caba- 
lleros acudir á los templos cismáticos muy devotos, v 
con libros de rezo en mano asistirá esas faucione\j 
que antes trataban de ridiculas gazmofiíerias. Creían 
esos señores que podían así lograr de ver á las masas 
del pueblo concurrirá Lis Iglesias (robadas, se en- 
tiende, á los católicos) de los nuevos sectaiics. Pero so 
engañan egregiamen,te. Los católicos se contentaron do 
los pendes en/londe los Curas les dec.'an la Misa, pa- 
ra no asociarse con los herejes. Algunos pocos que so 
liabion dejado alucinar entraron de nuevo en el seno 
de la Santa Iglesia; de modo que en breve los emplea- 
dos del Ciobierno, y los radicales quedaron solos. No 
era de presumir que continuasen su comedia eu les 
templos; y los pobres sacerdotes c¡sn;áticos so que- 
daron sin feligreses. Pero ¿quiénes eran esos sacer- 
dotes? La mayor parte extranjeros ó la Sui^a se ha- 
blan juntado allí de Francia, x\.lemauiii, Polonia, Italia 
y hasta de América: sacerdotes que hablan yn trope- 
zado con las colas de algunas enaguas. ... ¡Yajan! 
no se rían los lectores. Acaso ¿no saben que las ena- 
guas han siempre representado un papel conspicuo 
en el desenlace do esas comedias religiosas, que se 
■llarnan herejías? pues sépanlo; y es un punto muy im- 
portante de historia eclesiástica. Lo propio se veri- 
licó en el cisma de los Viejos Católicos. Esos tale:^ 
Curas, repararon muy ¡¡rento en que no tenían mu- 
jer, y i)ara rc/onnarfic. pensaron que debían tomar 
una. Con las mujeres entraron en las casas de esos 
desgraciados Sacerdotes los celos, las quejas, las in- 
juri^s, etc., etc. con todo el séquito que nuestros lec- 
tores pueden saber mejor que nosotros. Ujio de en- 
tre ebtos Curas cismáticos, un c-ierto M. Purtaz Cura- 
Párroco cismiítico de DclT^mont, tuvo la imprudencia 
de hacer públicas por medio.de una carta suya, todas 
las miserias do la nueva secta. So queja altaiiK'ute 
M. Portaz que le quieran .s<^parar de su /icrmtina (id:;p- 
tivala. sin par t'aidlanilht Nicout. M. Portaz ?¿o se 
separará de olla, no, mil veces no. ''Todo e.sto, dice, 
no es masque un protexto de parte de las autoridades 
civiles y eclesiásticas (cisuníticas) para echarlo fuera 
de su Parroquia, y poner en su lugar el famoso Mar- 



shal."' (Otro Cura cismático, cuya reciente conuer- 
siou se ha leferido en nuestra Iterlsfu.) Y. ¿saben 
nue.-ítros lectores p-orqué (pieríase colocar en en Delé- 
mont alCura Marchal? M. P(U-tazuos lo canta claro 
cu su carta indiscreta é imprudente. "Marchal enti'ó 
en las buenas gracias y favores de dos señoras (¿dos?) 
Estas lo pueden todo, y quieren por Cura á Marchal. 
Necesitan (¡pobrecitas!; de consolación, v especial- 
mente de co/(.i'j/'a/o/-." . . . .Pero baste as'. El resto se 
deja á la imaginación del lector. Cierto es. que 
coüio lo asegura el mismo Mr. Cortaz en esta mis- 
ma carta" el movimiento (es- (/cr/r <•/ c/.sHíf/) está aca- 
bándose por su falta de ellos (de las aidoi ¡dudes in- 
<■ li ruinadas) , y el momento de la caida no puede tar- 
dar mucho. Amen. 

]ISí;}É4*«. — Copiamos del T:ciii/io cuanto .sigue: 
"BroAvosville Feb. 10. El General Blanco ha llegado 
á Brazos de Saniiayo á bordo del buque de guerra mc- 
jic-ano, el Mauricio, habiendo llegado á esta en el tren 
de la noche. Eu el depósito le esperaban una dipu- 
tación de empleados mejicanos, una porción de mili- 
tares, y otras personas con música, etc., etc. Lo a- 
compaña el Sr. Arguello, habiendo btnido de orden 
del general Diaz, para hacerse cargo del mando de la 
línea del Bravo. El general Blanco fué ministro de 
la guerra en tiempo de Jxiaiez, y es un experimenta- 
do é inteligente militar. El Jlanrido trae fechas de 
Vera-Cruz hasta el 18 de Enero. Se esperaba en la 
capital al general Diaz dentro de algunos dias. Se 
confirma la noticia de la fuga del ex-Presidente Lerdo 
á bordo de un buque alemán pai'a Panamá (se sabe 
ahora que Lerdo ha venido á Nueva York). La au- 
toridad de Diaz es ahora indisputable, y el país está 
tranquilo. ' ¡Dios sabe por cuanto tiempo! 

SSraf^iS. — La miiestra de energía y valor á toda 
prueba de los católicos brasilianos mas que recom- 
pensa el dolor causado por la guerra que mueven los 
francmasones del Brasil contra nuestra santa Peli- 
giou. Dicen de Pernabuco, con fecha 13 de Enero 
que con motivo de haber ofrecido los artistas de esta 
ciudad una escribanía de plata con una pluma de oro 
á su Obispo D. Erei Vital, en el aniversario del día 
en que fué preso por los masones, estos se irritaron 
grandemente, dando motivo á desórdenes y provoca- 
ciones. Habiendo visto en el dia expresado una 
multitud compacta do católicos (pasaban de 2,000) 
que se dirigía al palacio episcopal, se reunieron eu 
las cercanías de este unas doscientas personas, in- 
cluyendo en este número á la plebe alquilada para in- 
sultar á los católicos. A los entusiastas viras á Pío 
IX, y al valeroso Prelado, respondían desde afuera 
los francmasones con vivas á Saldhaua Marinho, mas 
viendo que dentro continuaban las vivas ^-los discur- 
sos, resolvieron apedrear las ventanas del palacio, y 
procuraron invadirlo en ocasión en que estaba ha- 
blando Su Señoría Ilustrísima. Se oyó entonces una 
voz que decía — Que cese el Sr. Obispo, que cese e- 
Sr. Obispo, que vienen á atacarnos — Al ser pronun- 
ciadas estas palabras, fué grande la confusión. To- 
dos se querían agrupar al lado del Prelado para de- 
fenderlo. Alguno respondió desdo las ventitnas, que 
antes de llegar junto al Sr. Obispo, tendrían que pa- 
sar p.)t encima de muchos cadáveres. El Prelado 
suspendió por algún tienq)o su discurso, pero conti- 
nuó en la tribuna, sereno, tranquilo, con sonrisa an- 
gelical en los labios: alguna que otra \0'¿ pronuncia- 
ba estas palabras tan tiernas y paternales — Tranqui- 
lizaos, hijos mios, sosegaos, que eso no es nada. . . . 
ni una gota de sangre será aquí derramada. — Calma- 
. da la multitud continuó su discurso que cautivó ;i to- 
dos los oyentes. Concluido esto dio su bendición, y 



-líK 



su anillo á besar. Cuando salieron los católicos de 
palacio, ítodavía un grupo de alborotadores gritaba 
rabiosamente: ¡Ahajo los Jesuítas! Las autoridades 
presenciaban estos hechos sordos, mudos é inmóviles. 
Peraa. — El Congreso do esta república ha autori- 
zado el trasporte de 100,000 inmigrantes europeos pa- 
ra colonizar las provincias adyacentes á los principa- 
les tributarios del Rio Amazona?. Estos tendrán, 
ellos y sus familias, el paso gratuito, y cuando lle- 
guen se les habilitará de instrumentos de agricul- 
tura, semillas, y todo lo necesario para la primera co- 
secha; en fin se les hará una concesión de 15 hecta- 
i'eas por cada colono adulto. 



(Comunicado.) 
La primera, Comunión de los niños en Santa Fe. 
Señores Editores do la Eevista: 

En conformidad con un deseo espresado en el últi- 
mo número de su periódico, les envió algunos porme- 
nores sobre la ceremonia de la primero Comunión de 
los niños, que tuvo lugar en Santa Fe el cuarto Do- 
mingo de la Cuaresma. 

Hace mas de veinte años que existe eu Santa Fé el 
uso de la primera Comunión establecido por los HE. 
PP. Avel y Eguillon. Hay aquí todos los elementos 
para ello, muchos niños y niñas, buenos maestros y 
maestras, que se esmeran en explicar la Doctrina 
Cristiana á sus pupilos, y además Sacerdotes de ex- 
periencia que secundan á los maestros en su ardu;i y 
noble tarea. 

Año por año, el Sr. Vicario Eguillon hace el Cate- 
cismo á las niñas en el Convento de Ntra. Sra. de la 
Luz, adonde acuden también las niñas del Hospital 
y otras que no pueden ir á la escuela. Durante el 
mismo tiempo, el Sr. Cui'a Truchard lo hace en la Ca- 
tedral á los niños del Colegio de S. Miguel y do las 
escuelas públicas. 

Este año, fueron recibidas para la primera Comu- 
nión 73 niñas, incluyendo las del Hospital y algunas 
otras de afuera. Sobro mas de cien niños que venían 
á la Doctrina, solo unos GO fueron recibidos, los otros 
fueron rehusados poi- falta de edad, ó por no saberlo 
suficiente. El año pasado hubo 85 niños y 75 ni- 
ñas. 

Cada año, es precedida la primera Comunión de un 
retiro de tres días, que se da en Catedral bajo la di- 
rección del Párroco. Dos veces al día, niños y niñas, 
acompañados de un Hermano y de una Hermana, 
vienen á la Iglesia. Allí oyen Misa, y algunas ins- 
trucciones familiares sobre varios asuntos de mucha 
importancia. También asisten al retiro las muchachas 
del Convento y del Hospital que hicieron su primera 
Comunión eu años anteriores. El último día del re- 
tiro, los niños de la primera Comunión son ejercita- 
dos tn las ceremonias que deben hacer el dia siguien- 
te. 

Ese dia tan deseado cayó este año, según hemos 
dicho, el cuarto Domingo de la Cuaresma. Poco an- 
tes de las diez, niños y niñas se dirigían en procesión 
hacia la Catedral, y entrando en ella tomaban sus a- 
sientos, los nmo§ en la Capilla de S. José, y las niñas 
en frente del altar mayor. En la Iglesia se apíñíiba 
la gente siempre ansiosa de presenciar otra vez un 
espectáculo tan importante. 

Y ¿qué espectáculo mas encantador qvie el de esas 
73 vírgenes de tieruísima edad, que aparecen con li- 
rios encendidos en su mano como para celebrar las 
bodas con su divino esposo? ¡Qué aseo y blancura 



en el vestido! ¡Qué delicadeza en la corona que ciñe 
sá nt'ute puiidorosa! ¡Qué ademan respetuoso las 
distinguía! L^n coro de Angeles que de repente ba- 
jaría del cielo no hubiera causado mayor asombro. 
Por sv. parte, los niños edificaban á todos por Un re- 
cogimiento arriba de su poca edad. 

La Misa ma3'or, á la cual asistió el Imo. Sr. Arzo- 
bispo, fus celebrada por el Ptev. P. Bourdier, y can- 
tada con acompañamiento de órgano por los Herma- 
nos y estudiantes del Colegio de San Miguel, que en 
esta como en otras circunstancias semejantes, desem- 
peñaron su oficio á la satisfacción general No fué 
de menor agrado el Eev. P. Blanchot, que en varias 
ocasiones durante la Misa, dirigió á ios niños pala- 
bras tan tiernas como bien adaptadas al corto alcan- 
ce de sus jóvenes oyentes. 

Por último, llegó la hora de la primera Comunión. 
Ya todo está dispuesto para el banquete. Ya se ha- 
llan sobre el altar el pan vivo que ha- descendido de 
los cielos y el vino que hace germinar las vírgenes. 
Yenid, queridos niños, clama Jesucristo por boca do 
su üiui:-<tro, venid á mi banquete, comed el pan j be- 
bed el vino que os he preparado. 
, Y enotoces sa levantan do sus asientos quince ni- 
ños y otras tantas niñas, j con las manos juntan ante 
el pedio se adelantan gravemente hacia la mesa sa- 
gL;ad.?j, que en Santa Fé puede fácilmente dar cabida 
lÍ treinta comuigantes de tierna edad. Todos los ojos 
están come clavados sobre ésto enjambre de ángeles; 
y entro la multitud atenta y suspensa de los fieles rei- 
na un silencio absoluto, interrumpido solementos por 
acentos harmoniosos del coro arriba mencionado. 

Después de haber recibido al bien Amado de su 
e.oYíizo'íi, los jóvenes comulgantes, ,á una serial de sus 
gaias respectivas, se levantan de la mesa sagrad?, 
hacen todos juntos una genuflexión al pió de las gra- 
das, y vuelven á sus asientos por otro' rumbo,- para no 
encontrarse con los otros niños que también A-ienen 
á comulgar. Repítese cuatro ó cinco veces esta es- 
cena tan hermosa y tan sublime. Todos dos asisten- 
tes pud.ieron admirar el orden pei-fecto con que niñcs 
y niñas ejecutaron las evoluciones que tuvieron qre 
liacor durante ia ceremonia do su primera Comunión. 
. Concluida la Misa, retiróse el gentío y también les 
niños, hasta las tres de la tarde, hora en que se jun- 
taron otra vez en la Iglecía, para asistir á las Yíspc- 
i^ag y hacer la renovación de las promesas de su bau- 
I tismo. 

Cerca del barandal de la Comunión, en frente del 
I altar nia^yor, se había puesto una mesa adornada ccn 
I cirios y jiermosas flores. En medio de la mesa se mi- 
I raba el libro de los Evangelios. Después de Yíspc- 
I ras, el Fir. Cura explicó á los niños el sentido de la 
I ceremonia á la cual debían participar; y, acto conti- 
i nuo, llamó primeramente á los niños, que viniendo de 
i dos en dos, y poniendo la mano derecha sobre el tex- 
to Sagrado, reí ovaron su triple renuncio á Satanás, á 
sus obras y á f-us pompas, y su adhesión á Jesucris- 
to. Lo mismo hicieron después las- niñas; y así £0 
concluyó no diré la ceremonia do la primera Comr.- 
nion, sino bien esta serie de imponentes ceremonias, 
: que debían hacen de aquel dia un dia de particular 
di.stincion, uno de esos días que la vida del hombre 
hacen época y xe graban en la memoria con caracte- 
res indelebles; uno de esos días memorables que Na- 
poleón el Gran le prefería á las jornadas mas brillan- 
tes de su carrera militar. ¡Quiera Dios que pronto 
pueda levantarse el dia venturoso de la primera Cc- 
munion sobre cada una de las Parroquias de esta Dió- 
cesis i 

^. A T. 



-Ur, 



> - 



SECCIÓN RELIOIOSA. 



CALENDARIO RELIGIOSO. 

MARZO 25-31. 

25. Domingo Je Hamos — La Anunciación de Maria S?uia, San Qiü- 

rino, mártir. 
2f). Lunes smito — S. Cástulo, inúrtir. Santa Eugenia, Virgen y Mr. 

27. Martes santo— Snzi Alcjamho .Soldado, Mártir. S. Fileto, y s>i 
esposa, Santa Libia, Mártires. 

28. Mi¿rcole.-i santo— S. Prisco y rus compañeros, Mártires. Santa 
Fortunata, Virgen, 

29. Jueves santo — Los Siintor; Pastor, Victoriano, y compañero-i. 
Mártires. 

30. Viernes santo— f'inn Quirino Soldado, Mártir. Santa Margarita 
Virgen, Monja Cartuja. 

3L Sábado santo — Santa Balbina, Virgen y Mártir. S. Pedro Sol- 
dado y Ermitaño. 

LA ANUNCIACIÓN I)E NUESTRA SEÑORA. 

Decretada por la Santísima Trinidad la Encarna- 
ción de la segunda Persona de ella para remedio del 
género humano, cuando llegaron los tiempos señala- 
dos para la realización de tan augusto misterio, fué 
enviado un ¡íngcl ;í una doncella llamada Maria que 
habitaba en Nazaret, desposada con un varón de la 
trib.u de David llamado José. Tal era la escogida 
desde toda la eternidad para madre del Yerbo hecho 
hombre. Saludóla el ángel llamándola llena de gra- 
cia y bendita entre todas las mujeres. Asustóse la 
doncella en su profunda humildad, y tranquilizóla él 
exponiéndole el objeto de la celestial embajada. Opu- 
so todavía ella el reparo de su voto virginal, y satis- 
fecha también esta última delicadísima duda dio al fin 
su consentimiento con aquellas palabras para siempre 
memorables: "Hé aquí la esclava del Señor; hágase 
en mí conforme has dicho." 

En aquel punto y hora aposentóse en sus castísimas 
entrañas el Verbo de Dios, empezando á formarse de 
su sangre virginal el cuerpo humano con que debia 
aparecer á los nueve meses entre nosotros en el por- 
tal de Belén. Desde aquel instante fué ya toda la 
vida de Maria un éxtasis de amor; desarrollábase y 
crecía en su seno aquel fruto precioso, y desarrollába- 
se y crecía á la par en ella la gracia celestial y la san- 
tidad mas elevada. Sagrario viviente, custodia ani- 
mada, altar escogido del mismo Dios, cada palpita- 
ción suya, cada aliento, eran como un homenaje tri- 
butado á la Suprema Deidad que en ella personal- 
mente habitaba, y que la honraba con el suavísimo 
y glorioso carácter de verdadera Madre suya. 

La humilde casita de Nazaret, donde tuvo lugar el 
infalible misterio quQ celebramos mañana, fué milagro- 
samente trasladada á Italia, Estados del Papa, y con 
los magníficos edificios con que la ha rodeada la pie- 
dad de los fieles forma hoy el renombrado santuario 
de Loreto. 



REYISTA CONTEMPORÁNEA. 

De todas las parios del orbe católico llegan 
al Vaticano ricas ofrendas en testimonio de hi 
veneración y del amor de los fieles al angnsto 
Pontífice Pió IX, empobrecido por defender lo? 
derechos de Dios y de su Iglesia. Nuestros ene- 
migas, rabian de envidia. Pen.saban haber aca- 
bado con el I'a|)ado, despojando al Pa])a. y vióii- 
t]o3C tan linda mtMile chasqueados, se desliaren 



en diatribas contra el Dinero de S. Pedro. No 
teniendo inas armas, acuden al arma del rabioso 
viejo Voltaire; se rien de la sencillez de los ca- 
tólicos (}ue se privan de lo necesario [)aia ali- 
mentar, dicen ellos, "el lujo de la corte roma- 
na.' 

Con motivo de estas pérfidas aserciones, dice 
una carta en Uí Sirjlo Futuro, debemos recordar 
que el Soberano [*ontíñcc no dispone hoy de otros 
recursos que de la limosna de sus hijos, y que, u 
pesar de la liberalidad con que estos vienen en 
su auxilio, tiene que atender ú tantas necesi'la- 
des y socorrer tantas miserias, que sin la mas 
extricta economía no podria hacer esto. Es, con 
efecto, el Dinero de San Pedro el (pie provee al 
sostenimiento del Sagrado Colegio, al del cuerpo 
diplomático, al de diversas congregaciones ecle- 
siásticas y al de los Seminarios, además del pe- 
dazo de pan que da á ciento treinta í)liis[)Os de 
Italia, á los empleados civiles y militares que 
continúan fieles á sus juramento.^, á los miem- 
bros de las secretarías pontificias, y á un nú- 
mero considerable de religiosos de ambos sexos, 
á quienes la secularización de los bienes eclesiás- 
ticos ha reducido á la miseria. 

Hay que añadir á esto los gastos del culto y 
la distribución de abundantes limosnas que el 
Padre Santo envía, ya á las iglesias pobres, ya 
á los pueblos (pie han sufrido alguna desgracia; 
á todos aquellos, en fin, que recurren á 61. ¡Qué 
alegría, qué santo orgullo para los contribuyen- 
tes voluntarios del dinero de San Pedro, decir 
que Pío IX es el dispensador de sus obras cari- 
tativas, que Pío IX les debe el inmenso consue- 
lo de no tener que apartar la cabeza cuando los 
desgraciados le tienden la mano! 



Otro chaparrí^n nos cogió por el camino, y 
nos obliga á abrir el paraguas. Es otro artícu- 
lo de D. Eugenio Romero, ijublicadoen el Anun- 
cútJor, y esperamos verlo juvnlc) ti aducido en 
inglés, como el¿[)rimero, para la inteligencia de 
los Señores que no sepan el castellano. Pero 
ahora ¿(pié le haremos? ¿Responder seriamente? 
Es como enjabonar la cara á un negro |;ara que 
le salga blanca. ¡Trabajo inútil; jabón desperdi- 
ciailo! |)ues todo el jabón de Las Vegas ni del 
mundo entero no le blaiupiearía un pelo. ¿Xo 
responder nada? Seria lo mas acertado, pero de- 
masiado humillante para nuestro adversario: y, 
á pesar de las azucaradas expresiones de cariño 
(pie él nos dirige á nosotros no queremos ser 
deseorteses para con él. Nos había o;urrido la 
idea de copiar el artículo suyo enla Iicvi^fd para 
(píele admiraran y ai)reciaran de i)or sí nues- 
tros lectores. Pero, tampoco: lo primero porque 
es demasiado largo, y lo segundo porque nues- 
tro (picrido y gentil amigo "Nuncio"' no dejará 
de publicu'lo s 'g'iu la. ter.'cra. '-uarla. (punl:i y 



-isr- 



sexta vez {á petición del público, ya se entiende), 
y estamos seguros de que enviará un ejemplar 
de valde á cuantos gusten de leerlo; no habrá 
mus qne pedírselo. Nos contentaremos pues con 
un cuenteeito. 

Estábase muriendo un fraile Franciscano, que 
habia sido en su orden teólogo de muchas 
prendas, y asistíale un hermano lego. Este 
buenhermano habia oido decir que los grandes 
teólogos son los que mas tentaciones padecen 
contra la fé, sobre todo al punto de la muerte. 
Le pareció, pues, que no podian escasear esas 
tentaciones al moribundo que tenia delante, y se 
resolvió á ayudarle en la lucha contra el diablo, 
sugiriéndole á menudo pensamientos piadosos y 
actos de fé, sobre todo cuando, á su parecer, le 
veia acometido por la tentación. Empezó por 
los pensamientos piadosos; é iba recorriendo los 
misterios de la Pasión del Señor. En llegando á 
la primera caida bajo el peso de la cruz, dijo: 
Acordaos, Padre, que aquí dio el Señor el pri- 
mer batacazo. Vino á la segunda caida, y dijo: 
Aquí, Padre, dio el Señor el segundo batacazo. 
Llegó á la tercera y añadió: Aquí dio el Señor 
el tercer batacazo, Padre. En esto observó en 
el moribundo unas señas de impaciencia ó desa- 
grado interno, y tomándolas por señas de la ten- 
tación contra la fé: Fé, Padre, clamó; fé, Padre; 
creed firmemente; ¡Una Persona y tres Esen- 
cias! y queria decir: Tres Personas en una, sola 
Esencia ó Naturaleza. El pobre Padre no pudo 
mas. Abrió lijeramente los ojos; miró al her- 
mano, y entre compasivo y grave: Plermano, le 
dijo en voz baja, herm.ano, vuélvase á sus bata- 
cazos. — Sr. D. Eugenio, sus artículos indican 
claramente que le hacen falta á V. los estudios 
de historia, lógica, ética, derecho civil, cánones, 
y hasta de gramática. Luego, por su bien se lo 
decimos: Vuélvase á sus batacazos; es decir: ocú- 
pese en sus ranchos y carneros, en su comercio 
y sus carros; pues en esas cosas sale muy aven- 
tajado; pero déjese de escribir sobre cuestiones 
para cuj^a dilucidación aquellos estudios son de 
una necesidad imprescindible. Hasta mas ver. 



Recibimos y publicamos en las noticias una 
relación detallada de la fiesta de la primera co- 
munión de los niños y niñas de Santa Fé. Mu- 
chas gracias á nuestro apreciable amigo que nos 
la comunica. En este país por lo general no se 
suele hacer esta función como en Europa, ó en 
los Estados: y es muy grande desgracia: porcjue 
sabido es que la primera comunión, cuando se 
preparan bien á ella los niños suele echar tales 
raices de fé y fervor en sus corazones, que difí- 
cilmente en el curso de su vida las pueden de- 
sarraigar la impiedad ó las pasiones. Nos atre- 
vemos, pues, á pedir á los Rev. Sñrs Curas, de 
quienes nuQgtro papel puede decirse el órgano, 



que cuando se les ocurre función semejante, no 
dejen de enviarnos la descripción. Seria, á 
nuestro modo de ver, lo mejor que pudiera ha^ 

cerse. 



El Darwiiiismo. 



(Diálogo entre D. Alonso y D. Benito.) 



Don Alonso era un ferviente admirador del 
progreso moderno. Sin tomarse la pena de exa- 
minarlas él habia adoptado como verdades res- 
plandecientes é incontestables todas las teorías 
que los sabios de hoy dia se han hecho lícito sa- 
car á luz. D. Benito era un hombre de carácter 
y e.-tudios tranquilos, pero jovial y sin preten- 
si()neá. D. Alonso se habia puesto en la cabe- 
za de ganarle para las teorías de, progreso y de 
ciencia que él habia adoptado. Por esto le visi- 
taba á menudo y se entretenía con él en largas 
conversaciones; una de las cuales fué la siguien- 
te. 

— D. Alonso. Y bien, D. Benito ¿habéis leí- 
do el libro que os envié? 

— I). Benito. Sí, lo he leido. Y no tan solo 
h,3 leido el "Origen de las Especies'' de Dai win, 
sino que he dado una mirada también á las obras 
de ííuxley, Lyell, Büchner, llaeckel; y hasta á 
algún otro qne vos nunca me habéis ni citado ni 
mentado. 

— B. A. M? alegro de ver que os despertáis 
á los intereses de la ciencia y del progreso. Yo 
pt-eveia muy bien que por poco que os indujé- 
ríiis á leer las obras de aquellos grandes, no hu- 
bierais podido resistir á la luz científica de que 
están llenas. Y hé aquí una prueba de hecho. 
Ya no es de extrañar que una mente tan acerta- 
da como la vuestra no haya podido resistir á la 
fuerza de sólidos argumentos. Y parece que aun 
á mí me lleváis la ventaja porque me habíais de 
obras que nunca he citado, ni aun he hecho men- 
ción de ellas. 

— B. B. Despacio, Señor Alonso. Una cosa 
es leer un libro para examinar sus doctrinas, o- 
tra adoptar sus teorías. De haber leido las obras, 
qae vos tan á menudo alabais, no se sigue que 
luego yo haya quedado convencido de sus argu- 
mentos y que haya admitido sus doctrinas. 

— B. B. ¿Cómo? ¿No habéis quedado conven- 
cido? 

— B. B. Ni por sombra. 

—B. A. ¿Cómo es posible? ¿No apreciáis en 
nada la autoridad de tantos grandes ingenios? 

— B. A. Para deciros verdad yo hago poco 
casa de la autoridad y del número de ciertos 
cienciados modernos. Lo que yo busco ep su^ 
obras son argumentos sólidos. 

— B. A. Y ¿no los habéis encontrado? 

— B. B. He hallado muchos cuentecitos que 



-ms 



bien podrían iutcre. ar;í niños; he hallado mu- 
chas puerilidades ridiculas,, he hallado unos so- 
lisnu\s, tal vez iug^niiusos; pero no mas (]üe so- 
fismas. De sólidos argumentos no lie hallado ni 
uno solo. 

—D. A. ¡Oh. 1). Denito, D. Iknito! ¿Qué 
decís? ¿Ni un argumento solo en tantas obras 
maestras? Pei'donadme si os lo digo; esto me 
hace creer que las lia vais manejado sin la debi- 
da ponderación. 

— D. B. No hay tal. Las he leido muy de- 
tenidamente. Ni me he contentado, como hacéis 
vos, con considerar las obras solo por un lado, 
sino que he examinado los argumenlos de répli- 
ca de la parte opuesta, desenvueltos en las obras 
de Quatrefagos, Venturoli, Geoffroy de St. Hi- 
laire y otros: obras nunca por vos ni ciíadas ni 
mentadas, y que sin embargo hubiéi-ais debido 
examinar si de veras buscabais la verdad. 

— D. A. ¡Don Jjenito! ¿De qué ine hi.blai.-? 
¿De oscurantistas enemigos de las cieneias? . Ci( r- 
tamcnte si leéis las obras de unos talvs, nunca 
llegareis á conocer la verdad. Se ve claramente 
que buscáis razones para cerrar los ojos á la Inz 
de la ciencia. ■ 

— D. B. ¡Bonito está! Tos queréis persua- 
dirme á creer que yo soy una bestia, es decir 
que mis progenitores eran monos, y que yo no 
soy mas que un mono perfecci<niado, y ¿(luoreis 
que yo acepte una tal creencia poi(¡iie algunos 
lo dicen, sin examinar las razones (le otros qi'.e 
lo niegan? El ser 6 no ser mpno es una cosa que 
ú mí me importa mucho; y el no serlo me gusta 
mucho mas. Y hasta ahora los argumenlos de 
los que rae dicen (¡ne no lo so3'son lógicos y con- 
cluyentes; mientras los que me dicen que lo soy 
son simples boberías de nirio.s. 

— I). A. ¿Qué? Llamáis vos boberías de ni- 
ños aíjuellas bellas teoíi'as de la 'selección na- 
tural;" de la "lucha para la exi,4eiicia;'" del 
"progresivo perrecciouamiento de los seres ani- 
mados;" déla "generación espontaiu a" j o:ir;S 
semejantes? 

— D. B. Sí. todas son sim[)lo/as pueriles, 
nombres fantásticos, sin fundamento, ¡¡artos. de 
una imaginación allerada. 

— D. A. Todo esto se hace muy presto á de- 
cirlo, pero no podríais probarlo tan presto. Lo 
que los modernos cienciados afirman esta basa- 
do sobre hechos constantes, que ellos cuentan 
uno por uno;' y vos silbéis que contia los hechos 
no hay argumentos. 

— D. B. Los hechos de queme habláis 6 son 
imaginarios, d no probados, 6 no suficientes á 
constituir la br.se de una teoría, 6 mal interpre- 
tados y j)eor aplicados, ."^in extenderme mudio 
(piiero i)robiírosIí) Con algunas citaci(uies (pie vos 
por cierto no (pierreis rechazar. A' os ad- 
mitís que el Agassiz esta con razón puesto en el 
número de his niejores natiualistas de nuestro 



tiempo. l*ues bien, él dice así: '-La teoría del 
origen de las esjiccies i)res('iit4uUi jior DarAvin no 
es el fruto obtenido gradualmente ¡or medio de 
penosas investigaciones. . . . ella es una doctrina 
que de las ideas desciende ú los heelios. y va en 
busca de estos para sostener á aíjuelf s .... Según 
los Darwiuislas no son los hechos que determi- 
nan los caracteres necesarios [rara clasificar los 
seres y para generalizar las ideas; es el si.-;tema 
el (|ue pretende imponer estos caracteres.'' (De 
¡as csjyecie^ y de 'as clames de la rjcologhi) Mirad 
qué juicio forma un tal hambre (Je los hechos 
Darwinianos. 

— B. A. Nc debéis cxUariarlo. pues no to- 
dos sienten pc¡-íectamciite del nii:-i!!0 modo. 

—i). B. No £0 trata de sentir del mismo mo- 
do: se tr;";!a de conlradeeir diiecíamente á los 
Darwinistas y á su sistema del hombre-mono. 
Pero vamos adelante. Kl íTuxley mismo, vues- 
tro autor favorito, admite entre los monos y el 
homlire la existencia de V7i abismo, y dice que 
no sabe cónio llenarlo por alioi-a. 

—7). A. En hora buena. Pero tenéis que 
rellexionar (¡no la ciencia no ha llegado todavía 
á la perfección de todos los conocimientos. El 
progreso do la ciencia llegar;í, espero, ú eiK-cn- 
trar el anillo de unión entre el hombre y el mono. 

— B. B. ¿Y sobre esa vuestra incierta es]!e- 
rauza qneiois vos que yo funde mi persuasión de 
ser bestia? Esto me i)areee demasiado. 

— B. A. Yo lio pielendo de luiceros creer 
que sois una bestia. Mi intento es mostrarts los 
progresos y las conquistas d.v .Ja ciencia, por cu- 
3'o medio ahora se ha puesto en evidencia el c^rí- 
gcn y el peiícciMonaniicnto ¡)rogresivo de los se- 
res viviente?. 

— I). B. Sí, sí; me lo habéis dicho tantas ve- 
ces. Pretendéis (lue todos los scres.vivicnles, y 
por lo tanto tnnibien el liombrc, traipan su eri- 
gen de seres organizados ei| iOvS que se haya de- 
sarrollado la vida' por medio de -1-a generación 
esj)ontrnea; muy imperíectos en un principio; 
pero que poco ú poco se hayan perleccionado 
hasta llegar á ser monos y después .hombres; 

— I). A. ¿Y no os parece esta una hermosa 
teoría? 

— I). B). Me parece mas bien sueño de gente 
que ha perdido la razón. ¡Cuanto es mas bella 
hi doitrina (|uc enseña (¡ue el hombre salió pcr- 
feeto de la mano omnij)otente <lel Criador, dola- 
do por El de la luz de la razón y animado de un 
espíritu inmortal! 

— 1). A. Y vuelve. Yo- siempre me venís 
adidante (on esas teorías de ''rea-i-oi, de espíri- 
tu, de inmortalidad. 

—7). />. La razón de to lo esto es (pie ellas 
ofrecen una solución noble y s:!tis<acloria del 
j)rob!ema sobre el origen, naturaleza y destinos 
del hombre; (¡ue estr¡l)an-sobi-e la infalible pala- 
bra de r)i(v> y e-'tán por o-" fuTa 'b' í<)da dudar 



,)\i\. 



139 



mientras vuestras teoría^ que pretenderiim ha- 
cer del hombre una bestia son puras quimeras y 
sueños de algunos nr.turalistas que quieren ha- 
cerse célebres con decir gordas patrañas. 

— D. A. Un tal lenguaje acerca délos pa- 
dres de la ciencia, os lo diré francamente, me. da 
pena. 

— D. B. No es mi intención daros pena; xo. 
lo sabéis. Pero ¿debo yo hablar diferentemente 
de lo que siento? ¿O debo callar la verdad? 
Pero volvamos al asunto. La "selección natu- 
ral" es un [)uro sueño de vuestro Darwin. No 
ha}^ nada en él queja pruebe. La trasforma- 
cion de los seres aniínados de un estado imper- 
fecto á uno Días perfecto es otro sueño. Las in- 
vestigaciones diligentísimas hechas por los geó- 
logos sobre los fósiles así vegetales como anima- 
les han puesto ya en j)lena luz el hecho que to- 
dos los tipos en cada una de la clases geológicas 
tuvieron siempre caracteres específicamente di- 
versos j mwy bien prefinidos, y que ninguno se 
ha mudado jamás en un tipo de otra especie. 
Ahora bien, ¿con qué razón vuestros cienciados 
vienen á decirme que la concha se trasformó en 
pescado, el pescado en reptil, el reptil en ave, 
el ave en mamífero hasta tocar su perfección en 
el hombre? Yos no queréis oir hablar de Crea- 
ción, de Espíritu, de Inmortalidad. Pero jo os 
opongo hechos sacados de la ciencia. Estos he- 
chos son verdaderos y bien probados; no son 
sueños ó imaginaciones como los que traen algu- 
nos pretendidos, cienciados, que quieren ilustrar 
los partos de su fantasía con el nombre de teo- 
rías científicas. Y por lo que toca á la '"gene- 
ración espontanea" hace ya tiempo que el Redi, 
doctísimo médico italiano, con largas y trabajo- 
sas experiencias se oercioródela falsedad de una 
tal teoría. No ha mucho que el Milne Edwards, 
y sobre todo las irrefragables experiencias del 
Pasten, quitaron toda duda sobre este asunto. 
Últimamente el mismo IVndall hizo lo propio 
con un seria de bien ordenados experimentos. 

— D. A. ¡Cómo! ¿También el Tyndall sos- 
tiene que la teoría de la "generación espontanea" 
es falsa? 

— D. B. Sí, sen )r; también el Tyndall y mas 
él que muchos otros, porque se cercioró con sus 
propias experiencias. Pero decidme: aun su- 
puesto que la generación espontanea fuese cosa 
verdadera ¿á cuál principio quisierais vos redu- 
cir los primerofi elementos en los que aquella se 
manifestó? Tendríais que recurrir por cierto á 
una causa creadora; tendríais, en fin, que admi- 
tir que fueron producidos por un poder infinito, 
es decir por Dios. Porque, reflexionad, aque- 
llos elementos no pudieron hacerse por sí mis- 
mos. Luego es menester que exista una causa 
que los haya j)roducido; luego 

D. A. Pero esto es entrar en teología. La 

teología Basta, yo quiero ciencia y no 

te(j4ogía. 



D. B. No es entrar en teología; es discurrir 
como hombre de juicio. Pero, ya que así lo que- 
réis, parémonos en la ciencia. Ya os he hecho 
ver que todas aquellas teorías, que vos decís ser 
tan hermosas, son rechazadas por grandes cien- 
ciados y por sólidos hechos científicos. Si, pues, 
queréis obrar sin pasión, es menester que os rin- 
dáis diciendo que ninguna mona ó garilla es el 
tatarabuelo del hombre. 

D. A. Yos quisierais que portan poco yo re- 
nuncie al fruto de largos y penosos estudios; ó 
mas bien que abandone la luz de la ciencia y 
acepte las tinieblas de vuestras teorías. No, no; 
¡viva la ciencia! 

D. B. Pero, y si aquellos estudios os hubie- 
sen conducido á errores perniciosísimos ¿no seria 
obrar como cuerdo el renunciar á ellos? Además 
debierais advertir. . . . 

En aquel instante un criado avisó á D. Benito 
que el Sr. M. habia venido á verle. Por lo que 1). 
Alonso se levantó y despidió diciendo: Seguire- 
mos mañana por la tarde sobre el mismo asunto. 
Efectivamente el dia siguiente otra conversación 
tuvo lugar; y nosotros la referiremos en otro nú- 
mero. 



El Sufragio de la Mujer. 

Oontihuacion de la lectura de Mñr. Machebevf. 



Las Mujeres delante de las Urnas. ¡Cuan ab- 
surdo es, cuan repugnante al sentimiento de res- 
peto que todos tenemos al sexo gentil, el ver una 
mujer que abandone los quehaceres domésticos 
para presentarce á las urnas! ¡el verla asistir á 
las prolongadas }' tumultuosas juntas, y á las 
Convenciones de Mtijeres, ó vei'la sentada entre 
los jurados! ¿Cómo podemos ni imaginir siquie- 
ra, sin ruborizarnos, que se elija una mujer pai'a 
el empleo de polizonte ó alguacil? ¿Quién cui- 
dará de nquellcs niños (si es que gusten tener), 
mientras esta señora doctora está asistiendo á los 
dolientes, y estotra señora cirujana está hacien- 
do sus operaciones indistintamente sobre las des- 
dichadas víctimas de los horribles percances de 
cada semana, y casi de cada dia, en los ferro- 
carriles, en los buques, ó en las minas? ¿Quién 
velará sobre los hijos algo mas adelantados en 
edad, especialmente sobre la hija, mientras la 
abogada estará defendiendo una causa criminal, 
y la juez cfíará escuchondo desde su banco, obli- 
gado, acaso, por la justicia, á fallar condena? 
Por supuesto deberá encargarse el marido de 
esas incumbencias de familia; el mercante debe- 
rá dejar la tienda, el abogado la oficina, el obre- 
ro su taller, el labrador su arado, é irse á casa 
¡á cuidar la criatura! ¡Cuan absurdo es todo y 
cuan contrario á la naturaleza! 

Pero se nos dice que las mujeres han resuelto 



-liO- 



esta cuestión de una manera muy practica. Sí, 
lian resuelto la cuestión con darle vueltas al re- 
dedor; cal)aln)ente como el muchacho (jue ha he- 
cho una travesura, al ver venir á su padre con 
una varita en la mano, resuelve la cuestión muy 
prácticamente; no se pone en discutirla, sino que 
empieza ú dar vueltas al rededor de la estufa ó 
do la mesa, hasta que halla una ])uerta abierta, 
y toma las de A'illadiego. ¡Qué i-esoluciou mas 
práctica! Dicen, pues, las mujei-es: 'Cuando 
nosotras queremos ir á la Iglesia, dejamos la 
criatura con otra mujer por una hora u dos; lo 
mismo haremos para ir á las urnas." Pero, no 
se trata de ir á la lalcsia; no hay gran dificultad 
en este punto. Ningún l)ucn marido se rehusará, 
en el dia dedicado al Señor, cuando toda clase 
de negocios están parados, y él secpicda en casa, 
á ayudar cu cuanto puede á su ((uciida mujer 
en las pequeñas tareas de la familia, aun en cni- 
tlar la criatura, cuando ya no necesita mamar, á 
á fin de dar ;í su esposa la oportunidad de ir á 
uno de los oficios de Iglesia, reservándose él pa- 
ra sí de ir á otro mas taixle. Hasta será un ali- 
vio para él pasar un rato con sus hijitos, de quie- 
nes está apartado toda la semaua, excepto á la 
mesa, ó j)or la noche cuando, cansado de las o- 
cupaciones del dia, no puede disfrutar del mis- 
mo placer y satisfacción. ]*ero el I)on)ingo, te- 
niendo todo el dia á su disposición, estai'á con- 
tento de [)oderse entretener con los chi(|UÍllos, 
abrazarles, acariciai-les, instruir á los (¡ue son 
capaces de recibir instrucción, etc. Sin eml)argo, 
aun entonces, no siendo esta su ocupación natu- 
ral, pronto se cansará, y se enfadará acaso que 
no viene la matlre, sobre todo si llora la criatu- 
ra; y si el sermón de la Iglesia es demasiado lar- 
go, la pobre mujer está expuesta á oir otra ser- 
monata en casa, aunque no tenga ella la culpa. 
Ya lo veis, pues; cada cual con sus deberes; el 
marido con el trabajo material de afuera, la mu- 
jer con las faenas de la casa y de la familia. 

Los amigos de los derechos de la mujer me 
dirán acaso que las mujeres no se proj^ionen de 
emprender aipiellos oficios |)esados (¡ue son su- 
periores á sus fuei'zas, mas solamente a((uellos 
que podrán desempeñar y que son compatibles 
con su natui-aleza delicada. Pero, amigos mios 
muy queridos, debéis ser consiguientes con vos- 
otros mismos; la mujer no puede tener las ven- 
tajas de ambos sexos al mismo tiempo. Ahora 
bien, los hombi'cs mii-au á las mujeres como co- 
locadas, por decirlo así, bajo su protección, ó 
bajo la salvaguardia de su honor. T^a debilidad 
de la mujer es su fortaleza. Vosotros mismos 
decís todos los días: "¿Quién se va á ¡x'lear con 
una mujer?" 

Hay en Italia dos peíjueños listados (pie han 
existido por siglos: la Pepública de S. ^ilarino, 
veinte y dos millas cuatlradas, con una pobla- 
ción de casi 8,000 almas, 1;» (pie fué fundada en 



el siglo IV, cerca de 1,500 años atrás; y el Prin- 
cipado de Monaco sobro el Mediterráneo, con 
una extensión de 089 millas y una población de 
3,127, que ha existido por 800 años. Su debi- 
lidad los hizo fuertes. En el discurso de tantos 
años, á través de tantas revoluciones, han sido 
respetados siempre. Pero si hubiesen dado la 
mas mínima seña de querer pelear, hubieran sido 
a])lastados con nada. Los de entre vo. otros, que 
vivian en Denver en los primeros tiempos, se 
acordarán de cierta mujer que dáudo.-^e tono va- 
ronil, recibió en una elección algunos votos 
para Alguacil Mayor. El dia siguiente se dio 
parte de la elección, y se refirió también el nú- 
mero de votos recibidos por la señoi'a para el o- 
ficio de Alguacil ]*>Iayor. Pero le costó caro al 
editor; la señora Candidata se le arrojó contra 
con un látigo, y el ])obre, por no ])elear con una 
mujer, echó á correr por las calles, con grandí- 
sima diversión de la muchedumbre. 

Pero cuando la mujer insiste en que no debe 
haljcr distinción, y no dice que nos pide favores, 
y (pie sabe tomar cuidado de sí misivia, debe, 
I)ara coin[)etir con los hombres, estar pronta á 
hacer cualquier clase de trabajo hagan los hom- 
bres. Y entonces, pronto sentirá la falta de 
aípiella deferencia y respeto (pie se le muestra 
ahora, y (pie ella está acostumbrada á reclamar 
como cosa (jue le pertenece de derecho: jironto 
será tratada con la misma indiferencia con (pie 
los hombres se tratan unos á otros. Cuando 
ella se olvida de que es mujer, y (piierc ser tra- 
tada como hombre, también se olvidarán los 
hombres de que es mujer: p(?rderá toda la in- 
fluencia que ejerce como mujer, y será tratada 
como un hombre. Las mujeres no se necesitan 
como hombres; se necesitan como mujeres; no 
para hacer lo (pie pueden hacer los hombres, si- 
no lo (pie ellos no pueden. La mujer fué criada 
para ser esposa y madre: este es su destino; á 
este están dirigidos todos sus instinctos, y para 
este la dotó la naturaleza con dones especiales. 
Su esfera es el hogar doméstico; su función propia 
el cuidado de la casa, el manejo de la familia, el 
desvelo por sus hijos y por su temprana educa- 
ción. Hasta que permanezca en su elemento, y 
cumpla con los deberes de su vocación, recibirá 
siempre el respeto y la consideración (¡ue merece. 

Consecuencias Probables. La adopción del su- 
fr.igio do la mujer producirla al fin y al cabo, 
])robablenieute, cambios mu}' leves en nuestra 
vida política y social; ya sea porque muy |)ocas 
mujeres harian un uso práctico de su nuevo de- 
recho, ya por(pie se servirian de él bajo el ¡n- 
llujo y la dirección de los hombres; y esas lije- 
ras alteraciones no valen la ¡lena de exp(meriios 
á los grandes riesgos políticos }' á las enormes 
calamidades sociales, que de seguro nos sobrc- 
vendriau. VA hecho de que ])0(]uísiinas mujores 
de las mas dignas y respetables ge sevviriaii de 



-141 



su nuevo dcM'eclio, como contrario ú su naturale- 
za y á sus sentimientos, cstú claramente probado 
por la experiencia que tenemos debajo de los ojos. 
Hay unos cuantos empleos 6 cargos ú los que 
también ahora pueden ser elegidas ó destinadas 
las mujeres, como los de amanuense, tenedor de 
libros, maestro y sirviente. Pero, si bien pudie- 
ran desempeñar estos olieios por muchos años, 
nunca los toman con el intento de guardarlos por 
toda la vida, mas solamente como medio de sub- 
sistir por una temporada, hasta que lleguen á 
lo que miran como el resultado natural de su 
existencia, el matrimonio. No es así pura los 
hombres. Cuando ellos emprenden una ocupación 
de estfe género, llevan intención de hacer de ella 
el negocio de su vida, porque á eso las destinó 
la Providencia. Estoy seguro que si se dejara 
esta cuestión á la voluntad de las mujeres de la 
clase mas cuerda y respetable, la mayor parte 
de ellas votarían en contra. ¿Porqué, pues, 
habrán de imponerles los hombres lo que ellas 
rechazan como una carga muy pesada? 

Pero en fin ¿con qué derecho pretenderán las 
mujeres ese sufragio y esa elegibilidad á los em- 
pleos? No por cierto en vigor de algún derecho 
divino, como hemos probado claramente con la 
autoridad de los libros sagrados; ni en fuerza de 
su aptitud para aquellos oficios tan dificultosos 
de la vida civil y política; ni por su natural ins- 
tinto y propensión, que están antes bien en con- 
tradicción evidente con este sufragio. Si, pues, 
no se deriva de la ley de Dios, ni de su consti- 
tución natural, queda solo que se les dé en nom- 
bre de los derechos civiles y políticos, como de- 
pósitos á los que no tienen ni sombra siquiera de 
derecho natural. Pei'tenece á la sociedad civil y 
política el determinar la cordura y conveniencia 
de hacer un ensayo tan peligroso. Examinemos, 
pues, el efecto natural y necesario de este privi- 
legio en el seno de la familia y de la sociedad. 

Resultados en el seno de la familia. No hesita- 
mos un momento en afirmar que el sufragio de 
la mujer debilitarla y acabaría de destruir y ani- 
quilar la familia cristi-ma. La unidad social es 
la familia, no el individuo. "La cabeza de la 
mujer es el hombre ' dice la ley de Dios, y ya 
el Criador habia decretado que serian "dos en 
una carne," y en la conversación familiar voso- 
tros no consideráis á la mujer como un ser com- 
pleto, sino como una mitad, bien que la mejor mi- 
tad. El mayor peligro de la sociedad Americana 
es que nosotros nos vamos volviendo rápidamente 
una nación de individuos aislado?, sin vínculos ni 
afectos de familia. Muchísimos ya no viven en ca- 
sa propia sino lejos de ella en las fondas y pesa- 
das; esos van perdienilo de dia en dia las costum- 
bres, virtudes 3' modales domésticos, sin los cua- 
les no puede mantenerse la familia, y, destrui- 
da la familia, quedará envuelta en su ruina la so- 
edad y el país entero, .Dios hizo de la familia 



el tipo y la base de la sociedad; cual es la fa- 
milia tal será la sociedad. Extended á las muje- 
res el sufragio y la elegibilidad, dadles el dere- 
cho político de dar y recibir votos, y pronto se 
disolverá cuanto nos queda de la unión y afec- 
to de familia. La mujer puede ser de un parti- 
do político \ el marido de otro, y puede acon- 
tecer que marido y mujer sean los dos candida- 
tos rivales para un mismo empleo, y uno de los 
dos condenado á la humillación de la dei'rota. 
¿Le gustará al marido ver triunfar á su mujer, 
verla elegida á un oficio que la hariasu superior, 
contra lo que fué decretado por la justicia de 
Dios, en castigo de la primera violación que hizo 
la mujer del divino precepto: "él te dominará?" 
Y la mujer, abras ida por la ambición política 
de un puesto y del poder, ¿se someterá tal vez 
de buegas g.mas á su humillante derrota? ¿No 
acabarán la rivalidad y la pasión de destruir los 
restos de mutuo afecto y cariño entre marido y 
mujer? ¿No introducirán en la familia toda la 
lucha, la discordia, la cólera y la división de las 
intrigas políticas? 

Luego, cuando la mujer es arrebatada jior el 
ardor de la política ó está desempeñando los de- 
beres del oficio al que ha sido elegida, en cuali- 
dad de juez, alguacil ó icpresentante al Congre- 
so, ¿qué va á ser de la familia? La madre ten- 
drá poco tiempo y menos inclinación de atender 
á sus hijos. Una personado afuera, ni el padre 
mismo, no puede suplir á la madre. Los hijos 
necesitan todo el desvelo de una madre; nadie 
puede ponerse en su lugar. Los hijos, pues, de- 
berán ser descuidados, casi abandonados — serán 
una molestia, se les mirará como un estorbo. Las 
madres reprimirán sus instintos maternos, \ el 
crimen horrible del infanticidio antes del naci- 
miento, ahora tan horrorosamente en boga, lle- 
gará á prevalecer todavía mas, y la raza hu- 
muna será amenazada de destrucción, con abier- 
ta violación del precepto y de la bendición del 
Criadoi-: "Creced y multiplicaos." Ya el efec- 
to terrible de este crimen atroz se hace sentir en 
el grado mas alarmante. ¿Dónde están los des- 
cendientes de aquellos Puritanos que ocuparon, 
casi ellos solos, los Estados del Este? Yan des- 
apareciendo acelaradamente, y si á este ángel 
exterminador del infanticidio se le deja ccnti- 
nuar pocos años mas sus tremendos estragos, la 
Nueva Inglaterra será casi habitada enteramen- 
te por los Yankees Ldandeses y Alemanes. Pe- 
ro, si esta necia agitación por el sufragio de la 
mujer amenaza de destruir la familia, ¿no estará 
sujeta á sus tristes consecuencias la Sociedad, el 
Estado y la Nación, que no son mas que una a- 
glomeracion y unión de familias? 

(Se continuará). 



1-2 



UN MANUSCRITO DE FAMILIA. 

(Coniin naciüii — Pá(j 130-132. j 
V. 

ENFERMEDAD Y SALUD. 

Trascnn'i(') una seniaua sin liablar con Dii hijo y en 
su espacio j)aiti(') de Nueva York el oculista. Hallá- 
bame de todo i)niito solo en el mundo, sin tener á 
quien acercarme en niis cuitas. Aunque los neíj;ocios 
de intereses (>vau j^rósperos, aquellos cien mil dolliirs 
ajenos, que constitnian la mayor parte de mi cai)ital, 
me amargaban el placer que las ganancias rae produ- 
cían. Faltábame mi buena Edit; y lioberto al frente 
de mi casa y manejando los libros y correspondencia, 
tardó poco en descubrir mi deshonrosa acción. Cono- 
cía yo dií sobra su recto juicio, noble corazón y acen- 
drada probidad para dudar de que en vista de tal 
descubrimiento m3 despreciarla, confirmándome más 
en mi idea la circunstancia de que cierto dia, llevado- 
d) su carácter impetuoso, llegó á decirme que dispon- 
dría la venta de cuanto poseíamos, si cuanto antes no 
quedaba satisfecha nuestra deuda á la familia de Ita- 
lia. Las polémicas políticas por otra parte granjeá- 
ronme numerosos enemigos, de suerte que todo me 
molestaba y cst iba disgustado hasta de mí propio, 
pues á ello se unía que mi hija nada me hablaba de 
semejante asunto, ni 3-0 á ella; mas poseía la convic- 
ción de que tenia noticia de cuanto ocurría. 

Vino asacarme de tan violento estado una enferme- 
dad que me probó la infinita láedad de la divina Pro- 
videncia cuando parece mas severa. Acometióme á 
los ojos un humor maligno, que en pocos días no .'^olo 
me privó de poder leer y escribir, sino qne ñie obligo 
á encerrarme en mi estancia donde pasaba largas ho- 
ras casi en completa oscuridad. Mi único consuelo 
era la presencia de mi hija que me leía algún artículo 
de los periódicos. 

li >cuórdame esa circunstancia que cierto dia deseé 
que me leyera una novela sobrado Jibre, acabada do 
publicaren aquellos días y elogiada con exceso por 
todos los periódicos. Cuando la pobre niña la reci- 
bió, como si por instinto comprendiera la cualidad 
principal del libro, dirigióle una rápida ojeada, y des- 
cubriendo varios grabados licenciosoi prorumpiíi en 
amargo llanto diciendo: 
-Papá, no i)uedo leerla. 

Com[)rendí mi imprudeiuáa, conocí que con seme- 
jante petición no solo faltaba á los más sagrados de- 
beres de padre, sino hasta á la cortesía y miríimieutos 
debidos á una doncella, y para no contristarla recogí 
el libro reconviniéndome interiormente. 

Indecible era mi desdicha y acerba pena en las ho- 
ras que ])asal)a solo. Presentábase ante mí vista to- 
da mi vida anterior, sin encontrar en ella año ni época 
alguna en que poder descansar el pensamiento con 
complacencia, pues hasta la niñez, que acostumbraba 
á mirar como inocente, om])ezaba á parecerme conta- 
minada, y los juicios de Dios que á lo lejos se mu 
mostraban sombríos y pavorosos, revelábanme cuín 
culpables eran las (pie yo llamal)a niñadas. Hacia 
cuanto me era dal)l(í ])or distrai'rme con otros ))ensa- 
mientos }• aun por forjarme un porvenir ilusoiio, mas 
era inqiosible; solo hallaba distracción los cortos mo- 
mentos en (pie vouian varios amigos á visitarme y 
referir las (Xínrrencias del dia; pero tan pronto como 
se alejaban, volvía á caer en mi habitual tristeza. 

Atormentiíbanme, entre otras cosas, las retlexíones 
(¡u.* sol)re mi couilucta hacia, y entre mi conciencia y 
mi corazón ental)liíl)anse diálogos crueles (¡ue me acu- 
saban y convencían de iniinidad de cul])as secnítas. 
LftS tertulias de mi ;ul, mocedlos bajUcj-^, el juego, latj 



reauioues y sobre todo Ijs c^p xtá'^ulo^, á que hasta 
entonces siguiera concurriendo, alzíbai.se ante mí 
como otros tantos testigos y acusadores que me echa- 
ban eu rostro mi culpable existencia, durante la cual 
había devorado la maldad con todos mis sentidos sin 
advertirlo siquiera. 

No acertaba á explicarme la multitud de pensamien- 
tos religiosos y morales que me asalt dj r.i y á que no 
estaba acostumbrado, solo me parecía que el foco de 
donde partían como otros tantos rayos luminosos era 
el retrato de mí virtuosa compañera colgado en una 
pired de la estancia, debajo del cual pendía otro cua- 
(.L'j con un gran crucifijo de plata y una trenza de ca- 
billos de Edit, que antes de morir puso en manos de 
II i con encargo d3 reunirlos y entregármelos á mi 
regreso, y yo coloqué junto á su imagen. Figurába- 
nla verla en aquella tenebrosa soledad destacarse del 
marco como de una ventana, animarse y dirigirme la 
palabra reGOuviuií'udoine por mi indiscul[)able tardan- 
za en la restitución del depósito de mí amigo, por el 
olvido en que vivía de todo pensamiento del cielo, y 
amenazándome con una separación eterna. Acoute- 
cii'tme alguna vez levantarme arrastrado por mi exal- 
tada imaginación y hu3-eudo de sus incesantes repro- 
ches pasar á la sala contigua donde paseando á largos 
y acelerados pasos decía hablando al retiato: 

— ¿Qué des jas, Edit mía? ¿Por qué me importunas 
de día y me martirizas de noche? ¿Por qué, tú tan 
buena en vida, me atormentas después de muerta? 

Empero, quien no conoció la culpa no puede apre- 
ciar como conviene el remordimiento, y no obstante 
aun no me resolvía á abrazar de nuevo la abandonada 
religión. 

Dios agravó su severa justicia. A la tenaz oftalmía 
siguió cierta fiuxion dolorosa que empezando por in- 
teresar algunas partes del cuerpo convirtióse en un 
reamatismo general, que privándome de movimiento 
postróme eu el lecho. Ocupado lioberto en los nc- 
gjcios, .solo Ida estaba de continuo á mi cabecera, y 
Sin duda formó el proyecto de hacerme re.'ibír los sa- 
cramentos inducicudoDie á ello sin que yo lo advir- 
tiera, pues viéndome á veces blasfemar por la velie- 
msncia de los dolores me invitaba á rogar con ella, 
leíame algún libro ¡piadoso y no dejaba pasar ocasión 
de referirme conversiones de protestantes é impíos 
veriñcadxs en Inglaterra y Am 'rica, por mas que yo 
ine obstinaba en desatender las insinuaciones de 
a;picl ángjl, rebelíudome coiitra Dios}' mi conciencia. 

Trascurrieron dos meses de agudos v continuos do- 
L)res sin experimentar alivio alguno, y entonces com- 
prendí que era inútil mi rebeldía y que no me queda- 
ba otro consuelo que la religión, á lo cual me indujo 
una extraña circunstancia. Atormentado una noche 
por violentísimos dolores y 110 encontrando sitio, en 
el lecho ni posición, que no fuese pava mí un nuevo 
martirio, estaba ya á punto de maldecir y renegar de 
Dios en desjjicjue de su justicia, cuando recordé por 
fortuna que mi bu^ua madre en su larga y última enler- 
medad solía tomar entre sus manos un crucifijo y es- 
trecli;índolo contra su pecho exclamaba: 

- -J'.Nsus mió, dadme fuerzas: ayudadme. 

Tomé con mano tembloiosa un Ciisto colocado eu 
el veladorcíto (]ue delante tenía mí hija, derramé co- 
pioso llanto rogíndole y tn aquella actitud quédeme 
dormido. Hacia treinta años que nó salía de mis la- 
bios una oración. 

Observólo todo y coucilñó grandes espei-auzas Ida, 
que volaba junto :í mi cabecera, y apenas de^perté 
deseó aprovi'char el tiempo porque el peligro aumen- 
taba. Preguntóme si me desagrailaria recibir la visi- 
ta del })árroco para ayudarme á pasar un rato, }>uos 
(¡ra en extremo afable con los etitVnnos, y yo (pie ha- 



-143' 



bia dado ya el primer paso orando y liumillando mi 
orgullo, di con facilidad el segundo y consentí; pero 
conservando todavía un resto de falsa vergüenza añadí: 

— Pero que no me hable de religión. 

En el fondo de mi alma no deseaba otra cosa, mas 
mi altivez y vanidad no tenían del todo perdido su 
impe^'io. . 

Todavía no liabian trascurrido dos horas cuando 
llegaba el párroco. ¡Qué excelente varón! ¡Qué pru- 
dencia y mansedumbre! En su primera visita nada me 
dijo de sacramentos, mas en las siguientes recordóme 
mis deberes, allanó todas las dificultades; desvaneció 
mis prevenciones sin que yo se las manifestase en lo 
mas mínimo, y como si las leyera en mi corazón. A 
medida que hablaba experimentaba yo mas vivos re- 
mordimientos, conocía que necesitaba como los de- 
más hacer confesión general de mis numerosas cul- 
pas, y si en aquella ocasión fuérame dable trasladar- 
me á Italia á una iglesia de capuchinos y descargar 
mi alma, con la sencillez con que lo verifican los otros 
fieles, confesirame no una, sino diez veces, pero aun 
bregaba con mi conciencia y suponía tener reservadas 
razones, convicciones arraigadas, especíales y gran- 
des motivos que me impedían acomodarme á esas 
prácticas vulgares. 

Conocía el digno sacerdote cuan poco valían tales 
protestas, así que una tarde después de mil razones, 
exhortaciones y ruegos que mi resistencia inutilizaba, 
púsose en pié y estrechándome la mano dijo con tan- 
ta blandura como autoridad: 

—Señor, estáis bautizado, sois hijo de la santa I- 
glesia, y por tanto tengo el derecho de hablaros como 
padre. Pidma.'a é iaiprescindible obligación vuestra 
es humillaros ante Dios, acusaros y arrepentiros de 
vuestros pecados y acudir al sacramento de la peni- 
tencia, y considerar que urge porque el peligro es in- 
minente. Si no lo efectuáis, quizá en breve, ¡Dios no 
lo permita! daréis estrecha cuenta á un tribunal tre- 
mendo é inexorable. Pensadlo bien, orad y resolved. 

— Es que, señor cura, yo no creo en la confesión. 

— Falso. Creéis en ella tanto como la mas devota 
hermana de la caridad. 

— ¿De qué lo deducís? 
. —De que veo vuestro corazón como estoy viéndoos 
el rostro. 

Pronunció las últimas palabras con tan seguro a- 
cento y enérgica persuasión que me faltó valor para 
.negar la ver Jad, y pasé la noche llorando, meditando, 
rogando, pues ms sentía sin fuerzas para resistir á la 
tierra, al cielo y á mis crueles remordimientos. 
. Imaginé por fin, como útima satisfacción á mi amor 
propio, pres jntarle todavía ciertas dificultades sobre 
la confesión, mas cuando á la mañana siguiente se 
presentó en mi casa diciéndome con seguridad y ca- 
riño que venia para oír mi confesión, en vez del dis- 
curso que de antemano tenia preparado, los sollozos 
ahogaron mi voz, brotó de mis ojos un raudal de lá- 
grimas ysob pudo articuUir tendiendo hacía él mis 
brazos suplicantes: 

— Perdonad íne, vuestro soy: perdón. 

Costáronme indecibles esfuerzos y tormentos los 
dos primeros minutos, pues no encontraba palabras, 
.y la lengua se me pegaba al paladar; pero pasada la 
primera impresión me confesé como si lo verificara 
cada ocho días. Deseaba el sacerdote suspenderla al 
cabo de tres cuartos de hora á causa de mi agitación, 
mas yo no consentí y al fin se apartó de mi lado des- 
pués de dos horas de conferencia. 

Volvió al día siguiente, nada nuevo tenia que decir- 
le, y entre tanto él había examinado con detención mi 
proceso y venia á notificarme la sentencia para lo 
cual le acompañaban dos testigos por mí designados. 



Presentóme una retractación de cuantos errores in- 
cluían mis artículos para dirigirla á un diario católico 
que firmó con trémulo pulso, y despidiendo después á 
los extraños para quedarnos solos, hízome prometer 
en presencia de mis hijos que satisfaría el capital é 
intereses de mi deuda, á cuya promesa añadieron Ro- 
berto é Ida el juramento de verificarlo ellos en el ca- 
• so do que antes llegara yo á fallecer. Escribióse allí 
mismo una carta á la familia acreedora refiriéndola 
cuanto ocurría é incluyéndola en otra dirigida al pár- 
roco para que la hiciera llegar á sus manos, y quedé 
victorioso del infierno rompiendo las duras cadenas 
con que me aprisionaba y esperando el próximo y 
completo triunfo. 

Cuando recibí el perdón de Dios por boca del sa- 
cerdote parecíame ver el cielo abierto y rejuvenecida 
la tierra, experimentaba tanto alivio en el corazón y 
en mí dolencia, que jamás llegara á imaginarlo, y si no 
existieran ó perecieran de súbito cuantos monumen- 
tos sirven de base á los mas esclarecidos para soste- 
ner la divinidad de la penitencia, yo solo, por mí in- 
terior consuelo, afirmaría que solamente una institu- 
ción celestial puede producir tan inefables efectos. Ni 
era fanático, ni irreflexivo, poseía la madurez de mis 
años, agitábanme las pasiones y estaba apoderada de 
mi corazón la mas completa indiferencia, la confesión 
me dejaba aun en el lecho si bien algo mejorado, me 
sujetaba á una humillante retractación y me despoja- 
ba de las tres cuartas partes de mí fortuna, y sin em- 
bargo, era tal mi felicidad, tan superior mi alegría á 
cuantas experimentara en otras ocasiones que no ha- 
llaba palabras para explicarla. 

Firmar la retractación era el paso que yo no acer- 
taba á dar antes, y ahora la mandaba publicar con 
júbilo, porque todo respeto humano desaparecía ante 
el poder y eficacia de. la gracia interior; pues experi- 
menté, en efecto, desde aquel momento ese género de 
existencia sobrenatural llamado por los católicos es- 
tado de gracia, de tal suerte que no me conocía á mí 
mismo ó imaginábame trasformado completamente. 
Leía mí tierna Ida la pasión del Señor según el Evan- 
gelio de San Juan, saboreaba yo cada sílaba y llevado 
en alas de mi pensamiento representábame á Cristo 
padeciendo en Jerusalen con la misma claridad de in- 
tuición con que veía á Ida á mí cabecera. La religión 
inundaba á mares mí corazón, y hasta en el sencillo 
catecismo encontraba mi mente algo tan elevado y di- 
vino, que no acababa de arrepentirme de las ofensas 
que le infiriera en las inmundas columnas de los dia- 
rios llamados independientes. 

Celestiales delicias del perdón de Dios, ¡cuan des- 
conocidas y calumniadas sois! ¿Por qué no estabas á 
mi lado, querida Edít, en el momento en que recibí 
la saeratísinna comunión? ¿Por qué no me fué dado 
co mpartir contigo la inmensa alegría de mi unión 
con Dios, que tanto deseabas y no pudiste conseguir? 
Pero estoy íntimamente convencido de que tú asis- 
tiste á ella desde el cielo, de que tú rogaste por mí 
ante el trono del Altísimo y de que á no escuchar él 
tus ardorosas plegarias nuestra separación seria 
eterna. 

VI. 

BEGEESO Á ITALIA. 

Trascurrieron seis meses; yo estaba completamen- 
te curado y disponíame á regresar á Italia. Liquida- 
dos mis negocios y examinado su producto hallé que, 
restituyendo capital é intereses, quedaríame aun con 
que vivir, sí bien con modestia, honrado en mi patria, 
por lo cual resolvíme á acabar mis días en el suelo 
natal dsspues de entregar en persona los cíen mil do- 
llars á la familia de mi amigo que habitaba en una 
numerosa población del Tiro! italiano. Ida y Eober- 



-U4 



to no solo se resignaron á la pobreza, sino que ani- 
mados y deseosos de partir manifestáronme con el ma- 
yor gozo, que estimaban en más mi alma que todos 
los tesoros de la tierra. 

Llegamos al valle del Adige y mi corazón palpitaba 
con violencia ])ero con regocijo. El paquete de bille- 
tes, letras y demás valores que en mi maleta llevaba, 
parecíame un enemigo doméstico que me inquietaba 
sin cesar y de que me era preciso deshacerme á toda 
costa. Representábame el júbilo inesperado de aque- 
lla familia, por tanto tiempo defraudada, y la suave y 
plácida tranquilidad que esperaba á mis últimos años. 
Al llegar á Kovereto, lugar del sacriñcio, procuré ave- 
riguar quiénes eran las personas que debían recibir 
aquella suma, y supe que se reduelan á la viuda y una 
hija del finado, quienes para sostener la mediana po- 
sición de que gozaban pasaban grandes privaciones, 
ganando escasamente la subsistencia á copia de largas 
vigilias emijleadas en coser; por lo demás todos con- 
venían en que eran honradísimas y modelos de virtud. 
¡Infelices! No solo su posición, de acomodada trocó- 
se en casi indigente, sino que para colmo de desven- 
tura hasta habían perdido todo rastro de su único 
sosten, pues la carta que, cuando mí enfermedad, las 
escribí desde Nueva York sin duda se extravió, y con- 
tándole por muerto se consideraban ya solas y priva- 
das de humano auxilio. 

Consideré oportuno por tanto emplear cierta precau- 
ción en mis revelaciones para no excitar de pronto su 
sensibilidad evitando peores consecueecias, y avisé á 
la viuda de que recien llegado de América, podría 
darla algunas noticias de su esposo. Corrió á la po- 
sada con su hija, y afectando yo el convencimiento de 
que ya ellas serían sabedoras del fallecimiento de Fe- 
derico, omití tratar de lleno de semejante particular, 
aunque observaba su afán. Para ello procuré hablar- 
las de negocios, de mi conocimiento y amistad con 
Federico y cuando me pareció tiempo oportimo añadí: 

— Ignoro si cuando murió en Nueva Orleans . . . 

— ¿Murió? interrumpió la viuda. ¿Estáis cierto? 

— Sí tal. 

— ¡Ah¡ No me engañaba el corazón. Seis años sin 
escribirme. . . no podia ser otra cosa. Bien lo sospe- 
chaba. ¿Y sabéis, añadió dríhecha en llanto, dónde y 
cómo murió? ¿Recibió los sacramentos? 

Aqiiel afán de enterarse de los sacramentos antes 
que del estado do su fortuna parecióme sublime. 

Enjugóse la hija también los ojos y espei'ó mi res- 
puesta con increíble ansiedad. 

Murió en Nueva Ürleans, hace seis años, y con to- 
dos los sacramentos: yo lo presencié. 

— ¡Loado sea Dios! exclamó la hija. En medio do 
tan acerbo dolor, qiii'danos al menos ese consuelo. 

Hieiéronme mil preguntas después á que satisfice, 
desviando empero el asunto de intereses y nos sepa- 
ramos después de prometerlas y señalar hora para ir 
á su casa al dia siguiente acompañado de mis hijos, 
encargándolas que procurasen estar solas pues tenia 
que comunicarlíis cosas de gran interés y entregarlas 
varios pajjoles y algún dinero. 

Seguido de Roberto é Ida entraba á la hora desig- 
nada en la pobre ])ero honrada morada de las dos 
mujeres. Roberto llevaba un grueso rollo de papeles 
que no eran otra cosa que los valores, y después de 
sentarnos y saludarlas dije á la viuda: 

— Señora, deseo referiros cosas notables é ignora- 
das por vos, ]HU'o do tal importancia, que no extrañéis 
si reclamo toda vuestra atención. Ante todo sabed 
que vuestro es))os() murió en mis brazos dejándome 
encomendada una cantidad respetable que en derecho 
os pertenece. Después . . . debo haceros una revela- 
ción que, aunque costosa, me es de todo punto nece- 



saria para desahogar mi corazón. Pocos dias después 
de recibido el depósito iina grande desgracia cayó so- 
bre mi casa, y tras el fallecimiento de mi amada espo- 
sa abandonóme la fortuna tan de repente que quedó 
casi reducido á la última miseria. En aquella tribula- 
ción fuéme imposible enviaros la cantidad deposita- 
da; mas no por eso abrigué ni uu solo momento «1 vi- 
llano pensamiento de no cum))lir mi deber y promesa. 
Mis hijos, aquí presentes, tenían más impaciencia que 
yo de ver cuanto antes libre mi conciencia de tan 
grave peso y sin mancha el honor de la familia. En 
este momento llevo á cabo un acto que á todos nos 
hace felices; computados con la mayor escrupulosidad 
los intereses correspondientes al capital y á él unidos 
resulta á vuestro favor una suma de más de medio 
millón. Aquí la tenéis. 

Y Roberto entreg() el rollo de billetes, que ellas se 
quedaron mirando al pronto atónitas y como dudosas. 

Desenvolvióle al fin la viuda y al contemplar aquel 
tesoro que de improviso caíale del cielo exclamó: 

— ¡Hombre generoso! ¡Admirable joven! Vestís casi 
con pobreza y me entregáis uua fortuna. ¡Oh esposo 
mío! ¿Por qué no estás á nuestro lado para disfrutar 
del producto de tu trabajo? Pero vos, salvador luies- 
ti'O, hablad, ¿cómo igüedo reconipensar vuestro mérito? 

—Señora, mi mérito consiste en tener hijos mejo- 
res que yo, y si aun alguno tratáis de atribuirme, es 
solo el de preferir, aunque algo tarde, una existencia 
pobre y honrada á la culpable opulencia. 

— Ni uno ni otro seréis, yo os lo aseguro. Deseo 
asignaros. . . 

— Ni una lira, ni un céntimo aceptaré. 

—Pues si rehusáis parte, teudréislo todo. 

Miró la madre á su hija y en aquella ojeada impú- 
sola de su designo. Roberto contaba veintidós años 
y la joven diez y nueve. En menos de cinco minutos 
quedó su enlance casi concertado. 

Esforcéme por delicadeza, que no faltará quien la 
considere excesiva, en persuadir á la viuda que un 
matrimonio no se efectúa por entusiasmo, sino por 
cariño, y que en atención á la edad de su hija pare- 
cíame prudente que ante todo se consultara su volun- 
tad. Roberto, presa de mil tumultuosos afectos no 
se atrevía á hablar ni en pro ni en contra de tal pro- 
yecto: callaba la joven, pei"o su madre aseguraba, y 
ella lo confirmó después, que el cielo para colmo de 
favores la ofrecía aquel partido. No contribuía poco 
á excitar en mayor grado su entusiasmo el desinterés 
y circunspección de Roberto, cuya mano enlazó la 
viuda con la de su hija. Digno era de tal suerte. Ida 
realzó el encanto de aquella escena abrazando tierna- 
mente á la viuda y exclamando: 

— ¡Ah, íjjracias! seréis mí segunda madre. 

Devolvíame, pues, la religión con una mano toda la 
riqueza que con otra me arrebataba, colmábame de 
inexplicable é infinita paz, rejavenecia mis cansados 
años con los cuidados cariñosos de una nuera que en 
edad y cualidades parecía hermana gíuuela do mi Ida, 
y por iiltimo proporcionábame la afectuosa compañía 
de la madre como para consolarme de la pérdida do 
mí amada compañera. 

Dios recompensa con frecuencia en los hijos la vir- 
tud de los padres; agradézcanlo y muéstrense recono- 
cidos los hijos siendo virtuosos. 

VII. 

EPÍLOGO. 

Así terminaba el manuscrito que mi amigo me con- 
fió; y yo añado que la ancianidad de tan buen padre 
fué tan dilatada, jiliícida y tramiuila, que llegó á aca- 
riciar hijos de su liijo, par V quienes escribiera las pre- 
cedentes memorias. 

FIN. 



EEVISTA CATÓLICA 

PERIÓDICO SEMANAL, 

Se publica todos los Sábados, en Las Vegas, N. 



Año ni. 



31 fie Marzo de 1877. 



Núm. 13. 



NOTICIAS TERRITORIALES. 



A.H»«<liiei'<liie. — Nos escriben de esa Parroquia: 
"La tarde del 12 del corriente un Padre de la Parro- 
quia de Albuquerque iba avisando á la gente de los 
Ranchos de Atrisco para el cumplimiento del precep- 
to pascual: cuando se encontró con un joven desco- 
nocido; y tomándole por un Mejicano le exortó á con- 
fesarse é ir al Rosario. Mas aquel le centestó: Pa- 
dre, no puedo ir á la Iglesia, porque no couosco sus 
usos de Vds. — Pues cómo, ¿no es Vd. Católico? repli- 
có el Padre. Y el joven respondió que no era Meji- 
cano, y que ei*a Protestante. Sin embargo el Padre 
le invitó á que fuese ala Capilla, j este condescendien- 
do le prometió que iria. Agradecido el Padre por tan 
fina condescendencia, se sintió animado á pedirle que 
fuese á verle el dia siguiente para hablar con mas de- 
tención, y con esto se despidieron. Solo se habia 
dado el primer repique para el Rosario criando un 
caballero de la Plaza entra en la habitación del Pa- 
dre, y le anuncia que el joven aquel desconocido es- 
taba determinado a recibir el bautismo. Admirado 
el Padre de tan inesperada resolución, le manda lla- 
mar para enterarse por sí mismo de lo qtie ocurría. 
Llegado pues el afortunado joven, así refiere al Padre 
su vida. 

— Yo me llamo James Montings y pertenezco al Es- 
tado de Indiana. A los seis años quedé huérfano, y 
pasé á vivir en casa de una familia rrotestante.enimi- 
guísima de los Católicos. Por fortuna liego á mis ma- 
nos un libro católico, intitulado El Catecismo de los 
pobres, que yo leí y volví á leer con mucho interés, y 
con su lectura me sentí tan aficionado al Catolicismo, 
que desde entonces hubiera querido abrazarlo. Pero 
fuese por no hallarme bastante instruido en esta Re- 
ligión, ó porque temia grande oposición por «parte de 
mi amo Protestante, me pareció mejor aguardar mas 
oportuna ocasión. Al fin cansado de esperar por mas 
tiempo determiné salir de mi patria; y así lo verifi- 
qué dirigiéndome hacia Nuevo Méjico. Aquí pues se 
encendieron mas mis deseos, no solo con la lectura 
de mi Catecismo, sino también con el trato de algunos 
buenos católicos. No obstante aun no creia haber 
llegado la oportuna ocasión de manifestar mi resuelta 
voluntad de recibir el bautismo (que creo no haber 
nunca recibido): cuando esta tarde al verme invitado 
tan inesperadamente por Vd., Padre, con sus ama- 
bles palabras, dije entre mí que esta era la mas opor- 
tuna ocasión para llevar á cabo mi intento, y que por 
lo tanto era preciso manifestar á Vd. mi deseo eficaz, 
de hacerme católico. Sin mas esperas pues. Padre 
mió, yo quiero bautizarme: sí, lo quiero con todo mí 
corazón; quiero abrazar el Catolicismo; esta es la Re- 
ligión que yo amo; y estoy perfectamente convencido, 
que esta es la única verdadei-a y la sola que podrá 
guiarme á puerto de salvación. Cansado estoy de 
esperar. — 



"Y esto decia muy enternecido y vertiendo lágrimas 
de devoción. El Padre entauto aprobando su reso- 
lución, no quiso satisfacer tan luego sus deseos para 
probarlos. Mas hallándole siempre muy resuelto, 
después de haberle bastantemente instruido, le admi- 
nistró públicamente el Santo Bautismo bajo condi- 
ción, con muy grande edificación del pueblo, y con no 
menos satisfacción del rccicr> convertido, quien des- 
pués muy consolado promcüa al Padre vivir en ade- 
lante como verdadero católico." 

"Otra es esta de Ias innumerables victorias alcan- 
zadas por la lectura de los buenos libros, y por las 
edificantes y amables palabras de un Sacerdote." 

.liiíoiieilíco. — El dia 19 de Marzo fué por An- 
tonchico un dia de grande fiesta. Se celebraba de la 
manera la mas edificante la solemnidad del glorioso 
San José, Patrono de aquella Parroquia. Desde el 
dia 18 los feligreses acudiendo de los diferentes pun- 
tos de la Parroquia empezaron á prepararse. Mas de 
250 personas se confesaron y recibieron la Santa Co- 
munión. Asistieron á la fiesta los RR, PP. Coudert 
de Las Vegas, Gallón del Chaperito y S. Personé S. 
J. El Rev. Coudert celebró la Misa, durante la cual 
la Iglesia fué insuficiente para contener el gran m- 
mero de los fieles. El Rov. S. Personé pronunció la 
oración Panegírica del Santo. Mientras que se daba la 
Comunión un coro de jóvenes hicieron resonar el 
templo de armoniosos cánticos. 

Después de la Misa tuvo lugar la procesión, una 
de las mas concurridas y ordenadas, que se han visto 
en Antonchico. El pueblo entero quedó muy conten- 
to y edificado, dando gracias á su digno Pastor, el 
Rev. Rédon, que con tanto esmero procura de culti- 
var aquella parte de la viña del Señor, que él tieng 
bajo de su celosa administración. 

Tosné. — Hace algún tiempo que se está impri- 
miendo aquí una colección de cánticos, hecha por el 
P. Ralliere. A este propósito, transcribimos aquí lo 
que el mismo Padre nos escribe con fecha del 13 do 
Marzo. "Yo he hecho imprimir en la oficina de la 
Revista Católica de Las Vegas una colección de cánti- 
cos espirituales en Castellano. Son tomados de va- 
rios autores. Algunos son muy conocidos en Nuevo 
Méjico por ser nacionales. De los demás eo indica 
en el encabezado del Cántico el autor de donde se ha 
tomado la entonación, como son Garin,LambíUofíe,Cá7:- 
ticos de las Escuelas Cristianas, St. Sulpice,The Catholic 
yjidh's Hijmii hooh hy the Christiaii Brothers, Macclii 
autor Italiano. Mis compañeros pueden procurarse 
esos libros. Tan pronto como tengamos en el Terri- 
torio tipos de música, procuraré que se imprima la 
música de esos cánticos. Yo deseo que otros publi- 
quen sus colecciones para beneficio de la Religión. 
Deseo que me ayuden á pagar los costos de la im- 
prenta. De ese modo, que tomen un cierto número 
de ejemplares: un peso cada uno. Me propongo tam- 
bién de hacer imprimir las Misas Mejicanas, que 30 



I 



16 



ne puesto por notas liasta el número de once. 8i a^gu- 
hos conociesen oti-as, deseavia que me las dieraii á 
conocer para completarla colección. Son rüuv ÚU;,! 
les para cicutas Parroípüas donde no hay mrcluí fa- 
cilidad para ensenar cantores. Pnes sobre una en- 
tjuacion curta y 'fácil, se puede cantar casi toda la 
Misa, es decir el Kijrie, (/loria, iSuiai/is, Ayuns Del. 
Hay otra entonación para el Credo, común á todas 
las Misas; y otra t.'jnbien para el fnlroilox demás 
partes de la Misa. Cada Misa, como saben, úene su 
pasacalle que so ejecuta sobre el violin. ]Soáotros" 
las cantamos todos los ma.«; de los Domingos con a- 
compañamiento do-^rgano é instrui^ientos de cobro y 
de muchas voces. Por eso he trabajado noche por 
noche desde mas de diez años para ensenar las notas 
á toda la juventud de mi plaza." 

"Según estoy iníoimado la colección de cánticos es- 
tará lista para la Pascua. Se compone de 304 pági- 
nas — tamaño en IG"." 

NOTICIAS NACIONALES. 



Elí^iailo.s l'iiitluis. — Nos proponenios referir á 
nuestros lectores en cuanto nos fuei*a posible los prin- 
cipales actos políticos del nuevo Presidente. Divemos 
desde un principio, que habieudo,pocos dias L atenido 
03asiou de hablar con un hombre de cuya penetración 
y política honestidad no puede caber duda, al paso 
que no se le podia tachar de parcialidad en su dic- 
tímen, este nos dijo que había conocido personal- 
mente al Presidente Hayes, y que no pocüa dudar do 
sa buena voluntad en promover las reformas S'^gun 
lo habia prometida,' antes bien, que por elevación de 
carácter, y demás pi'endas personales, él (nuestro in- 
tírlocutor) lo prefería á Tilden, al paso que prefería 
este á Hayes per, l.os principios que representaba. 
Esto nos parece una buena garantía de paz y seguri- 
dad;pero no podemos ocultar á los lectores nuestro re- 
celo, al ver que de los siete nuevos ministros que com- 
ponen el Gabinete de Hayes, cinco son francmasones, 
y de estos cinco tres habían sido miembros de la lar 
mosa sociedad de los Knoit- yothimj.s-, famosa por su 
odio contra los cattjücos, y la guerra . que lea hizo. 
Por lo demás, hasta, la iecha el. Presidente se lia mos- 
trado firme é inmovible en resistir á los Seaadores 
republicanos, quo han hecho todo lo j)osible para ins- 
talar á Corbin y Koeliogg en el Seyado, y hacer re- 
conocer Chamberlain y Packard como GoberuaJores. 
Todo lo emj)learoii para inducir al Presidente á sacri- 
ficar los Gobiernos demócratas de South Carolina, 3^ 
Louisiana: intrigas pueriles, y lenguaje violento, ya 
sea en público en el Senado, ya sea en particular, 
Pero todo en baldo: Hayes no quiso hasta ahora to- 
mar determinacioií ninguna. Pero ¿qué dciermina- 
cion tomará? Ahí est;í el ¿«.víYiV. ¿lleconocer 3'-*ac- 
kard y Chamberlain? luego, adiós conciliación, paci- 
ficación de los Estados del Sur. etc., etc. Se entrará 
en guerra abierta, ¿^¡o reconocerlos? Pero ya Ha- 
yos sabe, y se lo han dicho claro en el Senado, que 
reconocer a Hampton y Nicholls, y declarar que su 
propia elección como Presidente es un fraude, y por 
t mto ilegal, es todo uno. Parece, y así nos lo hace 
creer el iV. Y. Jlcrahi, que la determinación d'í Ha^ei?' 
será la siguiente. Se retirarán de Louisiana y de 
South Carolina las tropas federales; y, como el i)ue- 
blo no reconoce y no paga las tasa« jiino á los Go- 
biernos do Hampton* y íüiholls, los dos Gobernado- 
res republicanos, Chamberlain y Packard, qu^dándo- 
B9 sin el apoyo del ejército, caerán do sí luisiaos. Do 
esta manera, se quedará contento y satisfecho el pueblo 
(le esos Estados, sin que por su parte Hayes tenga 



ii:icosídad de un acto positivo con que desconozca á 
C'hand)cvlain y Packard. ó reconozca á Hampton y 

j^ l^íjchoUtí. Es upa manera como otra de salir de apu- 
■ ró, ó do un mal paso á despocho de la lé)gíca. 

Q^»ail--;Í!iiíííi.-- El í de Marzo ios PP. Jesuítas a- 

¿; (-abaron una misión eu 1* Iglesia de S. Patricia) en 
l'xuova Orleans. El concurso fué iumen.so, y los fru- 
tos abundantes: pues, no menos de 4,000 personas re- 
cibieron la Sta. Ct)muuíon en esa Iglesia, y el Sr. Ar- 
íjol.ispo ha conlirmado 1(;() personas la mayor parte 

'' -adultas, deias qu^; 'A'¿ eran Protestantes convertidos. 
El famoso General James Longstreet era uno de los 

-^-^^juo fueron recibidos en-um^s^fcr-a-Sta. Iglesia. 

.^lásFSisvsííía. — Copiamos del Cal/iolie Bevieic ol 
suelto que sigue, con tanto mayor gusto, en cuanto 
leernos en él palabras de encomio para el Obispo 
iVhipple, las que deben considerarse como una repa- 
ración á 1 is acu^•■aciones con que algunos Indios le til- 
daron. Del mismo suelto se puedo ver jior qué equí- 
voco . los mismos Indios se quejaron del Sr. AVhipple: 
ha(;ian ellos responsable á ese .caballero de las mal-: 
dadt;s de StoAve. El suelto dice así: "'El Padre Igna- 
cio Tomazin, Sacerdote de la misión católica en la l{e- 
aer.va Indiana de AVhite Earth Mínn. ha escrito una 
carta al Xeic York Sun, en la que se queja del Mayor 
L. Stowe Agente Indiano del Obispo Protestante. 
Whipple. Por supuesto el Mayor Stowe es Agenté 
le los Estados Uuidog, pero debe su empleo á las re- 
conisndacioues. del Obispo Whipple, caballero que .se 
lia últimamente clístínguído con honor por haber,.i;e- 
:.'lamado justicia exacta para con los Indios, y por ' 
hal)er protestado, que las injusticias que padecen de 
parte de los blancos son tales, que naturalmente pue- 
den provocar represaliíis. Tenemos la confianza (el 
i>itholic Review) q^iie como la inÜaencia del Obísi_\o 
Whipple sirvió á hacer ganar al Mayor Stowe el em- 
pleo de que ha abus-ado, así .servirá para hacerle pe> 
dér su posición y castigarlo» La carta del Padre To- 
mazin, con fecha del 1" de Marzo, dice así: A los Edi- 
tores dd SiiiL Caballeros. El Mayor L. Stowe, Agen- 
le Indiano de los Estados Unidos en esta Reserva 
(do White Eavth), el que tiene ese empleo por la re- 
comendación del Obispo (Protestante) Whipple, hoy 
mismo ha abierto de.fvierza las puertas de la Iglesia 
católica de aquí, no ob'stánte.las protestas del Sacgr- 
dole, y se ha llevado los vestíiiientos do Iglesia, peijí 
doiies, rclicpiias, relicarios, y las estaciones del l'ia 
Cruci'i. Dio la alarma la campana, y se juntaron tii 
gran niímero los Indios católicas en la Iglesia para 
ser testigos de este sacrilego ultraje. Los jóvenes po- 
dim contenerse apenas: pero el misionero los contuvo 

i ,y les ordenó que sé sometiesen con docilidad. El tiof 

( ne mucho que hacer, y. que vigilarles durante todo esto 

I dempo; tanto mas eii cuanto han enviado mensajerc^. 

i en diferentes rumlios ¡lara llamar y juntar sus hobí- ' 
bres de gilcrra los que aiiora estáii cazando fuera dé 
la IleseVva. Jlole-i¡,-(ire-di(i/, Jl'hile-C'lor.d y otros 

I prineij)ales jefes y gnernuos han tenido sobre e-s^e 

■ punto una junta hasta muy tarde en la ñocha Sé 
empozarán quejas legales encontra del Agente. — /./- 
nació Toiinviin.' 

NOTICIAS EXTRANJERAS. 



, BSoaiiií.— Escriben de Ilóma: '.La salud del Pa^ 
dre Santo e.-s perfecta; las audiencias son numerosas 
todos los días: entre tanto el (¿iiirínal está desierto, 
Las fiestas de Mayo j",J,i\uio si los sucesos lo permi- 
hn van á traer á los pies ile'Pio IX, diputaciones ca- 
íólicas del mundo enteró. Ya se están organizando 
peregrinaciones en l^>rasil, en Canadéi, en Bélgica, en 



-m 



ICspaña, etc., etc. Habrá peregriuos de todas las re- 
giones de Europa, y de todos los puntos del Universo." 

Nada puede decirse de cierto acerca de los nuevoí) 
.(>ardeDales;;las noticias que lien:ios5 leído en íq,s peiió- 
dicQS de . los Estados s¡on contradictorias. Los .pe- 
riódicos de Europa nonos anuncian nada de cierto, 
y nos avisan que las noticias que corren no son, sino 
conjecturas. • : 

■' Í8Bí?laát'BTa. — Otras conversiones. La Un-ifíi Ga-. 
■fdica habla de la conversión de otros cuatro eclesiás- 
ticos Anglicanos á nuestra Sta Religión. Han dado 
prueba de niucha abnegación d8cidi('ndoseá dejar suy 
ricas prebendas para entrar en el seno de la Iglesií' 
Católica.' ' 

Leemos en el Calholic lievicw que al famoso litei'ato 
inglés Jolin Oxenford, que murió últiuiamente en 
Londres, 21,- Eeb., se liabia convertido á nuestra san- 
ta Fé, cosa de seis meses antes de su muerte. El Si'. 
Oxenford se liabia granjeado la estimación universal 
por su sabiduría. Era principalmente conocido como 
poeta dramático, y por muchos años habia escrito en 
^]: Londun Times como crítico dramático. Admás del 
Griego y Latiu poseía perfectamente ios principales 
idiomas modernos, co.mo el Francés, el Castellano, e! 
Italiano y el Alemán. Era versado .e;n ios libros do 
los filósofos alemanes, de los que habia lomado tcdo 
el veneno racionalístico que emponzoñó su vida: y en 
fin no le faltaba una cultura bastante en los estudios 
matemáticos. En sus últimos dias, después de sii 
conversión no se cansaba de expresar á los que lo ro- 
deaban la consolación que sentía en pensar que esta- 
ba él en el línico rebaño de Jesucristo. E. I. P. 

lísc-csí'líi, — Nuestros caballeros que piden aquí 
con tanta in¡;;tancia escuelas no-sedaria^í no harían 
mal de considerar lo que' joasó no hace muc-ko en 
Fort Av.gndus. Es este un lugarcito de Escocia en 
donde no liay mas que un puñado do católicos. Las 
escuelas públicas, no obstante la buena voluntad de 
les comisionados, son (como necesariamente serán 
siempre) religiosas, y de consTguiebte sfect&rias, yk que 
ño se quieren atea?. Se habia nombrado como maes- 
tro un cierto joven caballero, Mackavv, el cual era un 
Presbiteriano fervente (la secta predominante-, en .<e-st< 
lugar), lo que quiero decir, un anfí-papista celante; 
El tiempo que su escuela la dejaba libre lo.em.pleaba 
en escribir cartas 'á varios penódicós coútra las ábo- 
iiiina<-iones del papismo. Los comi-¿ionados de escue- 
las se contentaron al . principio de- tm recoave-nciou 
moderada aí:maestriUo, pero, pomo esto no hizo afs^ád-e; 
ello, y se aplicó al contrario á hacer intervenir sii 
presbiterianisnio en , sus lecciones,, se, le destituyó sin 
mas ceremonias. Esta dimision'estaba' fundada en 
que, como dicen los comisionad es, el' Si'. 'Maekav/ '"en^ 
señaba elciitecismo (pues se enseña 'eí éatécismo en 
fes escuelas i'resbiteíianas de Escocia: bueno es no 
olvidarlo) enseñaba el catecismo con. tanto iyeneno 
sectario, que lo haci-a insoportable y ofensivo á los 
nijños católicos romanos, los que, como suele á menu- 
do acontecer enEscoéianó toíñan' ventaja en el Cons- 
ci'ince Ckirse.'' ¿Qué tal? Pero no. tardarán mucho, 
a;sí los esperamos, en adoptar en Escceia el si.st^ma 
que se adop.tó en Ingla-terra.y Canadá,.en donde se 
paga á cada escuela (católica ó protestante) íin tanto 
de las tasas' de escuelas, con prop.or'cion al número de 
sus escolares. Los sentimientos públicoii en Escocia 
acerca del Catolicismo, no s;m tales cuales- John 
linox los habia formado.- No hace mucho leíamos en 
varios periódicos, que un juez Piotestonte de Eseo-. 
cía habia multado en ¡y lÓ á un pre4>'Jcro escoces, y á 
\m orangisfú Yior haber usado p,arabra3 iñjúTÍo.4as .íiíi- 
Viando del^ Papa. Se consideró esto- conVo una iiVjVi- 
''ria-teclía a'losc&tólicos déf^Est^aeJa.'' : ■ ; .:'.;-.-i ; ^.: : 



fe 

'Sasripafa. — En el Siglo Fulnro del 28 de Febrero 
leemos telégrai'mjs que contienen noticias muy graves 
acerca de las condiciones interiores de Tui'quía. Se- 
gnn estos telegramas, Damat-Pachá hece grandes es- 
fuerzos para deponer á Abdul-Hamid, y elevar al 
trono á Izzedin-Eífeudi. En una reunión de partida- 
rios de este tercer hermano del Sultán, Damat-Pachá 
ha anunciado la presencia de este pretendiente en 
Constantinopla. 

lÍaB,»ila. — Por lo demás, contradictorias por todo 
extremo son las noticias que se nos dan acerca de la 
cuestión de Oriente, y esta continúa tan embrollada 
como antes. Según unos telegramas, las tropas ru- ' 
sas debían haberse puesto en marcha á principios de 
Marzo; y otros añaden que la situación de Pusia es 
muy grave. Si el Gobierno no declara la guerra ten- 
drá que luchar, con la^ Eevolucion. Hay telégrmas 
que ancncian que se trata de una manifestación de- 
cisiva procedente del mismo Czar, la cual debería ha- 
l)er puesto término á todas las indecisiones en la pri- 
mera qvíineena de Marzo. Y en , fin corrieron voces 
que la guerra se habia declai'ado, las que sin embar- 
go eran evidentemente prematuras,! Por otra parte, 
otros telegramas nos hacen saber que á consecuencia 
de la interrupción de las comunicacioires ca\asadas 
por Jas nievegi, iiiuchos regimientos destinados al Sur 
de Rusia, así como grandes convoyes de municiones 
y bagajíís no pueden salir de Polonia. El Tunes de 
Londres publica un telegrama de S. Petersburgo, a- 
nunciando que el Consejo extraordinario presidido 
por el Czar ha acordado suspender la movilización 
del ejército en el momento de firmársela pac con Ser- 
via y Ptíoutenegro: noticia que no ha sido confirmada. 
Finalmente un despacho de San Petersbnrgo del 27 
de Febrero nos dice que "el porvenir pende de la con- 
testación que darán las grandes potencias á la circu- 
lar del Gabinete ruso." No añadiremos lo que ?e 
dice acerca do las alianzas de las potencias europeas 
en la próxima guerra; pues pargqe no tener funda- 
meato ninguno.' 

SesniíS, — Ni menos confusas son las noticias a- • 
cerca de la paz entre Turquía y Servia; dándola unos 
como ya concluida, al paso que otros nos hacen ver 
obstáciilos insuperables á ella. 

Por cuanto podemos conjccturar, nos parece que 
Eusia quiere la guerra; y, guerra habrá, así que la es- 
tación lo permita. .Pero el Gobierno ruso está dando 
muestras de que |io se apresura, y procede con la ma- . 
yor caima; acaso para tomar con mas acierto sus me- 
didas; acaso para alardear moderación antes bien re- 
pugnancia á declarar la guerra: política muy común á 
las poteacias ,Qurope;is, cuando. crepn tener la fuerza 
por sí. 

Aíia^érlcsa. úéí Ssür,— 7," Algunas pequeñas repú- 
blicas americanas. parece que quieren imitar el ejem- 
plo de García Moreno, cirya obra ¡ay! acaba de arrui- 
narse. . . .Los periódicos de Eoma publican las cartas 
cambiadas últimamente entre el Soberano Pontífice 
y los Presidentes de las Eepiíblicas del Paraguay, de 
Chile y Costa Rica, de cuyos documentos resulta cjue 
dichas , repúblicas entran, en relaciones oficiales con 
la Santa Sede con objeto'^de restablecer la concordia 
entre el Sacerdocio j el Impjcrio. Herrera, Presidente 
de Costa Rica, se expresa en términos singularmente 
respetuosos, y prometo emplear todaft susfuerza-'^, s((jun , 
loi dr\c<)i de Sn Santidad." — (Siglo- Futuro.) . 

CUasaj-ííM.— El Arzobispo Lynch ha convocado úl- 
timamente todos los Obispos sufragáneos de la pro- 
vincia d^' Toronto, para nombrar un Obispo coadjutor, 
y para decidir acerca de la erección de una nueva 
diócesis en el distí'it¿>d« Niágara. - ■■ '■ :■ 



lis- 



SECCIÓN RELIGIOSA. 



CALENDARIO RELIGIOSO. 
ABRIL 1-7. 



1. 
2. 

3. 

4. 
6. 

6. 

7. 



Domingo (íi? Be.^urrecr'ton. — Snn Macario Obispo ")' Confesor. 
Las StrtR. Teodora y Urbicn, Mártires. 

Lunes — S.iii Francisco de Paula, Confesor, fundador de la Or- 
den de los Mínimos. Santa Teodosin, Virgen y Mártir. 
M'irl-s — Los Santos Evaprio, Benigno y Vnlj)iano, M/utires. 
Miércolts — San Isidoro Obispo, Confesor y Doctor de la Iglesia. 
Jueves — S. Vicente Ferrar, (Confesor de la Orden de Santo Do- 
mingo. Santa Irene Virgen y Mártir. 

Viernes— Han Sixto I Papa y Mártir. San Celestino I Papa y 
Confesor. 
Sábado — San Epifanio Obispo y Mártir. 

SAN FRAÍÍCISCO DE PAULA, FUNDADOR. 



Nació en la población de este nombre eu Calabria, 
reino de Sicilia, y diéroule sus padres el nombre de 
Francisco en obsequio al Sto. Fundador de Asís, á cu- 
va intercesión atribuyeron haberlo alcanzado de Dios 
eu edad ya muy adelantada. Retiróse ya de joven á la 
soledad, y volvió mas tarde ¡í su pueblo natal, en cuyas 
inmediaciones edificó una Iglesia que fué la primera 
de la Orden religiosa que fundó. Llamábase á sí pro- 
pio por humildad el Míinino, esto es, el menor de to- 
dos, y quiso que en e.ste mismo sentido se llamasen 
Mínimos los religiosos de su instituto. Fué admira- 
ble en él sobre todo la virtud de la abstinencia. Go- 
mia una sola vez al dia, puesto ya el sol, y nunca 
manjares de carne, regla esta última que observan aun 
con voto los religiosos y religiosas que llevan su nom- 
bre. Obró aun en vida multitud de milagros, siendo 
el mas famoso el haber atravesado con un compañe- 
ro suyo el estrecho de Mesiua sin navio ninguno. De- 
bía el Santo ir de Calabria á Sicilia, divididas por un 
trecho de mar, que es el estrecho mentado, y no pu- 
diendo por su pobreza pagar el pasaje en un barco 
qiie iba á zarpar, pidió á los marineros que le lleva- 
sen por amor de Dios. Pero rehusáronse los codicio- 
sos navegantes, y aun le maltrataron de palabras lla- 
mándole mentiroso y avariento. No se perturbó el 
humilde y fiel siervo de Jesucristo; sino que confian- 
do en El, se quitó el manteo ó capa, la extendió so- 
bre las aguas, y luego subiéndose en ella con su com- 
pañero, pasó el estrecho como en un barco. El Señor 
de la tierra y de los mares, que caminó sobre las olas, 
y prometió á sus discípulos el poder de obr¿ir mila- 
gros mayores que los suyos, quiso premiar la fé, la 
sencillez, y la pobreza de nuestro glorioso Francisco. 
Falleció este Santo á los 1^1 años, eu 1507, siendo ca- 
nonizado poco después por el Papa León X. Su fies- 
ta es el dia 2 de Abril. Venéranle con gran devoción 
la ciudad de Paula, y la Calabria entera; y han expe- 
rimentado muchas veces su poderosa intercesión para 
con Dios; sobre todo en los temblores de tierra, tan 
frecuentes y funestos eu aquella parte de Italia. 



IIEVISTA CONTEMPOIUNEA. 

¡Es Pascua hoy, os la victoria de Dios, es la 
priiTici'a batalla librada contra la lulesia y ima- 
nada por ella! No es rota la cadena do los mis- 
terios, no. Cada dia nace Cristo en su Iglesia; 
cada (lia llena el orbe de sus prodi<rios; cada dia 
os preso, azotado, escarnecitlo, clavado en la 
cruz y sej)ultado; mas cada dia triunlii. ¡Prenda 
Inuiortal de nuestras esperanzas, glorioso sepul- 



cro del Salvador, en tí se inauguraron hoy nues- 
tros trofeos! Mil ocho cientos y setenta y siete 
años hace hoy que la lucha es para nosotros 
victoria, fortaleza el desmayo, la muerte vida. 
Lo que vid en aquel dia Jerusalen deicida, con- 
tém[)lalo hoy el mundo entero. Gallearla enton- 
ces el aleve Fariseo; alborotarla las plazas de la 
ciudad, congratulándose por el resultado de su 
obra inicua, y creyendo terminado para siempre 
aquel período de perturbaciones é inquietudes 
que causara la predicación de '^acjuel impostor;"' 
gozarla de que quedaba hundida la ley de Jesús, 
y relegada á la ignominia y al mas profundo ol- 
vido. Y sin embargo. .. .en aquellos mismos 
momentos resucitaba el Salvador, y la Sinagoga 
. .se desvanecía. — Hoy dia parece que gime otra 
vez de quebranto el corazón del pueblo de 
Cristo, y regodéanse sus enemigos. Una voz 
satánica, eco de las hordas iníicles, pronuncia 
en pleno parlamento Italiano: "Nosotros hemos 
abatido el terrible Papado." ¡Desdichados! 
¿Dunde pronunciáis esa palabra? Allá, á vista 
misma de ese terrible Papado; á la sombra de ese 
Vaticano de donde sale aterradora vuestra sen- 
tencia de muerte; á oídos de ese Pontífice que, 
si bien prisionero y víctima vuestra, os infunde 
en el alma pavor insuperable; de ese Soberano 
que ve acudir presurosa y postrarse á sus plan- 
tas tanta parle del mundo. Austria, Bélgic?, 
Holanda, España, Francia, Polonia, Canadá, 
Brasil, os probarán, con los miles y miles de Ca- 
tólicos, que enviarán á venerar á ese pobre y 
vejado anciano, os probarán dentro de poco 
cuan abatido esté el terrible Papado. ¡Desdicha- 
dos! ¿No veis que sois vosotros los guardas des- 
tinados á la custodia de ese otro sepulcro, donde 
duerme otra vez el Señor, á fin de que deis, á 
pesar y despecho vuestro, testimonio irrecusable 
de su nuevo levantamiento? ^las entonces ¡ay 
de vosotros! Escrita está la palabra indeleble. 
Pereceréis al par de los tantos que, por diez y 
nueve siglos, se han ido lanzando uno tras otro el 
iuíierno á la negra tarea de guerrear contra la 
Iglesia inmaculada, para (jue resuene cada dia 
en ella el inmortal aleluya de la victoria alcan- 
zada hoy por el Cordero inmolado desde el jirin- 
cipio del mundo. 

^ tm* w 

¿A qué se parece la Iglesia de Jesucristo? El 
Evangelio nos la representa como nn rebaño, ?/;i 
campo, wm viña, un convite, una nave, xnia ciu- 
dad, un reino; y no diferentes rebaños d campos, 
6 viñas, 6 convites, 6 naves, ó ciudades, 6 rei- 
nos. S. Pablo habla do ella como de la Fspo.<?a 
de Cristo, del Cuerpo de Cristo; es pues la Igle- 
sia tan una, como la Esposa y el Cuerpo de 
Cristo. Pero á cabo de diez y nueve siglos ¿no 
ha progresado el Evangelio? ¿no se ha perfeceio- 
iiado la palabra de Dios?" Pues, vaya ¡si ha ha- 
bido progreso y perfoccioiinmicnto! El Ministro 



-14Í) 



Prg.testante Mr. Hepworth nos conteyta quo 
ahora la Iglesia no se parece ya ni á un rebaiio, 
ni á un campo, ni á una viúa, ni á nada de todo 
eso; sino á una Fábrica de relojes en Suiza. En 
Suiza, dice, las piezas de un reloj no se constru- 
yen todas en una misma casa, sino en diferentes, 
junta'ndolas después el relojero y formando lie 
ellas una sola maquinita. Pues así, dice, las pie- 
zas del gran reloj que es la Iglesia no se labran 
en una sola de aquellas sectas llamadas cristianas, 
sino en todas. El Señor las junta después y 
y forma el reloj. — No está mal pensado; solo que 
se nos ocurre que habiéndose multiplicado, y 
maltipliccíndose indefinidamente las sectas, ósea 
las casas donde se labran esas piezas, también 
se habrán multiplicado 3" se multiplicarán sin ün 
las,piezas mismas. Y de eso resultan dos incon- 
venientes; primero, que nunca se acabará ese 
reloj; 3^ segundo, que machas piezas, una infini- 
dad de ellas, le debian faltar cuando lo hizo Je- 
sucristo, y muy mal reloj debió de ser. Así es 
¿en? Los Ministros van corrigiendo y perfeccio- 
nando la obra de Dios ¡Qué talento! Pero vaya 
otro símil: La Iglesia, dice Mr. Hepworth, se 
parece á una Redoma de mercurio. Ese líquido 
metal cuando está en la redoma forma una sola 
masa. Pero si se desparrama forma un millón 
deglobulilüs, sin que ninguno deje de ser mer- 
curio. Así cuando unas cabezas exaltadas se ¿e- 
pararon de la Iglesia y formaron las mil y qiii- 
ni'^.n.tas sectas quo nos infest¿in hoy dia, ninguna 
de ellas dejó de ser la Iglesia. — Por supuesto; 
so'o queda probar que se quedaron rnercurio y 
no se amalgamaron con otros cuerpos. ¡Lástiíaa 
que no reparara en estos símiles S. PaVdo cunn- 
do dijo: "Aun cuando nosotros mismos ó un 
■ángel del cielo os predique un Evangelio dife- 
rente del (]ne nosotros os hemos anunciado, sea 
anatema!'' Gal. 1. 8. 



La católica España nos envia á través del Atlán- 
tico un desafío al que será difícil contestar satis- 
factoriamente. Nosotros juntamente con las nacio- 
nes europeas que mas se jactan de civilizadas, la 
hemos tachado muchas veces de inculta, de a- 
trasada, de semi-bárbara. Pues bien ella reco- 
ge el guante y nos dice; — Mirad á vosotros mis- 
mos; si hay un país donde no ha penetrado to- 
davía la luz de la civilización, es ciertamente uno 
• de los Territorios de los Estados Unidos, el de 
Nevada, y principalmente cerca de Yankeebla- 
de, habitada por Indios de la tribu de los Pin- 
tos. Allí se desconoce todo sentimiento de hu- 
manidad y es tradicional el infanticidio, y hé a- 
quí la prueba: Muere por ejemplo una madre y 
deja un niño que se halla en la lactancia; pues 
bien el primer cuidado del marido viudo es se- 
pultar la madre y deponer vivo, s«obre su seno 
el niño, El cadáver y el niño estnu cubiertos 



de ramos y hojas de césped; y terminada la fú- 
nebre ceremonia es abandonada la fosa abierta. 
Sucede que el niño ó se muere de hambre ó es 
devorado por pájaros carniceros.— ¿Qué se ha- 
brá de contestar á eso? ¿qué son calumnias? Es- 
paña nos contesta por medio de sus diarios que 
todo está tomado del periódico americano La 
Exposición universal ilustrada de Filadelfia, escri- 
to por racionalistas y libres-pensadores. Allí 
se refieren estos hechos como presenciados y vis- 
tos por un viajero europeo, el cual añade: "Ha- 
biéndonos tocado asistir á tan bárbara ceremo- 
nia, procuré persuadir al jefe de la tribu de es- 
tos Indios que salvase de la muerte á un tierno 
infante. Aquel me contestó: "Niño, huérfano 
de madre, no es bueno para nada, no tiene le- 
che, grita siempre; muerte por muerte, mejor 
muere con la madre y sobre el cuerpo de la ma- 
dre." En presencia de estos hechos ¿qué hace 
América? Quitar á los católicos sus misiones de 
Indios, dándolas á los evangélicos, y estos, en lu- 
gar de ir á convertir al Indio salvaje, pretenden 
ir á predicar á los Españoles, á los Franceses, á 
los Eomanos (once Iglesias tienen ya en Roma), 
viviendo allí vida regalada y declamando contra 
el oscurantismo de los países católicos. 



Como se echa de ver por las noticias que di- 
mos do Europa la semana pasada, por las de 
I-<]rancia, Alemania, Rusia, Turquía é Inglaterra, 
parece que una guerra general europea es inmi- 
nente. Este desenlace de la tragi-comedia libe- 
ral que se está representando en Europa desde 
1830 acá, no asombrará , á nadie que tenga 
consideradas y presentes las condiciones socia- 
les y religiosas de las naciones europeas. El 
arte diplomático de los mas hábiles hombres de 
Estado, no ha hecho mas en estíos últimos tiem- 
pos, que aplazar por cuanto era posible el mo- 
mento fatal de esta guerra, en que tal vez se 
derribarán tronos, se destruirán naciones, y se 
derramarán torrentes de sangre. Pero toda la 
diplopiacia de Jos. modernos políticos, los que 
han siempre separado dq su política la religión, 
y aun la moralidad, no pudo cortar las verdade- 
ras raices de tanto, mal. Las guerras y las re- 
voluciones desde 1830 no fueron sino señales 
precursoras del gran cataclismo que estamos á 
la vigilia de presenciar, á menos que ministros 
de la misma calaña de Thicrs, Guizot, Palmers- 
ton. Audrass}^ etc., etc, no logren retardarlo 
por algunos años mas. En cuanto á la Iglesia, 
si fuese ella una obra humana, hubiera perecido 
no una, sino mil veces, en el discurso de este 
mismo siglo; tantas? fueron las persecuciones que 
hubo de padecoT. Pero nuestra Santa Madre 
tiene la promesa de Jesucristo que las puertas, 
del infierno no prevalecerán contra ella; y en 
inedÍQ de ]m niinas qnc los libera|e§ fraficmasQ- , 



1 no- 



nes, y coíiiunistas se preparan á añiontonar, que- 
dará solo Ella, y reconstruirá Europa otra vez 
como lo ha hecho ya en el medio evo. 



En esta! parte del mundo oímos mucho de la 
asombrosa fecundidad de la gran Reforma, que 
cada día engendra una hijuela; pero muy poco 
conocemos de la otra madre de errores, cuyo 
marido ^s el poderoso Emperador de todas las 
Itusias. Del Siglo Futuro sacamos que hay allá 
también, en las llanuras del nevoso Cáucaso, 
materia de edificación para todos. Las sectas 
rusas se dividen en tres clases; la {¡rimera con 
pi-csbiteros {Popoffrhina); la segunda sin presbí- 
teros {Beapopoftchinn), y la tercera herética (Fe- 
ress-)'. Cada una se subdivide en muchas otras 
especies, tribus y familias, á cuál mas original. 
A la tercera clase, por ej., pertenecen los Phifzi 
que consideran el suicidio por el fuego y el ham- 
bre como un acto heroico. Existen además o- 
tras sectas, prohibidas por el gobierno, á las cua- 
les pertenecen un millón de personas. Son es- 
üis la f?ecta de los Matadores de Niños, que quie- 
ren llenar el cielo de inocentes; la de los Fstran- 
}/uInaores, en hi que se exige una muerte violen- 
ta para entrar en el cielo. Son estos hombres 
viejos en su mayor parte. Hay los Flagelantes 
y los Skojizi, los que se mutilan. Hay los Molo- 
kanes, que juzgan ser pecado el llevar armas, y 
creen en la formación del reino de Ararat des- 
tinado á luchar con Rusia; etc., etc., etc. No 
hay que darle vueltas. En saliendo del Arca 
(le salvación, la Iglesia, hay que perecer en las 
aguas del diluvio; en dejando el hilo conductor, 
hay que perderse en el tenebroso laberinto del 
error. Protestantes y cismáticos corren parejas. 
La diferencia consiste en que los priuieros, na- 
cidos y criados en países tan cultos, tan afiligra- 
nados, tan sublimes, van á dar en el paganismo 
de la vieja Roma y Atenas; los segundos, mas 
toscos y groseros, llevan camino hacia el paga- 
nismo de los Druidas. 6 de Bratna. Los unos 
acaban en el Racionalismo; los otros en la Bar- 
barie; los unos y los otros en el Animalisnu). 

La Religión y la Política. 



Utio de los errores modernos, adoptado por 
muchísimas personas, es el desfiguramiento y 
hasta la nógacion completa de las relaciones que 
cxi.>^ten entre la Religión y la l'olílica. Miran 
algunos á la Religión no como el [(rincipio regu- 
lador de las acciones humanas, sino como un sis- 
tema que con su ínHujo moral y espíritu de cuer- 
po puede ser de mucha utilidad á la política. 0- 
tros consideran á la Religión y á la l*olít¡ca co- 
mo dOs principios del todo independientes, uno 
de los cuales nada tiene que ver con el otro. De 
ese falso primipio deducen la falsa consecuencia. 



que un hombre, en el campo político, no está so- 
metido á lo5 dictámenes de la Religión. De don- 
de se sigue otra consecu-encia falsísima, es decir, 
que se pueden hacer actos y leyes imlíticas sin 
respeto ninguno á las leyes de Dios y de la Igle- 
sia. Otros andan todavía mas lejos y pretenden 
que la Política es superior á la Religión, y que 
por lo tanto la Religión depende de la Política, 
y por ella debe ser regulada, y (pie sus actos se 
cumplan 6 se omitan á voluntad de los (pie tie- 
nen en mano las riendas de las cosas i)o]ílicas. 

Tal es la absurdidad de estos principios que, 
si el hecho no se tocase con el dciio, no seria 
creíble que pueblos civilizados esión embebidos 
de ellos. Y sin embargo así va el negocio. De 
donde se podrá conocer lo que es por fin esa tan 
decantada civilización y progreso de la sociedad 
moderna. Los falsos principios (pie acabamos 
de exponer suponen el abandono de toda Reli- 
gión, y de Dios mismo, y la elevación del Esta- 
do á la divinidad. 

Sabemos muy bien que el raciocinar con hom- 
bres que han ido tan lejos seria licmpo y trabajo 
gastado en vano. Pero hay muchos, ipie de bue- 
na fé, 6 engañados por falsos raciocinios jmedon 
haber adoptado, cuando menos en paríe, los er- 
rores susodichos, sin que hayan desconocido á 
Dios y el poder que tiene la Religión de ligar la 
concienciij humana. Con estos (pieremos entre- 
tenernos algún tanto sobre este asunto, y procu- 
rar de mostrarles la absurdidad de los principios 
mentados arriba. 

Para este fin es preciso entender bien lo que 
es Religión, y lo que es Política, y lo pertene- 
ciente á ambas. Empecemos por la prime- 
ra. La Religión es una virtud (¡ue rinde á Dios 
el honor que le es debido. Es la suma de 
los deberes que el hombre tiene para con Dios. 
Quien no quiere negar la existencia de Dios, no 
puede negar ()uc el hombre tenga deberes con 
Dios, y deberes rigurosísimos. ¿Qn¡(:''n ¡tuede ne- 
gar que Dios, primer principio de todas las co- 
sas, Ser sumamente santo y peí fccto fuente de 
toda verdad v de toda felicidad; poderosísimo r 
sapientísimo gobernador de todo lo criado; belleza 
eterna c increada; Bondad y miserieordia infini- 
ta; Hacedor v Conservador del hombre, merece 
de parte d(d hombre culto, servicio, y amor? No 
puede el hombre sustraerse de estos deberes sin 
hacerse rebelde contra Dios. Dijbcle culto, es 
decir, adoración, reverencia y honor: y esto co- 
mo á Primer piincipio de todas las cosas. Dé- 
bele sumisión y servicio, es deeir. debe guardar 
sus leyes, y sou)eterse á su voluntr.d, j'orque, 
como Primer principio de todas las cí^'^as. El es 
el Dneño í>oberano y absoluto del hombre. El 
hombre es hecliuia de las manos de Dios; esti 
poi- lo tanto obligado á Dios con \ íneulos mucho 
mas estrechos de los que entre !o>< hond)rcs unen 
un criado á su dneño. Débele amor, v un amor 



151 



grande sobre cualquier otro. Debe amarle con 
iodo su corazón, con toila su mente, con todas 
sus fuerzas; y esto porque Dios, Bondad infinita, 
merece todo amor, y también porque siendo 
criatura de Dios, está mu}' puesto en razón que 
ame á su Hacedor. Estos deberes del hombre 
para con Dios son superiores á cualquier otro 
deber, porque á todo ser es superior Dios. 

De est'^s principios resultan estas consecuen- 
cias: 1?, que toda autoridad humana está sujeta 
á la de Dios: 2?, que cualquier. ley humana con- 
traria á las leyes de Dios no puede ser norma 
recta de nuestras acciones, no tiene fuerza 
ninguna, y nosotros nl,podemos ni debemos uni- 
formarnos con ella: 3", que las acciones de un 
hombre, como de un ente racional, deben tender 
todas, sin excepción ninguna al cumplimiento de 
sus deberes, ora se hagan en público, ora en pri- 
vado; sea en el campo político, sea en otros. 

De lo que tenemos dicho hast^ aquí se puede 
ver cuan errados andan aquellos que quieren 6 di- 
vorciar la Política de la Religión, 6 hacer servir 
como de humilde sirvienta la Religión á la Po- 
lítica. La Religión, como observa rectamente 
Santo Tomás, está en la voluntad; y por eso or- 
dena los actos de las demás potencias al honor 
de Dios. Así la Religión llega á ser el princi- 
pio regulador de las acciones humanas. Los que 
quisieran divorciarla política de la Religión dan 
á entender que no hacen consistir la Religión en 
la voluntad, sino que la consideran como una 
cualidad inherente á ciertos actos; y, diréraoslo 
así, como un valor que da á aquellos actos un 
aspacto religioso. Pero, señores, muy diferente 
es el negocio. La Religión está en la voluntad; 
y una voluntad sometida al influjo de la Religión 
no puede menos de regular sus actos á tenor de 
los dictámenes de la Religión. Ahora bien, ¿co'- 
mo puede un hombre pretender de estar exento 
de los dictámenes de la Religión en el campo po- 
lítico, ó sea divorciar la Política de la Religión, 
si él trae dentro de sí mismo y en su propia vo- 
luntad el principio religioso que debe regular to- 
dos sus actos? Eíto es del todo imposible, á me- 
nos que él no se rebele contra sus deberes para 
con Dios, y rechace de su voluntad toda Religión. 

Cuanto á los que pretenden que la Religión 
debe estar sometida á la Política, esos nos recuer- 
dan lo que tanto asombr(5 al Eclcsiastés cuando 
dijo:- "Vi á esclavos montados á, caballo, y á 
príncipes irá piécomosi fuesen esclavos." (Eccl. 
X, 7.) Esos tales quisieran montar la Política, 
es decir, á sí mismos, á caballo, y obligar la Re- 
ligión á que se fuera cu pos de ellos á pié. Elstb 
es desorden grandísimo. La Política debe dar 
el puesto de honor á la Religión y no usurpárse- 
lo para sí, porque ella es inmensamente inferior 
á la Religión. La razón es clara. La Política 
no es mas que un medio material para mantener 
el u'rden en la Sociedad, miontras la Religión 



mira á los intereses espirituales y eternos del 
hombre. Además toda la autoridad que tienen 
los hombres de hacer leyes 3^ mandar les viene 
de Dios, según la palabra infalible '"No hay po- 
testad sino de Dios" (Rom. XIII, I.). Véase de 
aquí quién es la dueña y quién la sierva. lis la 
Política (jue, como inferior ya en sí misma ya en 
su objeto, debe estar sujeta á la Religión y no 
pretender de mandarle. Ocúpese ella en con- 
tratos, en comercio, en agricultura, en milicia, 
en artes, y cosas parecidas; haga leyes, en asun- 
tos civiles, por el buen procedimiento de la So- 
ciedad, mas no j^ase adelante. Desde el momen- 
to que ella sale de su esfera; se hace rebelde y 
usurpadora. Ella no puede, sin grandísima in- 
justicia, hacer cosa ninguna que no sea consen- 
tánea con las leyes del primero y eterno Legis- 
lador. Antes bien deberla mirar siempre á que 
todos sus actos tendieran en su propia esfera, á 
favorecerla observancia de aquellas leyes, sin 
lá\'ual no [)uede haber buen gobierno, ni recta 
administración de la justicia, ni orden en la So- 
ciedad. Y esta es la gloria verdadera de la Po- 
lítica; ayudar la Religión, á ñn de que los hom- 
bres rindan á Dios el culto y servicio que le de- 
ben. 

Dios (juiere que el hombre viva en Sociedad; 
y El quiere el orden y el bien de la Sociedad 
misma. Quiere, empero, que la Sociedad sea 
bien gobernada, y que se hagan con este fin le- 
yes idóneas, y que estas tengan una sanción en 
el castigo de quien las quebranta. Ahora bien, 
las leyes civiles, y el poder de infligir castigos á 
quien las viola, traen cabalmente toda su fuerza de 
esa voluntad de Dios. De lo contrario ¿qué razón 
haljria de hacer un hombre leyes para los demás, 
y de castigarlos si no las guardan? lia Política 
no es, pues, sino un medio material, cuyo poder 
no proviene sino de Dios, pai-a el bien de la So- 
ciedad. Mas Dios se reservó para sí el dominar 
á ¡a Sociedad por un medio y un poder mas alto, 
cual es el de la Religión. El confió á los hom- 
bres la parte material, pero se reservó para sí 
la parte espiritual. Ahora como el espíritu es in- 
mensamente mas noble que la materia, así la Re- 
ligión es inmensamente mas noble que la Políti- 
ca. De aquí se sigue que la Religión lejos de 
ser la sirvienta de la Política, es antes bien su 
directora 3^ maestra, en cuanto le enseña las ver- 
dades divinas á tenor de las cuales debe ella re- 
gular luego stis actos 3^ sus leyes. La Política 
depende de Dios, 3" consiguientemente de la Re- 
ligión; 3' quererla hacer independiente es lo mis- 
mo que querer hacer al hombre independiente 
de Dios. El hombre, ya sea en el campo polí- 
tico, 3'a en sus negocios domésticos, está siempre 
sujeto á Dios, á quien debe dar cuenta estricta 
ele todas sus acciones. En todo lugar 3' en todo 
empleo su conciencia está ligada por las le3'es 
de Dios, y por sus deberes para con El. En nin- 



152- 



gun caso, pues, podrá pretender exención de lo^ 
dictámenes de la Religión. Por consiguiente' 
iOS que quieren hacer la Política independiente 
de la Religión, 6 sujetar la Religión ú la Políti- 
ca, no hacen mas que levantar Ja bandera do la 
rebelión contra Dios y su Cristo, y hacerse con 
eso los secuaces y aun los compañeros de aque- 
llos ángeles rebeldes, los cuales "no conservaron 
su dignidad, sino (pie desampararon su morada, 
reservados para el juicio del gran dia, en el abis- 
mo tenebrosso con cadenas eternalcs." (Ep. Cath. 

Judae 6). 

♦-♦-♦^ 

Nuevo Méjico y los Prcsbiteri.inos. 



¿Os acordáis, lectores del año pasado, de un 
artículo publicado en Harpers Magazine acerca 
de Nuevo Méjico? La Revista habló de él tres 
veces bajo el encabezamiento: Nuevo Méjico y un 
Viajero: y hubiera podido hablar veinte y siete 
veces mas sin agotar con eso el caudal de los dis- 
lates y embustes acumulados por el autor de a- 
quel artículo contra nuestro Territorio. Pues 
bien, ariuclla prende de erudición etnográñco- 
histórico-moral halagó tanto á un periódico Pres- 
biteriano, y tanto le hizo cosquillas (jue el po- 
brecitono supo resistirse á la tentación del diablo 
codicioso. Agarró la prenda, y salió á pasear- 
se ataviado con ella, como una muchacha vanido- 
sica con los miriñaques y baratijas de su mamá. 
Pero se vio muy mal parado, á su llegada en 
tre nosotros; pues topó aquí con un caballero 
de mu}' pocos melindres, al parecer; y este le 
dio tales zurriagazos que no sabríamos cómo le 
dejarla la badana, á no saber cuan dura y bien 
curtida es esa. 

Es el caso, que el Rocky Monntain Presbyierian, 
admirador \ copiador del Ilarpers Magazine, re- 
cibió de parte de un residente de este Territo- 
i'io una contestación en inglés, mandada publicar 
en el Alhuquerque Revieiv; la cual es digna de ser 
traducida al español é insertada en la Revista, 
parcciéndonos que será de mucho agrado y pro- 
vecho para nuestros lectores. Es, pues, como si- 
gue: 

''Nuevo Méjico y el Rocky Moimiain Preshyte- 
rian — Mentirillas piadosas y Pull(/s religiosas — 
Madama Griffith y su obra — pensamientos históri- 
cos, etc., etc.''' 

''Señor Redactor del Albuquerque Review:^^ 

"Muy Señor mió: — ¿Podria Vd. darme un lu- 
garcito en su independiente periódico para unas 
pocas rellexioues sobre los asuntos de aquí arii- 
ba? Yo me industriaré de ser breve, auncjue, 
como Vd. verá, no ha de ser por falta de mate- 
ria, l'ues, vamos al grano. Muy chistoso j)a- 
pel es aípiel Rocky Monntain Preshyterian. Si 
no es chistoso, es un gran embustero, pues dice 
mentiras mas gordas (pie su |)rensa de A'd. Pero, 
preciso es coufesai'lo, son iiienlirus inocentes. 



pues son mentiras presbiteriana?. En el núme- 
ro para el mes que coi;)*e, trae un artí'ulo copia- 
do del "Magazine of the New York IJarpeps^ Vd. 
conoce, Sr. Redactor, la descripción que hace 
Virgilio de las Harpías — criaturas horrorosas á 
la sola vista, tan aborrecibles y^asqucrosas que 
lo que ellas tocaban , no servia despn?s de nada 
mas. Pues, ¡vaya ahora una ocurrencia! Un 
artículo de un almacén ("magazine') donde tie- 
nen sus comilonas y jaranas las Harpías de Nue- 
va York, es trasladada en peso á las columnas del 
piadoso Rocky Mountaia Peeshyterian. Ese artí- 
culo es demasiadoíiucio y hediondo para ser ma- 
noseado. Me serviré, pues, de una pértiga con 
un gaucho al remate para ir entresacando, como 
muestra, unos cuanto? párrafos menos hastiosos. 
¡A lo largo, caballeros! pues tiro la porra. Allí, 
va, ahí va algo: "Los Neo-mejicanos son un pue- 
blo andrajoso é ignorante.'" Son "flojamente in- 
dolentes," "ciegos esclavos de la mas cruda su- 
perstición," "oprimidos con tasas superiores á 
sus facultades para mantener á una Iglesia tira- 
na." Se pone en duda su fidelidad y patriotis- 
mo, porque se nos dice: "Nadie niega que, en el 
caso de otra guerra ,con Méjico, á muchos de 
ellos (á los Neo-Mejicanos) veríamos inclinarse ha- 
cia sus antiguos compatricios, si no tomar las ar- 
mas con ellos." Los Neo-Mejicanos, dice el sórdi- 
do papel de las Harpías, "hablan una lengua que 
es tan allegada al habla-madre como el patois del 
habitante canadés al francés de París," etq. Así 
describen á Nuevo Méjico y á su pueblo en Nue- 
va York. Y de esa (descripción se ha apropia- 
do el órgano veraz de los Presbiterianos, y síl- 
bala á los cuatro vientos. e5?perando indudable- 
mente despertar en los Neo-Mejicanos el senti- 
miento de su miserable condición, é inducirlos á 
que acudan desde luego al Sr. Smith de Santa 
Eé, ó al Sr. Annin de Las 'S'egas, ó al Sr. Ro- 
bcrls de Taos, ó algún oivo prcsbitero del, Terri- 
torio para ser librados por ellos de su probeza, 
su|)oráticion, ignorancia y esclavitud." 

"Extraño podrá parecer que esos dignos Pres- 
biterianos, al paso (pie están esforzándose de 
establecer misiones en cada rincón de Nuevo 
Méjico, se nos vengan á suscitar, por medio de 
sus órganos, un huraínuí de paparruchas y pullas 
contra el pueblo del Territorio. No me parece 
ese el mejor medio de granjearse el afecto del 
pueblo, Pero si no sirve para granjearse el a- 
iecto de los Neo-Mejicanos, servirá para hacer 
creer á las Sociedades Misionarlas de Señoras, 
allá en el Este, (pie estos sincerísimos misioneros 
se desviven en celo, y ))ara inducirlas á (pie si- 
gan enviándoles dinero," 

"Señor Redactor, no espere Vd. que me meta 
á confutar seriamente las acusaciones divulgadas 
por el Preshyterinn de las Montañas Peñascosas. 
Si yo tuviese la cara de peñasco, oarno la tiene 
él; si supiese decir mcnt'í'as. como sabe él (ó si 



153^ 



no ¿cdmo viviría el poljretilo?); yo le volvería la 
bola de esa manera. Los Presbiterianos, todos, 
excepto uno, son la casta de hombres la mas 
corrompida en toda la faz <]e la tierra. Son los 
mas audaces sednctoics y ladrones de niños. No 
viven sino de niños robados. La mayor parte 
de sus ndnistros cstaii podiidos hasta el tuéta- 
no; y muchos tienen dos, tres y hasta cuatro ca- 
seras. * Traman constantemente contra el go- 
bierno para levantar una guerra civil; y lo ha- 
brían conseguido a' no ser que, aíortunadamenle, 
son muy pocos." 

"Sí, Señor; si yo fuera un embustero de cara 
de peñasco, así le contestaría al (árgano Presbi- 
teriano de las Montañas Peñascosas. Pero, co- 
mo no lo soy, me contentaré con decir simple- 
mente que en Nuevo Méjico hay pobres y ricos, 
indolentes y enérgicos, Ibuenos y malos como en 
cualquier otra parte. La adhesión de los Neo- 
Mejicanos á la Union no ha sido nunca puesta 
en duda, excepto esta vez por ese mentiroso 
papel de las Harpías. Cuanto al lenguaje, 3-0 
pretendo ser juez tan bueno de la lengua caste- 
llana, como todas las Harpías juntas, y mi fallo 
es que, aparte de pocas expresiones locales y do 
una lijera diferencia de pronunciación en pocas 
palabras, el habla de los Neo-Mejicanos es correc- 
ta y ciertamente mas allegada á la lengua madre 
que no el inglés de los Estados del Este al inglés 
de los Estados Meridionales, ó el inglés de Amé- 
rica al de Inglaterra. Pero^ dejémonos de ni- 
ñerías, y vamos á asuntos mas importantes." 

"Santa Fé tiene la dicha de poseer una seño- 
ra misionera de raras prendas, regun el Rodij 
Mountain Presbyterian , bien que esas prendas no 
sean conocidas en el campo mismo de sus opera- 
ciones. "Madama de GrifiOith, Lectora de Jji- 
blía" se nos dice "está adquiriendo el lenguaje 
con mucha presteza (eso sí que será un verda- 
dero ejemplo de pafois), y tieue ya bajo su ins- 
trucción una crecida clase de paganas." Ella 
misma dice en una carta á la Sociedad Misiona- 
ría de Logansport que "tiene las manos llenas." 
Mas no dice de qué. No puede ser de trabajo, 
porque dice á la Sociedad que "ordinariamente 
tiene cosa de cinco á ocho mujeres" que van á 
su clase por la tarde, y tres niños que van á la 
noche, uno de los cuales le trajo el otro día una 
botella de leche. De seguro que eso no basta 
para llenarle á uno las manos de trabajo. Puede 
ser, con todo, que Madama de Grifíith tenga al- 
gunas criaturas que limpiar, y otras molestias 
de familia, en cuyo caso nada tengo que decir. 
Madama de Griñith dice á la Sociedad Misiona- 
ría de Logansport que cuando llego á Santa Fé 
no sabia cdmo ni por dónde había de empezar á 
trabajar por ese pueblo, pero que una Presencia 

"* Sin broma, un cabaUero educado en una institución Presbi- 
teriana me dijo que conocia á varios Ministros Presbiterianos, los 
cuales, aunque oíjsii.cfos. (ecian dos ó tres cap?riifí cn.diíitintaíj loc;i- 
JidacU'S," 



invisible le iba delante, etc. Algún duende seria 
esa Presencin, y bueno que era invisible] 6 si no 
la hubiera amedrentado á la misionera y hecho 
dar al traste con su misión. Siempre que va en- 
tre Mejicanos, le hiere la mente este pensamien- 
to: "Si la luz que está en tí es tiniebla, cuan 
grandes serán las tinieblas;" y no advierte que 
ese pensamiento se reliere á ella misma; ()or su- 
puesto, es un pensamiento algo desagradable, y 
por eso lo escamota contra algún pobre Neo-Me- 
jicano." 

"Para probar la idolatría de los Neo-Mejica- 
nos habla la Señora de Gríffith de un ídolo que 
ella ha visto en una galería. Este ídolo tiene 
como un pié de largo, es de una madera lijera, 
pintado de encarnado, con una borla de plumas 
];or cabeza, etc., etc. Su vista la hizo acordar 
de no sé qué monigote. Pero, títere 6 monigote, 
no seria por cierto el todopoderoso Don Dinero, 
ídolo adoratlo muy á la larga en todos los Esta- 
dos Americanos, mucho mas que los monigotes 
en Nuevo Méjico. ¡Vaya una ocurrencia de te- 
ner por idolatría el guardar un recuerdo religio- 
so! Qnizás la apostólica Sra. Gríffith no sabe po- 
ner distinción entre el guardar un recuerdo re- 
ligioso y el adorarlo. Pero, ¿para qué hacer dis- 
tinciones? Los Neo-Mejicanos son páganos; lue- 
go cuakiuier objeto religioso que tengan debe ser 
y es un ídolo; y para librarlos de esc falso cul- 
to, heos aquí la Sra. Gríffith que, como otra vez 
Abra han, dejó su casa y cuñados y vino á la 
tierra extranjera de Nuevo Méjico, y va en pos 
de una Presencia invisible, y tiene las manos lle- 
nas. ... de leche." 

"He oído decir, Sr. Redactor, que hay en Al- 
buqucrque unas cuantas mujeres extraviadas que 
son la vergüenza de la Religión Católica que 
profesan. ¿No seria una fortuna para su plaza 
(le Yd. que fuei'a ahí la Sra. Gríffith para reco- 
ger bajo su ala protectora á esas criaturas des- 
dichadas, y libraros así de ese elemento des- 
honroso? Preciso es confesar que lo propio se 
podría decir de otras partes del Territorio. Ni 
ha}^ solamente unas pobres mujeres, sino tam- 
bién hombres ricos, cuya vida es un escándalo y 
un obstáculo serio á los progresos de nuestia 
Religión. Sin embargo, pronto está el remedio. 
Los Presbiterianos, que han establecido misio- 
nes por todo el Territorio, espero recogerán á 
esa gente en su rebaño, y nos desembarazarán 
así de una grave dilicultad y de una gran ver- 
güenza. Por de contado, mil veces mas quisie- 
ra yo verles cambiar vida y volver á ser buenos 
Católicos, pero mientras se obstinen en llevar 
una vida de i)aganos, que se los tengan y gocen 
los Presbiterianos que de ellos andan en bus- 
ca." 

"Su atento seguro servidor, 

Dadles Sumeuecido." 



-154 



PAN Y QUESO. 



EN L.V MESA. 

Serian las cinco tle la tarde cuando se reunían en 
los salones del general Bruni los oficiales de la guar- 
nición para celebrar con un alegre banquete la revis- 
ta y simulacro veriticados aquella mañana en el campo 
de Marte. Era el general un antiguo y vigoroso mi- 
litar de maneras algo rudas, pero franco y de noble y 
generoso corazón. Dirigíase á sus oñciales como un 
padre á sus Lijos diciendo á uno: "Capitán, vuestra 
compañía so desplega, marcha y se replega con tal 
ajuste y precisión que ciiando dispara semeja á una 
serpiente de fuego;" y á otro: "Teniente, decid á 
vuestros mucliaclios que ya reparé en aquella carga, y 
son el tipo del soldado animoso." 

Acercábase entre tanto la hora de comer, é incor- 
porándose el general á un corro que en pié ocupaba 
el hueco de una ventana, tircS un resto de cigarro mas- 
ticado y sacando del bolsillo el reloj miróle con de- 
tención exclamando: 

— ¡Pardiez! Bertino se hace hoy esperar demasia- 
do. 

Acababa de pi'onunciar estas palabras cuando se 
abrió la puerta de par en par, y un criado con el gor- 
ro blanco en la mano anunció: 

— La mesa está servida. 

Dio prisa el general á los concurrentes y al mismo 
tiempo puso la mano sobre el hombro de un gallardo 
y bigotudo mancebo susurrando á su oido: 

— Amiguito, hoy os sentareis á mi derecha. 

Trascurrido apenas un tercio de hora, la conversa- 
ción estaba generalizada al rededor de la mesa, mien- 
tras que por todas partes trabajaban los trinchante", 
se agitaban los tenedores, despedazábanse pollos, 
mondábaiise huesos y partíanse pasteles con tal afán 
que parecía uua batalla encarnizada sin esperanza de 
cuarhel, con la diferencia de que en vez de sangre 
corría vino y los clamores eran chistes y carcajadas. 
Mas lié aquí que el general, que ocupaba la cabecera 
de la mesa, echa mano al bolsillo buscando su mon- 
dadientes y advierte que le falta el reloj. Pal)ióse 
aquí y allá, rebuscó en los bolsillos y volviéndose 
luego á un capitán que se hallaba á su izquierda, dí- 
jole: 

-Mí repetición ha desaparecido. 

— General; la dejaríais colgada ¡í la cabecera de la 
cama. Pocos días ha que de igual manera. . , 

— Ahora no, repito; túvela en la mano y no lo du- 
do. Señor N., añadí(') dirigiéndose á otro ¿recordáis 
(jue hace poco en la sala, junto á la ventana, miré el 
reloj? 

— Mucho que sí. 

— ¿Y vos, teniente? 

— Lo recuerdo. 

— No sé que pensar. Todos somos militares, oficia- 
les. . .y sin embargo el hecho est:í patente. El reloj 
estaba aquí (y tocaba el bolsillo de la cintura de los 
pantalones), ajjcnas van trascurridos diez minutos 3' 
ya no está. 

Todos miraban como recordando y dábanse á pen- 
sar sin encontrar el cabo de la madeja. El capitán, 
que ocupaba un lado innu'diato al general, se levantó 
y con cierta risita entn> })lacentera y altiva dijo: 

— No me ¡".gradaría (]U(> ])udiesen ]i(>iisar mal de mí. 
IlálloTno junto á nuestro general, mas inuicii iin- pi-r- 
iiiitiria broma tan poco delicada. 



Y así hablando desocupó los bolsillos volviéndolos 
del revés. 

— Ni yo, repuso otro. ■'■'■'i 

■ — Ni yo. , 

— Níyo._ _ : ._. _ , 

Y todos imitaban al primero volviendo los bolsillos 
y hasta sacudiéndolos. 

El general en pié, como para exammár con más 
atención, seguía con la vista aquelhas operaciones, y 
con labios medio sonrientes procuraba suavizar el ca- 
so echándolo á broma, pues empezaba á arrepentirse 
de su prontitud en pronunciar palabr:is acerbas y 
ofensivas. 

Faltaba por iiltímo á la derecha aquel oficial a 
quien el general había invitado á sentaise á su lado; 
mas al llegar su turno altéresele el rostro, encendién- 
dose de repente el color, y aunque era objeto de todas 
las miradas, en medio de un profundo silencio excusó- 
se con pocas palabras de no tener conocimiento á<^\ 
reloj perdido. 

Quedó el general sin aliento y helada la concurren- 
cia; cruzáronse pocas palabras y contrabajo, pues ca- 
si no se atrevían á mirarse á la cara. Omitiéronse el 
café, los licores y cigarros de costumbre. Parecía que 
todos tenían prisa, y el general más que ninguno, de 
alejarse de allí, respirar y discurrir sobre tan inexpli- 
cable aventura. 

Cuando se hallaron en la calle, todas las conversa- 
ciones recayeron sobre Liofredo, que así se llamaba 
aquel desdichado oficial, 3' en gi-upos dp dos v t•ro^. 
preguntábanse unos á otros qué misterio se encerraba 
en su acción, diciendo: 

— Yo no le considero capaz de semejante cosa. ' 

— ¿Quién sabe? replicaba otro. Puede tener deu- 
das, y las deudas aconsejan diabólícameiite. 

— ¡Bah! exclamaba el tercero. Eso sería desatinar: 
es imposible. 

II. 

QUIÉN EIÍA LIOFEEDÜ. 

Liofredo era un mancebo de hasta veintisiete años, 
de noble linaje, gallarda figura, apuesto continente }• 
corteses modales, frente ancha, serenos ojos, y aunque 
de edad viril, teñían su rostro los colores de la leche 
3' de la rosa formando un admirable contraste con el 
negro do sus largos, es])e::o3 y retorcidos bigotes que 
parecían dividirlas mejillas de la barba: era la única 
ambición vulgar de Liofredo, ouv'a agraciada persona^ 
correspondía á un áxiimo valerpso, franco, leal, de,sin-v 
teresado é incapaz do ninguna bajeza. ..^ 

Gozaba fama en la academia militar no sólo de hí-? 
bil jinete y diestro esgrimidor, sino de instruido V'a- 
vo'jtajadísímo en matemáticas. Cuando ingresó eñ él 
ejército llamó la atención general, no porque ofrecie- 
ra su aspaeto nada nuevo ú original, pue^ con todo? 
se asociaba y era amable y bupn compañero, aunqu^ 
no muy inclinado á reuniones: concurría poco al tea- 
tro, menos á tertulias, y no pasaba día sin dedicar al- 
gunas horas al (^studio. Todos lo sabían y hasta los 
n-ismos compañeros que á veces le zumbaban, lejos de 
achacar su conducta á cortedad ó tacañería, admirá- 
banle en secreto con tanto mas motivo, cuanto que 
Liofredo estaba en la clase de oficiales instructores, ¿^< 
tan pronto como cualquiera de ellos tenia algún im-' 
pedimento, él estaba pronto á sustituirle haciendo áíi' 
servicio y pasando las horas al sol en su -lugar. A ve- 
ces, al dividir por cuartas las compañías, colooáb'aBtí 
entre los cabos y con ellos voceaba: "I^no, dos, tres, 
cuatro. . . Al brazo. . . Ehmco derecho. . . Flanoo i?:- 
qnierdo," }• ¡ay del sargento que ñR íjU presélicia mal- 
tratara á un recluta! 



155-- 



Daba también lecciones de esgrima á los subtenien- 
ێU novicios, quienes le encontraban por lo regular en 
un saloncito arreglado por su mano, donde se veian 
reductos, campos atrinüliel'ados, fuertes, fortines, for- 
talezas y toda clase de obras permanentes ó movi- 
bles, que semejaba un museo de fortificaciones. En 
níedio dé tanta giaerrá' descollaba un cuadro de paz: 
una gran Virgen, de rostro suavísimo, copia de Sas- 
soferrato. 

Cuando llegaba algún oficial nuevo, poníase en pié, 
dábale un fuerte apretón de mano con aire alegre y 
lleno de buenos deseos, y descolgando ios floretes 
examinaba el botón y^onia el hierro en manos del 
alumno. Acontecía á veces que mientras ellos esgri- 
mian cruzando estocadas y quites, los amigos recola- 
rían con la vista los libros de su estante. Monteccí- 
culi, Borgo, Carlos de Austria, Yomini y otros estra- 
tégicos italianos y extranjeros eran lo que hallaban; 
pero entre esas obras de estrategia terrena también 
se hallaba aigo de táctica celestial: una Filolea de S. 
Francisco de Sales y una Imitación con cortes dora- 
dos y lomo casi destrozado: entonces se miraban á 
hurtadillas, 'le señalaban sin que el lo advirtiera y 
víólvian á tomar parte en el asalto. 

Cierta tai de en que el' combate era empeñado, y 
Liofredo arremangada la camisa, sudaba copiosamen- 
te, llególe una punta al pechó casi hasta tocarle una 
costilla; quitóse el golpe por debajo desviando el ace- 
ró contrarío hacía su hombro izquierdo, mas no tan 
pronto que la punta del florete no le desgarrara la 
caínisa hasta arriba; con el girón salió también un 
crucifijo de ¡)hita, grandecíto, que sobre su pecho col- 
gaba, yendo á' dar en la pared.' Eecogióle como ma- 
ravillándose uno de los circunstantes; pero Liofredo 
feo apresuró á recobrarle, limpióle con la manga de la 
camisa, y anudando el cordoncitó colocóle de nuevo á 
vista de todos sobre su velludo pechó diciendo: 
' í^ué regalo de mí madre el día de mí primera co- 
riiuíiíon; no se separa de mí ni en. verdadero, ni en si- 
mulado C'oinbate, y con él moriré. ' 
'T sin añadir mas palabra volvió al asalto. 
'■Pagábanle los mas ítcompdádos sus lecciones, y él 
aceptaba sus honorarios sin cortedad; pero si los 
otros le hablaban de recompensa Tés decía: 
•■•^i — ^Camarada yo tomo la espada para distraerme y 
traspirar; nada me, digáis d(^'"díriéi'oó nó somos ami- 
gos. 

Y decícdo con tal franqueza que era creído. 
' Sobre todo distinguíase de una manera notabilísi- 
ma por su ternura y afecto hacía su anciana madre. 
Cuando podía hospedarla en el punto donde se halla- 
ba de guarnición, buscábala un barrio decente y en el 
sitio mas salubre de' 'la . ciudad. Después de comer 
reuníanse los oficiales en el café á jugar y leer la Ga- 
ceta militar; pero Liofredo salía por lo regular con su 
madre, acortaba el paso, inclinábase hacía ella, cuya 
estatura era mas baja, y dábala el brazo con tanto 
cuidado y amor, que parecía el triunfo de la piedad 
filial. La venerable matrona, contemplando á su la- 
do á tan gallardo hijo, con sus lucientes charreteras, 
en tan cariñosa actitud reparada por todos, jDarecía 
crecer y rejuvenecerse. Las demás madres decían al 
paso con dulce envidia: 

— ¡Dichosa la mujer que en su edad avanzada cuen- 
ta con tal apoyo! 

Empero el mejor espectáculo era verle acompañar- 
la á misa los dias festivos. Iba de gala, á misa mayor, 
buscaba él mismo la silla para colocar á su madre, 
desceñíase la espada por respeto del lugar santo, col- 
gábala en el respaldo, y concluida la misa dejaba 
pasar la bulla y como halia venido regresaba. 



Cuando las condiciones locales le impedían tener á 
su madre en su compañía confiábala al cuidado de 
una antigua criada cariñosa y diligente, no pasaba se- 
mana sin escribirla y en cuanto podía iba á hacerla 
una visita, lo cual era el colmo de la felicidad para 
entrambos. 

Tal era Liofredo y así era conocido por conmilito- 
nes y superiores, así también le consideraba Inés, la 
bella hija del general. Mediaban ya éntrelos dos ve- 
hementes votos y esperanzas, cuando surgió en mal- 
hora el desgraciado suceso del reloj para colocar to- 
das las cosas al borde del precipicio. 

IIL 

Inés y el biioche. 

Única hija y delicia de sus padres terminaba Inés 
el cuarto lustro de su juvenil edad, y apenas salió 
pocos años antes del colegio de damas del Sagrado 
Corazón y se presentó en el mundo, encontró mas de 
un amador. El líltimo domingo de carnaval verificá- 
base un baile en casa del general, é Inés que no con- 
curría á otros, hallábase en aquella reunión casera. 

Cierto mancebo de alta alcurnia, después de acabar 
un walz con ella, fingiendo recoger un broche que al 
suelo se la cayera, díjola á medía voz: 

— Señorita, tiempo ha que pienso en vos y debéis 
haberlo observado; dignaos responderme, porque en 
el momento en que me abráis vuestro corazón, sí no 
os parezco indigno de vuestra estimación, pediré 
vuestra mano al señor general, vuestro padre. 

Bajó Inés los ojos y ruborizada respondió: 

— Caballero, os estimo en cuanto puedo, y conside- 
róme honrada con vuestra proposición, pero tengo 
casi empeñada mí palabra y espero que encontrareis 
mejor partido. 

Distraída al parecer la madre de Inés con las pol- 
kas y rigodones, ó bien, como dueña de casa, en cui- 
dar de los refrescos y acudir á todas las conversacio- 
nes, era en realidad vigilante y previsora, no perdía 
de vista á su hija, con especialidad si algún joven la 
rondaba. Observó caer el broche, y que el caballero 
lo recogía y limpiaba muy despacio, aunque no llegó 
á oír las palabras, advirtió los hechos y el rubor de 
Inés, que cuando el mancebo se alejó quedó como 
muda y entontecida; y comprendió que allí se encer- 
raba algún misterio; pero disimuló y esperó ocasión 
oportuna, 
I Fué Inés el primer domingo de cuaresma por la 
I mañana á la Iglesia, y por la tarde llamándola á parte 
su madre la dijo: 

— Inés mía, te hallas ya en en edad de tomar esta- 
do (aquí empezaron á colorarse las mejillas de la jo- 
ven) , ignoro tu pensamiento; pero sí te sintieras algo 
inclinada hacía alguno que no desmerezca de tu clase 
no debes ocultármelo, pues soy tu madre y te amo 
con ternura. Dime francamente, ¿qué fué aquello 
dei broche y aquella rebozada conversación la noche 
del baile, ai lado del armario con aquel caballero? 

Aunque un tanto turbada Inés respondió con sen- 
cillez: 

Derecho vuestro es saber todas mis cosas, y no me 
avergüenzo de manifestároslas. Díjome el caballero 
esto y estotro y yo le despaché. 

—¿Le despachaste? ¿Qué le dijiste? 

— ^Que no pensaba en él. 

— Es partir muy de lijero. Distante estoy de darte 
consejos indignos de tí y de mí, empero no puedo dis- 
pensarme de hacerte notar que ese joven es de eleva- 
do nácirüiento, virtuoso, rico, y de altas prendas, y 






nosotros al fin tenemos mas honores que riquezas- 
Pudiste responderle con mas discreción que lo pen- 
sarlas, que hablase á tu mama, que yo soy. . . 
— HubiL-ralc mentido. 
— ¿Por qué? 

— Porque de hecho no puedo pensar en ello. 

— ¡No puedes pensar! No es esa la razón. La causa 
paréceme adivinarla, y, si quieres decirme la verdad, 
es que pusiste tu amor en otro objeto inferior. Lio- 
f redo .... 

Enrojecióse el rostro de Inés al escuchar aquel 
nombre é interrumpió á su madre dieiéndola con mo- 
destia: 

— Difícil será precisar quién ser;í mas ó menos; por 
lo demás, no quiero que sobre mi conciencia pese nin- 
gún engaño. En efecto, á Liofredo pertenece mi co- 
razón, y espero que Dios me lo concederá con gran 
contentamiento vuestro. 

— ¿Conoce Liofredo tus sentimientos? 

— Paréceme que sí, no me cabe duda. 

— ¿Cómo llegó á penetrarlos? 

— Vímonos á menudo en el paseo, y mas de una 
vjz hallámonos cara á cara en misa, él inclinó los ojos 
y yo miraba á mi libro, pero se me figura que mi sem- 
blante reveló mas de lo que yo deseaba. Un dia que 
vino á casa por una comisión de papá, encontróme en 
la sala y me pidió permiso para hablaros . . . 

— ¿Y no lo verificó? 

— Esperaba ascender á capitán. 

— Pero ¿conoces á fondo á Liofredo? Tiene un bo- 
nito nombre y un buen par de bigotes; eso es todo: no 
cuenta con parientes ni con un palmo de tierra. Por 
mas que sea un buen mozo ¿te contentarás luego con 
eso de \'ivir con estrechez con un exiguo sueldo? 

■ — Jamás pensé en eso, porque no anhelo fausto de 
princesa. El sueldo de capitán y lo poco que papá me 
dé será para mí suficiente si estoy con mi Liofredo. 
¿No reparasteis con qué cariño presenta el brazo á su 
anciana madre? Parece que lleva un ramo de tíores. 
Tomé informes y me han dicho que la tiene como una 
perla y la sirve como un criado. Entonces díjeme: 
"Tendré menos adornos, galas y libreas, pero contaró 
con un corazón bueno y honrado que me amará." Ví- 
le despiies en el sermón d:''i-ás de los pilares; cuando 
entra en la iglesia se santigua de charretera á charre- 
tera con unas cruces que no las hace ma3'ores el sa- 
cerdote en el altar, y estoy enterada en que el dia de 
la Virgen comulga en la misa do alba, en la iglesia de 
los frailes, ahí en el Monte. ¿Dónde encontraremos 
mas cumplido caballero? 

Temblaron á esas palabras los labios de Inés, hin- 
cháronscla los ojos y rodaron dos lágrimas por sus 
mejillas teñidas de virtuoso carmín. 

Cristiana y discreta dama era su madre, y enterne- 
cióse también observando que su hija habia reparado 
tanto en lo que existe de mas jirecioso, el corazón y la 
verdadera virtud, y recordando las noble y afectuosas 
maneras de aquel, aun(|ue pobre, honrado oficial, 
pensó que no podría hallar mas cariñoso yerno, por 
lo cual la dijo: 

— Vaya Inés, eso no es motivo de llanto, no deseo 
desconsolarte y espero tampoco se opondrá tu padre. 
Cuando sea tiempo procuraré hablarle, pero entre 
tanto sé prudente y no ofrezcas causa de murmura- 
ción. 

Aíiuella misn)a noche quedó el general informado 
de cuanto ocurría. Al ))r¡ncípio negábase á ceder, 
pues le parecía que su Inés, aunque sin gran dote, po- 
seía prendas ])ara aspirar á mejores partidos. 

— Noble, decia, educada con esmero, buena y mo- 
desta como uu ángel, cortés é hija de un general pue- 



de esperar las mas brillantes alianzas. 

Pero Liofredo poseía también cierto atractivo que 
se granjeaba las simpatías del general, quien acabó 
por condescender diciendo á su esposa: 

— Inés será como tú }■ Liofredo como yo. Es mo- 
zo de grandes esperanzas, y en cuanto al empleo de 
capitán, me consta que su nombramiento está en el 
despacho del ministro. Pero puede tardar, y en caso 
necesario, yo me encargo de activarle. 

IV. 

Cuatro borrascas en una hora. 

Hallábanse en tal estado los negocios el día del si- 
mulacro en el campo de Marte. El general deseó te- 
ner á Liofredo á su lado á fin de sondearle mejor 
aprovechando la locuacidad que suelen producir las 
alegres libaciones. Considerábale ya en su ánimo 
como yerno; mas no obstante previno á Inés que se 
domiuai-a y nada diera que sospechar. Obedeció ella 
cuanto pudo, pero cuv.ndo la pobre niña vio el lance 
de desocupar todos los bolsillos y demudarse Liofredo 
en medio de aquel sepulcral silencio, latióla con tal 
violencia el corazón, que estuvo á punto de desmayar- 
se. En fin, sostúvose como Dios quiso el corto rato 
que medió hasta concluir hi comida, mas no bien se 
levantó de la mesa, corrió á su estancia, y echando el 
cerrojo por dentro rompió en copioso y acerbo llanto. 
Temblaban todos sus miembros, los sollozos produ' 
oíanla movimientos convulsivos, Idaqueábanla las pier- 
nas, y dejóse caer en un sillón de brazos donde per- 
maneció inundada de lágrimas y traspasada de agudo 
dolor. 

Sobre un velador á ella inmediato veíase una Vir- 
gen de la Consolación de porcelana dorada, cuya ac- 
titud era devotísima y tierno su aspecto. Eecibióla 
Inés de sus maestras en premio y estimábala sobre 
manera como recuerdo y como objeto de devoción. 
Adornábala en la primavera con las mas frescas flo- 
res, con las primeras violetas, anémonas y jaciutos 
mañana y tarde, y postrada á sus pies recitaba largas 
oraciones, rezaba el rosario y á ella por último recur- 
ría en todas sus aflicciones. 

Dominada, pues, por aquella extremada pena, re- 
corrió la estancia con vaga ojeada y su vista fijóse so- 
bre la devota imagen. Cruzó por su mente un rayo 
de esperanza, y sin vacilar ea^-o de hinojos tendiendo 
las manos hacia la tierna Virgen y suplicándola afa- 
nosamente con estas palabras: 

— ¡Oh dulce madre mía! siempre me socorriste en 
todos mis trabajos, ahora te imploro. Liofredo es 
inocente. . . ámolecou amor puro y honrado; sálvanos 
á entrambos. 

Dijo, y apoyó su cabeza en los jñés de la Virgen 
orando mas con el silencio que con las palabras. 

Trascurrió así como medio cuarto de hora y sin- 
tiéndose con el ánimo mas purificado y alentada con 
la oración, púsose en pié, lavóse los ojos, alisóse los 
cabellos, recogió varios carretes de seda y otras labo- 
res que colocó sobre la almohadilla, y dii-igióse con 
ello al saloncíllo, donde después de comer acostum- 
braba bordar en compañía de su madre ó leer los pe- 
riódicos á su padre. 



(Se continuará.) 



PSKIOBICO SEMANAL. 



Se publica todos los Sábados, en Las Vegas, N, M. 

Año 



7 de Abril de 1877. 



NOTICIAS TEllKITOllIALES. 



Nasíta Wé. — Nos escriben de Santa Fé con fecha 
del 24 de Marzo: 

"Veo en su último niünero que desean tener algu- 
nas noticias sobre las ceremonias religiosas. No quie- 
ro dejar pasar tan baena circunstancia sin poner á sii 
conocimiento la hermosa é imponente ceremonia que 
tuvo lugar este viernes p. p., dia de Ntra. Sra. de los 
Dolores en el Convento de Ntra. Sra. de la Luz. Es- 
te dia ha sido escogido por las Hermanas de Loreto 
(que dirigen este establecimiento) por fiesta patronal 
de toda su congregación, siendo ellas las amigas de 
Maria al pié de la cruz. A.ntes de este dia tan deseado 
por estas almas, dignas esposas de Cristo, les fué 
predicado un retiro que duró toda la semana, por el 
Sr. Vicario, el Rev. P. Eguillon. Este retiro tuvo 
por objeto de preparar á la recepción del velo algu- 
nas señoritas que hablan renunciado al mundo pa- 
ra consagrarse para siempre á Jesucristo. Llegó al 
ñn este dia tan deseado. La Capilla de las Herma- 
nas estaba iluminada con un arte exquisito. No pa- 
recía sino que se estaba en la gloria. La Misa fué 
celebrada por Sa Señoría lima, el Sr. Arzobispo J. 
B. Lamy, asistido por su Vicario General, el P. Egui- 
llon. Dorante este santo tiempo, las voces melodio- 
sas de las Hermanas acompañadas del órgano encan- 
taban el alma: parecían ángeles cantando la gloria de 
Dios. Después del Evangelio Su Señoría lima, en 
un discurso elocuente y apropiado á la circunstancia 
ensalzó los Dolores de Ntra. Señora al pié de la Cruz, 
y luego hizo ver á sus oyentes la dignidad y excelen- 
cia de la vida religiosa; la que es tanto superior á la 
vida mundana, cuanto sobrepujan los placeres del al- 
ma á los deleites del mundo." 

"En fin llegó el momento solemne en el cual las 
señoritas escogidas de Dios se llegan al altar para 
renunciar al mundo. De la mano del Sr. Arzobispo 
reciben el velo que deberá ser el resguardo de su vir- 
ginidad. Luego, en presencia de su digno Pastor 
formulan los votos de castidad, pobreza y obediencia; 
renunciando á todo deleite carnal, á los bienes de este 
mundo, y á su voluntad propia, entregándose á la vo- 
luntad de Dios en la persona de sus superioras. En 
este instante se oyen los sollozos de todos los asis- 
tentes mezclados con las dulces y bellas armonías 
del órgano, que acompañaba en este momento tan 
solemne el canto de las bodas del Cordero de Dios." 

"Fueron admitidas á la recepción del velo: la Her- 
mana Brígida (en el mundo Octaviana Armijo, de Cor- 
rales); la Hermana Maria Nerinchx (en el mundo Cle- 
mencia Romero, de Las Vegas); la Hermana Angela 
(en el'mundo Maria Manuela Montoya, del Limitar.") 

"A esta fecha hay en el Convento de Ntra. Sra. de 
la Luz 21 Hermanas, 2 novicias y 2 postulantes: U 
niñas internas, G medio internas j 235 externas. ^De 
estas 235 externas, 20 siguen los cursos de las inter- 



nas. La escuela de las demás 215 está pagada con 
los fondos de las escuelas públicas." 

L. B. 
^^íhu sfaiíísa. — La misión dada en la Parroquia de 
S. Juan, ha sido gracias á Dios un grande acontecimien- 
to, para todo el Rio Arriba. Los primeros ocho días 
la predicó el Rev. P. Gaspaii-i, en San Juan, desde 
el Domingo 11, hasta el Domingo 18 de Marzo, con 
inmenso concurso del puel k^, que gracias á un tiem- 
po magnífico pudo venir de todo el Condi'.do. Hubo 
en San Juan sermones mañana y tarde y las Confesio- 
nes subieron á 1850, para las cuales el Rev. C. Seux 
había invitado, para que ayudaran, al muy Rev P. E- 
guillon Vic. General, y al Rev. Remuzou Párroco de 
Santa Cruz. Se acabó el Domingo 18 con una her- 
mosísima procesión, en la cual se contaron poco me- 
nos de tres mil personas dando la vuelta á todo 
el pueblo, el cual estaba lleno de otros muchísimos 
forasteros. La misión de S. Juan la primera que se 
diera en un pueblo de Indios ha producido entre es- 
tos mismos aun un bien innaenso. Estos en general 
asistían alas procesiones y se han confesado y comul- 
gado, hombres y mujeres, y en algunos dias se les dio 
alguna particular instrucción. 

En la segunda semana el Rev. P. Gasparri acom- 
pañado del Rev. Párroco C. Seux fueron á visitar las 
dos plazas mas importantes de la Parroquia, y que- 
dáronse en la Joya hasta el Miércoles, y en el Embudo 
hasta el Sábado. Hubo igualmente dos sermones 
diarios, y las confesiones y comuniones fueron en la 
Joya 279, y en el Embudo 3!)2, con las cuales el nú- 
mero de todas estas en la Parroquia subió en loa 
quince días á 2211. So puede decu' que en las mas 
de lasplacitas no quedó ni una persona sin reconci- 
liarse con Dios y entoda la Parroquia se cuenta haber 
quedado apenas una que otra. También en la Joya 
y Embudo hubo dos hermosas procesiones. Toda la 
misión se acabó el Domingo de Ramos 25 del mes, 
con otra función y procesión en San Juan, en donde 
se bendijo y plantó la Cruz de la misión, delante de 
la Iglesia con igual concurso del Domingo precedente. 
De la misión han quedado parece todos satisfechos 
sobre todo el Rev. C. Seux que con tanto celo admi- 
nistra aquella Parroquia, cuyo buen espíritu se ha 
revelado tanto en esta ocasión. Así mismo la gente, 
desde las muy principales hasta las últimas mos- 
traron al Padre el mas afectuoso cariño y el mas 
graudo respeto. Don Diego Archuleta, que tomó 
tanta parte en la misión, en memoria quiso regalar 
al Padre una hermosa medalla de oro, de una pulgada 
y media de diámetro, de Nuestra Señora de Guada- 
lupe, acuñada en Méjico, para recuerdo de la misión, 
y otras familias otros objetos pero el Padre sin esto 
no podrá olvidar jamás las buenas disposiciones y 
afectos de esas mismas familias y de las demás. Él 
Domingo por la tarde pasó á predicar unos dias en 
Sta. Cruz, y después irá á las Truchas, y á Pojuaque, 
por el deseo mostrado por aquellas gentes. 



irs- 



NOTICIAS NACIONALES. 



f<Is<n<los del Suv. — Einpio/nu las malas noti- 
cias. Sábese ja la condiciou política de Luisiana y 
del South Carolina; cada inio de esos estados tiene 
dos Gobernadores, dos cámaras, senados, etc., etc. 
Se sabe qiio Packard y Cliamberlain se lian instalado 
como Gobernadores con fraudes, y se mantienen á 
despecho de la voluntad manitíesta de la mayoría del 
pueblo, con la ayuda de las tropas federales, (uant 
poco antes que su termino acabase había despachado 
una orden para que se retirasen las tropas; pero 
Cameron, ministro á la sazón, y uno de la gavilla de 
Washington que en estos líltimos años han echado á 
perder el país; se opuso, y procuró que no fuese co- 
municada, ó que fuese retirada dicha orden. Luego 
después la inauguración de Ha3es empegaron los 
partidarios de Packard y Chamberlain ;í trabajar para 
hacer decidir por el Senado esta cuestión, esperando 
que la decisión seria en su favor. Pero el prcüidente 
declaró que era esta una cuestión que él mismo quería 
y debia resolver. Entonces, como los rad'wxlvs del 
Sur temían con fundada razón de tener contrario á 
Ilayes, se decidieron á emi)lear todos los medios po- 
sibles para hacer diferir esta decisión lo mas que se 
pudiese. Lo que entretanto quieren ellos maquinar, es 
un misterio hasta ahora. Se dice que Packard quiere 
alborotar los negros sus adherentes, y mover así en 
su favor los republicanos del Norte, los que por ahora 
lo han dejado ó quieren dejarlo á su mala ventura. 
Sea lo que fuere de esos proyectos, cierto es que han 
conseguido el intento. Pues habiéndose juntado el 
Gabinete para decidir; en lugar de dar una pronta 
decisión, como se pedia, y se esperaba; juzgó mejor 
que se formase una comisión para examinar sobre los 
lugares la cuestión de los dos Gobernadores de estos 
Estados, y dar no sabemos si su fallo ó su dictamen 
sobre ella. Esta decisión del Gabinete extrañó mu- 
cho, y dio mucho que pensar y temer á los demócra- 
tas; y con sobrada razou á nuestro modo de ver: pues 
después de la famosa Comisión de los quince, no hay 
hombre cuerdo en todos los Estados que pueda tener 
confianza en cualquiera Comisión de Washington. 

NOTICIAS EXTRANJERAS. 



Roma. — Eecibitnos para publicarla la siguiente 
protesta de la Swiecha! (h los Intereses calólicr^s do 
Iloma, contra tu. ley sobre los abusos del clero: ley que 
pasó en la Legislatura de Italia,y que muy probable- 
mente pasará también en el Senado. 

"Considerando que el proyecto do ley sobre los 
pretendidos abusos del clero contieno disposiciones 
odiosas contra una clase de personas, que no ha dado 
para ellas ningún motivo fundado; qu(! hace el poder 
civil juez de los actos de un ministro de la lleli^iojí, 
en que él es absolutamente incompetente; que obliga 
los tribunales á condenar personas inocentes, por el 
hecho mismo de haber cumplido con su? mas sagra- 
dos deberes; que provoca una persecución religiosa 
eu oposición flagrante con el artículo 1" de la Consti- 
tución Italiana,"' 

"Considerando que el dicho proyecto do ley eviden- 
temente tiene por fin de acallar ¡í lo.s pastores de la Igle- 
sia, y especialmente al Pastor Supremo, y de fomen- 
tar el espíritu de revuelta contra las autoridades ecle- 
siásticas, incluyendo la del Supremo Pontífice," 

"(lonsiderando que ese proyecto do ley rejMigna ni 
genio y á los sentimientos católicos del puel)l()ií alíanos 
quo amenaza con una glande injusticia á los cat('>lí- 
cos del mundo entero, los que tienen el derecho iu- 



aic-cable, y un interés supremo que el Poder Espiri- 
tual sea independiente é inviolable en su centro, y en 
sa representación la mas elevada," 

"(Jonsiderando que el efecto de esa lev no seria, 
como lo hacen creer, el de pi'otcget la conciencia pi'i- 
l'lica y la paz de la f.irailia, sino cabalmente lo con- 
travio," 

"Nosotros protestamos con toda la fuerza de nues- 
tras almas contra ese proyecto inicuo, 6 insensato; c 
i'.vicanios á todos los cristiaTjos de inteligencia y co- 
razón á unirse con nosotros en esta protesta." 

SÉjiSíja, — Constituida en el Senado la comisión e- 
Icgida para emitir dictamen acerca del pi'oyecto 
ds ley contra los abusos del Clero, se propone, pov 
uno. mayoría de tres Senadores contra dos, que se re- 
c;í:ice dicha ley. Con todo, el ministro pedirá á toda 
costa la aprobación, y la conseguirá. 

l'ausBSí'ia.— Ln.s obras católicas progresan en 
Francia de maravilloí-a manera. 

]i'u Tolosa va á ser fundada muy pronto una uni- 
versidad libre católica. 

Los partidario.^ de la Cornmunc acaban de obtener 
un nuevo triunfo. El ciudadano Snint-Mnrtin, el 
juo'egido de M. Naquet, el campeón de la república 
f.H'i alista y revolucionaria, ha sido elegido diputado 
por el distrito de Vancluse por una mayoría de 600 
voto;i, sobre su contrincante conservador el Conde de 
l)tíu¡aiue. 

Eaí^iaíes'rsa» — La Voce <le la Veritá nos da la si- 
guiontG muy agradable noticia. Los Padres Pedentc- 
ristas ó Liguorianos recibieron líltimamcnte la abju- 
r.i,cion de 80D protestantes convertidos. Quien sabe 
lo que cuesta hacerse católico en Inglaterra y Esco- 
cí;!, no puede menos de admirar el gran poder de 
33ÍOS, que táu admirablemente se manifiesta ahora ea 
esas conversiones, y de sentir aumentada la esperan- 
za de que pronto vuelva la Inglaterra á aquel mismo 
rebaño, en que entraron los Sajones por obra del Pa- 
pa S. Gregorio. 

Tasríjialsa.— Ya se estableció definitivamente el 
acuerdo entre la Puerta y Servia con arreglo á las 
bases conocidas anteriormente. 

El protocolo firmado ya contiene los puntos si- 
guientes: 1" Statii. quo ante beüuin: 2" Amnistía: 8° 
Evacuación del territorio Servio en el termino de doce 
difvS. 

El gobierno Sorvio remitirá en seguida á la Puerta 
una nota sobre las garantías que piensa dar, mencio- 
naudo los cuatro puntos quo ya se conocen, á saber: 
Prohibición aceptada de no levantar fortificaciones 
nuevas. Promesa do que la bandera turca flotará al 
lado de la de Servia. Igualdad de trato para los ju- 
díos. Propósito formal de impedir que se formen 
partidas de gente armada. No se habla nada de que 
el agente turco resioa ea Belgrado, ni de que Turquía 
ceda á Servia la fortaleza menor de Tv.ornik. El prín- 
cipe Milán eniljiará un telegrama al Gran A'izir apro- 
bando las condiciones de Servia, promulgando el Sul- 
tán un firman nuevo. 

't'^aí.>>»Bj6. — El ii'pdoinosli Peícrshm-gsJioic, periódico 
jHi.iista vis/a, dice: "Si llusia se apresta á defender cu 
Oriento los derechos del hombre, tendrá (]ue comba- 
tir solu-e todo á ios elementos hostiles, tiles como ia 
reserva do Alemania, la hostildad de Austria, la neu- 
tralidad de Inglaterra, la debilidad de Francia, y fi- 
nalmente la iodecision de Italia. Esta situación ha- 
ce suponer con fundamento la contestación que darilu 
la.s potencias á la nota de I\I. CTiut.schakoft'. Ingl.a- 
V.-n-.i buscará una salida falsa; Austria negará toda 
co.'pcracion; Alemania declarará cjue no tiene interé-s 
alguno eu Oriente; Francia, que no se siente bas- 



■ir,í) 



todo, ecliaXido sobro 



tante fuerte, rechazará toda responsabilidad, é Italia 
no se separará de las demás potencias." Es de ad- 
vertir, que el periódico panslavisio. no saca ninguna 
consecuencia de la situación que resume en las ante- 
riores lineas. 

Los periódicos europeos publican el siguiente telé- 
gi'íima: 

"Berlhi. — Las potencias han llegado á entenderse 
definitiTamente sobre la respuesta qne debe darse á 
las circular Gortschakofi". 

Las respuestas de las potencias se diferencian solo 
eu los términos. Eeconocerán las potencias el celo 
del Gobierno ruso en favor de los cristianos de Tur- 
quía, y propondrán conceder á la Puerta algún tiem- 
po para que haga las reformas mas urgentes, como 
garantía de la ejecución do otras reformas mas exten- 
sas. 

La respuesta de Turquía será redactada cuidadosa- 
mente, á fin de hacer mas fácil á Busia el abandono 
de su actitud amenazadora. 

Se cree que Rusia lo aceptar; 
las potencias la responsabilidad de lo porvenir. Des- 
pués de esto Eusia procederá al dejarme." 

Veremos si este pastel tiene el mismo éxito que el 
abrigado en las conferencias de Constantinopla. 

iulesiSííSiiíi, — Dice La Tribuna de Berliii del 17 
de Febrero: "Cierto número de industriales alemanes 
pi'ocedentes de todas las comarcas del país se habiau 
reunido estos dias en Bs!-lin. Se trataba de delibe- 
rar sebre la crisis industrial y los medios do veine- 
diarla. Convínose eu enviar una comisión al Prínci- 
pe de Bismarck y en solicitar de él !a destitución del 
Sr. Comphousen, ministro de Placienda, porque su 
política es el principal motivo de la situación aetiial, 
v mienti'as se mantenga esta política no hay esp<eran- 
za de que mejore la situación. El canciller del Irn- 
pcrio acogió bien la comisión, escuchó la súplica que 
le dirigieron respecto á la destitución del ministro de 
Hacienda y preguntó á quien querian aquellos seño- 
res poner en su lugar. Ninguno de los peticionarios 
contestó una palabra, en virtud de lo que el Principo 
do Bismarck dio por terminada ia audiencia." 

Eeeaííi'l»'". — L/ [mi vers toma de los periódicos de 
la América del Sur las siguientes_noticias sobre ia 
bitaila que dio el triunfo al g^enerai v^'ontimiila contra 
el presiuente Borrero. 



El 14 de Diciembre verificóse i a acción. 



A eier- 



cito del Gobierno estaba dividido en dos cuerpos: el 
uno, mandado por el coronel Quirós, debía oponerse 
á la marcha del general Ventimilla, y tenia su cuartel 
general en Guaranda; el otro, compuesto de unos 2,- 
600 hombres á las órdenes de los generales Sain^í, 
Aparicio, Jepez y Polanco, fui al encuentro del geno- 
ral revolucionario ürbina. 

La acción se trabó en Ventimilla y Qairós, en el 
lugar denominado Loma de los rdaHiio", cerca de Gua- 
randa. Ventimilla tuvo que luchar mas con dificul- 
tades de un terreno accidentado que contra la tenaci- 
dad de las tropas regulares, que no opusieron apenas 
resistencia, y se batieron en retirada. 

Al mismo tiempo se verificaba otro combate en 
Galtes, entre los generales adictos á Borrero y 
el general ürbina. Terminó el combate por el triun- 
fo completo de los revolucionarios, que se apoderaron 
de seis piezas de artillería de los generales Saiuz, A- 
paricio y Polanco, y d.e cierto número de prisionero?. 
Los muertos y heridos se calculan en 700 por ambas 
partes. Se ve que el Presidente Borrero ha debido 
su desgracia á la deslealtad mas que á la suerte do 
las armas. 

El coronel Quirós se sometió al día siguiente á los 



vencedores con 260 hombres que le habian quedado 
de su división. 

Las proviccias de Tunguraguay y Chimborazo se 
pronunciaron en favor de los victoriosos, á conse- 
cuencia^ de los sucesos. El general Ventimilla dio 
una proclama, cuj'os párrafos mas importantes son los 
Siguientes: 

'"Vuestra conducta como vencederos ha demostra- 
do que se os calumniaba llamándoos comunistas y 
enemigos de la Pieligion. Ha sonado la hora de la 
reparación: libertados los pueblos de la fuerza que se 
oponía á la manifestación de su voluntad expontánea, 
pueden hoy reconocer á aquellos que son los verda- 
der